EL NUEVO EMPLEADO
La lluvia caía suavemente sobre la enorme mansión Blackwood, una de las más antiguas y elegantes de la ciudad. Nadie sabía quiénes eran realmente los dueños; solo se rumoraba que pertenecían a una familia inmensamente rica que rara vez aparecía en público.
Amir, un joven de veintiún años, respiró hondo antes de tocar la puerta principal.
Era un chico tranquilo, amable y bastante tímido. Necesitaba el trabajo para ayudar a su familia, así que había aceptado sin hacer demasiadas preguntas.
La enorme puerta se abrió lentamente.
—Bienvenido. Debes ser Amir —dijo un mayordomo de cabello plateado.
—Sí, mucho gusto.
—El joven amo lo está esperando.
Amir lo siguió por interminables pasillos decorados con cuadros antiguos, candelabros y enormes ventanales.
—¿Quién será el joven amo...? —murmuró.
Al abrirse las puertas del salón principal, Amir quedó inmóvil.
Sentado en un elegante sofá estaba Layam.
Cabello negro como la noche, ojos rojos intensos, piel blanca como porcelana y un traje impecable.
Era absurdamente atractivo.
Layam levantó la vista.
Y en el instante en que sus ojos se cruzaron con los de Amir...
Su corazón dejó de latir por un segundo.
"¿Qué...?"
Jamás había sentido algo así.
El aroma del humano era dulce... demasiado dulce.
Tuvo que apretar con fuerza el brazo del sillón para contener sus colmillos.
Amir, completamente ajeno a todo, hizo una pequeña reverencia.
—Mucho gusto, señor.
Layam permaneció varios segundos sin responder.
—Joven amo...
El mayordomo tosió discretamente.
Layam reaccionó.
—S-sí... bienvenido.
Amir sonrió con timidez.
Y esa simple sonrisa terminó de destruir la calma del orgulloso vampiro.
"Es hermoso..."
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Mientras tanto...
En el segundo piso...
Una joven vampira observaba desde el balcón.
—¿Quién es ese humano?
Otro vampiro sonrió.
—El nuevo empleado.
Ella entrecerró los ojos.
—No me gusta.
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Más tarde...
Amir comenzó a limpiar la enorme biblioteca.
Sin darse cuenta, tomó un libro muy viejo.
Al abrirlo...
Cayeron varias fotografías antiguas.
Todas mostraban a Layam...
Pero...
En distintas épocas.
1908.
1909.
1910.
1911.
Y...
Se veía exactamente igual.
Amir frunció el ceño.
—Qué extraño...
En ese momento...
Una mano apareció detrás de él.
—Ese libro no debía abrirse.
Amir dio un pequeño salto.
—¡Ah!
Layam estaba demasiado cerca.
Tanto...
Que Amir podía sentir su respiración.
El vampiro tomó el libro con delicadeza.
—Son recuerdos familiares.
—Lo siento... no quise...
—No pasa nada.
Por primera vez...
Layam sonrió.
Y Amir sintió que era la sonrisa más bonita que había visto.
Sin saber que...
Aquella sonrisa pertenecía a un vampiro con más de trescientos años de vida.








