Capítulo 1 - Descubriendo un nuevo juego
Rosario siempre había sido más experimentada que Manuel. Él lo sabía, y le gustaba. Ella tenía casi once años más que Diego, el era su cliente con el que solo hablaba por teléfono y videollamadas. Diego era un tipo joven, de voz gruesa y mirada pesada, ella, una mujer casada, hermosa de ojos claros y penetrantes, a la vista se veía dulce, pero por dentro era un fuego inagotable. No habían tenido la oportunidad de verse personalmente hasta que un día ella viajó a una visita en la ciudad donde él estaba.
Rosario llegó a la reunión de negocios vestida sencilla: un top negro ceñido con un escote que hacía que sus senos medianos y firmes se marcaran y un pantalón que resaltaba el culo. El aire acondicionado del lugar y la fría ciudad hacia notar que no llevaba nada más debajo de su top. Sus pezones se veía tan duros que pareciera que iban a romper su ropa. Diego no le quitó los ojos de encima desde el momento en que entró. La miraba de arriba abajo, despacio, sin disimulo. No dijo nada sucio en la reunión. Solo un par de insinuaciones suaves, una sonrisa ladeada, y esa forma de clavarle la vista en el escote imaginando cómo sería si se las estuviera chupando.
En ese momento sólo fue una conversación de trabajo. Rosario sabía manejar ese tipo de tensión. No quería dar una mala impresión, sólo sonrió, respondió con profesionalismo cada pregunta cerró el negocio y se marchó .
Estando Rosario en el aeropuerto esperando su vuelo de regreso, recibió un mensaje inesperado de Diego.
Diego: cómo va tu regresó? Hoy que te vi me quedé encantado viendo tu escote. Me imaginé bajando despacio tu top y chuparte cada uno de tus pezones que estaban tan duros que querían llegar directo a mi boca … me moría de ganas por morderlo, lamerlos hasta saciarte.
Rosario sonrió frente a la pantalla del celular con los ojos abiertos, no hizo nada para provocar en esta oportunidad, pero. Sabía exactamente cómo jugar. Tenía años de ventaja en este terreno, le gustó que fuera directo, pero le daba un poco de nervios entrarle por que era un niño y además su cliente.
Rosario: de verdad? Te diste cuenta que estaba sin sostén. Que hice para provocar todo estos sentimientos....
Diego: No hiciste nada, me encantan las mujeres cómo tu, tu forma sexi de hablar me imagine que eras una mujer caliente.. Quiero saber si no tienes sostén.. Que tienes debajo?
Rosario cómo estaba aburrida decidió jugar con él.
Roario: vamos a Jugar pero con una condición. Puedes preguntar todo lo que quieras y decir todo lo que quieras hasta que me llamen a abordar. Entonces dando inicio, abajo tengo unas tangas rojas de encaje solo cubre una parte muy pequeña de mi coño. Me gusta pequeñas y que sean de tiras.
Diego: que delicia. Mándame foto de cómo se te ve esa tanguita ahora mismo. Quiero imaginarme corriendo el hilo y metiéndote los dedos ahí mismo, en el aeropuerto.
Rosario sintió un calor subirle entre las piernas. Estaba en shock… no por lo que él decía, sino por lo mucho que le estaba gustando. Sacó el celular y le escribió a Manuel su esposo:
Rosario: Amor… mi cliente Diego me escribió de la forma que te gusta que me escriban. Me ha dicho que se imaginaba subirme el top y chuparme las tetas. Le conté que no traigo sostén y que abajo tengo una tanguita roja brasileña bien puta. ¿Qué hago?
En ese instante, Manuel estaba en la casa. Tenía una relación estable con mucha confianza y ella lo conocía y sabía lo que le gustaba y lo prendía.
Manuel Leyó el mensaje y el corazón se le disparó. La verga se le paró de un golpe, la tenía gruesa y dura, empujando contra el bóxer. Sintió una mezcla brutal de celos y excitación que ya empezaba a conocer. Se tocó por encima de la ropa, apretando el bulto mientras contestaba con los dedos temblando un poco:
Manuel: Contale más. Decle cómo se te pone el coño cuando te hablan así. Mandale foto de la tanguita si querés… y contame todo. Cada palabra.
Rosario se rio bajito en la sala de espera del aeropuerto. Se metió al baño, se bajó un poco el pantalón y se sacó una foto del culo con la tanguita roja bien metida entre las nalgas, el hilo desapareciendo entre la carne. Se la mandó a Diego… y enseguida se la reenvió a Manuel.
Diego contestó casi al instante:
Diego: Qué culo más rico. Me sacó la verga ahora mismo pensando en correrme entre esas nalgas.
Manuel, al otro lado de la ciudad, ya tenía la verga afuera. Se la acariciaba lento, mirando la foto de la tanguita roja de su esposa y leyendo cada mensaje que ella le reenviaba. La respiración agitada, el corazón golpeándole el pecho. Esa fue la primera vez que sintió de verdad lo que era ser el cornudo de Rosario… y le encantó.
Rosario, en el aeropuerto, se tocó un poco por encima de la ropa, empapada, sonriendo.
Esa conversación no fue la última. Fue apenas el principio.








