Prólogo.
Adamas suspiró con pesadez mientras caminaba a los adentros de un mugroso callejón. Eran a eso de las seis de la tarde, estaba nublado; lo más probable es que llovería en cualquier momento. No es que el cabello rojo lo visitase por gusto, era mera necesidad. El lugar estaba sucio y con uno que otro charco de agua en el suelo.
El alfa acababa de regresar a su ciudad natal luego de ser echado y desterrado por su hermano menor.
Él era un bastardo, el hijo de un noble con su concubina, aunque su padre trató de interrumpir el embarazo, aún así había nacido. Su apariencia no era grata a los ojos de nadie, todos siempre lo menospreciaron, lo discriminaron, y más su hermano menor, que cuándo el apenas era un adolescente; ese niño malcriado y tenebroso le ordenó a los guardias de la mansión de su padre que lo echasen a la calle como basura, porque según Poseidón; ahí es donde pertenecía.
Pero aunque creyó que sería indigente el resto de su vida, después de vagar en las calles y comer basura, unos criados fueron a él, criados que su hermano mayor había mandado. Su querido hermano mayor se había enterado de lo ocurrido y decidió ayudarlo, decidió mandarle dinero suficiente para que iniciara desde cero en otro país en lo que las cosas con su hermano menor se solucionaban. Según Hades, debía darle tiempo a Poseidón para que lo aceptase cómo su hermano, para que dejara de ser tan prejuicioso como su padre.
Cuando las cosas se calmaran y Poseidón comprendiera que no estuvo bien lo que hizo al sacar a su hermano mayor de su propia casa, todos volverían a ser una familia unida.
Y aunque él también quería creer en ese sueño dorado de llevarse bien con todos (algo que jamás pasaba). Cuando regresó a la ciudad y fue a unas enormes mansiones a visitar a sus hermanos, no tuvo la bienvenida que anhelaba. Poseidón no quiso ni recibirlo en su casa. Hades no estaba en casa; por lo cuál fue recibido por su esposo. El único al que si pudo ver en persona (desgraciadamente) fue a Zeus, aunque ese sujeto nunca le hizo nada malo, sentía algo de desprecio hacia él.
Ambos tenían la misma edad, pero fueron educados y criados de maneras diferentes. A Zeus su padre le demostraba amor, a él no. A Zeus le compraba lo que quisiera, a él no. A Zeus su padre personalmente lo educó y le enseñó lo básico cómo leer, a él no. Es más, su padre nunca le regaló un libro ni por su cumpleaños.
Después de ir a ver a Zeus, decidió emprender a un destino diferente. Era nuevo en la ciudad, cómo había aprendido a confeccionar algo de ropa, decidió que ese sería su nuevo empleo. Sería sastre y cómo es muy probable que estaría muy ocupado trabajando, necesitaba la ayuda de alguien, de alguien que le cocinara, le limpiara y le hiciese Compañía cuando volviera de trabajar. Aunque pudo contratar a una Beta de clase media para que lo hiciese, necesitaba recortar gastos, no podía darse el lujo de costear ese servicio.
"Un Omega de la calle" pensó "la ley no los protege, no los ampara, no los cuida y no los deja trabajar a cambio de dinero" lo único que los omegas obtenían por dejarse usar era un pedazo de pan (podía costear eso). Así que, por ello estaba aquí, para conseguir a su nuevo empleado doméstico. Habían varios omegas, la mayoría en estados muy críticos, y la otra en sí eran apenas unos niños. Necesitaba de un omega experimentado que quisiera ser un criado a cambio de comida y donde vivir.
Y fue entonces que lo vió, hurgando en un contenedor de basura se encontraba él, su ropa estaba sucia y desgarrada, sin mencionar que olía muy desagradable. Belcebú sonrió al sacar un pedazo de pan del basurero ¡Por fin! ¡Algo para comer! Debía ser rápido y comerlo antes de que los demás omegas se dieran cuenta y quisieran quitarle su comida.
Adamas hizo una mueca de asco al ver cómo ese Omega se llevaba el pan que sacó del basurero a su boca y lo masticaba con desesperación. Qué horror. El alfa de vestimenta elegante sintió náuseas (casi vomita).
-¡¿Pero que crees que estás haciendo?! -le gritó mientras se acercaba a él. El cabello rojo también había comido de un basurero antes, y sabía lo antihigiénico que era, esa vez que comió de un contenedor de basura paso enfermo vários días -. ¡Sácalo! ¡Sácalo de tu boca! -trató de meterle la mano a la boca para sacarselo pero ya era tarde, el Omega se lo había tragado -. ¡¿Qué pasa contigo?! ¡¿Acaso te quieres morir?!
Belcebú soltó una risita burlona, ojalá eso le pasara por comer porquería; sería una bendición más que una consecuencia.
-Ojalá -agregó para después comenzar a sacudirse un poco la ropa, aunque claro, eso no sirvió de mucho, pues aún estaba sucia -. ¿Y entonces? ¿Vas a iniciar? -preguntó haciendo que el alfa lo viera extrañado ¿Iniciar qué?
-¿De que hablas? -Belcebú suspiró con pesadez, al parecer le había tocado un alfa muy lento ó muy estúpido.
-¿De que crees que estoy hablando? ¿Vas a tomarme ya ó qué? -alegó, los alfas sólo entraban al callejón para eso, para tomar a un Omega, ya sea que el Omega quisiera ó no, de todos modos siempre eran sometidos, algunas veces recibían comida; mientras que otras no, y terminaban muy mal heridos y en algunos casos muertos.
Su experiencia le había dicho que no pusiera oposición; ya que de nada le serviría. Siempre fue tomado por cada alfa con el que se topó, y lo peor era que eso había pasado desde que tenía un cuerpo inocente. Desde que apenas tenía memoria fue sacado a la calle y pasó de dueño en dueño, ahora que ya había cumplido más de treinta; a su último dueño ya no le pareció tan atractivo y decidió echarlo a la calle. Así qué, el cabello negro decidió seguir prostituyéndose por algo para comer.
Un sonrojo apareció en las mejillas de Adamas al escuchar la respuesta ¿Tomarlo? El cabello rojo nunca había tenido su primera vez con nadie.
-¡No! ¡Yo no vine a eso! -confesó con un enorme sonrojo en sus mejillas, jamás tomaría a un Omega, sabía perfectamente que todos pensaban que él era horrendo; jamás condenaría a un Omega a pasar el rato con él.
-¿Y entonces? ¿Por qué estás acá? ¿Por qué un alfa entra a este callejón mugroso? ¡No me digas! Vienes a conversar con nosotros -agregó sarcástico -. Vamos, siéntate, ahora mismo te traigo una taza de café. Podemos ponernos a conversar... sobre no sé... Cuántos días llevamos sin comer, Cuántos sujetos nos han agredido y profanado... -rió, para después desvanecer su sonrisa -. Ningún alfa entra aquí con esas intensiones, todos vienen a ver qué omegas hay aquí, y al más atractivo deciden joderlo un rato -aclaró -. Así que vamos, tómame y dame algo de comer, y que sea rápido -exigió.
Hoy no se sentía bien cómo para andar soportando a un alfa en su primera visita al callejón. Sin mencionar que, ese pedazo de pan no bastó para combatir su hambre.
El alfa suspiró con pesadez, al parecer ese omega habría de tener una vida tan miserable cómo para tratarlo así. Pero bueno, tampoco se iba a enojar con él.
-Escucha Omega, no vengo a revolcarme con nadie, busco un criado para que me atienda. Ya sabes, los omegas de la calle no pueden cobrar por sus servicios. Te ofrezco techo y comida ¿Qué dices? Te daré una habitación propia, ropa y un lugar para bañarte cuándo quieras -ofreció al extenderle la mano -. ¿Qué dices? ¿Tenemos un trato?
-Sí, claro -rió burlón, no le creía nada a ese sujeto, más alfas ya le habían venido con esos cuentos y la historia siempre era la misma, lo encerraban en sus casas, abusaban de él y cuando se aburrían lo regresaban a la calle. Pero viéndolo bien, a pesar de esas torturas, siempre le daban de comer (aunque sea las sobras) -. Acepto -apretó su mano fuertemente.
-¿De verdad esta habitación va a ser sólo mía? -añadió al entrar por la puerta, la habitación era mediana y tenía uno que otro mueble; cómo una mesa, una cama y un closet. Adamas asintió, no era mucho pero era lo que le podía pagar por sus servicios.
-Está vacío ahora, pero dependiendo de cómo haces tu trabajo iré confeccionando ropa para ti -exclamó mientras veía cómo el Omega abría el closet -. Y esa será tu cama. Dependiendo de cómo hagas tus tareas y de cómo me vaya a mi trabajando; iremos llenando tu habitación de muebles... -avisó al ver cómo el Omega se sentaba en la orilla de la cama. Una sonrisa tenue se escapó de los labios de Belcebú, hace tanto tiempo que no había tocado ni tenido una cama en su vida, no desde que era un adolescente. Todos sus dueños siempre le dieron un tapete viejo ó el suelo para dormir, era bueno ver que ese sujeto decía la verdad, y que de verdad quería que fuese su criado solamente.
-¿Y bien? ¿Ya terminaste de acariciar tu cama? -cuestionó el cabello rojo al ver cómo el cabello negro sobaba el colchón blanco de su cama con su mano. Belcebú borró su sonrisa de inmediato y alzó la vista-. De acuerdo... ahora acompáñame, te explicaré lo que tendrás que hacer... -comunicó algo nervioso mientras apreciaba cómo ese omega tan sombrío lo fulminaba con la mirada.
Después de varios días, el Omega ya se había acostumbrado a este nuevo estilo de vida, al estilo de vida de en lugar de ser tomado por un alfa en contra de su voluntad; cocinaba y servía comida, planchaba camisas y pantalones de tela. Barría la casa con una escoba de paja y después de todo eso, se sentaba a descansar en la mesa bebiendo un té hecho por él mientras leía uno de los libros de Adamas.
Adamas no era tan mal sujeto, de hecho le caía bien y era muy diferente a los alfas con los que se había topado en el pasado, no lo veía con esa mirada morbosa a la que estaba acostumbrado, no lo tomaba a la fuerza y tampoco lo golpeaba si cometía un error, era una persona buena y agradable, una persona que él estaba comenzando a estimar también.
El Omega dió otro sorbo a su taza blanca de porcelana, para después dejarla sobre la mesa y agarrar el libro nuevamente. Cuando en eso, unas pisadas se escucharon afuera de la cocina. Adamas entró por la puerta, estaba cabizbajo, con una mirada llena de tristeza y decepción, sin mencionar que, sus ojos, sus ojos comenzaron a gotear.
El alfa estaba feliz, feliz de que por fin había encontrado a un Omega que quería tener una relación con él (aunque en el fondo sabía que su familia lo estaba obligando). Pero eso no le importaba, no le importaba si el Omega lo quería, él quería Compañía, casarse y tener muchos bebés, pero, eso ya no se podría. Aunque estaba comprometido con ese Omega, él no lo respetó y decidió fugarse con otro alfa para no tener que casarse con él.
Él estaba devastado, sabía que esto pasaría, pero él ya se había encariñado con la idea de que sin importar cuán desagradable era su apariencia; habría un omega que la pudiera tolerar y llegar a amarlo. Pero al parecer estaba muy equivocado, nadie podría amar a un tipo cómo él, a un tipo tan horrible, ningún Omega estaría tan loco ó desesperado cómo para combinar sus hermosos genes con los suyos.
Aunque claro, desde que era niño siempre supo que su destino era quedarse triste y sólo.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás llorando? -exclamó Belcebú, se había encariñado tanto con su amo; a tal punto de preocuparse por su estado de ánimo. El Omega se levantó de su silla de madera y se acercó a él -. ¿Y bien? -colocó ambas manos en las mejillas del contrario y lo vió fijamente -. ¿Por qué lloras?
Adamas sorbió por la nariz.
-Es que... Dilan... él, se fue -exclamó con un quebrante tono de voz -. Él era mi prometido, pero se fue, se fugó con otro tipo con el cuál sostenía un romance en secreto. Aunque siempre supe que él no me amaba de verdad; no me importaba, yo quería tener a un Omega a mi lado... -exclamó mientras veía los negros ojos de Belcebú -. ¡¿Por qué tenía que ser tan horrible?! ¡Tan desagradable para los ojos de los demás! ¡Ni un omega me quiere cerca!-se alejó del Omega para después acercarse a la pared y golpearla con su puño.
El Omega se entristeció al escuchar lo que ese sujeto decía de si mismo, Adamas nunca le pareció horrendo cómo decía. Es cierto, todos tenían apariencias diferentes, pero no por ello era feo. Una idea pasó por la mente del Omega en este momento. Adamas sintió cómo su mano era tomada y besada por Belcebú.
-A mí no me pareces horrendo -exclamó con una sonrisa algo escalofriante.
-Solo lo dices para hacerme sentir mejor... -se soltó del agarre del Omega, tan miserable era que Belcebú sentía pena por él.
-No... -aclaró -. Hablo en serio.
-¡Deja de decir eso! ¡Deja de burlarte de mí! -trató de caminar hacia la puerta Pero Belcebú se puso enfrente de él y le tapó el paso.
-Tómame -pronunció el Omega sorprendiendo al cabello rojo ¿Qué mosca le picó a Belcebú?
-Beel, quítate de mi camino -ordenó.
-Hablo en serio. Tómame -el omega quería hacerlo sentir mejor, demostrarle que estaba muy equivocado con esas cosas tan hirientes que se había dedicado a él mismo; pero no sabía cómo hacerlo. Lo único que sabía es que, un alfa siempre se sentía mucho mejor después de tomarlo. Y viéndolo bien, eso si era un excelente consuelo.
-Beel... yo no puedo hacer eso... -No podía creer que era tan patético que incluso Belcebú estaba dispuesto a esto con tal de hacerlo sentir mejor. Sin mencionar que, no quería hacerle eso al omega, no quería tomarlo, no quería que Belcebú fuese "su premio de consolación", no quería utilizarlo para hacerlo sentirse mejor. El Omega de cabello negro le agradaba y mucho.
-Te sentirás mejor. Anda, vamos. Por lo menos has el intento, te aseguro que te sentirás mejor -insistió.
Adamas suspiró con pesadez, aunque no quería, sabía que Belcebú no cedería y tampoco iba a dejar de molestarle con lo mismo.
-¡Bien! ¡Voy a tomarte!








