Prólogo y Cap. 1: De Ectha
Prólogo: UNA NOTA
“Año 2700. El planeta Tierra sigue habitado por los humanos, quienes ya han agotado la mayor parte de los recursos naturales de la superficie. Los océanos se han secado ya hace un siglo, dejando a la población codiciando agua traída por cometas errantes que chocan con la tierra debido a la ausencia de la atmósfera que los protegió durante casi 200 años tras la partida de la Alianza. Pedimos auxilio o recursos para no morir en la ausencia de ustedes. ¡Salven lo que queda del planeta!
Lostla, Tierra a Zaelthyr X. Año 2700 D.S”
Este mensaje fue enviado de manera ilegal al sistema Zaelthyr X, se informa a la población de los planetas del Exterior mantener la calma ante el mensaje, pues las fuerzas de la Alianza se están preparando para ir a la Tierra en aproximadamente dos meses Zaelthirienses, o un año terrestre para los recién llegados del conocido Sistema Solar Original.
Junto con esa información, se les pide una cooperación de personal para la armada. La misión pide un mínimo de 40.000 soldados, se pide cooperación por parte de la población para retomar el planeta Azul.
Sigan con una buena vida, gente de la Alianza.
XXXXX — Zaelthyr X, planeta Sirfón año 300 D.L.
1. De Ectha
Ectha despertó agitado al oír a los guardias gritar fuera de su habitación, era normal oírlos hablar afuera, pero gritar nunca. Ectha, con manos temblorosas, tomó una navaja y abrió la puerta, sudando por el miedo y por el calor del desértico planeta. “¿Qué podría ser? un intruso posiblemente” pensó Ectha mientras avanzaba descalzo por el pasillo, escuchando cada vez más cerca los gritos de los soldados. Tragando saliva, Ectha giro por la esquina del pasillo, encontrando a los soldados haciendo barreras con los escudos antimotines. Claramente si había un intruso, pero…
—¿Para qué tanto esfuerzo…?— preguntó el niño a uno de los soldados, su voz temblando un poco mientras afirmaba el cuchillo como si él mismo fuera parte del ejército, aunque solo fuera para mostrarse valiente., costándole debido a su pequeña fuerza de niño.
—¡Hijo del Dictador! ¡Usted no debería de estar aquí! ¡Flender, lleva al chico a su habitación antes de que le pase algo!— dijo el soldado, mirando a los lados para ver si el Dictador estaba cerca. Al ver que no, apuntó a un soldado y le dio la orden.
—Señor… ¿Usted sabe qué está pasando…?— le preguntó Ectha a Flender, soltando el cuchillo en el pasillo mientras era llevado de regreso a su habitación, Flender mirando constantemente hacia atrás para asegurar que nadie se acerque.
—Mira, niño… Hay gente mala que quiere… ehhh… hacer esto a tu padre— se pasó el dedo por el cuello mientras ponía los ojos en blanco, simulando una decapitación al niño —, ¿entiendes…? Uno de esos hombres malos está aquí, y quiere hacer “Kaboom” a tu padre… así que lo mejor es que vuelvas a tu habitación, ¿ya? Anda, puedes leer si quieres— intentó calmar al niño, justo cuando se escucharon disparos desde la esquina del pasillo.
—¡Flender, defiende al niño!— dijo el capitán, empezando a disparar hacia la figura que corría hacia ellos, justo cuando el sujeto se les lanzó encima y activó una granada, llevando consigo un total de 10 vidas.
—Oye, niño… lo mejor que puedes hacer ahora es irte de aquí… corre hacia la escalera y grita, grita lo más fuerte que puedas, ¿ya? yo te cuido desde aquí…— dijo Flender, señalando el fondo del pasillo, donde habían unas escaleras que llevaban al patio de armas. Ectha empezó a llorar por el miedo antes de empezar a correr hacia la escalera mientras Flender tomaba posición con su arma, apuntando hacia el otro lado del pasillo. No había un solo terrorista, eso era ahora claro.
Ectha corrió con toda la fuerza que sus piernitas de 7 años tenían. El niño corrió aunque pisará baldosas rotas, haciéndolo sangrar levemente, pero eso no lo hizo parar. Cuando estuvo a pocos pasos de la escalera, escuchó disparos nuevamente. Flender estaba disparando contras dos terroristas que se defendían usando los escudos antimotines que quedaron luego de la explosión anterior. Poco después, en un acto por defender al niño, Flender se lanzó contra los terroristas, usando sus propias granadas contra ellos mismos. Ectha lo vio desaparecer en una nube de fuego, aunque las lágrimas le impedían ver bien lo que pasó, pero lo supo por intuición.
—no…— soltó el niño mientras miraba el fuego un rato más antes de bajar las escaleras, tropezando al bajar con los ojos cerrados, prácticamente rodando escalera abajo hasta llegar al patio de armas, y soltando un grito con toda la fuerza de sus pequeños pulmones —¡AHHHHHHHHHHHhhhhhhh!
Al oír ese grito, los soldados que estaban en el lugar fueron corriendo, y al ver al hijo del Dictador llorando, supieron que algo había pasado, así que fueron escaleras arriba para ver, dejando un par de hombres para consolar al niño y esperar a que su padre llegue a la zona.
—tranquilo, tranquilo… shh… no llores…— consoló uno de los soldados, dándole palmaditas en la cabeza mientras Ectha bajaba el llanto poco a poco, justo cuando Xec llegó.
—¿Qué le sucedió a mi hijo?— dijo Xec con voz fría mientras se acomodaba el cuello de la camisa —¡Les dije que me digan que le paso!— su paciencia colapsó.
—¡S-Señor Dictador! S-su hijo vino llorando… pero no nos ha dicho el motivo, señor…— intentó justificar uno de los soldados, justo cuando volvió uno de los que habían subido las escaleras.
—¡Todos los soldados en posición! ¡La habitación del chico está bajo ataque!
En efecto, la habitación de Ectha estaba con al menos tres personas, los soldados aún no abrieron fuego pues el propio Xec les había dado la orden de esperar a ser atacados para atacar.
—Solo… solo están quietos ahí. No están atacando, no parecen suicidas como los ya neutralizados…— explicó el soldado.
—Entonces intenten hablar con ellos, ¿o acaso solo saben apuntar y disparar? vaya soldados…— dijo Xec mientras soltaba un suspiro cansado antes de subir las escaleras.
En el pasillo, aún estaba el fuego de las explosiones anteriores, pero también habían más cosas: más cuerpos tirados, pero… ¿Cómo? No se habían escuchado disparos ni gritos. ¿Fueron dejados esos cuerpos o fue una pelea silenciosa?
—Soldado, informe de la situación— exigió Xec, cruzando la barrera de escudos hasta llegar al general.
—Son dos adultos y un niño, señor… ¿deberíamos abrir fuego…?— preguntó confundido el soldado.
—Dejen al niño con vida, a los adultos pregunten sus intenciones y luego vean si los ejecutan o no— ordenó mientras se alejaba escaleras abajo para poder consolar a Ectha, quién seguía llorando abajo.
—Ya oyeron al jefe, identifíquense— dijo el soldado, abriendo la puerta, dejando ver una mujer joven, posiblemente de 26 o menos. El hombre no parecía mayor que la mujer. El niño tenía una marca de golpe en la mejilla, posiblemente se había golpeado con algo mientras sus padres lo llevaban dentro. Eran una familia.
—S-soy Lasster… Ella es mi pareja Luna… y este es nuestro Viorath…— dijo el hombre, abrazando a la mujer y al niño de manera protectora —No tenemos malas intenciones… afuera del palacio la ciudad está bajo el control de alguien peor que el Dictador… no queremos que nuestro pequeño viva en las ruinas de las ruinas…
—Son padre, madre e hijo… Kloen, llvalos a una habitación y tratar sus heridas… por Ley no podemos dañar a una familia…— dijo el soldado, entrando y ayudando a llevar al niño a enfermería.
Mientras tanto, en el frío y vacío patio de armas, Xec tomó en brazos a Ectha mientras lo llevaba a la habitación de él y la madre del niño, Lianka.
—Lia, el niño tiene miedo… ¿quieres ayudarme a consolarlo? no logro hacer que deje de llorar…— dijo Xec mientras entraba a la habitación, donde Lianka estaba medio dormida antes de recibir a Ectha en brazos, empezando a hacerle caricias en la cabeza.
—Mamá… tengo miedo…— dijo el pequeño, aferrándose a los brazos de su madre con toda la fuerza de sus pequeñas manos.
—Mi pequeño… tranquilo… todo va a estar bien…— consuela su madre mientras lo mece lentamente para hacerlo dormir. Cuando los ojitos de Ectha se cerraron, Lianka miró a Xec —Algo ocurrió, ¿Cierto? no creas que no veo el fuego desde aquí, tan tonta no soy, querido…— dijo, mirando por el ventanal hacia el otro lado del patio de armas, donde el fuego de las explosiones se veía como manchas naranjas con humo negro subiendo.
—Terroristas… atacaron el ala este… querían matar a nuestro pequeño… por suerte supo actuar la milicia y se pudo salvar…— explicó Xec, pero Lianka lo miró a los ojos.
—Tu tono de voz me dice que me ocultas algo, cariño… ¿no me tienes confianza?
—Siempre has tenido esa habilidad… bueno… aparte de los terroristas, los soldados encontraron una familia en la habitación de Ectha… aparentemente eran más, pero murieron de alguna forma… los soldados creen que es por envenenamiento, porque no hubo pelea…
—Suenas asustado también… ven aquí… Ectha no es el único que necesita un abrazo por lo que veo— Lianka soltó una risa mientras daba un par de palmadas al lugar vacío a su lado. Xec se rindió y se abrazó a su esposa e hijo.
Y así pasaron la noche, siendo una familia muy distinta a la que los de afuera del Palacio creían que era.








