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INTENSA LOCURA [JENLISA]

Summary

¿Qué pasaría si tu jefa fuera una zorra sin corazón? Ese es el pequeño inconveniente que tiene Lalisa Manoban en su día a día, una jefa fría, seria, y mezquina... Jennie Kim. ¿Estás preparado para la intensidad que te aguarda en esta historia? ADVERTENCIAS: - Contenido +18 - Homosexual - No es gip - Erótica

Status
3d ago
Chapters
50
Rating
4.0 (1 review)
Age Rating
18+

1

Lisa

Llegar a la oficina siempre tiene ese ambiente acogedor, o lo sería si no lo sintiera como el gélido invierno, como pasar las vacaciones en el polo norte, cosa que sería incluso mejor que esto.

Sí, allí tienen osos polares que te matan en cuanto te ven, y no digo que preferiría morir a manos de un mamífero asesino, pero cada día tengo pequeños microinfartos cuando esa mujer me mira.

Fría.

Calculadora.

Seria.

La viva sucesora de la muerte.

Sus Jimmy Choo resuenan en un ritmo contundente cuando pasa por el pasillo, y se me eriza el bello al escucharlo. La oficina se queda en silencio, parece que se lleva la vida al pasar, y me atrevería ha decir que por donde camina ya no crecen las flores.

—Lalisa, —contengo la respiración cuando escucho mi nombre —¿Has hablado ya con Minatozaki?

Trago pesado mientras medito como se lo digo.

Ya me está mirando esos ojos felinos, analizando, y arquea la ceja con desagrado.

—Casi, estoy inten—

—Osea que no.

Ni siquiera me deja terminar.

Jennie Kim no acepta las negativas, supongo que así ha llegado donde está, pero eso no justifica que me interrumpa.

—Te dije que la necesitaba para las doce, y adivina que hora es —señala el rolex en la muñeca, como si desde aquí pudiera ver las varillas.

—Lo sé, Srta. Kim, pero el agent—

—Pero, pero, pero... No hay pero que valga Manoban, quiero a Minatozaki en mi oficina antes de comer.

—Por supuesto Srta. Kim —respondo, ella suelta un suspiro y se mete de nuevo en su oficina.

Ser la asistente personal de Jennie Kim es el peor error que he cometido en mi vida.

Verla desde fuera es intrigante.

La ves tan elegante, hermosa, sexy, con una sonrisa, ese semblante misterioso, y la carrera que ha logrado a su espalda.

Por eso quise trabajar aquí, no lo dudé ni un segundo.

Entrar en la industria de la moda, nada más y nada menos que bajo la tutela de Jennie Kim.

Me extrañó ver la vacante, claro que no tardé en darme cuenta de porqué.

Autoritaria.

Soberbia.

Impaciente.

Vivo por y para contentarla, trabajo que después de tres meses he contemplado como imposible.

Y ahora estoy frente al teléfono, después de decirle que sí, preguntándome como voy a traer aquí a Sana Minatozaki.

Tomo una bocanada de aire y respiro calmada, todavía tengo dos horas.

He aguantado aquí estos meses, he conseguido lo que me ha pedido a base de perseverancia.

No puedo fallar ahora.

No puedo dejar que me vea caer, porque parece que lo está deseando.

Me levanto de la silla y cojo mi teléfono personal.

Camino rápido hacia el ascensor mientras busco el contacto en el móvil.

—Vamos, vamos... Cógelo... —murmuro mientras aprieto el botón del ascensor.

—Manoban, ¿esa bruja ya te dio tiempo libre?

—Que graciosa eres Rosé.

—Lo sé, me amas por ello.

—Mucho, y no, no me ha dado vacaciones, dudo que esa palabra exista en su diccionario.

—Sí, ella es más de esclavitud.

—Dímelo a mí.

—Entonces, ¿Porqué llamas a esta hora?

—Porque te necesito.

—Lo siento Manoban, pero no me voy a casar contigo —pongo los ojos en blanco al mismo tiempo que me meto en el ascensor.

—Estúpida, no, necesito un favor.

—¿Qué tipo de favor?

—Laboral.

—Depende de lo que sea puedo intentar.

—Necesito a Sana Minatozaki —respondo, y me tengo que alejar el móvil cuando la escucho reír al otro lado.

Salgo del ascensor y tomo rumbo a la cafetería.

—¿En serio? A esa mujer le gustan los imposibles.

—Ya lo sé, la he intentado decir que es imposible contactar con su agente, pero ni siquiera me ha dejado hablar.

—Bueno, Jennie Kim no está muy abierta a las negativas, y JY Park es un imbécil integral, no me extraña que no te coja el teléfono.

—Por eso recurro a tí y a tu larga lista de contactos.

—Asi que solo me quieres por el interés Manoban, muy bonito —sacudo la cabeza con media sonrisa.

—¿Me vas a ayudar o no?

—Pues claro, no me gustaría asistir a tu funeral —razón no la falta.

—Gracias Rosé, y por favor, que no se entere nadie, Jennie me mataría si supiera que acudo a la competencia.

—Tranquila amiga, yo muevo los hilos, tú vuelve a llamar a JY en media hora.

—¡Gracias Rosie! ¡Te lo compensaré!

—No lo dudo Manoban.

Cuelgo el teléfono.

Pido un café y salgo pitando otra vez hacia el ascensor, pero en ese momento me llega un mensaje al teléfono de empresa.

Jennie Kim

Latte

Con hielo

YA

Tan agradable como siempre.

Me limito a mirarlo un segundo y salgo corriendo otra vez a la cafetería, pido lo necesario, y por suerte la chica que me atiende me conoce lo suficiente como para saber la prisa que tengo.

Me mira con lástima, como casi todos aquí.

Una vez tengo lo que necesito vuelvo a salir pitando al ascensor que está a punto de cerrarse.

—No, no, no, no... —murmuro mientras corro.

—Lalisa, —suspiro aliviada cuando alguien detiene las puertas y me mira sonriente —te veo con prisa.

—¿Tú crees, Jungkook? —se ríe.

—Veo que Jennie te tiene ocupada.

—¿Otro día más dices? Sí, claro, por variar un poco, estaba aburrida de la monotonía.

—Sé que Jennie es dura, pero aprenderás de ella más que de nadie.

—No lo dudo, de hecho creo que estoy preparada para alistarme en el ejército —se echa a reír.

—Si que se la da bien mandar, no lo voy a negar.

—¿Acaso podrías? —arqueo una ceja —A veces pienso que me odia —veo como Jungkook me mira de arriba abajo —¿Qué?

—Bueno, no me extraña... —Frunzo el ceño y me miro.

—¿Qué pasa?

—Cielo, trabajas en una empresa de moda, llevas aquí tres meses y sigues vistiendo igual de mal —dejo caer la cabeza contra la pared.

—¿Y qué quieres que haga? No tengo dinero para vestir como vosotros.

—No se trata de dinero, se trata de combinar con propiedad, y cariño, con esos pantalones pareces más una azafata de vuelo que la asistente personal de Jennie Kim —suspiro agotada.

—Jennie odia a las azafatas —Jungkook se ríe ante mi comentario.

—Las detesta, y con esa ropa... No ganas puntos.

Las puertas del ascensor se abren en ese momento.

—¿Qué puedo hacer?

—Cariño, trabajas en una oficina con personas bien vestidas, busca las diferencias —dice mientras se va por su camino.

Genial.

Tres meses trabajando aquí sin saber que visto como la mierda.

Ni siquiera reparé en ello, ¿Qué tiene de malo una americana y unos pantalones de vestir?

A medida que voy caminando por el pasillo me fijo en la gente alrededor.

Lo cierto es que no tienen nada que ver conmigo.

Mientras que mis pantalones son ajustados, pesqueros al final, y se me ven los tobillos, el resto es bastante diferente.

Pantalones con campana al final.

Nada de americanas.

Conjuntos más atrevidos sin ser vulgares.

Que mierda...

Aún no he cobrado y me va a tocar ir de compras.

En cuanto llego a mi mesa dejo ahí mi vaso y me encamino a la puerta de al lado.

El despacho de Jennie Kim.

O la sala de tortura, todo depende de como lo veas.

Toco la puerta dos veces y entro.

—Srta. Kim, su café —digo mientras camino hacia la mesa.

Esta vez no se me pasa su forma de mirarme.

Me repasa entera, desde los zapatos hasta los hombros, y después me mira a la cara.

Tiene una mueca en los labios que no me gusta nada, y que ahora entiendo perfectamente.

Sí, definitivamente tengo que ir a comprar, mínimo para que deje de mirarme con ese gesto de asco.

—Puedes irte —es lo único que dice.

Ni gracias.

Ni muy amable.

Nada.

Solo dos palabras de mierda.

Intento ignorar el hecho de que desde que estoy aquí no me ha dado ni una vez las gracias, asi que me siento en la silla, le doy un trago al café, y cojo el teléfono de la empresa.

Hora de contactar con Sana Minatozaki.

Un tono...

Dos tonos...

Tres tonos...

El corazón me va cada vez más rápido y empiezo a dudar de las palabras de mi amiga.

Cuatro tonos...

Cin...

—JY Park, ¿Qué desea? —me enderezo en la silla derepente.

—Buenos días, soy Lalisa Manoban, asistente de Jennie Kim en ODDATELIER —empiezo lo más serena que puedo —y querría concertar una cita con Sana Minatozaki.

—Entiendo, ¿Para cuándo sería esa cita?

—Dentro de una hora.

—¿Disculpa? ¿Acaso te piensas que Sana no está ocupada?

—¿Qué? No, por supuesto que no, en ODDATELIER sabemos perfectamente lo ocupada que está, por eso queremos concertar la cita lo antes posible.

—¿Queréis concertar una cita porque Sana Minatozaki está ocupada? —la voz de este hombre me irrita.

—¿Quién no querría una reunión de máxima urgencia con la modelo más cotizada? —intento sonar conviencente.

—Cualquiera, por supuesto.

—Por eso Sr. Park, sería un placer para ODDATELIER contar con la presencia de la Srta. Minatozaki lo antes posible, no hace falta que le digs que todas las empresas se matan por tener su imagen —escucho una risa de satisfacción.

—Por supuesto, ¿Señorita...?

—Manoban.

—Eso, Srta. Manoban, —un segundo de silencio — estaremos en sus oficinas en una hora, ya empezaba a parecerme raro que la empresa más prestigiosa no requiera los servicios de la mejor modelo.

Alimentemos el ego un poco más.

—La mejor modelo solo puede llevar la mejor colección, ¿No cree, Sr. Park?

—Eso es lo que digo siempre, lo mejor para la mejor, —se ríe como si tuviera gracia —hasta luego Srta. Manoban.

—Hasta luego.

Cuelgo el teléfono y me reclino en la silla echando todo el aire de golpe.

Dios, escuchar la voz exasperante de ese hombre es agotador, y mira que sirvo a Jennie Kim, pero al menos tiene un tono bastante dulce que no se convina con sus gestos.

Me pongo en pie y vuelvo a la oficina.

Toco dos veces y entro.

Ni siquiera me mira.

Está de pie, observando las imágenes de edición que la he entregado hace dos horas.

—Habla —dicta.

—Minatozaki estará aquí en una hora.

Lo digo esperando alguna reacción de alegría por su parte.

Que ingenua.

Solo me mira con total indiferencia y vuelve a las imágenes.

—Ya era hora, —suspira —bien, dile a Jungkook que le quiero aquí ya, necesito a alguien con un poco de sentido común en esta oficina, —prosigue mientras toma una de las hojas —llama también a Sasha.

—¿La fotógrafa?

—Sí, la fotógrafa, esto... —suspira y deja la imagen en la mesa —Es otra decepción más después de la no reunión con Sana Minatozaki a la hora solicitada.

Se queja incluso después de conseguirle la maldita cita.

Desde aquí puedo vislumbrar las imágenes de las que habla, y sí, supongo que si eres Jennie Kim son una decepción.

Y si no lo eres, también.

Son sosas.

Carecen de estilo.

No hay contraste de luces y sombras.

Y la modelo parece que no tiene un poco de encanto.

Cualquiera que sepa un poco de fotografía lo sabe.

—¿Eso es todo? —Pregunta.

Me he quedado absorta mirando las fotos.

Medito un segundo si decir algo o no.

—Sí, gracias —digo y salgo del despacho.

Por fin puedo tomarme el café medianamente tranquila.

No sin antes llamar a Jungkook y Sasha.

Me quedo ahí sentada, saboreando los toques de canela en la bebida, embrigada por el calor.

Un momento de paz en un día caótico.

—Hola Lalisa, ¿Está dentro? —Sasha llega cuando le doy un último trago al café.

—Sí, la Srta. Kim está dentro.

—Hola cielo, —Jungkook llega detrás —¿Vamos? —Pregunta y yo asiento.

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