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¡¿Quién se casa en Diciembre?!

Summary

En sus años como taxista, Denki sentía que lo había visto todo; hasta que le tocó llevar a no solo uno, sino dos novios fugados lejos de la ira de sus ex prometidos

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Chapters
8
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Novios fugados

Si algo había aprendido Kaminari Denki desde que se mudó a New York es que la vida no era barata. Los alquileres eran costosos, la comida no caía del cielo y el dinero se iba tan rápido como llegaba.

Así que tener varios empleos parecía ser su mejor solución en lo que su carrera como escritor despegara.

Y si bien al inicio le había costaba mucho encontrar un balance con sus horarios, ahora que se había acostumbrado a ese ajetreado ritmo, podía decir que hasta disfrutaba de sus empleos. Sobretodo porque el chisme abundaba en cada uno de ellos y eran una musa para sus escritos.

El ser mesero le daba un amplio repertorio de conversaciones de las cuales nutrir su imaginación, y su trabajo en el salón de belleza era aún más nutritivo ya que los mismos clientes eran los interesados en contar sus historias.

Pero sin duda del trabajo que más disfrutaba era el ser taxista. Y es que podía jactarse de haberlo visto todo, al punto de que ya nada podía sorprenderlo.

Había llevado desde borrachos parlanchines a empresarios de todo tipo. Incluso había logrado participar de esas típicas escenas de “¡Siga a ese auto!” que casi parecían solo de película.

Pero esa tarde de diciembre, un curioso par le demostraría que aún tenía cosas por ver.

— ¡Bájate!

— ¡Tú bájate! ¡Es mi maldito taxi!

— ¡Eso no es cierto! ¡Yo subí primero!

La discusión en el asiento trasero del taxi seguía subiendo de volumen y Denki solo se preguntaba cuando se pondrían de acuerdo, pues empezaba a ver a los que suponía eran las parejas del par de novios recién fugados, acercarse cada vez más.

— ¡Katsuki!— ¡Izuku!

Dos voces gritaron furiosas al mismo tiempo, haciendo que el par dentro del taxi finalmente dejara discutir.

— Olvídalo— Al demonio

Dijeron simultáneamente antes de cerrar estruendosamente las puertas y gritar un “¡¡Avance!!” imperiosamente.

Para lo único que se ponen de acuerdo es para gritarme Pensó Denki reteniendo un puchero, antes de acelerar y llevar a los dos fugitivos lejos de las represalias de sus acciones.

Nunca había llevado a alguna novia prófuga lejos de la iglesia y de un novio furioso. Pero ahora que estaba llevando a esos dos novios fugados, la idea ya no le parecía tan divertida, pues sus respectivas parejas parecían demonios recién salidos del averno.

Sin embargo, aunque ninguno de los tres lo supiera aún y pese a todo, ese iba a ser el extraño inicio de una aventura y una futura amistad.

✧✧✧

Ya llevaban varios kilómetros recorridos cuando uno de los pasajeros al fin salió del estrés del escape, y cayó en cuenta de que nunca le habían dicho al taxista a dónde debía llevarlos.

— Umm... Disculpe, pero ¿a dónde nos está llevando? — preguntó el chico, mirando nerviosamente la calle, pues no reconocía nada de su alrededor.

— ¿Ah? — respondió Denki girándose un poco para ver por sobre su hombro a quien le había hablado. Al parecer era el fugitivo que tenía el pelo verde — Pues... No lo sé

— ¿Cómo carajos no sabe? — el segundo pasajero pareció reaccionar también y le dedicó una mirada amenazante al conductor mediante el retrovisor.

— ¡Ustedes fueron los que se subieron y solo me dijeron que avance! — trató de defenderse Denki — Solo avancé en línea recta esperando alguna indicación — explicó nerviosamente, rezándole a la virgen para que sus pasajeros no fueran mafiosos. Después de todo, ya había pasado por eso y no lo recomendaba.

De hecho, la mafia fue la causante de su trauma de avanzar sin hacer preguntas para empezar, y aquel pasajero con el cabello color rubio ceniza tenía toda la pinta de ser algún tipo de jefe de la mafia.

— Lo siento, tiene razón — el peliverde del grupo se disculpó, ya más tranquilo al saber que al menos no estaba siendo secuestrado.

— Tsk — fue la única respuesta del cenizo girándose a la ventana para tratar de ubicar dónde estaban, para luego sacar un teléfono del bolsillo de su blanca chaqueta y escribir un mensaje de texto.

Denki los volvió a mirar por el retrovisor antes de hablar.

— Entonces... ¿a dónde los llevo? — se animó a preguntar al ver que no iba ser balaceado.

— Yo... Realmente no tengo a dónde ir — musitó el peliverde con un tono lastimero que a Denki le hizo recuerdo a un cachorrito pateado.

— A mí lléveme al aeropuerto — comandó el cenizo, ignorando el aura apesadumbrada del peliverde, mientras seguía tecleando cosas en su teléfono.

— A sus órdenes jefe — Denki respondió, cambiando de dirección de inmediato y encaminándose al aeropuerto. Igual, ya después si su otro pasajero decidía a dónde quería ir, podían hacer la ruta luego de dejar al cenizo. O si al final no se decidía, siempre podía recomendarle opciones, no por nada su servicio en taxi tenía las mejores reseñas.

El peliverde por su parte, ajeno a todo el monólogo interno del taxista, lidiaba con su propia introspección. Escapar había sido un impulso así que no tenía un plan.

Pero, ahora que su acompañante había pedido ir al aeropuerto, no le parecía una mala idea hacer eso también. Igual, ya no tenía nada que perder, y tampoco quería meter en problemas a los pocos amigos que tenía en caso de pedirles ayuda o un lugar para quedarse.

Si... su su mejor opción era escapar lejos de esa ciudad.

Solo esperaba que en el aeropuerto tuvieran alguna tienda en la que pudiera empeñar su anillo, pues no tenía ni un peso en el bolsillo. ¡Es más, ni bolsillos tenía! ¡Maldito fuera su ex prometido y sus ganas de decidir hasta el traje que iba a usar!

El sonido de unos gritos furiosos, distrajo al peliverde de sus pensamientos de resentimiento.

Miró por la ventana, notando que los gritos provenían de una limosina blanca justo detrás de ellos.

— Ammm... Nos están siguiendo — informó Denki antes de que el pecoso pudiera hacerlo.

— ¿Qué? — preguntó el rubio ceniza que, al estar ensimismado con su teléfono, no se había percatado de los gritos. Sin embargo, luego de ver la limosina y reconocerla, dio un golpe en el asiento de Denki — Mierda. ¡Piérdala! ¡Ahora! — comandó.

Denki sintió un escalofrío recorrerle — Claro jefe — respondió por costumbre, empezando a utilizar las maniobras que tanto le habían costado aprender (Literalmente casi le costaron la vida, pues cuando las aprendió, lo estaban apuntando con un arma).

Pero increíblemente, aunque hasta se salió del camino y fue de retro para entrar a una calle, al perseguidor no le importó seguirlos y meterse en contra ruta con tal de no perderlos.

Ya me suponía que el rubio era de la mafia ¿Por qué siempre me tocan los mafiosos? pensó Denki aún nervioso de que de un momento a otro empezaran a lanzarle balazos.

Siguió conduciendo, y trató de buscar en su mente todos los atajos que conocía para perder a la limosina. Sin embargo, cuando ya había logrado ingeniar una ruta, su segundo pasajero dio un salto y golpeó también su asiento.

¿Pero qué les pasa a estos dos con golpear mi asiento?

— ¡Oh no! Tiene que perderlos por favor — le pidió el peliverde con clara angustia en su voz, y solo por eso Denki le perdonó el golpe.

Vio por el retrovisor, y notó que ahora eran dos las limosinas blancas que lo perseguían.

Bueno, al menos no puedo decir que fue un día aburridopensó, mientras le pedía a sus pasajeros que se pusieran los cinturones.

Con sus pasajeros seguros (más o menos, pues no recordaba si había cambiado los seguros luego de que Don Salvatore, les diera un balazo), empezó a hacer más maniobras y trató de entrar a la ruta que había pensado hace unos minutos atrás.

El taxi daba giros bruscos y las ruedas ya olían a caucho quemado por la fuerza de roce al tomar las curvas, pero todo valió la pena cuando después de unos minutos de persecución ya no vieron más las limosinas blancas detrás de ellos.

Aún así, Denki no se confió y siguió avanzando un par de metros más antes de finalmente reducir la vertiginosa velocidad a la que iban.

Una vez se estacionó, miró hacia atrás para ver cómo estaban sus pasajeros, encontrándolos uno encima del otro y tratando de sostenerse como podían de los asientos. Supo que después de todo no había cambiado los seguros y que debieron soltarse en algún momento de la carrera.

— Gracias por perderlos — el peliverde agradeció, bajándose del regazo del cenizo y acomodándose sobre el asiento, mientras miraba hacia atrás de reojo.

— Conduce como un loco — expresó el cenizo, pero cuando Denki estaba por quejarse, escuchó que el cenizo añadió un ”Gracias, o lo que sea“.

— ¿Vamos al aeropuerto entonces? — preguntó en caso de que alguno hubiera cambiado de idea. Pero al parecer no fue el caso, porque ambos pasajeros asintieron.

Encendió nuevamente el motor y a una velocidad moderada manejó hacia el aeropuerto.

En el camino trató de entablar conversación para romper el hielo, pero solo el peliverde le siguió la conversación, pues el cenizo parecía más interesado en su teléfono.

Luego de algunos minutos llegaron a su destino, pero como la suerte no parecía estar del lado de ese par, un par de limosinas estaban estacionadas frente a la puerta.

— Mierda

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