Ese Alguien Especial. by Yukina G.Sagara at Inkitt
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Ese alguien especial.

Summary

Se suponía que sería una noche normal de amigos en un bar, pero la ausencia de Nobara deja a Yuji y a Megumi completamente solos. Con el alcohol nublando sus mentes, las preguntas incómodas no tardan en surgir: “¿Acaso soy el único virgen de los tres?” Créditos de la imagen de portada: X @No_seng07 Solo de verla me inspiré para esta historia ♡

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Ese alguien especial.

Varias cervezas ya habían pasado por la mesa de aquellos jóvenes que llevaban cerca de una hora en el bar. El inseparable grupo de tres amigos esta noche se había dividido y al lugar sólo llegaron dos, por lo que el récord que Nobara había mantenido como la más bebedora en cada juntada se iba a romper hoy. Esta noche el premio se lo estaba llevando Yuji Itadori.

—¿Qué se cree Kugisaki? —preguntó al aire con voz pastosa que denotaba su evidente estado de ebriedad—. ¿Prefiere ir a acostarse con un desconocido antes que venir a convivir con sus amigos de toda la vida? —un hipo se le salió al terminar de decir aquello y apoyó ambos codos sobre la mesa mientras sostenía su lata de cerveza con una mano.

—Que nosotros no lo conozcamos no lo hace un desconocido para ella —replicó Megumi en defensa de su amiga. Su voz ronca apenas revelaba que a él también se le estaba subiendo un poco el alcohol, aunque todavía no bebía tanto como Itadori; probablemente solo el treinta por ciento de las latas vacías sobre la mesa eran de él, el resto eran de su amigo.

—¡Es un desconocido! —alzó la voz—. Apenas han convivido por algunos días ¿y ya se va a acostar con él? ¡A nosotros tenía semanas sin vernos! Nos pudo haber acompañado un ratito… —torció los labios en un gesto de inconformidad, muy ofendido por la situación.

Fushiguro, por el contrario, estaba bastante tranquilo con el tema.

—Supongo que una relación sexoafectiva por ahora es su prioridad, yo no le veo el problema —dijo como si nada, dándole un pequeño sorbo a su lata de cerveza.

Itadori entrecerró los ojos al mirar a su amigo, un poco fastidiado por la calma con la que Megumi comentaba aquello, sin darle la importancia que se merecía.

Ya con las copas encima le parecía una total falta de respeto lo que había hecho su amiga; Yuji no dejaría a sus mejores amigos por ir a acostarse con alguien, o al menos eso suponía, porque en realidad jamás había estado en una situación en la que tuviera que decidir, puesto que nunca había tenido sexo con nadie.

Siguió tomando su cerveza con esa cara de pocos amigos mientras pensaba que quizá Fushiguro la defendía porque se estaba poniendo en el lugar de ella, lo que significaba que quizá él sabía lo que era tener una relación así con alguien… De repente se dio cuenta que entre ellos hablaban de todo, pero nunca habían tocado ese tema; Yuji por su lado porque no tenía nada que contarle al respecto, pero Megumi era más discreto con todo, quizá simplemente era algo que no había compartido con él.

—Oye, Megu… —miraba hacia enfrente y el tono de su voz ya se había tranquilizado—, ¿alguna vez te has acostado con alguien?

—¿Qué? —la pregunta le tomó desprevenido y volteó a verlo un tanto extrañado por su inesperada curiosidad.

—No sé, ya tenemos veintidós años, lo normal es que a nuestra edad ya hayamos pasado por esa experiencia, ¿no? —en su estado normal quizá no lo hubiera confesado así de fácil, pero sin percatarse acababa de revelar a su mejor amigo que era virgen, probablemente el único virgen de los tres.

Megumi se puso serio y se volteó hacia enfrente, mirando al mismo lugar inespecífico que miraba Itadori.

Al notar que no le contestaba el chico suspiró.

—Quizá le hemos dedicado demasiado tiempo a la hechicería y hemos dejado de vivir nuestras vidas —afirmó Yuji arrastrando las palabras por el efecto del alcohol sobre su habla.

Hubo un momento de silencio donde Fushiguro bebió con exagerada lentitud. Al separar por fin la lata de sus labios estos hablaron sin pensar.

—Yo no tengo problema en dedicar mi vida a esto si tú continúas a mi lado.

Al escucharse a sí mismo se arrepintió un poco de haber dicho aquello, la frase había sonado más romántica de lo que esperaba. Afortunadamente Yuji estaba demasiado ebrio y no pareció haberlo interpretado así, ya que solo se rió un poco y se reclinó sobre la mesa apoyando su cabeza sobre uno de sus brazos.

Fushiguro estaba casi seguro de que su amigo lo estaba mirando desde aquella posición, pero todavía un poco avergonzado por lo que había dicho seguía mirando hacia enfrente mientras tomaba lentamente su cerveza. Un par de minutos después volteó a verlo para confirmar que, efectivamente, lo había estado mirando todo ese rato.

—¿Ya tienes sueño? —preguntó Megumi por la forma en que el otro estaba recostado y para tratar de olvidar lo que había dicho antes.

—¿Tú no quieres saber si yo me he acostado con alguien? —le preguntó con inocencia, arruinando el intento de Megumi por cambiar de tema.

En realidad no quería saberlo, pero Yuji siguió hablando antes de que pudiera responder cualquier cosa.

—Es obvio que no, ¿verdad? —soltó una risa divertida al decir eso—. Desde que Ozawa se dio por vencida conmigo ninguna otra me ha pretendido, ¿cómo quiero tener sexo si no soy popular con las chicas? Quizá debería aplicar lo que hace Kugisaki y buscar…

—Eso no tiene nada que ver —le interrumpió, un poco fastidiado por el rumbo que había tomado la conversación—, ni siquiera tiene que ser una chica forzosamente —de nuevo se volteó hacia enfrente al darse cuenta que empezaba a sentirse molesto. Terminó de un jalón el contenido de su lata y la dejó vacía sobre la mesa.

Al voltearse, Fushiguro no pudo ver el cambio en la expresión de su amigo, a quien se le había alterado el humor al escuchar esa respuesta. Itadori se enderezó sin dejar de mirarlo y seriamente preguntó:

—¿Te has acostado con un chico entonces? —ni siquiera lo pensó antes de preguntar, inesperadamente había sentido algo que, en su estado actual, difícilmente podía reconocer como celos.

—Mmm… —seguía sin mirarlo, inconforme con la interpretación que su amigo le había dado a sus palabras, así que decidió que debían cerrar el tema—. No creo que sea un asunto para compartir con cualquiera…

—¡Yo no soy cualquiera! —alzó la voz, casi gritando, antes de que Megumi pudiera precisar a qué se refería.

La forma en que le interrumpió hizo que Fushiguro por fin volteara a verlo para darse cuenta que lo había hecho enojar. Reflexionó un poco y decidió relajarse, después de todo eran mejores amigos, podían hablar de sexualidad con total normalidad.

—Tienes razón… —dijo más tranquilo, abriendo otra cerveza— si tanto quieres saberlo, pues no, nunca me he acostado con alguien —confesó sin alterar su característica seriedad y dio un largo trago.

El fluctuante humor de Itadori volvió a cambiar y ahora estaba de buen ánimo para indagar más en esa respuesta.

—¿Y no tienes ganas de hacerlo? —preguntó, genuinamente interesado.

Miraba en Yuji una honesta curiosidad y con la misma honestidad le respondió:

—Para mí no se trata de ganas, se trata de esperar a la persona con la que realmente quiero hacerlo, ¿me entiendes? Una persona especial… alguien que realmente signifique mucho para mí.

Aunque trató de evitarlo Yuji no pudo contener una ligera sonrisa. Lo que su amigo acababa de decir le parecía sumamente sensible, él siempre era así, aunque era un lado de él que no mostraba con facilidad. Ese tipo de cosas hacían que Fushiguro fuera muy atractivo ante sus ojos.

—¿Por qué eres tan guapo? —preguntó de la nada sin dejar de sonreír.

—Qué sepas que no me voy a acostar contigo si piensas seducirme con eso, estás borracho —pensó que el otro bromeaba, así que respondió jugando también.

—¿Y si no estuviera borracho?

La rápida respuesta de Yuji le incomodó, comenzaba a molestarle un poco que su amigo bromeara al respecto así que decidió cortar con eso.

—Vamos, Yuji, basta de juegos, ni siquiera te gustan los hombres.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Los pósters en tu habitación lo demuestran —soltó con fastidio—. Ya estás un poco grande para seguir con eso, ¿no?

—¿Te molestan? Puedo quitarlos si quieres.

Fushiguro no respondió. Se sintió avergonzado por haberlo dicho y más porque no sabía si Itadori hablaba en serio, si estaba jugando o si simplemente eran desvaríos de borracho.

Yuji notó que Megumi no le iba a contestar, así que prosiguió:

—Nunca te vi que tuvieras ese tipo de cosas… —comentó refiriéndose a las imágenes de mujeres en paños menores—. ¿A ti sí te gustan los hombres?

—No tengo interés por un género en especial —respondió al instante. No se avergonzaba de la verdad, pero ya estaba cansado de hablar de ese tema con Yuji, por lo que volvió a voltear hacia otra parte.

Itadori no estaba seguro si eso era un “sí”, pero después de meditarlo un poco pensó que sonaba coherente.

—Quizá yo tampoco.

Fushiguro lo ignoró pensando que seguía jugando, y mientras miraba hacia otro lado no pudo notar que la mirada de Itadori ahora estaba sobre su pecho, en aquel espacio que dejaba su camisa abierta del primer botón que soltaba al aire una pequeña parte de sus bien formados pectorales.

—De verdad que te has puesto muy guapo, Megumi, me gusta mucho cómo te ves.

Al escucharle Fushiguro volteó con la intención de decirle que ya se detuviera, pero al ver la sonrisa que tenía en su rostro después de haber dicho aquello supo dentro de él que Itadori ya no estaba bromeando y los fuertes latidos de su corazón le hicieron darse cuenta de que no podía enojarse con él; no podía molestarse con esos ojos tan adorables viéndolo de esa forma.

Carraspeó para controlarse y decidió regresarle el elogio para aparentar normalidad.

—Tu también luces bien, a pesar de estar ebrio —expresó serio.

La sonrisa de Yuji se agrandó y se apoyó en el brazo del otro, recargando la cabeza en su hombro.

—Te quiero.

Fushiguro se impresionó un poco al escucharlo y su corazón volvió a retumbar. Nunca le había dicho algo así y no es que Megumi dudara de su cariño, pues sus acciones siempre lo demostraban, pero nunca pensó que esas palabras saldrían de su boca con esa simplicidad.

Nuevamente se mantuvo en silencio y volteó el rostro hacia el lado contrario para que su amigo no viera que se había sonrojado.

Yuji levantó la cabeza al notar que su amigo no le decía nada.

—¿Tú no me quieres?

Su voz era tierna a pesar de su evidente ebriedad y Megumi apretó los ojos porque no quería voltear a verlo, pero su corazón latía tan fuerte que sentía que si no decía algo se le iba a salir por la boca.

Dejó escapar una gran bocanada de aire y por fin volteó a verlo. Yuji seguía ahí, con su adorable mirada sobre él y Fushiguro sonrió un poco desanimado.

—Ni siquiera te vas a acordar de mi respuesta mañana.

Siempre que tomaba de más Itadori hacía tonterías y cosas vergonzosas de las cuales nunca se acordaba al día siguiente, por eso Megumi no veía que valiera la pena contestar; no quería abrir su corazón si sus sentimientos iban a caer en la nada.

—Yo sí te quiero, Megu, te quiero mucho… —con sus dos brazos envolvió el brazo de Fushiguro y volvió a apoyar su cabeza en él. Cerró los ojos sintiendo una enorme relajación.

El que no estaba para nada relajado era Megumi. Se sentía un tonto por no poder responder algo tan sencillo, algo de lo que estaba completamente seguro, pero que jamás creyó que tendría que decir en voz alta en una situación así.

Yuji sentía que se iba a quedar dormido en aquella posición tan cómoda y sonrió al pensar en lo agradable que era tener a su mejor amigo así, abrazado a él.

—¿Me quieres? —insistió en un hilo de voz tan suave que creyó que solo se quedaría en el aire, pero la tajante respuesta de Megumi le despabiló.

—No. No te quiero, Itadori —expresó con una seriedad que le salía como mecanismo de defensa para ocultar su timidez y, seguro de que su amigo no lo iba a recordar al día siguiente e influenciado por el alcohol que recorría su cuerpo, por fin reconoció—: En realidad… te amo… al punto de que soy capaz de no hacer nada contigo nunca si con eso me aseguro de no perderte jamás.

Todo se volvió silencio. Hasta el ruido del lugar y de las personas alrededor pareció apagarse ante la espera de una respuesta, algunos segundos que para Megumi parecieron horas, haciéndole creer que Itadori se había dormido antes de escuchar la confesión que le acababa de hacer.

Sintió que su amigo dejaba de abrazar su brazo y levantaba la cabeza. Lo miró directamente tratando de encontrar una respuesta en su rostro y cuando sus ojos se encontraron Yuji le sonrió.

—Vuelve a decirme esto mañana, ¿sí? Entonces estaré en condiciones de recordarlo siempre… y en condiciones para que puedas acostarte conmigo si quieres —se rio, con una risa tan adorable que tuvo el poder para disipar todos los miedos dentro de Megumi—, porque yo no me pienso acostar con nadie más y ya me cansé de ser virgen… y si no es contigo no voy a poder dejar de serlo —se volvió a reír, apoyando nuevamente su cuerpo contra el del chico que tenía a un lado.

Más tranquilo, después de escuchar la simpleza con la que su mejor amigo decía aquello, una leve sonrisa se le escapó y dejó que su cabeza descansara sobre la que estaba apoyada en su hombro. Fushiguro tampoco iba a dejar de serlo si no era con él, pero a diferencia de Itadori él no tenía prisa; sin importar cuántos años tuvieran lo más importante para Megumi era continuar con la relación que tenían y no la iba a poner en riesgo solo por un acostón.

Esperaba de verdad que al día siguiente Yuji se acordara de esta conversación, quizá era lo único que necesitaba para estar seguro de que podrían dar ese paso sin poner en riesgo el cariño que les unía.

Se quedaron un ratito más así, con sus cabezas pegadas, pensando en lo cómodo que era tener sus cuerpos juntos, uno al lado del otro.

—Creo que ya es hora de irnos —le quitó a Itadori la lata vacía de las manos y ambos se reincorporaron—. ¿Te pido un taxi?

—Si me va a llevar a tu casa, me parece bien —respondió con una sonrisa y Megumi no se lo pudo negar. Salieron juntos del bar.

Itadori se quedó dormido durante el trayecto, por lo que al llegar a casa de Megumi el chico tuvo que ayudarlo a bajar con bastante dificultad, ya que no lograba despertarlo por completo. Yuji estaba demasiado ebrio como para caminar solo y las fuerzas de Fushiguro tampoco eran muchas debido a la bebida, pero después de mucho esfuerzo por fin pudieron entrar a la casa.

Lo llevó directamente a la habitación con la intención de acostarlo en la cama para que ambos pudieran dormir, pero en su intento por acomodarlo Yuji lo jaló y su falta de equilibrio le hizo caer sobre él.

Se sostuvo poniendo los codos a los lados de la cabeza del otro, un poco asustado por la inesperada caída, aunque enseguida se calmó al encontrarse de cerca con aquella mirada que conocía tan bien, pero que ahora le miraba con otras intenciones.

Ambos lo sabían, lo que cada uno sabía que el otro deseaba y ya no lo pudieron evitar: Megumi se agachó al mismo tiempo que Yuji levantó la cabeza y sus labios se unieron suavemente, con una ternura que ninguno imaginó encontrar en su primer beso.

Se separaron apenas unos milímetros; al mirarse no encontraron sorpresa, solo la emoción de saber que, finalmente, se atrevían a dar el siguiente paso.

Sin temor a romper la magia, Fushiguro se quejó:

—No me gusta la idea de que nuestro primer beso haya sido de esta forma.

—A mí sí, porque estando sobrio nunca te hubieras atrevido —se rio y levantó la mano para acariciar su rostro—. ¿Sabes qué? Ya no me gustan las mujeres, tampoco me gustan los hombres, solo me gustas tú… ¿Puedo ser ese que estás esperando? ¿Ese alguien especial?

Al instante supo a lo que se refería y más que sorprenderse se conmovió. No sabía si Yuji mantendría su palabra cuando se le pasaran los efectos del alcohol, pero decidió que si solo se trataba de un momento entonces atesoraría este momento en su corazón.

Volvió a bajar la cabeza para unir sus labios nuevamente, sin palabras dijo un “sí” con ese beso y después le abrazó, hundiendo la cara en su cuello. Era tan cómodo, tan cálido, tan familiar… Era la felicidad.

Unos segundos habían pasado cuando se percató del cambio en la respiración de su amigo. Levantó la cabeza para mirarlo y descubrió que se había dormido. Sonrió por la ternura que emanaba y lo acomodó para poder acostarse junto a él.

Teniéndolo a su lado se dedicó a observarlo. Desde hacía mucho tiempo estaba enamorado de él y nunca esperó nada más, siempre evitó hacer cualquier cosa que le delatara precisamente para no sentir el miedo que ahora experimentaba, el temor de que lo que acababa de pasar no fuera real, que fuera algo que quedara solo en su memoria, convertido en un simple sueño. Finalmente, cerró los ojos y se quedó dormido también.

A la mañana siguiente Yuji fue el primero en despertar y no pudo evitar sonrojarse al darse cuenta de lo cerca que estaba del rostro de su amigo. Increíblemente podía recordarlo todo: la confesión de Megumi, su primer beso, la propuesta que le hizo para tener con él su primera vez… No podía creer que se hubiera atrevido a tanto, no cuando nunca quiso pensar en Megumi como algo más.

Tenía que admitirlo, él también sentía cosas por su amigo desde sus años de estudiantes, pero también le asustaba poder dañar su relación si la convertían en otra cosa.

Seguía mirándolo cuando Megumi abrió los ojos. Había dormido infinidad de veces en su cama y nunca se había puesto tan nervioso al tenerlo cerca; nunca esa mirada había ocasionado que su cara se ruborizara por completo.

—¿Te acuerdas de lo que pasó anoche? —fue lo primero que salió de la boca de Megumi; no era momento de saludar ni de fingir que todo era como siempre, necesitaba saber si ahora su “siempre” podía ser con él a su lado.

Itadori tardó un poco en contestar, como si tuviera desconfianza de caminar el único paso que faltaba… Pero podía recordar absolutamente todo lo que Fushiguro le había dicho y eso lograba que, viniendo de alguien tan sincero como lo era él, fuera suficiente para perder el miedo.

—Entonces… —carraspeó un poco la garganta—. Si te confieso la verdad… ¿lo vas a hacer conmigo?

De nuevo sacaba el tema del sexo. ¿De verdad quería hacerlo con él? ¿O sería que solo se acordaba de esa parte de la conversación?

—¿Qué verdad?

Yuji se acostó de lado para que sus cuerpos quedaran de frente y buscó una de sus manos para sostenerla al confesar:

—No era cierto que solo te quiero... Yo también te amo.

No era muy común ver a Megumi sonreír, pero con esa sonrisa que le regaló le dio la respuesta que necesitaba. Un “sí” más fuerte que cualquiera que pudo pronunciar con palabras, aquel que reafirmaba el “sí” que le había dado la noche anterior cuando le preguntó si podía ser él ese alguien especial.

El beso se repitió, pero ahora como el comienzo del encuentro entre dos cuerpos que se habían esperado durante tanto tiempo y que, al unir sus almas, nunca se volverían a separar.

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