Capitulo Único
Tres figuras caminaban con lentitud por un pasillo extenso, las rejas de sus alrededores mostraban a distintos tripulantes abatidos por el emcarcelamiento, tumbados en sus camas.
El de color gris volteo a los lados, observando cómo cada uno de los encarcelados apartaba sus visores de lo que sea que hicieran para mirarlos. Parecían calcular algo.
Ignoro el pensamiento, centrado al frente hasta llegar a una puerta al final de todo el pasillo.
– Es aquí.
Dijo uno de los dos guardias, aquel de color crema.
El otro saco una tarjeta pequeña, pasándola por una pantalla dando libre acceso a la siguiente sala.
Era iluminado por una luz tenue, y hasta el final una figura grande, más alto que el o los guardias que lo acompañaban.
Camino con cautela, aquel tripulante tenía una mala fama. El color crema se adelantó, golpeando los barrotes para llamar la atención del contrario.
– Magenta, tienes visitas.
Aviso, haciendo que el mencionado volteara a verlos.
Gris se percato del visor con una leve fractura, las ojeras y apariencia descuidada.
No se atrevió a comentar al respecto, solo camino al frente para que Magenta lo viera mejor.
El otro guardia, uno de color blanco sostuvo la mirada por apenas unos segundos antes de encaminarse a la puerta. – Si necesitas algo toca la puerta, Crema y yo estaremos vigilando afuera–.
Gris asintió de acuerdo, desviando su mirada al otro nuevamente.
– Necesito que respondas un par de preguntas.
Demandó, su voz autoritaria y grave.
El contrario no contesto, tan solo analizaba al tripulante gris. Llegando a una conclusión:
No valia la pena.
– Te estoy hablando chico, ¿Responderás?.
No tenía mucho tiempo, sabía que las visitas aquel tripulante estaban prohibidas y ya estaba arriesgando su trabajo junto al de sus compañeros por hablar con ese tipo.
– ¿Que te hace pensar que te responderé?.
Preguntó después de un largo rato.
– El echo que tu conoces a los impostores ya que tus padres te hablaron de aquello, ¿No es así?
Magenta soltó una larga risa tras escuchar aquellas palabras, le parecía ridículo que un trabajador de la industria que arruino su vida ahora viniera a el.
– Tu no sabes nada de mi.
Recalcó con burla. Inclino su cuerpo hacia los barrotes que le impedía su libertad.
Gris estaba impaciente, tenía encima suyo el tiempo pero aun así necesitaba del otro, de aquel tripulante para su misión.
– Se que eres hijo de Rojo y Mora. Los sobrevivientes de la Skeld, y yo soy el único que te puedo ofrecer libertad–. Dijo Gris, su visor serio y con un leve ceño fruncido, odiaba mencionar aquellos tipos, según la versión de MIRA ambos mataron a cada tripulante de esa nave.
– Si me ayudas me encargare que la industria no te mantenga encerrado aquí, y tal vez conseguirte algo de información sobre esos terroristas que te abandonaron–.
– No hables de ellos como si los conocieras, estúpido–. Magenta lo miraba con desprecio. Desde que era un frijol le enseñaron a mantener la postura, especialmente su madre; Mora, le dio muchas lecciones sobre aquello.
– ¿Cual es tu trato?.
<Perfecto>, pensó el tripulante en libertad, ya consiguió lo que quería y posiblemente lo más difícil, ahora le tocaría cumplir con su palabra y convencerlo para que lo ayude pero al menos tendría información.
– En Polus han habido múltiples asesinatos respecto un impostor, necesito que me digas todo lo que sepas de ellos.
– ¿Solo esa tontería?. Un impostor no es fácil de manejar, MIRA no entiende eso... Rosa en especial, son maestros del engaño y la sal es su debilidad, pero aun connesa información seguramente no lo conseguirías atrapar.
Magenta cruzo sus manos, el sabía mejor que nadie como funcionaba eso.
Antes de que todo se fuera a la basura sus padres se encargaron de dejarle todo tipo de conocimientos.
Gris lo pensó por un instante, sabía que las sal debía de ser algo como una especie de debilidad, sin embargo habían estado desapareciendo todos los suministros de aquello y los detectives siempre eran los primeros en caer, necesitaba alguien que ya hubiera enfrentado a los impostores antes.
Hubiera recorrido a otros sobrevivientes y lo había echo, cada uno de ellos se negó, incluso algunos que les recomendaron tirar a todos a la lava del lugar, limpiar todo y hacer nuevos tripulantes llegar.
No creía que un impostor logrará traumar a tantos.
– ¿Alguna idea de alguien que quisiera ayudar en Polus?–. Se atrevió a decir, esperando una respuesta de alguien que realmente este dispuesto a enfrentarse a los impostores.
– Mis padres–. Respondió, y antes de que Gris le gritara por la respuesta Magenta se adelantó. – O yo–.
Gris lo observo, no había burla, su cuerpo había vuelto a inclinarse hacia la pared para apoyarse en aquello.
– MIRA te ha mentido mucho, y si mis padres no están aquí fue por que a la industria ya no les servía, ellos nunca me abandonarían.
Magenta lo observaba con el visor enojado, cerrando su ojo lentamente. No le agradaba mencionar su pasado y mucho menos el pasado.
Deseaba volver a verlos, quería ir a casa y abrazarlos pero ambos no estarían ahí, seguramente ya estarían muertos.
Gris parecía tener una crisis mental, necesitaba la ayuda de alguien con experiencia y odiaría admitir —aunque fuera verdad— que Magenta es el único con la capacidad suficiente para la misión.
A su capitán no le gustaría, y mucho menos avisarle a Rosa, el jefe de la industria que ya había encontrado a un voluntario para el trabajo. Posiblemente se estaba arriesgando a ser despedido.
– Voy a renunciar después de esto.
Sacó unas llaves del bolsillo de su traje, abriendo la cerradura de la celda.
Magenta quedo estático, lo estaban liberando.
– Tu me ayudas a deshacerme de ese impostor o impostores y yo te ayudo a librarte de MIRA e investigar el paradero de tus padres, ¿Trato?.
Gris extendió su mano flotante, dispuesto a sellar el acuerdo.
El contrario sonrió, extendiendo su mano y apretando con fuerza la de Gris, lo suficiente para hacer que se queje de la presión. Lo soltó mientras caminaba hacía la salida.
Sintió una pizca de esperanza, solo necesitaba tiempo y tal vez, solo tal vez podría volver a su antigua vida.








