Prólogo
Dicen que algunas personas llegan a tu vida para quedarse. Otras, para enseñarte algo antes de marcharse. Luego están aquellas que aparecen cuando ya has dejado de esperar.
Cuando el corazón está cansado. Cuando las despedidas pesan más que las promesas.
Cuando has aprendido a conformarte con los “casi.”
Veintisiete años atrás, mientras una historia comenzaba a escribirse entre escenarios, canciones y destinos que parecían hechos el uno para el otro, otra historia avanzaba silenciosamente en una dirección distinta.
Sin grandes señales. Sin fuegos artificiales. Sin saber que estaba a punto de cambiarlo todo.
Ella acababa de cerrar una puerta que nunca había logrado convertirse en hogar.
Él llevaba demasiado tiempo acostumbrado a que todos vieran al artista antes que al hombre.
Sus mundos eran diferentes. Sus caminos jamás debieron cruzarse.
Aun así, lo hicieron.
Quizás porque el destino siempre encuentra la forma. Algunas personas están destinadas a encontrarse incluso cuando el momento parece incorrecto. El amor no siempre llega cuando estamos listos. A veces llega cuando más lo necesitamos.
No es una historia sobre el amor perfecto.
Una historia sobre dos personas que aprendieron a abrir espacio para alguien más en medio de sus propias heridas.
Silencios que dijeron más que mil palabras.
Miradas que permanecieron demasiado tiempo.
Sentimientos que crecieron cuando ninguno de los dos tenía intención de enamorarse.