Chapter
Jimin estaba harto.
No de Jungkook.
De su obsesión.
Llevaban seis meses de relación y Jungkook no podía dejar de pensar en su coño.
Literalmente.
No importaba dónde estuvieran o qué estuvieran haciendo, él siempre encontraba la manera de meter mano, de mirar, de tocar, de chupar.
Era una obsesión que iba más allá de lo normal.
Jungkook podía estar viendo una película y de repente su mano viajaba hacia su entrepierna.
Podía estar comiendo y de repente su mirada se desviaba hacia su falda.
Podía estar durmiendo y de repente su mano encontraba el camino entre sus piernas como si tuviera un GPS incorporado.
Jimin no se quejaba.
Pero a veces, solo a veces, quería poder terminar una conversación sin que él terminara con la cabeza entre sus muslos.
Esa mañana, Jimin estaba en la cocina preparando café, llevaba un vestido corto de verano de esos que apenas cubren las nalgas y el cabello rubio recogido en una coleta despeinada.
La luz de la mañana entraba por la ventana iluminando su piel bronceada. Estaba medio dormido aún, con los ojos entrecerrados y los pies descalzos sobre el piso de madera.
Jungkook apareció detrás de el sin hacer ruido. Sus brazos rodearon su cintura y su barbilla se apoyó en su hombro.
—Buenos días, precioso. —susurró, su voz ronca por el sueño.
—Buenos días —respondió Jimin, sirviendo el café en dos tazas.
—¿Qué estás haciendo?
—Café, ¿Qué crees?
—Pensé que estabas haciendo otra cosa.
—¿Como qué?
Jungkook no respondió.
En su lugar, bajó una mano por su vientre y deslizó sus dedos por debajo del borde de su vestido.
Jimin sintió sus dedos rozando su coño a través de la tela de su ropa interior.
—Jungkook —dijo con un tono de advertencia.
—¿Sí?
—Son las siete de la mañana.
—Lo sé.
—Apenas me he despertado.
—Lo sé.
—No he tomado café.
—El café puede esperar.
Jungkook se arrodilló detrás de el y levantó su vestido, Jimin sintió el aire frío de la mañana en su piel y luego la boca caliente de Jungkook en su muslo.
—No puedes hacer esto todas las mañanas —dijo, aunque su voz ya comenzaba a temblar.
—Claro que puedo.
—Es una obsesión.
—Es amor.
Jungkook bajó su ropa interior y su lengua encontró su coño.
Jimin apoyó las manos en la encimera y cerró los ojos.
La lengua de Jungkook se movía con una lentitud deliberada, saboreando cada parte de el como si fuera su última comida. Primero lamió el exterior, sus labios, sus muslos y luego se concentró en su clítoris con movimientos circulares y precisos.
—Así —gimió Jimin.
—¿Te gusta?
—Sí.
—¿Te gusta que te coma todas las mañanas?
—Sí, papi.
Jungkook metió dos dedos dentro del rubio mientras su boca seguía trabajando. Sus dedos se movían al mismo ritmo que su lengua, entrando y saliendo, mientras su pulgar presionaba su clítoris.
Jimin sintió que el placer subía.
—Voy a venirme —dijo.
—Vente —respondió él, su voz vibrando contra su coño.
Jimin se vino con un gemido, su cuerpo temblando sobre la encimera.
Jungkook se levantó, con la barbilla brillante y lo besó.
—Buenos días —dijo.
—Eres un desastre —respondió Jimin.
—Tu desastre.
Jimin tomó su café y se sentó en la mesa. Jungkook se sentó frente a el con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Qué? —preguntó el rubio.
—Nada, solo te veo.
—Siempre me ves.
—Porque eres hermoso.
—Eres un obsesivo.
—Lo sé, y me encanta.
La universidad era su segundo campo de batalla.
Jimin estaba en la biblioteca tratando de concentrarse en un libro de historia del arte, había un examen la próxima semana y necesitaba estudiar.
Pero Jungkook no parecía entender el concepto de "estudiar".
Llegó a su mesa con una sonrisa inocente y se sentó a su lado.
—Hola —dijo.
—Hola —respondió Jimin sin levantar la vista del libro.
—¿Qué haces?
—Estudiar. ¿Qué crees?
—Pensé que estabas haciendo otra cosa.
—¿Como qué?
—No sé, pensando en mí.
Jimin levantó la vista y lo miró con una ceja levantada: —¿En serio?
—Sí, en serio.
—Estoy estudiando, Jungkook.
—Lo sé, pero puedes estudiar después.
—El examen es la próxima semana.
—Y yo estoy aquí ahora.
Jungkook deslizó su mano por debajo de la mesa y la apoyó en su muslo.
Jimin sintió el calor de su palma a través de la tela de su falda.
—No —dijo.
—Solo un poco.
—No.
Jungkook subió su mano hasta su entrepierna y comenzó a acariciarla a través de su ropa interior.
—Jungkook —susurró Jimin, mirando a su alrededor.
—Nadie nos ve.
—No importa.
—Sí importa, estamos en la biblioteca.
—Exacto, por eso es más emocionante.
Jungkook metió su mano dentro de su ropa interior y comenzó a acariciarlo con movimientos lentos y precisos.
Jimin mordió su labio para no gemir.
—Vamos a la parte de atrás —susurró Jungkook. —Donde están los libros viejos.
—No.
—Por favor.
—No.
—Ya estás mojado.
—Eso no es...
Jungkook metió dos dedos dentro de el y Jimin sintió que el placer lo envolvío.
Agarró el borde de la mesa y cerró los ojos.
—Está bien —dijo. —Vamos.
Jungkook lo levantó de la silla y lo llevó a la parte trasera de la biblioteca.
Los estantes de libros viejos estaban cubiertos de polvo y la luz apenas llegaba.
Era perfecto.
Jungkook lo recostó contra los estantes y levantó su falda, se arrodilló y comenzó a lamerlo con una urgencia que solo él tenía.
Su lengua se movía dentro de el, entrando y saliendo mientras sus manos apretaban sus muslos.
—¿Te gusta? —preguntó sin apartar la boca.
—Sí.
—¿Te gusta que te coma en la biblioteca?
—Sí, papi.
—¿Te gusta que te coma donde todos pueden vernos?
—Sí.
Jungkook metió su lengua más profundo y Jimin sintió que el orgasmo se acercaba.
—Voy a venirme —dijo.
—Rápido.
Y el se vino, gritando su nombre entre los libros viejos.
Jungkook se levantó y lo besó.
—Eres una adicción —dijo.
—Tú tienes una obsesión —respondió Jimin.
Cuando volvieron a la mesa, nadie los había visto, Jimin se sentó y trató de concentrarse en su libro, pero aún podía sentir la lengua de Jungkook en su coño.
—¿Listo para seguir estudiando? —preguntó Jungkook con una sonrisa inocente.
—Eres un idiota.
—Tu idiota.
El trabajo de Jimin era en una oficina pequeña, con una compañera que siempre estaba en su escritorio.
Pero eso no detuvo a Jungkook.
Jimin estaba revisando unos correos electrónicos cuando la puerta se abrió y Jungkook entró con una bolsa de papel en la mano.
—Hola —dijo con una sonrisa.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Jimin.
—Te traje el almuerzo.
—Eso no es el almuerzo.
—Es mi almuerzo.
Jungkook dejó la bolsa en su escritorio.
Dentro había un sándwich, una botella de agua y un pequeño vibrador rosa.
—¿Qué es eso? —preguntó Jimin, señalando el vibrador.
—Un regalo.
—¿Un regalo?
—Para que pienses en mí mientras trabajo.
—No voy a usar eso aquí.
—Lo sé, pero quiero que lo tengas.
Jimin guardó el vibrador en su bolso y trató de concentrarse en su trabajo.
Pero Jungkook se sentó en su escritorio y comenzó a mirarlo con esos ojos oscuros que siempre lo desarmaban.
—¿Qué haces? —preguntó Jimin.
—Mirarte.
—Deja de mirarme.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque eres hermoso y quiero verte.
—Ya me ves todos los días.
—Y no es suficiente.
Jungkook se acercó y comenzó a besarlo. Sus manos viajaron por su cuerpo hasta llegar a su falda.
—Jungkook, no aquí. Mi compañera...
—Salió a almorzar.
—¿Cómo sabes?
—La vi salir.
Jungkook levantó su falda y se arrodilló bajo el escritorio, Jimin sintió su lengua y se olvidó de todo.
La oficina estaba en silencio, solo el ruido de su respiración y el sonido húmedo de la boca de Jungkook en su coño.
—No pares —susurró Jimin.
—No voy a parar.
Su lengua se movía con una precisión que solo él tenía, entrando y saliendo del rubio mientras sus dedos apretaban sus muslos.
Jimin sintió que el placer subía lento pero constante, como una ola que no dejaba de crecer.
—Voy a venirme —dijo y se vino con un gemido que apenas logró contener.
Cuando la compañera de Jimin volvió del almuerzo, Jungkook ya estaba sentado en su escritorio con una sonrisa inocente.
—Hola —dijo Jungkook. —Le traje el almuerzo a Jimin.
—Qué lindo —dijo la compañera.
Jimin no podía mirarla a los ojos.
Pero cuando Jungkook se fue, Jimin le envió un mensaje: "Eres un desastre."
Él respondió: "Tu desastre."
Las citas eran igual.
Jimin y Jungkook estaban en un restaurante elegante.
Velas, manteles blancos, música de violín.
Todo perfecto para una noche romántica.
Jungkook lo miró desde el otro lado de la mesa.
—Estás hermoso —dijo.
—Tú también.
—¿Sabes qué más está hermoso?
—No me lo digas.
—Tu coño.
Jimin casi se atraganta con el vino.
—¡Jungkook!
—¿Qué? Es verdad.
—No puedes decir eso en un restaurante.
—¿Por qué no? Nadie nos escucha.
—¡Yo te escucho!
—Exacto, quiero que sepas lo que pienso de ti.
—Piensas en mi coño todo el tiempo.
—Y en tus tetas, y en tu boca, y en cómo gimes.
Jimin sintió que las mejillas se le calentaban. —Eres un enfermo.
—Tu enfermo.
Jungkook se levantó y se sentó a su lado. Su mano encontró su muslo y comenzó a subir por debajo de la mesa.
—No —dijo Jimin.
—Sí.
—Estamos en un restaurante.
—Lo sé, por eso es más emocionante.
—No vamos a hacer esto aquí.
—Solo un poco.
Jungkook metió su mano en su ropa interior y comenzó a acariciar su coño.
Jimin mordió su labio para no gemir.
Sus dedos se movían con la misma precisión de siempre, encontrando su clítoris y presionando con la cantidad exacta de fuerza.
—Deja de hacer eso —dijo el rubio.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque te deseo.
—Siempre me deseas.
—Exacto.
Jungkook metió sus dedos dentro de el y Jimin tuvo que apoyarse en la mesa.
La cena se estaba enfriando y el sentía que el placer la envolvía.
—Vamos al baño —dijo.
—¿Ahora?
—Ahora.
Fueron al baño y Jungkook lo recostó contra la puerta.
Levantó su falda y se arrodilló.
Su lengua encontró su coño y comenzó a lamerlo con una hambre que nunca se saciaba.
—Esto es una locura —dijo Jimin.
—Es perfecto.
Jungkook lo lamió hasta que se vino, y luego se levantó como si nada.
—¿Lista para el postre? —preguntó.
—Eres un adicto.
Jimin se arregló la falda y volvieron a la mesa como si nada hubiera pasado.
Pero cuando llegó el postre, Jungkook puso su mano en su muslo y comenzó a acariciarlo otra vez.
—Otra vez no —dijo Jimin.
—Solo un poco.
—No.
—Solo un poco.
Jungkook metió su mano en su ropa interior y comenzó a mover sus dedos dentro de el, Jimin tenía que mantener una conversación normal mientras sentía cómo Jungkook lo acariciaba sin parar.
—El postre está delicioso —dijo con una sonrisa forzada.
—Sí, delicioso —respondió él, con sus dedos moviéndose más rápido.
Jimin sintió que el orgasmo se acercaba y apretó las piernas.
—¿Estás bien? —preguntó Jungkook.
—Sí —dijo, su voz temblorosa.
—¿Seguro?
—Sí.
Jungkook aceleró el ritmo y Jimin sintió que se venía, su cuerpo temblando en la silla.
—Perfecto —dijo Jungkook, retirando su mano.
—Eres un desastre —susurró Jimin.
—Tu desastre.
La cafetería de la universidad era su lugar favorito.
Jimin iba todas las mañanas a tomar un café antes de clase.
Jungkook también.
—¿Qué quieres? —preguntó Jimin, cuando lo vio entrar.
—Tú.
—Eso no está en el menú.
—Debería.
Jimin se rió y le pidió un café con leche.
Jungkook se sentó en la mesa y lo miró mientras se sentaba frente a él.
—¿Qué? —preguntó Jimim.
—Nada, te veo.
—Siempre me ves.
—Siempre.
Jimin tomó su café y trató de ignorarlo. Pero Jungkook deslizó su pie por su pierna bajo la mesa.
—No —dijo.
—Solo un poco.
—No.
Jungkook subió su pie hasta su entrepierna, Jimin sintió el roce y casi se atraganta con el café.
—¡Jungkook!
—¿Qué? Solo te estoy tocando.
—Con el pie.
—Sí, es más discreto.
—No es discreto.
—Nadie se da cuenta.
Jimin miró a su alrededor.
Nadie los miraba.
—Eres un desastre —susurró.
Jungkook siguió tocándolo con el pie hasta que Jimin sintió que se iba a venir.
—Voy al baño —dijo, levantándose.
—Te acompaño.
—No.
—Sí.
Fueron al baño y Jungkook lo empujó contra el lavabo.
—Esto tiene que parar —dijo Jimin.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no puedo. —dijo Jungkook respirando pesadamente.
—¿No puedes controlarte?
—No cuando se trata de ti.
Jungkook levantó su falda y se arrodilló. Su lengua encontró su coño y comenzó a chuparlo.
—Eres una adicción —dijo Jungkook entre lamidas.
Jungkook metió dos dedos dentro de ella y su lengua succionó su clítoris.
Jimin sintió que el orgasmo se acercaba.
—Voy a venirme —dijo.
Jimin se vino, con un gemido fuerte.
Jungkook se levantó y lo besó.
—¿Listo para clase? —preguntó.
—Eres un idiota.
En la cama, antes de dormir, era el momento favorito de Jungkook.
Jimin estaba recostado sobre las almohadas, con el cabello rubio extendido sobre la funda blanca.
Jungkook estaba a su lado, con los ojos brillando como los de un niño en una tienda de dulces.
—¿Puedo? —preguntó el pelinegro tocando el muslo de Jimin.
—Ya lo hicimos antes de la cena.
—Y antes de la ducha.
—Y en la ducha.—respondió Jungkook.
—Y en el sofá.
—Y en la cocina.
—Exacto, pero quiero más.—Suplicó el mayor.
Jimin lo miró y suspiró.
—Eres un adicto.
—Adicto a ti.
Jungkook bajó su mano y comenzó a acariciarlo, sus dedos frotaron el clitoris lentamente.
—Siempre quieres lo mismo —dijo Jimin.
—Porque siempre es diferente.
—No es diferente.
—Es diferente porque es contigo.
Jimin sintió que las palabras le llegaban al corazón.
—A veces pienso que solo me quieres por esto —dijo.
Jungkook se detuvo y lo miró, su rostro se volvió serio: —¿Eso es lo que crees?
—No sé.
Jungkook se colocó sobre el y lo miró a los ojos.
—Te quiero por todo. Por tu risa, por tu forma de hablar, por cómo te enojas cuando te toco en lugares públicos. Pero también te quiero por esto.
—¿Por esto?
—Por esto. Porque cuando estoy dentro de ti, siento que todo está bien. Porque cuando te tengo, no necesito nada más.
Jimin sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Eres un tonto.
—Tu tonto.
Jungkook lo penetró lentamente y Jimin sintió que el mundo se detenía. Se movía dentro de el con lentitud, como si estuviera saboreando cada centímetro.
—Te quiero —dijo Jungkook.
—Yo también te quiero.
—¿Y nunca te vas a cansar de esto?
—De ti nunca.
—¿De esto?
—De esto tampoco.
Jungkook sonrió y aceleró el ritmo. Sus manos encontraron las tetas de Jimin y comenzó a acariciarlas mientras se movía dentro de el, sus dedos pellizcaban sus pezones con la presión exacta, haciendo que gimiera más fuerte.
—Así —dijo Jimin.
—¿Te gusta?
—Sí, papi.
—¿Te gusta que te folle?
—Sí.
—¿Te gusta que te folle todas las noches?
—Sí.
Jungkook lo folló con más fuerza, sus manos apretando sus caderas, sus ojos fijos en los de el.
—Voy a venirme —dijo Jungkook.
—Dentro —contestó.
Y él se vino dentro con un gemido profundo.
Jimin sintió el calor y se vino también.
Después, Jungkook lo abrazó y lo besó en la frente.
—Eres perfecto —dijo.
—No soy perfecto.
—Para mí lo eres.
Jimin cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño.
Pero a la mañana siguiente, Jungkook ya estaba despierto, mirándolo.
—¿Qué haces? —preguntó Jimin con voz ronca.
—Mirarte.
—Siempre me miras.
—Porque eres hermoso.
—Déjame dormir.
—Después.
Jungkook deslizó su mano por su cuerpo y bajó hasta su coño.
—¿Otra vez? —preguntó Jimin.
—Otra vez.
—Eres un adicto.
—Adicto a ti.
Y Jungkook lo lamió hasta que Jimin se despertó del todo. Su lengua se movía con la misma precisión de siempre, entrando y saliendo mientras sus dedos apretaban sus muslos.
—¿Te gusta? —preguntó él.
—Sí.
—¿Te gusta que te coma todas las mañanas?
—Sí, papi.
Jungkook lo lamió hasta que se vino, y luego se levantó con una sonrisa.
—Buenos días —dijo el pelinegro.
Jimin estaba harto.
Pero también estaba enamorado.
Y sabía que aunque Jungkook fuera un adicto a su coño, el era adicto a él.
Y eso era suficiente.








