one
Jungkook y Jimin llevaban tres días en Tokio.
El viaje había sido idea de Jungkook, una escapada improvisada después de que ambos terminaran sus proyectos. Jimin había estado estresado con los ensayos, y él quería darle un respiro.
Pero también había otra razón, una que no le había contado.
Quería probar algo nuevo con el.
Jimin era su novio desde hacía dos años, y aunque el sexo entre ellos era increíble, Jungkook sentía que habían caído en una rutina.
Siempre en la cama, siempre en la oscuridad, siempre las mismas posiciones. Quería sorprenderlo. Quería llevarlo a un lugar donde pudieran explorar cosas nuevas.
Por eso, esa mañana, mientras desayunaban en un pequeño café cerca del hotel, Jungkook había sacado el tema.
—He pensado que hoy podríamos hacer algo diferente —dijo con una sonrisa que intentaba ser casual.
Jimin levantó una ceja.
—¿Diferente como qué?
—Hay una tienda que quiero visitar, una sex shop.
Jimin casi se atraganta con el té.
—¿Una qué?
—Una sex shop —repitió él, con la misma sonrisa. —He oído que en Japón tienen las mejores, quiero llevarte.
—Jungkook —dijo Jimin bajando la voz. —¿En serio? ¿Quieres ir a una sex shop? ¿Aquí? ¿En Tokio?
—¿Por qué no? Será divertido. Podemos mirar, reírnos, comprar algo si nos gusta. No tiene que ser nada serio.
Jimin se quedó pensando un momento. Luego una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Vale —dijo. —Pero si compramos algo, tú lo pagas.
—Siempre pago yo.
La tienda estaba en un callejón estrecho de Shinjuku, escondida entre bares de karaoke y restaurantes de ramen.
El cartel en la entrada era discreto, con luces de neón rosas y una silueta de labios.
Jungkook empujó la puerta y una campanilla sonó.
El interior era más grande de lo que parecía desde fuera.
Estanterías llenas de juguetes de todos los colores y formas. Vibradores, consoladores, anillos, esposas, máscaras, aceites, lubricantes. Había ropa interior de cuero y encaje, látigos de todo tamaño, y una sección entera dedicada a los juegos de roles.
Jimin se quedó paralizado en la entrada, con los ojos como platos.
—Joder —susurró. —Es... es mucho.
Jungkook rió y lo tomó de la mano.
—Vamos, no te asustes. Solo es una tienda.
Caminaron por los pasillos, y Jimin tocaba los juguetes con curiosidad, a veces riéndose, a veces sonrojándose. Jungkook lo veía divertirse y sentía que la idea había sido un acierto.
—Mira esto —dijo Jimin señalando una caja con un vibrador rosa en forma de conejo. —¿La gente usa esto de verdad?
—Jimin —dijo Jungkook, con una sonrisa pícara. —Te sorprendería lo que usa la gente.
—¿Tú has usado algo? —preguntó el levantando una ceja.
—Quizás —respondió sin dar más detalles.
Jimin lo miró con curiosidad, pero no insistió.
Siguió mirando, y de repente se detuvo frente a una vitrina.
—Jungkook —dijo con voz baja. —Mira esto.
Era un consolador de silicona, negro, enorme, con venas marcadas y una ventosa en la base.
—Eso es... enorme —dijo Jungkook, sintiendo una mezcla de sorpresa y excitación.
—¿Crees que cabe? —preguntó Jimin, y su voz era un susurro lleno de curiosidad.
Jungkook sintió cómo la sangre se le calentaba.
—Solo hay una manera de averiguarlo.
Jimin se giró y lo miró, sus ojos brillaban con una mezcla de timidez y deseo.
—¿Lo compramos?
—Si quieres.
Jimin asintió, y Jungkook tomó la caja.
Luego mientras se dirigían a la caja, Jimin se detuvo de nuevo.
—Y esto —dijo, señalando unas esposas de terciopelo rosa. — ¿Y esto?
Jungkook sonrió.
—¿Quieres atarme?
—O atarte a ti.
Jungkook sintió un escalofrío.
—Pues compremos los dos.
La cajera, una mujer japonesa de mediana edad con una sonrisa amable, les ofreció una bolsa de papel marrón con el logo de la tienda.
—¿Quieren probar algo? —preguntó, señalando una cortina al fondo. —Tenemos una sala de exhibición, pueden probar los juguetes antes de comprarlos.
Jungkook y Jimin se miraron.
—¿Probarlos? —preguntó Jimin con la voz un poco más alta de lo normal.
—Sí —dijo la cajera con la misma sonrisa. —Es para asegurarse de que funcionan bien, hay una habitación privada si quieren.
Jungkook sintió cómo el corazón comenzaba a latir más rápido.
—Vamos —dijo, tomando la mano de Jimin.
La sala de exhibición era pequeña, con una cama en el centro, un espejo en la pared y una luz tenue que creaba un ambiente íntimo.
Jungkook cerró la cortina y se giró hacia Jimin.
—Esto es una locura —dijo Jimin riéndose nervioso.
—Lo sé —dijo Jungkook, acercándose a el. —Pero es emocionante.
Lo besó, y Jimin respondió al instante.
Sus labios se encontraron en un beso húmedo y lleno de deseo. Jungkook lo empujó suavemente hacia la cama, y Jimin cayó sobre el colchón.
—¿Vamos a hacerlo aquí? —preguntó Jimin entre risas. —¿En una tienda?
—¿Por qué no? —dijo Jungkook bajando la cremallera de sus pantalones. —Nadie va a entrar.
Jimin lo miró y luego sonrió.
—Eres un peligro.
—Tú me has vuelto así.
Se besaron de nuevo, y Jungkook sintió cómo el deseo lo envolvía.
Sus manos viajaron por el cuerpo de Jimin, acariciando sus tetas a través de la camiseta, apretándolas con suavidad.
—Quiero probar algo —dijo Jungkook, separándose. —El consolador.
Jimin abrió los ojos, sorprendido.
—¿Aquí?
—Solo un poco. Para ver cómo se siente.
Sacó el consolador de la caja.
Era enorme, y en sus manos parecía aún más grande. Jimin lo miró, y luego a Jungkook.
—¿Y si no cabe?
—Siempre cabe si hay suficiente lubricante.
Jungkook abrió el lubricante que también habían comprado y untó el consolador. Luego, se arrodilló frente a Jimin y bajó sus pantalones.
—Relájate —susurró. —Solo quiero probar un poco.
Jimin asintió con los ojos cerrados. Jungkook presionó el consolador contra su entrada, lentamente.
Jimin gimió cuando la cabeza entró.
—¿Te duele? —preguntó.
—No —dijo con voz temblorosa. —Solo... es grande.
Jungkook siguió empujando, sintiendo cómo el consolador se hundía en el coño de Jimin, este gimió, arqueando la espalda, y Jungkook sintió que su polla se endurecía al verlo.
—Joder —susurró. —Eres tan hermoso.
Jimin abrió los ojos y lo miró.
—Fóllame —dijo. —Fóllame con él.
Jungkook comenzó a mover el consolador dentro de el, lento al principio, luego más rápido. Jimin gimía, moviendo sus caderas al ritmo de sus movimientos.
—Así —gimió. —Así, Jungkook.
—¿Te gusta? —preguntó él.
—Sí —jadeó. —Sí, me encanta.
Jungkook aceleró el ritmo y Jimin se aferró a las sábanas. Sus gemidos se volvieron más fuertes y Jungkook tuvo que taparle la boca con la mano para que no se oyeran fuera.
—Shh —susurró. —Si no te callas, nos van a echar.
Jimin asintió pero sus gemidos seguían escapando.
Jungkook sintió cómo se acercaba al orgasmo y aceleró aún más.
—Córrete —ordenó. —Córrete en el consolador.
Jimin llegó al clímax con un grito ahogado por la mano de Jungkook. Su cuerpo se tensó, su coño se apretó alrededor del consolador, y Jungkook sintió cómo se humedecía aún más.
Cuando se calmó, Jungkook retiró el consolador y lo limpió con una toallita que llevaba en la bolsa.
—Eso ha sido increíble —dijo Jimin con la respiración agitada.
—Aún no hemos terminado —dijo Jungkook con una sonrisa.
Se desabrochó los pantalones y dejó que su polla saltara libre. Jimin la miró, y luego sonrió.
—¿Quieres que te chupe?
—No —dijo Jungkook. —Quiero follarte. Pero en el baño.
—¿El baño?
Jungkook asintió con una sonrisa pícara.
—Hay un baño público al lado de la tienda, he visto el cartel.
Jimin se rió.
—Eres un degenerado.
—Lo sé. ¿Vamos?
Jimin se levantó, se arregló la ropa y tomó la bolsa con los juguetes.
—Vamos.
Salieron apurados de la tienda, no sin antes agradecer con una sonrisa a la mujer del mostrador, esta les devolvió la sonrisa junto con un guiño.
Entraron al baño público, este estaba vacío. Era pequeño, con dos cubículos y un lavabo. Jungkook empujó a Jimin dentro del cubículo y cerró la puerta con llave.
—Esto es una locura —susurró Jimin riéndose.
—Lo sé —dijo Jungkook, besándolo. —Pero es excitante.
Lo giró y lo apoyó contra la pared del cubículo. Bajó sus pantalones y su ropa interior, y se colocó detrás de el.
—¿Listo?
—Siempre —respondió.
Jungkook lo penetró en una sola embestida. Jimin gimió, pero se mordió el labio para no hacer ruido.
—Cállate —susurró Jungkook, follándolo con fuerza. —Si no, nos van a oír.
Jimin asintió, y Jungkook siguió moviéndose. Sus caderas chocaban contra su culo, y el sonido de sus pieles se mezclaba con los gemidos ahogados de Jimin.
—Eres tan puta —susurró Jungkook. —Follando en un baño público.
—Solo para ti —gimió Jimin. —Solo para ti, Jungkook.
Jungkook aceleró el ritmo, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba.
Jimin también, porque su coño se apretaba alrededor de su polla.
—Me voy a correr —susurró Jimin.
—Córrete —ordenó él.
Jimin llegó al orgasmo en silencio, con el cuerpo temblando y las manos apoyadas en la pared. Jungkook lo siguió, corriéndose dentro y gimiendo en voz baja.
Se quedaron así un momento, respirando con dificultad. Luego, Jungkook se retiró y limpiaron todo con papel higiénico.
—Eso ha sido... —dijo Jimin, sin encontrar palabras.
—¿Increíble? —preguntó Jungkook.
—Y sucio.
—Y sucio —confirmó él, riéndose.
Salieron del baño con las caras sonrojadas y las ropas ligeramente desordenadas.
Caminaron por las calles de Shinjuku, el sol comenzaba a ponerse y las luces de neón se encendían una a una.
—¿Dónde quieres cenar? —preguntó Jungkook tomando la mano de Jimin.
—No sé —dijo Jimin. —Pero tengo hambre.
—Yo también, y no solo de comida.
Jimin se rió y le dio un codazo.
—Tranquilo, degenerado. Primero comemos, luego vemos.
Caminaron hasta un pequeño restaurante de ramen y pidieron dos tazones.
Mientras esperaban, Jungkook sacó la bolsa de la sex shop y la puso sobre la mesa.
—¿Y ahora qué hacemos con esto? —preguntó.
—Pues usarlo —dijo Jimin con una sonrisa pícara. —Esta noche, cuando volvamos al hotel, quiero probar bien ese consolador.
—¿Y las esposas?
—Y los esposas.
Jungkook sintió cómo la excitación volvía a su cuerpo.
—Me gusta cómo piensas.
—Es que soy un hombre de acción —dijo Jimin riéndose.
Cenaron riendo, hablando de la tienda, de los juguetes, de cómo habían follado en el baño público.
Fue una cena ligera, alegre, llena de complicidad.
Cuando terminaron, pagaron y salieron del restaurante. La noche de Tokio se extendía ante ellos, brillante y llena de posibilidades.
—¿Vamos al hotel? —preguntó Jungkook.
—Vamos.
La habitación del hotel era grande, con vistas a la ciudad iluminada. Jungkook cerró la puerta y se giró hacia Jimin.
—Desnúdate —dijo con voz grave.
Jimin obedeció, quitándose la ropa lentamente. Sus tetas quedaron al descubierto, sus pezones duros por el frío y la excitación. Se quedó en ropa interior, y Jungkook lo miró con deseo.
—Todo—dijo. —Quiero verte todo.
Jimin se quitó la ropa interior y se quedó completamente desnudo frente a él. Jungkook lo miró un momento, saboreando la imagen.
—Túmbate —ordenó.
Jimin se tumbó en la cama y Jungkook sacó los juguetes de la bolsa.
El consolador, las esposas y el lubricante.
—Primero —dijo. —Las esposas.
Ató las muñecas de Jimin a la cabecera de la cama, dejándolo inmovilizado. No podía moverse, no podía escapar.
—¿Qué vas a hacerme? —preguntó, con una mezcla de miedo y excitación.
—Lo que quieras que te haga —respondió Jungkook besando su cuello.
Bajó por su cuerpo, lamiendo y mordiendo su piel. Llegó a sus tetas y las chupó con fuerza, mordiendo sus pezones.
Jimin gimió, arqueando la espalda.
—Jungkook...
—Shh —susurró. —Disfruta.
Siguió bajando, hasta llegar a su coño. Estaba mojado, caliente, y cuando su lengua lo tocó, Jimin gimió más fuerte.
—¿Quieres más? —preguntó él.
—Sí —jadeó. —Quiero más.
Jungkook tomó el consolador y lo untó con lubricante. Luego, lo presionó contra su entrada.
—Míralo —dijo. —Míralo mientras te lo meto.
Jimin miró el consolador, enorme y negro, y sintió cómo el miedo y la excitación se mezclaban. Jungkook empujó, y el consolador entró lentamente.
—Ah —gimió.
—¿Te gusta?
—Sí —susurró. —Sí, me encanta.
Jungkook movió el consolador dentro de el, lento y profundo. Jimin se retorcía, con los grilletes tirando de la cabecera.
—Más —pidió. —Más rápido.
Jungkook obedeció moviendo el consolador con más velocidad. Jimin gimió y él sintió que su polla se endurecía.
—Ahora —dijo, retirando el consolador. —Quiero follarte yo.
Se colocó entre sus piernas y lo penetró en una sola embestida.
Jimin gritó y Jungkook comenzó a moverse.
—Eres mía —dijo. —¿Entendido?
—Sí —gimió.
—Y esto —dijo, apretando sus caderas. —Esto es mío.
Jungkook lo folló con fuerza, con sus caderas chocando contra las de el. Jimin gemía, tiraba de las esposas, y Jungkook se sentía como un dios.
Cuando llegaron al orgasmo, Jungkook se corrió dentro y Jimin se apretó a su alrededor.
Se quedaron en la cama, sudorosos y agotados. Jungkook desató las esposas y abrazó a Jimin.
—Eso ha sido...
—Lo mejor de todo el viaje —dijo Jimin, sonriendo.
Jungkook lo besó en la frente.
—Y aún nos quedan tres días.
Jimin sonrió.
—Menos mal que hemos comprado pilas de repuesto.
Jungkook se rió y lo abrazó más fuerte.
—Te quiero, Jimin.
—Yo también te quiero, degenerado.
Y se quedaron dormidos, enredados y felices.








