Untouchable
―¡Maldito bastardo! ―gritó el omega mientras le lanzaba un jarrón al alfa―. ¡¿Cómo te atreves a aparecerte aquí después de todo?!
Taehyung estaba iracundo y lastimado. Había cometido muchos errores en su vida, entre ellos, haber elegido a su actual ex prometido. Era un hombre que creía firmemente en el amor, convencido de que su alma gemela estaba allá afuera y que algún día la encontraría. Después de todo, en su familia solo se habían casado con su alma gemela; no era una simple fantasía para él, era algo real. Y también quería experimentarlo.
Lamentablemente, desde que tuvo su primer novio, todo se torció. Las parejas en su familia siempre habían sido elegidas por el matriarca o patriarca omega, quien lideraba en ese momento. Taehyung se había negado a ello. Él creía firmemente que podía encontrar a su destinado por sí mismo. Sin embargo, ahora, a sus 28 años, sentía que se había equivocado.
El claro ejemplo de su error era, nada más y nada menos, que Choi Junghyun… o, más bien, Jeon Junghyun.
―Amor…
―¡No me digas así! ―gritó frustrado―. ¡Me mentiste!
―No es así… ―intento excusarse―. Déjame explicarte.
Taehyung bufó mientras se alejaba lo más que podía de él.
―¿Explicarme qué, Junghyun? ¿Que te casaste con otra persona cuando llevábamos cinco años de relación y siete meses comprometidos? ¿O que no te apellidas Choi, sino jodido Jeon? ¡Oh, ya sé! ¡Que estuviste mintiéndome durante años y ocultando tu verdadera identidad!
El peliplata estaba cansado. Mucho, en realidad. ¿Qué tan mal estaba para elegir parejas mentirosas, infieles y traicioneras? Taehyung no se consideraba una mala persona. Jamás había hecho daño a nadie, así que, ¿por qué le lastimaban tanto?
―Escúchame, ¿sí? Yo te amo a ti, no a ese omega. Prometo divorciarme y…
―¿Me amas? ―preguntó incrédulo―. En tu familia no existen los divorcios. ¿Crees que soy idiota? ―claro que lo creía; después de todo, le había tomado como amante, jamás se casaría con él―. Está embarazado, Junghyun, ¡embarazado!
Su madre se lo había advertido una y otra vez. Y cada una de esas veces tenía razón. Debió dejarle elegir sus parejas; tal vez así jamás hubiera conocido a tantos idiotas a lo largo de su vida.
―No es mío.
En cualquier momento, Taehyung podría ir a prisión por homicidio. Había pasado tanto tiempo con Junghyun y, aun así, ese alfa de pacotilla no le conocía ni un poco. ¿De verdad creía que se tragaría esa estupidez? ¿Con quién creía que estaba tratando? Taehyung observó de arriba abajo al alfa; era un hombre promedio. Era atractivo, pero no lo suficiente como para perder la cabeza por él. Era alto y, hasta ese momento, le había tratado de manera decente; ni siquiera bien o como se merecía, solo decente. Vivía mintiendo, excusándose, y nunca había asistido a ninguno de sus eventos.
No merecía la pena.
―Lárgate.
―Amor… ―una sonora bofetada logró que la cara del pelinegro se girara de golpe hacia un lado.
―En tu jodida vida vuelvas a referirte a mí de esa manera. ¡Lárgate!
Junghyun, quien aún permanecía impasible, mostró su verdadero rostro. La ira y la burla se mezclaron en sus facciones.
―¿Te crees tan importante? ―preguntó entre risas burlonas―. Soy un Jeon; jamás conseguirás algo mejor que yo, cariño. No eres más que una burla para tu familia.
Taehyung, con los ojos brillantes por las lágrimas que se negaba a soltar, intentó abofetearlo de nuevo, pero el alfa le tomó la mano bruscamente, sabiendo perfectamente que dejaría marcas en su muñeca.
―Suéltame, bastardo.
―Solo eres el juguete de turno, Taehyung. Nadie quiere un omega como tú ―escupió mientras empujaba bruscamente al menor, quien tropezó con sus propios pies y cayó al suelo. Junghyun chasqueó la lengua―. Sí, eres lindo, pero una cara bonita no compensa tu carácter de mierda ―se burló una vez más―. Me das lástima.
Y, sin mirarlo de nuevo, el alfa abandonó el apartamento del menor.
Taehyung se decía a sí mismo que Junghyun no merecía sus lágrimas. Pero se sentía tan humillado, lastimado y usado que no podía evitarlo. Así que lloró, gritó y dejó salir toda su frustración. Aún creía que su alma gemela estaba allá afuera, que en algún momento lo encontraría, pero ya no estaba tan seguro de poder seguir sufriendo como lo estaba haciendo en ese momento. Tal vez, solo debería estar solo para siempre.









me encanta la espero con ansias
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