Bluff | Jenlisa, Chaelisa, Chaesoo, Lisoo, Chaennie, Jensoo by Nicole at Inkitt
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Bluff | Jenlisa, Chaelisa, Chaesoo, Lisoo, Chaennie, Jensoo

Summary

Una semana de vacaciones en una cabaña remota era exactamente lo que Jennie, Lisa, Jisoo y Rosé necesitaban. Sin agenda, sin cámaras, sin las reglas que afuera las mantenían en su lugar. Solo ellas cuatro, un lago afuera y el silencio que hace tiempo no se permitían. Lo que nadie calculó fue la tormenta. Entre las cuatro siempre hubo algo que funcionaba mejor sin nombre. Una complicidad que rozaba demasiado, un libertinaje cotidiano que se detenía justo antes de volverse algo real. El equilibrio era frágil pero estable, hasta que el camino se cortó, los días empezaron a multiplicarse y Lisa sacó una carta como si fuera una broma. No lo era. Con el lago afuera y demasiado tiempo adentro, lo que empezó como un juego se convirtió en otra cosa. Las líneas que nunca cruzaron empezaron a borrarse. Los deseos no viajaban en una sola dirección. Y los celos, cuando llegaban, no avisaban. Bluff. Porque todas sabían exactamente lo que tenían en la mano. El problema era que ya no podían seguir fingiendo que no existía.

Genre
Lgbtq
Author
Nicole
Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
5.0 4 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1 - My Old Way

My Old May - Tame Impala

I know I,

I said never again Temptation,

feels like it never ends I’m sliding, powerless as

I descend


La foto era mala en todos los sentidos posibles.

Mala en calidad, tomada desde el otro lado de la calle con un zoom que hacía que todo pareciera ligeramente fuera de foco.

Mala en contexto, porque no había manera de explicar qué hacía Lisa saliendo por la puerta trasera del hotel Signiel a las dos de la mañana con el cabello revuelto y junto a una chica que tapaba su rostro con un hoodie.

Y mala, sobre todo, en timing, porque habían tenido una entrevista esa misma mañana donde les habían preguntado, como siempre, si tenían pareja, y las cuatro habían sonreído y dicho que no, que estaban enfocadas en su trabajo, que el cariño de sus fans era más que suficiente.

Porque esa era la respuesta usual y más lógica teniendo en cuenta que eran el grupo musical de chicas más famoso del mundo.

El peso de esa fama era algo que calaba ultimadamente, más si tenían diez años consecutivos sin parar. Giras mundiales, álbumes, entrevistas, meetings, prácticas, grabaciones, galas, premios, comerciales, alfombras. Todo junto y en constante repeat. No había un bit de break, no existía un chance en el cual todas pudieran tomarse un tiempo de respirar y decidir por sí mismas.

No había tiempo para parejas, salidas que no fueran parte de un plan de marketing o un espacio para la vida real después de trabajar prácticamente todo el día. El costo de la fama estaba siendo excesivo a ese punto y cuando la realidad de la presión superaba la tranquilidad individual de cada una, era normal que quisieran desconectar un poco en sus propias actividades.

Algunas, como Rosé, desconectaban de una forma mental y musical, escribía canciones con la misma facilidad en la que podía comerse un trozo de pastel. Jennie lo hacía por medio del ejercicio, era una completa maniática por su aspecto físico y adoraba sentir sus músculos doliendo como el resultado de un buen work out. Jisoo se desconectaba en el gaming, podía pasar horas sentada frente a una computadora, haciendo clic en el mouse con una competitividad excesiva y Lisa...

Lisa lo hacía en el sexo.

Algo inocente y cotidiano para ella. Era la menor del grupo y también, indudablemente, la más hormonal. Algo que todas sabían y estaban completamente bien con eso, pero también era algo que las había traído en un tremendo aprieto porque la foto que revelaba una de esas desconexiones de Lisa llevaba circulando por el internet desde hace tres horas antes de que alguien se la enviara a Rosé.

Y luego Rosé se la mandara a Jisoo. Quien terminó mandándosela a Jennie.

Y Jennie tardó exactamente cuatro segundos en llamar a Lisa después de verla.

—Explícame —dijo, sin saludar.

—Hola a ti también —respondió Lisa, y por el tono se notaba que estaba sonriendo, lo cual era exactamente el tipo de cosa que hacía que Jennie quisiera atravesar el teléfono.

—Lisa.

—Era una amiga.

—¿Una amiga?

—Una conocida.

—¿A las dos de la mañana?

—Las amistades no tienen horario, Jennie.

Jennie cerró los ojos. Respiró. Contó hasta tres, que era lo máximo que podía con Lisa en circunstancias normales. Y esa definitivamente no era una de ellas. Lo que no hizo fue preguntarse por qué le molestaba tanto, porque ya sabía que si empezaba a tirar de ese hilo iba a llegar a un lugar al que había decidido, hace mucho tiempo y por razones que seguían siendo válidas, no volver.

—Nuestra managers van a matarte —simplemente dijo.

—Solo si me atrapan.

—Ya te atraparon, Lisa. Eso es literalmente lo que está pasando ahora. Vives en un país conservador, que salgas a las dos de la mañana de un hotel con una chica después de que visiblemente tuviste sexo con ella dice demasiado. Tu reputación está rompiéndose y vas a terminar arrastrándonos a todas por eso.

Hubo una pausa después de ese regaño, Jennie imaginó a Lisa al otro lado procesando el regaño con esa calma exasperante que tenía para todo, ese ritmo propio que no se aceleraba por nada ni por nadie. Ni por las consecuencias, ni por el caos que dejaba detrás, ni por las personas que se quedaban recogiendo los pedazos preguntándose cómo era posible querer estrangular a alguien y al mismo tiempo no poder soltar el teléfono.

—Ya sé. Lo siento.

La reunión de emergencia fue a las diez de la mañana y duró dos horas que a Jennie le parecieron el doble. Su manager, una mujer llamada Alice que llevaba doce años en la industria y había visto de todo, tenía esa expresión particular que solo aparecía cuando algo la había superado temporalmente pero no pensaba admitirlo.

Las cuatro estaban sentadas en la sala de juntas. Jisoo con las manos cruzadas sobre la mesa, perfectamente quieta. Rosé mordisqueando el interior de su mejilla, mirando la superficie de la mesa como si fuera a encontrar ahí una salida de emergencia. Lisa con una pierna cruzada y una expresión levemente aburrida que Jennie sabía, porque llevaba suficientes años conociéndola, que era completamente falsa. Lisa nunca estaba aburrida. Lisa era todo menos aburrida. Pero sí lo era la cara que ponía cuando no quería que nadie supiera lo que estaba pensando.

—La historia está circulando en tres portales—dijo Alice—Dos ya la publicaron. El tercero está esperando a ver si hay más material y me parece que lo tendrán eventualmente cuando descubran quién era esa persona. Hasta ahora la foto no confirma nada definitivo, pero hay gente en los foros que dice tener más.

—¿Más? —repitió Rosé, levantando la vista.

—Más fotos. Posiblemente un video, al parecer habían hasta reporteros en un helicóptero. No lo hemos podido confirmar, pero de ser verdad... —negó con la cabeza, como sí ni siquiera quisiera imaginárselo.

Jisoo no se movió de su sitio, pero alzó una ceja con incredulidad.

El tema de que Lisa tuviera sexo libre con una desconocida no era un problema en sí, el tema era que la marea mediática iba a ser atroz con ella porque se había dejado fotografiar. Quizás las represalias no serían con todas como había insinuado Jennie antes, pero de todas formas se sentía una mierda ser conscientes de que probablemente estaban acribillando a Lisa por todos lados en esos momentos.

Estar enojadas por la situación no era en sí el foco de sus rostros, era más bien el fastidio de estar en problemas por una situación tan normal como esa.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Jennie.

Su manager se encogió de hombros. Ella sí estaba realmente enojada.

—De momento, nada. Literalmente. Nada. Necesitamos sacarlas del foco por un par de días, la noticia estará en movimiento por un tiempo pero de todas formas harán un ruido innecesario.—Hizo una pausa mientras guardaba su laptop en su bolso.—Podemos usar este desliz a nuestro favor, quizás vincular a Lisa directamente con alguien y que esta situación tan... —miró a Lisa por un segundo y terminó negando con la cabeza.—Desfavorable sirva para algún tipo de PR. Voy a pensar en alguna candidata que quiera arriesgarse en que el mundo hable de que tuvo sexo con Lisa y voy a hacer que de alguna forma esté de acuerdo en tener una relación pública, pero en el mientras tanto necesito que todas desaparezcan por un tiempo. Que no haya nada nuevo que los medios puedan usar a su favor antes que nosotros. Si no hay movimiento, la historia perderá tracción sola.

Lisa ladeó la cabeza mirándola, en sus labios apareció una sonrisa que no era sincera. Era de cinismo. No uno en el que se sintiera orgullosa de perjudicar a sus compañeras, era más el hecho de que sentía que estaban exagerando una situación que era completamente natural. De igual forma terminó preguntando:

—¿Desaparecer cómo?

Alice abrió una carpeta sobre la mesa y deslizó hacia ellas una hoja con lo que parecía una dirección y una foto de satélite.

—Tenemos una propiedad disponible en Gangwon-do. Inje, una zona de montaña, al borde del embalse de Soyang. La empresa la usa ocasionalmente para retiros o integrantes en hiatus.—Esa última palabra hizo que las cuatro se miraran de reojo.—Es completamente privada, no está registrada a nombre de ninguna de ustedes ni del grupo. El camino de acceso es de tierra, está señalizado solo en los mapas locales y no aparece en ninguna aplicación de navegación convencional. El vecino más cercano está a cuatro kilómetros, por lo que tendrán privacidad absoluta.

Nadie habló por unos segundos.

—Sin señal móvil estable—repitió Rosé con lentitud.— ¿Sin señal en absoluto?

—Hay wifi satelital limitado para emergencias. Lo administramos nosotros. Nada de redes sociales, nada de llamadas no autorizadas, nada de fotos que salgan de esa cabaña mientras estén allá. El protocolo es claro, chicas. Total desconexión del mundo real.

Todas miraron a Lisa con ojos inquisitivos. Lisa se encogió en la silla. Una cosa era divertirse con los regaños de los directivos, otra era ser consciente que sus compañeras también estaban enojadas con ella.

Jennie respiró profundo antes de asentir. No era como sí tuviera opción.

—¿Cuánto tiempo?

—Mínimo una semana. Máximo lo que tarde esto en enfriarse. Enviaremos a un asistente que estará en una cabaña cercana para cualquier emergencia—Alice las miró a todas por igual antes de continuar—Gangwon-do en esta época del año está tranquilo. Los turistas se concentran en la costa, en Sokcho, en Yangyang. Nadie va al interior de Inje sin razón específica. Hay un lago, hay bosque, hay silencio.

Considérenlo unas vacaciones forzadas.

—Qué romántico —murmuró Lisa.

—Lisa —advirtió Jennie.

—Solo digo.

Alice cerró la carpeta con precisión, sin dar lugar a cualquier objeción futura.

—Salen esta tarde. Su coche estará listo a las cuatro.

Empacaron en dos horas. O más exactamente: Jennie empacó en cuarenta minutos con una eficiencia que bordeaba lo marcial, Jisoo en una hora con su manía de poner cada cosa en su lugar exacto, Rosé en hora y media porque empezó a empacar, se distrajo tocando algo en su guitarra, volvió a empacar, y terminó metiendo cosas al azar en la maleta con la esperanza de que hubiera metido lo necesario. Y Lisa, en hora y cincuenta minutos, quien llegó con una mochila mediana y una expresión relajada, como sí solo se fuera un fin de semana y no diez días. Cuando Rosé le señaló eso con una mirada, Lisa se encogió de hombros y dijo que no iba a necesitar tanta ropa si estaría desnuda en su cuarto todo el rato.

El viaje en coche duró casi cuatro horas. Jisoo era siempre la conductora designada y Rosé siempre iba en el asiento del copiloto porque era la que mejor música podía poner. Jennie y Lisa iban detrás, mirando

por la ventana cómo Seúl se iba convirtiendo en autopista y la autopista en carretera y la carretera en algo más estrecho y rodeado de pinos.

Durante la primera hora no hablaron. Jennie miraba su teléfono, revisando las últimas actualizaciones antes de que se terminaran de desconectar del todo. Lisa tenía la cabeza apoyada contra la ventanilla y los ojos entrecerrados. Sin estar dormida, pero sin estar allí del todo.

Efectivamente, el mundo mediático estaba en llamas. Ya habían videos de personas que estaban intentando descifrar la identidad de esa chica. Otros, en donde la libre sexualidad de Lisa era cuestionada, atribuyendo la culpa a su nacionalidad y diciendo que parte de ese libertinaje no tenía nada que ver con los valores coreanos. Muchos otros mencionando que a pesar de su intersexualidad, Lisa tendría que de todas formas estar con un hombre.

Porque ser intersexual, lesbiana, visualmente femenina y libre parecía ser un problema para la sociedad coreana. Furiosa ante cada comentario, cada línea que sobrepasaban y cada queja como sí el cuerpo de Lisa les perteneciera, Jennie terminó apagando el teléfono mucho antes de que el mismo se bloqueara por la falta de señal. Había tenido suficiente de todo.

Miró por la ventana un momento y luego, en voz lo suficientemente baja para no llegar al asiento delantero, preguntó:

—¿Era una amiga de verdad?

Lisa no abrió los ojos de inmediato. Hubo un segundo, solo uno, en que Jennie pensó que no iba a responder, que iba a fingir que no había escuchado o que se había quedado dormida o cualquiera de las otras cosas que Lisa hacía cuando no quería tener una conversación.

Pero los abrió y sus ojos se entregaron a ella.

—No —dijo con la suavidad que solo le entregaba a ella—Era alguien que me gustaba en ese momento.

—¿Y ahora?

—Ahora estoy en un coche yendo a una cabaña en el medio de ningún lado por su culpa, así que el encanto se ha perdido un poco.

Jennie asintió. Volvió a mirar por la ventana. Los pinos pasaban rápido a ambos lados, todos iguales y al mismo tiempo distintos.

Repasó en las respuestas vagas de la tailandesa, quedándose en lo que sintió cuando Lisa dijo que lo que sea que era eso había terminado. No fue alivio exactamente lo que tenía en el cuerpo, o bueno... Era algo más distorsionado, algo que le decía cosas que preferiría ignorar y no saber.

No tiró de ese hilo de nuevo por segunda vez en el día. Nunca se permitía hacerlo.

—Eres un desastre —dijo, porque era la única certeza que tenía en ese momento.

Jennie no trataba de ser parte del grupo que la juzgaba por el acto en sí, no se trataba de eso. Lo que realmente le molestaba era que se dejara atrapar y permitiera que ahora todos tuvieran algo que decir de ella. Odiaba exclusivamente esa última parte.

—Ya lo sé —respondió Lisa, y cerró los ojos otra vez con esa ecuanimidad que Jennie encontraba simultáneamente irritante y, en algún lugar que prefería no examinar, algo más que eso.

Afuera, el embalse de Alice apareció por primera vez entre los árboles, gris y enorme y quieto, como si llevara ahí esperándolas más tiempo del que ninguna pudiera calcular. La cabaña era más grande de lo que Jennie había imaginado cuando Alice dijo cabaña. Dos plantas, madera oscura, un porche que daba a al lago. Pinos por todos lados y un silencio que se notaba físicamente después de horas de autopista.

Jisoo apagó el motor y las cuatro se quedaron un momento dentro del coche, mirando la cabaña.

—No está mal —dijo Rosé.

—Al menos hay un lago —agregó Lisa, como si eso resumiera todos sus planes, y abrió la puerta antes de que nadie más se hubiera movido.

Adentro: una cocina abierta conectaba con una sala amplia, una chimenea que ninguna sabía como encender, una mesa de madera grande, un sofá que parecía diseñado para que la gente se hundiera en él sin intención de levantarse. Arriba, dos habitaciones. Lo que significaba que iban a compartir.

—Dormiré con Rosie, Lisa ronca demasiado.—anunció Jisoo, antes de que nadie preguntara. Lisa y Jennie se miraron mutuamente.

—Bien.

Lisa sonrió. Solo un poco.

.

.

.

La primera noche llegó rápido pero se instaló despacio, como hacen las noches cuando no hay nada que obligue a terminarlas. Jisoo cocinó. Algo inevitable dado que no existía delivery en cuarenta kilómetros a la redonda, pero también algo que nadie cuestionó porque en la cocina era uno de esos hechos del universo que simplemente se aceptaban.

Movió las ollas con esa eficiencia callada, respondió en monosílabos cuando le preguntaron si necesitaba ayuda, y media hora después puso sobre la mesa un doenjang jjigae que olía exactamente a lo que olía cuando lo hacía en casa, lo cual era justo lo que necesitaban.

Rosé fue la primera en sentarse. Lisa llegó con cuatro cucharas que había encontrado en el cajón equivocado. Jennie sirvió el agua porque era lo único que sabía hacer. Todo era demasiado silencioso y ajeno, incluso un poco terrorífico. A pesar de que afuera estaba muy bien iluminado, las películas de terror precisamente pasaban en ese tipo de sitios.

De todas formas trataron de ignorarlo mientras comían. Por un momento, un momento breve y extraño, fue exactamente como otras noches de años anteriores, justo cuando todo se sentía más íntimo y no tan popular. El sonido de las cucharas, Rosé quejándose de que picaba demasiado mientras seguía comiendo, Lisa robando porciones del plato de Jisoo simplemente para molestarla, Jisoo amenazándola con romperle el brazo si continuaba haciéndolo. Y Jennie, observando todo en silencio con una falta de atención que al resto del mundo le parecía malhumor pero para sus compañeras era simplemente su esencia.

La intimidad del momento hizo algo realmente ameno, a pesar de la molestia inicial por la situación, parecieron dejarlo a un lado con mucha facilidad. Precisamente como decía Alice, tenían que tratar de disfrutar esas vacaciones obligadas. Y ninguna de ellas lo diría en voz alta por orgullo, pero secretamente le agradecían a Lisa por haberles logrado eso.

Después de cenar Lisa fregó los platos, que era el trato no escrito cuando Jisoo cocinaba, y Rosé y Jennie terminaron en el sofá con dos vasos de vino que alguien había tenido la previsión de incluir entre los suministros de la cabaña. Jennie hizo una nota mental de agradecerle eso a Alice cuando todo eso terminara.

Afuera el lago estaba oscuro y quieto. Los pinos eran siluetas contra un cielo que en Seúl nunca se veía así, demasiadas luces, demasiado ruido, demasiadas cosas interponiéndose entre una y el cielo. Allí las estrellas eran un exceso, como si nadie les hubiera dicho que debían racionarse.

—No recuerdo la última vez que vi estrellas de verdad —dijo Rosé, mirando por la ventana.

—Tokio, creo —respondió Jennie—En la gira del veintidós. Esa noche que salimos al tejado del hotel. Rosé frunció el ceño tratando de recordar.

—Estaba muy cansada esa noche.

—Todas estábamos muy cansadas.

—Pero igual saliste al tejado.

—Por eso mismo —concluyó Jennie.

Rosé asintió despacio, como si eso explicara algo más amplio que esa noche específica, que probablemente sí. Bebió un poco de vino y se hundió más en el sofá con ese abandono suyo que Jennie siempre había encontrado desarmante, una capacidad para ocupar los espacios con todo el cuerpo sin aparente conciencia de cuánto espacio ocupaba.

—¿Cuánto crees que dure? —preguntó Rosé, en voz baja aunque no había nadie cerca.

—¿El escándalo?

—Todo esto.

Jennie consideró la pregunta con honestidad.

—Una semana —especuló—Si no hay más fotos, una semana y los medios se moverán a otra cosa. Siempre hay otra cosa.

—¿Y si hay más?

—Entonces dos semanas. Seguiremos aquí y comeremos lo que cocine Jisoo, que podría ser peor.

Rosé soltó una carcajada pequeña y se le fue apoyando la cabeza hacia atrás. Tenía el cabello rubio cenizo recogido de cualquier manera, uno de esos recogidos descuidados que en Rosé siempre parecían intencionales aunque no lo fueran. Jennie pensó, no por primera vez, que había algo injusto en cómo Rosé era guapa sin esfuerzo. Con su piel tan clara y delicada, presuntamente suave al tacto. Con esa forma no intencional que no pedía atención pero la conseguía de todas formas, sin estrategia, sin cálculo.

Jennie salió del ligero trance cuando Rosé habló otra vez.

—Oye —dijo sin moverse—¿Lo sabías? Que Lisa estaba saliendo con alguien.

—No.

—¿Ni siquiera intuías algo?

Jennie pensó en todas las veces que Lisa había llegado tarde sin dar explicaciones. En los mensajes que tardaban horas. En esa energía particular que tenía ciertos días, más ligera, más de vuelta de algo que las demás no habían visto.

—Sabía que había algo —susurró— Pero no pregunté jamás.

—Yo tampoco —dijo Rosie— Creo que a ninguna realmente le había interesado.

Hubo un silencio. Afuera un animal invisible hizo un sonido breve entre los árboles y volvió a sentarse la falta de ruido.

—¿Tú lo entiendes? —preguntó Rosé— Por qué lo hizo, ¿no? Creo que todas estamos con la misma necesidad ahorita después de tanto estrés.

Jennie giró levemente la cabeza para mirarla. Rosé seguía con los ojos hacia el techo, la copa de vino descansando sobre el estómago y sus los pies cruzados en el sofá.

—Sí —respondió y le sorprendió lo cierto que era cuando lo dijo— Lo entiendo perfectamente.

Realmente era imposible no hacerlo a esas alturas. Habían terminado una gira hace dos semanas, Jennie tenía sus propias formas de satisfacción sexual que incluían una maletita pequeña, casi del tamaño de un neceser que siempre guardaba con un candado en su maleta general. Solo ella y quizás solo las chicas sabían de su existencia. Era un chiste grupal, en el que cuando se enteraron por un leve descuido de Jennie estaban bromeando sobre qué artefacto podría Jennie ahora prestarles para satisfacerse también.

Aunque Jisoo y Lisa no tuvieran interés de meterse nada.

De todas formas, en su momento fue un chiste que abrió un mundo nuevo para las cuatro porque dieron pie a charlas completamente fuera de lugar para oídos externos. Hablaban de sexo de una forma en la cuál no era un tabú y eso era refrescante en algún punto. Muchas mencionaban sus propias escapadas, Jisoo había tenido una novia clandestina por casi dos años. Rosé era más recatada, pero Jennie sabía que no había forma de que fuese virgen y ella misma se había abandonado al sexo de una forma más segura, una que no involucraba a más personas que a sí misma.

En realidad, estaba totalmente satisfecha con ello. Ninguna de sus ex-parejas había atinado al clavo, a ese sitio en específico del cuál solo Jennie podía llegar con sus dedos y un dildo que solo ella sabía poner en el ángulo justo para hacerla gemir entre dientes. Ese lugar que simplemente de recordarlo hacía que se sonrojara y su cuerpo entero entrara en llamas.

Quizás era el vino, o la falta incluso de sus propias manos por un buen rato, pero Jennie se removió en su sitio y de repente tuvo la necesidad de escabullirse al cuarto y jugar un poco.

Lo único que la detenía era que lamentablemente compartía habitación con Lisa, no podía imaginarse palpando la mano sobre su maletita para buscar un vibrador y hacerlo vibrar sobre su clítoris mientras Lisa dormía. O quizás sí, quizás sí se lo pasaba por la cabeza, quizás sí lo había hecho en el pasado y el

recuerdo hacía que, nuevamente, se removiera en donde estaba porque era algo que había hecho hace muchos años y que ahora se sentía completamente fuera de lugar.

Lo cuál, viniendo de la conversación anterior hacía todo mucho más extraño. Estaban hablando de Lisa y de sus motivos. Motivos más que justos, había agregado Jennie para sí misma.

Rosé no agregó más tampoco sobre eso, pero algo en su postura se acomodó levemente, como si esa respuesta hubiera resuelto una pregunta que no había terminado de formular.

En el porche externo estaban Lisa y Jisoo.

No había sido planeado. Lisa había salido con su propia copa de vino porque adentro el sofá estaba ocupado y la cocina ya estaba fregada y no había nada concreto que hacer, y Jisoo la había seguido porque adentro Rosé y Jennie tenían ese tipo conversación en voz baja que era para ellas dos solas.

El agua quieta sobre el lago reflejaba las estrellas como si tuviera su propio cielo adentro. Jisoo apoyó los codos en la barandilla del porche y miró hacia afuera sin decir nada durante un buen rato, que era algo que Jisoo podía hacer con maestría, estar en silencio sin que el silencio se volviera incómodo. Era un talento, y a Lisa no le molestaba para nada.

—¿Estás bien? —preguntó Jisoo finalmente.

—Siempre.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que tengo ahora mismo.

Jisoo no insistió. Eso también era un talento suyo. Saber cuándo no insistir.

El frío del lago subía despacio. Solo se dieron cuenta que existía cuando ya había calado en sus huesos. Lisa sintió que se le erizaba la piel del brazo, pero no se movió.

—¿Tú te arrepientes de algo en esta vida? —preguntó Lisa, sin apartar la vista del agua—En general. No de esto.

Jisoo consideró la pregunta por un buen rato. Lisa la respetaba enormemente porque sentía que entre todas Jisoo era la que más madurez tenía.

—De cosas que no hice —respondió simplemente—Nunca de las que hice.

—Eso es lo que diría alguien que se lo piensa demasiado antes de hacer las cosas.

—Probablemente.

—¿Y no te cansas?

—¿De pensármelo tanto? —Jisoo hizo una pausa—A veces.

Lisa giró la cabeza para mirarla. Jisoo tenía el perfil serio, el cabello oscuro moviéndose apenas con el aire del lago, una compostura que Lisa conocía perfectamente porque llevaba suficientes años observándola con algo oculto. Algo contenido. Algo que elegía cuidadosamente cuándo y cómo mostrarse.

—¿Y cuando te cansas? —insistió Lisa en las preguntas.

Jisoo la miró entonces. Directamente, sin el desvío habitual, sus labios en forma de corazón se partieron con una sonrisa.

—Entonces hago lo que me dicen mis instintos. Espero a que pase. A veces no puedes ignorar las necesidades de tu mente y tu cuerpo, Lisa.

Lisa la miró un segundo más de lo estrictamente necesario antes de volver al lago.

—Eficiente —respondió simplemente.

—Funciona.

Adentro se escuchó a Rosé diciéndole algo a Jennie, la respuesta de Jennie, una carcajada suave que llegó amortiguada a través del cristal de la puerta. Jisoo y Lisa escucharon sin mirarse.

—Me alegra que estemos aquí —susurró Lisa, en una voz tan baja que Jisoo no supo si era para ella o para el lago.

A las once y media Rosé empezó a cabecear en el sofá. A las doce menos cuarto lo admitió en voz alta, que era un progreso. Jisoo y Lisa entraron cuando el frío terminó de convencerlas. Las cuatro estuvieron un momento en la sala, ese momento flotante de las noches que no quieren terminar pero que tampoco pueden seguir.

Fue entonces cuando Lisa abrió el cajón de la cómoda.

No estaba buscando nada en particular. O eso pareció. Lisa tenía esa manera de moverse por los espacios nuevos, abriendo cajones, mirando estantes, como si los lugares tuvieran que presentarse ante ella antes de que decidiera quedarse. Las barajas estaban ahí, entre un manual de instrucciones de la chimenea y una linterna con las pilas probablemente agotadas.

Las sacó, las abrió sosteniéndolas y las miró con curiosidad. Sentía su propio cuerpo un poco achispado por el vino, a diferencia de Rosé que el vino atacaba por el sueño, a Lisa la atacaba por el ocio y por la diversión.

Sin querer, una sonrisa se plantó en sus labios mientras caminaba con parsimonia a donde estaba el trío.

—Hay cartas —anunció.

Jennie dio un trago largo a su vino, relamiéndose los labios cuando terminó de hacerlo. Los ojos de Lisa bajaron a ellos inconscientemente.

—Qué observadora.

Lisa desvió la mirada, dejándose caer en el sillón con la misma sonrisa.

—Deberíamos jugar algo mañana. Todas la miraron con una leve incógnita.

—No sabía que eras una persona de cartas. —dijo Jisoo.—Mucho menos de póker que creo que es lo único que podríamos jugar con eso.

Lisa se encogió de hombros.

—No es como sí tuviéramos algo mejor que hacer. Rosé bostezó, colocándose de pie.

—Mañana —confirmó ahora desde las escaleras, ya con un pie en el primer peldaño—Esta noche no me quedan neuronas para pensar en movimientos de cartas. Ni siquiera sé como jugar esa cosa.

—Mañana entonces.—concedió Lisa.—Te enseñaré, será divertido. Rosé entrecerró los ojos hacia ella.

—No me parece un plan divertido, honestamente.

Lisa no guardó las barajas. Las dejó sobre la mesa con una calma demasiado estudiada para ser descuido, en el centro, visible desde cualquier ángulo de la sala. Como quien pone algo sobre la mesa, en todos los sentidos.

—Si el póker normal te parece aburrido siempre se puede hacer más interesante.

Todas se miraron entre sí, era obvio que se trataba de los usuales comentarios en doble sentido de Lisa. Lo cuál en su mayoría era para molestarlas. Era una bromista por naturaleza, la que sacaba siempre a colación comentarios fuera de lugar simplemente para mirarlas sonrojándose. Todas estaban plenamente acostumbradas a Lisa, a los chistes, a las nalgadas descuidadas, a los piropos desmedidos, pero esa noche...

Esa noche la frase de Lisa quedó en el aire, haciendo que todas se miraran por más del tiempo normal. Era impensable, pero se había colado de igual forma entre sus mentes antes de rechazar por completo lo que implicaba.

Otra broma de Lisa.

Rosie fue la primera en subir sin decir nada. Luego Jisoo, con una última mirada hacia Lisa que esta última solo podía descifrar entre advertencia y un ligero reproche en medio de la diversión. Un sútil: No empieces con tus cosas. Jennie fue la última en moverse. Se quedó un momento con los ojos en las barajas sobre la mesa. Eran las cartas ordinarias de cualquier cabaña de cualquier montaña que de alguna manera había dejado de ser ordinaria en el momento en que Lisa la tocó.

Luego miró a la causante del desastre.

Lisa ya estaba apagando la luz de la cocina, de espaldas, con la misma calma con que hacía todo. Como si el comentario hubiera sido insignificante. Como si no hubiera calculado cada milímetro de ese momento.

—Me daré una ducha y luego iré a la cama—anunció Jennie, como sí necesitaba sacar esa información en voz alta.—Buenas noches, Lili.

—Buenas noches, Jane.

Lisa sonrió sin voltearse. Jennie lo supo igual.

Subió las escaleras sin apresurarse.

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Great Character

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Strong Dialog

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author

EPAAA, si se pudo, grande, mujer que resuelve, m encanta

a month
author

solo los reales estamos aquí

a month
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me la leeré en una noche, no vaya a ser que por andar haciendo cosas de adultos valga verga otra vez :(

a month

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