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Nirei Quiere Dejjar de Temer a Suo

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Summary

La pelea que se llevó a cabo para hacer a Suo, el nombre con el cual se ganó el cariño de todos, entrar en razón fue devastadora. Muchos resultaron heridos de gravedad, las palabras dichas esa noche fueron dolorosas y certeras como balas, y el llanto de aquellos que solo querían devuelta a su amigo logró derretir uno que otro corazón frío. Al final, aquel joven del parche se quedó en ese lugar, pues, así como Furin, ellos buscan equilibrio para los suyos y contra algo así es imposible debatir. Con todo dicho y los lazos fortalecidos, no tendría por qué haber algún problema ¿verdad?

Status
Complete
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1
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n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Ya han pasado dos semanas de ello, las clases han continuado con naturalidad. Algunas vendas y gazas sujetas por delgadas cintas siguen visibles, pero para Nirei aquello es un recordatorio de que la peor parte ha terminado.

—Por fin las clases han terminado —Dice alguien luego de que el profesor sale del salón.

—Sentí como si el tiempo no pasara —se queja uno—, qué horror.

—Ese profesor habla y arrulla.

—Cierto, mira como dejó a Sugishita.

—Sugishita duerme en todas partes...

—¡Vayamos de comer! —el grito animado de algún compañero hace a Nirei salir de su ensimismamiento, haciendo que deje sobre su libreta el lápiz y gire un poco el cuerpo para ver el alboroto en la parte trasera— ¿Vienes con nosotros? —Niega con la cabeza en respuesta.

—Tengo que ayudar a Umemiya con unos asuntos, pero pueden llevar a Sakura.

—¡¿A mí por qué?! —Más tarda Sakura en quejarse que la avalancha de compañeros que se le lanza encima, listos para llevarlo— ¡Suéltenme! ¡Tengo cosas qué hacer!

—Venga, Nirei —La habitual sonrisa dulce de Kiryu hace su aparición—. Acompáñanos.

—¡Sí! —Tsugeura, quien mantiene en brazos a un Sakura que lucha por su libertad, se acerca a Nirei— Suo dijo que iría, juntarnos todos de nuevo será divertido.

—Sí —Nirei sonríe, apartando la mirada hacia la puerta—, pero debo ayudar a Umemiya. Lo siento. Será otra ocasión.

Con eso dicho, Nirei toma en manos su libreta y lápiz, para luego tomar su mochila. Se despide de todos con un ademán de mano y al salir al salón, camina rumbo a la azotea, sus pasos siendo un caminar lento al principio, pero al tocar el primer escalón no duda en empezar a correr.

No puede respirar correctamente, siente como si una tonelada de tierra se le hubiera vaciado encima. Se le dificulta hasta tragar, pero con lo que no tiene problema alguno en hacer es en llorar.

Las lágrimas queman sus ojos y cuando son demasiadas, caen desvergonzadas por sus mejillas.

El miedo que intenta alcanzarlo y frenarlo comienza a arañarle las pantorrillas, haciendo que los recuerdos de aquella noche, los cuales día con día lucha por sepultar, aparezcan en cada parpadeo que da. Ve el rostro frio de Suo, aquel puño que descendió contra su rostro una y otra y otra vez, la patada que lo dejó sin aire y lo mandó de rodillas al suelo...

Umemiya pega brinco al escuchar la puerta ser abierta con fuerza, voltea y al mirar a Nirei en el suelo, llorando en silencio mientras se aferra con ambas manos al pecho, todas sus alarmas se encienden. No duda en dejar todo de lado y correr hacia el joven rubio, abrigando el tembloroso cuerpo con un firme abrazo.

—Shh —arrulla el de cabello blanco, logrando tomar en brazos sin ningún esfuerzo a quien continua llorando—. La pesadilla terminó, Nirei —le recuerda, pegándolo contra su pecho como suele hacer con los niños del orfanato—. Respira.

Hiragi observa aquello en silencio, sus puños firmes al punto de que los nudillos se vuelven blancos dejan en claro lo molesto que le resulta ese escenario, pero no hay nada que puedan hacer. No tan pronto.

Nirei ha pasado esas dos semanas luchando contra un miedo que se sembró luego de que Suo lo golpeara al punto de dejarlo en el suelo inconsciente, y aunque ya todo ha sido hablado y los demás continúan adelante con sus hombros firmes, cada paso que el rubio da parece hundirlo más.

Todos los pilares han hablado con Nirei, le han ofrecido hombros fuertes donde se pueda apoyar y llorar, pero es cuando toca fondo cuando el rubio decide correr a ellos hecho un mar de lágrimas y un manojo de temblores, mostrando ese lado herido, roto. Hiragi es consciente que una herida hecha por un amigo es difícil de sanar, pero ese llanto no es solo por la pérdida de una amistad, va más allá.

Para Hiragi, Tsubaki y Umamiya fue tan claro como el agua cristalina de un apacible lago, Nirei estaba enamorado de Suo, un amor puro y bello, de esos que saben a algodón de azúcar y se adorna de bellas flores coloridas, pero ahora solo pueden ver un jardín pisoteado. Espeso lodo manchando lo que alguna vez fue hermoso.

Es escuchar el nombre de aquella persona y el cuerpo del rubio se bloquea por completo, su mente se niega a trabajar y el dolor que azota su pecho lo manda al suelo.

Los primeros días después de la pelea de confrontación Nirei estuvo en cama, algo que otros encontraron normal al haber sido uno de los que más pelea dio, pero el cansancio y daño físico no se comparan a lo dañada que terminó el alma y el corazón.

Suo no solo rasgó su amistad con Nirei, le hizo añicos el corazón y, bueno, eso tarda en sanar.

🍂🏵🍂

Sakura junto con el resto de sus compañeros se encuentran comiendo entre amigables pláticas, todos participando incluso con algún bobo comentario. El sabor, la calidez y las risas haciendo que el corazón del bicolor se sienta dichoso, en verdad ama esos momentos.

Aunque siendo honesto consigo mismo, atesoraría más aquel momento si Nirei estuviera a su lado. Sabe que debe darle especio, eso dijo Keji, pero ¿cómo podrá ayudarlo si se mantiene lejos? No lo entiende.

Cuando él estuvo en la penumbra, Nirei corrió sin duda a tomar su mano y entenderlo, ahora quiere hacer lo mismo en agradecimiento, pero no sabe cómo hacerlo.

—Sakura —Al ser llamado con esa voz sonríe de lado. Ve a su derecha y palmea el lugar libre, haciendo que el recién llegado tome asiento a su lado—. Están todos muy animados hoy.

—No puedes culparnos; los exámenes han terminado —comenta, asiendo su vaso para darle un trago— y el profesor nos felicitó. Algo así.

—Hm, “algo así” —Repite Suo y su mirada se pasea por los presentes—. Ya puedo imaginar las palabras tan ostentosas que el hombre pudo haber elegido —comenta, pasando de un cabello oscuro a otro.

—¿“Ostentosa”? —repite la palabra, sintiendo extraño hasta el pronunciarla.

—Sí, significa: agradecido de tenerlos como mis alumnos —Al ver el rostro de Sakura brillar y que nadie corrija su mentira luego de un par de segundos, suelta una risilla—. Es mentira, Sakura; con ostentoso quise referirme a que de seguro uso palabras extrañas para lucir rico en lenguaje.

—Creo que sí lo hizo.

Suo sonríe de lado, da un pequeño asentimiento y al escuchar la campanilla de la puerta que anuncia la llegada de alguien, ve hacia aquella dirección, encontrando al líder Keji junto a los vice capitanes.

Dentro de su pecho puede sentir la decepción.

—No está —Kiryu, quien tiene entre palillos un bocado, ve a Suo con una media sonrisa— y no va a llegar.

—¿Quién?

—Quien buscas, obviamente.

—¿Estoy buscando a alguien? —El de cabello rosa ve entre pestañas al castaño, quien mantiene una sonrisa suave en los labios— Creo que estás confundido hoy, Kiryu.

—Hm, tal vez —el de cabello ve hacia Sakura, quien ha estado viendo aquel intercambio en silencio—.Nirei se ha vuelto muy disciplinado, ¿verdad, Sakura? —el de cabello bicolor forma una línea con los labios al presionarlos contra sí.

—Nirei se está esforzando muchísimo —Lo dicho animadamente por parte de Tsugeura hace que los ojos se posen en él—. Lo vi entrenar hace unos días; el combate fue prolongado y Hiragi solo se detuvo cuando Nirei ya no pudo ponerse de pie —Suo baja la mirada, viendo la bebida que ha sido colocada frente suyo, las ondas en el humeante líquido haciéndolo recordar la sangre con la cual manchó sus manos y que hoy en día sigue sintiendo pesada—. Hoy iba a entrenar también.

—¿Hoy? —Kiryu frunce el ceño, viendo al de cabello afro engullir hasta la mitad un rollo de sushi— Creo que estás equivocado; Umemiya y el resto iban a estar ocupados.

—Sí, lo sé.

—Entonces, ¿cómo se supone que Nirei va a entrenar con ellos?

—Nunca dije que con ellos.

Aquella respuesta hace que Suo voltee a ver a Sakura, no hay manera de que el joven bicolor no supiera la verdad, y es en aquel rostro con expresión distante que encuentra la respuesta. El de ojos heterocromáticos sabe dónde se encuentra Nirei, sin embargo, parece querer guardarlo para sí mismo.

Sakura, qué envidioso te has vuelto. Oh, mejor dicho, el de cabello negro y blanco se ha vuelto precavido a su lado, lo que es razonable, pero no se siente nada bien.

🍂🏵🍂

Los brazos de Tsubaki se encuentran apoyados en los hombros de Nirei, ambos avanzando en sincronía tras de Umamiya y Hiragi. El rubio se encuentra plenamente agradecido de andar así aunque sea complicado, pues de esa forma su mente está distraía haciendo que su cuerpo avance junto con el de la persona tras suyo y no en hacerlo recordar a cierto joven de parche.

Por otro lado, Tsubaki tiene esta fragancia suave que le tranquiliza y lo envuelve cual cálida manta en invierno. Se siente acobijado, seguro, y es eso mismo lo que necesita.

—No tenían porqué acompañarme —Dice, sonriendo de manera débil. Todavía puede sentir los ojos hinchados de tanto llorar—. Pude haber venido solo sin problema.

—Nada de eso —Tsubaki cambia el agarre, abrazando a Nirei por los hombros, quien siente las ganas de llorar volverlo a asaltar cuando un gentil beso es depositado en su coronilla—. Si necesitas ayuda, vas a tenerla aunque no la pidas.

—Gracias —murmura por lo bajo, un sonido casi imposible de escuchar.

—De todos modos teníamos asuntos pendientes acá —comenta Umemiya, viendo sobre el hombro izquierdo a quienes caminan juntos—. Por cierto, Nirei.

—¿Sí?

—Te has vuelto muy fuerte —Umemiya sonríe radiante, esa sonrisa que muestra su dentadura y cierra sus ojos, la honestidad brillando radiante—. Felicidades, Nirei.

Recibir un elogio así de Umemiya hace al pecho de Nirei hincharse de orgullo, obligado a bajar la cabeza para que sus mayores no vean el escandaloso sonrojo que lo golpea, pero ha sido demasiado tarde. Los tres lo han visto y les ha parecido algo muy tierno.

Un corazón noble puede existir en los que pelean, tal es el caso de Umemiya; un carácter endurecido por lo vivido es justificable, así como Sakura, y encontrar alguien bondadoso entre la guerra es un milagro, lo que significa Furin para la ciudad.

Para los pilares y demás compañeros, Nirei representa ese pequeño diente de león que se mantiene firme pese a las adversidades, aquel que se abrió paso entre grietas para seguir creciendo.

Ahora se encuentra un poco lastimado, sí, pero el hecho de que siga avanzando hace a los demás admirarlo.

Siguen andando hasta llegar al túnel que los conecta con el otro barrio, en la penumbra de éste dos figuras los esperan y cuando Umemiya levanta el brazo para ondearlo en forma de saludo, la persona de corta estatura corre hacia ellos, el cabello ondulado acompañando el acelerado movimiento.

El peliblanco prepara su cuerpo para recibir el impacto y no duda tomar en brazos a quien se lanza cual león a su presa, rodeando el cuello de Umemiya con piernas y abrazando la cabeza con ambos brazos.

—¡Umemiya! —Grita con emoción y alegría pura el líder de Shishitoren, Tomiyama— ¡Qué gusto verte!

—¡No puedo respirar! —responde el peliblanco, dando suaves palmadas a la espalda del chico.

—Hola —Saluda Togame al resto, permitiendo que los lideres continúen con su saludo que consiste en risas y amistosos golpes, incluso una persecución boba—. Muchas gracias por venir, aunque no los esperábamos a todos.

—Teníamos cosas qué hacer cerca, así que, acompañamos a nuestro pequeño gorrión—Dice Tsubaki, soltando a Nirei para revolverle el cabello con cariño—. Además, estoy un poco preocupada por lo que están pasando.

—Esperemos se acabe hoy.

—¿Cuántos están en cama ya? —Pregunta Hiragi, cruzando los brazos por encima del pecho.

—Cinco —la respuesta es dicha por Choji, quien se encamina a ellos junto con Umemiya, el cual camina al lado del de baja estatura. Los dos están despeinados—. Cinco están en cama y tres más han empezado a presentar síntomas —el líder de Shishitoren suelta un resoplido—. Hemos estado visitando los lugares a donde fueron a comer en busca de respuestas.

—¿Y? —Tsubaki coloca los brazos en jarra— ¿Qué han descubierto hasta ahora?

—Los nuestros son los únicos que han enfermado —responde Togame, usando sus manos para tratar de explicar mejor sus palabras—. Creemos que nuestros chicos se enfermaron tras consumir la comida, pero de haber sido ese el caso, deberían haber más afectados, no solo los que pertenecen a nuestra banda.

La plática continua entre los mayores, mientras la cabeza de Nirei ya se encuentra pensando en las posibilidades habidas y por haber de lo que está sucediendo. Es verdad, en caso de que se tratara de intoxicación debido a la comida, tendría que haber más afectados.

Se lleva la mano derecha al mentón, frunciendo el ceño al pensar aquello de manera meticulosa.

En los restaurantes puede llegar haber errores de ese tipo, algún ingrediente en mal estado puede existir, sin embargo, duda mucho que pueda ser algo que solo afecte a jóvenes, unos que casualmente pertenecen a Shishitoren.

Esto es sospechoso sin duda.

—Nirei —Al ser llamado, parpadea un par de veces para desenfocar y salir de su ensimismamiento. El rubio ve hacia quien se encuentra a su derecha, Choji—, ¿podrás ayudarnos? Sakura dijo que eras un gran observador.

—Ya, pero esto —Hace una mueca—. Yo no...

—Él puede —Anima Umamiya, colocando las manos en los hombros de Nirei, dando una suave sacudida al cuerpo del menor—. Sabe lo que hace.

—Cuídenlo —Pide el de tacones, apuntando a Togame para luego apuntar a Choji.

—Lo cuidaremos —acepta Togame la petición, aunque era algo que planeaba hacer de todos modos—. Vayan sin cuidado.

Umemiya asiente y junto a Tsubaki se pasa a despedir de Nirei, quien sigue siendo retenido por Choji.

—Te lo encargó —La rasposa voz hace a Togame ver a Hiragi, quien mira hacia donde el pequeño rubio se encuentra, el sonrojo que tiene por ser halago entre Umemiya y Tsubaki más la cercanía de Choji lo hace lucir menor de lo que es—. ¿Han escuchado lo que pasó?

—Un poco, pero lo suficiente.

—Él sigue herido.

—Sí —Togame al ver a Nirei cerca de Choji recuerda aquel tiempo donde la mirada de su líder era oscura, vacía, y él se sentía solo—. Lo entiendo.

Tras despedir a los Furin, los Shishitoren flanquean a Nirei hacia los lugares donde los jóvenes yacen en cama y tras unas preguntas, el rubio comienza a sentir el peso sobre los hombros. Cada chico con quien habló se vio interrumpido al tener que vomitar, las largas pausas debido a la falta de aire o lo pujidos de dolor inevitables no permitieron que el recolectar información fuera de un solo día.

Por otro lado, ver el dolor en aquellas miradas que lo veían con esperanza lo hizo pensar en lo que Sakura y otros líderes deberían sentir: una enorme carga. Está bien, sabe que los hombros de su amigo y sus compañeros son fuertes, firmes.

El único débil es él.

Togame desliza la silla para Choji, quien toma asiento frente a Nirei, el cual luce a nada de caer dormido.

—Has hecho un gran trabajo hoy —Felicita Choji, sonriendo cuando los ojos de Nirei se posan en él—. Lo digo en serio, ¿por qué parece que no me crees?

—Es que no he hecho nada.

—Hablaste con los nuestros y los trataste de manera amable, incluso te mantuviste firme a pesar de verlos vomitar —Dice Togame, tomando lugar al lado de Choji—, ¿cómo puedes decir que no has hecho nada?

—Te vi escribir mucho —Choji extiende los brazos sobre la mesa para tomar las manos de Nirei, delineando con los pulgares las marcas del bolígrafo contra los delgados dedos—, ¿no te duele?

—Estoy acostumbrado —admite—, aunque ¿no se ven más dolorosas las cicatrices que tienes en los nudillos?

—No —responde sin más Choji, sonriendo sin apartar la mirada de las manos de Nirei.

—¿Puedo ver? —Pregunta Togame, Nirei no duda en asentir, viendo con atención al pelinegro hojear pagina por pagina.

—Son anotaciones sin sentido —comenta el rubio, viendo como Choji juega con sus manos e incluso hace que sus dedos se entrelacen—. Quiero decir: los restaurantes que mencionaron manejan pescado y sí, suele haber mucha intoxicación debido a este tipo de carnes, pero sigo sin entender porque solo ellos —frunce el ceño, recordando lo narrado por cada joven que visitó.

—Vaya, hasta escribiste el nombre de lo que comieron —Togame acerca la libreta, leyendo lo que se encuentra escrito en letra pequeña—. Investigaste los ingredientes...

—Sí, y aunque puede haber similitudes, no comieron lo mismo —Togame asiente, atento a la lectura y lo dicho por el dueño de la libreta.

—Hm, no.

—Eso quiere decir que hay algo que me falta de ver, pero no sé qué es.

El mesero del lugar donde han decidido cenar es un hombre de la tercera edad, quien luego de tomar la orden, se pasa a retirar con pasos lentos y cortos. Nirei se cuestiona cómo aquel abuelo será capaz de llevarles lo pedido a la mesa, sin embargo, al ver que los demás trabajadores son jóvenes, el alivio lo hace suspirar.

Vuelve su atención a las manos que juegan con las suyas, la manera en que los dedos de Choji toman con suavidad los suyos y presionan la punta de las uñas, dejando medias lunas marcadas en las yemas de los pulgares.

Es en esos gentiles movimientos donde se pierde y su mente se enfoca.

Si la comida no fue la misma, tampoco el restaurante e ingrediente, ¿cómo pudieron enfermar de lo mismo? ¿qué pudo haber cambiado? ¿Qué no está viendo? Ve de reojo hacia Togame, quien pasa de hoja y continua la lectura, el oscuro cabello que se derrama sobre la frente del de mayor estatura cubre casi por completo los ojos.

Pasea la mirada por el local, viendo con atención las mesas ocupadas, unos comensales ya se encuentran degustando la comida y otros platican animadamente en espera de la cuenta, unos más están en la misma situación que ellos. Ve los meseros, los que andan tranquilos entre mesas y deben de memorizar las ordenes que han tomado y de que mesa fueron, eso hace a Nirei fruncir el ceño y parpadear un par de veces antes de ver de nuevo hacia sus manos.

Solos los jóvenes de Shishitoren enfermaron, eso significa que los culpables tuvieron que saber de quiénes se trataba y no puede señalar a los cocineros, pues el sabor de los locales es lo que los mantiene llenos, y quienes son cambiados constantemente son aquellos que tienen contacto con los clientes. Los meseros.

La emoción hace que sus manos den un suave apretón a las de Choji, quien ladea la cabeza a la derecha ante aquel toque tan gentil.

Para el líder de Shishitoren es extraño que las manos sean suaves y delicadas, lo normal desde su perspectiva es que estén callosas, con los nudillos cicatrizados y con uñas maltratadas, pero las de Nirei no son así y esa es la razón por la cual se ve incapaz de soltarlas.

Los dedos son alargados, delgados y tienen una sutil deformación que solo deja el bolígrafo al ser usado tanto tiempo, las manchas de tinta también le resultan lindas. La cutícula esta retirada y cortada con precisión, las uñas limpias y sin bordes desiguales; están limadas y solo hay un par de milímetros de borde libre.

Limpio y cuidado. Lindo.

Togame pasa de hoja, leyendo los apuntes hechos con buena ortografía y con una caligrafía delicada, convivir diario con hombres hace que olvide la delicadeza con la cual pueden llegar a ser hechas algunas cosas tan comunes. Ve hacia su derecha, sonriendo al ver a Choji tan entretenido y vuelve su atención a Nirei, quien tiene una expresión radiante que llegó a ver solo en aquella noche de festival, donde los fuegos artificiales adornaron el cielo nocturno y Furin junto a Shishitoren pasaron un gran momento.

—Nirei —Choji pronuncia el nombre en voz baja, levanta la mirada hacia la del rubio sin soltarlo—, ¿cómo puedes tener manos tan bonitas siendo un pandillero? —Nirei sonríe de lado.

—No he peleado lo suficiente; suelo solo esquivar y, bueno, ser de apoyo.

—Apoyar también es importante —Togame sonríe de lado.

—Sí, pero quisiera poder hacer más —Confiesa Nirei, para luego ver hacia los trabajadores del local.

—¿Sigues asustado, Nirei? —La pregunta hace que la mirada chocolate recaiga en Choji, quien sonríe tomando el dedo índice de la mano derecha del rubio entre el pulgar y anular de la izquierda— Umemiya no me dijo nada, tampoco ninguno de los tuyos, pero somos pandilleros, la información llega tarde o temprano.

—Tu amigo, el del parche —aclara el de cabello negro—, te golpeó —continua, viendo como Nirei hunde la cabeza entre los hombros.

—Te dejó en el suelo sin dar más explicaciones —Choji vuelve a entrelazar los dedos con los de Nirei, sonriendo—. Te lastimó con sus puños, sus palabras y su risa, ¿verdad? —Con un nudo en la garganta impidiendo que responda, el rubio da un lento asentimiento— Tiempo después van a por él y lo que te encuentras es con una mentira tras otra, un gran muro que te hace sentir lejano a lo que creías cercano.

—Era mi amigo —Hace una mueca—. Se supone que lo era.

—Hm, sí —el de cabello más ondulado asiente luciendo una expresión seria—. Si me lo preguntas, es normal que tengas miedo.

—Yo...

—Togame lo tuvo —la interrupción hace a Nirei ver hacia el mencionado, quien ve con suma adoración a Choji— y yo fui el causante. Destroce su espíritu, lo hice hacer cosas horribles y cuando toqué fondo, lo herí todavía más. De no haber sido por Umemiya y por ustedes, quién sabe qué andaría haciendo ahora —confiesa, soltando una risilla—, pero lo que tengo claro es que no estaría aquí ni sería tan fuerte como lo soy en este momento.

—Es que —Nirei ve sus manos jutas y al ver los pulgares de Choji acariciarle el dorso, dándole ánimos, el labio inferior le tiembla—. Me asusta —traga—. Me ahoga el miedo cada que escucho su nombre.

—Qué bien, serías un rarito si no lo sintieras —el de cabello rosado suelta las manos del rubio para juntarlas y así poder cubrir ambas usando las suyas—. Sentir miedo no nos hace débiles, Nirei, el correr y no enfrentarlo sí.

—Necesitarás tiempo —Dice Togame, cerrando la libreta para deslizarla sobre la mesa a Nirei.

—Es porque soy débil, ¿verdad?

—Para nada; eres fuerte.

—No lo soy.

—Lo eres —reafirma Togame, negando con la cabeza desaprobando la baja autoestima del chico—. Defendiste lo que crees y en la lucha que Furin representa; eso te hace fuerte, Nirei; a diferencia de mí, te mantuviste firme —el pelinegro suspira, para luego ver de reojo a Choji—. Se cree que la fuerza es meramente física, pero se nos olvida que el espíritu también se debe de ejercitar.

—Cuando necesites hablar, Togame y yo vamos a escucharte —Choji se alza de hombros—. No dudo que Umemiya y los demás hayan ofrecido su hombro, pero ellos no han pasado por lo que pasaste y necesitas quien te entienda, ¿verdad?

—Cuando volví a pelear con Suo, intenté llegar a él como Sakura o Umemiya han hecho —comienza diciendo después de un par de segundos en silencio, sintiendo las lágrimas ya quemarle—, pero no pude hacerlo. Dudaba en cada golpe que daba; yo no quería hacer las cosas así aunque fuese la única manera y al final, no serví de nada. Fue Sakura quien logró vencer, quien encontró las palabras para hacer a Suo decir la verdad y yo... —baja la cabeza, ocultando su rostro, pero las lágrimas que caen a la mesa delatan su llanto—. Sigo siendo débil.

—Eres inteligente —comenta Choji, volteando a ver a Togame—, ¿verdad que lo es?

—Sí, lo es.

—La inteligencia le puede ganar a la fuerza —Esas palabras hacen a Nirei levantar la mirada, viendo a Choji apoyar la cabeza contra el cuerpo de Togame, quien se sonroja al contacto—, y el corazón también puede hacerlo.

🍂🏵🍂

Suo camina al lado de Sakura, ambos yendo sin un rumbo en mente. La comida con los chicos estuvo deliciosa, eso puede admitir sin problema, aunque la pesada mirada de Kiryu le dio dificultades para tragar.

Baja la mirada, viendo sus pies andando sobre la acelera que se ve decorada por hojas amarillas y naranjas debido al otoño; su atención se pierde en ese color claro y en el viento que las arrastra, haciendo que piense en Nirei y en esa maldita noche.

Fue por el dolor en su pecho que fue a ese lugar, pensó que verlo a la distancia sería suficiente, pero cuando su celular sonó y vio que se trataba de Nirei queriéndolo conectar, simplemente se vio incapaz de irse sin escucharlo. Sin hablar.

Sin tocarlo.

Es reciente que la palabra “hubiera” flota en su cabeza, y en las largas noches se cuestiona si estuvo bien o mal, pero el arrepentimiento que se retuerce cual nido de serpientes en su pecho hace que quiera ser tragado por la tierra. Se siente avergonzado por atesorar ese momento.

Bajo esa luna y cielo nocturno, acompañados por una brisa fresca, Nirei fue solo suyo. Lucharon, se golpearon y la sangre tiñó los nudillos del otro; se gritaron y dijeron palabras que lograron cortar muy en el fondo del otro. Se mostró sin máscaras y de todos modos esas suaves manos se negaron a soltarlo.

La sensación de aquella noche hormiguea en su piel todavía.

Sin embargo, a pesar de ese momento que compartieron y de aquel día donde se confrontaron nuevamente, siente a Nirei tan lejos como la luna lo está de la Tierra.

Será porque no lo ha vuelto a ver que su mente lo engaña y hace que piense en él al ver las hojas, al sentir el sol acariciar su piel o incluso verlo en ese helado sabor cereza que manchaba sus labios.

En aquella pelea donde se vio dividido entre su hogar y las personas que llegó a apreciar igual que a su gente, entendió que ese chico rubio de ojos chocolate significaba más que el resto. Nirei ocupaba dentro suyo más que todos los demás, puede señalar sin miedo a errar que ese joven pecoso se encuentra por encima de su determinación y responsabilidad.

No piensa ocultarlo, no habría manera de hacerlo luego de todo lo que ha sucedido, menos cuando ha sentido el pecho ser partido a la mitad al entender que aquel a quien añora ver, no ha ido a la comida por evitarlo.

Está bien, lo entiende; todavía es muy pronto y hay heridas que necesitan más tiempo que otras para sanar, pero el saber qué él es el culpable hace que sea más pesada la espera.

Al ser el responsable, no hay manera de que pueda ayudarlo esta vez y eso le molesta más de lo que debería.

Espera que logré hacerlo pronto, quiere volver a caminar al lado de Nirei, escucharlo hablar de lo que ha aprendido y de lo que piensa, ver sus expresiones al ser sorprendido y ser espectador de ese sonrojo que aparece cuando se emociona. Sonríe al recordar las veces que señaló sus mentiras que decía solo para molestar a Sakura.

Caminar juntos los tres es algo que extraña también.

—En Shishitoren hubieron problemas —Lo dicho por Sakura hace a Suo salir de su ensimismamiento—. Varios enfermaron de la nada.

Voltea a ver al bicolor, luciendo una expresión tranquila, queriendo ocultar la tormenta de emociones que se arremolina en su interior.

—¿Es grave? —pregunta solo por cortesía. Shishitoren no es una prioridad para él, pero de haber problemas para ellos, sabe que Furin no dudará en ayudar y eso haría a sus amigos estar en peligro— ¿Necesitan apoyo?

—Según Nirei sí es grave, pero no necesitan apoyo —El nombrado sí que es de interés para Suo, pero se obliga a volver su atención al frente.

—Es con quienes ha ido a entrenar —razona, llevando la mano derecha a su mentón.

Lo que le enseñó a Nirei no es algo con lo que Shishitoren tenga conocimiento, ese grupo son más de ataque y confrontación; pensar que brutos con fuerza desmedida entrenaran al rubio de pecas hace que una comprensible preocupación se instale sobre su pecho.

—No sé si le haya dado tiempo para eso —Sakura suspira, echando la cabeza hacia atrás para perder su mirada en el cielo nocturno—. Estuvo investigando el origen del problema junto con Togame y Tomiyama.

—Te has estado mensajeando con él —Suo forma una fina línea con los labios—. Ya me resultaba extraño verte con el celular en la mano teniendo a todos ahí.

—Sí, no me gusta dejar esperando a Nirei por una respuesta —eso ha sido un puñetazo y el del parche solo sonríe, una sonrisa falsa.

—Eres un gran amigo, Sakura.

—¿Vas a hablar con él? —Pregunta el de cabello bicolor, viendo a quien mantiene una sonrisa suave en los labios y las manos dentro de los bolsillos del abrigo.

—¿Cómo voy a hacer eso si me evita? —Se alza de hombros, queriendo lucir desinterés cuando su voz lo ha delatado un poco— Nirei está bien.

—Lo sé —La afirmación cargada de honestidad hace a los pies de Suo frenar. Dos pasos más y Sakura hace lo mismo, viendo sobre el hombro a quien lo mira con el ceño fruncido—. Nadie está diciendo que Nirei esté mal, él está bien —el de cabello bicolor se gira, quedando de frente al castaño oscuro—. Lo pregunto por ti.

—¿Por mí?

—Sí, porque a pesar de ya saber la verdad e incluso haberte enfrentado a nosotros, sigues actuando —Suo aparta la mirada, manteniendo la sonrisa en sus labios—. Está bien, hiciste todo esto para entender cómo en tan poco tiempo Furin logró lo que tu grupo tuvo que forzar por ochenta años y ahora que lo sabes, ¿qué te queda? ¿Qué has logrado con lo que has hecho? —el del parche frunce el ceño, inseguro de qué responder.

—Yo...

—Solo pienso que, tal vez, Nirei y tú —Sakura suspira, pasando la mano derecha tras el cuello. Se siente ansioso; no es bueno con las palabras, aunque puede que haya mejorado un poco—. No es fácil, lo sé, pero yo sí quiero caminar con ustedes otra vez, Suo.

🍂🏵🍂

Al despertar, Nirei se encuentra con una ventana que no es la suya enmarcada por cortinas que desconoce; parpadea confundido y al echar una ojeada alrededor, sonríe al deparar en un poster de un tigre y un león, ambos simulando el ying yang respectivamente.

Se encuentra en casa de Tomiyama, aunque parece que se ha quedado en la habitación de éste, ¿se pregunta en dónde habrá dormido el dueño al haber ocupado él su cama?

Bosteza, volviendo su vista al techo y lleva las manos a su pecho, jugando con la tela que no es de su uniforme.

Luego de dar con los responsables de la intoxicación a los miembros de Shishitoren, la noche y el cansancio hicieron imposible que volviera a casa, así que el líder, en muestra de agradecimiento, lo invitó a pasar la noche en la suya.

Para ser honesto, le sorprendió la vivienda.

Es una casa japonesa clásica, una de jardines cuidados y habitaciones de sobra, algo muy diferente a su humilde hogar estilo americano donde destaca el segundo piso y los acabados en el suelo.

Estira ambos brazos por encima de su cabeza, arquea la espalda y permite a sus músculos despertar poco a poco, dando alivio a cada uno al haber estado en reposo tantas horas. Sale de la cama y echa un vistazo a su reflejo en el espejo esquinado, donde se visualiza vistiendo una pantalonera de dormir guinda y una camisa blanca con una flor de cerezo en el pecho. Las mejillas le queman al pensar que viste a Sakura y Suo, aunque el corazón se le enloquece al pensar en éste último.

Camina fuera de la habitación con timidez, haciendo memoria del camino que lo llevó a ese cuarto. Las voces familiares de Togame y Tomiyama lo hacen sonreír, sintiendo el alivió caer sobre sus hombros al dar con ellos.

Al dar la vuelta en el pasillo, se queda congelado al ver la escena que se lleva a cabo en la sala de estar del lugar: Togame tiene a Choji sentado en el regazo dándole la espalda, con la cara hundida en la unión del cuello y el hombro del de menor estatura; los brazos rodean con posesividad a quien continua hablando mientras acaricia el oscuro cabello ondulado de manera delicada, suave.

Traga al verlos así, tan cercanos y en paz, como si el mundo en donde estuvieran fuera distinto de donde él se encuentra. Los ojos chocolates siguen los fornidos brazos que rodean la esbelta figura, luego pasan a ver el movimiento delicado que hacen las manos de Choji al acariciar el cabello de Togame.

¿Una escena así de linda puede ser hecha por dos hombres? No es algo que haya pensado con anterioridad y presiente que será algo que se cuestione todos los días a partir de ese día.

—Buenos días, Nirei —saluda y el rubio pega brinco al haber estado ensimismado.

Choji sonríe y le hace un ademán con la mano desocupada, pidiendo en silencio que se acerque. Nirei respira hondo, suspira y avanza de manera lenta, tomando asiento en el sofá frente al peligroso y acaramelado dúo.

Ve al pelinegro levantar la cabeza de donde se encontraba, luce cansado a pesar de estar recién levantado. Nirei no recuerda que hayan logrado golpear a Togame, sin embargo, hay una marca de mordida en la barbilla de éste.

—¿Dormiste bien? —Pregunta Choji, rompiendo con el silencio— ¿Qué te pareció la cama?

—Yo... —Las palabras se quedan atascadas en su garganta al deparar en marcas rojizas ubicadas en los muslos de Choji. Aparta la mirada, sintiendo las mejillas arder—. Lamento interrumpir.

—¿Dormiste bien, Nirei? —La pregunta ahora la ha hecho Togame, quien sonríe apoyando la barbilla en el hombro de Choji.

El rubio toma una bocanada de aire antes de suspirar, queriendo relajar el cuerpo y calmar la mente antes de dar una respuesta.

—Sí, gracias.

—Todavía es muy temprano para que te vayas y falta desayunar —Choji suelta una risilla—. Platiquemos un rato.

Da un lento asentimiento y no duda en colocar sus manos entre las piernas, no queriendo delatar sus nervios.

Sus ojos marrones van a la escena frente suyo sin poder evitarlo, y se deslizan por las grandes manos de Togame, una se mantiene sobre el vientre, la otra se encarga de cubrir la entrepierna de Choji.

Ver esa diferencia de tamaño tan íntima hace que el rubio se cuestione en cómo sería ser sostenido así; qué se sentiría ser abrazado de manera tan gentil por alguien que posee la fuerza para romperlo... La imagen de Suo aparece tras un parpadeo, recuerda la suave sonrisa del castaño y el corazón se le acelera, pero su mente le hace recordar la fuerza de aquellas patadas y puñetazos, lo que hace a su cuerpo temblar de miedo.

—¿Estás bien? Luces raro —El rubio asiente en respuesta ante la pregunta de Choji.

—Ustedes son... —Nirei sella sus propios labios haciendo una fina línea con ellos.

—Somos novios —Togame sonríe de lado al ver la expresión de alarma en el rostro de Nirei—. Es normal ser novios cuando se quiere de esta manera.

—Te lo dije, ¿no? El corazón le gana a la fuerza —Choji señala tras de sí con el pulgar, apuntando a Togame—. Él me ganó, en más de un sentido. Puede hacer cosas realmente increíbles como —el de menor estatura se ve incapaz de continuar al ser cubierta su boca por la mano de Togame.

—No creo que a él le interese saber eso —susurra, sonriendo con pena a Nirei—. Lo siento. Carece de filtro.

—¿Están enamorados? —La pregunta hace a la pareja fruncir el ceño. La mirada que dirigen a la Nirei es un: “¿no es claro?” — Perdón, yo solo... Quiero decir: dos hombres, no es que piense que esté mal ni mucho menos, es solo que...

—Es verdad, hay personas que lo ven mal. No tú, claro, pero otros sí —Togame retira la mano de la boca de Choji, haciendo que Nirei sea espectador de una sonrisa cálida, tierna. Una que solo aparece en los labios de quien está enamorado—. Hemos sido precavidos; si alguien incorrecto supiera de lo nuestro, no dudaría en usarnos para hacer daño al otro.

—Es una estrategia muy común.

—Así es. No quiero que Choji esté en riesgo, aunque confío en su fuerza para mantenerlo a salvo —el pelinegro baja la mirada un momento, parece indeciso, pero cuando la mano de Choji cubre la suya, luce decidido y ve hacia Nirei— ¿puedo hacerte una pregunta? —el rubio asiente en respuesta— ¿Estás enamorado de tu amigo al que le tienes miedo?

La mente de Nirei se queda en blanco, la respuesta siendo gritada en cada latido que da su acelerado corazón, mientras el cuerpo le tiembla de miedo.

🍂🏵🍂

El lunes por la mañana Suo se encuentra con un salón vacío, ve el reloj de su celular y frunce el ceño al deparar en la hora. No habría manera que nadie haya llegado a ese punto. Parpadea confundido, ve por el pasillo y siguiendo su curiosidad, se encamina a la azotea.

Es muy probable que se encuentren ahí, pues cuando él estuvo asistiendo a esa escuela, si no se encontraban en el salón o la ciudad haciendo rondas, estaban con el huerto de Umemiya.

Cada paso que da recorriendo el pasillo que lo lleva a las escaleras, no puede evitar que la nostalgia lo abrace, cubriéndolo de recuerdos brillantes y cálidos junto a las personas que confiaron en él sin siquiera conocerlo en realidad, encantados por una máscara que detalló a la perfección.

La culpa sonríe y ante su vulnerabilidad no duda en clavar las garras en su pecho, tirando con fuerza para exponer su corazón. Tras la oscuridad de un parpadeo ve la sonrisa de Nirei, en otro está el mismo rostro, pero golpeado y manchado con sangre, y uno más lo hace recordar las lágrimas que se desbordaron de la mirada chocolate mientras rogaba que dijera la verdad.

“¡Ya no mientas! ¡Deja de engañarte, Suo!“, fue lo que gritó el rubio antes de que le diera un puñetazo.

Sus labios se curvan hacia arriba, una sonrisa que oculta el pesar y dolor que le causa saber que ha sido el causante de su dolor más amargo.

Al llegar a la puerta que da a la azotea, toma la manija y respira hondo, para luego suspirar las inquietudes que lo han golpeado de camino a ese lugar. Abre la puerta, el fuerte y frio viento de las alturas lo obliga a ver entre pestañas, y es cuando se acostumbra que es capaz de mirar alrededor, encontrando a sus compañeros y superiores reunidos. Sabía que los iba a encontrar ahí, pero ¿qué estaban viendo? ¿Qué es lo que tiene toda su atención?

—¡¿Cómo los atraparon?! —Grita alguien con emoción, haciendo que Suo trate de ver el centro de todo ese gentío.

—¡¿Peleaste?!

—Te ves muy mal, Nirei.

Eso es suficiente para que Suo se abra paso entre la gente, su peculiar forma de avanzar sin decir palabra, solo moviendo su cuerpo al ritmo de la marea humana para poder llegar a las primeras filas.

Nirei yace en el centro, sonriendo con pena a aquellos que lo han rodeado y teniendo a su lado a Sakura, quien lo mira con genuina preocupación ¡Y no es para menos! El rubio tiene varios golpes en el rostro, una cortada en el labio inferior y el índice junto con el medio de la mano derecha están vendados, y a pesar de eso, el de ojos chocolates luce radiante.

Tal vez sea porque hace ya un tiempo que no lo veía, puede que solo se deba a que se encuentra bajo los rayos del sol que resultan cálidos en invierno.

Suo no está del todo seguro a qué se deba, pero ver a Nirei lo ha alegrado. Siente el corazón latir con fuerza y felicidad, cada latido dice el nombre de aquel rubio rodeado de compañeros que lo aprecian y que jamás le harían lo que hizo.

—Bueno, en realidad logramos atrapar a los causantes el día sábado —explica Nirei, sonriendo hacia Umemiya y Tsubaki, la última luciendo al borde de las lágrimas al ver al pequeño rubio en esas condiciones. Parece que jamás se acostumbrará a verlo así—, sin embargo, ayer cuando Togame y Choji me acompañaban de regreso, nos interceptaron y me vi en medio de la pelea —el rubio se lleva la mano izquierda tras la nuca, soltando una risilla nerviosa.

—¿Cómo pudieron acercarse a ti cuando estaban esos dos a tu lado? —Cuestiona Hiragi, algo que Suo también se pregunta.

—Ellos decidieron confiar en mí.

La respuesta hace que Suo eleve ambas cejas, viendo con sorpresa a quien luce orgulloso.

—Choji dijo que era listo —continua Nirei, jugando con los dedos de sus delicadas manos. Verlas vendadas y con los nudillos enrojecidos hace que el corazón de Suo se oprima con dolor— y Togame afirmó muchas veces que soy fuerte, creo que eso me envalentonó y no dude en unirme a la pelea.

—Lo bueno es que estás bien —murmura Kiryu, soltando un suspiro.

—Solo un poco golpeado —Sakura sonríe de lado, negando con la cabeza antes de retirar el fleco de la frente de Nirei, quien ve al bicolor con una sonrisa complice.

—Así que, ¿los meseros eran los malos? —Tsugeura se cruza de brazos, frunciendo el ceño tanto que las cejas están a nada de tocarse— ¿Cómo pudiste notar eso?

—En restaurantes locales lo importante es el sazón, por lo que descarte a los cocineros, fue entonces que me fije en los meseros —explica Nirei, su mirada chocolate pasando entre sus compañeros más cercanos—. Tuve que volver con los que estaban enfermos para aclarar mis dudas, ellos describieron a tres personas en concreto y viendo que ninguno comió en el mismo lugar, pero sí coincidieron sus meseros, Togame dijo que seguro se trataba de ellos —Los hombros de Suo se tensan al notar que se encuentra bajo la mirada chocolate, y solo cuando esta se aparta es capaz de respirar de nuevo—. Al volver a esos restaurantes nos contaron que habían renunciado sin previo aviso.

—Vaya, como en las series de detectives —murmura alguien cerca de Suo, y él da un lento asentimiento sin ser consciente de ello. Solo ha estado de acuerdo y sin querer se ha movido.

—¿Cómo dieron con ellos? —Pregunta Sakura, bajando la mirada, y Suo está seguro que el bicolor está viendo las heridas en las manos de Nirei.

—Gracias a los demás miembros de Shishitoren —Nirei, sin hacer contacto visual con Sakura, levanta la mano derecha, permitiendo que el de cabello bicolor la tome y vea las heridas a su antojo. Parece que ese toque es familiar para ambos y Suo no se siente cómodo con eso a pesar de haber sido espectador cercano en múltiples ocasiones—. Se hizo una red de búsqueda, una muy bien organizada —el rubio ve hacia el heterocromático, quien ve con seriedad a quien sonríe radiante—. Fue una caza increíble.

—Se nota que así fue —Sakura suelta un suspiro, para luego ver hacia Umemiya—, ¿Te reunirás con ellos?

—¿Yo? —el peliblanco se señala a sí mismo para luego llevar ambas manos tras su nuca— Supongo que debería hacerlo.

—No supongas, tonto —Higari sujeta del antebrazo a Umemiya, tirando de éste hacia la salida de la azotea—. Vayamos a agradecerles —comenta al pasar al lado de Suo, quien mira la escena con cierta nostalgia revoloteando en su pecho.

—¡Yo los acompaño! —Tsubaki no duda en correr tras aquellos que ya han cruzado la puerta, el traqueteo de sus tacones siendo seguidos por los gemelos.

Poco a poco, y con la naturalidad que Furin puede poseer, cada alumno presente se comienza a retirar, despidiendo a Nirei con una palmada en la espalda o un ademán a la distancia, felicitándolo por su gran trabajo.

Suo piensa que debería hacer eso mismo: sonreír al rubio, felicitarlo e irse, solo eso, sin embargo, incluso cuando Kiryu pasa a su lado y Tsugeura lo saluda de manera animada, sus pies no se despegan del suelo. ¿Qué le pasa? ¿Por qué está actuando de esa manera tan irracional?

Cuando se encuentra solo con aquellos que estuvo acompañando durante su estancia en Furin, una revoltura de emociones hace estragos en su estómago; está feliz por ver a Nirei, nervioso por enfrentar a los dos que más lastimó, avergonzado por no poder siquiera dar un paso al frente y asustado por un futuro incierto. Es una locura, pero estando ahí no le sorprende.

Cambia su peso de un pie a otro, traga saliva y al levantar la mirada, tanto los ojos heterocromáticos como los chocolates se encuentran en él. Siente el aire escapar de sus pulmones, lo que le hace llevar la mano derecha al pecho y dar dos suaves palmadas, se quiere tranquilizar antes de siquiera decir una palabra.

—¿Eres mudo ahora? —cuestiona Sakura, cruzando los brazos por encima del pecho.

—No, no lo soy —responde Suo, soltando un suspiro bajo. Agradece que Sakura siga siendo tosco al hablar—. Nirei —el rubio, quien lo ha mirado en silencio con una expresión difícil de descifrar, da un lento parpadeo—, felicidades.

—¿Por qué lo felicitas? —pregunta Sakura, ladeando la cabeza a la derecha. Parece que no moverá el dedo del renglón.

—Lo felicito por haber hecho un gran trabajo —dice con firmeza, viendo a Nirei con suma atención—. Haz crecido mucho; ya sabía que eras fuerte y sé lo inteligente que eres, solo... —¿qué más puede decir? ¿Cuáles son las palabras que debe de usar para que aquella conversación no acabe? ¿Por qué se siente tan nervioso?

—Sé que fui yo quien te dijo sobre lo que estaba haciendo —Sakura señala al rubio, quien sigue en silencio al lado del heterocromático—, pero no recuerdo haberte dicho que hoy regresaría.

—Ha sido coincidencia —Ve hacia el líder de la clase, sintiendo que la tosquedad de su amigo ya ha sido suficiente—. Esas cosas pasan.

—¿Contigo? Sí, claro —Vaya, el sarcasmo también le ha resultado molesto.

—Suo —El nombre que es pronunciado en tono bajo por una voz que se había abstenido a participar hace al de cabello castaño volver su atención a Nirei, quien aparta la mirada esta vez—. Lo siento. Sun —se corrige el rubio, haciendo que el mencionado de un tímido paso al frente.

—Puedes seguir llamándome Suo, no me molesta.

—Sí...

En el silencio que los envuelve Sakura ve de Nirei a Suo, una vez, dos veces y a la tercera ocasión que lo hace siente las mejillas arderle. No, arder era poco,

Siente como el rostro le quema al mirar aquella mirada llena de amor que ruega ser vista, mientras los labios del otro se presionan contra sí de manera tímida, nerviosos frente a quien han llamado por su nombre luego de tanto tiempo.

Da un lento parpadeo viendo a Nirei, da otro y mira hacia el suelo; ya no tiene nada qué hacer ahí, ¿o sí?

Un suave tacto contra su mano derecha lo hace volver su atención a Nirei, quien lo mira en busca de ayuda, pero ¡¿Cómo va a pedirle ayuda a él que tampoco sabe qué hacer?! Gruñe con molestia, se lleva la mano izquierda tras la nuca y da un lento asentimiento. Tal vez no sea lo mejor, pero si con Momijikawa funcionó, puede que con ellos también.

Suspira, coloca la mano derecha contra la espalda baja de Nirei y lo empuja hacia Suo, quien con una expresión de sorpresa total, ayuda a que el rubio no caiga al suelo al sujetarlo de la muñeca izquierda y del antebrazo derecho.

—¿Sa-Sakura? —Nirei voltea a verlo, el sonrojo tiñendo ambas mejillas del rubio.

—Llévalo a casa —ordena a Suo, quien lo mira con incertidumbre—. Debe seguir adolorido por la pelea.

—¡Yo no...! —Empieza Nirei, no muy seguro de cómo continuar.

—No creo... —el castaño ve alarmado al bicolor.

Levanta la mano, silenciando a ambos con ese simple ademán.

—Dejen de huir, ¿sí? —Al ver las manos de Suo todavía sostenido a Nirei, quien no se ha apartado del toque, siente las mejillas quemarle— Si lo vuelves a lastimar —Sakura apunta hacia Suo, quien tensa los hombros—, te romperé las manos.

Siendo honesto consigo mismo, no sabe qué más decir. Hace un ademán de despedida hacia sus amigos, camina a la puerta de salida y se obliga a no frenar cuando se encuentra a Umamiya, Tsubaki, Hiragi, Sugishita y Momijikawa esperando en las escaleras.

Umemiya suelta una risilla, pasa el brazo sobre los hombros de Sakura y lo pega a su costado; está orgulloso del chico sin lugar a dudas.

Es claro para todos que no solo Nirei ha crecido, sino que Sakura también ha subido un peldaño más hacia la cima.

🍂🏵🍂

Con el corazón errático, Nirei mira a Sakura hasta que éste desaparece de su vista. Por otro lado, Suo no puede dejar de ver la cabellera teñida de rubia, pues en las raíces ya se percibe el color natural.

La idea de bajar y presionar sus labios en aquel remolino pasa por su cabeza, y eso es suficiente para que un tenue rubor tiña sus mejillas. Se ve obligado a apartar la mirada, tragando de manera sonora.

—¿Puedes mantenerte en pie? —Pregunta, ayudando sin ver a que Nirei se enderece. El rubio asiente de manera efusiva, un movimiento que no detecta el castaño— ¿Te parece bien que sea yo quien te acompañe a tu casa? —Suo se lleva la mano derecha al rostro, cubriendo sus ojos con esta— Quiero decir, es algo que sugirió Sakura, no tienes porque aceptar que yo... —¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué actúa así?

Se supone que es un zorro astuto; una serpiente que puede engañar con facilidad a los demás, entonces, ¿por qué no puede hacerlo más con Nirei?

La respuesta es fácil, él ya no quiere engañar a quien resulta querer más de lo que tenía imaginado.

—Suo —volver a escuchar ser llamado por el rubio hace que el pecho le duela—. ¿Estás bien?

¿Es en serio que se preocupa por él cuando luce así? Una razón más que lo hace admirarlo y adorarlo.

Respira hondo, suspira y se descubre la mirada, viendo entre pestañas a Nirei, quien lo mira con suma atención con aquel par de chocolates que posee de ojos. Los rayos del sol que logran traspasar las nubes y caen sobre el rubio crean una imagen que se graba a fuego en el alma de Suo.

Deja caer el brazo a su lado, un movimiento simple y sin ninguna otra intención, pero Nirei abre los ojos con sorpresa, lo sujeta con ambas manos y se gira, para luego usar su cuerpo como catapulta para lanzar a Suo por encima, haciendo que caiga de espaldas al suelo.

El silencio que se prolonga luego del fuerte sonido que ha hecho el cuerpo de Suo al caer deja escuchar la respiración acelerada de ambos, sus miradas demuestran lo sorprendidos que están y cuando hacen contacto visual, el primero en reír es Nirei, siendo seguido por el castaño.

—Lo siento, Suo —Dice Nirei, viendo al castaño incorporarse con movimientos lentos.

—Está bien, Nirei; me lo tengo merecido —suspira, sacudiendo con sus manos la ropa que se ha llenado de polvo. Se endereza y mira al rubio con una suave sonrisa en los labios—. ¿Vamos?

Nirei da un lento asentimiento, da la vuelta y comienza andar hacia la puerta, siendo seguido por Suo, una presencia que hace unos días no hubiera podido enfrentar, pero el sonido de sus pasos siguiendo los suyos es un ruido que considera natural y es cuando se da cuenta de lo mucho que extrañaba escucharlos.

El camino a casa de Nirei es conocido por ambos, se lo tienen bien memorizado y ambos pueden recordar con exactitud las casas que los bordean, los árboles que las decoran y los faroles que se encuentran distribuidos a cada tres metros.

Todo eso ellos lo conocen bien, sin embargo, ¿qué es esa sensación que los rodea? No les resulta conocida, pero no les genera molestia alguna.

Nirei ve de reojo hacia Suo, visualiza aquel parche que cubre el ojo derecho y el cabello que cae enmarcando el rostro.

—Te has dejado crecer el cabello —Señala, notando aquello con solo mirar donde termina el fleco.

—Sí que eres observador —Suo sonríe de lado, sus manos enlazadas tras la espalda—. No he tenido tiempo de cortarlo, pero creo que debo hacerlo pronto.

—Me imagino que tienes mucho qué hacer luego de todo el caos que se hizo —el del parche voltea a verlo, atrapando su mirada—. Estos días que estuve ayudando a Shishitoren, sentí un peso en mis hombros diferente a cualquier otro —Nirei vuelve su atención al frente, pero Suo lo sigue viendo, perdido en el gentil perfil del chico rubio—. Pensé: “ah, seguro que esto es lo que Umemiya siente”, pero también pensé en Sakura... y pensé en ti.

Sí, Suo es consciente que lo dicho por Nirei es algo serio y parte de un aprendizaje que el rubio ve importante, pero no ha podido evitar que se le aceleré el corazón al escuchar que ha pensado en él.

—¿Por qué dices eso, Nirei?

En la división donde solían tomar caminos diferentes, ambos se detienen y cuando el rubio voltea a ver al castaño, el tiempo se detiene.

—Tú eres el líder de una organización que lleva años en servicio —empieza el rubio, viendo con seriedad a quien escucha—, una que busca lo mejor para todos y no se permiten errores, yo no puedo ni siquiera imaginar lo pesado que se ha de sentir algo así. Pienso que desde pequeño te viste cargando algo así y —Nirei se lleva ambas manos al pecho, formando una fina línea con los labios al sentir las lágrimas cristalizar su mirada—. Y yo solo me enojé porque te fuiste.

—Nirei...

—¡Nos hiciste a un lado! —Grita, odiando la manera en que las emociones se remolinan en su interior— ¡Me dejaste Suo! Y yo te odie por eso —confiesa en un susurro, sujetando con fuerza la camisa de su uniforme— y ahora me odio porque fui egoísta.

—No lo fuiste —Suo, sin saber cómo actuar ni qué hacer, indefenso ante la ola de emociones que lo ahoga al ver a Nirei herido y llorando como aquella noche, solo da un paso para acortar la distancia—. La manera en que hice las cosas no fue la adecuada, reconozco ese error —Dudoso de cada movimiento que hace, acerca con lentitud su mano derecha a Nirei, deteniendo toda acción cuando lo ve encogerse de hombros—. Lo siento.

Los labios de Nirei se abren en busca de dar consuelo, de excusar las acciones de Suo con el único fin de darle alivio, pero nada sale y solo se ve capaz de llorar.

Aquello asusta a Suo y la culpa lo golpea con fuerza en el estómago. Traga, hace una reverencia frente a Nirei y vuelve a decir: “lo siento”, se endereza y baja hasta colocar sus manos y rodillas en el suelo, apoyando la frente en el duro pavimento; “lo siento”, dice de nueva cuenta, se pone de pie y repite aquello una y otra vez, sintiendo pena y dolor al escuchar a Nirei llorar.

No sabe qué más hacer, pero pedir disculpas aceptando su culpa parece ser un buen inicio.

Cuando está por bajar de nuevo, el cuerpo de Nirei golpea el suyo, los delgados brazos lo rodean por la cintura y el rostro empapa su pecho, y él solo es capaz de abrazarlo por los hombros y hundir la cabeza en aquella melena rubia.

—Te extrañe tanto —susurra Suo, aceptando ese sentimiento que se ve extinto ante la calidez del rubio, adorando la fuerza con la cual Nirei lo abraza—. Lo siento tanto —vuelve a decir, hundiendo la mano derecha en la melena rubia, mientras la zurda sujeta con firmeza el uniforme que él alguna vez portó—. Perdón por haberte lastimado, Nirei.

Contra su pecho puede sentir a Nirei asentir, y el agarre contra su abrigo se reafirma, arrancando desde su interior un largo suspiro.

—No supe hacer las cosas bien —Admite, cerrando con fuerza el ojo para verse rodeado de absoluta oscuridad, pero sintiendo la calidez de Nirei en todo momento—. Yo... pensé que era lo mejor, iban a estar a salvo de esa manera y supuse no iban a intentar ir tras de mí, sin embargo, me equivoqué —suspira, se endereza poco a poco y Nirei da un pequeño paso atrás; continúan abrazados, pero ahora son capaces de verse—. Realmente eres un buen observador —el rubio niega con la cabeza.

—Eso no es cierto.

—Pero...

—¡De ser verdad, me habría dado cuenta mucho antes! Y así no te hubieras ido —las manos de Nirei se deslizan hacia el pecho, sujetando la solapa de la gabardina de Suo—. Yo no voy a permitir que eso ocurra de nuevo.

—Lo dejo en tus manos entonces.

—Hablo muy en serio, Suo —el mencionado suelta una risilla. Se pregunta cómo con un rostro lloroso Nirei logra reflejar tanta determinación—. De aquí en adelante, tendré mis ojos en ti en todo momento.

Suo sonríe, adorando la sensación que esas palabras han creado en su pecho.

—Por favor, hazlo.

La paz que lo inunda hace que vuelva a cerrar el parpado. La idea de tener a Nirei al pendiente de él no le molesta, es más, hace que una dicha desconocida de chispazos en su pecho y cosquillee todo su cuerpo.

Da un lento parpadeo al sentir las manos de Nirei atrapar su rostro, mira el sonrojo que adorna las mejillas, aprecia las pecas que adornan el puente se la nariz y se pierde en la mirada chocolate que lo hace derretir. Vuelve a parpadear, disfrutando de la sensación que la oscuridad le brinda y es en ella donde una presión suave y cálida contra sus labios aparece.

Se mantiene en la oscuridad detrás de sus parpados, desliza los brazos fuera de los hombros de Nirei y con un solo titubeo, rodea la marcada cintura y estrecha contra su cuerpo al que ha extrañado tanto.

Decide compartir un secreto silencioso, moviendo con suavidad los labios, guiando a aquella cálida sensación a seguirlo en algo que desconoce, pero que se siente bien. Muy bien.

Las manos de Nirei siguen un camino que las hace perderse en el cabello marrón y sus pies se ponen en puntillas, acoplando mejor su boca con aquella que tiene un tenue sabor a té. Pocos segundos pasan y ya no siente el suelo, pues Suo a decidido alzarlo entre brazos y continuar besándolo.

El beso es delicado, tierno. Dulce. Hay un toque de té de limón y miel, lo que hace a ambos memorizarlo con cariño y calidez.

Los pies de Nirei vuelven al suelo, sus labios se ven abandonados por aquellos con los que ha danzado y la frente de Suo cae en su hombro izquierdo, al escucharlo gruñir no puede evitar soltar una risilla, dando una suave palmada a la nuca del castaño.

—Te eché mucho de menos —confiesa Suo, sintiendo las mejillas arderle y los labios cosquillearle—. Nirei...

—¿Sí?

—Me gustas —El rubio abre los ojos con sorpresa, parpadea repetidas veces para salir de su ensimismamiento y el rubor que golpea sus mejillas, escala hasta colorearle las orejas—. Me gustas mucho Nirei. Te quiero —las manos de Suo se cierran en puño, sujetando el uniforme de Bofurin—. Te quiero mucho, Nirei.

Nirei sonríe ante esas palabras que son correspondidas por su corazón, uno que parece danzar en el aire alrededor de ellos, pero la mente no está tranquila y lo hace recordar ese día donde cada quien partió por su lado, lo sucedido después de aquello haciendo que tiemble.

No puede permitir que aquello ocurra.

—¿Nirei? —cuestiona Suo al no recibir respuesta, tampoco es que la esperara, pero siente que algo no está bien.

—Suo —su nombre dicho en tono bajo hace que se enderece, viendo al rubio con suma atención.

—¿Qué pasa? —Miedo— ¿Está todo bien? —Culpa— Lo siento, yo no quise mal interpretar —Remordimiento— Puedo ayudar, yo... —Con manos temblorosas toma con delicadeza el rostro de Nirei, quien se mantiene en silencio— ¿Qué debo hacer?

—¿Tienes tiempo para acompañarme a mi casa? —susurra el rubio, cubriendo con su mano derecha la zurda del castaño.

Asiente repetidas veces, siguiendo sin reprochar a quien lo toma de la mano y lo guía hacia la cálida vivienda.

🍂🏵🍂

Suo se mantiene en el recibidor, viendo con atención cada detalle que lo decora; es un estilo americano sin lugar a dudas, no hay calzado de los habitantes en una zapatera al lado de la puerta ni un contenedor donde dejar los paraguas.

No es algo a lo que esté acostumbrado, lo que es raro pues él ha vivido en una isla donde distintas culturas habitan.

—Por aquí —Nirei tira con suavidad de su mano, guiándolo a los pies de la escalera—. Mi habitación es la puerta de la izquierda, ponte cómodo. Yo iré por algo para beber.

—Nirei...

—Espero haya limonada todavía.

Con eso dicho, Nirei echa a andar hacia la cocina y Suo parpadea confundido antes de subir escalón por escalón, sintiendo como los nervios se retuercen en su estómago y hormiguean en su espalda, ¿qué estaba pasando? No entiende nada y no tener idea de lo que ocurre le resulta tan raro.

En la isla, siendo líder de Red Chanpuru, nada se escapa de sus manos ni de su vista, sabe lo que tiene qué decir y qué hacer, sin embargo, en Bufurin y quienes lo conforman no sabe qué harán; se siente un completo ignorante.

Al terminar de subir las escaleras, suelta un suspiro y ve hacia la puerta de la izquierda, camina hacia ella y al abrirla, el aroma que siempre rodea a Nirei lo invita a pasar. Sonríe al ver la cama tendida, libretas esparcidas sobre un escritorio de madera y un closet de paredes corredizas, las cuales se encuentran abiertas e invitan a cualquiera echar un ojo. Desde donde se encuentra puede ver algunas prendas familiares.

Camina hasta quedar en el centro, viendo por la ventana la vista que ofrece.

Es en ese momento que la realidad se coloca frente suyo y lo hace ser consciente de dónde está. Se encuentra en la habitación de la persona que más quiere y eso mismo hace que las mejillas le ardan, puede sentir incluso el rubor bañar su cuello. ¿Por qué Nirei lo ha llevado ahí?

Ahora que lo piensa, ¿Nirei aceptó sus sentimientos? Quiere decir: sí lo besó, pero fue antes de que él dijera que le gusta. Que lo quiere.

Entonces, ¿qué va a pasar en esa habitación?

—¿Suo? —Pega brinco al ser llamado y gira viendo hacia la puerta, encontrando a Nirei bajo el marco de entrada con un vaso lleno de agua en cada mano— Lo siento, ya no había limonada. ¿Está bien que solo sea agua? —el castaño asiente, incapaz de hablar. Sabe que sí lo hace, tartamudeara y eso sería vergonzoso— ¿Está todo bien?

—No lo sé —responde y Nirei suelta un suspiro, adentrando a su cuarto para tomar asiento en la cama.

—Ven, toma asiento.

—Nirei, hace un momento —ve hacia la ventana—. Entiendo que, bueno, tal vez yo cometí un error al corresponder el beso, puede que tú estuvieras confundido, pero...

—Suo. Siéntate.

Ser mandado y más por Nirei hace que el castaño frunza el ceño; es extraño que el rubio use ese tono de voz, pero todo se siente demasiado en ese momento. Respira hondo, suspira y camina hasta tomar asiento a un lado del pecoso, quien le entrega el vaso con agua. Sus dedos se rozan ligeramente, lo que hace a ambos sonrojar y bajar la mirada a ese leve contacto.

El castaño se pierde un poco en aquel toque y recuerda lo bien que se sintieron esos dedos acariciando su cabello, un recuero que hace sus mejillas arder de nuevo. ¿Qué le pasa? ¿Acaso Sakura lo ha contagiado de algo? Niega con la cabeza, se ase con el vaso y se lleva la orilla del cristal a los labios, esperando obtener alivio en la frescura del agua.

—También me gustas.

La declaración no podría haber sido dicha en peor momento, pues la sorpresa y el gusto, mezclado con muchas más emociones hacen a Suo toser, lo que le hace escupir el agua y casi ahogarse con su propia saliva al tragar.

Algo así nunca le había ocurrido, él siempre tiene el control, pero no piensa negar que es por Nirei que lo ha llegado a perder en más ocasiones que piensa reconocer.

El rubio, con una sonrisa en los labios y un tenue sonrojo manchando sus mejillas, suelta una risilla antes de retirar el vaso de la mano de Suo y dejarlo junto al suyo en la encimera. Vuelve su atención al castaño, viendo como este intenta contener el ataque de tos y esquiva su mirada. Entiende que el del parche se encuentra avergonzado y por esa razón es que puede estar tan cómodo a su lado.

Raro, pero cuando luce así, como un humano y no un ser perfecto, es que deja de temerle y puede atesorar cada latido que su corazón hace con solo verlo y escucharlo.

—También me gustas, Suo —Vuelve a decirlo, esta vez tomando las manos de quien lo mira sin respirar—, pero te tengo miedo —en la mirada del castaño, puede ver lo mucho que esa confesión lo ha lastimado— y quiero dejar de temerte.

—Nirei...

—Quiero hacer lo que las personas que se quieren como tú y yo nos queremos hacen —Piensa en Choji y Togame, la manera en que vio como se abrazaban y cuidaban las espaldas, en ese beso que compartieron cuando pensaron que él no los veía—, pero cuando menos lo espero, mi cuerpo tiembla al recordar aquella noche y me invade el miedo.

—Entonces —Suo sella los labios, los abre nuevamente y niega con la cabeza, volviendo a sellarlos en una fina línea.

—¿Está mal que piense así?

—Para nada —se apresura a responder, entrelazando sus dedos con los de Nirei, teniendo sumo cuidado con aquellos que se encuentran lastimados—. No tiene nada de malo en cómo piensas, el que actuó mal fui yo. Lo siento mucho.

—Ya te habías disculpado.

—Planeo disculparme todos los días de ahora en adelante, así como tú dijiste que no ibas a dejar de verme —sonríe al ver el sonrojo del rubio subir hasta el arco de las orejas—. ¿Puedo ayudarte a que me dejes de tener miedo?

—Supongo que sí...

—¿Y cómo puedo hacerlo? —suspira— Me encantaría saber la respuesta, pero es la primera vez que me enamoro.

—Yo igual —comparten una risita, acortando un poco más la distancia hasta que sus rodillas se tocan—. ¿Te molestaría que me sentara en tus piernas? —Ambas cejas de Suo se arquean— ¡Es que eso hacen ellos!

—¿Ellos?

—No puedo decírtelo; solo di sí o no.

Suo niega con la cabeza sin comprender como aquella situación ha escalado tanto, tampoco está seguro de qué pensar con respecto a la información que tiene Nirei y más con aquella petición tan... intima. Es mucho contacto físico, aunque hace un momento ellos se estaban besando en vía pública...

Al ver al castaño dar un lento asentimiento, Nirei se pone de pie y sin soltar las manos de Suo, quien lo ayuda en todo momento, toma asiento en su regazo. No tienen la misma diferencia de estatura que tienen Choji y Togame, sin embargo, al acomodar su cuerpo de forma que sus pies queden colgando del lado derecho de Suo y su cabeza se apoye en el hombro izquierdo, siente que está a salvo.

Es cálido y el aroma de Suo lo envuelve como si de una manta se tratara, lo que le invita a cerrar los ojos y escuchar con atención la respiración del castaño, quien se fuerza por mantenerla calmada.

—¿Debo agradecer a Shishitoren por esto? —La pregunta de Suo hace que suelte una risilla, para luego soltar sus manos y envolver los brazos por los hombros— ¿Nirei?

—¿Puedes abrazarme? —Su petición es hecha sin titubeo alguno.

Los brazos de Suo lo envuelven de manera firma, presionándolo contra el pecho. Le arranca un tembloroso suspiro, uno que deja su cuerpo agotado de alguna manera.

—¿Estás bien? —Pregunta Suo al sentir el cuerpo de Nirei temblar.

—Lo estoy —puede sentir la respiración del castaño caer contra su mejilla, una brisa suave que le cosquillea—. Suo.

—¿Sí, Nirei?

La mano izquierda del rubio se posiciona contra la mejilla derecha del castaño, guiándolo de manera lenta hacia sí y Suo no pone resistencia alguna, permite que Nirei guie sus labios hasta tocar los propios y cuando ambos sienten la presión, cálida y suave, su sangre se vuelve lava.

La primera danza de labios es torpe, titubeante. Inexperta.

Con la mano izquierda Suo acuna la nuca de Nirei y lo atrae más contra sí, moviendo los labios de manera lenta contra aquellos que lo invitan a seguir. Sonríe al sentir las manos del rubio sujetar su cabello en puño, lo que lo envalentona y lleva la diestra a sujetar el muslo. El respingo por parte del pecoso hace que quiera profundizar el beso, sin embargo, se obliga a mantener el control.

Quiere que Nirei deje de tenerle miedo, así que debe mantener la calma.

Abre con sorpresa el parpado al sentir la lengua de Nirei lamer su labio inferior y al sentir como la adentra haciendo contacto con la suya, vuelve a perder el control por culpa del pecoso que tanto quiere.

Un gemido surge desde su garganta y como si de un animal hambriento se tratara, abre la boca para besar con pasión a quien tiembla en su regazo y lo abraza de manera firme. Se remueve entre sus brazos y él lo ayuda a encontrar la posición que desee, ronroneando en aprobación cuando se coloca a horcadas y deja ir su peso contra suyo, haciendo que su espalda toque el colchón.

Está seguro que el clima dentro de aquella habitación no era cosa a señalar, pero ahora se siente tan sofocante, como si el sol de medio día hubiera decidido hacerles compañía en ese momento tan íntimo.

Siente las manos del rubio recorrerle el pecho; preocupado por lastimar aquella mano herida, se mantiene quieto bajo aquel toque. Es tímido, inexperto, como todo lo que están haciendo, sin embargo, bajo el embrujo de la calidez del otro y el beso que ha tomado un ritmo movido, uno que les exige separar los labios para tomar aire antes de volver a unirlos y acariciar sus lenguas.

Comparten un gemido, y envalentonado, Suo lleva las manos a la cintura de Nirei, maravillado por el ritmo que ambos han tomado sin siquiera decir palabra. Están conectados, y después de haber estado tanto tiempo sin verlo, tocarlo, aquel momento es como un vaso de agua fresca para alguien que ha pasado días perdido en el desierto.

Desliza sus manos hacia la espalda baja, tira con suavidad de la camisa usando ambas manos y cuando las adentra por debajo de la tela, tocando la caliente piel de la pequeña y delgada espalda, un quejido sale de los labios de Nirei y se adentra a Suo, quien se enorgullece de haber ocasionado semejante sonido, sin embargo, al sentirlo temblar todas sus alarmas se encienden.

Retira las manos de aquella calidez tan embriagadora, levanta los brazos por encima de la cabeza y mira con la respiración acelerada a Nirei incorporarse con el uso de ambas manos.

—Auch —Nirei toma asiento sobre Suo, quien traga al ser demasiado consiente de dónde descansa el trasero del rubio.

—Lo siento.

—¿Por qué te disculpas ahora? —el cosquilleo en sus labios hace que forme una fina línea con ellos al presionarlos contra sí. Ambos se sonrojan— Está bien, los dos nos dejamos llevar.

—Se supone que no debía lastimarte —sonríe de lado.

—Sakura no lo sabrá, si no se lo digo —Suo niega con la cabeza, incapaz de creer lo que ha dicho aquella boquita que quiere volver a besar—. Suo.

—¿Hm?

—Te quiero —Nirei sonríe radiante y el corazón de Suo se derrite igual que el alma—. En verdad me gustas mucho.

Suo da un lento asentimiento, lleva la mano derecha a la mejilla de Nirei y se enternece al verlo apoyarse contra su palma, recordándole a un gato naranja.

Desliza la mano tras la nuca del rubio, tira de él para hacerlo caer a su pecho y atraparlo en un abrazo, los hace girar y la sonrisa más honesta que alguna vez haya hecho surca sus labios, los cuales presiona contra la cabellera teñida de rubio.

—Trabajemos juntos para que me dejes de temer, ¿te parece bien, Nirei?

El de pecas asiente, abraza a Suo con fuerza y suspira aliviado cuando el miedo no hace su aparición.

Saber que Suo lo quiere como él lo hace ha sido una gran ayuda para luchar con el miedo, sin embargo, es solo el inicio. Con pasos lentos, torpes, como los de un niño aprendiendo a caminar, espera lograr su cometido, ya que ambos son dos inexpertos en ese campo que parece haber vuelto a florecer, convirtiendo aquel pantano en un hermoso jardín de loto.

Pues Nirei quiere dejar de temer a Suo, y tal vez el amor y el honesto arrepentimiento logren ayudarlo.

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