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La Espada de Oro

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Summary

"Siempre pensé que mi vida era sencilla y, sobre todo, segura. Eso era lo importante. Pero desde que mi mejor amigo sobrevivió a un accidente, mi mundo empezó a cambiar. Y a los dieciséis años, aquella estabilidad se desvaneció por completo. Cómo desearía tener conflictos de secundaria, no decisiones de vida o muerte. No soy un héroe. Sólo busco recuperar esa paz que alguna vez tuve." Para Max, la rutina siempre ha sido un refugio, un escudo contra el caos. Pero un accidente lo arrastra al mundo de los Elegidos, un grupo de superhumanos destinados a enfrentarse al Rey de las Sombras, una figura envuelta en destrucción y desesperanza. La clave para derrotarlo yace en un artefacto ancestral: la Espada de Oro. Sin embargo, blandirla no será su mayor desafío, sino enfrentarse a la verdad que representa y los oscuros secretos que lleva consigo. ¿Podrá Max aceptar un legado que nunca pidió, o será consumido por el destino del que tanto intenta escapar?

Status
13h ago
Chapters
9
Rating
5.0 (1 review)
Age Rating
16+

El día en que casi muero

A Jared Palme le pasaba algo.

Ese pensamiento me persiguió desde tiempo atrás y lo peor es que yo tenía razón. Esa fue la primera grieta de muchas que arruinó nuestro futuro.

Y era un pensamiento razonable. Casi diez años de amistad me enseñaron a leer sus gestos, y lo que leía ahora no era normal. Al menos no dentro de lo que acostumbraba. Llevaba más de un año desde que noté esos cambios, ¿cómo no iba a acostumbrarme ya? Solía mentirme que estábamos madurando y enfocándonos en lo que nos debería ahora importar. Pero ese día, el cambio era demasiado notorio.

Empezando por ese viernes. El primer viernes del curso. Teníamos un examen diagnóstico y los nervios me hicieron pasarla mal, a pesar de saber que me iría bien y el examen no servía para nada. Terminar y salir del aula calmó los retortijones en el estómago. Sólo por un momento, porque cuando Jared pasó a mi lado sin dirigirme la palabra, sentí el peso de nuevo. Considerando que por el examen podíamos salir temprano, intenté no tomarlo personal. En ese caso debía apresurarme y alcanzarlo antes de que desapareciera.

Me escabullí entre la multitud, causando el menor de los inconvenientes para evitar problemas hasta mi casillero y, tarareando la cancioncilla inventada para la combinación, saqué los apuntes que sabía que me pedirían. Y ni siquiera eso pasó, pues al momento en que los tuve en mis manos, me fue arrebatado. Con un suave “gracias” y un beso en la mejilla, una chica de cabello rubio se alejó de mí, sin darme la oportunidad de decir nada.

La chica en cuestión era Aylin, la única a la que le había puesto ojos en los últimos seis años y quien yo deseaba me prestara la misma atención que yo le ofrecía. Sin embargo, no me atrevía a dar un paso enorme hacia ese objetivo. Exponerme a algo así y sentir la mirada de toda la escuela encima me parecía innecesario. Así que mi plan era sencillo pero constante: ayudarla a pasar sus materias. De esa forma jamás se olvidaría de mí. Además, un poco de dinero extra al bolsillo me servía.

En realidad, mis planes siempre funcionaban bajo un mismo principio: pasar bajo el radar. Creía que la vida se volvía mucho más llevadera evitando cualquier tipo de problema. Llámenme mediocre, pero siempre me había funcionado y pretendía que las cosas siguieran así. Para extravagancias estaba mi amigo, que parecía querer abrazar al mundo y lo hacía ver tan sencillo. Aunque sentía que ese mundo ya no me incluía a mí.

Una mano se sacudió frente mi cara, bloqueando la vista que tenía de Aylin.

—Tierra llamando a Max —bromeó mi amigo que ahora me había alcanzado. Me alivió saber que no se habría ido sin mí.

—Perdón, no te vi llegar —respondí azotando el casillero.

—Ah, claro. Ya veo en qué estaban tus ojos —soltó con una sonrisa de oreja a oreja y apartándose con un mano el cabello oscuro de la frente—. ¿Qué vas a hacer como quiera? ¿Su esclavo toda la eternidad? —agregó de manera golpeada y rodando los ojos. Jamás aprobó que la chica se aprovechara de mí. Caminó en dirección a la salida sin esperarme y tuve que alcanzarlo entre la multitud.

—Cuando te suceda lo que a mí, lo entenderás. Imposible no aceptar un trato así.

Me quedé detrás de él para dejar pasar al resto de alumnos. No pude verlo ni escucharlo, pero estoy seguro que en ese momento soltó un suspiro demasiado pesado.

—Uy, créeme... lo entiendo mejor que nunca.

Levanté mis cejas instintivamente, queriendo entender lo que implicaba con ese comentario. Cosa extraña, pues jamás recordaba haberlo visto con una chica. No sólo eso, jamás había hablado de alguna chica. Intenté no actuar sorprendido y cuando lo alcancé le di un leve codazo para molestarlo.

—¿Ah, sí? Nunca me habías dicho algo así. ¿Quién es la suertuda? —Yo podía contarle todo sobre Aylin y mi mejor amigo daría todas sus opiniones. Con que no me hubiese contado algo así... creería que él no me consideraba de la misma forma.

—No va a esta escuela —espetó. Lo vi sobarse el cuello con una mano, bloqueando nuestras miradas. Sabía a lo que se refería. Su estúpido campamento de verano del cual no me quiso hablar tras su regreso. Me mantuve tranquilo y cool.

—¿Es del campamento ese al que fuiste? —presioné. La verdad ya no se trataba de quién era la misteriosa chica, sino de saber que Jared aún confiaba en mí como para abrirse con su amigo. Sólo quería entenderlo. Y ayudarlo si sus problemas eran con alguna chica, aunque no fuera el mejor ejemplo. Sin embargo, sólo asintió la cabeza sin hablar más—. ¿Algún día me la presentarás?

Nos detuvimos frente a una barrera humana en la salida del edificio. Un montonal de chicos de nuestra edad emocionados por el fin de semana, gritando y riendo con una fuerza que ayudaba a llenar el pesado silencio entre los dos. Estaba a punto de preguntarle algo más, creyendo que nos quedaríamos ahí a esperar a que abrieran paso, pero él se adelantó.

—Tal vez pronto. —Y dicho esto se escabulló por un hueco entre la gente que así de rápido que apareció desapareció.

No. Yo sabía que Jared tenía algo más. No era raro verlo rechazado por chicas, pero jamás reaccionaba de aquella manera. Esto era muy diferente. Intuía lo que podía ser, pero también sabía que sería imposible hablar de ello y me preocupaba. Por más que bromeara o fingiera conmigo, temía que ya no hubiera la misma confianza de antes. Sabía que se estaba guardando algo y tendría que esforzarme en cruzar aquella barrera.

Me aventé entonces a la pared de estudiantes, abriéndome paso a la fuerza y casi cayendo por las escaleras al salir del otro lado. Afuera, el clima estaba increíble. En esas fechas empezaba a refrescar, sin embargo, esa mañana el cielo se había despejado lo suficiente como para tener la combinación perfecta entre calor y frío. Podía entender la emoción de la gente de salir. Diablos, hasta yo estuve a nada de olvidar el tema de Jared sólo para disfrutar de un buen fin de semana tan siquiera. Sólo que, al bajar la mirada, lo encontré en medio del camino. Se había puesto una gorra y me daba la espalda, con el celular en la mano.

La ciudad donde vivíamos estaba abandonada a su suerte. O en otras palabras, como dirían mis papás, una ciudad donde “nunca pasa nada”. Una ciudad pequeña en medio de Dakota del Norte. En un principio se me hacía aburrido tener que vivir ahí y por más que les preguntaba si algún día nos mudaríamos lejos de ahí ellos me ignoraban. Y poco a poco empecé a apreciar esa tranquilidad. Tanto como para querer asentarme ahí cuando creciera, viviendo en paz y con las personas que amaba. Mantenerme al margen mantendría mi vida como la quería. Nada mejor.

Es por eso que el cambio de actitud de Jared me inquietaba.

Ambos caminábamos por la acera, en dirección a su casa. Yo cabizbajo, pensando en cómo hacerle hablar.

—Oye, ¿te gustaría seguir explorando las afueras de la ciudad este fin? Ya tiene tiempo que no salimos todo el día.

—He estado ocupado, lo siento. —Fue lo único que respondió a mi propuesta.

—Es la primera semana de clases —continué con emoción para contagiársela—. No creo que nos pegue tanto desvelarnos el fin. Aún tengo muchas películas en mi lista por esperarte del campamento.

—No creo poder este fin, Max. Mamá quiere que la acompañe a resolver unos pendientes.

—Pues puedo acompañarlos, ¿no? —insistí.

—Fuera de la ciudad.

Sin ya saber cómo continuar mejor cerré la boca y dejé que mi mente le diera vueltas al asunto. El tono cortante en su voz me decía que hasta podía ser algo personal y mi pecho se estrujó de solo pensarlo. Había una razón por la que sospechaba su cambio y por qué sabía que sería difícil de abordarlo.

Hablaba del día en que Jared casi muere.

Un accidente. En una alberca. Y lo dejé solo. Habíamos ido de visita con el lado paterno de la familia, a quienes yo no conocía tanto, por lo que mis papás sugirieron invitarlo también. Sin saber lo que sucedería, lo hice. Y me arrepentía de ello.

Y no quisiera ser dramático o exagerado, pero algo como eso debe tener un gran efecto en tu vida, ¿no? En un principio pensé que su lejanía fue su manera de lidiar con un susto así. Pero por eso creía que era algo personal, pues eso ya llevaba más de un año que sucedió. También noté que quiso intentarlo por un tiempo y nuestra amistad aparentó ser la misma por un tiempo. Pero ahora estábamos llegando a nuestro límite, sólo era cuestión de tiempo para esto explotara en nuestras caras y en ese momento, creía caminar directo a una fuga de gas con un encendedor en la mano.

—Andas muy callado, ¿qué traes? —interrumpió Jared y eso sólo me desesperó más. Quería preguntarle tantas cosas, pero dudé en hacerlo pues sabía que sólo esquivaría el tema de nuevo. Titubeé antes de responder.

—¿Me prestarías tus apuntes de álgebra? —mentí —. Acabo de recordar que los olvidé en la escuela.

Lo vi rodar los ojos, pero con un suspiro largo sacó su libreta y me la pasó sin decir nada. Otra apuñalada.

Necesitaba saber exactamente lo que pasaba por su mente. Ya había intentado forzarlo a hablar al respecto, completamente en vano, hasta que me rendí. Extrañaba a mi amigo y quién era antes de casi morir. No quería que nuestra amistad se arruinara por remordimientos innecesarios. Quería saber si en verdad me culpaba como yo lo hacía. ¿Y si no lo hubiera invitado o dejado solo? Quizás él mismo se lo preguntaba. ¿Estaría siendo mi amigo por compromiso? ¿Lástima? Ahora solo esperaba el momento en que decidiera abandonarme y todo se fuera a la basura. ¡Por Dios, Jared! ¡Di algo!

—¿Vendrás a mi casa por la tarde? —interrumpió Jared de nuevo. No había notado que ya estábamos afuera de su casa y él se encontraba del otro lado de la reja. Al mirar hacia arriba, sentí la presión de las ventanas como si estuvieran juzgándome. Asentí para responderle y también quitar esos pensamientos de mi cabeza.

Él ya no dijo nada. Y creo que fue suficiente para él pues se encaminó a la entrada de su casa. No podía creerlo. Mi garganta dolió y cada pisada que daba retumbaba con mi corazón. Sentía que, si decía algo, vomitaría en el lugar. Aun así, sabía que el silencio terminaría de matarme.


—Jared, —mi voz salió temblando, pero una vez que lo hice, la presión en el pecho que sentía desapareció con mis palabras. Pasé saliva para controlarme—. ¿Qué tienes? Estás muy raro.

Él se acercó a mí, pero sin cruzar la reja ni quitar la mano de ella. Estábamos frente a frente y levantó la mirada, un tanto desinteresado.

—¿De qué hablas?

—Traes algo raro. Ya lo había notado tiempo atrás, pero hoy has estado peor. —Titubeé un segundo. Era ahora o nunca—. Sé que no te gusta hablar de esto, pero estás así desde que... —Jared entornó los ojos. Ya había cruzado la línea.

—No veo cómo eso se relaciona —espetó, rodó los ojos y se apartó hacia la casa de nuevo, sacudiendo la reja.

—¡Pero sí tiene que ver! —llamé su atención—. Pensé que era una respuesta, que estabas traumado. Pero no es solo eso, ¿verdad? Te veo con las demás personas, y luego te siento obligado a estar conmigo. Esta semana difícilmente hemos hablado.

—Porque es algo de lo que no quiero hablar. Creí que eso ya lo entendías —explicó, un tanto fastidiado. Se había devuelto y pisoteaba directo a su casa.

—Yo sí quiero hablarlo —me apresuré a detenerlo. Lo hizo sin darme la cara—. ¿Algo pasó? Ya no te siento igual y me da miedo perderte como amigo. ¿Me estás culpando? ¿Por eso estás tan distante?

Jared no respondió ninguna de mis preguntas. Vi sus hombros caer y apretó el puño por unos segundos en lo que respondía.

—Tienes razón —soltó por fin con voz débil, como si liberara un horrible peso—. Es un trauma. Algo así te cambia la vida.

—¿Pero por qué? ¡No me alejes! —lloré desesperado—. Dime qué piensas, no me importa si me estás cuidando. Si hice algo mal o hubo algo que pude hacer… ¡Por favor! ¿Qué pasó con decírnoslo todo?

Me di cuenta que me estaba aferrando a la reja. Se quedó en silencio unos segundos en donde me esforcé en no suplicarle. Temía estar presionando demasiado. Hasta que, con un suspiro, respondió.

—Te lo diré todo. —Hizo ademán de girarse, pero sólo miró encima de su hombro—. Cuando vengas por la tarde.

Tomé eso como una respuesta incompleta, pero por lo menos era una respuesta. Solté el aire que contenía y a su vez la reja. Esta conversación ya la había terminado bajo sus términos.

Lo observé andar a su casa, cabizbajo. Y me dolía verlo así, y me dolía más creer que era por mi culpa. Lo consideraba como a un hermano, y jamás temíamos decirnos las cosas en la cara de ser necesario. Sí habíamos tenido desacuerdos antes, pero nunca nos aislábamos por completo. Cosa que volvía esta situación más complicada. ¿Qué podía ser tan duro como para esconderlo por un año?

Antes de que Jared cerrara la puerta, se mantuvo unos segundos ahí sin decir nada. Creí que estaría a punto de decirme algo, pero sólo soltó un suspiro. Parecía estar triste y por un momento temí por su vida.

—Lo siento, Max —musitó. Pero cuando quise responderle, azotó la puerta dejándome solo.

Camino a casa estaba tan confundido por todo que ni siquiera me di cuenta de cuando había llegado. Al entrar azoté la puerta y estuve a nada de correr a mi cuarto cuando mi mamá apareció por la puerta del comedor, algo asombrada.

—Hola cariño, no esperaba que llegaras tan temprano. —Saludé y le recordé que ese día salía temprano—. Esperaría que a estas horas estuvieras con Jared, ¿por qué no salieron?

Al escuchar el nombre de mi amigo mi cara hizo una mueca muy sutil, pero completamente obvia para mi papá que había aparecido detrás de mamá.

—¿Qué pasa hijo? ¿Jared y tú están peleados? —preguntó papá con un tono serio. Apreté los ojos un segundo. Nunca podía esconderle nada a él.

Mi papá se llamaba Peter. Un hombre muy bien cuidado para su edad, la cual no aparentaba. Los cincuenta años los llevaba de maravilla. Su cabello castaño no mostraba ninguna seña de canas y su rostro se seguía viendo igual de firme que a cualquier otra edad. También ayudaba que se retiraba el vello cada cierto tiempo.

No se me hacía tan raro que me preguntara algo como eso. Nuestra relación era muy buena y él siempre me sabía leer entre líneas. Aunque en esta ocasión habría preferido que no se enteraran. Sin embargo, necesitaba desahogarme con alguien. Mamá se retiró a la cocina, dejándome a solas.

—He visto a Jared un poco raro el día de hoy. Más raro de lo normal. —Papá puso una mano en mi hombro y lo apretó. Ya le había hablado de lo que estaba sucediendo con él. Después de todo, también lo consideraban otro hijo—. Estoy seguro que tiene algo que ver con lo del año pasado.

—¿Hablaste con él como te dije? —preguntó. Me dirigió al comedor para sentarme en una silla.

—Sí. Ese es el problema. Por más que intenté hablar con él... sentía que me apartaba cada vez más.

—Jared ha pasado por mucho, hijo —habló mamá entrando por la cocina—. Agregándole lo de su accidente, quizás solo está recordando a su papá.

Mi mamá, Sarah, era una mujer joven y bella a mitad de sus cuarenta años. Con un cabello pelirrojo natural y unos ojos grises que heredé de ella. Una persona demasiado maternal y dulce que también veía por el bien de Jared.

—No, no creo que sea eso —balbuceé. Conocía a Jared. El abandono de su papá no era algo que soliera hablarse. Había sucedido años atrás antes de conocerlo. Jamás lo presioné a hablar y las pocas veces que él lo hacía, lo hacía con odio.

—No asegures eso —pidió mi mamá, colocando una mano en mi mejilla. Temí que me fuera a regañar. A pesar de ser dulce, también podía llegar a ser muy ruda—. El duelo nunca termina. Siempre se revive, aunque cada vez menos. —Mamá sonrió antes de retirar su mano y regresar a la cocina.

—Que fea forma de vivir —murmuré dejándome caer en el respaldo. Papá se encogió de hombros y rio.

—No siempre podemos controlarlo todo. Así es la vida y a veces no hay decisión en lo que a alguno le toca. —Papá me dio una palmada y se levantó de la mesa—. Aun así, vale la pena.

—Deberías habar con él. Probablemente necesita algo de compañía —agregó mamá desde la otra habitación.

Les di las gracias a ambos. Papá incluso me dio un abrazo, lo cual se me hizo algo exagerado, asegurando que no sería nada grave. Di un respiro para calmarme y convencerme de lo que decía era cierto. Al final de cuentas era mi mejor amigo. Ni siquiera una experiencia cercana a la muerte nos separó del todo. Pero entonces, ¿por qué sentía tanto miedo?

Quise distraerme durante el día haciendo cualquier tarea que tuviera pendiente. De vez en cuando miraba mi celular, sin ningún mensaje suyo. Sólo podía pensar lo peor. Le hablé por teléfono a su mamá y me desesperé al tampoco tener una respuesta. Maldita sea. Era imposible que se tratara de eso.

Estar en solitario hacía que mi mente se fuera a casos demasiado extremos. Sólo uno lo vi posible. Era el peor, algo que apenas si cruzaba por mi mente. Di vueltas por mi cuarto, esperando algún mensaje suyo, pero entre más pasaba el tiempo más creía que debía ser yo quien lo mandara. Al final, la ansiedad me ganó. Ni siquiera pregunté si estaba en casa, agarré mis cosas y salí disparado a la suya. No podía perder a mi amigo.

¿Realmente pensaba en... ? Él parecía ser todo lo contrario a ese tipo de persona. Pero... empezaba a desconocerlo. No me parecía descabellado que quisiera ocultar algo así. Me dolía pensar cuánto tiempo estaría ocultándolo. Y planeándolo.

Estaba tan cerca de su casa. Tan solo dos cuadras. Pero también estaba tan metido en mis pensamientos que di vuelta en la esquina sin fijarme. Una mujer también venía en mi dirección y el choque fue inevitable, haciendo volar los papeles en su mano. Al instante, la mujer se agachó a recogerlos. Llevaba una gabardina y su cabello bloqueaba su rostro de perfil. Con mucha pena me disculpé, pero cuando quise irme, ella me tomó por la muñeca con fuerza.

Ella ni siquiera volteó a verme. Jaló mi brazo con tanta fuerza que terminé arrodillado junto a ella, y por más que forcejeaba no lograba zafarme. Seguí disculpándome, excusando que tenía que salvar a mi amigo, pero no le importó.

—Él estará bien —habló con una voz casi gutural que me hizo estremecer y olvidar lo que estaba haciendo.

Cuando su cara empezó a girar hacia mí, todo mi cuerpo se erizó. Por dentro gritaba que debía huir, pero estaba congelado en mi lugar. Lentamente su cara fue apareciendo y cuando nuestros ojos hicieron contacto, un destello cegador explotó entre los dos. Fue tan intenso que terminé cayendo de espaldas, cubriéndome la cara. En mi campo de visión sólo veía todo blanco y yo me retorcía por el horrible dolor de cabeza que había ocasionado el destello.

—Estás listo —escuché a la mujer decir con la misma voz gutural, pero era como si viniera de todos lados, retumbando en mi mente. Estaba desorientado. Manoteé ciegamente para ayudar a levantarme hasta que agarré una de las hojas y la arrugué en mi mano.

Tallé mis ojos para quitarme el destello de la vista. Tambaleé hasta que por fin me puse de pie y recargado en la pared, recuperé la visión. Y ahí caí en cuenta que la mujer ya no estaba por ningún lado. Como si nada hubiera pasado. Sin embargo, los papeles seguían tirados a mi alrededor.

Con temor, abrí el papel en mi mano. En letras grandes venía escrito un mensaje que leía una y otra vez por todos lados. No sabía si estaba alucinando por el destello, pero las letras parecían moverse. Eventualmente, logré distinguir las palabras que se repetían. Al leerlas, un escalofrío me hizo temblar de las piernas.

“Es tu momento ahora, Max. No temas”.

Y al mirar las hojas era un poco de lo mismo. Todos parecían traer todo el mensaje. Quise convencerme de que era una tonta coincidencia, pero la intensa sensación de que algo no estaba para nada bien iba en aumento. A pesar del día soleado, un frío me envolvió cuando descubrí que la calle había quedado en completo silencio. Examiné la zona con cuidado. Sólo había autos. Ningún ser vivo.

Sólo podía escuchar mi respiración.

—A la mierda —murmuré, con el corazón y la cabeza latiendo a más no poder. No iba a quedarme a averiguar si estaba a punto de ser asesinado.

Me apresuré a llegar a casa de Jared. Desde esa esquina, sólo eran dos cuadras más y podía verla sin problema. Ya ni siquiera pensaba en lo que le estuviera pasando, sólo quería llegar a un lugar seguro. Pensé que se trataba de alguna conspiración, o sólo estaba en el momento y lugar equivocado. Cual sea la razón, necesitaba encerrarme en algún lugar.

Al bajar la acera para cruzar hacia su casa, un único ruido cortó el silencio. A mi derecha, sonó un rechinido de llantas tan agudo que me erizó la piel de la nuca . Por un segundo pensé en que ese auto no lo había visto por ningún lado. No tuve tiempo de reaccionar. Estaba demasiado cerca de mí, y no lo pude esquivar.

El mundo entero se sacudió frente a mí, llenándose de más dolor. Todo mi costado ardió del golpe con la parrilla, mis piernas se elevaron, sentí el frío del capó en mis manos y de pronto... ya no había nada. Estaba dando vueltas al aire. Y así de rápido como empezó, terminó. Con mi cabeza rebotando en el asfalto.

El auto patinó. Pude ver al conductor bajar corriendo, hablando por teléfono. Tenía la necesidad de moverme, pero no podía sentir nada en mi cuerpo. Salió corriendo de ahí, y por más que quise enojarme, mi mente ya estaba yéndose para otro lado.

Oí la sirena de una ambulancia. Gente gritando. Puertas azotándose. Pies a mi alrededor. Azul y rojo brillaron en mis ojos. Y lo último que recuerdo de esa primera tarde, fue la puerta de la ambulancia cerrándose.

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Good Writing

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Great Character

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Strong Dialog

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Strong Dialog

author

Excelente primer capítulo, y ese quiebre al final rompiendo la cotidianidad 🙌

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