uno
La carretera parecia interminable.
Líneas blancas que pasaban una tras otra bajo el coche, habia campos de tierra y pasto en ambos lados que se extendían hasta donde alcanzaba la vista y un sol que caía lentamente volviendo el cielo de color naranja y rojo.
El coche de Yoongi se deslizaba por la carretera, el motor ronroneando con un sonido constante.
Yoongi conducía en silencio, con una mano en el volante y la otra apoyada en la ventana abierta. Su camisa negra estaba desabrochada un poco, dejando ver la piel clara y el contorno de sus clavículas.
El viento le movía el cabello castaño despeinándolo de una manera que a Jimin siempre le había gustado.
Llevaban cuatro horas en la carretera, un viaje que habían planeado hace meses, una escapada de fin de semana a la costa.
Todavía les quedaban al menos dos horas más de camino y la emoción del viaje comenzaba a mezclarse con el cansancio.
Jimin estaba en el asiento del copiloto, con los pies descalzos apoyados en el salpicadero y la cabeza recostada contra la ventana. El cristal vibraba con el movimiento del coche y sentía el calor del sol en su piel a través del vidrio.
Llevaba unos shorts de mezclilla cortos que apenas cubrían la parte superior de sus muslos dejando ver sus piernas bronceadas por completo.
Su top blanco era holgado, de algodón suave, y se le había subido un poco dejando ver un trozo de su vientre y el borde de su sostén.
Su cabello rubio estaba recogido en una coleta despeinada, con algunos mechones sueltos que se le pegaban al cuello por el calor.
No llevaba maquillaje, pero se veía hermoso así, natural, con sus mejillas ligeramente sonrosadas por el sol y los labios con un tono rosado natural.
Yoongi no podía dejar de mirarlo de reojo, cada vez que la carretera se lo permitía. Llevaban tres años juntos y aún así, cada vez que lo veía así, despreocupado y hermoso, sentía que se enamoraba un poco más.
Era el chico de su vida, lo sabía.
Pero el cansancio del viaje y las horas de carretera no ayudaban a que esa sensación fuera más llevadera.
—¿Cuánto falta? —preguntó Jimin, bostezando y estirando los brazos por encima de su cabeza.
El movimiento hizo que su top se subiera un poco más y Yoongi desvió la mirada hacia la carretera para no distraerse.
—Como dos horas —respondió él, con la voz ronca por las horas de silencio. —Hay una gasolinera en la próxima salida, aguanta un poco más y podemos parar.
—Necesito ir al baño —dijo el rubio moviéndose incómodo en el asiento. La vejiga comenzaba a molestarle y el viaje se estaba haciendo largo.
—Ya casi llegamos.
Jimin asintió y se estiró de nuevo, arqueando la espalda.
Sus shorts se subieron un poco más y Yoongi sonrió sin que el lo viera.
Diez minutos después, llegaron a la gasolinera.
Era un lugar viejo, de esos que parecen detenidos en el tiempo, con un cartel de neón que parpadeaba débilmente con letras que ya no se leían completas.
Dos bombas de gasolina oxidadas estaban en el frente, una con una manguera desgastada.
Al lado habia una tienda pequeña con una puerta de vidrio sucia y un cartel de "ABIERTO" que colgaba.
No había muchos coches, solo una camioneta blanca estacionada en una esquina y un auto negro en la otra punta cerca del baño.
El sol ya se había puesto casi por completo y el cielo comenzaba a oscurecerse.
Yoongi estacionó el coche al lado de las bombas de gasolina. Apagó el motor y el silencio se hizo presente, solo interrumpido por el leve sonido del viento moviendo las hojas de los árboles cerca de la tienda.
—Voy a cargar gasolina y a comprar algo de beber —dijo Yoongi bajando del coche. —¿Quieres algo?
—Agua, por favor —respondió Jimin estirando las piernas. —Y algo de comer, si tienen.
—Ve al baño y regresa, no tardes mucho. Quiero llegar antes de que oscurezca del todo.
Jimin bajó del coche y sintió el aire fresco de la noche en su piel, el olor a gasolina y a tierra húmeda llenaba el ambiente.
Caminó hacia la parte trasera de la tienda, donde estaba el baño.
El cartel de "BAÑO" era amarillo y estaba manchado por el tiempo con la pintura descascarada en los bordes.
Empujó la puerta de madera y entró.
El baño era pequeño, apenas lo suficiente para una persona.
Un inodoro viejo con la tapa agrietada, un lavabo con un grifo que goteaba constantemente y una luz blanca y fría que zumbaba con un sonido eléctrico molesto.
El olor a lejía y a humedad llenaba el espacio, mezclado con algo que no podía identificar, probablemente el olor de años de uso sin una buena limpieza.
No tenía cerrojo, solo un cartel de cartón que decía "OCUPADO" para colgar en la puerta.
Jimin colgó el cartel y se sentó en el inodoro, el frío del asiento lo hizo estremecerse.
Cerró los ojos y se concentró en terminar rápido, deseando volver al coche y continuar el viaje.
Afuera se escuchaba el sonido de la gasolina fluyendo en el tanque del coche y la voz de Yoongi hablando con alguien, probablemente el encargado de la gasolinera.
Todo parecía tranquilo, normal.
Terminó y se limpió.
Se levantó para subirse los shorts cuando la puerta se abrió de golpe, sin previo aviso.
Jimin dio un salto hacia atrás, su corazón latiendo con fuerza.
Un hombre alto de cabello negro y ojos oscuros estaba parado en el umbral.
Tenía una camisa negra desabrochada hasta el ombligo, dejando ver un torso marcado con tatuajes que se extendían por su pecho y brazos y unos jeans ajustados que apenas se sostenían en sus caderas. Su mandíbula era fuerte, su mirada intensa y el aire a su alrededor parecía cargado de algo peligroso.
Olía a gasolina y a tabaco mezclado con su propio olor, algo masculino.
El hombre no dijo nada al principio.
Solo lo miró, recorriendo su cuerpo de arriba abajo con una lentitud que hizo que Jimin sintiera un escalofrío.
Sus shorts estaban aún bajados, su top subido, Jimin estaba completamente expuesto frente a él.
—No cerraste con llave —dijo el hombre finalmente con voz grave y ronca, como si estuviera acostumbrado a dar órdenes y a que todos las obedecieran.
—Hay un cartel —dijo Jimin tratando de mantener la calma mientras se bajaba los shorts con manos temblorosas. —Usted debería haber visto el cartel. Salga, por favor.
—¿Salir? —El hombre sonrió y entró, cerrando la puerta detrás de él. El baño se hizo más pequeño, el espacio se redujo a solo ellos dos. El sonido del grillo afuera quedó apagado. —No creo que quieras que me vaya.
—No sé quién es usted, pero tiene que salir ahora mismo —dijo Jimin, su voz temblorosa pero tratando de sonar firme. —Mi novio está afuera.
—Jungkook. —Dio un paso hacia el, y Jimin retrocedió hasta chocar contra el lavabo. El borde del mármol le presionó la espalda baja. —Y tú eres Jimin, el novio del chico de la camioneta negra.
—¿Cómo sabe mi nombre?
—He estado viéndote desde que llegaron. —Sus ojos oscuros lo recorrieron de nuevo lentamente como si estuviera saboreando cada detalle. —Vi cómo te sentaste, cómo te moviste en el asiento, cómo bajaste del coche y caminaste hasta aquí. Eres demasiado hermoso para estar con un tipo como ese.
—No le conozco —dijo Jimin, sintiendo que las piernas le temblaban. —Por favor, váyase.
—No. —Jungkook avanzó hasta quedar frente a el, su cuerpo bloqueándole cualquier posible salida. —He estado pensando en ti desde que te vi y no pienso irme sin saber cómo suenas.
—¿Cómo sueno?
—Cuando gimes. Cuando te follen. Cuando pierdes el control.
Jimin sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.
Intentó pasar a su lado, esquivarlo, pero él lo agarró por la cintura con una fuerza que lo sorprendió.
Sus manos eran grandes, firmes y lo mantuvieron en su lugar sin esfuerzo.
—Suélteme —dijo Jimin, su voz temblorosa. —Por favor, suélteme.
—No. —Jungkook lo giró para quedar frente a él, sus cuerpos casi pegados. —Sabes que esto va a pasar. Sabes que desde que te vi, no hay forma de que no termine así.
—Mi novio está afuera —repitió como si eso pudiera detenerlo.
—Sé dónde está. Está hablando con el encargado, comprando bebidas y golosinas, va a tardar al menos cinco minutos, quizás más si el viejo no encuentra el cambio. —Jungkook lo miró fijamente. —Cinco minutos son suficientes para lo que tengo en mente.
—¿Suficientes para qué?
—Para que me des lo que quiero, para que te arrodilles, para que me chupes la verga, para que te folle contra este lavabo hasta que olvides cómo te llamas. —Su voz no subió de tono, pero cada palabra era un golpe. —Voy a hacer que te olvides de todo, incluso de tu novio afuera.
Jimin forcejeó, empujándolo con las manos, pero era inútil.
Jungkook era más grande, más fuerte, y lo tenía atrapado.
Él lo giró con un movimiento brusco, presionando su pecho contra el lavabo. El mármol frío contra sus pechos, el olor a lejía y a él llenando sus pulmones.
—No, por favor —dijo, su voz quebrándose.
—Shh. —Jungkook le tapó la boca con una mano, la palma caliente contra sus labios. —No grites, no quiero que nadie interrumpa esto.
Jimin sintió sus lágrimas caer por sus mejillas, pero Jungkook no parecía notarlo.
—No quiero esto —susurró Jimin contra su mano.
—Sí quieres. —Su mano libre encontró el borde de sus shorts y los bajó hasta sus rodillas, dejando su piel expuesta al aire frío del baño. —Tu cuerpo dice lo contrario, ya estás mojado.
—No es cierto —dijo, pero sabía que era mentira. Su cuerpo traidor ya estaba reaccionando a la situación, al miedo, a la adrenalina, a la cercanía de ese desconocido.
Jungkook metió su mano entre sus piernas y sus dedos encontraron su coño.
Estaba húmedo y no podía negarlo.
Jimin cerró los ojos y se odió por ello, por su cuerpo que no obedecía a su mente.
—Ves —dijo Jungkook, su voz un susurro caliente contra su oído. —Te gusta. Te excita que un desconocido te toque. Te excita que te folle contra un lavabo sucio.
—No.
—No mientas.
Jungkook retiró su mano y se desabrochó el pantalón con un movimiento rápido.
Su pene quedó libre, y Jimin sintió que se le secaba la garganta cuando lo rozó contra su entrada.
Era grande, más grande que Yoongi y supo que no iba a ser suave.
—Va a doler —dijo Jimin, su voz apenas un susurro.
—No mucho. —Lo penetró lentamente al principio, sintiendo cómo se abría para él, cómo su coño lo aceptaba a pesar de todo. —Te voy a llenar, nena. Vas a sentirme durante días, vas a acordarte de mí cada vez que te sientes.
Jimin mordió su labio hasta casi sangrar para no gemir. Pero Jungkook comenzó a moverse, primero lento, luego más rápido, y el placer comenzó a subir, a pesar de todo. Sus manos apretaban sus caderas, sus dedos se clavaban en su piel dejando marcas, y el sonido de su piel contra la del rubio llenaba el pequeño baño.
—Así —dijo Jungkook, su voz entrecortada. —Así, nena. Toma toda mi verga, tómala como la puta que eres.
Jimin sintió que el placer comenzaba a subir, una ola caliente que se extendía desde su coño hasta todo su cuerpo. Jungkook lo follaba con una intensidad que lo hacía olvidar dónde estaba y con quién.
—No —dijo Jimin casi sin fuerzas, sus dedos aferrados al borde del lavabo.
—Sí —dijo él, embistiendo más fuerte, más profundo. —Sí, sí, sí.
Las manos de Jimin se apoyaron en el lavabo, sus dedos blancos por la fuerza. Jungkook lo follaba más rápido, más profundo, cada embestida lo llevaba más cerca del borde.
El olor a lejía y a sexo llenaba el baño.
—Voy a venirme —dijo Jungkook, su voz ronca y entrecortada. —Quiero que te corras conmigo.
—No puedo.
—Puedes, quiero sentirte. Quiero que te aprietes alrededor de mi verga mientras me vengo dentro de ti.
—No dentro —dijo Jimin. —Por favor, no dentro.
—Sí dentro, quiero dejar mi marca en ti.
Y Jimin sintió que el orgasmo lo golpeaba, su cuerpo temblando contra el lavabo mientras Jungkook se enterraba en el con un gemido profundo.
Sintió cómo él se llenaba, cómo el líquido caliente lo llenaba por dentro.
Después, Jungkook se salió y se arregló la ropa.
Jimin seguía apoyado en el lavabo, con los shorts bajados y el cuerpo tembloroso, las piernas apenas capaces de sostenerlo.
—Eres hermoso —dijo Jungkook, acercándose y levantándole la barbilla para que lo mirara. —Y sabes mejor de lo que imaginaba.
Jimin no respondió.
Solo se arregló los shorts con manos temblorosas, tratando de recomponerse, tratando de borrar lo que había pasado.
Jungkook se acercó y le dio un beso en la mejilla, suave, casi tierno, como si no acabara de follarlo contra el lavabo.
—No le digas nada a tu novio —dijo. —Será nuestro secreto.
Jimin lo miró, sus ojos aún brillantes por las lágrimas.
—No hay nada que decir.
—Bien.
Jungkook salió del baño y cerró la puerta detrás de él.
Jimin se quedó allí respirando hondo, tratando de recomponerse. Se miró en el espejo del lavabo, su reflejo le devolvió una imagen que apenas reconocía: el cabello despeinado, las mejillas sonrosadas, los labios hinchados.
Se mojó la cara con agua fría y trató de arreglarse lo mejor que pudo.
Cinco minutos después, salió del baño.
Yoongi estaba en el coche esperándolo con dos botellas de agua y una bolsa de papas fritas.
—¿Todo bien? —preguntó él, notando algo diferente en el rubio.
—Sí —dijo subiéndose al coche. —Todo bien.
—Estás pálido.
—Es el cansancio.
Yoongi no insistió.
Arrancó el coche y salieron de la gasolinera. Jimin miró por la ventana y vio a Jungkook, apoyado contra una pared, fumando un cigarrillo con una sonrisa en el rostro. Levantó una mano en un saludo burlón.
Jimin desvió la mirada.
—Todo bien —repitió, más para sí mismo que para Yoongi.
Pero sabía que nada volvería a ser igual.
Y esa noche, cuando Yoongi durmió, Jimin no pudo dejar de pensar en las manos de Jungkook, en su voz, en cómo lo había follado.
Y se odió por ello.
Y al mismo tiempo, no pudo evitar desear que volviera a pasar.








