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24h Sauna | Omegaverse | Kpop Demon Hunters

Summary

Después de una agotadora presentación, Zoey y Mira vuelven a su ritual secreto: el sauna. Allí no hay focos, ni fans, ni ensayos… solo vapor, miradas largas y palabras que sobran.

Genre
Erotica
Author
jelly
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo Único

[ ⚠️ Advertencia de contenido: ]

Este capítulo contiene contenido explícito de naturaleza sexual entre dos mujeres.

★Incluye lenguaje sugerente, descripciones gráficas de encuentros íntimos y situaciones cargadas.

--> No recomendado para menores de edad o lectores sensibles.

Léase bajo su propio riesgo… y con auriculares puestos (*^-゜)v.

---

Titulo: 24h Sauna | Ver. Omegaverse

Capitulo Único ★

Después del concierto, todo en el departamento se volvía más silencioso.

El maquillaje empezaba a correrse, la ropa pesaba con el sudor seco, y las luces de la ciudad entraban apagadas por la ventana del living. Zoey estaba tirada en el sillón, con las piernas recogidas y el cabello mojado.

El cuerpo no solo pedía descanso…

También pedía otra cosa. Era difícil de explicar. No estaba en celo. Aún no.

Pero desde que dejó los supresores hacía unas semanas, su cuerpo ya no le pertenecía del todo.

Cada día sentía más. Olores. Sensaciones. Miradas. Aromas alfa que antes ignoraba… pero ahora la perseguían. Y el suyo, dulce y cálido, empezaba a flotar por el departamento sin permiso.

—Creo que voy al sauna —dijo Zoey de pronto, alzando los brazos con un suspiro, mientras caminaba descalza hacia la cocina en busca de una toalla.

—¿Otra vez? —bufó Rumi desde el sillón del otro lado, medio dormida, mientras se desabrochaba las botas de su outfit—. ¿No te aburres? Solo estás remojandote cómo una lechuga en caldo toda la noche.

Zoey la miró sin perder la sonrisa. Esa sonrisa que solo le salía cuando algo en su interior ya sabía lo que iba a pasar.

—Es una tradición —dijo, sin explicarse demasiado.

—Es un vicio, más bien —murmuró Rumi, rodando los ojos.

Mira estaba frente al espejo del pasillo, quitándose los aros. No se giró, pero su voz salió clara, firme.

—Voy contigo.

Zoey parpadeó, sorprendida.

—¿Eh?...

—Dije que voy contigo —repitió Mira, ahora girándose con una ceja alzada.

Rumi se quejó entre dientes.

—¿En serio? ¿Las dos ahora?

—Rumi, si no vas a venir, entonces no opines —añadió Mira, mientras dejaba sus pendientes sobre la repisa—. Esto no es para cualquiera.

Zoey soltó una risa baja. Casi cómplice… pero también nerviosa. No lo esperaba. No esta vez. Pero no iba a negarlo: algo en su pecho palpitó más fuerte con esa respuesta.

Las miradas aún no se cruzaban, pero el ambiente ya se estaba llenando de algo más espeso que vapor.

Rumi chasqueó la lengua, sin insistir más. Ya sabía cómo funcionaba eso. Y en el fondo… sabía que entre Zoey y Mira, ese "ritual" significaba algo más.

Desde que el aroma de Zoey empezó a cambiar, Mira no la dejaba sola en ninguna de esas “iditas al sauna”. Decía que era por seguridad. Por costumbre. Pero ambas sabían la verdad.

---

El vapor lo cubría todo. Las paredes de madera ardían bajo el calor, y el eucalipto flotaba espeso en el aire como si quisiera ocultar lo que estaba por pasar.

Zoey cerró la puerta con cuidado. Mira venía justo detrás. Ambas envueltas en toallas blancas, el cabello aún húmedo tras la ducha.

El suelo estaba tibio bajo sus pies, pero su piel... ya estaba caliente desde antes. Desde que bajaron juntas. Desde que las feromonas comenzaron a rozarse como si estuvieran vivas.

Zoey subió al banco superior sin decir una palabra. Se sentó con las piernas recogidas, los hombros desnudos y la mirada baja. Quería descansar. Calmar su cuerpo.

Pero nada en ella estaba tranquilo.

Desde que había dejado los supresores, su aroma se desbordaba con facilidad. Era dulce. Cálido. Vulnerable.

Y Mira lo notó al instante. La siguió al sauna por instinto, sin siquiera pensarlo.

Se sentó en el nivel medio, inclinando la cabeza hacia atrás mientras exhalaba lento. Pero no podía relajarse. No con ese olor flotando a pocos metros.

Zoey era diferente. No solo porque su cuerpo estaba más sensible… sino porque ya no lo ocultaba.

Y entonces ocurrió. Una gota de sudor resbaló por el muslo de Zoey, lento, hasta perderse entre la toalla. Mira bajó la mirada. No era solo humedad. Era el aroma. El calor. La apertura.

Zoey tembló levemente, cruzando las piernas. El vapor hacía que todo se mezclara, pero el aroma de la Omega ya la tenía rodeada.

—¿Estás bien? —preguntó Mira sin moverse, sin mirarla directo.

—Sí... —susurró Zoey—. Solo… necesitaba esto. Mi cuerpo ha estado extraño últimamente.

Mira entrecerró los ojos. La miró. Por fin.

Y la vio de verdad. Zoey no solo estaba vulnerable. Estaba receptiva. Abierta. Sus glándulas omega latían bajo la piel, hinchadas, expuestas sin siquiera haber entrado en celo aún.

Una necesidad ancestral se encendió en ella. Algo primitivo. Muy Peligroso. Alfa.

Zoey bajó del banco, lentamente. Y sin pedir permiso, se sentó a su lado. El aire pareció arder más fuerte. Las toallas apenas separaban sus muslos. La piel sudada se tocaba. Y los ojos no se despegaban.

—Mira… —dijo Zoey, con voz temblorosa—. ¿Puedes dejar de mirarme así?

Mira no respondió. Solo se inclinó hacia ella, acercándose a su cuello. Lo olió. Y ahí lo supo.

—Tu aroma cambió —murmuró junto a su piel, grave, como si estuviera en un trance—. ¿Por qué ya no estás escondiéndote?

Zoey no respondió. No hacía falta. Su olor hablaba por ella. Su cuerpo también. Mira apoyó la mano en su muslo, y Zoey no se apartó. El contacto fue leve, pero eléctrico.

Sus glándulas reaccionaron al instante, liberando más feromonas. Más deseo para ambas.

—Estás... receptiva —susurró Mira, como si probara la palabra en la boca.

Zoey asintió, con la respiración entrecortada. Con un leve temblor en labios.

—Solo contigo.

La frase fue un disparo. Mira no pudo contenerse. La empujó suavemente contra la banca, quedando encima de ella. Sus labios se rozaban, apenas. Las toallas comenzaban a aflojarse.

—Zoey… si empiezo… no voy a parar.

—Entonces empieza. No te detendré.

Mira no necesitó más. La besó. Con hambre. Con fuerza. No un beso de amor.

Fue un beso de reconocimiento.

Su lengua buscó el sabor del sudor en su cuello, de sus feromonas puras, sin filtros.

Y sus manos… comenzaron a explorar. Lentamente. Con derecho de quien acababa de encontrar lo que había estado esperando desde siempre.

El calor del sauna ya no venía de las paredes. Era su respiración. Sus cuerpos.

Su vínculo.... que apenas empezaba a formarse.

Las toallas quedaron en el suelo. No hicieron ruido. Solo cayeron. Como si ya no tuvieran sentido.

Mira bajó por su cuello, oliendo cada parte de su piel. Y entonces la sintió. Las glándulas omega, expuestas y sensibles, latiendo justo debajo del hueso de su cuello.

No estaban marcadas. Estaban esperando.

—Mierda, Zoey… —susurró, grave, con el aliento ardiendo—. ¿Sabes lo que significa esto?

Zoey tembló bajo ella. No podía pensar, solo sentir.

—Lo sé… —jadeó—. Pero no te detengas solo porque... aún no hay marca.

El vapor ya no ocultaba nada. Solo las envolvía. Dos cuerpos, dos naturalezas opuestas, encajando como si siempre lo hubieran hecho.

Mira bajó por su abdomen, besándola, lamiendo el sudor y el aroma dulce que emanaba de su piel. Pero no solo era olor. Su centro ya estaba empapado.

No por el calor. Sino porque su cuerpo ya reconocía al Alfa. Se preparaba. Lo pedía.

Mira se inclinó entre sus piernas, y al abrirla, el vapor pareció intensificarse. El primer contacto fue con la lengua. Lento. Húmedo. Desesperante. Zoey se quejó. Arqueó la espalda. Y su olor cambió al instante. Se volvió más fuerte. Más feromonal.

—Estás en pre-celo… —murmuró Mira, con la lengua aún rozando su centro hinchado—. Parece ser que... tú cuerpo ya me eligió.

Zoey derramaba lágrimas suaves. No de dolor. Sino porque todo en ella se abría. Se rendía. Ante Mira.

—Mira… por favor…

—Shh… —respondió ella, alzando la mirada—. Lo entiendo... solo deja que tu Alfa te reclame.

Entonces entró con los dedos. Dos al principio. La humedad los recibió sin oposición. Después, un tercero. Y Zoey gimió con fuerza.

—Ahh… estás muy…

—Te estás preparando para el nudo —dijo Mira sin filtro, sin ternura. Solo verdad.

Siguió moviéndose dentro de ella, con la lengua estimulando el clítoris, con los dedos profundos y constantes, y con los ojos fijos en su Omega. Porque era su Omega.

Zoey se estremecía. Los músculos de su vientre temblaban. Sus glándulas brillaban con sudor y feromonas. Y el interior de su cuerpo palpitaba. Esperando algo más.

Mira aumentó el ritmo. El sonido húmedo de sus movimientos era tan crudo, tan descarado, que el sauna ya no era un refugio… Era una madriguera. Una cueva de apareamiento.

Y en esa oscuridad tibia, Zoey se corrió.

Con un grito. Un espasmo completo. Un orgasmo tembloroso que la hizo gemir el nombre de su Alfa una y otra vez.

—¡Mira...! ¡Ahh! ¡No pares… no pares!

Y Mira no paró. La sostuvo contra la banca, bajó más y la saboreó entera. Sintió cómo su cuerpo pulsaba en torno a sus dedos, mojado, cálido, dispuesto.

—Tu cuerpo me está rogando que te marque… Zoey —jadeó Mira, sin retirarse de entre sus piernas—. Y aún no hemos llegado a la cama. ¿Qué te parece?

Zoey no podía hablar. Solo lloraba bajo, con el corazón acelerado y la pelvis latiendo como si la hubieran dejado abierta. Y así era. Estaba abierta. Receptiva. Lista para más.

Mira subió por su cuerpo, y sus sexos volvieron a rozarse. El aroma de ambas llenaba el sauna.

Alfa y Omega.

Dos pulsos sincronizados. Dos naturalezas al borde del vínculo.

—Voy a cargarte —susurró Mira contra su oído—. Te voy a llevar a la cama de servicio. Y ahí… Voy a dejar mi marca.

Zoey asintió, con las piernas temblando, sin aliento. Ya no era solo deseo. Era instinto. Era su llamado. Era su destino.

Mira la cargó sin esfuerzo. Zoey tenía la cabeza apoyada en su hombro, el cuerpo tembloroso, las piernas abiertas y el centro aún palpitando con cada paso.

Podía sentir los dedos de Mira aún rozando su entrada, como si su cuerpo no quisiera soltarlos.

El pasillo hacia los cuartos se volvió eterno. Oscuro. Cálido. Silencioso. Solo se escuchaban sus respiraciones, entrecortadas, y el eco del deseo entre ellas.

Cuando llegaron, Mira pateó la puerta del cuarto y la cerró con la cadera. La luz era tenue. La cama estaba lista. Y Zoey… completamente entregada.

La recostó con cuidado, pero no se separó. Se arrastró sobre ella como un depredador, marcando cada centímetro con su aliento, su lengua, su cuerpo.

Zoey abrió las piernas sin pedir permiso, dejándose ver. Empapada. Hinchada. A punto de romperse de nuevo.

Mira no se detuvo. Sus caderas seguían empujando, aun cuando ya el nudo estaba dentro. Inflado. Pesado.

El centro de Zoey lo sentía todo: la forma, la presión, la conexión que latía en oleadas.

Era como si su Alfa bombease deseo directamente en su interior.

—Mierda… —gimió Zoey, con las manos aferradas al colchón, el cuerpo curvado hacia atrás, la garganta reseca por tanto gemir—. No puedo… No puedo con tanto…

—Sí puedes —le murmuró Mira al oído, jadeando, con los labios húmedos contra su piel—. Tu cuerpo está hecho para esto. Para mí.

Cada palabra entraba como una caricia sucia, como una orden imposible de ignorar.

Zoey temblaba con cada embestida lenta.

El nudo no se movía, pero la fricción la hacía estallar por dentro. Su Omega interior se había rendido. Ya no pensaba, solo gemía, solo pedía.

Sus muslos estaban abiertos del todo. Su sexo, completamente expuesto, húmedo, dilatado… tragándose el Alfa como si no pudiera detenerse.

—Estás tan, tan abierta… —susurró Mira, separándose apenas para ver—. Te estoy llenando y no paras de absorberme.

Zoey lloró. De placer, de entrega. Sentía su centro palpitando con tanto calor que nublaba su vista. Y lo peor… o lo mejor… es que no quería que terminara.

Mira la tomó de la cintura y la giró de espaldas, sin salirse. El nudo seguía atado, y el movimiento fue tan profundo que ambas gritaron. Zoey quedó de rodillas, con la cara contra la sábana, las piernas temblando.

—Así te ves más linda… —susurró Mira, lamiéndole la espalda, bajando lentamente.

Y entonces, con el nudo aún adentro…

deslizó su mano por debajo, y comenzó a frotar su clítoris.

—¡Ahh! ¡Mierda…! ¡Mira, no…! —Zoey se rompía con cada roce.

Su cuerpo entero colapsaba, pero el placer no bajaba. Subía. Como una ola. Una bomba. Una maldita explosión.

—¿Vas a venirte otra vez? —dijo Mira, lujuriosa—. Entonces vas a hacerlo con mi nudo bien dentro de ti.

Y fue así. Zoey se corrió tan fuerte que sus caderas se sacudieron sin control, como un animal salvaje. El grito fue brutal, sucio, perfecto. Y su cuerpo se contrajo tanto alrededor del nudo que Mira también gimió, a punto de correrse otra vez. Los músculos internos de Zoey no lo soltaban. Lo apretaban. Lo abrazaban.

—Ya… no puedo más… —jadeó, entre lágrimas, derrumbándose contra el colchón.

Mira no se movió. La cubrió por detrás con todo su cuerpo. El sudor en sus pechos pegándose a la espalda de Zoey. El aliento caliente en su nuca. El nudo aún dentro. Sellado.

—¿Sabes qué hiciste, cierto? —susurró Mira—. No voy a poder estar cerca de otra Omega sin olerte por todas partes...

Zoey temblaba, incapaz de responder. El cuerpo en estado de shock de placer. Pero cuando Mira pasó una mano por su vientre, y la acarició como si ya cargara algo dentro…

Zoey solo susurró:

—¿Me vas a llenar de verdad?

—Voy a darte todo, mi Zoey —le respondió, besándola en la marca fresca—.

Semen, nudo, celo… y si es nuestro destino, un hijo.

El olor a unión llenó la habitación. Mira gimió contra su espalda. Y entonces, cuando ya no lo esperaba… Eyaculó dentro de ella.

Una descarga espesa, caliente, profunda.

Tan intensa que Zoey sintió cómo algo se abría dentro, como si su cuerpo lo recibiera con un estremecimiento que no pudo contener.

Su vientre se llenaba. Su alma también. Y así, anudadas, marcadas, jadeando sobre la cama… Quedaron dormidas. O al menos lo intentaron. Porque el nudo no bajaría tan rápido. Y Mira no tenía intenciones de sacarlo todavía.

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