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nos vemos en el granero… <<KOOKMIN>>

Summary

Jimin y Jungkook son primos que llevan años sin verse. Una reunión familiar y un granero bastan para cambiarlo todo. NEW! OS KOOKMIN BOYPUSSY ADVERTENCIA: CONTENIDO SEXUAL INC3St0‼️‼️ Recomendada solo a mayores de 18 años. JIMIN NO ES TRANSEXUAL, es un hombre con VAGINA, en algunas partes del os se le tratara con pronombres femeninos. cerii: no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostraran aqui, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! BY CERII

Genre
Erotica
Author
drippy
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter

El campo olía a tierra mojada y a hierba recién cortada. El sol de la tarde entraba entre los árboles, creando sombras alargadas sobre el jardín de la abuela. 

Las mesas estaban llenas de comida: empanadas, ensaladas, carne asada. 

Los tíos hablaban fuerte, las tías reían, los primos pequeños corrían detrás de una pelota.

Jimin estaba sentado en una silla de plástico blanco, con una copa de vino en la mano que ya casi no tomaba. Llevaba un vestido de flores corto, color crema, que se le subía un poco cada vez que se movía. El cabello le caía en ondas sobre los hombros. 

Se sentía fuera de lugar. 

Como siempre en estas reuniones.

Su madre estaba al otro lado de la mesa, contándole a su tía sobre su nuevo trabajo. 

Su padre hablaba de política con los tíos. 

Todos sonreían, todos fingían que se querían, todos se preguntaban en secreto cuándo podrían irse.

Jimin suspiró y miró a su alrededor. Había unos treinta familiares. Primos de todas las edades. Algunos que no veía desde hacía años. Otros que veía cada dos semanas y le daba igual.

Y entonces lo vio.

Jungkook.

Estaba al otro lado del jardín, apoyado contra un árbol, con los brazos cruzados sobre el pecho. Llevaba una camisa blanca arremangada hasta los codos, dejando ver sus antebrazos musculosos. El cabello oscuro le caía sobre la frente, un poco despeinado. La mandíbula marcada. Los labios ligeramente entreabiertos.

Jimin tragó saliva.

No lo había visto en cuatro años. La última vez, Jungkook era un adolescente flaco y torpe que apenas hablaba. Ahora era un hombre. Un hombre callado, con los hombros anchos y una mirada que parecía mirar a través de todo.

Jungkook lo miró.

Sus ojos se encontraron. Jungkook no sonrió. Solo lo miró. Un segundo. Dos. Tres. Después desvió la mirada hacia el horizonte.

Jimin sintió un cosquilleo en el estómago. Un calor extraño que subía desde su vientre. Se llevó la copa a los labios y bebió un sorbo de vino, pero ni siquiera lo saboreó.

—¿Jimin? ¿Estás bien? —preguntó su madre, tocándole el brazo.

—Sí —respondió Jimin, forzando una sonrisa. —Solo estoy un poco cansado.

—Tienes la cara roja. ¿Te está dando el sol?

—Puede ser.

Jimin se levantó y se excusó para ir al baño. Pero no fue al baño. Caminó hacia la parte trasera de la casa, donde había un pequeño porche y un camino que llevaba al granero viejo. No sabía por qué iba allí. Solo necesitaba un momento a solas. Lejos de todas esas miradas. Lejos de la familia.

Se apoyó en la pared del granero y cerró los ojos. El olor a madera vieja y a heno seco llenaba el aire. El campo estaba en silencio, solo se escuchaban los grillos y el rumor lejano de la reunión.

—¿Estás bien?

La voz lo sobresaltó. 

Abrió los ojos y se encontró con Jungkook, de pie a unos metros de él. Tenía las manos en los bolsillos de sus pantalones negros. La camisa blanca se le había salido un poco, dejando ver el borde de su abdomen.

—Jungkook —dijo, y su nombre sonó extraño en su boca. —No te había visto... quiero decir, sí te vi, pero...

—Estás nervioso —dijo él. No era una pregunta.

—Solo... estas reuniones me ponen raro —admitió.

Jungkook asintió. Se acercó un paso. Otro. 

Olía a tabaco y a algo más. A su propio olor, a hombre, a campo.

—Yo también —dijo. —La familia es una mierda.

Jimin se rió, sorprendido. Nunca lo había oído decir una mala palabra.

—¿Qué? —preguntó Jungkook, con una ligera sonrisa. —¿No te parece?

—No, sí, claro —dijo el rubio. —Solo que... no me esperaba que lo dijeras.

Jungkook se encogió de hombros. Su mirada bajó al vestido de Jimin, subió por su cuerpo, y se detuvo en sus ojos.

—¿Quieres fumar? —preguntó, sacando un paquete de cigarrillos del bolsillo.

—No sabía que fumabas.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí.

Jimin sintió que su corazón latía más rápido. Tomó el cigarrillo que él le ofreció. Jungkook encendió un fósforo y acercó la llama a la punta del cigarrillo de él. Sus dedos se rozaron, solo por un segundo.

—Gracias —dijo Jimin, con la voz un poco ronca.

Fumaron en silencio. El humo se elevaba hacia el cielo naranja del atardecer. La reunión seguía al otro lado de la casa. Podían escuchar risas, platos chocando, música de fondo.

—¿Por qué viniste? —preguntó Jungkook de repente.

—¿A la reunión?

—A la vida. A esta familia. Podrías estar en otro lado.

Jimin lo miró. Había algo en su voz, en su mirada. Como si realmente le importara.

—No sé —dijo. —Por costumbre, supongo. Para no preocupar a mi madre. Para fingir que soy un hijo bueno.

—Eres bueno —dijo él. —Eso se nota.

—Tú no me conoces.

—Pero me gustaría.

El silencio se hizo más denso. 

Jimin sintió que el calor volvía a su estómago. Jungkook lo miraba de una forma que no era familiar. Era intensa. Casi peligrosa.

—Jungkook... —empezó a decir.

—Ven —lo interrumpió él, tomándolo de la mano. —Vamos adentro.

—¿Al granero?

—Sí. Nadie nos va a buscar aquí.

Jimin sintió que se le secaba la garganta. Sabía que no debería. Era su primo. Era una reunión familiar. Había gente a unos metros. Pero sus pies se movieron solos. Sus dedos se entrelazaron con los de él.

Caminaron hacia la puerta del granero. Jungkook la abrió y lo dejó pasar primero. El interior olía a madera, a heno, a polvo. La luz del atardecer entraba por las rendijas de las tablas, creando rayos dorados que iluminaba el polvo en el aire.

—Aquí estamos a salvo —dijo Jungkook, cerrando la puerta detrás de ellos.

El granero era grande y vacío. Había un montón de heno en un rincón, algunas herramientas colgadas en las paredes, una escalera de madera que subía a un piso superior. El olor a tierra y a animales viejos se mezclaba con el aroma de Jungkook, que ahora estaba justo frente a él.

Jimin sintió que su corazón latía tan fuerte que seguro él podía oírlo.

—Jungkook, esto es... —empezó a decir.

—Lo sé —lo interrumpió él, con voz suave. —Esto es una locura. Pero no puedo evitar mirarte.

—¿Desde cuándo?

—Desde que llegaste. Desde que te vi con ese vestido. Desde que te sentaste en esa silla y te mordiste el labio mientras escuchabas a tu madre hablar.

Jimin se ruborizó. No sabía que él lo había estado mirando tanto.

—Y yo te he estado mirando a ti —admitió en voz baja.

Jungkook dio un paso hacia él. Ahora estaban tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.

—¿Y qué ves? —preguntó él.

Jimin tragó saliva. Su mano temblaba mientras la levantaba y tocaba su pecho. Podía sentir los músculos bajo la camisa.

—Veo a alguien que no debería querer —dijo. —A alguien que me hace olvidar que somos primos.

Jungkook sonrió, una sonrisa lenta y peligrosa.

—Entonces no pienses en eso —dijo. —Solo piensa en esto.

Y lo besó.

El beso fue todo menos suave. Jungkook lo besó como si llevara años esperando hacerlo. Su mano encontró la nuca de Jimin y la apretó, inclinando su cabeza hacia atrás. Su lengua entró en su boca con una urgencia que lo dejó sin aliento.

Jimin gimió contra su boca. Sus manos se enredaron en la camisa de él, tirando de la tela. Jungkook lo guió hacia atrás, hasta que su espalda chocó contra una pila de heno. Lo empujó suavemente, y Jimin cayó sobre el heno, con Jungkook encima de el.

—Nadie tiene que saberlo —susurró contra su boca. —Nadie.

—Lo sé —dijo Jimin, jadeando.

Jungkook bajó una mano y encontró el borde del vestido. Lo subió lentamente, revelando sus muslos. Su mano recorrió la piel caliente de sus piernas, subiendo hasta su ropa interior.

—Estás tan mojado —dijo, con sorpresa en la voz.

Jimin se mordió el labio.

—Es culpa tuya.

Jungkook sonrió y lo besó de nuevo. Sus dedos jugaron con el borde de su ropa interior, rozando su clítoris a través de la tela. Jimin arqueó la espalda.

—Quiero chuparte el coño —dijo Jungkook, con la voz ronca. —Quiero probarte.

Jimin sintió que se derretía.

—Hazlo —dijo.

Jungkook bajó. Sus manos encontraron sus caderas y bajaron su ropa interior lentamente. El heno crujía bajo su cuerpo. 

Jimin cerró los ojos y sintió el aliento caliente de él en su entrepierna.

—Eres tan hermoso —dijo él.

Y su lengua encontró su clítoris.

Jimin tuvo que taparse la boca para no gritar. La lengua de Jungkook se movía lenta y profundamente. Sus dedos presionaban suavemente.

—Jungkook... —gimió en un susurro.

Él no respondió. Siguió lamiéndolo, explorándolo, saboreándolo. Su lengua entraba y salía. Jimin sintió cómo el placer se acumulaba en su vientre.

—Voy a... —empezó a decir.

—Vente —dijo él, sin separarse.

Jimin obedeció. Su cuerpo se tensó, sus piernas temblaron, y se corrió en la boca de su primo. Jungkook bebió cada gota, sin apartarse, sin dejar de lamer hasta que dejó de temblar.

—Mierda —murmuró Jimin, con la voz rota.

Jungkook se levantó, con los labios brillantes y los ojos oscuros.

—Ahora te toca a ti —dijo.

Jimin se incorporó sobre el heno. Jungkook se desabrochó los pantalones y los bajó justo lo suficiente. Su erección estaba dura y caliente. Jimin tragó saliva.

—Ven aquí —dijo Jungkook, guiándolo hacia él.

Jimin se arrodilló frente a él. El heno pinchaba sus rodillas, pero no le importó. Tomó su verga en sus manos y la acarició lentamente.

—Eres tan grande —dijo.

—Tú tienes la boca pequeña —respondió él, con una sonrisa.

Jimin sonrió y se inclinó. Su boca lo envolvió lentamente. Jungkook gimió. Su mano encontró el cabello de Jimin y lo apretó.

—Así —dijo. —Así.

Jimin lo chupaba lentamente, sintiendo cada centímetro de él en su boca. Su lengua se movía, sus manos acariciaban lo que su boca no podía alcanzar. Jungkook gemía, su mano apretaba su cabello, sus caderas se movían instintivamente.

—Jimin... —dijo con voz ronca. —No voy a durar.

No se detuvo. Siguió chupando, más rápido, más profundo. Jungkook sintió cómo el placer se acumulaba.

—¡Jimin! —gritó, y se corrió en su boca.

El lo bebió todo. No se apartó. No dejó de chupar hasta que dejó de temblar.

Cuando terminó, se levantó y lo besó. Jungkook sintió su propio sabor en los labios de su primito.

—Eres increíble —dijo él.

—Tú también —dijo el rubio..

Pero no habían terminado.

Jungkook lo giró sobre el heno, boca abajo. Su mano encontró su coño y lo acarició. Estaba tan mojado que sus dedos se deslizaron sin esfuerzo.

—Quiero estar dentro de ti —dijo él, con la voz rota.

—Hazlo —dijo.

Jungkook se alineó y entró lentamente, sintiendo cómo el calor del coño lo envolvía. 

Jimin gimió y apretó el heno con sus manos.

—Estas tan apretado —dijo él, moviéndose lentamente.

—No pares —gimió Jimin.

Jungkook comenzó a moverse con un ritmo lento y profundo. Cada embestida lo llenaba por completo. Jimin sentía el heno bajo su cuerpo, el olor a tierra y a Jungkook, el placer que crecía en su vientre.

—Más rápido —pidió en un jadeo.

Jungkook obedeció. Sus caderas golpeaban contra las nalgas de Jimin con un ritmo frenético. 

El heno crujía bajo ellos, el granero se llenaba de los sonidos de sus cuerpos chocando.

—Grita —dijo él. —Quiero oírte.

—No puedo —dijo casi llorando. —Nos van a oír.

Jungkook puso una mano sobre su boca y la apretó suavemente.

—Ahora sí —dijo. —Grita en mi mano.

Jimin gimió contra su palma. Jungkook seguía moviéndose, cada vez más rápido, más profundo.

—¿Te gusta? —preguntó él, jadeando. —¿Te gusta que te folle tu primo?

—Sí —dijo, con la voz ahogada. —Me encanta.

—Eres una puta —dijo él, pero su voz sonaba llena de admiración. —Mi puta.

—Tu puta —repitió.

Jungkook sintió que se acercaba. Su mano encontró el clítoris de Jimin y lo estimuló mientras seguía moviéndose.

Jimin sintió cómo el orgasmo lo recorría. Gritó contra la mano de Jungkook. Él lo siguió gimiendo contra su nuca mientras se vaciaba dentro de su coño.

Se quedaron quietos, jadeando. 

El granero volvió a estar en silencio, solo se escuchaban sus respiraciones entrecortadas.

Jungkook se separó lentamente. Jimin se giró y lo abrazó. El heno se pegaba a sus pieles sudadas.

—Eso fue... —empezó a decir Jimin.

—No lo digas —lo interrumpió. —No lo digas en voz alta. Que sea nuestro secreto.

Jimin asintió.

—Nuestro secreto —repitió.

Se vistieron en silencio. Jungkook lo ayudó a quitarse el heno del vestido. Jimin lo ayudó a arreglar su camisa. Cuando estuvieron listos, él le tomó la cara entre sus manos y lo besó suavemente.

—Nadie tiene que saberlo —dijo. —Nunca.

—Lo sé.

—Pero yo lo recordaré siempre —dijo él. —Y espero que tú también.

Jimin sonrió.

—Yo también.

Salieron del granero. 

El sol ya se había puesto. 

La reunión seguía su curso al otro lado de la casa. 

La abuela llamaba a todos para la cena.

Jungkook le dio un último cigarrillo. Fumaron en silencio, mirando las estrellas que comenzaban a aparecer.

—¿Nos vemos en la siguiente reunión? —preguntó Jimin.

—Quizás —dijo él. —O quizás no. Pero si nos vemos, recordaré esto.

—Yo también.

Apagaron los cigarrillos y volvieron a la casa. Entraron separados, cada uno por un lado diferente. Nadie notó nada. Nadie preguntó nada.

Jimin se sentó en la mesa, junto a su madre. 

Jungkook se sentó en la otra punta, junto a su padre. 

No se miraron. No se hablaron. 

Solo fueron dos primos en una reunión familiar.

Pero esa noche, Jimin no pudo dormir. Recordaba el olor del heno, la mano de Jungkook sobre su boca, la sensación de él dentro de su coño. Tocó su propia piel y sintió que todavía estaba caliente.

—Mierda —susurró en la oscuridad.

Sabía que estaba mal. Sabía que era su primo. Sabía que no debería volver a pasar. Pero también sabía que, si alguna vez volvía a verlo, lo haría de nuevo.

Y Jungkook, en la cama de su habitación, a tres puertas de distancia, tampoco podía dormir. Olió sus dedos. Todavía olían a Jimin.

—Mierda —susurró también.

Y sonrió en la oscuridad.

Al día siguiente, todos se fueron despidiendo. Tíos, tías, primos. 

Abrazos falsos, besos en la mejilla, promesas de "nos vemos pronto".

Jimin estaba en el coche de su madre, listo para irse. Miró por la ventana, buscando a Jungkook. Lo vio al fondo, junto a su padre. No lo miraba.

—¿Listo, hijo? —preguntó su madre.

—Sí —dijo Jimin.

El coche arrancó. 

Jimin miró por el espejo retrovisor. Y entonces lo vio. Jungkook lo miraba. Lo miraba fijamente, con los ojos oscuros, con la misma intensidad del día anterior.

Y sonrió.

Solo un momento. Una sonrisa rápida y secreta. Para él.

Jimin sonrió también.

Y luego el coche giró en la esquina, y Jungkook desapareció.

Pero la sonrisa se quedó. 

Y el secreto también.



Pasaron los meses. Jimin no volvió a ver a Jungkook. 

Su madre hablaba de él de vez en cuando: "el hijo de tu tía está trabajando en la ciudad", "está estudiando una carrera", "tiene novia".

Jimin asentía, sonreía, fingía que le importaba. Pero por dentro, cada vez que escuchaba su nombre, sentía aquel calor en el estómago. Recordaba el olor del heno. La mano sobre su boca. La sensación de él dentro de su coño.

Y se preguntaba si él también lo recordaba.

Una noche, tres meses después de la reunión, Jimin recibió un mensaje de un número desconocido.

"¿Te acuerdas del granero?"

Su corazón dio un vuelco. Sabía que era él. No respondió. No podía. Pero guardó el mensaje.

Y también guardó el secreto.



Un año después, hubo otra reunión. Esta vez en la casa de la tía de Jungkook. Jimin fue con sus padres. Sabía que él estaría allí.

Cuando llegó, lo vio. Jungkook estaba en la entrada, saludando a los invitados. Llevaba un traje negro, elegante. Su cabello estaba peinado hacia atrás. Ahora tenía una barba ligera.

Jimin sintió que las piernas le temblaban.

Jungkook lo vio. Sus ojos se encontraron. Él no sonrió. Solo lo miró. Y Jimin supo que él recordaba.

—Hola, Jimin —dijo, con voz suave.

—Hola, Jungkook —respondió.

No dijeron nada más. 

Pero esa noche, cuando todos se fueron a dormir, Jungkook encontró a Jimin en el jardín trasero.

—Ven —dijo. —El granero está al fondo.

Jimin lo siguió.

No preguntó qué iban a hacer.

Sabía que iban a repetirlo.

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