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Bad Boy GokuxBulma

Summary

En su insaciable búsqueda de emoción, Bulma arrastra a Goku a un terreno prohibido donde la amistad se disuelve entre la pasión y el deseo. Un encuentro furtivo, una noche de desenfreno y una verdad desgarradora: hay juegos de los que es imposible salir ileso. GOKUXBULMA

Genre
Erotica
Author
AMAPOL
Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Tentación

Queda prohibida su reproducción o copia en cualquier plataforma sin autorización.

***

Ella se miraba sus piernas mientras terminaba de colocarse crema, estaba echada sobre aquel elegante sofá en su terraza, mientras lo hacia sus pensamientos se quedaban perdidos en la nada, desde ese día en que una vez más por cosas del destino todos se habían vuelto a reunir, no salía de sus pensamientos aquel comentario espero tengas un bebe sano...

"Goku no tiene remedio" pensó aquella joven mientras suspiraba con cierto aburrimiento, desde que supieron de los androides al parecer todos se habían perdido en el objetivo del entrenamiento, cegados en la competencia de quien demostraba ser el mejor, ella no podia dejar de pensar en que algunos planes se habían arruinado a causa de eso, como por ejemplo hacer una gran fiesta de cumpleaños, o reuniones con sus amigos para divertirse, incluso el mismo Yamcha estaba ensimismado en ser más fuerte y ni decir de Vegeta, paraba encerrado en su cámara de gravedad, aunque después de aquella discusión que como siempre tenían cada vez que se encontraban, había decidido concentrarse con mayor ahínco en el espacio, haciendo un viaje inesperado con la excusa de que ella era un estorbo en sus entrenamientos, no quería aceptarlo pero eso era lo que más le había afectado, estar lejos de Vegeta...

De pronto el sonido estruendose de su aparato móvil la saca de sus propios pensamientos...

——¿Aló?

——¡Bulma! Soy yo Yamcha——

Por alguna razón sus llamadas o visitas ya no le llamaban tanto la atención.

——Hola Yamcha, ¿sucede algo? ——

——No estes molesta, sabes que esta ausencia es porque tengo que esforzarme con el entrenamiento, aun así, me doy el tiempo para llamarte y saber cómo estas——

Como si toda la oración de sus palabras fuera un cuento demasiado aburrido aquella peliazul no pudo evitar bostezar... ——Yamcha, no te estoy reclamando nada——

——Suenas aburrida cuando te llamo——dijo el joven algo ofendido.

——Lo estoy, pero ya se me ocurrirá algo——

A aquel no le gusto escuchar el tono de su voz, así que manteniendo cierto orgullo simplemente sonrío. ——Bien, te dejo entonces, espero consigas entretenerte——

Aquellas palabras picaron a la peliazul, era como si él creyera que mostrar su estado de animo era insignificante en una situación así. ——Yamcha, yo sé que corremos peligro por los androides, aun así, considero que el darse el tiempo y tomar un descanso no es malo——

——¡Es que parece que lo tomas todo a la ligera! ——

——¡Es suficiente, hazme un favor y no vuelvas a llamarme! —— pronuncio la joven al sentirse asfixiada en ese absurdo romance que no los llevaría a nada...

——¿Estas terminando? ——menciono el joven incrédulo.

Aquella pregunta por alguna razón la hizo sentirse mejor, eso era, terminar con algo que la estaba aburriendo al no darle nada de libertad y tener que conservar la consciencia de tener un novio ausente. ——¡Si! Si lo estoy haciendo Yamcha——

Sin poder evitarlo esas palabras salieron con gusto y cierto entusiasmo al imaginarse ahora libre y sin remordimientos de consciencia.

——¡Bien! Si eso quieres así será, se acabó Bulma——

——¡Se acabo Yamcha! Pero sigamos siendo amigos——menciono con desparpajo la joven mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

——¡Adiós Bulma! —— se escuchó por el teléfono, después la comunicación se cortó, al parecer aquel no estaba tan interesado en su propuesta, aun así, poco le importo.

La sonrisa de la joven se mantuvo en su rostro por un buen periodo de tiempo ya que últimamente había pensado en hacer muchas cosas, aunque una de ellas estaba luchando por descartar de sus pensamientos, perdiéndose nuevamente en ellos empezó a balancearse en la hamaca, en su mente le venían imágenes de aquel príncipe saiyajin, su anatomía era exquisita, pero su carácter era tan hostil y malgeniado que era muy complicado imaginarse pasar un buen momento con él, así que simplemente suspiro al respecto...

*

—¡Vamos a necesitar eso! ¿Estas seguro? —pronuncio Goku algo sorprendido.

—Así es, a pesar de que esperemos los tres años, necesitamos saber su ubicación, así estamos prevenidos si las cosas se complican—menciono Piccoro.

Goku coloco la mano en su barbilla pensando sus palabras... —No sé si eso sería justo, se supone que Maki gero aun no hace nada—

—¡Ay! ¡pero lo va a hacer! es mejor conocer su guarida para controlar mejor la situación—refuto el namekiano con enojo.

—Es cierto papá, yo estoy de acuerdo con el señor Piccoro—menciono Gohan.

El saiyajin mayor suspiro con resignación. —Esta bien, aunque me desanima perder tiempo de entrenamiento haciendo eso, pero ¿cómo conseguiremos eso? —

Piccoro esperaba esa pregunta, él tenia la respuesta y sabiendo que el desanimo del saiyajin era por tomar de su tiempo en aquella investigación, tenia a la persona perfecta quien podia ayudarlos con el uso de su tecnología.

*

«Son atractivos... pero patéticamente débiles», pensó la joven, pasando con desdén las páginas de la revista. Las fotos de aquellos chicos famosos le resultaban insípidas. Era como intentar elegir una presa sin garras; la simple fragilidad de la naturaleza humana los volvía vulgares, aburridos.

Yo merezco a alguien apuesto, poderoso... con carácter

Un escalofrío involuntario recorrió su espalda cuando la imagen del fornido saiyajin irrumpió en su mente. Sin poder evitarlo, se mordió el labio inferior hasta sentir la presión de la sangre. Realmente se había vuelto un peligro: sus hombros más anchos, la postura dominante, esa masculinidad salvaje que rozaba lo intimidante. Estaba infinitamente mejor que la última vez...

¿Cómo sería estar con él?

Un chispazo de pánico la hizo reaccionar. La sola mención mental de Milk era una sentencia de muerte; enfurecer a esa mujer significaba terminar masacrada mucho antes de que los androides tuvieran la oportunidad de aparecer. Aun así, el peligro solo avivaba el morbo. Se dejó caer sobre la hamaca, cerrando los ojos y entregándose por completo al delirio de su imaginación...

En su mente, las manos de él no acariciaban: reclamaban. Sus besos eran voraces, desgarradores, devorando su aliento hasta dejarla sin aire. El agarre alrededor de su cintura era inflexible como el acero, convirtiéndola en una absoluta prisionera entre sus brazos. Sentía el impulso de gritar, de pedir auxilio, pero la voz se le anudaba en la garganta ante el peso de su presencia. Y cuando por fin la liberó, la tregua duró un segundo: lo vio enrollarse un cinturón grueso en los puños, la mirada oscura fijándose en ella con una frialdad cínica que contrastaba salvajemente con la inocencia que solía proyectar.

La sola spromea de ese castigo le erizó la piel. Su cuerpo, traidor e insaciable, se estremeció pidiendo más, absolutamente sumergido en el abismo de esa tortura, sobre todo al ver la mirada cínica de aquellos ojos negros aparentemente inocentes...

—¡Bulma! ¡Bulma, despierta!

La voz la arrancó del abismo con una sacudida brutal. Abrió los ojos sofocada, con la piel ardiendo y la respiración completamente desbocada por la intensidad de la fantasía que acababa de vivir. Aún aturdida, intentó enfocar la vista hacia el sonido, pero el shock de lo que vio la hizo perder la compostura por completo, haciéndola rodar fuera de la hamaca hasta estrellarse contra el suelo.

—¡Bulma! ¿Estás bien? —indagó Goku, totalmente desorientado por la reacción de la mujer.

Qué demonios..., maldijo en su mente. El mismísimo verdugo de su delirio estaba inclinado sobre ella, a milímetros de su rostro, presionando suavemente sus nudillos contra su frente.

—Estás hirviendo... ¿Acuaso tienes fiebre?

Guiada por un reflejo de puro pánico, le manoteó el brazo de un golpe tosco.

—¡¿Qué demonios haces aquí?! —reaccionó a la defensiva, sintiendo cómo el rubor le abrasaba las mejillas hasta el cuello. La sola idea de que la hubiera oído gemir o hablar en sueños la aterrorizaba— ¿Desde... desde hace cuánto estás parado ahí?

Goku inclinó la cabeza hacia atrás, arrugando el entrecejo para sacar la cuenta.

—Llevo unos minutos tratando de que despiertes. ¿Acaso estabas teniendo una mala pesadilla?

—¿Por qué dices eso? —exigió saber la peliazul, poniéndose de pie apresuradamente. Cuando Goku extendió la mano para sostenerla, ella rechazó la ayuda tajantemente.

—Bueno... te note algo extraña —comentó él con total inocencia— Y tienes las mejillas muy encendidas.

Bulma enarcó una ceja, conteniendo el aire en sus pulmones.

—¿Solo... solo eso?

El saiyajin la observó detenidamente, rascándose la nuca mientras trataba de hacer memoria.

—Ah, sí.

Un suspiro cargado de puro alivio escapó de su pecho. Una sonrisa rápida y ensayada acudió a su rescate para ocultar el torbellino interno.

—Bien... Me alegra oír eso, Goku.

La actitud impredecible de la científica dejó al saiyajin todavía más confundido. Sin darle tiempo a procesarlo, Bulma cruzó la terraza y se dejó caer en el sofá, intentando adoptar una postura elegante para ocultar el temblor en sus piernas.

—En fin... ¿qué es lo que te trae por aquí?

—A ver... ¿cómo te lo digo? —murmuró él, frunciendo el ceño mientras intentaba recordar las palabras exactas de Piccolo.

A Bulma le causó gracia su expresión. Verlo esforzarse tanto por hilar un par de frases le parecía extrañamente atractivo. Se acomodó en su asiento, cruzando lentamente las piernas mientras lo medía con la mirada.

—¿Vas a pedirme algo, Goku? —inquirió con una voz pausada, impregnada de una calidez insinuante.

—¡Así es! Necesitamos pedirte un favor enorme. Es sobre la llegada de los androides, solo que quiero acordarme bien de lo que me dijo Piccoro... —explicó él, llevándose una mano al mentón.

Bulma arqueó una ceja, conteniendo una sonrisa provocativa. Mientras el saiyajin se devanaba los sesos, la mente de ella ya estaba maquinando a toda velocidad. Sabía que era una locura, pero el recuerdo abrasador de su sueño y esa necesidad latente de peligro la consumían por completo. Al fin y al cabo, si iba a colaborar para salvar el futuro de la humanidad, ¿por qué no cobrarse un "pequeño incentivo" personal? Sería una justa compensación...

—¡Ya me acordé de todo! —exclamó Goku, listo para soltar el discurso del namekiano.

Pero ella no lo dejó terminar. Se inclinó ligeramente hacia él, dejando que su mirada se volviera felina y mordaz.

—Está bien... Te ayudaré. Pero dime, Goku... ¿qué voy a recibir yo a cambio? —preguntó con una sonrisa ladina y un tono de voz suave que rozaba la provocación.

Goku parpadeó varias veces, completamente desarmado por la pregunta.

—Puedo hacer lo que me pidas, Goku, aunque todavía no me hayas dicho de qué se trata... pero esta vez no pienso trabajar gratis —agregó ella, humedeciéndose sutilmente los labios mientras mantenía sus ojos fijos en los de él.

El saiyajin analizó la petición. Le pareció algo lógico; después de todo, sabía que lo que iban a exigirle a la científica no era sencillo.

—Está bien, Bulma, me parece justo. En ese caso, yo me encargo de lo que sea. Dime, ¿qué es lo que quieres a cambio?

La sonrisa de Bulma se volvió francamente maliciosa. Un brillo ardiente le iluminó la mirada al imaginarse exigiendo exactamente lo que tenía en mente.

—¿Pasa algo, Bulma? —preguntó él, desconcertado por la forma en que lo miraba.

Ella se quedó un segundo atrapada en la fantasía, imaginando sus manos sobre él y la reacción del guerrero ante semejante cobro. Sin poder contener el cosquilleo de nervios y deseo que le recorrió el vientre, soltó una risita boba y batió las pestañas.

—Goku... creo que va a ser mejor que vuelvas en otro momento —murmuró, tratando de disimular el rubor.

—¿Eh? ¿Por qué?

—Tengo que pensarlo muy bien... No quisiera pedirte algo liviano y arrepentirme después de no haber sido más... exigente —dijo, riéndose entre dientes de sus propios pensamientos perversos, dejando a Goku sumido en una confusión absoluta.

—Solo dime una cosa: para que hagas lo que te voy a pedir, ¿primero tengo que darte lo tuyo, o me lo pides después?

Bulma soltó una leve risotada al escuchar la inocencia de su redacción, pero no dudó en responder con total picardía:

—Primero haces tú tu parte... y después te enfocas exclusivamente en mí. No me gusta esperar más de la cuenta.

—Entendido. Entonces avísame en cuanto estés lista —dijo Goku, llevándose dos dedos a la frente para usar la teletransportación. Sin embargo, justo antes de desaparecer, una duda cruzó su mente y se detuvo—. Oye, Bulma... ¿será muy costoso lo que me vas a pedir? Digo, ¿costará mucho dinero?

Bulma parpadeó, completamente descolocada por la ingenuidad del saiyajin.

—No te preocupes, trataré de conseguirlo, nos vemos— diciendo eso desapareció.

Los días pasaron...

—Oye Goku, ¿hasta cuando vas a esperar a Bulma?— le dijo Piccoro en pleno combate, en que ambos casi en sus limites estaban por terminar aquel encuentro.

Goku trato de tranquilizar su respiración, acababa de recibir un golpe en la zona del abdomen que lo dejo casi sin aire...

—No lo sé, ella quedo en avisarme— menciono viendo al namekiano.

—Ya han pasado días, necesitamos esa información, sobre todo ahora que aún hay mucho tiempo para conseguirla, dime ¿Bulma que dijo al respecto? —

—¿ah? Ella no sabe aún nada de lo que vamos a pedirle—menciono el saiyajin descendiendo de los aires.

—¡Qué! ¿nunca se lo dijiste? — menciono Piccoro alterado.

—¡No! Te dije que ella quería algo a cambio, estoy esperando que lo pida— dijo Goku despreocupado.

Piccoro resoplo. —Hoy ve a que te diga de una maldita vez que quiere, lo haces y le dices de una vez lo de Maki gero—

—No crees que no deberíamos estar interrumpiendo... ella... debería estar con Vegeta— menciono Goku con el gesto algo fruncido.

—¡Para eso hay tiempo! No creo que unos días les juegue en contra, sobre todo ahora que Vegeta no esta en el planeta— menciono Piccoro cruzando sus brazos.

Goku abrió los ojos con real asombro, era cierto el ki de Vegeta no estaba en la tierra y recién se percataba de eso, definitivamente la expectativa de la pelea con los androides lo tenia demasiado despistado.

*

Bulma trabajaba concentrada en su computadora cuando una presencia aplastante interrumpió el aire del laboratorio. Se giró de golpe y su aliento se detuvo en seco. A escasos pasos de ella, emergiendo como una visión telúrica, estaba él.

La boca de la científica se entreabrió de manera imperceptible. El espectáculo era devastador.

Goku venía directamente de una jornada brutal de entrenamiento con Piccoro. El torso completamente desnudo brillaba por una fina capa de sudor que descendía despacio por la marcada anatomía de sus pectorales y abdominales. Presentaba ligeros cortes y hematomas que solo acentuaban una masculinidad salvaje y primitiva. Sus pantalones de combate, rasgados y caídos justo a la altura de la cadera, dejaban demasiado a la vista. Desprendía un calor sofocante, casi animal, que invadió de inmediato el espacio personal de la mujer.

—Bulma, perdón por interrumpirte... —murmuró él, rascándose la nuca con cierta torpeza al notar cómo los ojos azules de ella lo devoraban en silencio.

—Descuida... ¿Qué pasó? —alcanzó a articular Bulma. Su voz sonó más grave y pausada de lo normal, incapaz de despegar las pupilas del rápido ascenso y descenso de ese pecho esculpido.

—¿Ya sabes qué me vas a pedir a cambio del favor? —preguntó el saiyajin, avanzando un par de pasos hasta inclinarse y sentarse sobre la orilla del escritorio de ella, reduciendo la distancia entre ambos a un margen peligroso.

Bulma había intentado convencerse durante días de que su fantasía era una locura irracional. Pero tenerlo así, con las piernas abiertas al borde de su mesa, la mirada limpia y ese aroma a sudor, batalla y testosterona rodeándola, redujo toda su lógica a cenizas. La tensión en la habitación se volvió densa, eléctrica.

—Goku... —murmuró ella, inclinando ligeramente la cabeza mientras su mirada bajaba de sus labios a su cuello—. ¿A qué hora sueles acostarte por las noches?

—Uhm... suelo dormir bastante temprano, ¿por qué? —respondió él, ladeando el rostro sin comprender la carga de la pregunta.

—Porque ya sé exactamente lo que quiero que hagas por mí.

Bulma se puso de pie despacio. Cada uno de sus movimientos fue calculado. Se acercó a él hasta quedar prácticamente atrapada entre sus muslos mientras el guerrero continuaba sobre el escritorio. La diferencia de estatura y la proximidad hacían que sintiera la vibración de la respiración de Goku contra su frente. Levantó una mano y, con delicada lentitud, rozó las puntas de sus dedos contra el cabello alborotado del saiyajin, bajando rozando sutilmente la curva de su cuello.

—Quiero divertirme, Goku —susurró, alzando la barbilla para sostenerle la mirada— Últimamente todo es tan aburrido y tenso... Así que vas a ser mío por toda una noche. Saldrás conmigo.

Goku entrecerró los ojos, descolocado por la cercanía física y el todo áspero y seductor con el que le hablaba.

—Explícate mejor, no entiendo...

—Es muy sencillo —dijo ella, acortando aún más la distancia, sintiendo cómo el calor del cuerpo desnudo del guerrero le abrasaba la piel de las mejillas— Si quieres ese favor, te entregarás a mi agenda toda la noche. Cenaremos, beberemos algo, bailaremos... Harás absolutamente todo lo que yo te pida. Sin peros.

—¡¿Qué?! —exclamó él, abriendo los ojos de par en par, nunca había pensado que pediría algo así y la verdad le sorprendía mucho que su amiga se lo este pidiendo especialmente a él.

—Es eso... o te quedas sin mi ayuda —sentenció ella.

—Bueno... lo de la cena no suena nada mal —admitió él, intentando aferrarse a lo único que le resultaba familiar, aunque la forma en que ella lo miraba comenzaba a inquietarlo.

—A mí también me encanta la idea de la cena... pero eso solo será el aperitivo —murmuró Bulma con una sonrisa felina, dando un paso tan cercano que el encaje de su blusa rozó la piel desnuda de su abdomen— Quiero divertirme, Goku... y quiero hacerlo contigo.

El aire entre los dos se congeló.

Goku se le quedó viendo fijamente, sintiendo de pronto un chispazo extraño recorrerle la columna. Algo en la forma en que ella pronunció esas palabras, sumado a la cercanía de sus cuerpos y al perfume de la mujer invadiendo sus sentidos, lo hizo tragar saliva con dificultad. Un nerviosismo inédito se apoderó del Saiyajin.

—¿Quieres... hacerlo conmigo? —inquirió él con la voz ligeramente rasposa, procesando la frase con una malicia involuntaria que le hizo subir los colores al rostro.

Bulma sintió un vuelco salvaje en el corazón. La reacción de Goku, la gravedad de su voz y el rubor que le tiñó las mejillas casi la hacen perder el control ahí mismo. Aclaró su garganta apresuradamente, tratando de sofocar el fuego que le recorría las entrañas.

—¡C-claro! —disimuló, dando un pequeño paso hacia atrás para recuperar el aire que él le robaba— Me refiero a salir, obvio... A salir a divertirnos los dos juntos. A eso me refiero...

—Sí... a eso me refería yo también —admitió él, tragando saliva para recuperar el tono habitual, aunque una sombra de duda cruzó sus ojos. Ladeó el rostro hacia un costado, evitando sostenerle la mirada— Oye... ¿y Vegeta? ¿Por qué no le pides esto a él?

Bulma soltó una carcajada suave, casi burlona, disipando de golpe la mención del príncipe para no arruinar el ambiente. En ese instante, lo último que deseaba era meter la lógica en la ecuación.

—¡Estás loco! Ni de chiste tengo esa confianza con él —repuso ella, achicando los ojos con picardía—. Además, se fue a entrenar a saber dónde y no tengo idea de cuándo vuelva. Yo solo quiero divertirme... una sola noche.

Goku se quedó en silencio, absorto en un pensamiento que parecía pesarle más de la cuenta.

—Goku... ¿de verdad entendiste lo que te dije? —inquirió la peliazul, apoyando las manos en sus caderas mientras lo examinaba con una ceja arriba, dudando de su repentino análisis.

—Sí, Bulma. Te entendí perfectamente —respondió él, fijando sus ojos oscuros en los de ella con una seriedad inusual—. Solo que... no estoy seguro de que esto esté bien.

—No, Goku. No está bien —lo interrumpió ella sin titubear, dando un paso firme hacia adelante y alzando el mentón—. No está bien en absoluto, pero aun así lo hago porque quiero. Y esa es mi única condición para ayudarte.

Él dejó escapar un largo resoplido, revolviéndose el cabello alborotado con esa torpeza infantil que solo aparecía cuando un problema sobrepasaba sus capacidades.

—Bien, de acuerdo... Solo que no tengo la menor idea de qué excusa voy a inventar.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó ella, acortando la distancia.

—Es evidente que Milk me va a acribillar a preguntas en cuanto me vea salir —explicó el saiyajin con el ceño fruncido—. En eso estaba pensando.

—¿Eso significa que aceptas? —interrogó Bulma, sintiendo un vuelco en el pecho y reteniendo a duras penas una sonrisa de triunfo.

—Te dije que haría lo que hiciera falta —sostuvo Goku, mirándola detenidamente—. Aunque te advierto que no sé si vaya a ser la mejor compañía para el tipo de noche que quieres. Pero si insistes en que sea yo... lo haré. Eso sí, lo que voy a pedirte a cambio tampoco será nada fácil, así que espero que cumplas tu parte.

—Goku... si tú cumples con la mía, te prometo que vas a tener exactamente lo que pides —murmuró ella con una voz seda que rozó el tono de una promesa íntima.

El guerrero asintió lentamente. Hizo un silencio denso, sopesando las consecuencias, antes de bajar la voz casi a un susurro:

—Bulma... solo una cosa más. Esto se queda entre los dos. No quiero que Milk se entere... ni nadie más.

—¿Te refieres a nuestra salida? —sugirió ella con una sonrisa ladina, disfrutando cada segundo de la clandestinidad.

—Si ella llega a saberlo, me mata —sentenció él, afirmando con la cabeza.

Bulma no pudo evitar que un escalofrío de pura excitación le recorriera la espina dorsal. Ver a ese guerrero invencible actuar con la cautela de un cómplice en un juego prohibido la encendía aún más. Intentaba repetirse a sí misma que esto era un simple encuentro entre amigos, pero el pulso acelerado y el ardor en su rostro decían todo lo contrario.

—No diré absolutamente nada... a nadie —prometió en un murmullo— Dime... ¿a qué hora vendrías?

La pregunta se le escapó con un matiz distinto, cálido y quebradizo, como el de una mujer que aguarda impaciente la llegada de un amante secreto.

Goku la sostuvo con la mirada, dejando que el silencio volviera a tensarse entre ambos.

—¿A qué hora quieres que esté aquí?

El rubor le abrasó las mejillas al instante. Saber que lo tendría solo para ella, vistiendo la presencia imponente de ese cuerpo que aún emanaba el calor del combate, la hacía sentir que caminaba al borde de un abismo irresistible.

—Ven a las ocho —dijo ella, tratando de mantener el control— Y por cierto... ven con ropa casual, no con tu dogi de siempre.

Goku entrelazó las manos detrás de la nuca, negando ligeramente.

—Eso sí no se va a poder, Bulma. Si Milk me ve cambiarme de ropa para salir a estas horas... va a sospechar de inmediato.

La científica se quedó de piedra. Por un segundo se le cortó la respiración al ver cómo la mente de este hombre, habitualmente ajeno a los enredos sociales, era capaz de hilar con frialdad los detalles maquiavélicos de un secreto.

—Tienes razón... —admitió ella con la voz levemente rasposa, contemplando el ancho de sus hombros antes de sonreír con picardía— No te preocupes por eso. Yo me encargaré de vestirte cuando llegues.

Ambos se despidieron con una mirada cargada de intenciones no dichas. En cuanto la figura del saiyajin se desvaneció en el aire, a Bulma se le liberó el nudo que le atenazaba la garganta. El pulso le retumbaba en los oídos.

Apenas estuvo segura de que se había ido, contuvo un grito de pura euforia y empezó a dar pequeños saltos de triunfo en medio del laboratorio. Una sonrisa egoísta y brillante se le dibujó en los labios: lo había logrado. Su maquiavélico plan había funcionado a la perfección. Tendría a ese hombre salvaje e inalcanzable, aunque fuera por unas cuantas horas, absolutamente a su merced y en la más estricta intimidad...

*

Goku aterrizó de regreso en la montaña Paoz, sintiendo aún el pulso acelerado. En la casa, el ambiente parecía peligrosamente cotidiano: Milk tarareaba una melodía tranquila mientras disponía los platos humeantes sobre la mesa de madera.

—¡Goku, por fin apareces! —lo increpó la pelinegra al verlo cruzar la puerta, clavando en él una mirada inquisidora al no entender el motivo de su ausencia.

—P-perdón, Milk... —balbuceó el saiyajin, sintiendo una gota de sudor frío bajándole por la nuca. La sola idea de que su esposa intuyera un ápice del pacto clandestino que acababa de firmar con Bulma le provocaba una angustia atenazante.

—¿Te pasa algo, Goku? —insistió Milk, entornando los ojos al notar la torpeza con la que él intentaba esconder las manos en las espaldas.

—¡Ah, no! ¡Nada, todo perfecto! —respondió de golpe, demasiado rápido para ser natural.

Piccoro, que permanecía de pie al fondo de la estancia con los brazos cruzados e inmóvil como una estatua, observó la escena con aguda suspicacia. Esperó pacientemente a que Milk entrara a la cocina a buscar el resto de la cena para acercarse un paso a Goku y hablar en un tono grave y reservado.

—¿Y bien? ¿Conseguiste algo? —exigió el namekiano.

—Ah... sí... —respondió Goku, bajando el volumen de su voz casi hasta el susurro.

—¿Qué fue lo que te pidió? —inquirió Piccoro, alzando una ceja con severidad.

—Ah, pues... eh... verás... —Goku comenzó a balbucear, moviendo los ojos de un lado a otro sin hallar la forma de explicar la naturaleza de la "cita" sin delatarse.

—Bah... no me interesan los detalles caprichosos de Bulma. Lo que importa es: ¿podrás hacerlo? —interrumpió el namekiano con impaciencia.

—Sí... lo haré —asintió Goku, tragando saliva.

—Bien. ¿Eso garantiza que ella cumplirá con su parte y nos entregará el rastreador?

—Así es... eso fue lo que prometió.

Piccoro dejó escapar un resoplido de satisfacción, totalmente ajeno al tipo de "servicios" que el guerrero tendría que rendir esa noche. Se inclinó ligeramente hacia Goku y, con un tono autoritario pero pretendidamente sabio, le dio una palmada firme en el hombro.

—Escúchame bien, Goku: tienes que cumplir exactamente todo lo que te pida, de la mejor manera posible y sin poner excusas. No te atrevas a arruinarlo. Recuerda que lo que le estamos exigiendo a ella para salvar al planeta es mil veces más importante que cualquier tontería o exigencia absurda que se le haya ocurrido pedirte.

Goku parpadeó, sintiendo cómo las palabras de Piccoro resonaban con una ironía aplastante en su cabeza.

—Si quiere que te quedes a su disposición, hazlo —insistió Piccoro con firmeza táctica—Mantén la cabeza fría, sé obediente y complace sus peticiones para que no ponga peros después. Entre más satisfecho deje su capricho, más rápido nos entregará la tecnología. ¿Entendido?

Un escalofrío helado recorrió la espina dorsal de Goku mientras la imagen de Bulma pidiéndole esa noche volvía a su mente.

—E-entendido, Piccoro... haré... haré lo que me pida —logró articular el saiyajin.

Bulma permanecía apoyada contra la barandilla de la escalera cuando él apareció. En cuanto las últimas palabras de su invitación quedaron flotando en el aire, comenzó a descender despacio, escalón por escalón. Marcó cada paso con una deliberada lentitud para obligar a los ojos del saiyajin a recorrerla por completo.

Goku se quedó inmóvil, sin aire. Sabía de sobra que su amiga era hermosa, pero la imagen frente a él lo desarmó por completo y le disparó las pulsaciones. Llevaba una minifalda de cuero negro ceñida que marcaba sus caderas a la perfección, botines altos y un suéter ajustado que acentuaba sus curvas, complementado por una chaqueta corta sobrepuesta en sus hombros. La vestimenta le otorgaba una presencia peligrosa, dominante y arrolladoramente sensual. Sus piernas, largas y pálidas, se lucían con una provocación sin disimulo que le heló la sangre al guerrero.

Al llegar al último peldaño, la peliazul acortó los pocos centímetros que los separaban. Extendió la mano y le sujetó los dedos con firmeza, rozando su piel con una calidez que provocó un fuerte sobresalto en él.

—¿A-adónde vamos? —preguntó Goku, con la voz rasposa por un nerviosismo inédito.

—A mi habitación —respondió ella con absoluta naturalidad, sin soltarlo y sosteniéndole la mirada con intensidad.

—¡¿Qué?! Pero... y... tus padres... —Goku abrió los ojos de par en par, sintiendo cómo un sudor frío le recorría la nuca ante la implicación de la frase.

Bulma se giró a verlo y arqueó una ceja, disfrutando del evidente impacto que causaba en él.

—Tranquilo... No hay nadie en casa. Estamos completamente solos —susurró, dejando que el peso de esas palabras impregnara el aire.

Un alivio traicionero intentó calmar al guerrero, pero su corazón reaccionó en sentido contrario: empezó a martillarle el pecho con una fuerza sofocante. La siguió en silencio, sintiendo el roce constante de su mano guiándolo por el pasillo. Al llegar frente a la puerta del dormitorio de la científica, ella la abrió lentamente. Goku se quedó paralizado en el umbral, tragando saliva con dificultad ante la intimidad del espacio.

—¡Muévete, Goku! O perderemos el tiempo... —reprendió la peliazul con una sonrisa felina. Se acercó tanto a él que el perfume de su cuello lo envolvió por completo, antes de señalar con la mirada las prendas masculinas cuidadosamente dispuestas sobre la cama.

El saiyajin reaccionó y dio un paso hacia el interior, sintiendo que el ambiente dentro de la habitación era denso y peligrosamente cálido. Sin embargo, se sobresaltó al ver que Bulma caminaba hacia la salida.

—Póntelas... Te espero abajo —murmuró ella, regalándole una mirada de arriba abajo y guiñándole un ojo de forma devastadora antes de cerrar la puerta despacio.

—Pero... —musitó Goku, quedándose a solas en el silencio del dormitorio.

Se rascó la nuca mientras dejaba escapar un resoplido pesado y lleno de torpeza. Su cuerpo quemaba y el corazón no dejaba de latirle a mil por hora. «¿Acaso estoy confundiendo las cosas...?», se preguntó a sí mismo en medio del pánico, observando la cama de Bulma mientras la tensión de lo que estaba a punto de ocurrir amenazaba con sobrepasarlo por completo.

Minutos después, el saiyajin hizo acto de presencia descendiendo lentamente por las escaleras. Bulma no pudo evitar fijar la mirada, devorándolo en silencio a medida que bajaba.

—Me siento... demasiado apretado con esto —murmuró él, ajustándose la cintura con una mueca. Nunca había usado jeans y la sensación de la tela ceñida contra su piel le resultaba intrusiva.

—Esa polera te queda... —susurró ella, alzando una ceja con una sonrisa cargada de intención y un brillo felino en los ojos.

Goku notó la fijación de la peliazul, sintiendo cómo esa mirada famélica recorría cada centímetro de su torso. Un calor denso y repentino comenzó a treparle por el cuello. Sin poder evitarlo, sus ojos oscuros bajaron lentamente por las piernas descubiertas de Bulma, deteniéndose en la moldura de sus caderas antes de sostenerle la vista.

—Tú... tú también te ves demasiado bien, Bulma —articuló él con la voz sutilmente rasposa, atrapado en la intensidad del momento.

Ante el tono y la mirada de arriba abajo con la que él la midió, Bulma sintió una sacudida directa en el vientre. Carraspeó apresuradamente para disimular el vuelco del corazón y giró el rostro hacia un lado, sintiendo cómo las mejillas le ardían.

—Bien... es hora de irnos

Bulma caminó a pasos firmes hacia los jardines. Goku la siguió de cerca, sintiendo cómo el perfume de la científica quedaba suspendido en el aire nocturno, envolviéndolo. Sin pronunciar una sola palabra, ella desencapsuló su elegante deportivo de altísima gama. Con un gesto sutil y una mirada cargada de intención, le indicó que subiera.

El guerrero se acomodó en el asiento del copiloto. Ella encendió el motor y el vehículo rugió suavemente, acelerando a toda velocidad por la avenida privada.

A pesar de que Goku estaba decidido a cumplir su parte del trato con la obediencia que le exigió Piccoro, no podía contener la agitación que le quemaba el pecho. Era una expectativa desconocida, un cosquilleo caliente que le recorría las vértebras y lo ponía ridículamente nervioso. El recuerdo de la solicitud de Bulma lo obligaban a mantener la mandíbula apretada, sin saber muy bien cómo actuar ni dónde poner las manos.

Bulma, por su parte, no estaba mejor. Apretaba el volante con tanta firmeza que los nudillos se le tornaban blancos. El corazón le martilleaba las costillas a un ritmo salvaje; la sola presencia de ese saiyajin a su lado, luciendo tan imponente y masculino con la ropa que ella misma le había elegido, la tenía completamente desarmada. Se obligó a guardar un silencio sepulcral, consciente de que si abría la boca, la voz le temblaría y delataría el torbellino de pensamientos perversos que le nublaban la razón.

El silencio dentro del vehículo se volvió espeso, casi insoportable. Ella mantenía la vista fija en el camino, luchando por contener la respiración acelerada que hacía subir y bajar su pecho con fuerza. Él, en cambio, clavó los ojos en la ventanilla, contemplando las luces desdibujadas de la ciudad mientras buscaba aire fresco. Sin embargo, en el reflejo del cristal, Goku no podía evitar atisbar la curva del cuello de la peliazul y el constante subir y bajar de su pecho agitado.

Bulma lo miró de soslayo y dejó escapar un largo suspiro, sintiendo cómo el silencio prolongado comenzaba a calar en sus nervios.

—Goku, vamos... dime algo.

Goku reaccionó girando la cabeza hacia ella, pero en cuanto sus ojos se cruzaron con el perfil descubierto de la científica, devolvió la vista hacia la ventana de inmediato. Sentía un calor denso recorriéndole el cuello y no entendía por qué su propio cuerpo le exigía evadirla para no perder el control.

—¿Y-ya vamos a llegar? —preguntó con la voz sutilmente rasposa.

—Digamos que sí, no falta mucho —respondió ella secamente, disgustada por una pregunta tan aburrida que cortaba la electricidad del ambiente.

Goku observó el exterior, reconociendo el brillo de las luces neón y el movimiento del centro de la ciudad.

—Bulma... estamos en el centro.

—Sí, ¿por qué?

—¿Y si nos ven? Krilin a veces viene por aquí... igual Yamcha —mencionó Goku pensativo, apretando la mandíbula ante la sola idea de ser descubiertos en semejante cita clandestina.

—No pasará, ya tomé precauciones —mencionó ella con una sonrisa ladina, inclinándose apenas hacia su lado— Oh vamos Goku, no vamos a hacer nada malo, no es para tanto.

Goku, al escuchar eso, se quedó nuevamente pensativo. Sus ojos oscuros bajaron lentamente por el escote de la peliazul antes de sostenerle la mirada.

—¿Estás segura? —murmuró con una seriedad tan profunda e insólita que pareció retarla.

Bulma, al escuchar aquella pregunta cargada de un peso implícito, no pudo evitar pisar el freno a fondo. Las llantas rechinaron salvajemente contra el asfalto. El intempestivo frenado hizo que el imponente cuerpo de Goku se fuera hacia adelante por la fuerza de la gravedad.

—¡Bulma, ten cuidado! —exclamó el saiyajin, apoyando sus gruesos brazos sobre el tablero para contener la inercia, mientras la respiración agitada de ambos llenaba el aire dentro del vehículo.

La científica se quedó casi atónita, aferrándose al timón sin poder despegar la vista de él. Sentía cómo sus mejillas se encendían en llamas y cómo el pulso le martilleaba la garganta ante la imagen de Goku tan cerca, desprendiendo ese calor sofocante.

—¿Estás bien? —preguntó él con genuina preocupación.

Extendió su mano grande y cálida, apartado con extrema delicadeza un mechón de cabello de la mejilla de la mujer para poder verle el rostro. El roce de la yema de sus dedos contra la piel sensible de Bulma se sintió como una descarga eléctrica directa al vientre. Aquel tacto hizo que ella diera un sobresalto violento, alejándose bruscamente de su contacto como si se hubiera quemado.

—Estoy bien, Goku... solo que... olvídalo —consiguió articular con la voz quebrada y la respiración desbocada, apretando los muslos mientras luchaba desesperadamente por dominar su conciencia y sofocar los malos pensamientos que amenazaban con devorarla ahí mismo.

*

Sin perder más tiempo, la peliazul continuó con el trayecto, dejando atrás la brusquedad del frenado. Ambos llegaron finalmente al lugar escogido por ella: un espacio concurrido y de ambiente bohemio que no perdiendo la clase ni el toque pintoresco de la gente adinerada. Luces cálidas, música tenue y un aire de sofisticada clandestinidad envolvían el sitio.

—Bien, es aquí... ¿Qué te parece? —preguntó ella, acomodándose con gracia en la zona privada que había reservado.

Él observó cada detalle con detenimiento, algo que llamó la atención de Bulma; pensaba que alguien como él ni siquiera lo tomaría en cuenta, pero ahí estaba, escaneando el lugar con atención casi felina.

—Me gusta. Tenías razón, dudo que alguien nos vea aquí —dijo él con una sonrisa más relajada, sentándose en el sofá, lo suficientemente cerca de la peliazul como para que ella sintiera el calor que desprendía su cuerpo.

Ella no pudo evitar soltar una risa genuina, con un matiz coqueto.

—Goku, ¿de verdad tanto te importa que nos vean juntos? ¿Por qué? —no pudo evitar preguntar. La curiosidad la volvía suspicaz, consciente de que era ella la de las intenciones turbias, aunque la actitud de él no hacía más que alimentar su morbo.

—Ya te dije... no quiero que Milk sepa.

—Pero... ¿por qué? Al fin de cuentas somos amigos —mencionó la peliazul, cruzando las piernas con una parsimonia estudiada para dejar al descubierto el contorno de sus muslos, mientras lucía una sonrisa pícara y llamaba al mesero.

—Tú dijiste que lo que me pedías no era bueno... Seguro ella también pensaría lo mismo —mencionó él con una franqueza desarmante, tomando por sorpresa a la científica.

—Es cierto —admitió ella con una carcajada culpable— seguro me mataría si se entera.

—Me mataría a mí primero, Bulma... y seguro después a ti —añadió él con una mueca de espanto que no alcanzó a ocultar el brillo divertido en sus ojos negros.

En ese instante el mesero se acercó al reservado que compartían. Era un espacio exclusivo con un amplio sofá, varias butacas acolchadas y una mesa de centro baja, elegante y sumamente cómoda. A su alrededor, el resto de los clientes disfrutaba de la música y el baile, ajenos a la burbuja que ellos dos habían creado. Bulma pidió que llevaran todos los platillos más ostentosos del menú y, para coronar la velada, ordenó una botella de vino tinto de reserva.

Cuando el camarero se retiró, Bulma volvió a fijar la mirada en el saiyajin. Goku se había acomodado en una postura extrañamente espejo a la de ella: apoyando el codo contra el espaldar del sofá, reduciendo la distancia entre sus rostros. Sus miradas volvieron a colisionar en la penumbra y ambos rompieron a reír, cómplices de la travesura.

Bulma se inclinó un par de centímetros hacia él, dejando que el aroma de su perfume y el susurro de su voz rasgara la música de fondo.

—Entonces... si sabes perfectamente lo que te puede pasar si nos descubren... ¿por qué accediste a venir conmigo a solas?

—Entonces, si sabes lo que te puede pasar, ¿Por qué accediste? —preguntó ella, inclinándose apenas para acentuar el peso de sus palabras.

Él se quedó algo pensativo, fijando sus ojos oscuros en los de ella mientras la gravedad de su propio pensamiento nublaba por un segundo su rostro.

—Yo también te pediré algo y realmente es importante que lo hagas.

—Entiendo, fue por eso —mencionó Bulma ladeando su cabeza hacia un lado sin dejar de mirarlo, deleitándose con la firmeza de su voz. Goku en ese momento tampoco le quitó los ojos de encima, sosteniéndole la mirada con una intensidad imponente.

—Bueno también existe otra razón —mencionó él deliberadamente, dejando flotar la frase en la penumbra del reservado.

—¿Así? Y ¿cuál es? —preguntó Bulma con atención, conteniendo el aliento ante la expectativa.

En ese preciso momento aquella respuesta fue interrumpida por las bandejas de comida que empezaron a llegar. El desfile de platillos aromáticos rompió la atmósfera; los ojos de Goku se iluminaron de inmediato y perdió total concentración en aquella conversación que le parecía de lo más interesante a la osada peliazul. Ambos empezaron a disfrutar de aquellos alimentos, dejando de lado un momento las palabras para sumergirse en el festín.

—¿Solo vas a comer eso? —le preguntó Goku a Bulma al ver cómo esta solo seleccionaba vegetales y alguna pequeña carne con refinada paciencia.

—Sí, para mí es suficiente —mencionó ella delicadamente, saboreando apenas un bocado mientras lograba sacar una sonrisa espontánea en el saiyajin.

—Entiendo, es que eres muy... —mientras masticaba pensaba, buscando las palabras exactas para definir la fragilidad de la científica frente a su propia naturaleza guerrera— eres muy pequeña Bulma, frágil y suave.

La científica levantó su rostro con impresión, sintiendo cómo el aire se le atascaba en la garganta ante semejante observación.

—¿Tú cómo sabes que soy suave?

—Tus manos, hoy las sentí en mi piel —mencionó él sin cuidado, soltando el comentario con una naturalidad aplastante.

Bulma casi se atraganta ante el mesero cuando este escuchó eso y lanzó una risilla maliciosa; ella se dio cuenta de inmediato del bochornoso doble sentido que acababa de flotar en el aire.

—Cuida tus palabras Goku, el mesero escuchó eso —mencionó Bulma en un susurro amonestador en cuanto el joven se retiró.

—¿Dije algo malo? —cuestionó confundido, ladeando el rostro sin comprender la malicia ajena.

Bulma iba a responder cuando notó cómo la comisura de los labios del saiyajin se llenaban de crema. Con una risa graciosa que ablandó su expresión, se acercó un poco a él y con una servilleta de tela le limpió cuidadosamente la piel.

Goku la quedó viendo fijamente, respirando el aroma de su perfume y sin apartarse ni un milímetro ante su cercanía.

—Noto que ya no estás nervioso —dijo ella con mofa, dándole un último toque suave antes de alejarse nuevamente hacia su lugar.

El pelinegro esta vez no dijo nada; solo la observó en silencio un segundo y continuó con sus alimentos hasta dejar las vajillas completamente limpias.

—¡Esto estuvo delicioso! —mencionó Goku recostándose en el sofá y recargando la espalda con satisfacción.

—¿Te llenaste? —preguntó Bulma esperando la respuesta con una ceja curvada.

—No, pero fue muy agradable.

—¡Qué! No te llenaste, pero era demasiado —mencionó ella sorprendida, contemplando la montaña de platos vacíos sobre la amplia mesa de centro.

—La comida era muy pequeña y el plato muy grande —mencionó él con seriedad, cruzándose de brazos como si aquella delicadeza gastronómica fuera una verdadera estafa. Bulma empezó a reír al respecto, realmente estaba disfrutando el momento y la autenticidad de su compañía.

—Ahora sí, dime... ¿Cuál es la otra razón? —preguntó alzando una ceja, demostrando que no se había olvidado en absoluto de continuar con aquella conversación pendiente.

Goku recordó al instante aquel tema; así que quedándose un momento en silencio mientras se tocaba el mentón con gesto reflexivo, volvió a dirigirse a ella.

—Bueno es que, desde que empecé a entrenar, no he tenido contacto con otra mujer y realmente eso me parece divertido.

Bulma se quedó en silencio unos segundos, procesando sus palabras mientras lentamente sus ojos se abrían más de la cuenta con incredulidad. Sintió un vuelco salvaje en el estómago y el pulso disparándosele hasta los oídos; sus labios empezaron a temblar al querer abrirse y pronunciar palabras que solo podían estar en su loca e ilícita imaginación...

—Goku... ¿Qué-qué quieres decir con eso?

—¿Ah? ¿Qué sucede Bulma por qué pones esa cara? —preguntó al notarla sorprendida, totalmente ajeno al incendio que acababa de desatar en la mente de la científica

—No entendí lo que dijiste —respondió ella, con el corazón martilleándole el pecho mientras lo escrutaba fijamente.

—Ah, era eso, quise decir que desde que regresé del espacio, no he estado con otra mujer, por eso tu propuesta me gustó, pero mientras Milk no lo sepa, está bien.

Por fin el aire entró a los pulmones de la peliazul, quien fijó su vista como halcón hacia Goku, sintiendo cómo una descarga eléctrica le recorría la espina dorsal.

—Goku... ¡Has estado con otras mujeres en el espacio! —no pudo evitar hablar en un tono alto, casi ahogado por el impacto.

—Sí, también cuando estaba muerto —respondió con una naturalidad aplastante, encogiéndose ligeramente de hombros—. ¿Sucede algo?

Bulma no lo podía creer. El pulso le retumbaba en los oídos y el ambiente en el reservado se volvió sofocante.

—¿Qué has hecho con ellas? —aquello pronunció con real consternación, sin aún poder creer lo que estaba preguntando y lo que estaba escuchando de los labios de aquel guerrero.

—¡Por qué me preguntas eso! —respondió el saiyajin, visiblemente sonrojado, desviando la mirada mientras un calor incipiente le encendía las mejillas.

—No me digas que...

—Solo me he apareado —respondió él al notar su expresión, soltando la palabra con una brusquedad primitiva que congeló el aire entre los dos.

Bulma colocó las manos en su cara con real impresión, suspirando y asimilando aquella declaración. La sangre le hervía; no podía creer que él hablara con esa naturalidad y frialdad al respecto, revelando un lado salvaje e insospechado de su naturaleza.

—Goku, ¿y Milk? Ella es tu esposa, ¡cómo es que has hecho eso! —esto último lo dijo en un tono más discreto, inclinándose hacia él. Ya había asimilado sus palabras y no pensaba juzgarlo, más bien orientarlo pensando que tal vez lo hizo sin saber las implicancias del caso.

—Bulma, soy un saiyajin. Cuando morí y fui al otro mundo, pude recabar mayor información en cuanto a mi raza. Esto es natural para nosotros... y Milk no es mi hembra.

—¡Quéeeeeeeeeeeeeeeeee! ¡Mesero! ¡Quiero una botella más de vino! —exclamó la peliazul a viva voz, sintiendo la adrenalina pura que ahora experimentaba su cuerpo por tremenda información. El morbo la devoraba por dentro—. ¿Alguien más sabe esto, Goku?

—Solo tú —mencionó él con tranquilidad, sosteniéndole la mirada con una confianza absoluta que la estremeció.

—¡Que nadie sepa esto, ¿entiendes?! ¡Solo yo puedo saberlo, no debes decírselo a nadie! —diciendo esto, continuó en un susurro ardiente e imperioso—: Aquí en la Tierra ser infiel no está bien visto, es inmoral, así que no vuelvas a decirlo.

Goku hizo una mueca al respecto, cruzándose de brazos mientras la incomodidad se reflejaba en su rostro.

—Lo sé, Milk muchas veces me ha dicho que solo puedo estar con ella, pero no la veo como mi hembra, con ella... —de pronto, cierto rojizo intenso en sus mejillas lo evidenció, bajando la voz hasta un murmullo grave—. No quiero hablar de eso.

Bulma se quedó analizando sus palabras, con la mente volando libremente hacia las imágenes más explícitas e ilícitas.

—Goku... aquí se dice sexo.

—¿Sexo? ¿Qué es eso? —preguntó él con curiosidad genuina, inclinándose apenas hacia ella.

—Lo que dijiste. Aparearse es entre animales, el sexo es entre personas —mencionó ella, entendiendo su desconocimiento y disfrutando la posición de instructora en este juego prohibido—. No hablas de eso nunca con Milk, ¿verdad?

—¡No! Claro que no —dijo él pensativo, pasándose una mano por la nuca—. Creo que a ella le avergüenza —mencionó analizando la situación.

—Ya veo... vaya, esto nunca me lo esperé de ti —dijo a viva voz Bulma, echándose sobre el respaldar del sofá y dejando escapar un largo suspiro cargado de calor y expectación.

—Entonces se dice sexo aquí. Los saiyajin no usan ese término, discúlpame si fui grosero.

Bulma giró a verlo, recorriendo con la mirada el ancho de su pecho y sintiendo cómo el deseo reprimido se multiplicaba por diez al descubrir los secretos oscuros del saiyajin.

—No, tranquilo, no te apenes... Más bien dime algo, ¿con quiénes estuviste? —esta pregunta no pudo evitar hacerla con una marcada curiosidad morbosa, fijando sus ojos azules en los de él a la espera de cada escabroso detalle.

—Creo que, con muchas... La primera vez fue con la Princesa Serpiente. Aunque después descubrí que era una bruja, en su cuerpo de mujer se veía muy bien. Esa fue la primera vez —confesó él sin un ápice de culpa, dejando que la brutal honestidad de sus palabras quedara flotando en el aire.

Sin poder imaginarlo, la peliazul, atenta a cada detalle de su plática, comenzó a sentir un estremecimiento ardiente que le recorrió el vientre. ¿Cómo era posible que aquel hombre, aparentemente inocente, guardara semejante historial? Debajo de esa fachada de niño bueno se escondía un saiyajin insaciable y de instintos primarios, corrompido por las experiencias del placer puro y sin espacio para el menor remordimiento. La sola idea de imaginarlo en situaciones tan explícitas le hacía temblar la respiración.

—¿Y tú, Bulma? ¿Con cuántos hombres has estado? —preguntó sorpresivamente el pelinegro, fijando sus ojos oscuros directamente en los de ella, cargados de una curiosidad tan franca que resultaba erótica.

—Eso no se le pregunta a una dama... Goku —respondió ella en un tono suave y sofocado, mientras cerraba sus puños sobre la tela de su minifalda de cuero. Sentía arder sus mejillas y la piel del cuello encendida por el calor de la conversación.

—¡Oh, lo siento! —respondió él inmediatamente, encogiéndose de hombros.

Bulma lo observó en silencio durante varios segundos. La mezcla de la luz tenue del reservado, el alcohol del vino y la imponente presencia física del saiyajin terminaron de romper sus inhibiciones. Apoyó ambas manos sobre la mesa y se inclinó despacio hacia él, acortando la distancia entre sus rostros hasta sentir la calidez de su respiración.

—Pero, debo confesarte que a mí también me gusta mucho el sexo.

Goku la miró atentamente ante aquellas palabras, sintiendo una punzada de calor recorriéndole el pecho ante la brutal honestidad de la científica.

—Nos parecemos al viejo Roshi —mencionó Bulma con espanto mientras empezaba a reír de solo imaginárselo.

—¡No digas eso! —mencionó horrorizado el saiyajin.

Ambos empezaron a reír hasta que de pronto sus miradas chocaron mutuamente, congelando el aire por un segundo cargado de electricidad.

—¡Ven, vamos a bailar! —lo jaló la peliazul sintiéndose, por alguna extraña razón, demasiado animada y desinhibida.

Arrastró a Goku hacia la pista. Comenzó a moverse con sensualidad y soltura para sorpresa del guerrero, quien simplemente se quedó viéndola sin saber qué hacer, devorando con la mirada la curva de sus caderas y sus piernas al ritmo de la música. Después cambiaron la melodía a una más eufórica, causando que él empezara a imitar sus saltos, contagiado por la vibra y disfrutando de aquel concierto que le pareció de lo más divertido.

Varios hombres que estaban a su alrededor notaron la presencia de la peliazul. No pudieron evitar sentir un gran interés, sobre todo al verla tan desinhibida, libre y seductora, lo cual llamó su atención en el acto. Uno de ellos se acercó animosamente para invitarla a bailar; ella lo vio y sonrió para sorpresa de él, quien se animó anticipadamente. Pero su decepción fue tal al verla girarse nuevamente ignorándolo para volver a centrar toda su atención en el saiyajin.

Goku al inicio no se daba cuenta, cegado por la música y la diversión. Sin embargo, su mirada cambió bruscamente cuando notó una cierta fila de hombres rodeándolos, observando a su amiga con ojos hambrientos.

Su atención se volvió fría y peligrosa cuando uno de ellos osó extender la mano y tocarla.

En un pestañeo, el aire festivo alrededor de Goku desapareció. Un gruñido sordo vibró en su garganta y la mirada inocente del guerrero fue reemplazada por la sombra dominante de un saiyajin protegiendo lo que, en el fondo de sus instintos, empezaba a considerar suyo.

—¡Hola preciosa! —interrumpió un sujeto sujetándola del hombro.

Esta se sorprendió y se alejó bruscamente.

—¡Ven vamos a bailar! —le dijo el intruso queriendo alejarla de su acompañante.

—No me interesa —mencionó ella desinteresadamente, acercándose hacia Goku.

—Oh vamos, déjalo un rato, la vamos a pasar bien —mencionó él insistente, dándole un vistazo despectivo al saiyajin.

—No, ella bailará conmigo —mencionó otro impertinente quien hacía acto de presencia, mirándola creídamente.

—No, no estoy interesada, déjenme en paz —mencionó Bulma mostrando cierto fastidio.

Bulma jaló a Goku del brazo para después entrelazar su mano con la de él y así dirigirse hacia otro espacio de aquel recinto.

—¿Estás bien? —le preguntó Goku, quien fue solo espectador porque Bulma le dio indicaciones en todo momento de no intervenir; solo atino a verlos con mucho desagrado.

—Sí, solo son unos idiotas —mencionó ella volviendo a estar frente a frente a él.

—Son muy desagradables —dijo Goku buscándolos con la mirada, apretando los puños.

Bulma sonrió de lado y sin previo aviso se soltó de él para empezar a moverse en su mismo sitio, contorneando las caderas con una lentitud cargada de erotismo.

—¿Qué haces? —preguntó extrañado Goku, sintiendo cómo la temperatura en su pecho comenzaba a elevarse.

—Baila Goku, acércate y baila conmigo.

Aquel la miró extrañado.

—Tómalo como una orden —esto último lo dijo con presión.

Goku alzó una ceja al ver sus pasos.

—Es que no sé cómo hacerlo, tus pasos son distintos a los que una vez aprendí.

Bulma sujetó su mano nuevamente, pero esta vez se dio el tiempo para acariciarla sutilmente con sus dedos. Pudo sentir su piel suave, pero se percibía la fuerza de esta; sus dedos, como si estuvieran esculpidos en piedra. Le gustó aquella sensación: delinear su piel con sus propios dedos mientras sus uñas daban ligeras caricias. Levantó la vista y aquel guerrero simplemente observaba sus movimientos, respirando un poco más rápido.

—Vamos Goku, tú sigue el ritmo —le dijo rompiendo el momento.

Goku hizo lo que le dijo y sin querer ya le estaba siguiendo el ritmo, sobre todo al sentir cómo el cuerpo de ella se unía al suyo... pero en eso él levantó la vista al percibir cierta energía desagradable y aquellos intrusos estaban pendiente de ellos.

—Esos sujetos nos están viendo y ya me están molestando —mencionó extrañamente irritado, sintiendo que la sangre le hervía en las venas.

—Son molestos, hay que hacerlos enojar, así se pondrán celosos —dijo Bulma entre risas.

—¿Celosos? —repitió aquella frase el saiyajin sin entender a qué se refería.

—Es cuando una persona se molesta porque la persona que le gusta le da atención a otra.

—Nunca he sentido eso —mencionó Goku despreocupado, sin dejar de moverse en su mismo sitio.

Sin darle tiempo a reaccionar, Bulma dio un paso al frente y acortó la brecha entre sus cuerpos hasta pegar su pecho al de él. Con los ojos fijos en los espectadores molestos, pasó sus brazos alrededor del cuello del saiyajin. Luego, deslizó despacio la mirada hacia el rostro de Goku.

Se empinó sobre sus tacones y aproximó sus labios a los de él, a una distancia tan mínima que el aliento cálido de ambos chocó en el aire. No lo besó, pero se mantuvo suspendida ahí, simulando una intimidad absoluta mientras inclinaba levemente la cabeza y rozaba apenas la comisura de la boca del guerrero.

Goku se congeló al instante. El aroma dulce del cuello de la científica impregnó sus pulmones y la piel al descubierto de sus hombros contra sus manos le provocó una sacudida eléctrica. Sintió un tirón violento en la parte baja del abdomen. Su corazón empezó a martillearle el pecho y una excitación pesada, primitiva y desconocida comenzó a endurecerle los músculos. La fijación con la que ella lo miraba a escasos milímetros de sus labios provocó que un calor intenso descendiera directo a su entrepierna.

Apretó la cintura de Bulma con posesividad instintiva, devolviéndole una mirada oscura y hambrienta que hizo que a la peliazul se le cortara la respiración al notar el evidente y peligroso impacto físico que acababa de desatar en él.

—¡Necesito ir al baño! —mencionó sorpresivamente, alejándola bruscamente de él ante el abrumador choque sensorial de tener sus labios tan cerca.

Cuando llegó al lavabo y estuvo frente al espejo, se echó suficiente agua helada en el rostro. Se sentía profundamente acalorado, con la sangre quemándole las venas y la entrepierna endurecida. Debía cumplir con lo que ella le pidiera, pero... ¿en qué momento se lo iba a pedir de una vez? Él sabía perfectamente que ella también lo deseaba; podía percibir su aroma femenino intensificado y escuchar los latidos desbocados de su corazón cada vez que tenían un mínimo roce o interacción.

¿Por qué no se lo pedía ya?, se preguntaba a sí mismo, sintiéndose acorralado por una confusión tan impaciente como primitiva. Antes eran los nervios los que lo invadían; la sola idea de poseer a su amiga le parecía un territorio desconocido, sumado al esfuerzo sobrehumano por borrar de su mente el pacto con Mirai Trunks, al menos por esa noche. Pero ahora, viendo cómo el juego de seducción se prolongaba, la expectativa física lo tenía completamente ansioso y al límite del control.

Al salir del baño y caminar a su encuentro, detuvo sus pasos a cierta distancia. Una punzada helada le atravesó el pecho al ver cómo la peliazul le sonreía coqueta a un sujeto desconocido que, al parecer, le había caído en gracia. No le daba el mismo trato distante que a los otros dos impertinentes. Sin poder evitarlo, Goku ladeó la cabeza y se quedó observando con los ojos fijos y oscurecidos; el fuego en sus entrañas cambió de forma al ver que ella empezaba a reír con soltura mientras el hombre se inclinaba confiado para susurrarle algo al oído.

La escena hizo colapsar los instintos del saiyajin.

Un segundo después, un impacto seco retumbó en el recinto: el sujeto salió volando por el aire de manera salvaje, estrellándose metros más allá. Bulma miró la escena horrorizada, mientras el resto de las personas en la pista retrocedían espantadas por el repentino y violento suceso, encontrándose con la figura imponente de Goku envuelta en un aura oscura y amenazante.

—Pero...

Goku se acercó molesto hacia él y lo levantó del piso con una sola mano para asombro de todos los presentes.

—¿Quién te dijo que podías acercarte a ella? —siseó con la voz grave, envuelto en un aura peligrosa.

Bulma corrió rápidamente, con el corazón en la garganta.

—¡Goku, suéltalo!

—No. Este sujeto llamó tu atención, eso no me gustó —dijo para sorpresa de sí mismo; el enojo territorial de ese momento lo había cegado por completo.

—¡Bájalo inmediatamente! —le gritó Bulma al ver al hombre aterrorizado, mientras el personal de seguridad se acercaba rodeándolos.

La peliazul se pegó al saiyajin y con sus manos intentó hacer fuerza para que le hiciera caso.

—Vámonos de aquí, Goku...

Goku dejó caer al hombre en el piso, no sin antes dedicarle una expresión de ira pura. El sujeto, ni bien se vio liberado, corrió como todos los demás hacia un lugar seguro.

—¡Váyanse inmediatamente! —ordenó el de seguridad echándolos por aquel escándalo.

La peliazul resopló resignada y profundamente ofendida; jamás le había pasado tal vergüenza. Ya fuera de aquel recinto, Bulma subió furiosa a su auto y Goku la acompañó en el asiento del copiloto. El trayecto de regreso fue un infierno de velocidad.

—¡Qué diablos te pasó! ¡Por qué hiciste eso! —gritó ofuscada al volante.

—Vi cómo ese sujeto se acercó demasiado a ti —respondió él, mostrando cierto gesto incómodo y tenso.

—¡Te pusiste celoso! Estás loco, no tienes por qué ponerte celoso por mí, ¡solo somos amigos! —le dijo Bulma con fuego en los ojos.

Goku pensó en sus palabras unos segundos, apretando los puños sobre las rodillas.

—Bulma... si seguías con ese hombre, ¿en qué momento lo íbamos a hacer?

—¡¿Qué?! ¿De qué estás hablando? —preguntó Bulma deteniendo en seco el vehículo al llegar por fin a la entrada de su casa.

—Del sexo... ¿A qué hora vamos a tener sexo? —preguntó Goku al borde de la impaciencia, cargado de una urgencia física insostenible.

—¡Creíste que te pedí venir para eso! —mencionó Bulma indignada.

—Me dijiste que lo haríamos y que no importaba a pesar de estar mal —respondió Goku sintiéndose confundido y frustrado por la actitud de ella— Yo te lo pregunté... es lógico que hablabas de eso.

Los ojos azules de la mujer se abrieron en par en par, encendiéndose de coraje.

—¡Bájate del auto! ¡Bájate ahora mismo!

—¡Qué! ¿Por qué? —cuestionó Goku sorprendido.

—¡Porque sí! ¡Malograste mi noche, la arruinaste y tienes el descaro de decirme semejante cosa! Yo solo quería divertirme... ¡No te quiero ver, Goku! ¡Vete a tu casa!

Bulma salió del vehículo dando un portazo violento y caminó a zancadas rápidas hacia la entrada de su residencia. Goku descendió tras ella, invadido por una sensación de desconformidad abrumadora. Sentía que todo se le salía de control y la imagen de la sonrisa de la peliazul extinguiéndose por completo le quemaba el pecho.

—Bulma, lo siento... ¡Espera! —exclamó, persiguiéndola a pasos agigantados.

—¡Que te vayas! ¡No quiero escucharte! —respondió ella sin voltear, buscando las llaves con torpeza en su bolso.

En un parpadeo, Goku acortó la distancia. Sin darle tiempo a reaccionar, extendió su brazo firme y la tomó de la muñeca. La jaló hacia él con una fuerza implacable, provocando que el cuerpo de Bulma chocara de lleno contra su pecho rígido.

—¡Goku! —ahogó un grito ella, completamente sorprendida por semejante despliegue de intensidad.

Él no la soltó. Con la respiración agitada y la mirada oscura clavada en sus ojos, se inclinó sobre su rostro a escasos milímetros de sus labios, imponiendo su figura sobre ella de una forma tan dominante que a la científica se le cortó el aire.

—No me voy a ir —murmuró él con la voz rasposa y autoritaria— Me excedi, lo sé... pero no voy a dejar que termine esto asi. La cita no está perdida, Bulma...

Bulma se soltó con furia y confusión de su agarre, sintiendo el pulso retumbándole desbocado en los oídos y la piel abrasada por el contacto. Se alejó unos pasos a tropezones, manteniendo la vista fija en él con el pecho agitándose descontroladamente.

—¡Es que no te has dado cuenta! —dijo ella, con la voz quebrada por una mezcla de rabia, frustración y el deseo desbordado que amenazaba con ahogarla.

—¿De qué? —respondió él sin dar un solo paso atrás, manteniendo esa postura firme y dominante con los ojos fijos en los suyos. —¡De que lo quieres tanto como yo!

Bulma abrió los ojos por completo ante esa confesión que acababa de escapar de sus propios labios. Se quedo paralizada; sus entrañas dieron un vuelco salvaje al procesar lo que acababa de gritarle a viva voz en medio de la noche.

Goku la miró en completo silencio durante unos segundos interminables. La tensión en el aire se volvió tan pesada que resultaba difícil respirar. Los ojos oscuros del saiyajin no reflejaban burla ni duda; solo una hambre contenida y una certeza primitiva que hizo que a la peliazul le temblaran las piernas.

—Sí me he dado cuenta... —murmuró él con una voz grave y rasposa que le recorrió a ella cada vértebra de la espalda— Por eso no me pidas que me vaya...

Bulma retrocedió sintiendo su pecho agitarse descontroladamente, incapaz de sostener por más tiempo la intensidad de esa mirada que la devoraba viva. El aire le faltaba y el corazón le martilleaba contra las costillas con una fuerza casi dolorosa.

—Tengo que irme... Suficiente, Goku. Vete a tu casa.

Diciendo eso, dio media vuelta y corrió a toda prisa hacia la puerta de entrada de la residencia.

Goku, dejando escapar un largo y pesado suspiro que soltó un vaho tibio en la noche, simplemente dejó que se alejara esta vez. No dio un solo paso más. Se quedó ahí de pie, imponente bajo la luz de la luna, sintiendo una frustración sorda y abrasadora retumbándole en las entrañas, mientras el sonido del portón cerrándose con firmeza ponía fin a una cita que había cambiado las reglas del juego para siempre.

Hola querido lector, escribir es mi hobbie mas divertido, espero puedas seguirme y disfrutar de todas mis historias.

Este es un two shot.

Si te gustó, déjame saberlo en los comentarios

Los espero en el siguiente cap.

AMAPOL

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