Prólogo
Ha pasado más de un año de que aquello se nos escapó de las manos.
Y de nuevo estoy aquí con mi cabeza dando vueltas sin saber que hacer cuando se trata de ti.
Lo he hablado un par de veces con amigos, de como para ti todo fue volatil y para mí... Mejor ni pensar en ello, me pesa cada vez que lo admito en mi cabeza.
Me fui de aquí un año en busca de borrar lo sucedido porque me martillaba la cabeza sin parar. Todos siguieron reuniondose y el mundo siguio girando sin importarle lo mucho que yo seguía parada en el pasado.
Tu voz. Tu sonrisa. Tus labios. Todavía era capaz de recordarlos con demasiada claridad.
Nuestras mentes insistían en negar aquello que nuestros cuerpos entendían demasiado bien.
Y ahora el calendario me recordaba todo con extremada claridad, viaje hasta aquí por nuestro campamento anual, aquel que haciamos desde que eramos unos jovencitos, donde la vida no iba tan en serio.
El mismo bosque. Las mismas personas. La misma tradición que llevábamos repitiendo desde hacía años.
Solo que esta vez tú llegarías tomada de la mano de alguien más.
Si hubiera sabido que aquel sería el último verano en el que todo parecía normal, quizá habría inventado una excusa para no ir.
De hecho, tenía una razón para no ir.
Y era exactamente la misma por la que terminé regresando.
Pero nadie puede reconocer una tragedia antes de que ocurra. ¿O sí?
El camino hasta el punto de encuentro se sintió más largo que de costumbre. Cambié de canción tantas veces que terminé conduciendo en silencio, no sé si estaba ansiosa por verla o tremendamente asustada por el golpe que se avecinaba.
Cuando llegué todo era risas, buen ambiente, el mismo de siempre, me contagie un poco no mentire pero, en cuanto estuve por adentrarme al bosque algo en mí me hizo hacer una pausa.
Miré por última vez el estacionamiento. Las camionetas permanecían inmóviles bajo el sol de julio. No había nada extraño en ellas y, aun así, algo dentro de mí insistía en que debería de regresar.
En ese momento no entendí por qué.
—Oye Gio, vamos ya veras que a pesar de todo nos la pasaremos bien.
—No es eso... solo tuve un mal presentimiento.
Marcos soltó una carcajada y pasó un brazo sobre mis hombros.
— Siempre tan dramática, Gio. Admítelo, estás nerviosa porque vas a volver a verla.
Ojalá hubiera tenido razón para reírme con él.









