Picnic Date! <<Kookmin>> by drippy at Inkitt
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picnic date! <<KOOKMIN>>

Summary

Jimin solo quería tener un picnic con Jungkook, aunque lo que realmente buscaba era cumplir la fantasía que llevaba demasiado tiempo guardando. NEW! OS KOOKMIN BOYPUSSY ADVERTENCIA: CONTENIDO SEXUAL Recomendada solo a mayores de 18 años. JIMIN NO ES TRANSEXUAL, es un hombre con VAGINA, en algunas partes del os se le tratara con pronombres femeninos. cerii: no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostraran aqui, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! BY CERII

Genre
Erotica
Author
drippy
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter


El sol comenzaba a caer sobre Seúl, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados que se reflejaban en las aguas tranquilas del río Han. 

El parque estaba en ese momento mágico entre el atardecer y el anochecer, cuando las luces de la ciudad empezaban a parpadear y el ruido del día era más silencioso.

Jimin había planeado todo con cuidado.

Demasiado cuidado, tal vez.

Una manta a cuadros roja y blanca, lo bastante grande para dos cuerpos, lo bastante pequeña para obligarlos a estar cerca. Una cesta que había comprado solo para la ocasión con frutas cortadas en forma de corazón; fresas, kiwi, melón, sandwiches de pollo con un toque de mayonesa que sabía que a Jungkook le encantaba, jugo de naranja natural recién exprimido y una botella de vino blanco que había escondido en el fondo.

Llevaba puesto un vestido floral que le llegaba hasta los muslos, de tirantes finos y tela ligera que se movía con la brisa, era azul pálido que hacía juego con sus ojos y el escote discreto pero suficiente, dejaba ver el inicio de sus tetas y la suavidad de su clavícula. Su cabello rubio caía en ondas sueltas sobre sus hombros y un leve brillo en sus labios, justo para él.

—¿Todo esto es para mí? —preguntó Jungkook, dejándose caer en la manta con esa sonrisa de conejo que siempre lo desarmaba.

Llevaba puesto unos jeans negros ajustados, una camiseta blanca que se ceñía a su pecho y el cabello oscuro ligeramente alborotado por el viento le caía sobre la frente. Sus ojos grandes y oscuros, lo miraban con esa mezcla de ternura y curiosidad que hacía que el corazón de Jimin diera un vuelco.

—Claro, tonto —respondió, acomodando el dobladillo de su vestido mientras se sentaba frente a él. —Nunca he hecho un picnic. Siempre quise hacer uno, con mantita, comida bonita y todo eso. Y pensé que sería especial si lo hacía contigo.

Jungkook inclinó la cabeza, con los ojos brillando.

—¿Por qué conmigo?

—Porque eres el único que merece ver mis mejores esfuerzos —dijo, sirviéndole un poco de jugo en un vaso de plástico transparente. —Además, me debías una tarde después de cancelarme la semana pasada.

Jungkook rió, llevándose una mano a la nuca en ese gesto suyo que era puro arrepentimiento y vergüenza.

—Trabajo, ya sabes. El estudio no para y el productor nos tiene a todos con el agua al cuello con el nuevo álbum.

—Lo sé, por eso te invité hoy. Para que te relajes, para que olvides todo y solo estés conmigo.

La comida fue ligera, llena de risas y de miradas que se sostenían un segundo más de lo necesario.

Jimin le lanzaba fresas a la boca y él las atrapaba como un perrito entrenado, haciendo que el rubio se doblara de la risa, con la cabeza echada hacia atrás y el cabello rozando la manta. 

Jungkook lo imitaba, lanzándole trozos de melón que atrapaba con elegancia, cerrando los ojos y mordiendo con lentitud, como si saboreara algo más que la fruta.

Hablaron de todo y de nada: de canciones, de bailes, de sueños tontos y de ese futuro incierto que siempre los perseguía. 

Jungkook habló de su último ensayo, de cómo había estado practicando una coreografía nueva que le rompía las rodillas. 

Jimin habló de su grupo, de las promociones que se venían, de lo cansado que estaba pero también de lo mucho que amaba estar en el escenario.

Pero Jimin había guardado su carta bajo la manga, un plan alimentado por las noches en que se tocaba pensando en él, en sus manos grandes, en su voz grave, en la forma en que su cuerpo se movía cuando bailaba.

Cuando el sol se tiñó de un naranja más profundo, casi rojo y el parque empezó a vaciarse, Jimin se movió un poco más cerca de él.

No fue casualidad. 

Fue un deslizamiento lento, intencionado, calculado. 

Primero su rodilla, rozando la de él a través de los jeans. 

Luego su muslo, apoyándose contra el suyo. 

Después su hombro, pegado a su brazo, sintiendo el calor de su piel a través de la fina tela de su camiseta.

Jungkook lo miró de reojo, con una ceja ligeramente arqueada.

—¿Estás bien? —preguntó, notando el cambio en su respiración, un poco más rápida.

Jimin no respondió con palabras. En cambio levantó la mirada hacia él y sus ojos se volvieron grandes, húmedos, brillantes. Esa mirada que Jimin dominaba a la perfección, la que había practicado frente al espejo incontables veces. Esa mirada de cachorro abandonado que siempre lograba que Jungkook hiciera lo que él quería.

—Jimin… —murmuró él, bajando la voz hasta convertirla en un susurro ronco, sintiendo el calor de su cuerpo a centímetros del suyo. —¿Qué pasa?

—¿Sí? —respondió el rubio con una inocencia fingida que no engañaba a nadie, mientras la punta de sus dedos comenzaba a jugar con el borde de su camiseta, trazando círculos invisibles sobre el algodón.

Jungkook tragó saliva, sabía que esa mirada no era inocente. Conocía a Jimin lo suficiente para saber que cuando sus ojos se volvían así, algo estaba a punto de pasar. Y siempre lo llevaba a problemas. Los mejores problemas.

—¿Qué quieres? —preguntó con la voz más grave que antes, sintiendo cómo la sangre comenzaba a calentarse en sus venas.

Jimin sonrió con suavidad, con esa sonrisa que era mitad ángel, mitad demonio. Se inclinó hacia su oído, tan cerca que su aliento caliente le recorrió el cuello, haciéndole erizar la piel.

—¿Puedo chupártela aquí… o te da miedo que nos descubran llenándome la boquita de ti?

Jungkook sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el estómago. Su polla, que hasta hacía un momento estaba completamente tranquila, dio un salto dentro de sus jeans, enderezándose con una urgencia que lo sorprendió a él mismo.

—¿Aquí? —repitió, girando la cabeza para mirar a su alrededor. 

El parque estaba mucho más vacío que antes, pero no completamente desierto. 

Un par de ancianos paseaban a lo lejos, con sus bastones y sus pasos lentos. 

Una familia con niños pequeños jugaba cerca del río, sus risas llegando como ecos lejanos. 

Un hombre hacía jogging en la distancia, con sus auriculares puestos y la mirada perdida en el horizonte. 

—Estamos en un parque público, Jimin.

El rubio se rió, bajito, con ese sonido que siempre le ponía la piel de gallina. Era una risa que prometía cosas prohibidas, que olía a peligro y a placer.

—¿Y eso te excita o te asusta?

—Me excita —admitió él con honestidad brutal, sintiendo cómo sus palabras se atascaban en su garganta—, pero…

—Pero nada —dijo Jimin, bajando la mano hasta el borde de su pantalón, con la punta de sus dedos rozando la hebilla de su cinturón. —Tú solo recuéstate y confía en mí. ¿Confías en mí, Jungkook?

Él asintió, sin poder articular palabra.

—Entonces recuéstate.

Jungkook se dejó caer sobre la manta, con la cabeza apoyada en la cesta, que crujió suavemente bajo su peso. El corazón le latía tan fuerte que estaba seguro de que el rubio podía oírlo, tan frenético que resonaba en sus oídos.

Jimin se movió con agilidad felina, colocándose entre sus piernas, el vestido subiéndose peligrosamente hasta la mitad de sus muslos, dejando ver la piel blanca y suave de sus piernas que brillaban ligeramente bajo la luz del atardecer. 

El pasto alto los rodeaba, creando un pequeño muro verde que los aislaba del resto del mundo, y la manta les daba un refugio visual, pero no era suficiente para sentirse completamente a salvo.

Y ese era el punto.

—Eres peligroso —susurró Jungkook, sintiendo sus dedos ágiles desabrochando su cinturón con una lentitud deliberada, el metal tintineando suavemente.

—Tú me pusiste así —respondió, bajándole la cremallera, el sonido del zipper cortando el silencio. —Me haces querer hacer estas cosas. ¿Sabes cuántas veces he soñado con esto? Contigo, aquí, al aire libre, con el riesgo de que nos vean…

—¿De verdad?

—Más de las que imaginas —dijo, deslizando sus dedos por el borde de su ropa interior, sintiendo el calor de su polla a través de la tela. —¿Sabes lo que hago cuando llego a casa después de vernos? Me meto en la ducha y me toco pensando en ti; en tu boca, en tus manos, en cómo me miras…

Jungkook soltó un gemido ahogado, arqueando ligeramente las caderas hacia sus dedos.

—Jimin…

—Shh —lo calló, sonriendo con picardía. —Deja que te cuide.

Cuando su polla quedó al descubierto, ya estaba completamente dura, palpitando, erecta, con la punta rosada y brillante, una pequeña gota de preseminal asomando por el meato. La verga de Jungkook era grande, con una longitud que llenaba la mano y un grosor que hacía que Jimin se mordiera el labio inferior al verlo.

—Qué bonita —dijo, casi para sí mismo, con la voz ronca de deseo. —La he visto antes, pero nunca tan cerca. Nunca con permiso para hacer esto.

Lo tomó con suavidad, con la punta de los dedos, como si estuviera acariciando algo frágil y precioso. Su mano era pequeña, y sus dedos no llegaban a rodearla por completo. Sintió el calor de su piel, la textura suave pero firme, el latido de su sangre bajo la superficie.

—Jimin… —murmuró él, con la voz rota, las manos aferradas al pasto.

—Dime, cariño, ¿quieres que lo haga? —preguntó, pasando su pulgar por la punta, recogiendo la gota de preseminal y llevándosela a sus labios, saboreándolo con los ojos cerrados.

—Sí, por favor…

—Entonces no digas nada más.

Y entonces lo chupó.

No fue un movimiento rápido, no fue una simple mamada de las que se hacen con prisas. Fue lento, profundo, como si estuviera saboreando un caramelo que llevaba años esperando probar. Sus labios rodearon la cabeza con cuidado, mientras su lengua hacía círculos alrededor de la punta, sintiendo el sabor salado y ligeramente dulce del preseminal que ya empezaba a brotar.

Jungkook agarró el pasto con ambas manos, arrancando algunas hojas sin darse cuenta. Sus dedos se enterraron en la tierra, buscando un ancla mientras Jimin trabajaba.

—Joder… —musitó, con la voz quebrada, los ojos cerrados.

Jimin subió y bajó la cabeza, llevándoselo más adentro, sintiendo cómo la punta rozaba el fondo de su garganta. No se atragantó, se había preparado para esto, había practicado con sus dedos en casa, sabía hasta dónde podía llegar. Sus manos sostenían la base, los dedos entrelazados alrededor de su grosor, mientras su boca trabajaba con una destreza que hacía que Jungkook perdiera la noción del tiempo, del lugar, de todo excepto de él.

—¿Te gusta? —preguntó Jimin, separándose apenas para respirar, con un hilo de saliva y preseminal conectando sus labios a la polla de él. Su aliento era cálido y rápido.

—Sí… sigue… no pares —dijo él, con la voz temblorosa, abriendo los ojos para mirarlo.

Jimin obedeció.

Pero con una malicia añadida.

Cuando volvió a chupar, lo hizo con más fuerza, más hambre, hundiendo la cabeza hasta que su nariz tocó el vello púbico. 

Jungkook se arqueó, soltando un gemido que no pudo contener, un sonido gutural, ronco, que resonó más fuerte de lo que debería en la tranquilidad del atardecer.

—Jimin… —dijo, con la voz temblorosa, las caderas moviéndose solas—, alguien va a oír…

—Déjalos —respondió con la boca llena, las palabras saliendo distorsionadas. —Déjalos ver cómo te hago feliz, déjalos ver que eres mío. Solo mío.

Jungkook ya no podía pensar con claridad. Su cerebro se había desconectado, reemplazado por una ola de sensaciones que lo arrastraban: la lengua, el calor de su boca, la succión que lo llevaba casi al orgasmo en cada movimiento; y el riesgo de que alguien se acercara y los viera, hacía que todo fuera diez veces más intenso, más real, más prohibido.

Una pareja pasó caminando a unos veinte metros de distancia, sus pasos crujiendo sobre la grava del sendero. 

Jungkook contuvo la respiración, su corazón latiendo tan fuerte que temía que lo oyeran. 

Jimin, en cambio, no se detuvo. Solo apretó más sus labios y chupó con más ganas, como si el peligro lo excitara aún más.

Cuando la pareja se perdió de vista, Jungkook soltó el aire que había estado reteniendo, un suspiro tembloroso.

—Casi nos ven —jadeó.

—Pero no lo hicieron —dijo, subiendo y bajando más rápido, el ritmo aumentando, su cabeza moviéndose. —Y tú estás a punto de venirte, ¿verdad?

Él asintió sin poder hablar, su respiración era errática y entrecortada, sus caderas se movían solas, empujando su polla contra la boca del rubio con un ritmo que ya no controlaba.

—Dame todo —susurró Jimin, separándose apenas para hablar, con los ojos brillantes de lujuria, la mirada fija en él. —Llena mi boca, quiero sentir tu sabor. Quiero que me llenes hasta que no pueda tragar más.

—Jimin, voy a… —empezó a decir él.

—Hazlo —ordenó. —Ahora, dame todo.

Y Jungkook no pudo aguantar más.

Con un gemido ronco, profundo, que parecía salir desde lo más profundo de su pecho, se corrió en su boca. Su semen brotó en chorros calientes y espesos, un sabor salado y amargo que Jimin recibió con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios. La primera embestida llenó su boca, la segunda llegó a su garganta, la tercera hizo que tuviera que tragar rápidamente para no ahogarse. Pero no se detuvo, no se apartó, mantuvo sus labios firmemente alrededor de él mientras seguía viniéndose, su polla palpitando dentro de su boca.

Jimin mantuvo la boca cerrada, sintiendo cómo se llenaba de él, el calor de su semen recorriendo su lengua y su garganta. 

Y luego, lentamente, tragó. 

Todo, cada gota.

Cuando se separó, sus labios estaban hinchados, rojos, brillantes de saliva y semen. Una gota de leche se escapó por la comisura de su boca y resbaló lentamente por su barbilla, y Jungkook la miró caer con una mezcla de vergüenza y fascinación.

—Eres increíble —dijo él, con el pecho subiendo y bajando, todavía temblando por el orgasmo. Tenía la frente sudorosa, el cabello pegado a la piel, y sus ojos grandes y oscuros lo miraban como si Jimin fuera la única persona en el mundo.

Jimin se limpió la boca con el dorso de la mano, y luego lentamente se llevó los dedos a los labios y los chupó, limpiando el último rastro de él.

—Ahora te toca a ti —dijo Jimin, con voz ronca.

—¿A mí? —preguntó él, aún en la nube del orgasmo.

—Sí —dijo Jimin, abriendo las piernas y alzando el dobladillo de su vestido, subiéndolo hasta la cintura. —No creas que iba a quedarme sin mi parte. Quiero sentir tu lengua, aquí mismo. Ahora.

Jungkook lo miró, sentándose lentamente, con los ojos recorriendo sus piernas. Sus braguitas eran blancas, pequeñas, de encaje transparente, y ya estaban manchadas de humedad en el centro, un círculo que delataba lo excitado que estaba. La piel de sus muslos brillaba ligeramente, y él pudo ver cómo un pequeño hilo de humedad se deslizaba por el interior de su muslo.

—¿No te da miedo que nos descubran? —preguntó con una sonrisa que era pura malicia.

Jimin sonrió, peligroso, y le pasó los dedos por el cabello, alborotándolo aún más.

—Eso es lo que hace que sea divertido. Además —añadió, bajando la voz—, quiero que vean que soy tuyo. Que tú eres el único que puede hacer esto.

Jungkook se inclinó sobre él, colocándose entre sus piernas, sus manos apoyadas a ambos lados de sus caderas. 

El olor de Jimin llegó a su nariz, un aroma dulce que lo hizo cerrar los ojos un momento.

Se inclinó lentamente, con la boca abierta, y la primera sensación fue el calor. El calor de su coño a través de la tela fina de sus braguitas, que ya estaban empapadas.

Jungkook pasó la lengua por encima, saboreando la humedad, sintiendo cómo se estremecía bajo él.

—Por favor —dijo Jimin, con la voz quebrada. —no juegues conmigo.

—Pero es tan divertido —respondió él, mordiendo el borde de sus braguitas y bajándolas con los dientes, lentamente, mientras el rubio alzaba sus caderas para ayudarlo.

Cuando sus braguitas quedaron a un lado, su coño quedó expuesto, rosado, húmedo, los labios vaginales ligeramente abiertos, una pequeña perla de humedad brillando en su clítoris. Estaba completamente depilado, suave como la seda.

—Es tan bonito —dijo Jungkook, con voz ronca, pasando un dedo lentamente por sus labios, sintiendo el calor y la humedad.

—Jungkook, por favor… —gimió, arqueando las caderas.

Y él no lo hizo esperar más.

Bajó la cabeza y lo chupó.

No con suavidad, ni con lentitud. Con hambre, como si llevara años esperando este momento. Su boca se cerró sobre su clítoris, y su lengua comenzó a moverse en círculos, rápidos, húmedos, como si estuviera dibujando.

Jimin gritó. No fue un gemido discreto, fue un grito que resonó en el parque, que se perdió en el viento pero que él sintió vibrar en todo su cuerpo.

—¿Qué haces? —preguntó Jungkook separándose apenas un centímetro. —¿Quieres que nos descubran?

—Déjalos —dijo Jimin, con la voz rota. —Ya fue, no me importa. Sigue.

Y él siguió.

Su lengua se deslizó desde su clítoris hasta su entrada, saboreando su jugo, sintiendo cómo su sabor se extendía por su boca. Era dulce, salado, ligeramente ácido, adictivo. 

Jungkook lo chupó con fuerza, alternando entre círculos alrededor de su clítoris y embestidas de lengua dentro de él.

—Así, así —gemía Jimin, con las manos en su cabello, apretando, guiándolo. —No pares, no pares, no pares…

Jungkook metió un dedo dentro sintiendo el calor, la humedad, cómo sus paredes se apretaban alrededor de él. Luego otro dedo, y los movió dentro mientras su boca seguía trabajando en su clítoris, un ritmo perfecto, sincronizado.

—Voy a… —dijo Jimin, con la voz rota. —Voy a correrme…

—Hazlo —dijo él, sin separarse. —Llena mi boca, quiero probarte.

Y se corrió.

Su cuerpo se arqueó violentamente, un grito gutural escapando de sus labios mientras su coño se contraía alrededor de los dedos de él, su jugo brotando en un chorro caliente y dulce que Jungkook bebió. Jungkook no se detuvo, siguió chupando y lamiendo hasta que dejó de temblar, hasta que su cuerpo se relajó y sus manos soltaron su cabello.

Cuando levantó la cabeza, su boca y su barbilla estaban cubiertas de sus jugos, brillantes, resbaladizos. Jimin lo miró, con los ojos entrecerrados y sonrió débilmente.

—Ven aquí —dijo, con la voz cansada pero feliz.

Jungkook se deslizó hacia arriba, su cuerpo cubriendo el de él, y se besaron. El sabor de Jimin estaba en su boca, y él lo saboreó, sintiéndose completo.

—Eres increíble —dijo Jungkook, repitiendo sus palabras.

—Tú también —respondió, pasando sus dedos por su nuca.

El viento sopló, moviendo las hojas de los árboles, y las luces del parque se encendieron por completo, iluminando el mundo. 

La manta estaba desordenada, la comida a medio comer, el vino sin abrir, pero nada de eso importaba.

—¿Te gustó? —preguntó Jimin, con suavidad, jugando con el borde de su camiseta.

—Más de lo que imaginas —respondió Jungkook apoyando la frente contra la de él. —Pero la próxima vez, te advierto que yo voy a planear el picnic.

—¿Ah, sí? ¿Y qué vas a planear?

—No lo sé —dijo él, riendo. —Pero va a ser igual de… inolvidable.

Jimin sonrió, cerró los ojos y se dejó llevar por el calor de su cuerpo.

Porque algunas tardes no se tratan de picnics ni de comida.

Se trata de jugar a ser descubiertos, de sentirse vivos, de perderse en el cuerpo del otro y no importar si alguien mira, porque en ese momento, solo existen ellos dos, envueltos en la manta roja y blanca.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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Strong Dialog

author

lo ame, no se si aceptas peticiones o ideas pero siento que harías un buen trabajo si haces una historia enfocada nada más en anal sex 🤍

16 hours
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