Capítulo 1
Era la primera vez en años que volvía a pisar esa oficina.
Las ocasiones anteriores siempre habían sido distintas. Venía de la mano de mi mejor amiga, riéndonos mientras recorríamos los pasillos antes de colarnos en el despacho de su padre para pedirle dinero para almorzar o convencerlo de que la dejara salir un fin de semana.
Hoy no era una visita casual.
Hoy estaba allí porque, oficialmente, era mi primer día de práctica profesional.
Respiré hondo antes de llamar a la puerta.
—Adelante.
Su voz seguía siendo exactamente como la recordaba: grave, serena y con esa autoridad que parecía llenar la habitación antes incluso de que uno cruzara el umbral.
Empujé la puerta.
Él permanecía de pie junto al ventanal, revisando unos documentos. Vestía un traje oscuro impecablemente ajustado que realzaba su figura. Al verme, levantó apenas la vista del expediente.
—Llegas temprano.
Cerré la puerta tras de mí.
—Es la hora en la que me citó, señor Min.
Una sonrisa casi imperceptible curvó una de las comisuras de sus labios.
—Es cierto.
Rodeó el escritorio con pasos tranquilos y tomó asiento. Incluso ese gesto, tan simple, desprendía una elegancia difícil de ignorar.
Siempre había sabido que el padre de mi amiga era un hombre atractivo.
Pero descubrirlo desde la mirada de una mujer adulta era completamente distinto.
Resultaba difícil creer que estuviera cerca de los cincuenta. Las finas líneas alrededor de sus ojos solo parecían acentuar el carácter de su rostro, mientras que el cabello oscuro, apenas salpicado de algunas canas en las sienes, le otorgaba una presencia aún más distinguida. Después del divorcio, incluso daba la impresión de haberse vuelto más seguro de sí mismo.
Era el tipo de hombre que no necesitaba levantar la voz para que todos guardaran silencio.
—Agradezco la puntualidad —dijo mientras abría una carpeta—. Hoy comenzaremos con tareas sencillas para que te familiarices con el funcionamiento de la empresa.
Asentí enseguida.
No quería que pensara que estaba allí por ser amiga de su hija.
Había insistido demasiado en conseguir esa práctica y estaba decidida a demostrar que podía ganármela por mérito propio.
Él deslizó una carpeta sobre el escritorio.
—Estos serán tus primeros encargos.
La tomé con ambas manos.
—Gracias. Haré todo lo posible por cumplir con sus expectativas.
Él sostuvo mi mirada durante apenas un segundo más de lo necesario.
Después señaló un escritorio situado a pocos metros del suyo, separado únicamente por un pequeño archivador de madera.
—Trabajarás allí.
Seguí la dirección de su mano.
Era mucho más cerca de lo que imaginaba.
—Te necesito cerca. Así podré revisar tu trabajo y responder cualquier duda sin hacerte recorrer media oficina.
La explicación era perfectamente razonable.
Entonces, ¿por qué sentía que mi pulso acababa de acelerarse?
Crucé las piernas bajo la falda con un movimiento discreto, obligándome a mantener una expresión serena.
—Entiendo, señor Min.
Él volvió a sus documentos con la misma naturalidad de siempre.
Yo, en cambio, tuve que recordarme varias veces que aquello era una oficina.
Y que el hombre sentado al otro lado del escritorio no era solo mi jefe.
Era el padre de mi mejor amiga.








