Capítulo único.
Rukia cerró la puerta de la habitación de Ichigo con cuidado, dejando a las dos personas dentro para que pudieran hablar en paz. Había sido difícil, lo sabía; había intentado llegar a él, pero su duro cráneo terco hacía que sus palabras solo rebotaran y se encerrara aún más en su autodesprecio.
Sintió su celular en su bolsillo vibrar, una llamada. Lo sacó con cuidado y lo abrió. En la pantalla salía el nombre de Renji, por lo que no duda en contestar.
—Renji.
—Rukia, ¿dónde estás?
Ella suspiró.
—En casa de Ichigo.
Hubo un pequeño silencio al otro lado de la línea.
—¿Cómo sigue...? No ha venido a la escuela desde que despertó. —El tono de Renji era preocupado, e imaginaba que el del resto era igual.
—Mal... No me ha dicho mucho; por mucho que lo intente, simplemente se culpa de todo. —Su tono era cansado; había ido todos los días desde aquel incidente, pero no había manera. Ichigo estaba tan sumido en su culpa que la hacía sentir triste.
—Inoue tampoco vino...—Dudo. —¿Ella...?
—Sí. Está aquí.
Desde que ella había sido tomada como rehén en una pelea entre escuelas, Ichigo había estado increíblemente callado; un solo comentario ofensivo había hecho que este se desquitara con medio mundo. Estaba enojado, y si no fuera porque lo conocían bien, no lo habrían encontrado cuando estaba dispuesto a ir solo a por Orihime.
Ella y Renji lo habían golpeado por dejarlos a todos atrás; ellos también querían ir por su amiga, pero Ichigo se había negado, ya que a quien ellos querían era a él, así que él debía terminar con esto.
Por lo que le bastó con otra patada por parte de ella.
De alguna manera, habían logrado convencerlo entre todos; no fue tan fácil, pero no cuestionaron. Cuando llegaron a la otra escuela, muchos estudiantes salieron corriendo para evitar verse envueltos en problemas de pandillas, pero Orihime no se encontraba en ese instituto, sino en otro lugar bastante apartado. Ichigo había logrado llegar a ella gracias a una chica llamada Nelliel, que al parecer estaba en contra de lo que estaban haciendo los chicos. Ella lo llevó a otro lugar bastante apartado, y ahí se había topado con Grimmjow, y de ahí solo habían sido peleas y más peleas.
Orihime había sido herida, sí, tenía varios raspones en su cara, pero nada que dejara alguna herida en su piel a futuro, además de que usaba el uniforme de la otra escuela, que estaba destrozado: la chaqueta y la camisa. Según ella, unas chicas habían ido a por ella; la razón, no la dijo, pero fue Grimmjow quien se encargó de ellas para luego llevársela y así provocar más a Ichigo.
Después habían aparecido otros, un tal Nnoitora y Tesla; después se habían llevado nuevamente a Orihime, y finalmente se enfrentó a un chico llamado Ulquiorra, quien había querido probar la fuerza de Ichigo. Después de esa pelea, Ichigo y ese chico cayeron inconscientes debido a sus heridas, Uryuu también, y cuando llegaron, encontraron a una desesperada Orihime intentando despertarlos.
Nunca la había visto tan desesperada. Mientras salían de ahí, Orihime se había aferrado a la chaqueta escolar de Ichigo, que al parecer él le había entregado al ver el desastre del uniforme que llevaba ella. Después de todo, la camisa dejaba al descubierto sus hombros y cuello, al menos en el lado izquierdo.
Ichigo fue atendido por su propio padre, que, a medida que pedía explicaciones, curaba las graves heridas de su hijo, que estuvo inconsciente por unos cuatro días. El resto también fue curado por Isshin.
Orihime había ido todos los días a ver cómo seguía, quedándose toda la tarde después de la escuela, aunque siempre iba acompañada por alguien; usualmente eran los chicos y el grupo de las chicas, para evitar problemas.
El problema actual había surgido desde que Ichigo había despertado hace una semana; él se había despertado desorientado y confundido al inicio, y el alivio de todos se transformó en preocupación cuando Ichigo puso sus ojos en Orihime, que en ese momento aún llevaba vendaje y unas curitas en su rostro.
Todos vieron cómo el rostro de Ichigo pasó de estar confundido a estar horrorizado. Para ese entonces, la cara de Orihime había mejorado un poco; su cara ya se había deshinchado por los golpes y las lágrimas, estaba mejor que cuando la encontraron, pero aun así, no dejaba de ser impactante mirarla, por lo que después de despertar, Ichigo se había sumido en su propio autodesprecio, y cuando habían pedido verlo, Isshin les había dicho que él no quería ver a nadie.
Rukia, sin importarle la situación, entró de todas formas; Ichigo no se sorprendió al verla y le dijo que se fuera, pero ella insistió, y en ese momento él derramó todo.
Según él, nada debía haber terminado así. Se supone que tuvo que protegerla; esa había sido su promesa, pero dejó que esas chicas la golpearan frente a él, dejó que la secuestraran solo para hacerlo salir al frente; dejó que esos idiotas la tocaran, que la amenazaran... Y para su gran sorpresa, él había revelado que no habían tomado a Orihime por ser solo su amiga, sino que la habían tomado porque era su novia.
Según Ichigo, se había enterado de eso por esa tal Nelliel; lo había escuchado de ellos una vez y, al parecer, según este hecho, habían actuado y secuestrado a Orihime solo para que él saliera.
Había estado tan en shock que no había puesto atención a que Ichigo la había sacado forzosamente de su habitación, esta vez cerrando la puerta con seguro.
Después había ido a hablar con Orihime, y cuando le preguntó, ella se sorprendió un poco, pero después le había sonreído en forma de disculpa. Durante el almuerzo, con todos presentes, había explicado la situación y por qué habían decidido hacerlo de esa forma, que, para sorpresa, había sido pedido de los dos, pero más de Ichigo, que se negaba a ponerla en peligro y no quería que se filtrara por ningún lado, así que también lo mantuvieron en secreto de todos.
Para más sorpresa de todos, habían estado así por casi cuatro meses; ellos intentaban actuar como siempre, incluso con las burlas frecuentes de ambos lados, y para dos malos mentirosos, fue una gran sorpresa.
Durante mucho tiempo, cada vez que Ichigo terminaba en la enfermería, siempre lo habían molestado por sus sentimientos por Orihime, y viceversa. Todos los veían, como se echaban miraditas, cuando se sonrojaban o cuando se ponían nerviosos cuando estaban juntos, y pensar que seguían en ese plan a pesar de estar saliendo a escondidas.
A cambio, otras pequeñas acciones tomaron sentido; Ichigo le había planteado en muchas ocasiones a Orihime acompañarla hasta su departamento, fracasando muchas veces debido a los propios nervios de Orihime, ganándose las burlas de los chicos, y cuando consiguió que Orihime dijera que sí, se rieron de él de todas formas, ya que el pobre se veía demasiado nervioso, que era imposible no burlarse de él.
Imagina al terrible Ichigo Kurosaki, que se metía frecuentemente en problemas, verse tan intimidado y nervioso por una gentil chica que los curaba a todos después de meterse en peleas con otros grupos; era demasiado chistoso.
Además, que desde hace un tiempo había notado que Ichigo estaba frecuentemente en su teléfono, al menos cuando se venía a colar a la residencia Kurosaki. Siempre lo veías con el maldito aparato, el cual Ichigo ignoraba la gran parte del tiempo.
Cuando preguntó, él solo había respondido que no era de su incumbencia, y cuando lo tomó para revisar, no encontró nada, solo chats preguntando por tareas.
Ahora sabía que esos dos se habían estado mensajeando hasta tarde, e Ichigo borraba los chats. No sabía decir en qué momento ese idiota se volvió tan listo como para ocultarlo.
Pero incluso con todo esto, la revelación solo daba más peso a lo que había sucedido, dejando a todos con un mal sabor de boca.
Le habían ofrecido acompañarla a hablar con Ichigo, a lo que ella agradeció, pero declinó la amable oferta, aunque lo haría cuando se quite el vendaje. Ella misma admitió que quería ir de inmediato, ya que no podía soportar la idea de Ichigo sufriendo solo, pero lo más seguro es que si él veía nuevamente sus vendajes, solo haría que Ichigo se sintiera peor, y tenía razón.
Orihime y ella habían pasado a dejar amablemente las notas de clases, y al ver por la ventana, Ichigo estaba asomado, y cuando sus miradas se encontraron, solo había culpa y cerró las cortinas. Le habían dado tantas ganas de subir y patearlo cuando Orihime se despidió de Isshin con solo un hilo de voz y conteniendo las lágrimas, pero había decidido quedarse con su amiga.
Hasta hoy, Orihime se había quitado el vendaje; su rostro ya no estaba inflamado y sus heridas habían sanado en gran parte, además de que ella misma ya tenía suficiente.
Suspiro.
—¿Te vas a quedar allí?
—Sí, quiero estar aquí por si las cosas resultan mal.
—Entiendo. Llama cualquier cosa que suceda; aquí los chicos y las chicas están preocupados.
—¡Cállate, Gin! —se escuchó de fondo.
—¡Oigan, no hablen tan fuerte que no escucho al otro lado de la línea! —gritó Renji a Rangiku, quien le había gritado algo a Gin.
—¿Qué están diciendo?
—No quiero saberlo, y tú tampoco. —Corto, Renji. —Ya sabes qué tipo de comentarios hace Gin.
—Bueno, sí...
—De todas formas, avisa cualquier cosa.
—Lo haré.
—Por el momento, puedes quedarte con Yuzu y Karin; esas niñas te adoran, incluso con esa cara de mala que tanto intentas poner en tu cara. —Bromeó Renji.
—Son unas buenas niñas, me quieren, sí, pero a la que aman es a Orihime. —Se rió.
—Sin duda.
Esas niñas... se habían emocionado al saber que Orihime era novia de Ichigo, pero el estado actual de su hermano había impedido festejar como ellas querían, o más bien, como Yuzu deseaba.
Incluso, el mismo Isshin no se atrevía mucho a bromear, como era de costumbre. Él mismo le dio ánimos a Orihime cuando subió las escaleras y esperó que Rukia le abriera la puerta con la llave de repuesto, ya que tuvieron que forzar la puerta para poder hacerla entrar, y la volvió a cerrar una vez que Orihime entró.
Juraba que después de esto, golpearía a Ichigo tan fuerte que vería las estrellas por las próximas tres semanas.
Habló un poco más con Renji y colgó.
—Rukia-chan... —. Una débil voz vino de la escalera.
La Kuchiki volteó en dirección a la escalera; ahí estaban las dos hermanitas de Ichigo, mirándola con incertidumbre.
Rukia sonrió. —Está bien. Orihime arreglará todo. —Todo lo que tenían que hacer era esperar. —Vamos, dejémoslos solos. ¿Qué tal si vamos abajo?
Ambas chicas asintieron.
Ella tomó su espada de madera que descansaba junto a la puerta y descendió al piso inferior con la intención de dejar a la pareja sola. Además, justo hoy, tenía que llover.
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El único sonido dentro de la habitación era el constante golpeteo de las gotas de lluvia contra la ventana; las luces estaban apagadas, pero la habitación no estaba en absoluta oscuridad. La poca luz natural de la ventana era suficiente para iluminar de forma decente la habitación.
Orihime miró a Ichigo, que estaba sentado en su cama. Tenía vendajes por varias partes de su cuerpo y rostro, en donde sabía que debajo se escondían heridas bastante feas, pero al menos, gran parte de los moretones descritos por Isshin ya estaban desapareciendo. Al menos, ya no los veía con tanta claridad como hace una semana.
Además del vendaje, Ichigo solo vestía un short color negro, pero de ahí, nada más. Eso la hacía preocuparse aún más, ya que el clima era frío, la lluvia caía con fuerza afuera, por lo que no era apto para él estar de esa forma.
—Deberías abrigarte un poco, Kurosaki-kun... Hace mucho frío; pescarás un resfriado si no te pones algo más... —Ichigo no levantó la mirada.
—¿Qué haces aquí, Inoue...?
Directo al grano.
—Vine aquí para verte, claramente. —dijo la chica, acercándose al muchacho.
—¿Por qué? No deberías estar aquí, deberías estar en un lugar seguro y descansando.
Orihime se encogió de hombros.
—No hay lugar más seguro que la habitación de Kurosaki-kun. —Respondió ella, ahora sentándose en la cama.
—... No es cierto. Yo... —Dudó. —No pude protegerte, así que este no es un lugar seguro.
Un pequeño silencio cayó entre ambos adolescentes.
Lentamente, Orihime se subió por completo a la cama y se sentó frente a Ichigo, para así poder mirarlo de frente. Él se había negado a levantar la mirada y mantenía sus manos fuertemente cerradas en su regazo.
—Eso no es verdad. Me protegiste.
—¡Claro que no! —gritó Ichigo, sorprendiendo a Orihime. —Yo... Lo siento... Solo... No pude protegerte.
—Kurosaki-kun...
—No pude protegerte... No de esas tipas, no de Grimmjow, no de Ulquiorra, ni de Nnoitora y Tesla... —. Las palabras de Ichigo salían de su garganta con un tono amargo, como si no soportara el hecho de hablar de eso. —Deje que te pusieran las manos encima, que te golpearan frente a mí, que te retuvieran y usaran como cebo para que no pudiera pelear... ¿Cómo se supone que te protegí cuando pasó todo eso?
—Con respecto a esas chicas... Ulquiorra te estaba deteniendo, contra Grimmjow; al principio estabas aún medio consciente. Contra Nnoitora, él te estaba deteniendo mientras Tesla me tenía. —Recordó Orihime. —No puedo imaginar cómo no estabas tratando de protegerme en esos momentos.
—Te habría protegido si hubieras salido ilesa —soltó Ichigo.
Orihime calló unos segundos.
—Una vez te involucras, es difícil salir ileso... —. Susurró ella, mientras estiraba sus manos y las colocaba lentamente en las mejillas del Kurosaki. —Sabía en lo que me metía cuando fui con ellos.
—... Puede que tú hayas estado mentalizada para eso... Pero yo no lo estaba... Estaba tan asustado... Tenía mucho miedo de realmente perderte. —Su cuerpo tembló. —Sé que eres fuerte, muy fuerte. Ya sea físicamente como mentalmente, nos curas siempre al final de cada pelea en la que nos metemos; no importa si somos los chicos o las chicas, siempre ha sido así... Desde el principio.
No esperaba que Ichigo mencionara algo de tan atrás.
Se habían conocido mucho antes de entrar en el instituto, todo gracias a Tatsuki. Quien un día la había llamado para que la ayudara a ella y a un amigo, después de que ambos se metieran en una pelea con unos tipos de otra escuela. Ella había ido casi volando a su encuentro. Cuando los había encontrado, Tatsuki e Ichigo habían estado en el suelo sentados, rodeados de cinco cuerpos más, completamente inmóviles.
Ella se había acercado a ellos y empezó a curarlos; ahí había conocido a Ichigo, quien la había mirado con mucha curiosidad mientras curaba sus heridas. Incluso cuando uno de los tipos volvió en sí e intentó atacarla, ella había cerrado su botiquín y golpeó al sujeto por reflejo, dejándolo fuera de combate.
Ichigo había quedado paralizado de la sorpresa, ya que ni él ni Tatsuki habían logrado reaccionar. Pero esta última solo la felicito con una gran sonrisa, muy contenta de que sus enseñanzas dieran frutos, para luego reírse de la cara de incrédulo que tenía Ichigo.
Desde entonces, se lo fue topando con frecuencia. Siempre estaba herido, por lo que ella se había acostumbrado a llevar un botiquín siempre que salía, por si las dudas.
Así se habían empezado a conocer, sin que Tatsuki estuviera con ellos.
—No puedo perder a más personas... No podría soportarlo.
Oh.
Había tocado una fibra sensible.
Sabía a qué se refería; Tatsuki se lo había contado.
—Saber que habías ido con ellos... Fue desesperante... Justo cuando yo... —Calló un momento. —Cuando yo te había jurado protegerte... —Susurró con evidente dolor.
Habían pasado 5 meses desde entonces.
Orihime agarró con un poco más de fuerza el rostro y lo obligó a levantar la mirada; lo que vio le rompió el corazón. Ichigo tenía lágrimas en sus ojos, estaban hinchados y se veía increíblemente cansado. También, la piel bronceada de Ichigo estaba helada, y podía ver el leve temblor que había en sus brazos.
¿A qué niveles se estaba castigando?
Al verlo, no pudo evitar que sus propias lágrimas surgieran. Vio cómo los propios ojos de Ichigo se abrieron de sorpresa; a él nunca le gustó verla llorar.
—Lo siento muchísimo, Ichigo-kun... —Susurró ella. —Yo también quería protegerte, ellos querían hacerte daño, y si me negaba, irían, no solo por ti, sino por todos, no quería eso, no quería hacerte sufrir, no de esta manera, yo... soy la única culpable de todo esto... incluso ahora, soy la culpable de que ahora estés sufriendo tanto, de que estés aquí haciéndote daño solo.
Ichigo la miró sorprendido.
Cuando acordaron salir en secreto, ambos aún solían llamarse con frecuencia con formalidades, pero las veces que se llamaban directamente por sus nombres de pila fueron momentos íntimos, cuando ambos estaban en el departamento de ella o escondidos en algún lado de la escuela para que nadie los viera, usualmente la enfermería o detrás del instituto, pero nada más allá.
Se había sentido miserable y vacío. No soportaba la idea de que Orihime hubiera salido lastimada por esos tipos; se había alejado para que estuviera a salvo, lo hacía para protegerla...
—Lo siento, se supone que vine aquí para animarte y arreglar las cosas, y aquí estoy llorando. —Se disculpó la chica, alejando las manos del rostro de Ichigo para poder limpiar sus propias lágrimas.
Empezó a entrar en pánico cuando vio que ella se empezaba a alejar de él. Había sido doloroso no estar cerca de ella, de no ver su brillante sonrisa a la que se había dado cuenta muy tarde que estaba terriblemente acostumbrado, entrar en el salón de clases y no verla por ningún lado, que cuando llegaron Toshiro y Rangiku al salón, cuando le dijeron que Orihime no estaba, fue lo que hizo que sus miedos salieran a flote.
Ahora que la tenía enfrente. Que estaba a salvo, no era capaz de alejar sus propias preocupaciones, que no pensó en las de ella. Ella estaba igual o mucho peor que él; a ella la habían amenazado, a ella la habían obligado a ir, todo para protegerlo a él.
Si ella se iba ahora, tenía miedo de volverse a ahogar en esos sentimientos negativos, esos sentimientos que se estaban potenciando gracias a la lluvia que había afuera. Necesitaba la calidez del sol en este momento, necesitaba esa sonrisa, y así detener el tormento que había en su interior.
Sin pensarlo dos veces, se inclinó rápidamente hacia ella y la abrazó con fuerza.
—No te vayas... —Pidió. —Solo un poco más... Quédate hasta que pare de llover...
—Ichigo-kun...
—Por favor, Orihime...
Ella no se negó; por la forma en que le devolvió débilmente su abrazo.
Su cuerpo estaba cálido, a comparación del suyo. Había sentido frío antes de su llegada, pero sus ánimos estaban tan por el suelo, que no había tenido la suficiente fuerza como para abrigarse; ahora que la tocaba, se daba cuenta de cuánto frío sentía. Se aferró a ella y enterró su rostro en su hombro. Necesitaba la calidez de su cuerpo, pero un fuerte deseo surgió dentro de él.
Necesitaba más contacto.
Levantó su cabeza, pero no movió sus brazos. Los ojos de ambos se cruzaron, y él acortó el espacio entre ellos. Al principio fue suave, un simple roce entre ambos labios, pero eso no era suficiente, no para él, así que fue por más.
Sintió como las manos de Orihime se aferraban a él con fuerza.
Presionó sus labios contra los de ella, buscando más.
—I-Ichigo-ku... —.
Aprovechando el momento, profundizo el beso. Su mano izquierda, que había estado en su hombro bajo, se metió por debajo de la blusa de su uniforme, tocando directamente la piel de su espalda, logrando sacar un gemido de la chica.
Su piel era aún más cálida debajo de su uniforme, haciendo que su frío cuerpo quisiera más de esa calidez.
Se separó de ella cuando ambos necesitaron aire con urgencia. Ambos respiraban con dificultad.
—I-Ichigo... kun... —. Exhaló ella.
El chico de cabello naranja la miró a los ojos unos momentos antes de volver a abrazarla y tumbarlos a ambos en la cama. Logrando sacarle un pequeño chillido de sorpresa a Orihime. Enterró su rostro en el pronunciado pecho de su novia y ahí se quedó; el contacto con ella tranquilizaba sus miedos y su ansiedad, le recordaba que ahora ella estaba bien, que estaba con él.
Eso era lo que le debía importar en este momento, no lamentarse por lo que había sucedido o por lo que podría haber pasado. Haciendo eso, solo preocupaba a sus amigos y a la persona más importante para él en este momento; verla llorar hizo que todo en su cerebro se replanteara lo que había estado haciendo.
—Lo siento... no quise hacerte llorar... —
—Yo tampoco... lo siento, Ichigo-kun... No quise causarte todo este dolor.
Ambos cayeron en un silencio.
Ichigo tembló cuando la mano cálida de Orihime tocó su fría espalda; tenía frío. Ella pareció notarlo y, como pudo, lo cubrió con su edredón y lo abrazó con fuerza.
—Estás congelado... Ichigo-kun.
Ichigo no respondió, simplemente se pegó más a ella.
—Ichigo-kun... —Repitió.
Ichigo finalmente soltó una risa.
—Lo siento. —Se disculpó. —Entonces... quedémonos así.
—... Está bien. Descansa, Ichigo-kun. Lo necesitas.
Oh. Definitivamente, no había dormido bien desde que despertó. Su cabeza había estado reproduciendo constantemente lo que había sucedido, y al momento de cerrar los ojos, era exactamente lo mismo. Se repetían las imágenes de sus peleas y la mirada de horror de Orihime en cada una de ellas...
Pero ahora, después de todo eso, finalmente se sentía tranquilo. Ahora, en los brazos cálidos de ella, se sentía en paz. Finalmente, sentía que podría dormir tranquilo con ella cerca, en su calidez junto a su dulce olor; finalmente podría dormir un poco.
Al parecer, Orihime sintió que él empezaba a dormirse, ya que lo acunó más en sus brazos y empezó a tararear una melodía, mientras pasaba su pequeña mano por su alborotado cabello, relajándolo completamente.
—Buenas noches, Ichigo-kun —susurró. —Estaré aquí cuando despiertes.
Con eso en mente, él finalmente se durmió.
En paz.
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¿Eso es todo? ¡Pues sí! ¡¡¡¡Muchas gracias por leer!!!!
También un agradecimiento a mis amigos: ¡¡Sebas, Shiro y Jeizetpor ser mis betas en esta ocasión!!
Esta historia cuenta con dos ilustraciones hechas por su servidora; ¡¡¡las puedes encontrar en mi perfil de Twitter/X y en Tumblr!!! Me puedes encontrar como @Ayu_San12 y ayu-san12, respectivamente.








