Único
Jack era, aún después de muerto, un clásico ciudadano londinense: refinado, educado y no se saltaba la hora del té ni siquiera en momentos serios o de peligro extremo.
Todo el mundo conocía a Jack el Destripador, el asesino de prostitutas. Tanto dioses como humanos sabían su nombre; era respetado por algunos y odiado por todos debido a la vida hedonista que llevó en la ciudad de Londres.
Brynhildr estaba parada en aquel inmenso jardín, frente a la mesa del té, viendo a aquel hombre que lo bebía tranquilamente, contemplando su reflejo en la bebida como si no hubiera peleado en el Ragnarok.
-No es necesaria mi presencia. ¿Por qué sigue insistiendo, señorita?
-Es necesaria, Jack. Es bueno que socialices con los humanos del Ragnarok, que dejen de pensar que eres un cruel asesino.
-Soy un cruel asesino -corrigió, en tiempo presente, la afirmación en tiempo pasado que había dado a entender la valquiria.
-No eres esa clase de asesino, Anonimus.
La inteligente mujer analizaba al londinense, pues no le gustaba que, aun después de todo, su hermano Hércules tuviera que seguir envuelto en varias peleas con los dioses para defender la imagen renovada del humano, mientras este, sin darse cuenta de todo el esfuerzo que hacía Heracles, bebía té tranquilamente en su propio paraíso. Sabía la valquiria que, más tarde que temprano, esa actitud iba a traerle problemas tanto al humano como al dios.
Jack levantó la mirada hacia la mujer.
-Un asesino siempre será un asesino, no importa su clase.
Continuó con la conversación, ajeno a todos los pensamientos que tenía la valquiria.
-Podrás ver de nuevo aquellos colores que notaste durante la pelea. Todos ellos son exquisitos para ti, ¿no?
El peliplateado torció la boca, poco conforme.
-Treinta minutos y me iré de ahí.
Brynhildr se vio complacida.
-Tienes un trato -murmuró ella-. Así que debes darme tu palabra de caballero de que asistirás.
-Le doy mi palabra de caballero, señorita Brynhildr. Estaré ahí, puntual, como usted desea.
La valquiria sonrió antes de dar media vuelta e irse.
-Por cierto, Hércules va a estar ahí.
-Uh... -Jack dejó su taza en la mesa; casi se le caía de las manos-. Y-ya no puedo... -murmuró, preocupado.
-Tienes que ir, Jack. Me diste tu palabra.
Finalmente, la hermosa mujer se marchó de ahí, dejando al asesino con sus pensamientos.
Jack dejó salir un largo suspiro. No quería hablar con Hércules porque aquel enorme semidiós le hacía tener sentimientos complejos y difíciles de describir. Sus colores eran tan hermosos que creía que el solo hecho de verlos lo iba a matar. Además... aún tenía miedo de lo que le fuera a decir. Desde que lo revivieron no había ido a verlo, pese a que su deseo era darle la bienvenida y sentir sus brazos rodeándolo una vez más. Aun así, justo ahora no tenía el coraje de hacerlo, lo que lo tenía, en parte, desanimado y sin ganas de toparse con Hércules.
Era por la noche, después de la hora del té, cuando todos estaban reunidos. Faltaban unos cuantos peleadores, lo que supuso Jack era que probablemente iban a llegar tarde. En una de las mesas más alejadas tomó asiento, esperando a que los treinta minutos pasaran rápido. Incluso había sacado su reloj de bolsillo para contemplarlo, pero sentía que, entre más lo veía, más lento caminaba el minutero.
Uno pensaría que todos los humanos perderían los estribos en una reunión así, con alcohol y bebidas gratis; que los verías arriba de una mesa cantando cualquier canción a todo pulmón o bailando descaradamente; que, a esas alturas, ya habrían provocado alguna pelea, pero no fue así.
Qín Shi Huang bebía mientras conversaba animadamente junto a Hades, Adamas, Beelzebub y Tesla. Parecían llevarse bien mientras degustaban algún bocadillo sin perder la compostura, al igual que Alvitr, Hlökk y Göndul. La primera se mostraba reacia a estar ahí y la última demasiado servicial con los cuatro más atractivos. Lo más extraño que podías escuchar de ellos quizá era alguna carcajada por parte del hechicero de la humanidad, y Jack vio que aquel castaño no bebía alcohol, sino que solo tomaba agua mineral mientras explicaba algún extraño invento que seguramente tenía en su laboratorio.
Hōsen bebía vasos y vasos de cerveza e hidromiel junto a Raiden, a quien no le paraba la boca y no dejaba de manosear a Shiva, mostrándose de verdad muy afectuoso. Randgriz, Thrúd y Thor estaban al lado de aquel moreno, bebiendo al igual que su humano. Entre los dos no decían nada; guardaban silencio y se dedicaban a observar el teatro que hacía el peleador de sumo, que, sin estar ebrio, podía terminarse todo un barril y continuar bebiendo y comiendo como si fuera un pozo sin fondo. Para Jack no pasó desapercibido el momento en que el pelirrojo tomó de la mano al general por debajo de la mesa y le dio un fuerte apretón. Aunque no se miraron a los ojos, ambos no se soltaron de las manos, como si fueran cómplices de un profundo y misterioso secreto.
El gran espadachín Kojiro Sasaki se encontraba bebiendo sake junto a Okita, Isami, Hrist y Poseidón. Este último se encontraba sentado sin decir ni una sola palabra; no bebía y solo se dedicaba a observar a quien le diera muerte durante el Ragnarok. Sin embargo, ninguno de los presentes le tenía alguna clase de miedo. Seguían conversando animadamente mientras Sasaki, en todo momento, apoyaba su cabeza en uno de los hombros del fuerte dios o le regalaba alguna sonrisa cariñosa que encendía levemente las mejillas del rubio.
Adán, por su parte, comía y bebía sin expresiones verdaderas en su rostro, mientras Zeus no dejaba de hablar y reír junto a Hermes, Eva y Reginleif. Bueno, siendo honestos, parecía que el único que hablaba era Zeus, por su magnífico buen humor. Incluso, en ese momento, contaba alguna gran hazaña contra algún titán, teniendo la atención de las dos mujeres y de Hermes, mas no parecía sorprender a Adán.
Buda Gautama se encontraba comiendo dulces y bebiendo refrescos sin importarle las caries. A su lado estaba Jataka, riendo nerviosamente e intentando que Buda no comiera tantos caramelos. Sakata, el cazador de demonios, también estaba ahí, bebiendo alcohol, feliz de ver a sus amigos llevarse bien junto a Zero.
Para Jack, esta convivencia le parecía tan irreal... Se sentía demasiado cálido estar ahí cuando todos compartían y se entendían a la perfección. En aquellos grupos de luchadores, él no se imaginaba en ninguno; no encajaba con ninguno de ellos. No creía que lo suyo fuera hacer amigos.
-Fue una mala idea venir hasta aquí... -pensó para sí mismo.
Pero, al quitarse el monóculo, vio bailar ante él nuevos colores, todos ellos llenos de amor y amistad. No había en ninguno de ellos envidia, odio o terror. La señorita Brynhildr había tenido razón: los colores de los peleadores del Ragnarok eran hermosos.
-¡Jack, viniste!
Hércules se acercó a su lado. ¿Cómo era que no lo había visto? El semidiós se veía tan contento de tener a Jack ahí que sonrió y se le acercó para darle un fuerte abrazo.
-Creí que no vendrías, porque en todo este tiempo te la has pasado evitándome.
El humano sintió la calidez del pecho del semidiós.
-¿Estás enojado porque te grité durante nuestro combate en el Ragnarok?
Jack sonrió y acarició los largos cabellos del dios, negando con la cabeza. Su corazón no dejaba de latir y lo alejó tiernamente.
-No estoy enojado por algo tan tonto, mi señor. Solo creí que era mejor estar lejos de usted y así no perturbar su hermoso color.
Hércules sonrió y levantó a Jack de aquel lugar.
-Dime... ¿Lo has logrado?
El dios se paró frente a Jack.
-¿Has logrado perturbar mi color?
-No, mi señor. Su color sigue siendo tan hermoso como el último día que lo vi.
-Excelente.
Dijo Hércules, acercándose a la barra para pedir dos enormes tarros de cerveza.
-Bebe conmigo, Jack. Brindemos por esta reunión que hemos tenido.
-Yo no bebo, señor -dijo el asesino-, pero beba usted.
Hércules no borró su sonrisa.
-Insisto. Bebe conmigo, Jack, para reafirmar que ahora somos amigos.
Jack miró extrañado aquel tarro de cerveza y levantó una ceja.
-¿En serio los amigos beben juntos?
-¡Por supuesto! -respondió el pelirrojo-. La cerveza siempre sabe bien en una buena compañía. El alcohol tiene ese efecto: cuando estás con alguien agradable, tiene un excelente sabor.
-Me pregunto...
Dijo Jack viendo cómo Hércules daba un gran trago a su bebida y se la terminaba de golpe.
-Es deliciosa.
Jack cerró los ojos de golpe e, imitando al dios, se bebió toda la cerveza que tenía, notando que, pese al sabor amargo, realmente tenía un extraño, pero dulce, sabor.
-¿Y qué te parece? -preguntó Hércules con brillitos en los ojos.
-Tenía razón, mi señor. La bebida sabe mejor en compañía.
"Pero el té sabría mucho mejor con usted", pensó para sus adentros Jack, un poco avergonzado de haber aplazado esta reunión por tanto tiempo. Su dios era simplemente perfecto.
Acto seguido, ambos comenzaron a beber y a platicar alejados de todos los demás. Lo que era una cerveza se convirtió en dos, luego tres y cuatro... Pidieron hidromiel y más bebidas.
Hlökk rápidamente encontró a su humano y se acercó a ellos para reclamarles por qué no habían pasado a saludar. Jack se encontraba más relajado, así que, cuando la valquiria los acercó a la mesa donde estaba sentada, fueron recibidos como si realmente todos ellos fueran grandes amigos. Ninguno miró mal a Jack; ni siquiera comentaron nada sobre las peleas del Ragnarok. Continuaron conversando y Tesla fue quien se acercó a él.
-Tus ojos son una extraña condición, al igual que la del emperador.
El tecnópata se veía entusiasmado y había pasado por encima de Adamas y Beelzebub para acercarse demasiado al rostro del supuesto asesino.
Jack se sonrojó al ver la cara tan de cerca de un hombre tan atractivo que le miraba directamente a los ojos.
-Tengo muchas ganas de hacer un montón de pruebas con tus ojos. Desearía poder sacarlos de tus cuencas oculares y realizar una investigación completa.
-Oh, mi señor, si sigue hablando así terminaré enamorándome de usted -respondió Jack con la lengua más suelta que de costumbre.
En cuanto dijo eso, tanto Tesla como Jack fueron alejados abruptamente por los dioses. Hércules había jalado a Jack contra su pecho y Beelzebub prácticamente lanzó al otro lado a Nikola con tal de que no tocara más al otro humano.
Qín Shi Huang soltó una fuerte carcajada.
-No creo que sea muy digno de los dioses mostrarse celosos por un comentario coqueto de un hombre ebrio -dijo sonriente-. Sean como el grandioso señor Hades, que siempre sabe controlar bien sus ataques de celos.
-Yo no estoy celoso -respondió Beelzebub, bebiendo de su copa mientras veía cómo Tesla se reincorporaba del suelo y lo observaba dudoso. Se veía lindo, todo confundido, pero debía aprender a respetar el espacio personal.
-¡Mi hermano jamás se mostraría celoso con un humano como tú! -respondió Adamas, viendo a su hermano mayor, Hades, que desvió la mirada, culpable, hacia el suelo-. ¿Hermano?
Hades simplemente sonrió tranquilamente.
-Bueno, al emperador Qín Shi Huang siempre le ha gustado jugar con mis nervios, así que uno debe aprender a gobernarse a sí mismo para ser un buen rey y un buen amante.
El emperador, en ese momento, volteó a ver al de cabellos plateados, lo tomó por sorpresa del rostro y le plantó un beso casto en los labios.
-Un rey siempre sabe premiar a su consorte -dijo sonriente.
Todos los ahí presentes soltaron una exclamación, pero Jack no podía concentrarse, pues seguía entre los brazos de Alceo, escuchando cómo latía con fuerza el corazón del dios.
-¿Mi lord...?
El asesino levantó ligeramente la cabeza, viendo el sonrojo de Hércules, que lo miraba como lastimado.
El escándalo que había provocado el emperador con Hades se escuchaba lejano, pues se oían reclamos y risas por parte de los que estaban ahí. Incluso parecía que Tesla se había levantado para pedirle disculpas a Beelzebub, quien le obligaba a sentarse en su regazo. Pero Jack no podía apartar la mirada de aquel rostro lastimado de Hércules.
-V-vamos a saludar otras mesas.
Dijo Hércules, fingiendo una sonrisa y despidiéndose de ellos para, efectivamente, ir a ver a los demás peleadores.
Bebieron con Sasaki y Poseidón; con Buda y Kintoki. También compartieron bebida con Lü Bu y Thor. Jack fue levantado por el señor Raiden y obligado por Shiva a beber todo un tarro de alcohol cuando Hércules fue al baño. Obviamente, el pobre londinense ni siquiera pudo beberse la mitad sin sentirse ya completamente ebrio. Le dio mucho sueño y ese fue su "K. O.": se recostó sobre la mesa esperando a que su señor llegara para irse. La media hora que se iba a quedar se convirtió en varias horas.
Cuando Hércules llegó, vio a Jack cabeceando de sueño. Era ya momento de irse y lo levantó. Solo quería pasar por último con Zeus y Adán; los saludaría con Jack y se iría. Pero, cuando se acercaba, notó que más dioses griegos se habían unido al padre de la creación. Eran bastantes, pero los más cercanos eran Hera, Ares, Narciso e incluso había humanos como Yolao. No quería acercarse, pero ya estaba a medio camino. Fue entonces cuando, en cuanto lo vieron llegar con el asesino, Yolao habló primero.
-Hércules, me da mucho gusto verte, aunque no puedo decir lo mismo de tu acompañante.
Ares también estaba molesto.
-Hermano Hércules, ¿por qué has traído a un asesino tan despreciable como él a la mesa?
-Asqueroso asesino -dijo Hera.
Hércules no pudo soportarlo y cargó a Jack, que tenía la mirada baja después de esos comentarios.
-Ustedes no saben nada sobre Jack. Asesino o no, es el humano que amo y, por ese simple hecho, deberían respetarlo.
Dijo Hércules, muy molesto al ver la expresión de tristeza que había puesto Jack.
Sin decir nada más, se presentó ante su padre y ante Adán, quien, al verlo cargar a un humano deprimido, acarició la cabellera plateada y se levantó.
-Nosotros también nos vamos. Aquel que desprecia a uno solo de mis descendientes me desprecia también a mí.
Eva se puso de pie, mirando molesta a Yolao y a Ares.
-Pero, venga... -dijo Hera, bebiendo un poco-. No sé por qué se enojan si ninguno de nosotros ha dicho nada malo. Es un asesino, ¿no?
-Yo también soy un asesino.
Lü Bu estaba parado detrás de Hércules. Nadie sabía desde cuándo había llegado, pero parecía haber escuchado lo suficiente.
-Maté a muchos rivales y ejércitos con tal de encontrar a mi rival y, aunque ya no es necesario buscarlo, no pierdo nada matando a unos cuantos dioses insignificantes. Anda pues, Ares, dios de la guerra. Vamos a pelear por el título que los humanos te han dado. Será divertido demostrar, de una vez y por todas, quién es el verdadero dios de la guerra.
El pelinegro dibujó una amplia sonrisa, mostrando sus dientes puntiagudos.
El oriental estaba a punto de irse, pero, al escuchar cómo los dioses se expresaban del humano con el que acababa de beber, no le pareció justo. Ellos solo se metían con Jack porque sabían que estaba desarmado y no podía defenderse en su estado.
-Esto será divertido -respondió Thor, viendo la emoción de su general.
Qín Shi Huang, junto a Tesla, también se había puesto de pie y fusionado con sus valquirias, dispuestos a pelear. Los dioses tras ellos no les detuvieron. Buda y Kintoki, al igual que Sasaki y Poseidón, también estaban en guardia frente a aquellos dioses, sonriendo burlonamente.
-¿Por qué defienden a la escoria de Londres? -gritó Yolao, molesto de que todos quisieran defender al asesino, pero, por sobre todo, al ver la ira de Hércules-. ¡Es solo un delincuente, un asesino sin honor! ¡Es el maldito Jack el Destripador!
Quizá esto pudo haber llegado más lejos, pero Brynhildr apareció tan orgullosa como siempre. Se arrodilló frente a los dioses de la mesa de Zeus.
-Lamentamos mucho la falta de respeto, mis señores. Sinceramente, estamos muy apenados por nuestro comportamiento.
Todos miraron cómo Brynhildr tenía la mirada baja y la cabeza agachada. A ninguno le pareció correcto que ella se disculpara con esos buenos para nada, pero el que se veía más ofendido fue el mismísimo Jack que, así borracho como estaba, con la cabeza caliente por el alcohol y los movimientos torpes, pero elegantes como los de un felino, logró bajarse de los brazos de Hércules e ir hasta donde estaba la valiente valquiria.
-No... -murmuró-. Usted no debe bajar la cabeza ante ellos, dama Brynhildr.
El asesino llevó una de sus manos a los hombros de la mujer y le sonrió amablemente.
-Soy yo quien debería pedir disculpas.
Acto seguido, Jack también se puso de rodillas, apoyándose sobre una de ellas. Se quitó el sombrero, llevándolo al pecho.
-Lamento mucho haberles arruinado esta hermosa velada, mis queridos anfitriones. Tienen razón y, por ello, las palabras no bastarían para pedirles disculpas, ya que los actos hablan mejor que cualquier dicho. Perdón nuevamente. Paso a retirarme.
-¿Crees que eso es suficiente? -preguntó Hera con desdén-. Tu cara acaba de amargarme la cena.
La mujer entonces vertió vino sobre la cabeza del asesino, divertida.
-Ve a traer un poco más de vino.
Todos ahí se enojaron por esa acción. Incluso Hércules se acercó para detener a la maliciosa mujer, pero Ares se puso enfrente para impedirlo. Entonces escuchó la voz de su amado Jack.
-Está bien, mi señor.
Jack sonrió mientras se ponía de pie.
-Es solo un poco de vino.
Hércules tuvo un amargo sabor de boca.
Entonces escucharon un fuerte grito.
Era Göll que, como siempre, se mostraba mucho más emotiva y llorosa que todos. Ella lloraba por Jack.
-¡No es justo! -la escucharon decir-. ¡Tú no tienes por qué pedir disculpas cuando no eres Jack el Destripador!
Exclamó con fuerza, apretando los puños.
-¡Mi hermana Brynhildr me lo ha contado todo y no es justo que te sigan tratando como uno!
Todos ahí se quedaron sorprendidos, viendo cómo la chica se acercaba a su hermana para defenderla de cualquier ataque que quisieran hacerle.
-Oh, my lady...
Dijo Jack, juntando las cejas y viéndose descubierto ante todos.
-¡¿Cómo que no eres Jack el Destripador?! -exclamó Hércules, apartando a un sorprendido Ares-. Entonces... ¿quién eres?
Le preguntó, tomándolo de los hombros.
Todos guardaron silencio, esperando la respuesta.
El asesino no pudo más que mostrar su sonrisa.
-Es cierto. No soy Jack el Destripador. En vida me conocían como Anonimus. Yo fui el asesino de Jack el Destripador. Lamento haberles engañado.
Dijo mirando primero al pelirrojo y después a todos los demás.
-¡Increíble! -exclamó Tesla sonriente, y Qín Shi Huang asintió con la cabeza-. ¡El mejor engaño no solo fue para Hércules, sino también para nosotros!
-Eres increíble -dijo Sasaki sonriente-. Realmente puedes engañar a todos, no solo durante, sino también después del Ragnarok.
-Pero estoy realmente aliviado de que no seas el verdadero Jack el Destripador. Aun así, no me decepcionas en absoluto -dijo Sakata sonriente.
-Ey... Entonces, ¿no son ustedes los que le deben una disculpa a Jack?
Adán se giró, ahora ya con su valquiria fusionada con su Volund, mirando a Hera, Ares y Yolao.
-¿Qué esperan?
Todos los peleadores los miraron, no solo furiosos, sino también dispuestos a pelear. Sin embargo, Hércules no podía apartar la mirada del asesino. Estaba un poco triste de que aquel no confiara en él o de que no lo considerara digno de confianza. Dándose media vuelta, dio un largo suspiro mientras escuchaba las voces tartamudas de aquellos tres pidiéndole disculpas a Jack.
Hércules salió de ahí para intentar calmar sus ideas, sin notar que cierto humano lo seguía.
-Parece que a todos les tranquilizó que no fuera un cruel asesino como Jack el Destripador, pero a usted no le gustó para nada la noticia. ¿Sería acaso que lo decepcioné?
Hércules se detuvo al escuchar la voz de Jack.
-Tú sabes que así fue.
-¿Por qué? ¿Por qué no soy un asesino? ¿Por qué ahora no tiene a quién salvar del camino del mal? No entiendo. Si usted no me explica, solo sé que está triste por mi culpa y haría cualquier cosa para que usted no esté triste.
-Jack... Tú me gustas y te amo, pero no te amo como crees. Realmente me gustas tanto que no he dejado de pensar en ti desde que volví a la vida. Te amo como los amantes saben amar. Quiero cuidarte, besarte y protegerte.
Hércules apretó los puños con fuerza.
-Qué malos gustos tiene usted, mi lord.
Hércules podía escuchar la voz de Jack tras su espalda. No se atrevía a mirarlo porque el valeroso semidiós que encaró a Ares cuando era humano y que cumplió con los doce trabajos sin retroceder, en ese momento tenía miedo de una sola persona.
-Lo sé... -sonrió Hércules-, pero siempre me doy cuenta de que tú no necesitas que te protejan ni que te cuiden. Tú no necesitas a nadie y, aun así... este sentimiento que tengo por ti, lejos de desvanecerse, se hace más grande. Eres un hombre admirable y respetable. En serio creo que estoy loco por esto, pero te amo incluso cuando no sé nada de ti, y eso me da tanta inseguridad, porque verdaderamente no conozco nada. No sé lo que piensas de un dios tan grande y tonto como yo.
-Mi señor... Usted no tiene que sentirse mal por lo que yo piense de usted, porque lo que siento por usted es suficiente como para beber alcohol, aun cuando no me gusta, y convivir con los demás humanos cuando detesto la convivencia. Usted es la bondad que yo no tengo y que necesito en mi vida.
-Me sigues mintiendo, Jack... Ni siquiera sé si ese es tu nombre real. Estoy feliz de que no seas un asesino, pero no puedo evitar sentirme mal por no detectar cuándo mientes. Estar siempre con esta inseguridad me hace sentir impotente.
Hércules se giró para ver el rostro de Jack, pero entonces se encontró con el hombre frente a él, jalándolo y poniéndose de puntillas para darle un beso en los labios.
El rostro del dios se pintó de carmín al ver la mirada y las largas pestañas plateadas del hombre que tenía enfrente.
-Usted me gusta mucho, mi lord, y verlo con esos colores me hace sentir frustrado. Si no puede creerme con mis palabras, déjeme demostrarle con mis acciones cuánto lo quiero.
Hércules entonces tomó a Jack por las caderas para pegarlo más a su pecho, inclinándose para profundizar aquel beso y entrelazar sus lenguas en una deliciosa danza húmeda. Con una sola mano podía rodear toda la cintura de Jack y apretarla mientras, a pasos torpes, llegaban hasta una pared que los escondía, aunque no del todo.
Cuando se separaron, el humano respiraba agitadamente. Ambos sentían sus corazones latir rápidamente y, cuando sus miradas se cruzaron, Hércules volvió a besar al asesino con hambre, siendo correspondido por un avergonzado e inexperto Jack, que gemía de vez en cuando al sentir cómo la mano de aquel semidiós comenzaba a introducirse bajo sus pantalones y apretaba con ansias y deseo sus redondas nalgas.
-¡Mi...!
Jack no podía terminar las oraciones sin sentir cómo Hércules lo acorralaba contra la pared, sin dejar de besarlo. Por primera vez en su vida, como cazador, Jack se sentía como la presa de un enorme león.
El de cabellos plateados logró alejarse de aquellos hambrientos labios y de aquella deliciosa lengua para sentir cómo el dios, inconforme, comenzaba a besar su cuello, bajando poco a poco y comenzando a desnudarlo. Pero no solo era Jack quien notó que había hecho muy mal en besar al dios, pues ahora veía, a través de la ropa, que Hércules estaba tan duro como una roca y que su miembro era enorme, demasiado grande para él. Tanto así que, por primera vez, sintió miedo. Su cuerpo tembló de placer y ansiedad por no saber cómo toda esa enorme cosa iba a caber dentro de él. Lo único certero era que, ya fuera por el alcohol en su cuerpo o por la necesidad, quería probar todo eso.
El peliplateado quitó aquella armadura que cubría la mitad del cuerpo del dios para sentir con más intensidad aquella musculosa piel. Acarició con sus dedos aquel tatuaje, viendo cómo su propia ropa era apartada, dejándolo completamente desnudo, con los pantalones a la altura de las rodillas y el miembro humano erguido, tembloroso, deseando ser tocado.
Hércules no era tan tonto, pero sí impulsivo. Entre besos y caricias, al alejarse momentáneamente del cuerpo blanquecino de Jack y verlo semidesnudo, con los pezones rosados erguidos, el sonrojo en aquel rostro pálido y el sudor sobre esa piel nívea, no le quedó de otra que cargar al humano, recargándolo contra la pared, abriéndole las piernas, bajándole por completo los pantalones y metiendo, de un solo movimiento, el miembro de Jack en su boca.
Envolvió con su lengua aquel pedazo de carne y succionó como si deseara ordeñar de una vez por todas al asesino, que se retorció entre sus brazos, cubriéndose la boca para no soltar un fuerte gemido.
-E-está sucio, mi señor... Está...
El humano no había terminado cuando tuvo ante él una imagen demasiado erótica y sensual de su dios. Cuando creía que no podía amar más a Hércules, este le regalaba la más caliente de todas las imágenes.
El pelirrojo miraba a Jack directamente mientras alejaba ligeramente la boca de aquel rosado y duro miembro, rozando la punta con la lengua.
-No está sucio.
Le dijo Hércules, regalándole la sonrisa más hermosa que el humano había visto.
-Es delicioso.
Acarició con un dedo desde la base hasta la punta, haciendo que Jack sintiera escalofríos.
-Todo lo que venga de ti me gusta, Jack.
Hércules lamió sus propios dedos y, mientras volvía a la tarea de darle placer al humano, introdujo uno de ellos en aquella apretada entrada. Con un solo dedo logró tocar el punto más dulce del asesino, que, sin poder evitarlo, se encogió de hombros, jaló de los cabellos a Hércules y tuvo la mejor corrida de su vida. Fue tan intensa que su mente se quedó completamente en blanco durante unos segundos y su mandíbula se destensó, dejando escapar un poco de saliva.
-Qué rico... -murmuró Hércules, tragándose todo el semen de Jack mientras besaba su vientre-. Quisiera un poco más, por favor.
-No se lo coma, mi señor. Eso no se come.
Dijo Jack, tomando las mejillas de Alceo para que lo mirara y limpiarle la boca con la mano.
-Debe tener un sabor asqueroso. Déjeme quitarle ese desagradable sabor. Béseme, amado mío.
Hércules se acercó a Jack para besarlo nuevamente con pasión y ternura.
-Me gustan sus besos, señor.
Dijo Jack al separarse, sintiendo cómo su entrada no estaba satisfecha con un solo dedo de Hércules. De alguna manera, aunque fuera imposible, quería ser uno con su dios.
-De saber que te gustaban, te hubiera dado montones de ellos desde el principio.
Hércules abrazó a Jack por la espalda, dibujando con sus enormes manos el contorno de su cuerpo sin dejar de estimular la entrada del humano. Introdujo entonces un segundo dedo, notando cómo el de cabellos plateados se estremecía por completo, teniendo una nueva erección.
-Oh, mi querido dios...
Murmuró Jack, rodeando al pelirrojo con sus brazos y volviendo a besarlo.
-No se demore más. Lo quiero dentro de mí. Dese prisa antes de que alguien venga a buscarnos.
Hércules era impaciente, pero no se atrevió a entrar en Jack de una sola estocada, sino que, ante la súplica del humano, solamente metió un tercer dedo para aflojarlo más debidamente. No quería lastimarlo ni que su primera vez fuera dolorosa. Deseaba que, si Jack gritaba o lloraba, fuera de placer y felicidad, no de dolor.
-Te amo mucho, Jack -murmuró Hércules sobre los labios del de cabello plateado, que ahora dejaba que sus gemidos salieran con mucha más libertad mientras movía las caderas.
-Ya... -suplicó el de cabellos plateados-. Dentro... Te quiero dentro de mí, querido dios.
Hércules sentía ya el interior de Jack moldeable y suave. Aun así, sabía que sería difícil para él recibirlo. Lentamente dirigió su miembro, ya húmedo de presemen, dejando escapar aquellas gotas aperladas de la cabeza de su enorme tronco, y fue guiándolo hacia el interior del humano.
Jack tuvo que apretar los dientes mientras aquel enorme pedazo de carne comenzaba a entrar en él y hubiera gritado de no ser porque Alceo estaba ahí, sujetándolo y besándolo con profundo cariño, sin dejar de estimularlo.
-V-voy a volverme loco... -murmuró Jack, dejando escapar algunas lágrimas provocadas por el dolor y el placer-. M-muy grande... Usted es tan grande...
Le dijo a Hércules cuando aquel miembro ya estaba a la mitad.
-Me siento lleno... Estoy completamente lleno de usted.
-¿Quieres que me detenga? -preguntó el dios, observando al asesino. El semidiós estaba haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no entrar de lleno en el humano, pero sí que era todo un reto.
Jack sonrió antes de darle un beso.
-¿Cuándo dije yo eso? Quiero que me llene de usted, mi querido dios.
Y fue como si, con esas palabras, Hércules perdiera toda cordura. De un solo movimiento terminó de hundirse por completo en Jack y comenzó a moverse con rapidez dentro del humano, escuchando el sonido húmedo que producía la entrada del asesino, combinado con los gemidos y gritos de placer de Jack.
El vientre de Jack marcaba claramente la forma del miembro de Hércules cada vez que este entraba hasta el fondo. Aquel enorme bulto golpeaba su interior mientras su punto más sensible era estimulado con tal intensidad que, por segunda vez, y arañando la piel de su amado dios, el asesino alcanzó un nuevo orgasmo con un ruidoso gemido en inglés.
Hércules, al sentir tanto el placer como el dolor que le estaba provocando a Jack, continuó aferrado a las nalgas del humano y sujetándolo por la cintura, sin dejar de moverse mientras ambos se besaban y, por momentos, se mordían.
-¡Mi señor, mi señor! ¡Oh, mi querido dios! -gemía Jack con gritos desesperados y llenos de placer.
-¡Más! ¡Grita mi nombre, Jack! -exigía Alceo, sin detenerse ni tener piedad de aquella entrada tan lujuriosa.
-¡Oh, mi querido Hércules!
Jack volvió a sentir aquella sensación de estar flotando entre un montón de nubes suaves y esponjosas. El placer del orgasmo y el éxtasis en el que se encontraba eran maravillosos.
Hércules alcanzó el clímax tan pronto escuchó su nombre salir de los labios del humano y lo llenó por completo. Cuando retiró su enorme miembro del cuerpo de Jack, parte del semen que había dejado en su interior resbaló hasta el suelo.
-Te amo, Jack... Te amo mucho...
Repetía Alceo.
-¿Jack?
El dios finalmente levantó la vista hacia el humano y lo vio completamente desfallecido.
-¡Jack! -exclamó alarmado-. ¡No te mueras, Jack!
Después de eso, Hércules y Jack fueron regañados por Brynhildr, quien les tuvo que explicar que no podían volver a hacerlo de una manera tan salvaje.
-No importa cuánto te lo ruegue o te lo suplique, hermano Hércules. No debes ceder ante Jack.
-Pero es que es tan lindo... -dijo Hércules de rodillas junto al humano.
-No me importa. Y tú también, Jack. Puedo esperarlo de Hércules porque es un idiota, pero no de ti. Debes mantener la compostura. ¡Todos pudimos escuchar tus gritos en la fiesta!
-Lo lamento mucho, mi dama. Estoy avergonzado de mi comportamiento. No sé qué me pasó... -respondió Jack, de verdad apenado.
-¡Él no tiene la culpa! -Hércules abrazó a Jack-. Fue mi culpa. Él estaba borracho, no sabía lo que hacía. Regáñame a mí, no lo metas a él en esto.
Hércules no soltó al humano y lo sostenía como si fuera lo más valioso del mundo.
-¿Qué voy a hacer con ustedes dos? -La valquiria se sobó el puente de la nariz-. No son unos niños pequeños. Si no hubiera estado ahí Beelzebub, Jack pudo haber muerto.
Hércules hizo un puchero.
-Pero ahora tendremos más cuidado -contestó-. No voy a metérsela toda, ¿verdad que no, Jack?
-Mi querido dios me cuida tan bien...
Jack se acercó a besar a Hércules y este le correspondió el beso, que comenzó a subir de tono.
-¡¿Que ustedes dos no entienden?! -gritó Brynhildr, negando con la cabeza. Dio media vuelta mientras escuchaba los gemidos y ronroneos de Jack al ser acostado con cuidado sobre el suelo-. Voy a cerrar la puerta.
La valquiria salió de ahí caminando por el jardín y dejó escapar una risa discreta.
-Bueno, al menos ya todos saben que fueron timados por un simple hombre y, para ellos, ya no eres Jack el Destripador. Solamente eres Jack tal y como siempre fuiste para mí.
La valquiria continuó su camino, feliz de que tanto dioses como humanos al fin supieran la verdad y de que pudieran llevarse bien con la humanidad.
Notas finales: Creen que exagere en la escena del sexo candente? Fue muy explícita??? Jajaja con razon me reportan la cuenta y las historias pero ustedes saben que es por amor. Gracias por volver a leerme y estar aqui! Besos a todos!








