Como nace.
si hay que acompañar, a vagas reflexiones que el profesor dice, en mitad de su clase, como si a alguno de nosotros nos interesara, estaríamos en los confines del universo.
Nace de mí. De las horas en las que el silencio se vuelve más fuerte que cualquier ruido exterior y las palabras empiezan a empujar desde adentro. No busco temas ni fórmulas; escribo lo que late, lo que duele un poco y lo que, a veces, también consuela. Cada texto y cada poema es un intento de poner en orden lo que siento, sin pretender que quede perfecto, solo verdadero.
Publicar no fue nunca un plan pensado con frío. Fue más bien el resultado de haber confiado en el buen ojo de personas grandes que he conocido a lo largo del camino. Ellas vieron algo donde yo solo veía borradores y dudas. Su mirada me dio el empujón que necesitaba para sacar lo escrito del cajón y dejarlo respirar fuera.
Gracias a esas voces que me leyeron con atención y generosidad, mis textos y poemas encontraron un lugar. No se trata de fama ni de números; se trata de haber sentido que alguien, desde su propia experiencia, reconocía valor en lo que yo había escrito a solas. Esa confirmación silenciosa es lo que me animó a seguir compartiendo.
Hoy sigo escribiendo desde el mismo lugar: desde mí. Y sigo creyendo que las mejores puertas se abren cuando alguien con mirada aguda y corazón abierto decide prestar atención. A esas personas, las que he tenido la suerte de conocer, les debo el haber convertido lo íntimo en algo que ahora puede tocar a otros.






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