Introducción.
Una isla un paraíso soñado, un lugar donde los humanos van a divertirse. Se supone que en ese lugar más si es una privada todo debería estar en orden.
Con seguridad privada y aún así dándole a sus visitantes una sensación de privacidad real. Después de todo son lugares que sólo puedes llegar si usas un barco y más importante si sabes el camino.
Durante siglos siempre se han descubierto nuevos pedazos de tierra flotando sin sentido. Algunos han sido reclamados por sus países cercanos, otros comprados por famosos o políticos. En estos momentos estaremos hablando sobre un lugar peculiar.
Hace unas décadas se encontró en alguna parte del mar un lugar hermoso. Una extensión de terreno oculta de los radares modernos, por lo tanto solo podes llegar a él mediante los métodos antiguos.
Lamentablemente para mí a lo largo de estos años he visto como parejas jóvenes entran y nunca salen. Ahora estoy en camino a recoger los últimos 10 cadáveres de la isla.
Te debes preguntar por qué no evitamos que las personas lleguen al lugar. Lamento informarte que ese lugar está maldito, pero tal vez si te cuento primero mí historia lo entenderás:
Tenía 20 años cuando se encontró la isla, como podrá ver soy una persona bastante coqueta. En esos momentos tenía una pareja, nos criamos juntos y entre nuestras largas conversaciones nocturnas. Digamos que ambos disfrutamos bastante de nuestras pieles.
Tal vez demasiado, ya que en una oportunidad mientras mí pareja estaba inspeccionando que tan suaves eran las almohadas para morder. Nuestros padres nos encontraron, así que siendo jóvenes y al mismo tiempo una mancha en nuestras familias.
Nos mandaron a construir las instalaciones de ese lugar con varios iguales a nosotros.
Según nuestros parientes debido a que el trabajo manual nos volvería hombres, aunque también mandaron mujeres pero para su mala suerte ellas eran lesbianas. Básicamente todos estábamos en un paraíso donde no debíamos ocultar lo que éramos.
Pero como sabrás al ver qué me falta un ojo y una pierna las cosas no salieron bien. La isla nos fue devorando poco a poco, nos permitió por un tiempo vivir tranquilamente. Todavía recuerdo cuando en plena huida por la adrenalina de la situación, el amor de mí vida y yo decidimos encima de la lancha unirnos por última vez.
Me tardé años en entender, la niebla del mar nos regresó al muelle mientras algo ya había matado a mí pareja. Aunque se aseguró que viera como todavía el líquido blanco corría de sus piernas y se funcionaba con el rojo de su sangre.
Lo peor fue que logré ver su rostro, no era algo violentó, si debo decir que me parecía, era básicamente como un carnicero matando a su ganado. Sumido por el miedo agarre la lancha y desnudo me adentre al mar.
Fue una experiencia desagradable. Así que seré claro jóvenes, ustedes son un grupo de 10. Si desean morir vayan pero no arrastren a nadie más en sus planes. Recuerden que el mar una vez entren en esa isla será su enemigo. No confíen en nada que viva en ese lugar por más forma humana que tenga.