Chapter
La cena había terminado hacía rato.
Los platos sucios seguían amontonados en el fregadero, las velas casi consumidas hasta la base, la botella de vino tinto vacía sobre la mesa con una pequeña mancha morada en el mantel.
La cocina olía a ajo, a mariscos, a la pasta que Jungkook había preparado con tanto esmero y a algo más, algo que flotaba en el aire entre ellos desde que Jimin había cruzado la puerta esa noche.
Jimin estaba recostado en su silla, con las piernas cruzadas y el vestido negro ajustado subido hasta medio muslo.
Sus pies estaban descalzos, los tacones olvidados en algún lugar debajo de la mesa. Su cabello rubio, que había llegado impecablemente ondulado, ahora caía en mechones sueltos alrededor de su rostro, y sus mejillas tenían ese tono rosado que solo el vino y la calefacción podían provocar.
Jungkook llevaba un rato mirándolo desde el otro lado de la mesa, con los codos apoyados en el mantel y la cabeza ligeramente inclinada.
No hablaba, no hacía ningún gesto.
Solo lo veía con esa intensidad que siempre lo desarmaba, como si estuviera memorizando cada detalle de su rostro.
—¿Qué? —preguntó Jimin finalmente, rompiendo el silencio con una sonrisa.
—Nada.
—No es nada, porque llevas cinco minutos mirándome sin pestañear.
—Puedo mirarte todo el tiempo que quiera, eres mi novio.
—Eso no responde mi pregunta.
Jungkook se encogió de hombros y se recostó en su silla, su camisa blanca estaba desabrochada hasta el tercer botón, las mangas arremangadas hasta los codos. Tenía una pequeña mancha de salsa en el cuello que Jimin había notado hacía una hora y no le había dicho.
—Solo pienso —dijo él.
—¿En qué?
—En que te ves demasiado bien para estar sentado tan lejos.
Jimin sintió que el calor le subía por el pecho, no era la primera vez que Jungkook decía algo así pero nunca dejaba de afectarle.
Se mordió el labio inferior y bajó la mirada hacia la mesa.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
—¿Ahora?
—Ahora mismo.
Jungkook se levantó sin decir palabra.
La silla chirrió contra el suelo de madera y sus pasos fueron lentos alrededor de la mesa.
Jimin no se movió, solo lo siguió con la mirada mientras él se acercaba.
Se detuvo frente a el, tan cerca que sus rodillas casi rozaban las del rubio.
Jungkook se inclinó, apoyó una mano en el respaldo de su silla y la otra en la mesa, encerrándolo en un espacio que era solo de ellos dos.
—¿Estás seguro? —preguntó, y su voz había bajado un tono, como si estuviera compartiendo un secreto.
—Nunca he estado más seguro de nada.
Él lo besó.
No fue un beso rápido ni tímido, sino uno lento, profundo, que sabía a vino y a deseo contenido.
Jimin abrió la boca para recibirlo, sus manos encontraron su cintura y lo atrajeron hacia el.
Jungkook se movió entre sus piernas y sin separar los labios, lo levantó de la silla. Jimin sintió que el aire se le escapaba cuando él lo sostuvo por los muslos y lo sentó sobre la encimera de mármol.
El contacto fue frío contra la piel de sus muslos desnudos, un contraste perfecto con el calor de la boca de Jungkook contra la suya.
Jimin soltó un gemido que se perdió en el beso y enredó los dedos en su cabello oscuro.
Jungkook se separó apenas lo suficiente para mirarlo, sus ojos estaban oscuros y su respiración entrecortada.
—¿Sabes cuánto tiempo llevo pensando en esto?
—Dime.
—Toda la maldita cena. No podía concentrarme en la pasta, solo pensaba en cómo te verías aquí sobre esta encimera.
—Yo tampoco podía concentrarme. —Jimin pasó un dedo por su pecho, trazando el borde de su camisa. —Solo pensaba en cómo te verías entre mis piernas.
—¿Y cómo me veo?
—Perfecto.
Lo besó de nuevo, sus manos subieron por sus muslos, deslizando el vestido hacia arriba hasta que la tela negra quedó arrugada alrededor de sus caderas.
Jimin levantó los brazos para ayudarlo y él aprovechó para deslizar las tiras de su vestido por sus hombros.
—Quiero verte —dijo Jungkook con voz ronca y grave.
—Entonces mírame.
Él bajó el vestido lo suficiente para dejar sus tetas al descubierto. Sus pezones ya estaban duros, Jungkook los rodeó con sus pulgares, sintiendo cómo se endurecían aún más bajo su tacto.
—Eres tan hermoso.
—Solo para ti.
Jungkook bajó la cabeza y tomó un pezón en su boca, chupando suavemente al principio, luego con más fuerza.
Jimin inclinó la cabeza hacia atrás y gimió, sus dedos apretando su cabello.
—Así.
Él se movió a la otra teta, dándole la misma atención, mientras su mano libre viajaba hacia la entrepierna de el.
Sus dedos encontraron el borde de su ropa interior y la deslizaron hacia abajo.
Jimin levantó las caderas para ayudarlo, y las bragas cayeron al suelo junto a los pies de Jungkook.
—Ya estás mojado.
—He estado mojado desde que pusiste la mesa.
Jungkook sonrió contra su piel y deslizó dos dedos dentro de el. Lentamente, sintiendo cómo se apretaba a su alrededor, cómo su calor lo envolvía.
Jimin arqueó la espalda y apoyó las manos en el mármol.
—Mírame —pidió él.
Jimin abrió los ojos y lo miró.
Jungkook estaba entre sus piernas, con la mirada fija en el mientras movía los dedos dentro, entrando y saliendo con un ritmo constante y preciso.
—Eres tan hermoso —dijo repitiéndolo como si fuera un mantra. —Tan malditamente hermoso.
—Sigue —jadeó. —Sigue.
Él aceleró el ritmo, su pulgar presionando su clítoris mientras sus dedos se movían más rápido.
Jimin sintió que el orgasmo se acercaba, que su cuerpo empezaba a tensarse.
—Jungkook...
—Dime.
—Voy a...
—Espera. —Él se detuvo. —Todavía no.
—¿Por qué? —Jimin jadeó, con el cuerpo aún tembloroso.
—Porque quiero hacerlo yo. Quiero sentirte apretándome, no mis dedos.
Jimin soltó una risa temblorosa.
—Eres un maldito.
—Tu maldito.
Jungkook se desabrochó el pantalón.
Su erección quedó libre, dura y lista.
Jimin la miró y sintió que el deseo se intensificaba.
—Ponte de espaldas —dijo él. —Quiero hacerlo así.
Jimin se giró sobre la encimera, quedando de frente al mármol. El contacto era frío contra sus pechos, y el contraste con el calor de Jungkook detrás de el lo hizo temblar.
Él lo agarró de las caderas y lo atrajo hacia el borde de la encimera, su pene presionó contra su entrada.
—¿Listo?
—Siempre.
Jungkook lo penetró de una vez.
Jimin apoyó la frente en el mármol y gimió cuando sintió cómo lo llenaba por completo.
Él era grande y cada vez que entraba, sentía que se desbordaba.
—Mierda —gruñó Jungkook detrás. —Siempre tan apretado.
—Y tú siempre tan grande.
Jungkook comenzó a moverse, lento al principio sintiendo cada centímetro, cada contracción del coño de Jimin a su alrededor.
Los platos que aún estaban en el fregadero comenzaron a tintinear con cada embestida.
La encimera se movía ligeramente bajo el peso de ambos.
—¿Te gusta? —preguntó él, su voz ronca y entrecortada.
—Me encanta.
Jungkook le dio una nalgada que resonó en toda la cocina.
Jimin gimió y apretó las nalgas contra él.
—Eres mi puta.
—Tu puta.
Él aceleró el ritmo.
Sus dedos encontraron su clítoris y lo frotaron al mismo tiempo que sus embestidas se volvían más profundas. Jimin sentía que se desmoronaba, que cada embestida lo llevaba más cerca del borde.
—Voy a venirme —dijo Jimin, su voz entrecortada.
Su cuerpo tembló, se tensó, y luego se soltó finalmente su orgasmo. Sintió cómo Jungkook se enterraba más profundamente, cómo su cuerpo se tensaba detrás.
—Ahora yo —gruñó.
Y se vino también, enterrándose hasta el fondo, con un gemido que vibraba contra su espalda.
Se quedaron así un momento, respirando con dificultad.
El olor a sexo se mezclaba con el de la comida y el vino.
La cocina estaba en silencio, solo se escuchaba su respiración agitada.
—Eso fue... —dijo Jimin.
—Increíble.
—Sí.
Jungkook se salió lentamente.
Jimin sintió cómo su calor se escapaba de y gimió por la pérdida.
Él lo giró suavemente para besarlo.
—¿Te gustó? —preguntó.
—Más que la cena.
Jungkook se rió y lo besó de nuevo.
—Mejor.
Jimin todavía estaba sentado en la encimera, con el vestido arrugado alrededor de su cintura y el cabello despeinado. No hizo ningún movimiento para arreglarse.
—No hemos terminado —dijo, mirándolo con los ojos brillantes.
Jungkook levantó una ceja.
—¿No?
—No, quiero más.
—¿Más?
—Sí, pero ahora quiero hacerlo yo.
Jungkook sonrió, esa sonrisa peligrosa que siempre lo desarmaba.
—¿Y qué vas a hacer?
—Bájame de aquí.
Él lo bajó de la encimera, sosteniéndolo por la cintura mientras Jimin apoyaba los pies en el suelo.
Jimin se arrodilló frente a él y lo miró desde abajo.
—¿Te gusta cómo me veo aquí? —preguntó.
—Demasiado.
Jimin tomó su pene en la boca, no fue rápido ni tímido. Fue lento, saboreando cada centímetro, sintiendo cómo se endurecía bajo su lengua.
Jungkook agarró el borde de la encimera y gimió.
—Mierda, Jimin.
El sonrió alrededor de la verga de Jungkook y continuó, su cabeza se movía con un ritmo constante, sus manos acariciaban sus muslos, sus testículos.
Jungkook sentía que se volvía loco.
—Voy a... —dijo él, su voz entrecortada.
Jimin no se detuvo.
Lo llevó hasta el borde y sintió cómo se corría en su boca, tragó todo sin soltarlo hasta que él dejó de temblar.
Jungkook lo levantó y lo besó con ferocidad.
—Eres increíble.
—Lo sé.
—No, en serio. Eres la mejor puta que he tenido.
Jimin se rió y le dio un golpe en el pecho.
—La única.
—La única.
Jungkook lo levantó en brazos y lo sentó en el borde del fregadero.
El metal frío contra su espalda lo hizo estremecerse.
—Otra vez —dijo.
—¿Otra vez?
—Otra vez.
Se arrodilló frente a Jimin y abrió sus piernas. Su boca encontró su coño aún sensible y comenzó a lamerlo lentamente. Jimin agarró su cabello y empujó su cara contra su coño.
—Sigue.
Él siguió, su lengua se movía con precisión, entrando y saliendo, encontrando su clítoris y rodeándolo con movimientos circulares. Sus dedos entraron en su vagina mientras su boca seguía trabajando.
—Voy a venirme otra vez.
Jimin se vino en su boca con un grito.
Jungkook se levantó y lo penetró de nuevo, esta vez con Jimin sentado en el borde del fregadero, sus piernas estaban alrededor de su cintura, sus brazos alrededor de su cuello.
Jungkook se movía dentro de Jimin con un ritmo constante, sus manos en su espalda para sostenerlo.
—Eres mío —dijo él.
—Tuyo.
Él lo besó mientras seguía moviéndose dentro de Jimin. El ritmo se volvió más rápido, más profundo.
—Te amo.
—Yo también te amo.
Y se vinieron juntos.
La cocina estaba en silencio.
La botella de vino vacía, las velas apagadas, los platos aún sucios.
Jungkook seguía dentro de el, con la frente apoyada en la suya, respirando al mismo ritmo.
—Eres mi perdición —dijo él.
—Y tú la mía.
Jungkook se salió lentamente y lo bajó del fregadero.
Jimin sintió que las piernas le temblaban cuando tocó el suelo.
—Tengo que limpiar esto —dijo Jungkook, riendo y señalando la encimera.
—¿Qué? ¿La mancha de vino?
—La mancha de vino y la de nosotros.
Jimin se rió y se sentó en la mesa mientras él pasaba un trapo por el mármol, estaba desnudo y se veía ridículo y perfecto.
Silbaba una canción cualquiera, como si no acabara de follarlo contra el fregadero.
—Te ves bien haciendo eso —dijo Jimin.
—¿Limpiando?
—Limpiando y todo lo demás.
Jungkook dejó el trapo y se acercó a el. Lo besó suavemente, con una lentitud que contrastaba con la urgencia de antes.
—Mañana —dijo.
—¿Mañana qué?
—Vamos a repetir esto, pero mañana yo cocino otra cosa y tú te sientas en la encimera desde el principio.
Jimin sonrió.
—¿Y qué vas a cocinar?
—Algo que se pueda comer frío, porque va a tardar en llegar a la mesa.
Jimin se rió y lo abrazó.
—Te amo.
—Yo también.
Se quedaron en la cocina, los dos desnudos, bebiendo el resto de vino que había quedado en la botella.
La noche era joven y no tenían prisa.
La cocina era su lugar favorito ahora, y sabían que volverían a usarla.
Una y otra vez.
Mañana. Y pasado. Y siempre.








