I.
La noche era tranquila.
Hades regres贸 a su casa despu茅s de una jornada laboral larga en los campos de cultivo. Ten铆a el cuerpo cansado, la ropa sucia por la tierra y los brazos adoloridos de tanto trabajar bajo el sol.
Pero toda esa fatiga se le olvid贸 en cuanto cruz贸 la puerta. Lo primero que vio, fue a su hermano menor, Poseid贸n.
Al ver al muchacho, una sonrisa apareci贸 en el rostro del albino.
Poseid贸n era un muchacho muy hermoso. Ten铆a un cabello dorado, unos ojos de color lapisl谩zuli, y su piel era blanca y suave, limpia como la leche.
En la casa solo viv铆an ellos dos.
Poseid贸n ten铆a dos hermanos mayores. Uno era Hades, que pasaba los d铆as sudando en la tierra para que no les faltara comida en la mesa.
El otro hermano se llamaba Adamas.
Pero Adamas ya no viv铆a con ellos porque hac铆a poco tiempo se hab铆a casado con su Omega, y ahora ten铆a su propio hogar a unas cuantas casas de distancia, formando su propia familia.
Hades todav铆a no se hab铆a casado. No es que no quisiera, sino que ten铆a un deber que no lo dejaba pensar en compromisos propios.
脡l se hab铆a propuesto no buscar esposa hasta encontrar un pretendiente que fuera digno para su hermano menor.
Sab铆a que Poseid贸n era demasiado hermoso, un Omega que llamaba la atenci贸n de cualquiera. Muchos alfas de los alrededores andaban siempre al acecho, mirando la casa, rondando los caminos por donde el rubio pasaba, esperando una oportunidad para acercarse.
Pero Hades era un alfa de car谩cter firme y muy protector. No quer铆a que nada malo le pasara al m谩s chico de la familia, as铆 que vigilaba a cada alfa que pon铆a los ojos sobre su hermano.
Hades camin贸 con paso lento pero alegre hacia donde estaba el rubio.
Extendi贸 su mano, la coloc贸 con suavidad en el ment贸n de Poseid贸n y levant贸 un poco su rostro para darle un beso en la frente.
Poseid贸n sinti贸 una calidez bonita en el pecho. Amaba mucho esa sensaci贸n de protecci贸n que su hermano le daba, pero era muy t铆mido y de pocas palabras, as铆 que solo pudo sonrojarse en silencio.
Las mejillas se le pusieron rosadas. Para ocultar su verg眉enza, dio media vuelta y camin贸 r谩pido hacia la cocina para empezar a poner los platos y la mesa, pues sab铆a que su hermano ven铆a con hambre.
La comida que preparaba Poseid贸n siempre era deliciosa. El joven Omega se mataba toda la tarde metido en la cocina, picando verduras, cuidando el fuego y preparando guisos sabrosos solo para que su hermano mayor comiera bien al regresar del trabajo.
Hades apreciaba mucho ese esfuerzo. Mientras lo ve铆a moverse de un lado a otro con los platos, pensaba para sus adentros que Poseid贸n ser铆a una excelente esposa y una madre muy cari帽osa.
Se sentaron a comer. El silencio de la casa solo se romp铆a por el ruido de las cucharas. De pronto, Hades dej贸 el cubierto de lado y habl贸:
-Lo he estado pensando -dijo el albino, mirando fijamente a su hermano-. Y estoy pensando en buscar un compromiso para ti-Poseid贸n se qued贸 quieto a su lado en la mesa. Escuchar esa palabra le dio un vuelco al coraz贸n. Dej贸 su plato y mir贸 a Hades fijamente.
-驴Crees que ya estoy listo? -cuestion贸 Poseid贸n con la voz un poco baja.
Hizo la pregunta porque su hermano se lo dec铆a, pero muy en el fondo de su alma, el rubio no quer铆a casarse con nadie. Le daba miedo dejar esa casa y cambiar su vida. Hades, sin notar la tristeza oculta del menor, sonri贸 y asinti贸.
-Claro que s铆, hermano -respondi贸 con seguridad. Y diciendo esto, tom贸 su taza y le dio un sorbo largo a su t茅 caliente, dando el tema por terminado por esa noche.
Lejos de all铆, en la costa de la isla, las olas del mar golpeaban con fuerza la arena oscura. La noche ya no era pac铆fica en ese rinc贸n.
-隆Andando! -grit贸 un alfa con una voz que parec铆a el trueno del cielo.
Era Thor, un alfa de cuerpo enorme y mirada salvaje. Ten铆a un hacha grande y pesada en la mano derecha. Su cabello era rojizo, largo y suelto, soplado por el viento fr铆o de la noche.
Esta era su primera misi贸n de saqueo importante. Su padre, que era el jefe de la aldea all谩 en el norte, lo hab铆a enviado al mando de un barco hacia esa isla lejana.
El objetivo era claro: entrar a la aldea de los campesinos, robar todos sus tesoros y llevar comida para alimentar al pueblo que pasaba hambre.
El alfa ya hab铆a tocado tierra firme. Alz贸 su hacha en lo alto, apuntando hacia las casas que se ve铆an a lo lejos, y comenz贸 a correr con fuerza por el pasto de la isla.
Detr谩s de 茅l iba un grupo grande de hombres armados con escudos y espadas, dando gritos de guerra que asustaban a todos a su paso.
Thor miraba a su alrededor mientras avanzaba. En esa isla la tierra era buena; todo parec铆a verde, abundante y lleno de riquezas que ellos no ten铆an.
Mientras los gritos empezaban a sonar en la playa, en la casa del campo todo segu铆a igual.
Poseid贸n se hab铆a sentado cerca de la ventana, aprovechando la luz de unas velas, y se puso a tejer la camisa de lino blanco de Hades.
Ese mismo d铆a, mientras trabajaba, Hades hab铆a roto la manga de la prenda con una rama, y el Omega quer铆a tenerla lista para el d铆a siguiente.
El rubio se sent铆a feliz con la vida que llevaba. No quer铆a un esposo, no le interesaba conocer a ning煤n alfa del pueblo y no quer铆a casarse. Su 煤nico deseo era quedarse as铆 para siempre, cuidando a su hermano mayor en esa peque帽a casa.
Pero la paz no dur贸 mucho. El rubio, sentado enfrente de las velas con la aguja, comenz贸 a escuchar unos ruidos extra帽os que ven铆an desde afuera. Eran gritos. Pero no gritos de alegr铆a, sino gritos de dolor, de miedo y de mucha desesperaci贸n.
Poseid贸n dej贸 de hacer lo que estaba haciendo; solt贸 la camisa de lino sobre la silla y camin贸 hacia la puerta principal.
Al abrirla y salir al patio.
Lo que vieron sus ojos lo dej贸 helado. Se top贸 con la terrible sorpresa de que la mitad de su aldea ya estaba envuelta en llamas; que pintaban el cielo de color naranja. A lo lejos, hombres gigantescos con hachas y escudos de madera en las manos corr铆an de un lado a otro, persiguiendo a sus vecinos, entrando a las casas a la fuerza y golpeando a cualquiera que se les cruzara en el camino.
Poseid贸n abri贸 los ojos como platos. El miedo le entr贸 por las piernas y lo hizo reaccionar. En lugar de quedarse parado, regres贸 corriendo hacia adentro de su casa. Subi贸 los escalones de madera con desesperaci贸n, entr贸 a la habitaci贸n de Hades y comenz贸 a sacudir con todas sus fuerzas al albino, que ya estaba profundamente dormido.
-驴Posei? 驴Qu茅 pasa? -pregunt贸 Hades, tratando de abrir los ojos.
-隆Nos est谩n atacando! -grit贸 Poseid贸n con una voz de llanto y desesperaci贸n.
Esas palabras hicieron que Hades abriera los ojos como platos. Se levant贸 de la cama de un salto, con el coraz贸n lati茅ndole a mil por hora. No hubo tiempo para pensar. Comenz贸 a vestirse lo m谩s r谩pido que pudo.
El albino busc贸 debajo de su cama y sac贸 una daga afilada. Con esa arma en una mano y agarrando fuertemente la mu帽eca de Poseid贸n con la otra, sali贸 de la casa con cautela, mirando hacia todos lados.
Afuera el aire quemaba y los gritos her铆an los o铆dos. El plan de Hades era sencillo pero peligroso: ten铆a que llevar a Poseid贸n hacia la orilla de la isla, cruzar por los caminos oscuros y esconderlo entre las rocas de la playa donde los barcos no pudieran verlo.
Era de noche y todo estaba muy oscuro en los senderos traseros de la aldea. No ten铆an antorchas para no llamar la atenci贸n; contaban con nada m谩s que la luz blanca de la luna para alumbrarse el camino entre los 谩rboles y las piedras.
Los dos hermanos caminaban r谩pido, casi arrastr谩ndose por el suelo. Cre铆an que si no eran vistos por los atacantes no les pasar铆a nada malo y lograr铆an salvarse.
Pero eso fue un grave error.
Thor ya andaba cerca de esa zona de la isla buscando cosas de valor. El alfa de cabello rojo iba caminando entre los 谩rboles cuando sus ojos salvajes vieron algo moverse entre los arbustos.
La luna, que brillaba en lo alto del cielo, proyect贸 su luz blanca directamente sobre un resplandor rubio que se mov铆a en medio de la oscuridad de la noche.
Thor se detuvo. Lo que estaba viendo era hermoso, algo divino que nunca hab铆a visto. El muchacho se ve铆a limpio, puro y virgen, como si fuera un 谩ngel que se hubiera ca铆do del cielo. Era una vista deslumbrante y majestuosa para el vikingo.
Thor sonri贸 de lado, y se lami贸 los labios con malicia. Sinti贸 unas ganas enormes de adue帽arse de esa belleza.
Sin pensarlo dos veces, comenz贸 a caminar hacia ellos, apartando con fuerza los arbustos y las ramas que se encontraban a su paso.
El alfa de cabello rojo corri贸 con paso firme, acelerando el ritmo mientras manten铆a esa sonrisa malvada en el rostro. Cada vez que se acercaba m谩s, ve铆a mejor lo hermoso que era esa criatura. Se ve铆a delicada como una mariposa, pura como una paloma blanca, y hermosa como el ave m谩s rara del mundo.
El guerrero pens贸 que sin duda alguna iba a disfrutar mucho de lo que iba a hacer.
Hades, que iba adelante guiando a su hermano, sinti贸 que el cuerpo se le pon铆a duro. Tens贸 la mand铆bula al escuchar el ruido de unos pasos pesados y fuertes que ven铆an justo detr谩s de ellos, rompiendo las ramas secas. Sab铆a que los estaban siguiendo y que ya no hab铆a escapatoria.
El albino no dud贸: se solt贸 de la mano de su hermano, se coloc贸 firme enfrente de Poseid贸n para taparlo con su propio cuerpo y vio de forma fulminante al guerrero que sal铆a de entre las sombras de los 谩rboles.
Poseid贸n, escondido detr谩s de la espalda de su hermano mayor, trag贸 en seco al ver al hombre pelirrojo.
El rubio sinti贸 miedo de inmediato, que las piernas le temblaron. Hab铆a un aura muy malvada e intimidante detr谩s de ese vikingo. El hombre ten铆a un hacha grande manchada de vete a saber qu茅, y una sonrisa horrible llena de malicia en su rostro.
-D茅jalo. D茅janos en paz, no queremos pelear con nadie -ladr贸 Hades, aunque por dentro sent铆a que el coraz贸n se le part铆a-. Ya tomaste nuestras cosas, destruiste nuestro pueblo y quemaste las casas. Por favor, no nos hagas nada... d茅janos ir -pidi贸 el albino.
Pero vio c贸mo ese vikingo no se deten铆a; al contrario, se acercaba m谩s y m谩s a 茅l, levantando el hacha en la mano, listo para cortarle la cabeza de un solo golpe si se interpon铆a en su camino.
Hades sinti贸 de pronto sus mejillas h煤medas. Se dio cuenta de que las l谩grimas le sal铆an de los ojos porque sab铆a perfectamente que este era el final. El alfa, en un 煤ltimo intento desesperado por defender y dar amor a su hermano menor, se dio la vuelta, lo abraz贸 con todas sus fuerzas contra su pecho y cerr贸 los ojos fuertemente para no ver el golpe que ya sent铆a.
-Lo siento... lo siento tanto, mi Poseid贸n -musit贸 el albino con una voz muy bajita al o铆do de Poseid贸n, pidi茅ndole perd贸n por no haber sido lo suficientemente fuerte para salvarlo de los monstruos.
Los ojos de Poseid贸n tambi茅n se pusieron h煤medos por el llanto. El miedo que sent铆a se transform贸 en algo m谩s al ver a su hermano mayor vencido y llorando.
脡l no quer铆a morir as铆, y sobre todo, no quer铆a que su hermano mayor, el que lo hab铆a cuidado toda la vida desde que eran ni帽os, se fuera de este mundo de esa forma tan sangrienta por culpa de un desconocido.
El rubio sac贸 fuerzas de donde no ten铆a. Se solt贸 con un tir贸n del agarre cari帽oso de su hermano, dio un paso adelante y se coloc贸 con firmeza enfrente de Hades, tap谩ndolo ahora a 茅l.
-Si quieres lastimar a alguien, hazlo conmigo. Pero deja a mi hermano en paz, no le hagas da帽o -habl贸 Poseid贸n con la frente arrugada por el esfuerzo de parecer fuerte, aunque por dentro se mor铆a de un miedo terrible al ver de cerca a ese hombre tan grande y malvado que ol铆a a sangre.
Thor se detuvo un momento y frunci贸 los labios con desagrado.
Al vikingo no le gustaba para nada que la mercanc铆a valiosa se opusieran a 茅l, ni mucho menos que un Omega campesino le dijera qu茅 era lo que ten铆a que hacer. Pero al mismo tiempo, pens贸 que la mercanc铆a se ve铆a muy bien levantando la voz y d谩ndole una orden con esos ojos azules tan bonitos.
El hombre de cabello rojizo se encogi贸 de hombros con desprecio, dio un paso r谩pido hacia adelante y jal贸 con fuerza del brazo a ese campesino Omega de cabello rubio y ropa de algod贸n.
Poseid贸n solt贸 un grito ahogado cuando sinti贸 las manos de Thor. El guerrero, sin hacer mucho esfuerzo debido a sus m煤sculos fuertes, lo levant贸 del suelo como si no pesara nada y lo puso encima de su hombro, d谩ndole un golpe en la espalda para que dejara de moverse.
-隆No! 隆Poseid贸n! 隆Su茅ltalo! 隆Poseid贸n! -ladr贸 Hades desde el suelo.
El albino intent贸 levantarse para ir corriendo hacia 茅l y atacar al vikingo con su peque帽a daga, pero las fuerzas no le dieron. Mientras ve铆a c贸mo ese vikingo malo se llevaba a su hermano menor entre la oscuridad del bosque, el alfa cay贸 de rodillas al suelo.
Se qued贸 all铆 tirado, con las mejillas empapadas de l谩grimas y el rostro lleno de una desesperaci贸n tan grande que no le cab铆a en el pecho, sabiendo que hab铆a perdido lo que m谩s amaba en el mundo.
Thor camin贸 r谩pido cargando al muchacho, alej谩ndose de los ruidos de la aldea en llamas para tener tranquilidad.
Lleg贸 a una zona apartada cerca de la playa, un lugar escondido detr谩s de unas rocas gigantescas donde nadie lo molestar铆a.
Con una sonrisa maliciosa que le deformaba la cara, tumb贸 con rudeza a la hermosa criatura sobre el suelo.
Poseid贸n cay贸 de espaldas, golpe谩ndose contra el suelo, e intent贸 arrastrarse hacia atr谩s para escapar, pero las rocas le tapaban el camino.
El Alfa pelirrojo no perdi贸 el tiempo. Se dej贸 caer encima de 茅l, usando su peso para dejarlo inm贸vil. Con una mano, rasg贸 la ropa de algod贸n de la hermosa criatura, rompiendo la tela blanca que Poseid贸n tanto cuidaba.
Abri贸 las piernas del rubio de par en par, sujet谩ndolo con fuerza de las rodillas para que no pudiera cerrarlas ni defenderse.
Sin ninguna delicadeza, el vikingo le enterr贸 el miembro de golpe, buscando su propio placer en medio de la noche oscura.
Poseid贸n sinti贸 un dolor desgarrador que le recorri贸 todo el cuerpo de abajo hacia arriba. Con una expresi贸n llena de angustia, de asco y de mucho dolor en el rostro, el joven Omega solo pod铆a aguantar las embestidas del alfa pesado sobre su cuerpo delicado.
Ten铆a los ojos completamente h煤medos por las l谩grimas que ca铆an hacia sus orejas y las mejillas rojas por el esfuerzo y la humillaci贸n del momento.
Le dol铆a el alma, le dol铆a el cuerpo y sent铆a que se iba a morir all铆 mismo. Pero en medio de todo ese sufrimiento, apret贸 los labios con fuerza y se jur贸 a s铆 mismo que no abrir铆a la boca.
No le dar铆a a ese rufi谩n malvado el gusto de escucharlo gritar.








