Frecuencia del Deseo

La notificación no fue un mensaje; fue una descarga. Un pulso eléctrico que me recorrió la espina dorsal hasta encenderse en la periferia de mi córtex visual, justo ahí, donde el mundo real se funde con la red.
[PROYECTO INEFABLE: SOLICITUD DE MUSA. HARDWARE DE ALTA GAMA REQUERIDO.]
Mis dedos temblaron mientras corría la cortina de mi escondite. Afuera, Night City era un vómito de luces de neón y lluvia ácida.
Los Scavengers debían estar buscándome en los nodos bajos, rastreando cada transferencia de mis créditos robados, pero ya no me importaba.
Ese anuncio no era para cualquiera.
Era de Luxfantasie, el productor de los Braindances más sucios y prohibidos de la red; el hombre que no vendía simples memorias, sino orgasmos sintéticos de grado militar que fundían los procesadores de los clientes más ricos de la ciudad.
El mensaje decía: “Si tu sistema puede soportar la sobrecarga sináptica, el estudio te espera esta tarde”.
No lo pensé. Mi deuda con los mercenarios tenía fecha de vencimiento, y mi cuerpo era la única moneda que me quedaba.
Hackeé la encriptación del mensaje en menos de diez segundos; mis circuitos, instalados en el mercado negro, empezaron a calentarse. Tenía que ser yo. Si iba a caer, lo haría siendo la musa de algo que hiciera arder los servidores de la corporación.
Llegué al sector industrial bajo una cortina de agua que no lograba lavar la mugre de la ciudad. El edificio estaba blindado, una mole de acero rodeada de cables que palpitaban como venas. Mi pulso, acelerado por la cafeína sintética y la adrenalina, resonaba en mis oídos.
Yo era una Netrunner, criada desde pequeña con implantes cerebrales que me permitían navegar por la red. Mis implantes de calibre militar de alta gama harían zumbar los sentidos de luxfantasie integrándome de inmediato como su siguiente musa.
Presioné el sensor de la puerta.
La cerradura electrónica se liberó con un siseo hidráulico. El aire que salió de dentro olía a ozono, metal caliente y el rastro metálico de un hardware funcionando a máxima potencia. Allí estaba él, sumergido en una nube de pantallas holográficas que proyectaban el mapa de su próximo éxito: Bucle de Placer.
El hombre tras de esto no levantó la vista de inmediato, pero la intensidad de su presencia llenó el vacío del estudio. Sus ojos, reforzados por lentes de edición de grado corporativo, se fijaron en mí como si estuviera diseccionando mi sistema nervioso antes siquiera de que pudiera decir una palabra.
Él era un Techie, lo podía notar por los implementos que tenia en esta poco modesta oficina del placer. Revisé sus expedientes y parecían alterados, tipo trabajo de techies novatos, pero son eficases porque ante el simple raztreo no podrian evidenciar que es también un edgerunner, algo fue de la ley.
Pero como le da placer a los codiciosos de los altos mandos, lo dejan vivir en anonimato en esta caja de metal.
—Tienes la resistencia que busco —dijo él, con una voz que era puro peligro.
— Pero en mi estudio, no hay simulaciones. Si vamos a fusionar nuestros sistemas, necesito que estés dispuesta a dejar tu alma expuesta. ¿Estás lista para perder el juicio?
Entré, cerrando la puerta tras de mí, sintiendo cómo los cerrojos magnéticos se activaban. Ya no había vuelta atrás.
En Night City, si no te conectabas para sentir, estabas muerta. Y yo estaba lista para sentirlo todo.
—Por eso vine
Conteste seca, directa, mirandolo a los ojos.
—Primero tengo que hacer una revisión para estar seguro
El zumbido de los servidores alcanzó un tono más agudo, una frecuencia de prueba que se filtraba directamente en nuestras sinapsis. Dio un paso atrás, pero no me soltó; con un movimiento seco, desactivó la seguridad del estudio. Las luces de neón viraron a un tono ámbar tenue, revelando la silueta de los cables que serpenteaban por sus propios brazos, brillando con una luz azul gélida.
—Necesito saber qué tan profundo puedo entrar antes de que tu sistema colapse —dijo, su tono clínico escondiendo apenas un rastro de fascinación oscura.
Me indicó que me sentara en la silla de interfaz, una estructura de cromo y cuero sintético diseñada para inmersiones profundas. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, pero no como un amante, sino como un técnico evaluando una pieza de hardware de valor incalculable. Sus dedos presionaron puntos específicos a lo largo de mis clavículas, buscando los nodos donde mis conexiones neuronales se encontraban con el ciberware.
—Respiración profunda —ordenó.
Su mirada se tornó vidriosa mientras activaba sus propios implantes ópticos. Pude sentir cómo una sonda digital, invisible y fría, penetraba en mi sistema. Era una sensación de invasión absoluta; él estaba navegando por mis protocolos de seguridad, revisando cada capa de mi firewall neuronal, deslizando sus dedos por la curva de mi cuello para identificar la marca de fábrica de mis puertos.
Cada vez que sus dedos trazaban una línea sobre mi piel, veía estelas de código reflejadas en sus pupilas dilatadas. Revisó la estabilidad de mi columna, palpando los micro-chips instalados a lo largo de mis vértebras.
—Tienes una latencia mínima en los receptores táctiles —murmuró, su voz casi un ronroneo mientras trazaba el camino de un cable bajo mi piel con una precisión quirúrgica—. Tu cuerpo está hecho para procesar dolor y placer por igual, sin filtro. Es perfecto.
De repente, apretó un nodo específico cerca de mi esternón. El impacto fue tan eléctrico que arqueé la espalda, dejando escapar un jadeo que él capturó inmediatamente en el monitor de audio.
—Estás en línea —dijo, con una sonrisa ladeada que no llegaba a sus ojos, ahora brillantes por la lectura de mis datos
— Tu cuerpo ha aceptado el handshake. Vamos a ver exactamente qué tan rápido puedes subir de temperatura antes de que tus circuitos empiecen a fallar.
Se acercó a mi rostro, el metal de sus dedos todavía hormigueando contra mi piel, y susurró tan cerca que sentí la estática de su aliento:
—Ahora, vamos a ver qué hay detrás de tu firewall.
No me dio tiempo a prepararme. Antes de que pudiera procesar el diagnóstico, sus dedos se deslizaron con una precisión calculada hacia la parte baja de mi columna, donde mi cyberware conectaba directamente con mis terminales nerviosas más sensibles.
Presionó un comando en su consola y, de repente, sentí cómo una sobrecarga recorría mis piernas.
No era un tacto humano convencional; al estar conectada a su sistema, la estimulación se sentía amplificada, como si sus dedos estuvieran tocando directamente mis sinapsis y no mi piel.
—Abre el flujo de datos —ordenó, su voz resonando dentro de mi cabeza—. Déjame ver cómo reacciona tu sistema nervioso cuando te llevo al límite.
Comenzó a realizar una serie de caricias precisas, casi rítmicas, sobre los puntos de presión de mi cuello y la curva de mi espalda.
Cada vez que sus dedos rozaban una zona crítica, una descarga eléctrica se disparaba por todo mi sistema, provocando que mi cuerpo se tensara y arqueara contra el cuero de la silla.
La pantalla holográfica frente a nosotros comenzó a saturarse de ondas de color magenta: mi frecuencia cardíaca se estaba disparando, y los niveles de dopamina en mi sangre subían a una velocidad alarmante.
—Eso es... —murmuró este, sus ojos fijos en los gráficos, fascinado por la forma en que yo respondía.
—Estimula mis dedos
Dijo acercándolos a mis labios, yo abrí la boca recibiéndolos, sintiendo lo fría de su piel, la textura de esta y el sabor metálico de los sensores en sus yemas de los dedos.
—Eso es, un poco más
Gimió sin mirarme a mi del todo, solo a la pantalla sonriendo ante su rotundo éxito.
La estimulación se volvió más insistente, una danza de presión y descarga eléctrica que ignoraba mi voluntad.
Bajó sus manos hacia mi entrepierna y comenzó a frotar sobre mi ropa creado una descarga electrica intensa que me recorrió hasta mi nuca desde donde estaba conectada a la silla de escaner.
Sentí cómo el calor se concentraba en mi centro, un fuego sintético que me obligaba a jadear. Intenté mantener el control, pero el “Bucle” ya estaba activo; él estaba sincronizado conmigo, sintiendo mi placer tal cual yo lo experimentaba.
Cuando sus dedos finalmente encontraron mi vagina humeda sentí, una oleada de electricidad pura recorrió mis centros nerviosos.
Todo mi sistema entró en un bucle de sobrecarga; mis ojos se pusieron en blanco mientras el orgasmo me golpeaba con una intensidad que no conocía, una descarga visceral que se registró en tiempo real en los servidores.
Era malditamente increible. Al estar sumida en la red sus sensaciones y las mias se entremezclaban haciendome sentir sus pulsaciones, adrenalina y su deseo por introducir sus dedos en mi interior.
— Hazlo si lo necesitas
Le dije entre jadeo.
Este me miró impresionado.
— ¿Puedes sentirme?
— Puedo sentir como tu miembro palpita en tus pantalones. Lo siento en mi puta cabeza bombeando
Dije entre dientes sintiendo como mi orgasmo se acercaba con solo la fricción de sus dedos.
Él dejó escapar un suspiro de satisfacción técnica mientras observaba cómo las pantallas registraban el pick máximo. Me dejó colapsar en la silla, temblando, con mis circuitos enfriándose lentamente.
—Capturado
dijo, su voz cargada de un triunfo oscuro mientras guardaba el archivo
—Ese es el material que va a hacer que toda la ciudad se arrodille ante nosotros. Estás lista.
Se quitó el cubrebocas y la capucha que le ocultaban el rostro.
—JungKook
Tendió su mano hacia mi para cerrar en trato. Yo jadeaba aun y recibía la luz neón magenta iluminando mi rostro a duras penas la cual marcaba mis niveles vitales.
—Aira








