Cap 1: El chico al que todos le tenían miedo
El timbre anunció el comienzo de la primera hora.
El aula de quinto año estaba extrañamente silenciosa. No porque los alumnos fueran obedientes, sino porque el profesor de Literatura estaba tomando una exposición que definía gran parte de la nota trimestral.
—Continúe, Ferrer.
Valentina respiró hondo y siguió hablando frente al curso. Su voz era firme, clara, sin una sola duda.
No necesitaba leer las hojas que sostenía.
Conocía el tema de memoria.
—...y por eso el autor utiliza el silencio como una forma de demostrar que, muchas veces, las palabras pueden hacer menos daño que la verdad.
El profesor sonrió orgulloso.
—Excelente análisis.
Algunos compañeros comenzaron a tomar apuntes.
Otros simplemente la observaban.
Valentina Ferrer era de esas personas que parecían tener la vida resuelta.
Buenas notas.
Capitana del equipo de vóley.
Educada.
Inteligente.
Y con un carácter capaz de hacer callar hasta al más pesado del curso.
Lo que nadie sabía era que, detrás de esa seguridad, había aprendido demasiado pronto que nadie iba a defenderla si ella no lo hacía.
En ese mismo instante...
Un golpe seco hizo temblar la puerta del aula.
¡Bang!
El salón quedó completamente en silencio.
La puerta se abrió de un empujón.
Entró un chico alto, con la mochila colgando de un solo hombro.
La camisa del uniforme estaba arrugada.
El labio inferior partido.
Los nudillos llenos de sangre.
Y esa expresión de absoluta indiferencia que hacía que cualquiera bajara la mirada.
Thiago Rivas.
Otra vez tarde.
Otra vez después de una pelea.
El profesor cerró los ojos un segundo.
—¿Se puede saber por qué llega una hora tarde?
Thiago dejó caer la mochila sobre el piso.
—Se me hizo largo el desayuno.
Varias risas nerviosas recorrieron el aula.
El profesor apretó la mandíbula.
—¿Y la sangre?
Thiago observó sus manos como si recién las descubriera.
—No es mía.
Más silencio.
Nadie preguntó nada.
Nadie quería saber de quién era.
Porque todos conocían la respuesta.
Si Thiago aparecía lastimado...
El otro siempre terminaba peor.
El profesor suspiró.
—Siéntese.
Thiago caminó entre los bancos.
Cada paso parecía obligar al resto del curso a hacerse más pequeño.
Hasta que levantó la vista.
Y la vio.
Valentina seguía de pie, junto al pizarrón.
No estaba asustada.
No estaba impresionada.
Ni siquiera lo estaba mirando.
Continuó con su exposición como si él no existiera.
Thiago frunció apenas el ceño.
Qué raro.
Siempre lo miraban.
Con miedo.
Con curiosidad.
Con admiración.
Pero ella...
Nada.
Cuando terminó, el profesor aplaudió.
Algunos compañeros lo imitaron.
Valentina acomodó sus hojas.
Entonces sintió una voz grave detrás de ella.
—¿Terminaste?
Se dio vuelta lentamente.
Sus ojos se encontraron por primera vez.
Grises.
Fríos.
Desafiantes.
Los de él.
Marrones.
Firmes.
Imposibles de intimidar.
Los de ella.
Thiago sonrió de lado.
—¿No pensás saludar al nuevo espectáculo del día?
Valentina recorrió con la mirada el labio roto, los nudillos ensangrentados y la camisa desacomodada.
Después respondió con total tranquilidad.
—¿Y vos no pensás aprender a llegar a horario?
El aula entera dejó de respirar.
Lucas, el mejor amigo de Thiago, cerró los ojos.
"Está muerta."
Nadie.
Absolutamente nadie.
Le hablaba así a Thiago Rivas.
Durante varios segundos nadie dijo una palabra.
Thiago dio un paso hacia ella.
Otro.
Hasta quedar frente a frente.
El profesor estaba por intervenir.
Pero algo lo detuvo.
Valentina no retrocedió.
Ni un centímetro.
—¿Siempre sos así de valiente? —preguntó Thiago en voz baja.
—No.
Ella sostuvo su mirada.
—Solo con los que creen que todos les tienen miedo.
Por primera vez en mucho tiempo...
Thiago sintió algo extraño.
No era bronca.
No era orgullo.
Era curiosidad.
Una curiosidad que le quemó el pecho.
Porque esa chica acababa de desafiarlo delante de todo el colegio...
Y seguía mirándolo como si él fuera un chico cualquiera.
Sonrió.
Despacio.
Con esa sonrisa que siempre anunciaba problemas.
—Nos vamos a volver a cruzar, Ferrer.
Valentina levantó una ceja.
—Qué mala suerte la mía.
Se dio media vuelta y volvió a su banco.
Sin mirar atrás.
Sin saber que, desde ese instante...
Thiago Rivas ya no podía quitarle los ojos de encima.
Y por primera vez en dieciocho años...
Había encontrado algo que no sabía cómo conseguir.
A ella.








