¿Mosquito?
Dormir plácidamente al lado de la persona que amas, podría ser fácilmente uno de los placeres en la vida al que yo tengo acceso afortunadamente. Park Jimin se encuentra a mi lado, acurrucado en mi pecho, mientras mi nariz aspira delicadamente el aroma de su cabello. Estos simples aspectos me hacen saber que todo está bien y que no hay nada mejor que esto, es por ello que puedo dormir tranquilamente. Si está a mi lado, sé que todo está bien. No necesito nada más.
A pesar de que mi conciencia está en otro mundo, puedo sentir como Jimin se remueve entre mis brazos, pero ignoro completamente su acción.
El sueño vuelve a inundarme lentamente, pero la cama hace un movimiento brusco indicándome que Jimin se despertó. – Kookie... -su voz la escucho entre mis sueños. No puedo hacer nada más que gruñir y encerrar mi brazo sobre su cintura. – Duerme Precioso... -le respondo roncamente, con mi boca pegada a la almohada. Siento como Jimin bufa y vuelve a acostarse entre mis brazos.
Todo es tranquilidad nuevamente. Hasta qué...
-¡Maldición! –lo escucho decir y se remueve en la cama. No quiero abrir mis ojos, pero siento que está ¿Luchando con el aire? ¿Qué carajos está pasando? Abro mis ojos y me encuentro con un Jimin enojado mirando el techo en busca de algo.
-Amor... ¿Qué estás haciendo? –le pregunto riendo, pues Jimin tiene un tierno puchero de enojo en su linda boca.
-Cierra la boca. –me ordena demandante y vuelve a mirar al techo. En ese momento entendí que estaba intentando escuchar algo.
-Amor ven, volvamos a dormir... –le susurro y lo jalo de la mano, hasta que está nuevamente entre mis brazos. En donde pertenece. Jimin pone una almohada sobre su cabeza y me abraza con sus piernas. Yo cierro mis ojos y estoy listo para volver a dormir.
El sueño y el silencio nuevamente me vencen y todo es tranquilidad...
-No puedo soportarlo más... -lo escucho gruñir y se levanta rápidamente, empujándome de la cama en el proceso.
¡Auch!
Desde el suelo puedo observar como enciende las luces y mira a la nada con el ceño fruncido.
Se volvió completamente loco.
-Jimin ¿Qué está sucediendo? –le pregunto seriamente. Está comenzando a asustarme.
-Hay un jodido mosquito que no me deja dormir. –me responde, sentado desde la cama. Creo que no se ha dado cuenta de que me empujó al suelo.
¿Un mosquito? ¿Es en serio?
-Jimin, ignóralo y cubre tus oídos. Vamos a dormir. –le pido, y me levanto del suelo, completamente despeinado y con los ojos pesados.
-¡No puedo! El maldito encuentra un lugar entre las sábanas para molestarme. Escucho su zumbido en mis oídos y es horrible. –me dice lloriqueando con un puchero adorable.
-Intentémoslo nuevamente. –le sugiero y me vuelvo acostar esperando que Jimin también lo haga. Mi Mochi me mira por un momento y al final asiente para acurrucarse a mi lado.
¿Por qué a mí no me ha molestado el dichoso “Mosquito”?
Nuevamente, mis ojos comienzan a cerrarse y el sueño inunda mis sentidos. Pero...
-¡Jungkook es inútil! ¡¿Por qué tú no lo escuchas?! –dice alterado y se levanta nuevamente.
Debería ser una maldita broma.
Estoy harto de esto. El mosquito no me molesta para nada, pero parece que se está desquitando con Jimin, si tan solo mi Mochi lograra dormirse, podríamos descansar normalmente.
¡Eso es!
-Su zumbido debería ser considerado una tortura. Es horr... -no lo dejo terminar, pues lo lanzo de golpe en la cama y ataco sus labios con mi boca. Mi lengua se desliza y puedo sentir la calidez del interior.
Comienzo a permitir que mis manos acaricien su piel, por debajo de la camisa de su pijama, y siento como se estremece bajo mi tacto. Me encanta saber que Mi Jimin es tan receptivo a mi toque.
Jimin toma entre sus manos el primer botón de mi pijama y lo desabrocha, haciendo lo mismo con el segundo y el tercero, y finalmente abre mi camisa y la desliza por mis brazos, acariciándolos con mucha delicadeza.
Yo me siento morir cuando me toca, sus lindas y pequeñas manos son tiernas, pero cuando entran en contacto con mi piel pueden hacerme perder el control completamente.
Puedo sentir su erección levantándose en la tela delgada de su pantalón y así mismo está la mía, pero mi objetivo es llevarlo al límite.
Tomo su cadera y lo volteo bruscamente, dejando su rostro enterrado en la almohada y su espalda y trasero, completamente a mi disposición. No pierdo más tiempo y beso su cuello, dejando lindos chupetones y mordidas en su blanquecina piel, mientras mi mano rodea su cintura y comienza a acariciar su pene, completamente erecto. –Kookie... ¿En serio lo haremos ahora? –me pregunta jadeando.
-Te deseo... -le respondo con un susurro en su oído. Y no era mentira, mi objetivo era dejarlo cansado, pero eso no quería decir que no quisiera desnudarlo y hacerlo mío una vez más. El deseo también me estaba inundando.
Comencé a subir y bajar mi mano por su erección, procurando la delicadeza en mi tacto. –Jungkookie... -gimió cuando mis dedos tocaron la punta y la masajearon esparciendo su pre semen. Sus gemidos dulces eran música para mis oídos, pero también eran mi perdición, si los seguía escuchando todo mi autocontrol se iría a la mierda y acabaría terminando rápido el trabajo.
Así que lo besé. Volteé su rostro y metí mi lengua en su boca, procurando encontrar la suya para que iniciaran una danza atrevida y muy sensual entre ellas. Jimin absorbió mi lengua y un gemido se escapó de mi garganta. Él sabía lo que esa acción ocasionaba en mí y le encantaba torturarme con ella.
Una nueva succión.
Me estaba volviendo loco. –Jimin... –gemí ronco y necesitado. Mis movimientos en su pene no se detuvieron en ningún momento y ya podía sentir el conocido estremecimiento en su cuerpo. Conocía muy bien aquellos espasmos, me decía que pronto mi chico se correría.
Y así lo hizo, en pocos segundos, Jimin dejó completamente húmeda mi mano con su esencia. Lo tomé por la cadera y lo volteé nuevamente, quedando frente a frente conmigo.
Me encargué de que su vista estuviera enfocada en mí. Lleve mi mano húmeda a mi boca y deslicé mi lengua por toda la palma, bajo su atenta mirada. Pude sentir como su respiración se detuvo, mientras mi lengua recogía todo rastro de su semen. –Jungkookie... -gimió, probablemente la vista que tuvo fue mucho más estimulante.
Me encanta llevarlo al límite.
-Delicioso... -murmuré y pude notar el sonrojo inmediato en sus regordetas mejillas, Jimin desvió la vista avergonzad, mientras su mano cubría su boca.
-Idiota... –gruñó excitado y yo reí orgulloso de todo lo que provocaba él, pero aún no había terminado.
Tomé sus manos y las dejé a cada lado de su cabeza, volví a unir nuestros labios, con hambre y lujuria esparcida. Mi lengua acariciando cada rincón de su boca, mientras mis dientes se desquitaban con su labio inferior. Podía sentir los jadeos que se perdían en nuestro beso hambriento, pero que se descargaban cuando apretábamos nuestras manos.
Me separé y un hilo de saliva nos unía, alargándose y cortándose cuando estuve lo suficientemente alejado de su rostro para detallarlo completamente. La vista que tenía de él, me hacía suspirar; Jimin estaba con la mirada nublada, los labios húmedos e inflamados, el cabello desarreglado, las mejillas rosadas, su camisa estaba revelando parte de su hombro y ni hablar de su pantalón, ese no importaba porque iba a quitárselo.
Y así lo hice. Se lo quité completamente, mientras me comía con la mirada sus muslos, que me llamaban y dejé caer sus pantalones en alguna parte del suelo.
Acaricié sus muslos y los flexioné, comencé a besarlos desde la rodilla, lamiendo y succionando cada porción de piel. Jimin jadeaba e intentaba cerrar sus piernas, pero yo se lo impedía. Comencé a besar sus muslos internos, mientras las marcas rojizas decoraban su piel, dejando la huella de mis labios.
La huella de mi presencia. Este chico tenía dueño.
Poco a poco me acerqué a su pene semi erecto y lo delineé con mi lengua. –Jungkookie... ¡Ah! –gimió arqueando su espalda. Lamí su base y succioné su falo, deleitándome con sus gemidos. Era arte, mi chico era jodidamente arte.
Hermoso...
Succioné cada uno de sus testículos y sentí sus manos sobre mi cabello, jalándolo y acariciándolo. Mi lengua deslizándose aún más, debajo de su pene.
Levanté un poco sus caderas y subí sus piernas a mis hombros. Mi rostro se enterró en su entrada y mi lengua no perdió tiempo. Se enterró en ella, localizando de inmediato el punto dulce que escondía. Sé muy bien cuál es su punto más sensible. En muchos encuentros anteriores me encargué de encontrarlo y explotarlo al máximo.
-¡Ah! Mhg... justo ahí... -gimió, mientras arqueó su espalda de manera brusca y jaló de mi cabello.
Yo me sentía orgulloso, estaba feliz de hacerlo perder la cabeza. Me sentía emocionado de saber que podía hacerlo un desastre.
Mis manos tomaron su cadera y mi lengua succionó y lamió su cavidad a mi antojo, podía sentirlo vibrar bajo mi cuerpo. Pero pronto sentí como ya estaba cerca.
Mi erección estaba comenzando a dolerme, sus gemidos dulces y sus estremecimientos me estaban pasando factura, pero estábamos cada vez más cerca.
Jimin se corrió con fuerza, dejando escapar mi nombre entre sus labios, yo me levanté y vi como su cuerpo se dejaba caer sobre las sábanas completamente exhausto y sus ojos lloraban de placer.
Pero no era suficiente.
Me bajé los pantalones hasta las rodillas, junto a mi ropa interior y comencé a besar su cuello, acercando mis labios a sus orejas. –Aún no terminamos Jiminnie... -gruñí en su oído y pude sentir el pánico en su ser.
-Vas a matarme Jungkook... no puedo moverme... -me dijo con la voz entre cortada. Pero yo lo ignoré completamente. Besé los puntos que lo hacían temblar bajo sus orejas, mientras mis manos acariciaban sus muslos, acercándolos y encerrándolos a mi cadera.
Sus manos estaban a cada lado de su cabeza, sabía que no podía moverse, que estaba exhausto y que mi plan había salido a la perfección.
Sonreí para mí mismo.
Con mis toques calientes y seductores en sus muslos y mis besos en su cuello y mandíbula, pude notar como su erección comenzaba a crecer. Mi cuerpo reaccionó por sí solo, y comencé a frotar nuestras entrepiernas, mientras tomaba sus manos y las apretaba. –Kookie... -murmuró en su nube de satisfacción. Sabía que su cuerpo ya estaba sensible y por eso las sensaciones las sentiría el doble de intensas.
Acomodé su cuerpo y sus caderas, para comenzar a penetrarlo...
Sus manos apretaron las mías, mientras yo seguía empujando mi cadera. Su interior me recibió cálido y húmedo, mordí mi labio inferior, pues la sensación quería arrancarme gemidos demasiado audibles de mi garganta.
Entré por completo y esperé a que estuviera listo para moverme. Me incliné sobre su rostro y lo besé, mientras Jimin intentaba con todas sus pocas fuerzas mover sus caderas para indicarme que ya podía moverme.
Yo capté su mensaje y las embestidas comenzaron, mientras nuestros gemidos se perdían en nuestro beso apasionado. Mis caderas se estrellaban en su cuerpo y sus paredes me apretaban exquisitamente. -Jiminnie... si pudieras sentirte... -gemí cerca de sus labios, Jimin cerró los ojos y visualicé un par de lágrimas, deslizarse por sus mejillas, solté sus manos y lo abracé, pasando mis manos por debajo de su cuerpo, hasta que pudieran unirse en su espalda, mis labios besaron con cariño sus mejillas, mientras mis embestidas llegaban más profundo.
-¡Ah! Mmgh... -gemía mi chico sin parar en ningún momento. Nuestros cuerpos sudados se fundían y podía sentir los latidos frenéticos de su corazón.
Lo amaba, amaba a mi hombre.
El cosquilleo, en mi parte baja, me anunciaba lo inevitable, pero Jimin se corrió primero, manchando nuestros abdómenes, llevándose mi nombre en un gemido demasiado agudo. Lo suficiente para que yo terminara corriéndome en su interior de forma fuerte.
Me dejé caer sobre su pecho, enterrando mi rostro en su cuello, podía escuchar su respiración acelerada en mi nuca. Cerré mis ojos y salí de su interior, pero permanecí en esa posición por un poco más de tiempo.
Hasta que dejé de escuchar su respiración acelerada.
Me levanté de golpe y sus ojos estaban cerrados sin una pizca de fuerza, su cuerpo estaba de gelatina y su respiración estaba demasiado tranquila.
Jimin se desmayó.
No era la primera vez que ocurría, pero esta vez había sido completamente al propósito. Su rostro estaba imperturbable y se notaba feliz. Después de 8 años de matrimonio y estar juntos desde que teníamos 16, no importaba cuantas veces le hiciera el amor, no me acostumbraría a dejarlo tan exhausto que terminara desmayándose.
Sonreí y me levanté, tomé un par de toallitas y lo limpié con delicadeza. Ahora si podría dormir sin importar el zumbido de ningún mosquito en su oído.
Lo vestí con ropa limpia y lo cubrí con la sábana, lo suficiente para que ninguna picadura fuera a aparecer en su piel.
Ahora sí, a dormir...
Me acosté a su lado y abracé su cintura, cerré los ojos y me dejé llevar por el sueño y el agotamiento.
Bzzzzz...
Escuché un terrible zumbido en mi oído que me hizo arrugar la frente. Manoteé mi mano y el sonido tedioso se detuvo. Volví a cerrar mis ojos y me acurruqué al lado de mi esposo.
Bzzzzzzzzzzzzzz...
Un zumbido mucho más intensó me atacó. ¡Mierda! Esto debía ser una jodida broma.
Me cubrí con las sábanas, pero el ruido me persiguió petulante y me estaba taladrando el cerebro.
¡Maldita sea!
A mi lado, Jimin permanecía sereno y dormido como un tronco, lo había dejado tan agotado que no presentaba señales de levantarse hasta el próximo día.
Bzzzzzzzzzzz...
Mierda, el maldito mosquito estaba ahora encaprichado conmigo. Me senté en la cama con enojo y me preparé para impactar mi mano en cualquier momento, pero parecía ser un jodido fantasma.
Bzzzzzzzzzzzzzz...
Volvió a escucharse en mi oído, ese maldito sonido no lo soportaba. Me recosté nuevamente y cubrí mis oídos con mis propias manos. El sonido parecía haberse detenido, pero en esa postura era demasiado incómoda. Todo indicaba que la noche sería muy larga.
Esta noche no iba a dormir.








