Capítulo 1. —Cuándo Oscurece
Las clases habían terminado y el campus se llenaba del bullicio habitual de estudiantes que salían apresurados. Sieun caminaba por los pasillos, su mochila colgando de un hombro, sus pasos medidos, expresión sería como siempre. Nadie podía imaginar lo que pasaba por su mente… o lo que sentía.
De repente, escuchó voces conocidas, provenientes de las escaleras del tercer nivel.
—¡Ey, Sieun! —gritó Park Humin, bajando por los escalones, con esa sonrisa despreocupada que siempre lo hacía parecer a punto de contar un chiste malo—. Vamos a comer algo hoy, yo invito, ¿vienes o te vas a perder la diversión?
Gotak bajo el último escalón, con las manos en los bolsillos de su suéter azul y el ceño ligeramente fruncido, añadió:—Vamos, Sieun. No te hagas el difícil, hay que aprovechar hoy, ya que Humin pagara todo… Bueno, aunque no importa tu respuesta, tú vienes con nosotros, quieras o no.
Juntae, tímido, ajustándose las gafas, asintió con una sonrisa pequeña:
—Sí… Ven con nosotros hoy. Nos ha hecho mucha falta tu compañía, últimamente, has estado estudiando demasiado.
—Cierto, una salida no te caería mal—termino de decir Gotak.
Humin, acercándose a Sieun, afirmo con entusiasmo—Exacto, la mente también necesita descansar—llevo una mano directo a la cabeza de Yeon y le alboroto su pelo sedoso, despeinándolo por completo.
Sieun lo miro y suspiró levemente. No era que realmente necesitara salir, pero la compañía de ellos no le molestaba. Se había acostumbrado a tenerlos cerca y, de alguna forma, apreciaba que lo incluyeran, aunque su rostro no lo demostrara.
—Está bien —respondió con voz calmada, sin ninguna emoción evidente—Vamos.
Los tres amigos sonrieron con complicidad, contentos con la aceptación, para ellos era muy difícil sacarlo a divertirse. Así que cualquier “Sí” de Yeon era un logro milagroso.
Mientras caminaban hacia un pequeño restaurante cercano, Humin se adelantaba contando historias exageradas de peleas que nunca había tenido, moviendo los puños al aire sin ningún sentido.
—Y entonces le dije: “¡No me vas a tocar mi postre favorito!” —hizo un gesto dramático, y todos lo miraron con caras de “¿Qué carajos?”—. Sí, sé que fue ridículo…—acepto Humin, sin borrar la sonrisa de oreja a oreja que tenía en el rostro.
Gotak rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír levemente, aunque se cruzó de brazos como si estuviera molesto.—Tu chiste fue terrible, por favor ya no lo hagas más —murmuró.
Juntae se acomodó las gafas, riéndose tímidamente, ya que a él sí le había causado gracia.
Gotak al verlo le dio un apachurrón en la mejilla, provocando que el pequeño reaccionara.
—¡Oye, eso duele! —protestó Juntae, sonrojado, mientras los demás se reían.
Sieun los observaba con su habitual expresión seria, pero dentro de él había un pequeño calor que nadie podía ver. Estos amigos, aunque un poco alocados, lo hacían sentir… parte de algo. Y eso le bastaba. Pues eran sus primeros amigos que hacía en la universidad, amistades sinceras que no buscaban nada a cambio.
—Humin, ¿puedes dejar de hacer tus chistes malos? —preguntó con tono seco, pero sin maldad.
—Nunca —respondió Humin, encogiéndose de hombros y sonriendo—. Pero me alegra que vengas con nosotros, Sieun. Yo solo quiero que tú te diviertas con nosotros.
Sieun no dijo nada y continuo caminado en silencio durante todo el camino. Para los demás, podía parecer distante, incluso frío. Pero en el fondo, Yeon apreciaba cada gesto, cada risa, cada momento compartido con ellos. Solo que nadie, excepto su novio Ahn Suho, vería jamás cómo su corazón podía sonreír de verdad.
Al llegar al restaurante, este estaba lleno de clientes, las luces cálidas iluminaban el lugar y el aroma a carne asada flotaba en el aire; inundando las fosas nasales de los chicos, que de inmediato sus estómagos rugieron de hambre contenida.
—¡Qué rico!—dijeron Humin, Gotak y Juntae, al mismo tiempo, saboreando el aroma con felicidad.
Los cuatro chicos se acomodaron en una mesa junto a la ventana, dejando sus mochilas a un lado de casa asiento. Un mesero se acercó a ellos y tomo su orden, una vez que se fue, Gotak, con su eterna sonrisa, empezó a molestar a Humin.
—Oye, Humin —dijo Gotak con tono juguetón—¿ya te reconciliaste con tu novio? —le guiñó un ojo, refiriéndose a Baekjin—. Porque no es normal que nos invites a comer en este tipo de restaurante, eh… De solo verlo te das cuenta lo lujoso que es.
Juntae recorrió con la mirada cada rincón del lugar. Era cierto: había de todo tipo, y los materiales de las barras, mesas y paredes demostraban un lujo evidente.
—Es verdad —dijo, soltando una risa tímida.
Humin tragó saliva, girando los ojos.
—No es gracioso, Gotak.
Sieun levantó la vista de su celular con expresión seca, como si no entendiera de qué hablaban, aunque notaba la incomodidad del otro. Gotak rio bajito, disfrutando de provocar.
—Ay, tranquilo, era broma… aunque, bueno, ahora que lo pienso, ¿sí? —insistió, con esa chispa de fastidio que sabía sacar.
—No pienso hablar de eso. —Humin cortó de raíz, llevando la atención al mesero que acababa de llegar con sus platillos que habían ordenado.
Sieun bufó suavemente, como si estuviera al borde de levantarse e irse. Pero no lo hizo. Al contrario, se acomodó en la silla recibiendo su platillo, resignado, pero no tardo en que su expresión cambio cuando su celular vibro al recibir un mensaje.
Al abrirlo, su corazón dio un vuelco de emoción. Su novio, Suho, le había respondido al mensaje que él le había escrito antes de llegar al restaurante.
Ahn Suho — 3:10 PM
«Está bien, cariño. Diviértete mucho. Te amo»
Sieun solo curvó una sonrisa breve antes de guardar el celular en el bolsillo de su suéter negro. Volvió la vista hacia sus amigos, que ya estaban empezando a comer, y se unió a ellos, tomando el tenedor entre sus dedos con calma.
Mientras comían, Gotak, empezó a contar anécdotas ridículas del club de basquetbol, imitando voces y gestos del equipo enemigo. Humin no pudo evitar reírse entre bocados. Hablaban de temas que no eran tanto interés para Sieun, pero que también escuchaba con atención.
Luego de un rato, Sieun, observando todo con gesto frío.
—¿Ya terminamos? —preguntó, mirando el reloj que traía puesta en su muñeca izquierda—. Tengo que irme a estudiar.
—¡Ni lo sueñes! —protestó Humin, jalándolo del brazo antes de que pudiera levantarse—. Apenas estamos empezando.
Y así fue como, sin darse cuenta, terminaron recorriendo la ciudad. Primero un café escondido donde Gotak insistió en probar postres raros solo por apuesta, luego una pequeña tienda de juegos retro que encontró Humin, pasaron centros comerciales, tiendas, parque de diversiones y, finalmente, una plaza iluminada por faroles donde la gente paseaba tranquilamente, en especial, visitada más por las fuentes que había en el centro.
Sieun seguía repitiendo que debía irse, pero entre tirones y risas de sus amigos, siempre terminaba siguiéndolos. En el fondo, aunque no lo admitiera, esa sensación de compañía lo mantenía anclado más de lo que pensaba.
La plaza estaba tranquila, los faroles reflejaban su luz en las enormes fuentes de agua que salpicaban cada cinco minutos. La gente acercándose para tomarse fotos en el agua.
Gotak y Juntae se habían sentado en un bordillo cerca de la fuente, observando cómo el agua que salía disparado hacia arriba caía sobre ellos en pequeñas gotas, haciéndolos reír. Juntae por minutos se quitaba sus gafas con timidez para limpiarlos de la humedad del agua, mientras Gotak lo empujaba suavemente con el hombro, como si quisiera que se relajara más. Compartían un momento tan íntimo entre ellos.
—Mira… —susurró Gotak, señalando el reflejo de la luna llena en el agua—. Muy bonita, ¿no?
—Sí… —Junte sonrió leve, un rubor asomando en sus mejillas—. Se ve muy bonita.
Mientras tanto, Humin caminaba junto a Sieun, con las manos en los bolsillos. La noche era fresca y había un aire de calma que contrastaba con la tranquilidad del grupo.
—¿Qué planes tienes para mañana? —preguntó Humin, casual, mientras Sieun lo seguía paso a paso—. ¿Clases, estudio, lo de siempre?
—Estudiar —respondió Sieun con su tono habitual, serio y sin mostrar emoción. Sin embargo, su mirada fugaz hacia la fuente reflejaba que, aunque lo dijera con frialdad, apreciaba el momento tranquilo de la noche.
Humin sonrió, divertido ante la manera seria de Sieun.
—Siempre tan centrado… deberías relajarte un poco más.
—Relajarme… no es exactamente mi fuerte —contestó Sieun, encogiéndose de hombros.
En silencio, caminaron un poco más, escuchando el ruido del agua suave proveniente de las fuentes y las risas lejanas de Gotak y Juntae.
—Gracias por invitarme a salir —murmuró finalmente, casi para sí mismo.
—¡¿Eh?! —Humin lo miró, sorprendido.
—No lo digas en voz alta, o Gotak va a molestarte todo el camino de vuelta —dijo Sieun, con un toque de ironía que era más cercano a un gesto de afecto de lo que él mismo quería admitir.
—Claro, como tú digas princesa de hielo—emitió Humin, una sonrisa sincera decorando su rostro luminoso.
Después de la salida con sus amigos, se despidieron y cada uno tomó su propio camino para volver a casa, Humin, volviendo solo, y Gotak, acompañando a Juntae hasta su casa.
Sieun subió a un taxi; la noche estaba avanzada y las calles iluminadas por faroles y luces de neón reflejaban un brillo suave sobre su rostro desde la ventana del taxi. Hoy, por pasar tiempo con Humin, Gotak y Juntae, había omitido su clase intensiva de la academia, algo que normalmente lo obligaba a exigirse al máximo con sus estudios.
Mientras observaba la ciudad pasar, envió un mensaje a su novio:
De Sieun:
📨 «Ya casi llego a casa»
El taxi frenó frente al edificio donde vivían y Sieun descendió, pagó con tarjeta y entró al vestíbulo. Al pasar la puerta, el pitido del control de acceso sonó. Al mirar su teléfono, vio la confirmación de envío, pero no había llegado respuesta inmediata; probablemente Suho todavía trabajaba, como siempre, haciendo mil cosas para asegurarse de que todo estuviera bien.
Sieun entró al edificio y subió al ascensor. Al llegar a su piso, abrió la puerta del apartamento y envió otro mensaje:
📨«Ya llegué, amor »
No tardó mucho en recibir una respuesta: un GIF animado, probablemente gracioso o tierno, de Suho moviendo las manos en señal de abrazo. Eso bastó para dibujar una pequeña sonrisa en el rostro de Sieun. Aunque su expresión era siempre fría ante el mundo, pequeños gestos como ese le recordaban que alguien estaba pendiente de él, alguien que lo cuidaba y lo esperaba.
Arrojo su mochila y se dejó caer sobre el sofá de la sala, dejando escapar un suspiro leve. La noche había sido larga, divertida entre amigos, pero ahora lo único que deseaba era la tranquilidad de su hogar… y la presencia de Suho. Deseaba sentir sus cálidos abrazos y escuchar su voz con la que se sentía protegido, pero lo que más deseaba era sentir la calidad de sus labios sobre él, porque de esa manera se sentía amado y deseado.
Sieun estaba recostado en el sofá, mirando el techo con los ojos algo cansados. Volvió agarrar su teléfono y escribió a Suho:
📨«¿Dónde estás? ¿A qué hora vas a llegar?, te extraño mucho»
Pasaron unos minutos antes de que Suho respondiera:
💌Amor ❤️
10:30 PM
|«Me faltan unas cuantas entregas, no te preocupes, llegaré pronto.» |
Sieun infló ligeramente los cachetes, cruzando los brazos sobre el pecho mientras murmuraba para sí mismo:
—Qué estrés…
Su celular volvió a vibrar, Suho le había enviado una foto que lo hizo sonrojar de inmediato: era él haciéndole un corazón con los dedos.
Sieun no pudo evitar sonreír levemente, girando el rostro hacia un lado, escondiendo el rubor que subía por sus mejillas. No importaba lo que Suho le enviara, el corazón de Sieun siempre iba a latir de emoción, porque lo amaba profundamente. Estaba tan locamente enamorado de él.
Tras descansar unos 30 minutos en el sofá, se levantó y fue a su habitación. Tomó una ducha rápida, dejando que el agua caliente relajara sus músculos cansados. Salió y se puso una pijama cómoda de seda color azul marino: camisa de botones ligera y un short corto. El conjunto era suave, agradable al tacto, ideal para pasar la noche en calma.
Eran apenas las 11:15 pm, pero Sieun decidió sentarse frente a su computadora para estudiar un poco más, revisando apuntes y tareas que debía preparar con anticipación. Sin embargo, el cansancio acumulado de la jornada, entre clases extensas, amigos y caminatas por la ciudad, comenzó a ganarle.
Apago la lámpara de su escritorio, dejando su celular cargando en la mesa de noche y se recostó finalmente en la cama. Afuera, la ciudad iluminada por luces nocturnas seguía viva, pero dentro del departamento reinaba la tranquilidad. Sieun dejó que el sueño lo alcanzara, preparándose para descansar… y esperando, sin decirlo, la llegada de Suho.
No pasaron ni quince minutos cuando un sonido de la cerradura de la puerta anunció la llegada de Ahn Suho al apartamento. Entró con cuidado, quitándose los tenis, y se dirigió a la cocina con una bolsa de entregas en una mano, en la alacena guardo algunas cosas de mandado que compró todavía en una tienda de conveniencia. El aroma a comida de hace unas horas todavía flotaba en el aire, pero eso no le quitaba la sonrisa al ver su hogar.
Pero lo más importante deseaba ver a su luz, a su razón de existir. A su bonito y hermoso Yeon Sieun.
Al dejar todo acomodado, caminó hacia la habitación, encendiendo la lámpara qué estaba a un lado de la cama y lo vio. Su noviecito bonito dormía plácido bajo una cobija gruesa y peluda de color rojo, la cabeza apoyada sobre una almohada cómoda. Suho no pudo evitar sonreír al ver a Sieun tan tranquilo, con las mejillas ligeramente sonrojadas y el pecho subiendo y bajando lentamente en respiraciones pausadas.
Suho decidió ir a la ducha para refrescarse antes de acostarse. Al salir del baño, con la pijama cómoda puesta y el cabello todavía húmedo mientras se secaba con cuidado, se permitió un momento más para mirar a Sieun.
Su novio era tan hermoso, bello y delicado que nadie imaginaría que, si lo hacían enojar, podía transformarse en una fiera imposible de contener. Suho ya lo había vivido en carne propia; esa fue precisamente la razón por la que terminó enamorándose de él. Aún recordaba con claridad la primera vez que interactuaron en la preparatoria: Sieun, sin medir fuerzas, le había arrojado una bolsa de colores directo al rostro y, como si eso no bastara, después intentó atacarlo con una silla. Para cualquiera hubiera sido una agresión gratuita; para Suho, en cambio, aquello fue un extraño coqueteo, tan peculiar como inolvidable.
Finalmente, apagó la luz y se metió en la cama, acomodándose detrás de él. Con delicadeza, lo abrazó por detrás, atrayéndolo suavemente hacia su pecho. Sieun sintió el calor, medio despertó y soltó un pequeño suspiro, reconociendo el olor varonil de Suho.
Suho dejó suaves besos en la oreja y el cuello de Sieun, movimientos tan tiernos que provocaron un pequeño rubor en el rostro escondido bajo la almohada. Sieun, consciente de que era Suho, simplemente sonrió, relajándose y dejando que el abrazo lo envolviera mientras intentaba volver a dormir.
—Suho, deja dormir, por favor— susurro el bajito con ronquez.
Pero, aunque todo parecía tranquilo y silencioso, el calor del abrazo y la cercanía de Suho comenzaban a crear una sensación que Sieun aún no podía ignorar, y algo en su interior sabía que la noche apenas comenzaba… Y eso era lo que más necesitaba.
3 AM
La tenue luz de la luna, aun colándose por el cuarto, iluminaba con precisión a la pareja que en ese momento ardía en llamas llena de pasión y lujuria. La cama estaba hecha un caos: las sábanas colgaban, la cobija roja peluda amontonada a los pies. Cada movimiento de la noche dejaba un rastro de desorden, reflejo de lo que sucedía entre ellos.
Sieun estaba ahí, precioso como siempre, aunque completamente entregado. Sus mejillas estaban teñidas de un rojo carmesí, el cabello oscuro desordenado cayendo sobre la almohada, enmarcando sus labios entreabiertos y su respiración entrecortada. Sus manos delgadas y delicadas se aferraban a los hombros anchos de Suho como si fueran la única cuerda que lo mantenía anclado a la realidad. Cada estocada profunda obligaba a Sieun enterrar sus uñas contra la piel del alto. Solo Suho conocía ese lado de él: vulnerable, rendido, y absolutamente bello en su sumisión.
Sieun arqueaba la espalda, abriendo más las piernas, dejándose llevar por el ritmo que Suho imponía, cada toque, cada susurro, cada caricia cuidadosamente posesiva. Solo él sabía cómo tocarlo para hacerlo perder el control, y Sieun lo sabía… por eso se rendía sin reservas.
Suho, con el cuerpo firme y seguro, se movía con precisión dentro de él, sosteniéndolo fuertemente de las caderas, guiándolo, haciendo que cada sensación alcanzara el límite. Sieun gemía sin control, aferrándose al cuello de Suho, sus labios temblorosos, dejando pequeños mordiscos en la piel de su novio, sintiendo el sabor salado del sudor que recorría sus pieles.
Ahn Suho, sonrojado, sonrió al ver que había logrado que su chico de hielo, se derritiera de placer bajo el calor y la pasión que solo él podía provocarle.
—¿Te gusta que te lo haga así…? —susurró Suho, su voz grave y llena de posesión. Sus labios aterrizaron en el cuello del bajito, succionando con fuerza su piel suave, subió hasta sus labios sellando un beso necesitado. Sin previo aviso, presionó con más fuerza las caderas de Sieun, hundiendo sus largos dedos en su piel, aumentando la velocidad de sus penetraciones, el ruido de sus sexos haciendo eco en la habitación.
—Ahh… Suho… —Gimió suciamente Sieun, jadeando, sintiendo cómo el miembro de su novio viajaba a lo más profundo de su cavidad. Cada movimiento, lo llevaba más allá, perdiéndose en el placer que él solo podía darle.
La habitación estaba llena de gemidos, respiraciones entrecortadas, el sonido de sus cuerpos sincronizados, los besos intensos y ruidosos, cada que se separaban para gemir el nombre del otro. Cada penetración agresiva, cada roce, cada caricia, era un recordatorio de que Sieun solo pertenecía a Suho, y de que Suho solo tenía ojos para él.
Y mientras la madrugada avanzaba, los cuerpos, las emociones y el calor entre ellos dejaban claro que esa conexión, ese juego de posesión y entrega, no era algo que terminara fácil, sino que se repetía noche tras noche, dejando un rastro de deseo y amor exclusivo entre ambos.
Y Sieun lo disfrutaba demasiado.
Continuará








