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Érase una vez los Wilde-Hopps

Summary

Años después de los sucesos de Zootopia, Nick y Judy descubren que el mayor desafío de sus vidas no será resolver casos... sino criar a Violeta, su inquieta hija híbrida. Una colección de historias llenas de humor, ternura y aventuras familiares.

Genre
Humor
Author
Wichopkplay
Status
2mo ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

E1 - Mr.Higgins

Un coche recorría el carril para especies de tamaño medio, haciendo vibrar su carrocería floja en cada tope. En el interior, una pequeña cría dormía plácidamente en el asiento trasero, abrazando un peluche descosido con ojos de botón.

-Se ve tan linda mientras duerme -susurró la coneja de pelaje gris, sin apartar la vista de la pequeña-. ¿Dónde está la Zoolaroid?

-Eh, creo que la dejé en la guantera -respondió el zorro sin quitar la mirada del camino.

Sin perder tiempo, Hopps de hizo con la cámara y con una sonrisa llena de ternura apuntó hacia el asiento trasero. En el instante que presionó el obturador, el automóvil pasó por un tope, sacudiendo los adornos del parabrisas.

-¡¿Nick?! -exclamó Judy, atrapando la cámara por muy poco.

-Ese tope es nuevo -río el zorro.

La fotografía salió lentamente de la cámara. Judy la tomó entre sus patas y, tras abanicarla un par de veces, la imagen comenzó a revelarse: un borrón de colores que, en teoría, era Violeta.

-Llegamos, familia -anunció Nick mientras se quitaba el sombrero-. ¿Una propina para el apuesto chofer?

-Después del susto que me acabas de dar, deberías ser tú quien me pague a mí.

Sin dejar de sonreír, Judy le arrebató el sombrero y se lo hundió al zorro hasta las orejas. Después, dirigió una última mirada hacia la pequeña, que comenzaba a desperezarse. Su cola de zorro se erizó mientras sus largas orejas de conejo se levantaban lentamente.

-Mami... Papi... -murmuró, frotándose un ojo con sus pequeñas garras-. ¿Ya llegamos?

Érase una vez, los Wilde-Hopps

Episodio 1: Mr. Higgins

El seguro de la puerta saltó y las bisagras chirriaron con tanta fuerza que le erizaron el pelaje a Judy. En ese instante, Violeta se escabulló entre las piernas de sus padres y salió disparada hacia el interior.

-¡Violeta, detente! -ordenó Judy, solo para ser completamente ignorada.

-Tremendas orejotas que tiene la cachorra... -comentó Wilde mientras se acercaba-. Y aun así se las arregla para no escucharte.

Hopps dio un suspiro, totalmente derrotada mientras que Nick se acercaba hacia la pequeña bestia que revoloteaba en la habitación vacía.

-¡Aquí viene el monstruo! -se lanzó en cuatro patas, siguiendo a la pequeña.

-¡No, el monstruo no!

La pequeña se lanzó tras un viejo sofá en lo que se supone era la sala y Nick logró atraparla entre sus brazos mordisqueando suavemente las mejillas de la pequeña, que fingía haber sido derrotada, con la lengua colgando.

-¿Lo ves, Zanahorias? -alardeo, meciendo a la pequeña-. Es fácil, cuando sabes dónde atacar.

-Si la hubieras tenido nueve meses moviéndose en tu vientre no dirías lo mismo.

-Probablemente... -rió, acomodándole un mechón de pelo entre las orejas a Violeta-. ¿Cuál es la misión ahora, capitana?

-Ahora que lo mencionas... - Tras abrir una libreta, la coneja comenzó a recorrer la lista de quehaceres con el dedo.

-Tenemos que barrer el suelo...

Nick asintió junto a Violeta.

-Buscar goteras en el techo...

Wilde volvió a asentir con una sonrisa de autosuficiencia.

-Preparar a Violeta para su baño con espuma porque ya huele a chetitos...

La pequeña levantó una axila y la olisqueó un par de veces.

-Si huelo...

Hopps hizo una pequeña pausa. Nick suspiró aliviado y su cachorra le imitó, llevando una zarpa al pecho. La coneja le dio vuelta a la pagina y se aclaró la garganta antes de continuar.

-Nick, tienes que inspeccionar cada tubería, incluyendo las de afuera.

Esta vez, el zorro forzó una sonrisa mientras asentía con rigidez.

-También hay que lavar las ventanas, las vi y estan horribles.

Violeta dejó caer las orejas poco a poco, deslizándose por los brazos de su padre.

-Y aún nos falta bajar las cajas del auto...

Un pitido comenzó a sonar del bolsillo de Judy. La chica tomó el aparato, presionando un botón mientras las palabras se deslizaban a través de una pantalla monocromática.

-Nick, encárgate de bajar las cajas -tomó las llaves que colgaban en el pantalón del zorro-. El camión se perdió; tengo que ir a buscarlo.

--Vaya... Qué pena -el zorro, rodó los ojos hacia su pequeña quien respondió con una risita.

-Cuando vuelva, quiero ver todas las cajas dentro de la casa... y lo digo en serio, Piberius.

¡Slam!

La puerta se azotó, haciendo vibrar las ventanas. Las orejas de Nick y su pequeña se movían escuchando el repiqueteo de Judy, luego el motor del auto luchando por encenderse y finalmente, el rugido de los engranajes alejándose hasta quedar en silencio.

-Bien... a trabajar -posó a la pequeña frente a él, sujetándola de las axilas.

-¿Vas a poner música?

-Vamos a poner música -asintió con media sonrisa.

***

El altavoz comenzó a vibrar, exhalando una melodía llena de sintetizadores y algunos instrumentos. Nick, sosteniendo una cuchara que sacó de una caja comenzó a cantar con una voz terriblemente desafinada pero llena de sentimiento.

-I can dream about to you -arqueo la espalda hacia atrás-. If can't hold you tonight. ¡Vi, tu turno!

Apuntó el cabezal de la cuchara hacia la pequeña que luchaba por mantener los moquitos en su nariz.

-¡Pa... papi! -se sonó la nariz.

Wilde volvió a llevarse la cuchara al hocico y retomó su improvisado concierto, sacudiendo la cola en círculos mientras esquivaba las cajas al ritmo de la música.

-I'm gonna press my lips agai... nst... ¿Vi?

La pequeña, encorvada con las garritas en el pecho y sus orejas cayendo sobre sus mejillas miró a su padre con esos ojos vidriosos a punto de estallar en lagrimas.

-Papi... ¡Mr. Higgins! -sacudió las patitas sobre el suelo de concreto-. ¡No lo encuentro!

-¡Oh por dios! -de la impresión, dejó caer la cuchara.

El utensilio atravesó el aire hasta caer al suelo, con un golpe seco que resonó en la habitación llena de cajas. Las orejas del zorro se bajaron de golpe mientras el pecho le rebotaba sin control.

-Hay que llamar a los detectives...

-¿Detectives? -preguntó la pequeña, ladeando la cabeza.

-¡Seh! -señaló con un dedo hacia su pequeña-. Los más valientes de todo Zootopia...

-¿Te refieres a..?

-Oh si...

Wilde desenfundó su placa oficial de la ZPD y Violeta hizo lo mismo, con una placa de plástico con su fotografía mal dibujada a un costado.

-¡Los agentes Nick y Violeta Wilde! -gritaron al unísono-. ¡Aceptan el caso.

Ambos chocaron las patas con tanta energía que Violeta se tambaleó hacia atrás. El caso estaba oficialmente abierto, Solo quedaba una pregunta... ¿Dónde estaba Mr. Higgins?

***

Tras un par de minutos, Wilde improvisó una pizarra de investigación, pegando viejas fotografías a una pared de tablones con tiras de cinta adhesiva. El zorro miraba a las fotografías arrugando la frente con seriedad. Violeta imitaba el gesto de su padre, bajando las orejas detrás de la cabeza, luchando por mantener relajada su cola de zorro.

-Esto es lo que tenemos... -tomó una vieja libreta de apuntes comenzando a leer párrafos vacíos.

Género: Macho

Material: Felpa.

Antecedentes: Un regalo del tío Benji por navidad.

Enemigos: La lavadora de mami.

Última ubicación conocida: Los brazos de la agente Vi...

-Yo creo que fue la lavadora... -dijo la pequeña sin levantar la vista de su propia libreta-. Siempre le rompe un ojo.

-Interesante... pero olvida una cosa, agente -dio un paso hacia la pizarra-. En estos casos nunca es el más evidente.

-¿Y quién más querría dañar a Mr. Higgins?

Un segundo de silencio se instauró en la habitación, Nick frotaba su mentón mientras la pequeña se rascaba la cabeza, de pronto ambos dieron un respingo que cortó el silencio

-¡Las tijeras! -exclamaron al unísono.

Sin perder tiempo, los dos agentes subieron las escaleras hacia el pasillo solitario del segundo piso. Al llegar, el zorro echó la espalda hacia la pared y Violeta se cubrió el rostro con su libreta llena de garabatos.

-¡No veas esto agente! -exclamó Nick, con una mueca de terror muy melodramática-. Quien haya hecho esto... es un monstruo.

Trozadas por ambas hojas, las tijeras yacían inertes sobre la alfombra, iluminadas por un halo de luz que se filtraba desde el tragaluz. Wilde se acercó y cuidadosamente cubrió el "cuerpo" con una manta adornada con patrones de ositos.

-Entonces... las tijeras no pudieron desaparecer a Mr. Higgins -murmuró Violeta, mirando la escena.

-Pero algo esta claro, tijeras sabia algo... -dedució el zorro, mirando el hoyo en el tragaluz-. Por eso lo silenciaron.

Violeta dio un par de pasos hacia su padre, mirando el mismo agujero. Sus orejas se alzaron de pronto, ella apretó la mirada, pudiendo ver una silueta asomándose.

-¡Está en el techo! -señaló con un dedo, dando pequeños saltitos.

-Eh... ¿Qué? -por un momento, un tic perturbó su mirada relajada-. ¿Estás segura?

-¡Si, yo lo vi! -la pequeña jaló la ropa de su padre-. ¡Se va a escapar, rápido!

Wilde soltó un suspiro y sin permitirse romper la ilusión de su pequeña la siguió hacia el patio trasero de su nuevo hogar. En la pared, una serie de escaleras empotradas a la pared subían hacia el techo que casi parecía tocar las nubes. La pequeña saltó hacia el primer peldaño pero el zorro la detuvo en seco.

-¡No! -la dejó nuevamente en el suelo-. Digo, esto es trabajo para el agente Wilde.

Infló el pecho y alzó una pata hacia el escalón, luego la otra. Su peso hizo chirriar los peldaños que apenas se sujetaban a la pared.

-¿Qué estás haciendo Wilde? -se preguntó, luchando por seguir subiendo.

Al bajar la mirada, Violeta ya era un punto sobre el piso que parecía gritarle pero su voz se perdía con el viento que rozaba las orejas del zorro. Se armó de valor y continuó el recorrido hasta la cumbre de su nuevo hogar. Pataleo, tratando de que sus piernas tocaran el concreto y cuando finalmente lo logró, quedó tirado panza arriba, mirando las nubes sobre su cabeza.

-No sentía tanto miedo desde aquella vez en la cabaña... -se incorporó, mirando hacia la placa-. Por lo menos no parece que haya goteras...

Con lentitud, se incorporó extendiendo los brazos como si estuviera en la cuerda floja. A paso lento, caminó hacia el tragaluz, notando una rama atorada que se mecía con el viento. Wilde la tomó entre las almohadillas e inspeccionó la madera con toda la seriedad de un perito.

-Ahora serás el señor ramita -una sonrisa de medio lado se dibujó en su rostro-. Te toca un largo interrogatorio, amigo.

***

Un foco parpadea bajo la oscuridad de una manta que cubría la única ventana. En mitad de la habitación, el señor ramita descansaba sobre una mesita de plástico con el dibujo de varias princesas de dibujos animados. Nick y Violeta aparecieron con una linterna, apuntando directamente al trozo inerte de madera.

-Usted, señor ramita tiene mucho por explicar -dijo el zorro, alzando una ceja-. Espero que coopere porque si no tendrá que vérselas con mi pareja.

La sonrisa de Violeta se torció tanto que sus colmillos brillaron bajo la luz mortecina al mismo tiempo que Wilde continuaba su monólogo.

-Y créeme, ella no será tan buena como yo -dejó escapar una pequeña risa al ver a su retoño-. Habla, ¿Por qué acabó con el señor Tijeras?

-...

-Oh, con que no quieres hablar... -una media sonrisa se dibujó en su rostro-. Agente Vi... haz lo tuyo.

-¡Yip Yip! -dejó escapar pequeños chillidos de zorro.

Tomó la rama con el hocico y empezó a sacudir la cabeza con una fuerza desproporcionada para una cachorra de su tamaño. Cuando la tortura terminó, la rama cayó de nuevo a la mesa, llena de saliva y mas torcida que antes.

-¿Fue suficiente o necesitas más? -Inclinó la espalda hacia la mesa, cruzando los brazos-. Habla...

-...

-Espera... ¿Qué dices? -preguntó la pequeña, subiendo a la mesa de un salto-. ¿Que tenga cuidado? ¿De quién?

El zorro se quedó en silencio, tratando de deducir la idea de su pequeña quien comenzaba a mirarlo con una desconfianza bastante sobreactuada. Ella continuó, hundiendo la ramita en una de sus orejas, encorvando la espalda hacia su padre.

-¿Que él acabó con el señor Tijeras? -murmuró, aunque igualmente fue audible.

Tras ella, Nick apareció. Sostenía la linterna bajo el hocico, de modo que las sombras deformaban su rostro. Sus ojos centelleaban con un brillo inquietante, cortando la distancia a paso lento. La chica retrocedió un par de pasos, bajando de la mesa pero el zorro no se detenía.

-Lo descubriste Agente... -apuntó la linterna hacia su garra que con dos dedos formaban una pistola-. Fui yo quien desapareció al Mr. Higgins, fui yo quien silenció al señor Tijeras.

-Pero... ¿Por qué lo hiciste? -Su espalda se topó contra la fría pared, palpando el concreto con sus almohadillas.

-Pasabas tanto tiempo con ese peluche... -bajó las orejas, llevando las zarpas al pecho con una actuación digna de Zoolywood-. Que te olvidaste de mi cuando más te necesitaba.

Violeta no espero. Con un movimiento torpe logró darle un suave mordisco en la pierna a su padre y emprender la huida mientras este se quejaba con una intensidad que rozaba lo ridículo. Vi llegó al piso de abajo donde el sol de la tarde proyectaba los barrotes de la ventana. Al escuchar los pasos, la pequeña encogió el cuerpo detrás de unas cajas.

-¿Dónde te has metido, agente? -soltó el zorro, bajando las escaleras mientras blandía su "arma" a cada paso-. Solo estás retrasando lo inevitable.

Wilde se detuvo a mitad de la habitación oscurecida por el tono amarillento del sol. Recorrió el sitio con la mirada hasta que notó una sombra correr entre dos cajas. La había atrapado. Sus pasos, cada vez más pesados, resonaban en la habitación mientras arrastraba las cajas.

-Fin del juego, agente...

Nick saltó hacia el otro lado de las cajas, apuntando su linterna para descubrir un lugar vació. Desconcertado, miró hacia todos lados, buscando alguna pista de su víctima.

-¿Dónde te meti...?

La cachorrita le saltó encima, atacando con suaves golpecitos a su cabeza mientras Nick genuinamente comenzaba a perder el equilibrio, dejando un desastre por cada caja que empujaba.

-¡La ley siempre gana! -exclamó la pequeña, estirando las orejas de su padre.

-¡Espera, Vi! -exclamó, tratando de quitarla-. ¡De verdad no veo nada!

Tras una voltereta, el zorro terminó por tropezar con un juguete de goma, cayendo junto a la pequeña sobre un montón de cajas que desparramaron su contenido con el golpe. Al mismo tiempo, la puerta principal se abrió.

-No van a creer lo que sucedió... -cerró la puerta, dándole la espalda al desastre-. ¿Por qué tienen la luz apagada?

¡Click!

Al encender la luz, un desastre de proporciones bíblicas se mostró frente a la coneja quien no pudo evitar soltar el peluche que llevaba entre los brazos. Cajas por todos lados, algunas aplastadas, juguetes desperdigados en el suelo y arañazos en las paredes eran parte del caos.

-¡¿Qué diablos pasó aquí?!

Nick asomó la cabeza detrás de una caja, poco después, Violeta le siguió el gesto. Hopps se acercó, haciendo malabares para pasar entre el desastre que tapizaba el suelo. Al llegar, se plantó frente a los dos zorros, cruzando los brazos con esa mirada que ambos conocían demasiado bien.

-Yo... -El zorro trató de hablar pero las palabras se hicieron un nudo en su garganta.

-Papi y yo estábamos buscando a Mr. Higgins -respondió Violeta.

-¿Te refieres al peluche que estaba debajo del asiento en el auto? -enderezó la espalda, bajando ambas cejas.

-¿Oíste eso, Vi? Mami encontró a Mr. Higgins -agregó Wilde, mirando a su pequeña-. Caso cerrado, Agente.

-No, aún no... -renegó la coneja, levantando a ambos de las orejas-. Tienen un nuevo caso... limpiar todo esto antes de que venga el camión.

Sin más opción, se pusieron a recoger el desastre pero mientras el zorro levantaba una caja, un abrazo en la cintura le tomó por sorpresa, haciéndole sacudir la cola, de forma involuntaria.

-¡Gracias Agente Nick! -dijo la pequeña antes de soltarse.

Nick la observó volver a su tarea, con un brillo que encendía su mirada pero cuando se dio cuenta que su cola se sacudía como un látigo, la atrapó, deseando que Judy no hubiera visto aquello.

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