only one
El aire dentro del coche de Taehyung olía a una peligrosa mezcla de perfume floral caro, sudor, vodka con fresa y el ambientador de pino que colgaba del espejo retrovisor.
La noche en Seúl era un borrón de luces de neón y farolas, pero a Taehyung le importaba muy poco el paisaje urbano.
Su atención estaba dividida entre la carretera y el espejo retrovisor, donde la escena que estaba pasando en el asiento trasero estaba a punto de hacerle estrellar el coche contra un poste de luz.
—Chicos, por favor les suplico que se comporten —dijo con una voz que intentaba sonar firme pero que salía como un quejido desesperado.
Apretó el volante con fuerza, los nudillos blancos.
En el asiento trasero, Jimin con su cabello castaño recogido en una coleta despeinada, sus ojos brillantes por el alcohol y sus labios hinchados; estaba sentado a horcajadas sobre el regazo de Jungkook.
Su vestido negro, ajustado y corto se había subido peligrosamente hasta medio muslo y las tiras de su sujetador asomaban por uno de los hombros.
Jungkook, por su parte, estaba recostado contra la puerta trasera, su camisa blanca desabrochada hasta el ombligo, dejando ver el contorno de su torso marcado.
Sus dedos se enredaban en la cintura de Jimin con una familiaridad que sugería que esto no era la primera vez.
—Tae, no mires —dijo Jungkook con voz ronca y grave, con un tono que intentaba ser autoritario pero que solo lograba sonar excitado.
—¡Es mi coche! ¡Miro donde quiero! —gritó Taehyung y luego se arrepintió inmediatamente porque, efectivamente, miró y vio cómo Jimin se mordía el labio inferior mientras movía sus caderas en círculos lentos sobre el bulto que se formaba en los pantalones de Jungkook.
Jimin soltó una risita baja, su mano viajando por el pecho de Jungkook, trazando el contorno de sus pectorales a través de la tela de la camisa.
—Jungkookie está muy tenso —dijo en un susurro ronco y peligroso. —Necesita relajarse.
—¡Yo necesito relajarme! —exclamó Taehyung dando un golpe al volante. —¡Yo soy el que está conduciendo borracho en medio de la noche mientras ustedes dos hacen… eso!
—No estamos haciendo "eso" —dijo Jimin con una inocencia fingida que resultaba absolutamente obscena.
Se inclinó hacia adelante, sus tetas presionándose contra el pecho de Jungkook y susurró algo en su oído que hizo que el más joven soltara un gemido ahogado.
—¿Qué te ha dicho?—preguntó Taehyung sin poder evitar la curiosidad mórbida.
—Que le gusta mi olor —dijo Jungkook sonriendo con arrogancia.
—¡Eso no es lo que dije! —Jimin le dio una palmada en el pecho, riendo. —Dije que hueles a hombre y a whisky, y que eso me vuelve loco.
—¡PEOR! —gritó Taehyung. —¡Eso es peor! ¡Es poesía erótica! ¡En mi coche!
El coche hizo una pequeña zigzagueada cuando Taehyung se sobresaltó al ver por el espejo retrovisor cómo Jimin deslizaba sus dedos por la mandíbula de Jungkook, inclinando su rostro hacia arriba para besarlo.
El beso fue lento, profundo. Taehyung pudo ver la lengua de Jungkook deslizarse entre los labios de Jimin con una precisión que hablaba de mucha práctica.
—Voy a parar —dijo Taehyung, su voz elevándose a un tono agudo. —Voy a parar en la siguiente gasolinera y los voy a separar. Jimin, te sientas en el asiento del copiloto. Jungkook, te ato con el cinturón de seguridad y te pongo una mordaza.
—No harás eso —dijo Jimin separándose de Jungkook con un sonido húmedo. Sus labios estaban brillantes, su maquillaje ligeramente corrido, y sus ojos tenían ese brillo peligroso que Taehyung conocía demasiado bien. —Si nos separas, Jungkook se va a poner muy, muy malo.
—Ya está malo —murmuró Jungkook, empujando sus caderas hacia arriba, frotándose contra el coño de Jimin. —Muy malo.
—¡NO ME REFIERO A ESO! —Taehyung bajó la ventanilla esperando que el aire frío de la noche tranquilizara la calentura de los del asiento trasero. No funcionó. El aire solo trajo el sonido de los gemidos de Jimin cuando Jungkook apretó sus nalgas con fuerza.
—Tae —dijo Jimin en un ronroneo. —Relájate, esto es natural. Dos personas adultas que se desean. ¿Qué tiene de malo?
—¡Que mi coche nuevo tiene asientos de cuero y un sistema de sonido excelente, y no pienso permitir que lo conviertan en un motel sobre ruedas! —replicó Taehyung.
—Entonces pon música —sugirió Jungkook, su mano viajando por el muslo desnudo de Jimin, acariciando la piel suave y cálida bajo el vestido.
—¡No voy a poner música para que ustedes tengan su propia banda sonora de sexo!
—Por favor, Tae —Jimin hizo un puchero exagerado con sus ojos brillando de picardía. —Solo una canción.
—No.
—Taehyung —dijo Jungkook, su voz un susurro grave y persuasivo, mientras sus dedos se deslizaban hacia el coño de Jimin. —Pon "Blood Sweat & Tears". Es la canción favorita de Jimin.
—¡ESA CANCIÓN ES SOBRE LA TENTACIÓN, NO SOBRE EL SEXO EN UN COCHE!
—Tae, cariño —dijo Jimin, inclinándose hacia el asiento delantero y apoyando su barbilla en el respaldo, su aliento caliente contra la oreja de Taehyung. —Tú sabes que esa canción es perfecta. El ritmo, la letra, la energía… —Su mano se deslizó hacia el hombro de Taehyung acariciándolo suavemente. —Además, si pones música no tendrás que escuchar nuestros gemidos.
—¡Los voy a escuchar igual! —gimió Taehyung.
Pero ya era demasiado tarde.
Jimin se había reclinado de nuevo y sus manos estaban ocupadas bajando la cremallera de los pantalones de Jungkook. El sonido metálico resonó en el interior del coche como un disparo.
—Jimin, no —dijo Jungkook, pero su voz no tenía ni un ápice de convicción. Sus manos estaban ocupadas subiendo el vestido de Jimin, exponiendo sus bragas de encaje negro.
—Jimin, SÍ —corrigió el castañito mordiendo su labio inferior mientras se movía sobre él frotándose contra su erección a través de la tela de su ropa interior.
Taehyung miró por el espejo retrovisor y se encontró con la imagen de Jimin encima de Jungkook, su vestido subido hasta la cintura, sus muslos abiertos, sus bragas negras haciendo un contraste brutal con la piel dorada de sus piernas.
Jungkook tenía las manos en sus caderas, guiando sus movimientos y su respiración se estaba volviendo errática.
—Tae —dijo Jungkook con voz entrecortada. —Gira a la derecha en la próxima calle.
—¿Por qué?
—Porque ahí hay un callejón oscuro y puedes estacionarte y dejar de ver esto —dijo Jungkook y Taehyung sintió un escalofrío.
—¡Eso no es gracioso!
—No es gracioso —dijo Jimin, su voz se había vuelto más grave, más ronca. —Esto es muy serio, Tae. Muy serio.
Y para demostrarlo, deslizó sus bragas hacia un lado y se sentó sobre Jungkook. El gemido que escapó de los labios de Jungkook fue tan obsceno que Taehyung casi se desvía.
—¡JIMIN!
—Es solo… —Jimin inclinó la cabeza hacia atrás, sus ojos cerrados, su boca entreabierta. —Un poco… de fricción.
—¡Eso es penetración! —gritó Taehyung con su voz quebrándose. —¡Te estás sentando en su pene!
—Técnicamente —dijo Jungkook, su voz un gruñido ronco mientras sus dedos se clavaban en las caderas de Jimin. —el se está moviendo. Yo solo lo estoy sosteniendo.
—¡ESO ES PEOR!
Jimin se rió, pero su risa se convirtió en un jadeo cuando Jungkook empujó sus caderas hacia arriba, enterrándose más profundamente en el.
—Oh, Ggukie.. —suspiró, dejando caer su cabeza hacia atrás. —Te sientes tan bien.
—Callen —gimió Taehyung con su rostro rojo como un tomate. —Callense o les juro que estrello el coche.
—No harás eso —dijo Jungkook, su ritmo volviéndose más rápido mientras Jimin se movía sobre él. —Te queremos demasiado.
—¡No me quieren! —exclamó Taehyung. —¡Me están usando como chófer mientras tienen sexo en mi asiento trasero!
—Te queremos —insistió Jimin, sus palabras entrecortadas por los jadeos. —Eres nuestro… nuestro mejor amigo.
—¡Soy su mejor amigo y ustedes me están haciendo esto! —Taehyung apretó el volante buscando desesperadamente una salida.
—Tae, cariño —dijo Jimin inclinándose hacia el asiento delantero, su voz un susurro ronco y peligroso. —Cuando lleguemos a casa, te prometo que te prepararé un té y te dejaré ver la serie que te gusta. Pero ahora…
—¿Ahora qué?
—Ahora concéntrate en la carretera y déjanos a nosotros concentrarnos en esto —dijo Jimin, y Taehyung lo vio sonreír, una sonrisa tan pícara y tan hermosa que por un momento olvidó que estaba en medio de una pesadilla erótica.
Y entonces Jimin comenzó a moverse con un ritmo que no tenía nada de inocente. Sus caderas se alzaban y se hundían, sus muslos se tensaban y los gemidos que escapaban de sus labios eran tan dulces y tan obscenos que Taehyung sintió que se moría por dentro.
Jungkook había perdido cualquier resto de compostura. Sus manos viajaban por el cuerpo de Jimin, apretando sus pechos, acariciando su cintura, tirando de su coleta para inclinar su rostro hacia el suyo y besarlo con una urgencia desesperada.
—Te quiero —susurró Jungkook contra los labios de Jimin.
—Y yo a ti —respondió el, su voz rota por el placer. —Pero ahora cállate y fóllame.
Entonces Taehyung pisó el freno a fondo.
El coche se detuvo en seco en el arcén, y Jungkook y Jimin salieron disparados hacia adelante, chocando contra el respaldo del asiento delantero.
—¡Se bajan! —gritó Taehyung, girándose hacia ellos con el rostro encendido.
—¿Qué? —Jimin parpadeó, su vestido subido hasta la cintura, sus bragas aún desplazadas, Jungkook aún dentro de el.
—¡Se bajan de mi coche! ¡Ahora mismo! —Taehyung señaló la puerta trasera con un dedo tembloroso. —¡Esto es una locura! ¡No pienso ser testigo de cómo mi mejor amigo se coge a mi otro mejor amigo en mi coche nuevo!
—Tae —dijo Jungkook con voz ronca y agitada. —Estamos en la autopista, no podemos bajar.
—¡Me da igual! —Taehyung abrió la puerta del conductor y salió. —¡Prefiero caminar a casa antes de seguir escuchando cómo Jimin se corre en mi asiento de cuero!
—¡No me he corrido! —protestó Jimin, pero su voz era un jadeo y sus mejillas estaban sonrosadas.
—¡Pero lo vas a hacer! —gritó Taehyung. —¡Y yo no quiero estar aquí para presenciarlo!
Jungkook viendo que Taehyung estaba al borde de un colapso nervioso, se incorporó lentamente, aunque no sin antes sacarse de Jimin con un gemido ahogado que hizo que el se estremeciera.
—Tae, tranquilo. Solo estábamos… relajándonos.
—¿Relajándose? —Taehyung entrecerró los ojos. —¿Te parece que eso era relajarse?
—Sí —dijo Jimin asintiendo con la cabeza mientras se acomodaba el vestido y se bajaba las bragas. —El sexo es relajante, deberías probarlo.
—¡No quiero probarlo! —Taehyung se llevó las manos a la cabeza. —¡No quiero saber nada de sus vidas sexuales!
—Pero nosotros sabemos de la tuya —dijo Jimin sonriendo con malicia. —Recuerdo aquella vez en la fiesta de Halloween con el chico disfrazado de…
—¡BASTA! —Taehyung levantó las manos. —¡No digas nada! ¡Bien! ¡Me callo! ¡Solo prométanme que no volverán a hacer esto en mi coche!
—Lo prometemos —dijeron Jimin y Jungkook con sonrisas que no engañaban a nadie.
—Mentiras —murmuró Taehyung, pero volvió a subir al coche. Arrancó el motor y se incorporó de nuevo a la carretera.
El viaje continuó en un silencio tenso, pero Taehyung no apartaba la vista del espejo retrovisor.
Veía cómo Jimin se reacomodaba en el asiento, cómo Jungkook miraba a su mejor amigo con ojos oscuros y llenos de deseo, cómo sus manos se rozaban en el asiento.
—No se atrevan —dijo Taehyung, su voz peligrosamente tranquila.
—¿Atrevernos a qué? —preguntó Jungkook con una inocencia fingida.
—Lo saben.
Jimin se rió, una risa ligera y hermosa que hizo que Taehyung se estremeciera.
—No haremos nada, solo estamos… esperando a llegar a casa.
—¿A tu casa o a la de Jungkook? —preguntó Taehyung.
—A la mía —dijo Jimin. —Mi cama es más grande.
—Y más cómoda —añadió Jungkook, y Taehyung sintió que le daba un infarto.
—Los odio —murmuró, pero no pudo evitar que una pequeña sonrisa se formara en sus labios.
Cuando finalmente llegaron al apartamento de Jimin, Taehyung detuvo el coche y se volvió hacia ellos.
—Aquí están. Ahora, por favor, váyanse. Y no me llamen mañana, ni pasado. Ni nunca.
—Gracias, Tae —dijo Jimin inclinándose para darle un beso en la mejilla. —Eres el mejor.
—Eres un santo —dijo Jungkook, imitando el gesto, aunque su mano se deslizó por la nuca de Jimin, acariciándolo.
—Sí, soy un santo con traumas visuales —dijo Taehyung con ironía.
Jimin y Jungkook salieron del coche riendo. Taehyung los vio caminar hacia la entrada del edificio, sus cuerpos pegados, la mano de Jungkook en la cintura de Jimin, su coleta despeinada, su vestido arrugado.
Cuando desaparecieron dentro Taehyung soltó un suspiro de alivio.
Miró el asiento trasero y vio un rastro de brillo de labios en el cuero y para su horror, una pequeña mancha húmeda en el asiento.
—Tendré que limpiar eso —murmuró, y luego a pesar de todo, una sonrisa se dibujó en su rostro. Sacudió la cabeza y arrancó el coche.
—Idiotas —dijo, pero su voz estaba llena de cariño.
Mientras conducía de regreso a su propio apartamento, no pudo evitar pensar en la escena que había presenciado.
Era extraño, era vergonzoso, era incómodo; pero también era de alguna manera divertido.
Recordó los gemidos de Jungkook, la risa pícara de Jimin y rió para sus adentros.
La próxima vez, pensó, les cobraría el viaje.
Y les pondría una condición: nada de sexo en su coche. Nunca más.
Pero mientras se alejaba, en el apartamento de Jimin, las cosas estaban lejos de haber terminado.
Apenas cerraron la puerta, Jungkook empujó a Jimin contra la pared y lo besó con una urgencia que había estado conteniendo durante todo el viaje.
—Eso fue muy divertido —murmuró el castaño entre besos.
—Fue tortuoso —corrigió él, sus manos viajando por el cuerpo de Jimin subiendo su vestido de nuevo. —Estaba a punto de explotar en el coche.
—Pero no lo hiciste —dijo Jimin sonriendo. —Fuiste un buen chico.
—Ahora ya no tengo que serlo —susurró Jungkook y lo levantó en brazos, llevándolo hacia el dormitorio.
Jimin se rió, enredando sus brazos alrededor de su cuello.
—Prometimos no hacerlo en el coche —dijo mordiendo su labio. —No prometimos no hacerlo en mi cama.
—Me encanta cómo piensas —gruñó Jungkook, y lo dejó caer sobre el colchón.
Y esa noche, Taehyung durmió profundamente soñando con un coche nuevo y unos amigos que a pesar de todo, eran los mejores que podía tener.








