Tight Little P*ssy 💋
—Jeongguk, ¿crees que puedas quedarte el fin de semana con Jimin? Tenemos que salir con tu padre a un viaje de negocios...
Jeongguk levantó la mirada de su plato cuando MinYoung, su madrastra, preguntó de forma amable durante la cena.
—Claro que sí, con mucho gusto puedo quedarme con el pequeño. Nos divertiremos mucho, ¿verdad Minnie? —Respondió dulce, viendo a su pequeño hermanastro asentir adorable ante su afirmación.
—Muchas gracias Jeongguk, eres un sol... —La castaña respondió aliviada
—No es nada minyoung, puedo volver al campus el lunes. Regresarán el domingo, ¿cierto? —Cuestionó con naturalidad, cortando trozos de su comida al mismo tiempo.
—Si hijo, no tienes de que preocuparte —su padre habló esta vez —gracias por cuidar a tu hermanito, sé que se la pasan muy bien juntos.
—Si, adoro pasar tiempo con Jeonggukie hyung... —Jimin habló esta vez, con la emoción burbujeando en su interior—Tal vez pueda ser su compañero de cuarto cuando empiece la universidad en agosto —Dijo adorable, haciendo a todos en la mesa reír enternecidos.
— Oye eso sería genial —El azabache respondió, totalmente de acuerdo con la idea —De cualquier forma prometo pasar mucho tiempo contigo, Jimin, aunque no seamos roomies —Prometió risueño, admirando al menor asentir rápidamente ante su afirmación.
Tendrían un excelente fin de semana, eso era seguro...
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El fin de semana llegó en un santiamén. Jimin escuchó a su madre y al señor Jeon salir el sábado por la mañana, y a las horas, escuchó a su hermanastro regresar de la universidad, entrando directamente al baño a darse una ducha.
Suspiró viendo su reflejo en el espejo de su habitación por última vez, estirando y acomodando su ropita antes de recostarse en su cama, abrazando a su peluche de conejito para aliviar las ansias.
Llevaba semanas sin ver al mayor, y por lo mismo, semanas sin estar con él a solas...
Se puso a acomodar y a reordenar los cojines bajo su cabeza para matar el tiempo, esperando ansioso a que Jeongguk llegara a saludarlo como siempre lo hacía cuando regresaba a casa. Dicho y hecho, escuchó la puerta de su habitación siendo abierta a los pocos minutos, instintivamente apretando su peluche contra su pecho al ver quien entraba.
Su hermanastro le sonrió entrando a su habitación y cerrando la puerta a sus espaldas, apoyándose de manera atractiva sobre esta. Mordió su labio inferior sin poder evitarlo al verlo cruzar sus brazos musculosos encima de su pecho cubierto por una camiseta de tela delgada, con su cabello azabache aún húmedo por su reciente ducha. Olía tan bien, el aroma de su colonia suave y veraniega llegaba hasta su nariz aún cuando un par de metros los separaban. Pudo sentir el agradable calorcito comenzar a extenderse en toda su parte baja, sonriendo sonrojado cuando los ojos oscuros del mayor recorrieron su figura de arriba a abajo.
—Hola, Minnie —Jeon saludó con una sonrisa que planeaba ser dulce, pero terminó por ser atrevida...
—H-hola Jeonggukie...
Sintió como su corazón se aceleraba desenfrenado cuando su hermanastro se acercó a paso lento hasta su cama, observándolo fijatemente con esos ojos intensos y depredadores que lograban quitarle el aliento. El azabache se sentó a la orilla de su cama, inclinándose suavemente sobre su cuerpo más pequeño hasta besar sus labios de manera suave y acompasada, tomando su nuca para profundizar ligeramente el movimiento firme de sus labios. Gimió suavemente ante el toque húmedo y cargado de lujuria de la lengua de su hermanastro sobre sus labios, enredando sus brazos en su cuello con anticipación.
Había extrañado tanto esa sensación...
Un gemido agudo se escapó de su boca sin poder evitarlo cuando su figura delicada y petit fue acaparada por completo por el cuerpo fornido de Jeon. Sus manos grandes y fuertes tomaron sus muslos, separándolos con delicadeza hasta colarse en medio de sus piernas. Se dejó hacer, suspirando satisfecho cuando sintió que no hubo espacio de separación alguno entre su entrepierna y la del mayor.
Al separarse del beso, se observaron el uno al otro con sonrisas cómplices, sabiendo perfectamente lo que pasaría a partir de ese momento.
—Te extrañé bebé... —Jeon rompió el silencio con un murmullo, acariciando con delicadeza el labio inferior rellenito de su hermanastro.
—Y yo a tí ggukie... —Jimin respondió tiernamente, sintiendo las mariposas explotar en su abdomen ante el susurro lleno de anhelo del mayor.
Se sintió dichoso y especial, aferrándose con los muslos a cada lado del cuerpo del azabache.
—¿Ah sí cariño?, ¿extrañaste mucho a hyung?...— Con delicadeza, Jeon acarició los muslos rellenos y hermosos del rubio, regocijándose en el sentimiento de poder tener a Jimin completa y absolutamente a su disposición —¿Extrañaste mis manos sobre tu cuerpo? —Continuó con sus palabras melosas, admirando a jimin asentir y morder su labio inferior.
Lo observó por largos segundos, recreándose en la imagen que tenía de él bajo su cuerpo, observándolo de vuelta con ojitos pesados de lujuria y la piel ya descubierta. Su precioso Jimin lo había recibido con tan poquita ropa, que lo que más cubría su cuerpecito en ese momento era el peluche que sostenía con tanto fervor sobre su torso.
—S-si jeonggukie, lo extrañé como no tienes idea. Me hiciste demasiada falta... —Jimin admitió con el rubor de sus mejillas haciéndose carmesí y un kaleidoscopio de mariposas desatándose en su interior.
—Mi pequeño... ¿hiciste algo para aliviarte en los dias en los que hyung no estuvo aquí para tí?...
—Y-yo... m-me toqué. U-use mis deditos, hyungie... pero nada es suficiente, nada se compara contigo —Expresó avergonzado, sintiendo su vaginita vergonzosamente húmeda y calientita para ese punto de la conversación.
—Eres tan lindo, bebé...—Jeongguk halago, admirando al menor con devoción. Sabía que su lindo querubín lo había extrañado, podía ver la sinceridad desbordando de sus ojitos color miel. Él también había extrañado de sobremanera a su pequeño pastelito. Había echado de menos todos y cada uno de los detalles que lo caracterizaban. Lo mucho que sus mejillas se sonrojaban ante sus halagos, lo mucho que le brillaban los ojitos cada vez que le decía cosas bonitas, entre un millón de cosas más que le fascinaban de él — ¿Quieres continuar con lo que dejamos pendiente la última vez, cariño?, ¿crees que eso sea suficiente para aliviarte?—Preguntó por lo bajo, admirando a Jimin todo lo que quiso.
— No creo poder obtener suficiente de tí nunca, Jeonggukie... —El pequeño musitó con ojitos pesados, causando que su verga se endureciera ante sus palabras necesitadas y su miradita pecaminosa — Pero si quisiera continuar. Quiero que me toques y me hagas tuyo una vez más... —Su lindo Jimin musitó decidido, restregándose suavemente contra su entrepierna ya despierta para intentar aliviar un poco la excitación que ya comenzaba a recorrer su cuerpo entero.
Sonrió enamorado ante la reacción tanto dulce como atrevida del chico, sintiendo sus dedos picar, ansioso de tocar absolutamente cada centímetro de piel de ese cuerpo sublime para satisfacer a su pequeño, aunque nunca fuese suficiente.
—Mi pequeño... —Musitó por lo bajo, acariciado la carita hermosa del menor con devoción —Estás en mis manos, te haré sentir muy bien... —Aseguró, compartiendo una mirada cómplice con el rubio.
Con delicadeza, retiró el peluche que cubría el torso del menor y lo dejó a su lado en el colchón, siendo capaz de observar por fin de manera clara y detallada la ropita diminuta y transparente que el menor llevaba puesta. Se incorporó levemente, y sus manos acariciaron con lujuria el abdomen delicado y la cintura estrecha del más joven. Tomó la cinturita entre sus manos, dando un apretón fuerte que dejó las marcas de sus dedos en la piel delicada, casi de porcelana. El menor se arqueó bajo su toque y gimió adorable, viéndose pecaminosamente irresistible ante sus ojos.
—¿En qué momento compraste esta linda ropita, cariño? —Preguntó hipnotizado, deleitando su vista con el tul delicado adornando el cuerpecito hermoso del querubín.
Llevaba puesto una especie de pijama, pero hecha a base de un tul blanco y extremadamente traslúcido, con florecillas bordadas y destellos dispersos a través de la tela y moñitos que decoraban la pretina y el elástico. El detalle era que por debajo de la tela transparente, su lindo jimin lucía una lencería de color blanco que apenas dejaba nada a la imaginación...
—F-fui con Nayeon hace unas semanas... l-lo compré pensando en tí —El pequeño querubín admitió con un sonrojo adorable adornando sus mejillas, haciéndole sonreír enternecido.
—Entonces... ¿Compraste este lindo conjunto para mi, amor? —Preguntó halagado, usando un tono bajo y meloso.
—S-si ggukie... es tu regalo de bienvenida—Jimin susurró cohibido, mordiendo su labio inferior al perderse en los ojos oscuros y hermosos de su hermanastro.
Había comprado el hermoso pijama atrevido y el sexy conjunto de lencería con el dinero que había ahorrado en los últimos meses desde que había cumplido los 18. Había entrado a la tienda de lencería con un sonrojo bochornoso, sin saber si al entrar encontraría algo como lo que se había imaginado. Por suerte, encontró ese combo que superó todas sus expectativas. Se lo había probado con anterioridad, y jamás se había sentido más sensual y bonito que cuando se había visto al espejo. El encaje se moldeaba a su cuerpo a la perfección, resaltando cada curva y detalle digno de admirar. El tul había sido el complemento perfecto. Era la delicadeza y ternura que le hacía falta para sentirse totalmente él, combinando la sensualidad del encaje con la tela vaporosa y sublime, repleta de delicados bordados y brillitos adorables. Quiso compartir esa imagen con Jeon, cuando este regresara por fin a casa luego de la temporada de exámenes.
Jeongguk agradeció a todos los dioses habidos y por haber por permitirle ser el único hombre con el privilegio de ver a su lindo pastelito enfundado en esas prendas provocativas. Su verga estaba dura y necesitada, admirando con lujuria a jimin en todo su esplendor. El último detalle que hacía el pequeño conjuntito aún más candente, eran unas medias color blanco transparente que le llegaban hasta los muslos a su pequeño, apretando la piel de manera ligera y sensual.
Jimin supo que a Jeongguk le había gustado el conjunto cuando las palabras se tardaron en ser dichas, pero las acciones fueron inmediatas...
Sus ojos oscuros repasaron cada prenda, cada parte de su cuerpo que portaba las telas delicadas y sensuales. Suspiró tembloroso cuando las manos del mayor no se quedaron quietas, comenzando a acariciar su piel de nuevo. Sus pulgares recorrieron vehementes la ligera sombra de sus costillas y la línea suave de sus abdominales, haciéndole gemir suavemente ante la codicia en esos toques delicados y la lujuria en su mirada oscurecida. Su sexy ceño fruncido, su sutil sonrisa socarrona, sus manos grandes tocándolo entero, y el bulto que ya se formaba en sus pantalones de mezclilla, no hacían más que emocionarlo y excitarlo de sobremanera. Amaba ese sentimiento... La anticipación, los toques sutiles que tan solo lo ponían más mojado y necesitado; todo era parte de ese foreplay perfecto antes de que su cuerpo fuera profanado nuevamente por todo lo que era Jeon Jeongguk y su imponente presencia. Adoraba ser admirado de esa manera por sus ojos intensos, sintiéndose dichoso y especial.
—Mmh que hermoso mi regalo, dulzura... —Jeon murmuró tras largos minutos de disfrutar de la vista y del tacto del cuerpo hermoso de Jimin — ¿me dejarías desenvolverlo? —Preguntó y de inmediato su verga dura dolió dentro de sus pantalones, imaginando el cuerpo desnudo del pequeño.
Por fin lo vería de nuevo, luego de tanto tiempo. O en su caso, luego de 1 mes sin tener el privilegio de ver al pequeño en todo su esplendor...
—P-por su puesto hyung. Haz lo que quieras conmigo... —Jimin le otorgó el control absoluto de manera inocente, viéndolo desde abajo con sus lindos ojitos de cervatillo, llorosos y repletos de lujuria.
Esa frase siempre era suficiente para hacerle perder el control. "Haz lo que quieras conmigo". La había escuchado muchas veces antes, pero jamás perdía el efecto afrodisíaco que tenía en su cuerpo. Adoraba dominar al menor. Amaba ser él el responsable de hacerlo delirar y de tener el control absoluto de su cuerpo y su placer.
—Sin duda lo haré, pastelito —Murmuró antes de comenzar a retirar la ropita transparente del pequeño de manera delicada, hasta tenerlo frente a él tan solo vestido con la linda lencería blanca.
No perdió la oportunidad de tocarlo absolutamente todo, acunando entre sus manos grandes los pechitos redondos y agradables del rubiecito. Con sus manos amasó las dos lindas tetitas, sintiendo su cordura fallar al ver el rostro de placer de Jimin. Se lo quería devorar entero... Así que sin poder soportarlo más, retiró el bralette de encaje que cubría la piel del menor, desvelando sus dos lindos y redondos pechos, con los adorables pezones rosados alzados gracias a la excitación que recorría su cuerpo.
—Tienes los pechitos más bonitos que haya visto jamás, mi amor... — Murmuró excitado, cubriendo las dos tetitas con sus manos y amasando suavemente, acariciando con sus pulgares los pezones sensibles cada tanto.
—Y-yo yo... ah~ ggukie~ se siente tan bien~ —Jimin apenas pudo mantener el hilo de sus pensamientos cuando las manos del mayor masajeaban sus pechitos con tanto fervor y ternura, poniendo sus lindos pezones tan duros y su vaginita empapada a más no poder.
—Lo sé, cariño... tú también te sientes tan bien bajo mi tacto. Tan mio... —Respondió posesivo, deleitando su tacto con los pechitos regordetes que se moldeaban tan bien a sus manos.
—¡S-si si! S-solo tuyo hyung, para siempre... —su Jimin sollozó, retorciéndose bajo sus manos codiciosas y apretando sus piernas juntas para aliviar el placer.
Dejó las lindas tetitas de su príncipe en paz por un momento, bajando con caricias lascivas hasta llegar a su linda entrepierna cubierta por las bragas de delicado encaje. Jimin era perfecto en todos los sentidos, y el lindo tesoro que se escondía en medio de sus piernas era la cúspide de la perfección. Amaba tener su rostro enterrado en ese paraíso siempre que le fuera posible. Había probado a jimin millares de veces, pero podía asegurar que siempre había una sorpresa esperándolo, cambios sutiles que hacían el sabor más suave o más intenso, más dulce o más almizclado. Pero de la forma que fuera, era un manjar que no estaba dispuesto a olvidar jamás. Su lengua conocía el camino de memoria, y recorría con lamidas codiciosas y succiones atrevidas esos pliegues satinados y labios regordetes cada vez que tenía la oportunidad.
La boca se le hizo agua, pero prefirió tentar con caricias lascivas ese coño perfecto antes de devorárselo entero. Con su pulgar acarició los suaves montículos que formaban la linda vaginita, admirando como una mancha húmeda ya comenzaba a formarse en las braguitas. Acarició el suave clítoris por encima de la tela antes de atreverse a más, bajando el calzoncito del menor tan solo lo suficiente para tocar su suave monte de venus y llegar lentamente hasta su clítoris. La piel de ahí era suave y tersa, ya humedecida por los propios fluídos del rubio.
—M-mmh jeonggukie~ — jimin chilló sonrojado y excitado cuando el pulgar de su hermanastro acarició en círculos tortuosos su pequeño clítoris — t-tócame más, tócame mi vaginita más, p-por favor~ —Suplicó entre las caricias lascivas del mayor en sus partesitas íntimas, sintiendo la incordiosa necesidad de meterse sus deditos en su vaginita o, en ese caso, que Jeon lo hiciera por él.
—¿No prefieres que use mi boca, bonito? —
Las palabras del mayor lo hicieron gemir, con lágrimas de placer derramándose de sus ojitos soñadores al mismo tiempo que el flujo se derramaba por toda la piel de su intimidad.
—¡S-si por favor~! — Accedió necesitado, sintiendo los círculos sobre su clitty hacerse rápidos e insoportablemente excitantes.
Ese era el punto en donde ya no podía pensar de manera correcta, y sus palabras comenzaban a sonar más desesperadas y necesitadas que nunca.
—Lo que mi niño me pida... —El azabache accedió gustoso, tomando los pequeños calzoncitos del menor y retirándolos delicadamente por sus piernas para no rasgar el encaje.
Se admiró de la belleza que tenía frente a él nuevamente, paseando su pulgar por el coño ahora desnudo del pequeño. Era tan bonito, jamás se cansaría de verlo. El tono rosado de los pliegues húmedos brillaba suavemente gracias al sol de la tarde que se colaba a través de las cortinas blancas, haciéndolo salivar de lo mucho que quería comérselo entero. Las braguitas que le había quitado al menor seguían en sus manos, por lo que con descaro, envolvió la tela ente su mano y la llevó a su rostro, enterrando su nariz justo en donde el coño de Jimin descansaba escasos minutos atrás, humedeciendo la tela. Gruñó al percibir el aroma suave del jabón de ropa mezclarse con el almizcle suave y dulzón de Jimin, sintiendo su verga palpitar, tan necesitado de follar al rubio. Sabía que Jimin se avergonzaba cada vez que hacía eso, sonrojándose y bajando la mirada. Sin embargo, no podía contenerse jamás de hacerlo. Jimin era el manjar más dulce que había tenido la dicha de probar, jamás podría no demostrarlo en todas y cada una de sus acciones.
—Jamás nada ni nadie se te podrá comparar, bebé... —Musitó ronco, aún con el rostro enterrado entre las bragas del rubio —Eres la cosita más hermosa y perfecta que he tenido la dicha de conocer y probar —Halagó cariñoso, sonriendo orgulloso al ver a Jimin sonreír dichoso y sonrojado.
Se inclinó suavemente, al mismo tiempo que abría las piernas de Jimin con delicadeza. Quedó justo en medio de estas, y su rostro quedó a la altura perfecta para devorar todo ese paraíso rosa. Sin embargo, antes de deleitar su gusto con el aroma embriagante de Jimin, llevó sus labios finos hasta el abdomen bajo, besando con fervor, causando escalofríos en toda la piel pálida y los gemidos suaves del rubio. Sonrió victorioso y continuó con los tortuosos besos lentos, bajando lentamente hasta el monte de venus, acción que hizo a su lindo niño temblar de la anticipación.
—T-te necesito Jeonggukie... —Jimin le pidió en un susurro desesperado luego de largos segundos de besos acompasados, llevando sus propios deditos a su coño necesitado y acariciándose a sí mismo —P-por favor~ por favor te lo pido, cómeme ya~ —La frágil súplica de su pastelito fue suficiente para llevarlo al límite, sucumbiendo de una vez por todas al placer.
Enterró su rostro por fin en medio de esas piernas sublimes, lamiendo desde el perineo hasta el clítoris del menor, quien gimió acabado y aliviado al mismo tiempo. Él gimió gustoso en el momento exacto en el que tuvo la dicha de volver a saborear la intimidad deliciosa del menor, devorando con hambre sus pliegues rosados. Gruñó satisfecho cuando en su paladar explotó la esencia exquisita del pequeño rubio, tomando sus caderas con ambas manos para lamer como un desesperado en medio de los pliegues húmedos, restregando su lengua en toda la intimidad calientita y tierna. Pudo sentir a su lindo jimin temblar bajo sus lamidas y liberar lubricante natural por montones, respirando de forma pesada.
Jimin gimió feliz y extasiado, tomando el cabello de Jeongguk entre sus manitas y acariciándolo con delicadeza mientras este lamía su intimidad con parsimonia, tomándose su tiempo para hacerlo delirar. Su clítoris se sentía tan rico cada vez que la lengua traviesa de su hermanastro pasaba por encima, enviándole una descarga de electricidad por toda el cuerpo y generando una sensación calientita en toda su área íntima. Admiró anonadado la forma en la que el mayor lo comía con tanta dedicación y hambre, enterrado en medio de sus piernas mientras su boca experta no hacía más que ponerlo todo húmedo y cremoso, perfecto para ser follado.
—Mmh sabes tan rico bebé... —Jeon lo halagó de manera sucia, besando sus pliegues de forma húmeda y enviando escalofríos por todo su cuerpo, así hasta cansarse y volver a lamerlo y chuparlo a su antojo.
—¿T-te gusta mucho mi vaginita, ggukie? —Preguntó entre gemiditos agudos, necesitado de los halagos sucios del mayor, esos que lo ponían tan caliente y lo hacían querer chorrear de la excitación.
—Me encanta cariño, como no tienes idea —El azabache respondió, dando una larga y obcena lamida desde su agujero hasta su clitty, abriendo sus pliegues húmedos en el proceso—Tienes la vagina más deliciosa y hermosa de todas. Solo mira lo rosado que eres, y como te pones de húmedo gracias a hyung... —Musitó con lujuria, apretando con fuerza sus muslos abiertos y llevando sus dedos hasta su clítoris, acariciando este con vehemencia.
Chilló ante el halago del mayor, absolutamente hipnotizado en la manera en la que este no parecía obtener suficiente de su conchita húmeda. Él tampoco obtendría suficiente de eso, jamás. De observar la expresión de lujuria en el rostro de Jeon, de sus labios cubiertos con sus fluidos y de la sensación abrazadora y asfixiante de ser lamido y chupado en su lugar especial.
El mayor se devoró a su lindo jimin con lujuria, relamiéndose los labios llenos de su flujo delicioso. Se chupó la conchita rosada todo lo que quiso, lamiendo de arriba hacia abajo, succionando el clítoris entre sus labios, y metiendo su lengua en el delicado agujero estrecho, ansioso de meter su verga hasta el fondo. Cuando tuvo a Jimin temblando y tensando los músculos, supo que su orgasmo estaba cerca, apresurando los movimientos de su lengua.
—¡G-ggukie ya no aguanto~! —Jimin chilló cuando se dio cuenta de como las caricias de la lengua del mayor se hacían obcenas y húmedas, intensificando sus ganas de venirse.
—Mi amor, no tienes que aguantarte las ganas jamás... —Jeon murmuró socarrón, dando un par de palmaditas sobre los labios regordetes del coñito frente a él —Vente para mí, cosita preciosa, has que esa rica vaginita chorrée como me gusta — Musitó extasiado, antes de volver a enterrarse en la vagina, lamiendo como desesperado para que jimin se viniera sobre su boca.
—¡A-ah j-jeonggukie! —El rubio gritó desesperado ante las palabras obcenas de su hermanastro, llegando su orgasmo en cuestión de segundos gracias a las lamidas desesperadas.
Su orgasmo llegó escandaloso como de costumbre, en chorros prolongados y lágrimas de éxtasis, empapando el rostro del azabache obcenamente. Le había costado un tiempo entender que el chorro que salía de su vaginita al experimentar ese nivel de placer no era pipí, y que Jeon disfrutaba tanto como él al verlo venirse de esa manera. Al entenderlo no pudo estar más aliviado, pues liberarse con un 'squirt' era la cosa más rica que había experimentado jamás, y no deseaba dejar de hacerlo nunca.
Aliviado e hiperventilando, gimió por una última vez cuando su orgasmo menguó, sintiendo todo su cuerpo blando y maleable. Soltó un pequeño gemido cuando Jeon lo besó de forma salvaje, dándole de probar de su propia esencia pesada. Enredó sus brazos alrededor de su cuello y sintió las manos de este volver a dirigirse a sus pechos, amasándolos con fervor entre sus grandes manos.
—Eres tan sexy, pequeño... me tienes completamente obsesionado con tu cuerpo perfecto y tu sabor delicioso —Jeon cortó el beso y se sinceró con lujuria, admirando las mejillas del menor sonrosarse ante su cruda honestidad.
Se sentía tan bien poder tocar ese cuerpo sublime y sexy a su antojo, por lo que apretó ligeramente más fuerte las lindas tetitas de su Jimin, sonsacándole gemidos suaves. Acarició por última vez los pezones erguidos y escendió lentamente con sus manos hasta la intimidad recién comida del menor, admirando lo rosadita e hinchada que había quedado gracias a sus lamidas. Todavía podía sentir el sabor intenso y delicioso de jimin en su paladar, y no quiso más que follarse al lindo chico de una vez por todas.
—¿Tienes ganas de seguir dulzura? —Preguntó, sabiendo la respuesta de antemano al ver los ojitos entrecerrados gracias al éxtasis del rubio.
—S-si, p-por favor~
—Mi lindo Jimin... — Musitó meloso, acariciando las hebras de cabellos dorados con adoración pura — ¿Quisieras mostrarme cómo te das placer a tí mismo cuando yo no estoy, chiquito? Me come la curiosidad... —Murmuró con lujuria, sintiéndose tan necesitado de su precioso niño.
Jimin se sonrojó violentamente ante la pregunta de jeon, sintiendo las mariposas hacer un nudo en su abdomen. A pesar de amar lo que estaban haciendo y disfrutarlo al máximo, aún le daba mucha vergüenza todo lo que tenía que ver con sexo, en especial el tocarse explícitamente en frente del mayor. Eso era totalmente nuevo para él, y por lo mismo, lo dudó por unos segundos. Jeongguk tuvo que haberse dado cuenta, pues la pregunta que salió de sus labios a continuación le hizo gemir apenado.
—¿Crees que puedas hacer eso por hyung bebé? Me muero de ganas de verte... — El azabache continuó meloso, llevando sus caricias desde el cabello del menor, hasta su rostro de porcelana, paseando sus dedos por encima de esos labios abultados y pecaminosamente rosados —Te he imaginado todos estos días dándote placer a tí mismo, acariciándote tu linda vaginita hasta que te vienes... ¿lo has hecho así, bebé? —Persuadió con la voz baja y aterciopelada, sabiendo que de esa manera podía conseguir casi lo que quisiera de Jimin.
—S-si j-jeonggukie... lo he hecho mucho —El rubio admitió en un susurro abochornado —S-siempre pensando en tí, hyungie, extrañando tus manos en mi piel cada segundo... —Continuó con los ojos llorosos, repasando con sus manos su abdomen delgado hasta llegar a su intimidad húmeda, llevando sus cortos deditos hasta su clítoris sensible.
Por fin, cedió apenado, admirando a Jeon devolverle una mirada cargada de lujuria y necesidad. Le daba muchísimas pena tocarse de esa manera descarada frente al mayor, pero si a su hyung le emocionaba, él con gusto lo haría. Comenzó a acariciarse a sí mismo, en mociones circulares y acompasadas. El mayor observaba atentamente sus movimientos inocentes sobre su propia intimidad, elevando su adrenalina y la calentura que inundaba su cuerpo entero.
—¿Así es como lo haces, amor? —Jeongguk preguntó extasiado y con la verga dura, adorando la imagen de su pequeño dándose placer con sus deditos —¿Así me recuerdas cada que no estoy aquí?, ¿dándote placer a tí mismo?
—S-si hyung... —El menor asintió cohibido, con la respiración irregular y un nudo en el abdomen gracias al nerviosismo —Últimamente t-también así — Con delicadeza, llevó sus deditos hasta su agujero apretado, introduciendo dos con suma delicadeza, gimiendo del dolor y placer al estirar su agujero estrecho.
El azabache lo admiró con la mirada oscura y un destello de orgullo. Se sintió tan especial en ese instante, siendo admirado por los ojos de quien más adoraba en ese mundo. Una vez se acostumbró a tener dos dedos dentro, se enfocó en meterlos y sacarlos lentamente, gimiendo mientras su lubricante blanquecino se escurría fuera de su vaginita creando un sonido obceno y viscoso. No podía despegar sus ojos de Jeon, y de la forma en la que este lo admiraba con el ceño fruncido y su mano grande y varonil sosteniendo su propio miembro, aún cubierto por su ropa. Se sintió ansioso de ser follado por ese adonis, y entonces, su vagina escurrió aún más de su lubricante, haciéndole gemir del placer.
—Mmh cariño, te tocas tan rico— El mayor halagó socarrón, sintiendo su verga palpitar necesitada cada vez que los cortos y adorables deditos se hundían en ese paraíso húmedo. Admiró con lujuria a jimin, de pies a cabeza, deleitando su vista con su cuerpo sublime y su vaginita rosada. Se veía tan etéreo y hermoso, de piernas abiertas, su piel pálida siendo iluminada por los tenues rayos del sol y sus muslos aún enfundados en las medias blanco transparente. No se las quitaría para follarlo, se veía tan caliente y precioso de esa forma — No te imaginas lo sexy que te ves en este instante, mi amor... — Confesó anonadado, admirando la belleza de ese chico precioso al que tanto adoraba.
—¿E-en serio c-crees eso hyung? —Jimin preguntó abrumado, con las lágrimas de placer juntándose en las esquinas de sus ojos. El placer de tocarse mientras alguien más lo veía haciendo estragos en su cabeza.
—Mmh cariño, claro que sí... —Jeongguk musitó por lo bajo, acariciando su labio inferior y bajando con caricias lascivas hasta sus pechitos redondos —Siempre lo he pensado, lo sabes. Pero te ves tan exquisito en este momento, quiero devorarte entero —El mayor admitió, enviando un escalofrío de placer por toda su espalda.
Gimió desesperado cuando la mano grande y pesada de su hermanastro apretó su pechito con fervor, acelerando el movimiento en su área íntima ante esa sutil acción.
—G-ggukie se siente tan rico que me veas mientras me meto mis deditos. N-no puedo mas, me quiero venir~...—Jimin chilló desgarrado, aumentando la rapidez de sus dedos dentro de su conchita. El sonido húmedo y pecaminoso se intensificó por igual, creando eco en las paredes del cuarto y llevándolos a ambos a la locura.
—Sigue así, mi amor, no te detengas... quiero ver como te vienes pensando en hyung... —El mayor siguió con su pequeño juego sucio, alternando su mirada entre la pecaminosa vagina rosadita y los ojitos llorosos de su pequeño.
—S-si hyungie, s-si~ dime que me adoras, que soy tu príncipe~ —Jimin rogó, dejando que las palabras necesitadas fluyeran con facilidad gracias a la excitación.
Se sentía tan bien en ese momento. La pena se había disipado por completo y solo quedaba la sensación de orgullo y plenitud inundando su pecho. Se sentía fuera de si, pero de buena manera, siendo admirado por los ojos oscuros del azabache. Su respiración errática se aceleró cuando se sintió cada vez más cerca, admirando de vuelta a Jeongguk, tan sexy y varonil...
—Claro que lo eres mi amor... mi príncipe hermoso, te adoro tanto — Jeon murmuró ronco, hipnotizado con la imagen de su precioso jimin. Sus palabras hicieron que el rubio sollozara más alto, haciendo el movimiento de sus dedos dentro de su coño erráticos y por consiguiente, haciendo el sonido húmedo más intenso — Ya quiero follarte esa deliciosa vaginita que tienes...
El pequeño querubín asintió frenético, gimiendo y cerrando sus ojos para concentrarse en llegar a su tan ansiado orgasmo. Amaba y le excitaba de sobremanera ver al pequeño en esa situación, tan inocente y hasta cierto punto aún inexperto, dándose placer a sí mismo, llorando y gimiendo del placer. Ante sus ojos, ese chico era la preciosidad más grande del mundo, tan lindo y delicioso, como un pecado andante... tan prohibido, pero tan de él, el único hombre que lo había tocado y desnudado, y el responsable de quitarle su linda y preciada virginidad. Había corrompido su inocencia, y sabía que él sería el único.
—H-hyung~ ¡m-me voy a venir!~ —Jimin sollozó al borde del orgasmo, sintiendo sus músculos tensarse y sus ojos nublarse de lágrimas.
Jeon gimió ronco al ver como el menor se arqueaba y se metía sus deditos con más fuerza dentro de su conchita, derramando su pesado lubricante natural en las sábanas bajo su cuerpo.
—Eso es precioso, tócate así, enséñale a hyung lo mucho que lo extrañaste... —Musitó por lo bajo al ver a Jimin soltar lágrimas de placer, gritando de la excitación justo después de sus palabras lascivas.
No tuvo que hacer nada más. Sus palabras fueron suficientes para empujar a Jimin a su tan ansiado orgasmo. Gruñó excitado al ver a su pequeño retorcerse y gritar desesperado, sin dejar de meterse los dedos en su vagina y salpicando su squirt por todos lados. Cuando el pequeño querubín intentó cerrar sus lindas piernas, lo evitó de inmediato, demasiado inmerso en la imagen deliciosa de esa intimidad adorable siendo profanada por los deditos del rubio.
Jimin sollozó agitado cuando Jeon evitó que cerrara sus piernas. No supo cómo más procesar el placer, por lo que hundió sus dedos hasta el fondo de su coño y terminó su orgasmo completamente acabado. Lloró por largos segundos gracias al shock de su liberación, sintiéndose ligero y satisfecho. El latido de su corazón retumbaba en sus oídos sin cesar, mientas su respiración errática se calmaba poco a poco.
Cuando pudo volver a enfocar la vista, se encontró con el rostro sombrío y lujurioso de su hermanastro, observándolo de vuelta con una sonrisa socarrona. Se sintió tan tímido de repente, dándose cuenta de lo que había hecho y de donde tenía los dedos metidos todavía. El bochorno lo inundó de inmediato, pudo sentir su rostro calentarse de la pena y su cuerpo entero reaccionar ante la mirada intensa y hambrienta del mayor. Rápidamente retiró sus deditos de su coño, soltando inevitablemente un gemido agudo que lo tuvo sonrojándose hasta los hombros. Antes de poder decir nada, jeon tomó su manita y llevó sus dedos cubiertos de su humedad hasta su boca, metiendo ambos dentro sin abandonar el intenso contacto visual. Se sintió desfallecer al observar al mayor saborearlo con tanto fervor, chupando sus deditos dentro de su boca con codicia, retirando cualquier rastro de su lubricante natural que pudiese haber quedado en estos. Se veía tan sexy de esa forma, cerrando sus ojos con pasión, como si lo que saboreaba su boca fuera el platillo más decadente y costoso de la alta cocina. Sus cejas pobladas y expresivas fruncidas en una mueca de placer absoluto, de hambre voraz que estaba a punto de saciar con su cuerpo sublime y dispuesto a entregarse una vez más. Se sintió tan especial en ese instante, y no dudó en hacérselo saber al mayor con un gemido agudo que resonó en las paredes del cuarto, arqueandose impaciente sobre el colchón cuando los ojos oscuros y hermosos de Jeon se abrieron nuevamente para observarlo fijamente, consumiéndolo con la mirada.
Observó de regreso al mayor, con ojos inocentes y grandes, una característica suya que jamás podía controlar, aún menos en situaciones candentes como esas. Su mirada tuvo que haber despertado algo en el interior del mayor, algo tierno y amoroso, porque sus ojos se suavizaron de inmediato, mientas que en sus labios se pintó una sonrisa hermosa y enamorada, sacando al mismo tiempo sus pequeños dedos cubiertos de saliva y dejando un beso en el dorso de su manita. Se sintió como el chico más especial y hermoso en el universo al ser admirado por esos ojos grandes y profundos, sonriendo sonrojado mientras sentía como las mariposas danzaban en su abdomen de nuevo.
Los labios del mayor atacaron los suyos a continuación, sonsacándole un suave gemido satisfecho, sintiendo las manos grandes y posesivas de su hermanastro acariciarlo completo, desde su cintura fina hasta su espalda esbelta. Se dejó hacer, sintiendo los escalofríos recorrerlo de pies a cabeza y los gemidos brotar de sus labios con facilidad. El mayor lo acomodó a su antojo sobre el colchón, recostándose a su lado sin dejar de besarlo y procediendo a enredar una de sus piernas en su cadera, en donde tuvo acceso directo a su culo redondo. Se sostuvo del cuello de Jeon, enredando sus brazos alrededor de este y pegando su cuerpo al contrario hasta que no hubo espacio que los separara. Gimió en medio del beso cuando las manos grandes y ásperas de Jeongguk le tomaron el culo, amasando la piel con fervor y lujuria, dejando nalgadas cada tanto que lo hicieron gemir más alto. Su piel desnuda rozaba constantemente con la ropa áspera del mayor, haciéndole gemir. Sus pezones rígidos se frotaban contra la camiseta de tela suave, y su vagina sensible y recién saciada con la tela de mezclilla de los pantalones oversized. Quería tanto sentir la piel desnuda del mayor sobre la suya, su cuerpo grandote y cálido acapararlo entero, mientras su verga gruesa lo hacía llorar del placer.
Con eso en mente, llevó sus manitas hasta el dobladillo de la camiseta negra, alzándola lentamente por el torso fornido de Jeon. Cuando fue el momento de retirarla, el azabache le ayudó, sacando la tela por su cabeza hasta quedar con el torso desnudo. Sus ojos se perdieron entonces ante la vista celestial que tuvo la dicha de presenciar, acariciando con sus manos pequeñas los músculos fuertes y trabajados de Jeon. Hizo un recorrido desde los hombros anchos, bajando suavemente por los pectorales bien formados hasta que sus deditos acariciaron el abdomen marcado, repasado cada cuadrito con admiración.
Jeongguk sonrió fascinado, admirando a Jimin recorrerlo tanto con su mirada soñadora como con sus manos cálidas y suavecitas. Lo dejó toquetearle el torso todo lo que quiso, hasta que sintió que su verga explotaria si no era atendida en ese momento. Llevó con delicadeza ambas manitas hasta su pantalón, observando a Jimin desde su sitio cuando este alzó la cabeza, observándolo con expectativa. Le lanzó un suave asentimiento para hacerle entender, admirando como sus mejillas se coloreaban de rosa de nuevo y la sonrisita tímida se formaba en sus labios rellenos. Se tensó ligeramente cuando Jimin desabrochó sus jeans, enganchando sus pulgares tanto a la pretina de estos como a la de sus boxers negros, y los bajó lentamente por sus caderas con su ayuda. Cuando su verga rebotó fuera de la ropa, gimió de alivio, gruñendo extasiado cuando las manitas ahora expertas tomaron su longitud con firmeza. Dios, había añorado eso durante las largas semanas que no había visto a su pequeño querubín. Sus propias manos no eran suficientes para saciarlo, y jamás se compararían con las pequeñas y adorables de su rubio. Se dejó hacer, apoyando su cabeza en las almohadas con el aroma dulce y angelical de Jimin.
—Dios hyungie... eres tan~ grande —Jimin musitó al tomar la longitud del mayor con ambas manos, fijándose en cómo la verga dura palpitaba bajo su tacto, y sus manos no podían cerrarse por completo alrededor del grosor.
La verdad era que la verga del mayor siempre lograba intimidarlo un poco. Le encantaba, jamás podría negarlo, pero también se sentía nervioso al saber que todo eso sería introducido en su apretada vagina una vez más. Jeon jamás le daba tregua, siempre lo empalaba hasta el fondo, golpeando su cervix y abultando ligeramente su pancita. Le encantaba, de veras que si. Lo habían hecho tantas veces que dudaba que alguna vez pudiera volver a doler como la primera vez. Pero, a veces las excepciones ocurrían...
—Es toda tuya cariño... ¿la quieres en tu linda vaginita, bebé? —Jeongguk musitó excitado, tan necesitado de hundirse hasta el fondo del precioso coño de su niño.
Lo había extrañado tanto. Había extrañado absolutamente todo de él, su piel nivea y suave, su figura perfecta, su culo agradablemente redondo y respringado, y por su puesto, esa preciosa vaginita rosada y calientita. Jamás había estado tan obsesionado con alguien en su vida. Jamás había sido exclusivo con nadie más que con su precioso Jimin. Pero es que después de probar lo que era estar con ese angelito, nada ni nadie podría compararse con él jamás.
—S-si quiero ggukie~ —Lo admiró asentir necesitado ante su pregunta, viéndose tan hermoso con esos ojitos soñadores que solo él tenía.
Lo amó tanto. Adoraba a ese pequeño, y no podía soportar no estar en su interior apretado, haciéndolo sentir bien.
—Si mi amor... tú siempre quieres chiquito, y yo te lo daré. Te voy a follar muy rico bebé —Impuso dominante, sonriendo autosuficiente cuando el menor volvió a asentir rápidamente, gimiendo y cerrando sus piernas gracias al placer de sus palabras explícitas.
Cambió la posición en la cama nuevamente, metiéndose entre las piernas largas de Jimin y cubriéndolo con su cuerpo. Lo besó desesperado y lo hizo gemir de manera hermosa, tomando su cintura en un agarre firme. No hizo a su lindo jimin esperar más, tan solo frotó su glande contra el clítoris rígido un par de veces e intentó introducirse. Pero, pasó algo que lo dejó confundido por unos segundos antes de reaccionar. Su verga no entró de la manera fácil que siempre lo hacía. Lo intentó de nuevo, esta vez guiando su glande con sus dedos a la entrada estrecha, pero la linda vagina tampoco dio de sí, por lo que se separó del beso confundido. Jimin lo veía desde abajo con su lindo rostro confundido por igual, removiéndose sobre las sábanas ligeramente incómodo.
—Minnie, puedes relajarte un poco más bebé... —Recomendó en un susurro, recibiendo un asentimiento del menor.
Sustuvo los muslos de su pequeño entre sus manos fuertes y le abrió las piernas un poco más. Volvió a alinear su verga con sus dedos sobre el agujero rosado y esta vez, arremetió contra este con más fuerza, sacándole un gemido de ardor a Jimin pero por fin siendo capaz de meter aunque sea la punta de su verga. El rubio se sentía demasiado apretado ese día, y tras pensarlo por unos segundos, llegó a la conclusión de que era porque la preparación se la había realizado él mismo con sus cortos deditos, combinado con el hecho de que llevaban un mes sin tener intimidad. De todas maneras, le fue imposible detenerse una vez estuvo dentro. No podía más, su verga dolía y estaba desesperado por entrar. Así que siguió, a pesar de los gemidos entrecortados del menor.
Jimin gimió tembloroso gracias al ardor. Intentó contenerse, pensando que era cuestión de segundos para acostumbrarse, pero no sucedió. Cada centímetro que Jeon introducía de su verga gruesa dolía más que el anterior.
—H-hyung d-duele duele~ ¡mi conchita me duele mucho jeonggukie! —Chilló sin poder aguantarlo más, sollozando gracias al dolor que oprimía su abdomen.
Jeongguk le acarició el clítoris en un intento de ayudarlo y disminuir su dolor, y aunque sí lo hizo sentir bien, el ardor no desapareció por más que intentó concentrarse en el placer.
—N-no puedo~ hyung, sácalo p-por favor~ mi vaginita duele mucho ~—Las lágrimas corrieron por sus mejillas cuando no pudo contenerlas más, sollozando cuando su hermanastro no tuvo piedad de él.
—Sé que lo puedes tomar mi amor, lo has hecho antes...—El azabache determinó en un susurro, deteniéndose por un segundo para besar las mejillas húmedas de su chiquito, pero incapaz de salirse de esa vaginita estrecha que lo apretaba tan bien. Estaba demasiado inmerso en el calor asfixiante de Jimin como para volver atrás, por más que los sollozos del rubiecito le rompieran el corazón.
Continuó introduciéndose en el interior caliente, y no fue capaz de detenerse ante las súplicas de su niño, no esta vez. No luego de estar lejos de él por semanas, de haber extrañado su cuerpo con tanta intensidad y lujuria. Sabía que estaba siendo cruel y se sentía terrible... pero también sabía que eventualmente Jimin disfrutaría como siempre lo hacía, y la imagen de la estrecha vagina abriéndose con dificultad para él no hacía más que ponerlo caliente. Llegó hasta la mitad y gruñó del éxtasis, deteniéndose por un segundo en el que el rubio suspiró de alivio, antes de seguir impaciente.
—¡Ah no~!—Jimin gritó gracias al dolor y lloró, aferrándose al pecho de jeon en busca del algún consuelo. Recibió un beso asfixiante y palabras de aliento, sin embargo, aún se sentía como que lo estaban partiendo a la mitad. —Duele, duele~ jeonggukie, mi vaginita me arde~ —Sollozó mas alto cuando la base más gruesa que el resto de hundió en su interior, casi llegando al final.
Le dolía como hace mucho no lo hacía... Sabía que había tomado toda la verga del mayor incontables veces antes, pero en esa ocasión, estaba demasiado apretado para recibir al azabache con facilidad.
—Sé un niño bueno bebé... —Jeon ordenó con la mayor ternura que le fue posible al escuchar las súplicas de su pequeño — Hyung ya casi llega al final, ¿crees que puedas aguantar por mi? — Musitó con una mirada hambrienta dirigida a los ojitos llorosos de su pequeño, recibiendo un asentimiento apenado de su parte.
Jimin no quería ser un niño malo... de ninguna manera. Él tomaba orgullo en ser el niño bueno de Jeongguk, le fascinaba el sentimiento de ser tratado de esa manera tan melosa y asfixiantemente excitante. Amaba ver a Jeon disfrutar con su cuerpo, y sabía que el sentimiento era mutuo. Así que hizo su mayor esfuerzo para aguantar el dolor, aferrándose al pecho fornido con más necesidad y gritando del dolor cuando el resto de la verga enorme se hundió en su interior. Se sintió estirado y lleno hasta el tope, abrumado al percibir la punta del miembro abultar ligeramente su abdomen y los cortos vellos púbicos haciendo cosquillas en su clítoris como de costumbre.
—Ya está mi niño hermoso, eres tan lindo y paciente... te felicito—Jeon le felicitó con la voz grave gracias al éxtasis, haciendo el dolor ligeramente más soportable gracias a los cumplidos melosos que lo hacían delirar.
Jeon procedió a dejar entre sus brazos su peluche favorito de conejito que estaba al lado de ellos en la cama, como una forma de consuelo. De inmediado, lo tomó y lo abrazó con fuerza, suspirando y sollozando adolorido.
El azabache se sintió en el mismísimo cielo al estar hasta el fondo de esa humedad caliente, permitiéndole a Jimin aunque sea acostumbrarse por unos segundos a su grosor. Estaba desesperado por liberarse y su verga aún se sentía pesada de la excitación, pero le debía a Jimin piedad por el dolor que le había causado. Al finalizar le daría mimitos al pequeño por haber tomado toda su polla hasta el fondo a pesar del dolor, pero en ese momento tan solo quería joderle ese coño delicioso con fuerza.
Sintió al rubio removerse ligeramente, percibiendo como el pequeño coñito resentido se ponía resbaladizo y se contraía alrededor de su polla. Jimin gimió, observándolo con ojitos de cervatillo desde su lugar. No pudo con esa adorable imagen, por lo que con delicadeza dio la primera embestida, inclinándose para dejar un beso en la frente de su pequeño. Embistió de nuevo y jimin chilló desgarrado, pero supo por la reacción de su cuerpo que comenzaba a gustarle. Siguió con sus embistes, aún delicados para acostumbrar el sensible coño y que no doliera demasiado.
Jimin suspiró con su peluche entre brazos, abrazándolo fuertemente mientras las primeras tortuosas embestidas abrían su interior obcenamente. Poco a poco el placer sustituía al dolor, haciendo que el rico sentimiento de ser follado por esa verga imponente regresara a su ser. Llevó sus deditos hasta la unión de su cuerpo y el de jeon y gimió acabado al sentir la verga gorda hundirse en su interior una y otra vez. Se sentía tan débil en ese momento por la mezcla de sentimientos contrarios, pero los besos cariñosos del azabache en su carita le hicieron sentir a salvo y cada vez más relajado.
Jeongguk se deleitó con la vista del rubio bajo su cuerpo, sin poder dejar de admirar sus dulces mejillas sonrosadas y su linda carita congestionada con lágrimas. Se veía tan pecaminoso e inocente de esa forma, llorando sensible y adolorido mientras apretaba su animalito de peluche favorito entre sus bracitos, abierto de piernas, aguantando sus embestidas lentas y aún dolorosas en su interior. Las pecaminosas medias altas de las que nunca se deshizo seguían apretando sus muslos generosos, haciéndolo ver tan sexy y etéreo. Era la cosita más preciosa y deliciosa del mundo...
Sentimientos contrarios se arremolinaron en su interior, pues aunque se sentía culpable por ser el causante del dolor en el cuerpo de su pequeño, un sentimiento de orgullo y dominancia crecía en su pecho al mismo tiempo. Su niño era tan lindo y delicado, tan inocente y dulce... como una florecilla frágil y hermosa. Tenía el poder absoluto sobre él, y podía hacer lo que quisiera con él si así lo quisiese. Claramente no era el caso. Adoraba a su pequeño y lo respetaba demasiado. Pero el simple hecho de poder... de ser capaz, de tener el permiso de Jimin para arruinarlo por completo y reducirlo a un manojo de lágrimas y sollozos le hacía sentirse excitado de una forma inexplicable y retorcida, pero malditamente deliciosa...
—J-jeonggukie... acaríciame, p-por favor~ —El rubio suplicó en un susurro, sacándolo de sus pensamientos lujuriosos.
No tuvo razón alguna para negarse, jamás la tendría. Amaba darle placer a su pequeño, así que llevó su mano hasta el abdomen bajo, acariciando suavemente antes de llevar su pulgar al rígido clitoris, comenzando con caricias circulares y lentas. Se quedó anonadado con la imagen de la conchita del menor totalmente abierta para su verga. Los labios mayores perfectamente rechonchos y lampiños se envolvían alrededor de su hombría, mientras que el pesado flujo cremoso y blanquecino manchaba su verga de manera obcena.
—¿Te gusta así, cariño? —Musitó con la voz ronca y entrecortada, acelerando poco a poco el ritmo de las embestidas.
—Mhh... si hyung~ me fascina, s-sigue~—Jimin rogó, tratando de olvidarse de la punzada de dolor que todavía quedaba en su interior, concentrándose entonces en lo rico que era tener sexo con su hermanastro.
El placer de lo prohibido llenaba su cuerpo de adrenalina poco a poco, difuminado el ligero ardor en sus partesitas sensibles con el inminente placer del sexo delicioso y excitante. Él sabía que lo que él y Jeongguk hacían todas esas veces que sus padres no estaban en casa era un secreto que debía guardar siempre. No había sabido cómo controlar su enamoramiento (ni su calentura) por su hermanastro, pero gracias a eso, ahí estaban en ese instante. Desde la primera vez que lo conoció, se había despertado en él un deseo desconocido, algo que jamás había experimentado con nadie, tan profundo y sofocante como para poder ignorarlo.
En ese entonces, todavía era demasiado menor para que alguien como Jeon le hiciera caso. Tenía 16, y sus rasgos aún demasiado jóvenes e inocentes escondían muy bien la culpable atracción que sentía hacia el chico de en ese entonces 20 años. Pero unos meses luego de cumplir los 17 años, algo cambió en el azabache. De repente, las miradas de Jeongguk eran tan intensas que le era imposible ignorarlas, siempre llamando su atención con sus ojos penetrantes y oscuros. Tenía más sentido así. Se había teñido de rubio, y sus facciones ya no eran las de un niño. Toda la tensión llegó a su fin ese memorable día que lo cambió todo, que transformó por completo su relación.
Pero eso, era una historia para otro día.
El dolor por fin había pasado a segundo plano. Su vaginita se había acoplado por fin al grosor que la estiraba tan bien, sintiendo ahora claramente el placer por sobre cualquier otro sentimiento. Recordó la vez que había perdido su virginidad y lo mucho que había dolido en ese entonces también. Nada jamás se podría comparar a ese día, pensaba él, pues su parte baja había dolido por días luego de recibir la verga de Jeon por primera vez, caminando gracioso y teniendo que recostarse en cada oportunidad que tenía. Probablemente se sentiría extremadamente sensible en las próximas horas, pero nada que no pudiera soportar.
Soltó un gemido excitado cuando Jeon se hundió en el hueco de su cuello para comenzar a besar su piel con fervor, soltando sus muslos para apoyarse con los brazos en el colchón. De inmediado, enredó sus piernas alrededor de la cintura estrecha de su hermanastro, gimiendo encantado cuando las embestidas se volvieron duras y profundas. Eso, inevitablemente hizo que el dolor ligero regresara. Pero, si era sincero consigo mismo, ese ardor ligero que solo recibir a Jeon en su interior podía causar, le gustaba y le hacía sentir calientito en toda su vaginita. Era parte de ser jodido sin piedad por esa longitud imponente.
Las embestidas constantes y duras golpeteaban su cervix sensible con fuerza, haciéndole sollozar del placer. Llevó sus manos hasta la espalda de Jeon cuando no pudo contener más el placer, dejando por fin su peluche de lado. Gritó y enterró sus uñas en los omóplatos fuertes de su hermanastro, rasguñando la piel que previamente ya había cicatrizado, reabrieron las heridas que reflejaban sus noches de placer y lujuria.
—J-jeonggukie m-me encanta~ s-se siente tan delicioso, m-mas por favor~ —Sollozó entre gemidos y respiraciones pesadas, delirando ante los besos húmedos y desenfrenados de Jeon en su cuello.
Sus súplicas fueron gratamente cumplidas, sintiendo como la verga dura se hundía con más fuerza en su interior sensible, haciendo el sonido de sus pieles chocando obceno y escandaloso. Sollozó excitado, intentando procesar ese nivel de placer. Llevó una de sus manitas a su abdomen bajo, sintiendo las embestidas bruscas abultar la piel una y otra vez, gimiendo irremediablemente desesperado por liberarse.
—Te encanta como te entra hasta el fondo ¿verdad, príncipe? Adoras sentirte lleno de mi verga... —Jeon aseguró excitado, separándose del cuello pálido del rubio, completamente cubierto con chupetones recién hechos.
Lo admiró con devoción desde su sitio, asintiendo frenético ante su afirmación descarada. Sostuvo su peso con sus brazos al mismo tiempo que jimin posicionaba sus manitas sobre su pecho, gimiendo tan hermosamente. Se veía tan precioso... era un sueño hecho realidad, con su carita perfecta de querubín totalmente sonrojada y sus ojos llorosos gracias al placer observándolo de vuelta con admiración y amor. Sus labios pecaminosos se abrían temblorosos para dejar salir los más hermosos y melifluos gemidos que había escuchado jamás. Sus cejas arqueadas en placer puro, su precioso cabello rubio, alborotado, con mechones pegándose a su frente gracias al sudor que cubría toda la piel pálida. Su cuello con galaxias de manchas moradas, y sus preciosas tetitas rebotando con cada embiste. Quería metérselas a la boca y chupar sus perfectos pezones rosas...
Lo adoraba tanto, por dios, y ver su sonrojo aumentar gracias a los apodos melosos que usaba constantemente con él y sólo con él, no hizo más que endurecer su verga aún más, si es que eso era posible. Lo folló entonces con más fuerza, demostrándole lo mucho que adoraba su cuerpo y su vaginita de ensueño.
—G-ggukie e-es demasiado~ —Jimin sollozó tras largos minutos de embestidas precisas y deliciosas, sintiendo su orgasmo construirse lentamente en su abdomen bajo.
Sus sollozos excitados hicieron al mayor gemir de manera ronca, cerrando los ojos con fuerza al mismo tiempo que su vaginita se apretaba alrededor del grosor delicioso que lo abría tan bien. Estaba tan excitado, su cuerpo entero se sentía caliente y temblaba bajo el de Jeon, quien se veía tan sexy embistiéndolo con rudeza. Lo observó perderse en el placer de ser acogido en su interior húmedo y caliente. Adoró ver su mandibula tensarse con cada embestida, sus brazos fuertes y tatuados tensándose cada vez que su interior se apretaba necesitado alrededor de su longitud. Admiró cada centímetro de su rostro atractivo, su nariz prominente, sus ojos cerrados, el cabello azabache húmedo gracias al sudor que goteaba cada tanto sobre la almohada bajo su cabeza. El ambiente íntimo no hizo más que calentarlo más, y cuando los ojos grandes del mayor se abrieron y se vieron más oscuros y profundos que nunca, lloró más fuerte, sintiéndose sofocado bajo esa mirada tanto hermosa como intimidante.
—Te adoro tanto cariño... — El mayor musitó, calentando su interior con sus palabras geniunas y cálidas.
—Y-yo a ti ggukie~ t-te adoro... te amo —Admitió en un susurro tímido, esperando no arruinar el momento con su confesión bochornosa.
Era la primera vez que lo decía en voz alta. La primera vez que lo decía frente a Jeon, y por consiguiente, la primera vez que este lo escuchaba. Pudo respirar tranquilo de nuevo cuando el azabache gimió ronco y lo besó desenfrenadamente, embistiendo con más fuerza en su vaginita sensible. No lo dijo de vuelta, pero para él no importó, porque sus acciones hablaron más que mil palabras. El beso húmedo continuó impasible, sofocándolo y dejándolo totalmente fuera de combate. Enredó sus brazos en el cuello del mayor y se dejó hacer, sintiendo la lengua experta de este escabullirse dentro de su boca. De inmediado, chupó la lengua del mayor entre sus labios, gimiendo cuando una de las manos de Jeon alcanzó uno de sus pechitos, apretándolo con fervor.
Así se sucedieron los segundos, uno tras otro, mientas ellos gemian sobre la boca del otro y la unión entre sus cuerpos se humedecía cada vez más. El sonido de sus pieles chocando se hizo insoportablemente excitante, hasta que Jeon se separó de sus labios con un gruñido, admirándolo nuevamente desde arriba con la adrenalina recorriéndolo de pies a cabeza.
—Mhh me voy a venir pronto bebé... ¿lo recibirás todo en tu interior como un niño bueno, mi amor? —Jeon murmuró socarrón, embistiendo con más rapidez cuando sintió los músculos de su abdomen contraerse y el cosquilleo inconfundible del orgasmo asentarse en sus testículos.
Pudo ver el efecto que sus palabras descaradas tuvieron en el rubiecito, quien sollozó impaciente y se arqueó desesperado. Lo que no esperó, fueron las palabras que le siguieron a esa pecaminosa reacción...
—S-si~ t-todo ggukie, t-todo... —Jimin sollozó acabado, tratando con todas sus fuerzas no cerrar los ojos ante el inminente placer en su cuerpo — q-quisiera poder tener bebés para que me preñaras jeonggukie —Admitió tanto descarado como adorable, usando palabras que en otro contexto, jamás podría pronunciar gracias al bochorno.
Sin embargo, en ese instante, en el que la vergüenza no existía y el ambiente íntimo los sofocaba a ambos, las palabras fluyeron solas de sus labios. Pudo ver el momento exacto en el que Jeon se rompió ante sus palabras, cerrando sus ojos con fuerza al mismo tiempo que arremetía contra su coño con brusquedad. Llevó su rostro hasta el hueco de su cuello, gimiendo tan fuerte que la vibración de su voz grave hizo cosquillas en su piel.
—Eres tan malditamente sexy, voy a dejarte tan lleno pequeño... —Jeon prometió con lujuria al escuchar esas palabras pecaminosas, entregando besos desenfrenados en el cuello pálido y dando las últimas embestidas dentro de la perfecta conchita sensible.
Su pequeño querubín tenía sus fetiches bien escondidos, y eso no hizo más que calentarlo el triple, sintiendo todo su cuerpo tensarse. Gimió cuando las manitas de su niño se aferraron a su espalda, rasguñando su piel y por consiguiente llevándolo a su orgasmo, intenso y abrazador, como hace mucho no tenía uno. Gruñó y mordió el cuello de su pequeño, embistiendo con fuerza sin poder detenerse.
Jimin chilló desgarrado al sentir las embestidas bestiales golpeando su interior. Se dejó y sintió la verga contraerse una y otra vez dentro de su vaginita, liberando todo el semen hasta el fondo de su bonito agujero. Gimió desesperado al sentir todo el líquido caliente y espeso rebalsarse dentro de su vagina, llevándolo por consiguiente a su intenso orgasmo.
—¡A-ah s-se siente muy rico ggukie! E-es demasiado —No pudo evitar gritar sus sentimientos cuando su vagina escurrió de su squirt mientras su interior se tensaba y se contraía, ordeñando la verga de Jeon hasta dejarla vacía.
Gimió todo lo que quiso gracias a las últimas embestidas precisas del mayor, sintiendo como las mordidas de este en su cuello derivaban en besos húmedos y más chupetones que se pondrían morados al día siguiente. Gimió por largos segundos más, sintiendo su orgasmo disiparse poco a poco, con espasmos en sus músculos y suaves chorritos que mojaron aún más la unión entre su cuerpo y el del azabache.
Jeon dejó de chupar el cuello del rubio cuando pudo respirar tranquilo, habiéndose liberado por completo. Había dejado a Jimin tan lleno de su semen, justo como al pequeño le gustaba. Todavía estaba dentro del interior aterciopelado y caliente del menor, suspirando satisfecho al sentirse de nuevo en casa. Sin embargo, el sentimiento de tranquilidad no duró tanto como pudo haber deseado. Escuchó a Jimin respirar de manera entrecortada antes de comenzar a sollozar suavemente, aferrándose con más fuerza a su espalda en un abrazo apretado. Su estómago se hundió en angustia al escuchar los débiles sollozos, extrañado y asustado de que algo estuviera mal.
Jimin tampoco supo en qué momento había comenzado a llorar. Luego de su orgasmo, la adrenalina se había disipado poco a poco, haciendo que todos los sentimientos que había tenido durante esa tarde se arremolinaran en su pecho. El dolor de haber recibido a Jeon luego de tanto tiempo, la emoción de volver a verlo y sentirlo y el hecho de que se había confesado durante el sexo, el acto más íntimo y privado que había experimentado jamás. La combinación de esos sentimientos tan profundos e intensos, más la liberación deliciosa y sofocante de su orgasmo, fue la combinación perfecta para dejarlo tan sensible y vulnerable, que llorar fue lo más lógico en ese momento. Jeongguk lo abrazó con cariño, deslizándose suavemente fuera de su coño sensible y recién usado. Gimió entre sus sollozos ante la sensación húmeda, sintiendo al mayor cambiar de posición su cuerpo, girando sobre el colchón hasta que su cuerpo pequeño estuvo sobre el de él. Sus piernas entumecidas quedaron enredadas con las del mayor, mientas que este acariciaba su cabello y lo recostaba con suavidad sobre su pecho. Se aferró a su cuerpo grande y sollozó por largos minutos más, recibiendo besos lentos y delicados sobre su pelo y susurros cariñosos cada tanto.
La tarde había caído sobre ellos durante las últimas horas. Los últimos rayos del sol entraban por las cortinas e iluminaban sus cuerpos enredados el uno con el otro. El sol también iluminaba la delicada ropita de Jimin que había quedado tirada en el suelo, y el peluchito de conejo que eventualmente se había caído gracias al sexo desenfrenado que habían tenido. Jimin por fin pudo dejar de llorar tras los mimos de Jeon, tras su aftercare amoroso y delicado. Sus cuerpos se habían enfriado y el sudor se había secado. El azabache entonces cambió de nuevo la posición en la cama, dejando a Jimin recostado de lado, aún con sus piernas enredadas con las de él. Se recostó de lado también para encarar a Jimin, quien posó su carita cansada sobre sus manitas juntas. Recorrió con su mirada sus rasgos finos y preciosos, acariciando su mejilla rellenita con cariño. Las pestañas del menor revolotearon adorablemente ante su toque, y una sonrisita tímida se formó en sus labios. Le sonrió de vuelta y se acercó lentamente hasta que sus rostros estuvieron a escasos centímetros del otro. Sin más que esperar, besó sus labios con delicadeza, con movimientos acompasados y húmedos. Jimin le correspondió con anhelo, enredando sus brazos en su cuello y gimiendo suavemente ante el toque húmedo de sus bocas.
No se habían besado así nunca antes...
Con tanta necesidad y devoción, con tantos sentimientos encontrados, transmitidos a través de toques fervientes y pasionales.
Aunque sus encuentros en la cama eran rudos y candentes, siempre encontraban la dulzura y la calma luego de alcanzar el éxtasis. No eran novios, eran dos chicos que debían de considerar al otro un hermano, pero que desde el principio se les había hecho imposible. El deseo de lo prohibido los consumía en cada noche de placer desenfrenado que tenían, pero no por eso dejaban de tener un cariño y amor profundo por el otro...
Era innegable su química y atracción mutua, pero también lo eran su anhelo y devoción por el otro... Era demasiado tarde para decir que no tenían sentimientos mutuos.
—Lo siento cariño, creo que nunca sé medir bien mi fuerza cuando estoy contigo... —Jeongguk musitó suavemente al terminar el beso, acariciando con delicadeza su cintura estrecha, en donde sus manos habían ido a parar en medio del beso.
—E-está bien ggukie... creo que simplemente fue la combinación de todo lo que me puso así de sensible —El menor admitió, tratando de no indagar en el tema de sus sentimientos demasiado.
Amaba a Jeongguk. Le había sido imposible no hacerlo, no enamorarse de él cuando lo único en lo que podía pensar cada mañana al despertar era en su rostro guapo y su toque cálido. Estaba bien con el hecho de no ser correspondido de la misma forma, pero no quería tener que averiguarlo y desilusionarse del todo. Una pequeña parte de él quería con todas sus fuerzas ser correspondido y amado por Jeon... bueno, más bien una gran parte de él... todo él, si era sincero.
—Jimin...
—¿Si?
—Yo también te amo — Jeongguk confesó de golpe, incapaz de guardarlo por más tiempo. Sonrió enternecido al ver los ojos del rubio iluminarse de forma hermosa, acelerando su corazón enamorado.
Había buscado el momento perfecto para confesarse. Había pensado en miles de escenarios en los que pudiese hacerlo y romper las últimas barreras entre él y Jimin. Por más que lo pensó y lo pensó, Jimin se le había adelantado, y se había dado cuenta en ese momento que lo había pensado demasiado. No había momento perfecto, tan solo tuvo que haberlo confesado cuando los sentimientos que habían florecido dentro de él por el rubio hermoso se habían consolidado. Ahora no había vuelta atrás, y agradecía que así fuera.
—¿E-es en serio? —Jimin no podía creer lo que sus oídos habían escuchado. Sintió su pechito oprimirse cuando Jeon asintió y tomó su rostro entre sus manos.
—Como no tienes idea, cariño... —Jeongguk respondió enternecido, y esas fueron las palabras que Jimin necesitó para romper en llanto de nuevo.
El azabache sintió una mezcla de ternura y pesar al ver a su lindo jimin sollozar con tanto sentimiento, envolviéndolo nuevamente entre sus brazos para consolarlo.
—Ya bebé, ya... ¿por qué lloras, mi amor?
—E-es que no pensé que fueses a corresponder mis sentimientos —jimin se aferró a la espalda de Jeongguk, buscando el consuelo que su frágil corazón necesitaba.
—Eres un tontito, cariño. ¿Cómo has llegado a pensar tal cosa? —El mayor se apartó del abrazo con delicadeza, molestando dulcemente al rubio que aún sollozaba vulnerable.
Lo admiró reír cobibido ante su pequeña broma, sonriendo por inercia y recibiendo un merecido manotazo en el pecho como reproche.
—N-no soy tontito~ —Jimin se quejó adorable y caprichoso, haciendoo pucheros como muestra de su fingida molestia.
Sabía que Jeongguk solo estaba jugando con él, pero le gustaba hacerse el difícil de vez en cuando. Observó a Jeon admirarlo con tanto amor y devoción ante su capricho fingido, y supo que no había rastro de duda en su confesión de amor. Se sintió tan feliz en ese instante.
De forma inesperada, recibió un beso caluroso y apasionado que lo dejó sin aliento. Enganchó sus brazos al cuello del azabache y correspondió el beso lleno de sentimientos encontrados con gusto, abriendo las piernas al mismo tiempo que Jeon volvía a colarse entre estas. Se besaron entre suspiros necesitados y toques cariñosos. Sus lenguas se reencontraron de la forma más pasional y candente posible, peleando con ímpetu para ganar una batalla húmeda y tortuosamente lenta. Jeon fue el vencedor por esa ocasión, chupando la lengua de su lindo rubio con fervor, acariciando su dulce cintura con codicia. Ese chico era suyo y sólo suyo, y lo mismo sucedía a la inversa. Jimin se había ganado su corazón sin siquiera intentarlo...
No podía estar más feliz en ese instante, sintiendo el calor tanto de la excitación como del amor y cariño inmenso que tenía por Jimin recorrerlo entero.
—Si lo eres; mi lindo príncipe tontito y adorable. Te amo tanto, Jimin —Se separó del beso brevemente para susurrar, encantado con la imagen de su Jimin asintiendo con ojitos pesados.
—S-si ggukie... sólo tuyo. Te amo mas...
Sin más que agregar, regresaron a los labios del otro, continuando con el beso húmedo y lleno de pasión que habían comenzando con tanto amor.
Volvieron a tener intimidad esa tarde, solo que esta vez, fue distinta a todas las demás; habían hecho el amor. Ambos habían llegado a la cúspide al mismo tiempo esta vez, entrelazando sus manos y compartiendo ese espacio sagrado entre el calor abrazador del contrario. Jeon había embestido con tanto fervor en el interior cálido de su precioso jimin, recibiendo gemidos agudos y excitados como recompensa. Se perdieron en los ojos del otro y se besaron como si no hubiese un mañana.
Fue el inicio de muchas cosas.
El resto de la tarde se la pasaron riendo y hablando, robándose besos melosos y conversando sobre el futuro. Discutieron un futuro juntos aún a pesar de saber todas sus limitaciones y obstáculos. Sin miedo alguno, sin ocultar nada, porque sabían que gracias al amor que tenían por el otro, hallarían la manera de hacerlo funcionar.
Se quedaron dormidos luego de haberse limpiado y cambiado, acurrucados mientras veían la tele y se acariciaban con amor, fingiendo por un momento que todo era distinto y ellos eran tan solo dos chicos perdidamente enamorados.
No le dieron demasiada importancia al asunto. Ahí, en los brazos del otro, supieron que todo estaría bien sin importar qué.
Fin. ¿O no? ;)
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