Chapter
El vapor se elevaba empañando los espejos y creando intimidad en el baño.
La bañera profunda estaba llena hasta el borde de agua caliente y una montaña de espuma color rosa que olía a algodón de azúcar y vainilla.
Velas de todos los tamaños parpadeaban en cada superficie disponible, proyectando sombras sobre los azulejos blancos.
Jimin estaba ya sumergido hasta los hombros, con el cabello recogido en un moño que dejaba expuesto su cuello.
Sus ojos estaban cerrados, una sonrisa tranquila en sus labios.
La puerta se abrió sin hacer ruido.
Jungkook apareció en el marco, completamente desnudo. El agua le había salpicado el torso.
En una mano llevaba la botella grande de gel de baño; en la otra un frasco de miel líquida.
—Un baño de burbujas es mejor para dos. —dijo, su voz grave resonando.
Jimin abrió los ojos, su sonrisa se volvió pícara al verlo. —Creí que te habías olvidado de la cita.
—Solo estaba preparando los… ingredientes especiales —respondió, y entró en la bañera.
El agua caliente se desplazó, derramando olas de espuma rosa.
Jungkook se acomodó frente a el, sus piernas largas enredándose con las de Jimin bajo la superficie espumosa.
—¿Ingredientes? —preguntó Jimin, arqueando una ceja.
En respuesta, Jungkook vertió una generosa cantidad del gel de baño directamente sobre su pecho.
La sustancia espesa resbaló lentamente entre sus tetas, desapareciendo bajo la montaña de burbujas.
Luego, abrió el frasco de miel.
—La miel —explicó, mientras dejaba caer un poco justo sobre la espuma que flotaba frente a su ombligo— es hidratante. Y muy… pegajosa.
Jimin contuvo el aliento cuando vio sus intenciones.
Jungkook dejó los frascos a un lado y se deslizó por el agua.
Su boca encontró primero la miel. Con la punta de la lengua, recogió el néctar de su piel, limpiándolo con lentitud.
Un gruñido de aprobación. —Dulce —murmuró contra su piel. —Pero no es lo más dulce aquí.
Sus manos resbaladizas por el gel, se deslizaron por sus costillas y se cerraron alrededor de su cintura.
Lo jaló suavemente hacia él sobre su regazo, Jimin quedó sentado a horcajadas sobre sus muslos.
La espuma les llegaba hasta los hombros, ocultando sus cuerpos bajo las burbujas.
—Jungkook… —susurró Jimin, iba a protestar hasta que una de las manos de Jungkook bajó entre ellos. Sus dedos encontraron su coño ya cálido e hinchado por la excitación.
La espuma se mezcló con su humedad natural, creando una sensación resbaladiza y extraña.
Jimin jadeó, enterrando la cara en el hueco de su cuello.
—Las burbujas… por todas partes —logró decir, mientras los dedos comenzaban un movimiento circular y lento.
—Es el punto —respondió Jungkook, jadeando. —Quiero que todo en ti huela y se sienta como esto.
Su boca encontró la de Jimin en un beso profundo y húmedo que sabía a miel y a vapor.
Mientras tanto, sus dedos aumentaron la presión. Jimin comenzó a moverse sobre su mano, buscando más fricción, pero la espuma hacía que todo fuera demasiado resbaladizo, frustrándolo.
—No puedo… es demasiado suave —gimió Jimin, mordiendo su hombro.
—Entonces cambiemos la textura —susurró Jungkook.
Retiró su mano.
Con movimientos rápidos, levantó a Jimin por la cintura y lo giró, colocándol de rodillas frente a él, con la espalda arqueada sobre el borde de la bañera.
La espuma se aferraba a su piel, dejando ver solo pequeñas partes de su espalda y sus nalgas.
Jungkook salió del agua por un momento.
Jimin escuchó el sonido de la botella de gel. Luego, algo mucho más frío y espeso cayó sobre la parte baja de su espalda y entre sus nalgas.
No era gel. Era la crema batida que había estado enfriándose en el lavabo.
—¡Ah! —gritó Jimin por el contraste de temperaturas.
—Shhh… —Jungkook volvió a sumergirse. —Solo es otra capa del baño.
Su lengua, caliente y ancha, pasó por el rastro de crema batida fría. Limpió cada centímetro, desde la base de su columna hasta su coño, donde la espuma, la miel y la crema se habían mezclado en un cóctel dulce.
Esta vez no hubo suavidad.
Su lengua era firme, insistente, buscando directamente su clítoris a través de las capas de sabor.
Jimin gritó, sus manos aferrándose al borde de porcelana de la bañera.
Cada lamida, cada succión era como estar en el cielo. La combinación de sensaciones: el agua caliente en sus piernas, el aire fresco en su espalda, la lengua caliente y experta de Jungkook en su coño. Lo volvió loco.
—Ahí, justo ahí, por favor —suplicó y su cuerpo comenzó a temblar.
Jungkook no lo dejó caer. Lo sostuvo en el borde del orgasmo con su boca, hasta que las lágrimas se mezclaron con el vapor en sus mejillas.
Finalmente, con un grito ahogado, se corrió sacudida por un espasmo tan intenso que hizo que el agua salpicara por todos lados.
Jungkook lo sostuvo mientras temblaba, besando la parte baja de su espalda con suavidad.
Luego, lo giró de nuevo para tenerlo de frente.
Su pene duro bajo el agua espumosa, presionaba contra su muslo.
—Mi turno —jadeó Jimin, recuperando el aliento.
Empujó a Jungkook para que se recostara contra el otro extremo de la bañera.
Jimin se sumergió bajo el agua, entre sus piernas.
La espuma era tan densa que Jungkook apenas podía verlo, solo podía sentirlo.
La calidez húmeda de su boca envolvió su pene de repente, la lengua jugando con la punta y luego bajando por toda su longitud.
La espuma entraba en la boca de Jimin, creando una sensación única alrededor de la piel del pene de Jungkook.
Jimin subió a la superficie para respirar, con la boca llena de burbujas rosadas, y besó a Jungkook, un beso que supo a todos los sabores de su piel.
—Dentro de mí —ordenó, subiéndose sobre él. —Quiero sentirte con todo esto… con la espuma, la miel… todo.
Jungkook lo penetró, el agua desplazada creó un remolino a su alrededor.
Fue como hacer el amor en una nube caliente y dulce.
Cada embestida era suave por el agua, pero profunda por la necesidad.
La espuma los cubría, se pegaba a sus pestañas, a sus labios.
Jimin lo montaba rápido, buscando su propio placer en la fricción de sus cuerpos unidos.
Jungkook lo miró, embelesado: su piel brillante, sus tetas llenas de espuma rosa, su expresión de éxtasis puro.
No pudo aguantar más. Con las manos en sus caderas, lo empujó más abajo, más profundo, y se vino con un gemido que hizo vibrar el agua a su alrededor.
Se quedaron así, enredados, jadeando.
El agua se enfriaba, pero el calor entre ellos seguía.
—Nunca me voy a duchar normalmente otra vez —murmuró Jimin, recostado sobre su pecho, dibujando círculos en la espuma sobre su piel.
Jungkook rió, satisfecho. —Lo sé. A partir de ahora, todos los baños serán… de burbujas.
Y en el aire, el aroma a algodón de azúcar y sexo, algunas burbujas estaban hechas para explotar en placer.








