Cuando Los Héroes Se Olvidan by Alis Andel at Inkitt
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Cuando los héroes se olvidan

Summary

Han pasado años desde la última vez que Marinette tuvo que usar su miraculous, y muchos más desde que supo algo de Adrien, pero el regreso de su antiguo amor y la aparición de un enemigo inesperado la forzarán a abandonar su vida actual para recordar lo que significa ser una heroína. (Spoilers 6ª temporada) *Esta historia es un fanfic de Miraculous Ladybug. Los personajes y localizaciones originales son propiedad de Thomas Astruc y su equipo creativo*.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Empezar de nuevo

Marinette

¿Adrien? Adrien. ¡Es Adrien! ¿Cuánto tiempo hacía que no lo veía? Me vuelvo nerviosa hacia el calendario cubierto de recortes de revistas de moda y de patrones en papel vegetal. Los aparto hasta que se muestran los números que lo coronan. Sé en qué año estamos, no tengo ni idea de por qué he tenido que mirarlo. Y también sé perfectamente que hace más de diez primaveras que no veía a Adrien Agreste. Ahora tampoco es que lo esté viendo, exactamente. Lo único que me muestra la foto de la portada del periódico es la mitad de su rostro entre un mogollón de desconocidos.

Ha cambiado. Sus facciones se han endurecido y sus ojos no se muestran tan gentiles como antaño, aunque siguen siendo de ese verde arrebatador por el que tantas veces me dejé arrastrar cuando nos besábamos.

¡Ahhh! ¿Por qué estoy sonrojándome? ¿Y por qué estoy recordando todos los besos que nos dimos cuando éramos adolescentes?

Marinette, ¡céntrate! Soy una mujer adulta a punto de empezar a trabajar en el puesto de sus sueños. No es momento para estar rememorando romances antiguos, sobre todo cuando debería estar terminando el artículo sobre el regreso de los sombreros de copa femeninos que me ha encargado mi jefa.

¡Arggg! ¡No puedo concentrarme! No hago más que volver a la foto donde sale Adrien. ¿Quién es esa mujer rubia que está agarrada de su brazo? Vale que es una fiesta de cumpleaños de un modelo famoso con el que solía trabajar y la gente suele beber de más en ese tipo de eventos, pero ¿no están demasiado pegados? Es guapa, alta, rubia y tiene el pelo largo, muy largo.

Me inclino un poco hacia atrás en la silla giratoria y fijo la mirada en el espejo de cuerpo entero que tengo junto al armario. El mío está corto, muy corto. Paso mis dedos a través la escasa melena que cuelga sobre mi cuello. ¿Fue un error este cambio radical de look? ¿Cuánto tardará en volver a crecer otra vez?

—Sabía que ibas a hacer una regresión a la hipernerviosa Marinette del instituto cuando vieras la foto —dice Alya desde la puerta.

—No... ¡Por supuesto que no! Ver a Adrien de nuevo no me está afectando para nada.

Mi amiga se ríe y deja caer su hombro sobre la jamba de la puerta a la vez que cruza los brazos sobre el pecho.

—¿De verdad que no estabas pensando en volver a dejarte el pelo largo?

¿Cómo lo hace? ¿Es adivina? Su olfato periodístico es mucho mejor que el mío. Siempre he pensado que fue un error que en el último momento se decantara por hacer medicina, pero que su madre cayera enferma de cáncer durante el último año de instituto cambió sus prioridades.

—No fue culpa tuya, Marinette —dice cuando deduce que lleva razón en todo lo que está pensando sobre mí—. La ruptura, que él se fuera a vivir a Londres con su tía Amelie y con Félix...

—Sí que lo fue —la interrumpo—. Si no le hubiera ocultado que su padre era Monarch, si le hubiera confesado que yo era Ladybug, todavía seguiríamos juntos.

—Fue su decisión, Marinette. Lila le contó la verdad sobre su padre para hacerte daño. Tú no le podías explicar cómo lo sabías sin desvelar tu identidad, y él prefirió no estar con una persona que le guardaba secretos. Lo cual es bastante lógico, dado que su padre fue uno de los mayores villanos de París sin que él lo supiera.

Lila Rossi. Su nombre me sigue dando escalofríos después de tanto tiempo. Adrien se marchó justo después de que Cat Noir y yo descubriéramos que era Crisálida y la derrotáramos junto al resto de portadores. Su última maldad antes de que la mandaran al reformatorio fue enviarle un vídeo a Adrien donde Alya y yo hablábamos sobre la verdadera identidad de su padre. No se hacía ninguna mención a que yo era Ladybug, ni que Alya era Rena Rouge, pero fue suficiente como para que nuestra relación se fuera completamente al traste.

—Salgamos a tomar un poco el aire —propone Alya, abrazándome desde atrás—. Te vendrá bien olvidarte de todo esto.

—Todavía tengo que terminar el artículo y me gustaría dormir al menos un par de horas. No quiero parecer un zombie el día de mi paso de becaria a trabajadora a tiempo completo.

—Como quieras. —Me libera y se encoge de hombros antes de encaminarse hacia la puerta—. Pero si necesitas hablar, estoy a dos trozos de madera de distancia.

Alya y yo compartimos piso desde hace un tiempo. La pastelería de mis padres comenzó a ir mal después de que acabara la universidad y decidieron venderla y abrir una nueva en Chantilly. Algo parecido le ocurrió al restaurante de la madre de Alya y, aunque su familia se mudó a España, ella decidió quedarse aquí con Nino.

Hablar de Adrien y de Lila me ha hecho recordar aquellos tiempos en los que, cuando me encontraba mal, le pedía a Tikki que me transformara en Ladybug y salía a patrullar la ciudad. Saltar entre los edificios siempre me calmaba, y patearle el culo a los malos también, no me voy a engañar. Pero era otra época.

Ya no quedan portadores de miraculous. Desde la caída de Lila, la vida personal de cada uno de ellos empezó a ser prioritaria frente a sus deberes de superhéroes. No había villanos akumatizados con superpoderes contra los que luchar, y para los accidentes y catástrofes puntuales, casi nunca era necesaria nuestra ayuda. Poco a poco me fueron entregando sus amuletos, y aunque todavía tengo contacto con la mayoría de mis amigos del instituto, ya nunca hablamos sobre ello. Yo fui la última en renunciar a mis pendientes de Ladybug, y de eso hace ya años. Como guardiana, los mantengo ocultos junto a la caja con el resto de los miraculous dentro de una tabla suelta debajo de mi cama.

Todos, menos el de Cat Noir.

Nunca se despidió. Poco después de derrotar a Crisálida, simplemente desapareció. Quiero creer que la vida adulta le pilló mucho antes que al resto, pero me hubiera gustado decirle adiós. Aunque era bastante fanfarrón, echo de menos nuestras charlas, sus burlas y contemplar en silencio la Torre Eiffel a altas horas de la noche. Lo echo de menos a él, como amigo y como compañero de aventuras. Aunque nunca se lo confesaría si nos volviéramos a encontrar, pienso mucho más en él que en Adrien.

La añoranza de aquellos días me está comprimiendo el corazón. Dejo salir todo el aire encerrado en mis pulmones y me arrastro bajo mi cama. El artículo sobre los sombreros de copa tendrá que esperar. Necesito hablar con Tikki un rato. A veces lo hago para recordar los viejos tiempos, aunque cada vez menos.

Desencajo el tablón y meto la mano en busca de la caja.

La caja, la caja, la caja... ¿dónde está la caja?

Deslizo la cabeza bajo la cama e intento encender la linterna del móvil. Da varias vueltas sobre mi mano y se me cae al menos tres veces antes de que lo consiga. Enfoco el hueco vacío entre los dos tablones fijos. ¿Vacío? ¡Oh, no, oh, no, oh, no, oh, no!

Palpo el pequeño recoveco a la izquierda donde guardo los pendientes de Ladybug. Están ahí, semiocultos entre el polvo y la madera carcomida por las termitas. Nunca me ha gustado guárdalos junto al resto de mi miraculous, y mi inexplicable paranoia me ha salvado el culo en esta ocasión.

Saco la cabeza de debajo de la cama con la expresión desencajada.

—Veo que ya te has enterado —dice Alya desde fuera de mi habitación.

Mi mente se relaja durante los breves segundos en los que pienso que la desaparición de la caja de los Miraculous es una broma de mal gusto de mi compañera de piso. Estoy a punto de regañarla cuando dice.

—Nino me acaba de escribir para contármelo. No te lo tomes a mal y míralo desde otro punto de vista. Que Adrien regrese a París te da la oportunidad de intentar arreglar las cosas con él y cerrar esa etapa de tu vida.

Parpadeo demasiadas veces antes de preguntar en la voz más aguda que me he escuchado nunca:

—¿Adrien vuelve a París?

Alya frunce el ceño y se pone la mano que sujeta su móvil en la cadera.

—Pensaba que ya te habías enterado y por eso tenías esa cara de susto.

—¡Tengo cara de susto porque la caja de los Miraculous ha desaparecido!

Mientras Alya piensa qué responder a mi desastrosa revelación, mi corazón no se decide si estar más preocupado por la vuelta del antiguo amor de mi vida, o por la casi segura aparición de un nuevo villano que amenace la seguridad de mi hogar.

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