Never Say Never [ Hyunho Os ] by rosie at Inkitt
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Never say never [ Hyunho - OS ]

Summary

El deseo que nunca pudo ser saciado a causa de una abrupta ruptura, lleva a Hyunjin y Minho a cometer la mayor estupidez del mundo: tener sexo en los sanitarios del restaurante, con sus parejas esperándolos afuera. ❛ Minho top ; Hyunjin bottom ❛ Contenido homosexual ❛ Contenido explícito, erótica ❛ Mención del 2min y Hyunsung ❛ Extensión: Una parte

Genre
Lgbtq/Erotica
Author
rosie
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Única parte

Han corrió emocionado por el pasillo hasta llegar a la habitación del pelinegro, quien estaba jugando videojuegos. Abrió la puerta y se dejó caer sobre la cama al lado de Hyunjin; este pausó el juego para prestarle atención.

—¿Qué sucede?

—Saldremos hoy.

Hyunjin frunció el ceño antes de volver a centrar su atención en la pantalla.

—No tengo ganas de salir hoy, Hannie. ¿Podemos dejarlo para otro día?

El castaño le quitó el control de las manos y apagó la televisión. Hyunjin suspiró con frustración y giró la cabeza hacia él.

—Por favor, siempre que quiero salir contigo te haces rogar.

—Es que la mayoría de las veces quieres salir cuando estoy jugando o descansando —observó el tierno puchero que formaban sus labios, haciendo que sus mejillas se vieran adorables; una táctica hábil que Han dominaba a la perfección para volver imposible negarse a sus caprichos—. Solo por curiosidad, ¿a dónde iremos?

—Tendrás que averiguarlo, porque no te lo diré a menos que aceptes salir conmigo —respondió mientras se acercaba a su rostro—. Vamos, será divertido.

Han soltó un pequeño bufido y terminó por asentir.

—De acuerdo, dame diez minutos para cambiarme de ropa.

Sintió un beso fugaz en sus labios y volvió a encender la televisión para jugar mientras su novio se arreglaba. Hyunjin se reprendió mentalmente por ser tan débil ante los encantos del contrario.

Media hora después, ambos ya caminaban hacia un lugar que él seguía desconociendo. A diferencia del castaño, él prefería pasar los fines de semana en su apartamento con la compañía de su lindo novio; sin embargo, cuando Han quería salir a divertirse, era evidente que le resultaba imposible negarse.

Al estar a pocos metros de llegar, el pelinegro logró observar que el lugar donde al parecer se “divertirían” era un pequeño restaurante que había abierto sus puertas al público hacía poco. Nada extraordinario para su gusto.

—¿Está es tu idea de diversión? ¿Venir a un restaurante? —preguntó antes de entrar.

—No te quejes todavía. Esto es solo el inicio de mi sorpresa.

—¿Y cuál es el resto?

Observó a su novio sonreír y señalar con el mentón hacia sus espaldas. Giró sobre sus talones para descubrir de quién se trataba y abrió la boca por la sorpresa.

—¡Seungmin!

Se lanzó sobre su amigo apenas procesó lo que veía. Habían pasado cerca de dos años desde que Seungmin se transfirió a una universidad en el extranjero y, desde entonces, solo habían podido verse por videollamadas.

Se separó del pelimorado para observarlo con detenimiento, logrando arrancarle una risa.

—Basta, Hyunjin, deja de tocarme —le pidió mientras intentaba apartarlo.

El aludido hizo caso omiso y le revolvió el cabello hasta despeinarlo por completo.

—Dios, te ves más adorable que cuando te fuiste. ¿También estás más alto? —Se colocó a su lado sorprendido.

—¿Por qué actúas tan raro? Solo han pasado dos años.

—¡Dos años que para mí fueron una eternidad! Cuando te vi tomar tus maletas y subir al avión, algo se rompió dentro de mí. Han casi me echó del apartamento porque pasaba día y noche llorando por ti —lo abrazó con fuerza, lo que provocó que Seungmin soltara un quejido de dolor—. ¿Me trajiste algo de Alemania?

—He regresado para verlos y, aun así, ¿querías que te trajera algo? Se te olvida que fui a estudiar, no de viaje turístico.

—Me alegra ver tu horrenda cara, pero pensé que al menos le traerías un recuerdo a tu mejor amigo. Un llavero, aunque fuera.

—Bueno... sí traje algo más conmigo. O, mejor dicho, a alguien más.

Hyunjin lo miró con curiosidad, picándole el estómago con el dedo índice.

—¿Conseguiste pareja durante tu viaje? Vaya, Seungminnie. Al parecer mis clases para cortejar dieron frutos. No me hagas esperar más, quiero conocer a la persona afortunada... ¿o más bien desafortunada?

Soltó una sonora carcajada al ver al pelimorado levantar la mano con intención de golpearlo. Los dos siguieron a su amigo hasta llegar a la mesa, donde la alegría de Hyunjin se desvaneció por completo al reconocer al acompañante del menor.

—Chicos, él es Minho, mi novio —lo presentó Seungmin con una sonrisa en los labios, apoyando la cabeza sobre el hombro del rubio después de sentarse.

—¿No se te olvida algo, Minnie? —preguntó el castaño en tono de broma, señalándose a sí mismo y a Hyunjin.

—Cariño, él es Han y su tonto novio, además de mi mejor amigo, Hyunjin

Minho sostuvo la mirada del pelinegro, riendo para sus adentros al notar que no hacía el más mínimo esfuerzo por disimular el evidente desagrado que sentía al verlo.

—Es un gusto conocerlos por fin. Seungmin me habló mucho de ustedes —dijo con una sonrisa, invitándolos a tomar asiento.

El silencio se apoderó de la mesa, provocando que Han y Seungmin se sintiera incómodos apenas unos segundos después.

—Eh... Seung, ¿por qué no nos cuentas cómo te ha ido estudiando en el extranjero? No nos reunimos después de tanto tiempo para quedarnos callados —dijo Han, intentando aliviar el ambiente.

Así comenzó una conversación en la que Minho apenas participó y Hyunjin hizo todo lo posible por ignorarlo. A quien realmente le interesaba volver a ver era a Seungmin, no al chico que había terminado con él de forma abrupta sin darle una explicación antes de marcharse.

Aunque tampoco pudo evitar mirarlo cuando se distraía. No había cambiado demasiado desde la última vez que se vieron. Lo único diferente era el color de su cabello, porque el encanto de su sonrisa y aquella personalidad tan particular seguían intactos. En ese momento recordó qué era lo que lo había atraído de él desde el principio.

Su breve relación era algo que tanto Seungmin como Han desconocían. Nunca la consideró lo bastante importante como para hablarles de Minho. Además, todo había ocurrido poco antes del viaje de intercambio del pelimorado, así que durante mucho tiempo intentó convencerse de que lo que en realidad le dolía era despedirse de su mejor amigo y no todo lo que había quedado inconcluso con el rubio.

—Minho, casi no te he escuchado hablar en toda la cena. ¿Todo bien? —preguntó Hyunjin.

El mencionado percibió cierto cinismo en sus palabras.

—No tengo mucho que decir. Ustedes tres se conocen desde hace mucho y creo que necesitan ponerse al día. No me gusta sentir que interfiero —respondió con el mismo tono, provocando que el contrario contuviera una risa mientras bebía de su vaso—. Además, estoy cansado —añadió.

—Mucho trabajo, supongo.

—Demasiado.

El pelinegro supo de inmediato la intención detrás de esa respuesta y no consiguió ocultar su desagrado.

—Aunque ya no estemos en Alemania, debo seguir trabajando en mis proyectos de ingeniería. Me tomé la noche libre para complacer a mi amor y salir a conocer a sus amigos.

—Es comprensible. No existe ser humano capaz de resistirse a los encantos de Seung —respondió, escuchando a su mejor amigo quejarse.

—Hyunjin, deja de avergonzarme.

—Es que solo mírate, eres adorable.

Se inclinó para pellizcar sus mejillas. Poco a poco empezó a pensar que no vale la pena seguir intentando incomodar a Minho. Aun así, le fastidiaba verlo con esa expresión imperturbable, tan serena, como si nada pudiera afectarlo.

—Debes complacerlo seguido, entonces. Lo veo muy feliz a tu lado.

—Me gusta hacerlo feliz sin importar qué. Supongo que contigo y Han ocurre lo mismo, ¿cierto? Después de todo, uno no sería un buen novio si no pudiera hacer feliz a su pareja.

Terminó la frase dejando un beso fugaz sobre los labios del pelimorado y le dedicó una sonrisa llena de cariño. A Hyunjin, en cambio, la escena le dejó un sabor amargo.

—Me da curiosidad saber cómo se conocieron —comentó Han mientras tomaba una papa frita.

—Qué extraño que sientas curiosidad por algo, Hannie —bromeó Seungmin.

El castaño hizo bolita con una servilleta y se la lanzó.

—Es que estos casos en los que dos personas tienen una conexión al instante no se ven todos los días.

—Tienes razón —afirmó el rubio, volviendo la vista hacia su novio—. Recuerdo la primera vez que vi a Seungmin en la biblioteca de la universidad. Me llamó la atención encontrar a un chico tan bonito estudiando con tanto empeño.

—Y te preocupaste cuando te dije que llevaba ahí toda la mañana.

—Entonces lo invité a cenar. Después de eso, empezamos a escaparnos entre los descansos para vernos y, sin darnos cuenta, llegamos hasta aquí.

Mientras ambos compartían distintas anécdotas de su vida en Alemania, Hyunjin sintió un nudo en el estómago cada vez que escuchaba a Minho hablar de su mejor amigo con tanto cariño. No pudo evitar preguntarse si alguna vez habría hablado así de él cuando estuvieron juntos. Seungmin fue el primero en notar el cambio de humor del pelinegro y detuvo la conversación.

—Hyun, ¿pasa algo?

Hyunjin sintió todas las miradas sobre él e intentó encontrar una mentira conveniente.

—Sí. Es solo que todavía no puedo creer que me ocultaras tu relación durante tanto tiempo.

—Lo siento. La universidad me ocupaba casi todo el tiempo y, además, quería tener algo interesante que contar cuando volviera.

—Bien por ti, pero igual me siento traicionado.

—No cambiaste nada durante mi ausencia. El drama sigue siendo una parte vital de tu personalidad.

—Tu abandono me dejó secuelas. Espero que encuentres la forma de compensarme algún día.

El pelimorado soltó una risa y asintió.

—Iré al baño. Sigan conversando, no tardo.

Se levantó de la mesa y, mientras se alejaba, alcanzó a escuchar las risas que seguramente había provocado algún comentario de Seungmin.

Al entrar al baño y comprobar que no había nadie más, caminó hasta los lavamanos para echarse un poco de agua en el rostro, intentando despejar su mente de los estúpidos pensamientos que no dejaban de atormentarlo. Debía ser sincero consigo mismo y aclarar un par de cosas. ¿Le molestaba que su mejor amigo no le hubiera contado sobre su relación, más allá de las tontas excusas? Sí. ¿Se sentía celoso de la forma en que Minho se comportaba con Seungmin? También. Era atento, cariñoso y lo miraba como si estuviera completamente enamorado, cuando con él nunca había sido así. Y la pregunta que llevaba carcomiendo su mente durante casi toda la cena: ¿por qué, de entre todos los hombres, tenía que ser Seungmin?

Los primeros días después de que el rubio terminara con él habían sido los más difíciles. Apenas empezaba a enamorarse cuando todo llegó a su fin y, aunque en más de una ocasión había sentido su indiferencia mientras estaban juntos, repetirse que Minho era un imbécil y que no merecía convertirse en el motivo de su sufrimiento no dejaba de ser una mentira para sobrellevar la ruptura. Pero sí estaba seguro de algo: la tensión que sintieron al reencontrarse seguía ahí. ¿Cómo era posible que, después de casi tres años, todavía se sintiera atraído por él?

El sonido de la puerta al abrirse a su derecha hizo que endureciera la expresión. No necesitó girarse para saber quién era, pero aun así levantó la vista al ver al rubio entrar al baño. Se acercó al lavamanos de al lado y comenzó a lavarse las manos como si nada.

—Vaya casualidad encontrarnos de esta forma, ¿no lo crees, Hyunjin?

Hyunjin lo ignoró y siguió lavándose las manos mientras el contrario permanecía a su lado.

—Bonito, no es nada cortés ignorar a la gente. Deberías ser un poco más atento conmigo.

—Primero, aléjate de mí y respeta mi espacio personal. Segundo, te trato como considero adecuado tratar a un imbécil como tú. Y tercero, no vuelvas a llamarmebonito, Lee Minho.

—Wow. ¿Por qué me hablas así si solo intento llevarme bien contigo?

—Porque yo no tengo ninguna intención de llevarme bien contigo.

Dio un paso al frente hasta quedar frente a él.

—Te tolero únicamente porque eres la pareja de Seungmin. Nada más. Porque, en cuanto lo lastimes, no voy a dudar ni un segundo en romperte la cara hasta dejarte irreconocible.

Cuando terminó de hablar, apenas los separaban unos centímetros. Podía sentir el aliento de Minho mezclarse con el suyo y el peso de su mirada clavarse en la suya. El contrario sonrió y apoyó una mano sobre el lavamanos.

—Tal vez sea un mal momento para decirlo, pero... ¿sabes lo jodidamente atractivo que eres cuando estás enojado?

—Debes estar bromeando, idiota. Tu novio, que por si lo habías olvidado es mi mejor amigo, está afuera. ¿Acaso no tienes respeto?

—Se lo tengo. Pero no vas a negar que la mayoría de las veces que terminábamos en la cama era porque antes te molestaba con cualquier cosa para que me follaras con más fuerza de lo normal. Y nunca te quejaste.

Hyunjin sintió un calor incómodo subirle por el cuello.

—¿Qué intentas conseguir con esto?

—¿No puedo recordar los buenos momentos que pasé contigo?

—Te recuerdo que fuiste tú quien tomó sus cosas y se fue. ¿Puedes pensar en los besos, en el sexo o en todo lo que hacíamos juntos, pero nunca te detuviste a pensar en las noches que pasé llorando por tu culpa? Me preguntaba qué había hecho mal para que te fueras. Quiero creer que fue una coincidencia que conocieras a Seungmin poco después de dejarme, porque pudiste decirme que ya no querías estar conmigo, que te habías enamorado de alguien más y lo habría entendido.

—Créelo o no, sí fue una coincidencia. No supe que ustedes eran cercanos hasta que un día él me enseñó una foto tuya.

—Di lo que quieras. Si estás tan enamorado de él, ¿por qué te molestas siquiera en dirigirme la palabra?

—Porque ahora vamos a vernos seguido y quiero dejar las cosas claras antes de que alguno de los dos considere oportuno contarles a nuestras parejas que hace mucho tiempo hubo algo entre nosotros.

—Creí que ya le habías contado a Seungmin sobre lo nuestro. Pero parece que sí te preocupan los sentimientos de tu novio.

Minho soltó una risa baja.

—¿Y qué querías que le dijera? ¿Qué, incluso después de empezar a salir con él, no podía olvidarme del chico que ponía mi mundo de cabeza? ¿Del dueño de unos ojos capaces de perseguirme hasta en mis sueños? ¿Por qué cada vez que besaba sus labios nunca era suficiente y deseaba que fueran los tuyos?

El pelinegro tragó saliva, sintiendo la espalda chocar contra la pared mientras lo observaba acercarse despacio. Minho apoyó una mano sobre su cadera y la otra contra la pared, dejándolo completamente atrapado entre su cuerpo y los azulejos.

—¿Eso querías que le contara? —murmuró, sin apartar la vista de él—. ¿Qué nunca pude sacarte de mi cabeza, Hyunjin?

Hyunjin sintió sus labios rozar contra la piel de su cuello, bajando hasta sus clavículas, sin detenerse en un lugar exacto. Su aliento al chocar contra su piel lo hizo soltar pequeños suspiros; su piel se erizó ante la sensación, permitiendo que su cuerpo se relajara bajo el tacto del rubio. Minho aprovechó ese momento para meter una de sus piernas entre las del pelinegro, comenzando un vaivén con la cadera, esperando ansioso una reacción por parte del contrario. No pasó mucho tiempo para que las palabras del chico viajaran directas hasta la zona sur de su cuerpo.

—¿Vas a seguir jugando o harás algo de verdad?

Cuando Hyunjin abrió los ojos, se encontró con aquellos ojos que lo miraban con desesperación y deseo, sintiendo su piel arder bajo la mirada del rubio.

—Voy a dejarte con las piernas temblando para que recuerdes todo lo que provocas en mí, bonito —murmuró en su oído antes de unir sus labios.

Lo empujó hacia uno de los cubículos dejando la puerta abierta. Con agilidad, desabrochó su pantalón, dejándolo caer al suelo junto con su bóxer. Giró al pelinegro para ponerlo de pecho contra la pared y bajó para separar sus glúteos; se lamió los dedos y lo empezó a dilatar con ellos, haciendo que Hyunjin soltara un jadeo ante la intromisión. Tratar de calmar sus gemidos se volvió casi imposible ante lo bien que trabajaba el rubio con sus dedos en esa zona. Creyendo que ya estaba dilatado lo suficiente, posicionó su glande en la entrada; el pelinegro empujó sus caderas hacia atrás, recordando que el tiempo que tenían para estar juntos era limitado antes de que sus parejas comenzaran a sospechar su ausencia.

Minho enredó su mano en las hebras negras del contrario y comenzó a golpear con fuerza, haciéndolo balbucear y su cuerpo tembló luego de que encontrara su próstata, recibiendo ahí cada una de sus embestidas.

—A-Ay, mierda —soltó, con las piernas temblando por el placer que comenzaba a acumularse en su cuerpo.

El rubio sonrió sosteniéndolo de la cintura, acercándose para morder su oreja con suavidad, consciente de lo mucho que él disfrutaba de eso. Hyunjin se retorció con el calor creciendo debajo de su estómago y Minho agarró su miembro para masturbarlo al ritmo de sus embestidas.

—Mira lo caliente que te ves con mi pene adentro —le murmuró al oído.

Miró cómo su miembro desaparecía entre sus nalgas por el reflejo del espejo y se corrió casi al instante en su mano, gimiendo sin una pizca de pudor. Minho lo penetró unas cuantas veces más hasta llegar dentro de él para luego retirarse de su interior, satisfecho al verlo destruido y apoyado en la pared. Soltó una pequeña risa mientras se acomodaba la ropa; Hyunjin copió su acción, tratando de asimilar lo que acababa de pasar.

—Joder... —susurró deslizando su espalda contra la pared hasta terminar sentado en el suelo—. Esto no debía acabar de esta forma.

—¿Querías acabar de otra forma? Podemos repetirlo si quieres, no tardaremos mucho.

—Eres un verdadero hijo de puta. ¡Acabas de tener sexo conmigo estando tu novio afuera junto al mío! ¿No sientes culpa acaso?

—¿Culpa de qué, Hyunjin? ¿De volver a sentir placer al tocar tu cuerpo y escucharte gemir como antes? Porque no siento culpa por nada de eso y tampoco me arrepiento.

—¡Siente culpa por haber engañado a tu novio!

—¡La siento, Hyunjin! Sé perfectamente que él no merece algo así. Es un novio maravilloso, pero...

—¡No hay peros! Esto fue un error. Un estúpido error.

Se puso de pie y terminó de acomodarse la ropa, arreglándose también el cabello frente al espejo.

—No volvamos a hablar de esto. No hablemos de que alguna vez hubo algo entre nosotros y, sobre todo, procura que esto no vuelva a suceder. Ni Han ni Seungmin merecen algo así. Y yo sí me arrepiento de haber vuelto a caer por tus malditos encantos, sobre todo después de todo lo que lloré creyendo que nuestra relación había terminado por mi culpa.

Antes de que las lágrimas terminaran deslizándose por sus mejillas, tomó una última bocanada de aire y volvió la vista hacia Minho.

—Si todavía eres capaz de quererme un poco... respeta eso y deja de hacerme daño. No arruines lo que tengo ahora.

—Hyun...

—Salgamos de aquí.

Sin dejar que terminara de hablar, salió del baño mientras acomodaba por última vez su ropa. Apenas unos segundos después escuchó los pasos ajenos siguiéndolo. Respiró hondo antes de acercarse a la barra.

—Hola. ¿Podría darme dos porciones de pastel, una de fresa y otra de chocolate, por favor? —preguntó el pelinegro con una sonrisa.

—Claro. Enseguida las llevaremos a su mesa. Por favor, tome asiento.

—No es necesario. Son una sorpresa para nuestras parejas. Si no le molesta, preferiríamos entregárselas nosotros.

—¡Oh, vaya! Es un gesto muy romántico, caballero. Ahora mismo se las preparo.

En lo que el mesero anotaba el pedido, el silencio entre Hyunjin y Minho se volvió insoportable. La tensión seguía flotando entre ambos, pero cualquier palabra solo habría empeorado las cosas. Cinco minutos después, el mesero regresó con los postres favoritos de Han y Seungmin sobre una bandeja.

—Caballeros, aquí tienen su pedido. Que lo disfruten.

—Muchas gracias.

El pelinegro tomó la porción del pastel de fresa y le tendió la de chocolate a Minho.

—Apúrate. Ya nos tardamos demasiado.

Con los postres en las manos, regresaron a la mesa, donde la preocupación era evidente en el rostro de sus parejas.

—Amor...

—Hannie...

Los aludidos levantaron la vista al mismo tiempo. Sus expresiones cambiaron a una sonrisa al ver los postres frente a ellos.

—Dios, ¿dónde se habían metido? Se fueron hace casi media hora.

—Lo siento. Nos encontramos cuando íbamos de regreso y nos pareció buena idea pasar por la barra para pedirles un postre. Además, fue una buena oportunidad para conocer un poco mejor a la persona con la que voy a compartir a mi mejor amigo de ahora en adelante.

Volvió la mirada hacia el pelimorado y sonrió.

—Minnie, me alegra que tengas a alguien tan especial en tu vida que va a cuidarte como te mereces. Y lamento mucho haber reaccionado de esa forma hace un rato.

—No te preocupes, Hyun. Sé que me quieres como si fuera tu hermano menor y, en parte, fue culpa mía por no mencionarlo antes. Pero me hace muy feliz que ustedes dos puedan llevarse bien.

Al escuchar esas palabras, Hyunjin rompió a llorar. Jamás sería capaz de perdonarse por haber traicionado a las dos personas más importantes de su vida por culpa de un desliz provocado por un amor que creía enterrado.

—Hyun, tranquilo.

—Lo siento mucho, Han. De verdad.

—Tranquilo, cariño. Sé que la felicidad de Seung también es la tuya y que verlo así te conmueve. No pasa nada.

—Sí... Es la emoción.

Bajó la vista hacia la mesa mientras intentaba serenarse, aunque le resultaba imposible poner en orden sus pensamientos. No entendía cómo Minho era capaz de actuar con tanta naturalidad después de lo que acababa de ocurrir, mientras a él el remordimiento empezaba a consumirlo por dentro.

«Fue un error, Hyunjin. No importa lo que él haya dicho.»

Cerró los ojos con fuerza, aunque seguía preguntándose qué era lo que realmente sentía. Las palabras del rubio no dejaban de repetirse en su cabeza, hasta el punto de ser incapaz de prestar atención a la conversación de los demás. Eso lo frustraba. No quería concederle importancia a aquella confesión, porque hacerlo significaría permitir que él volviera a tener poder sobre él. Pensar que todo aquello pudiera terminar destruyendo su relación con Han y su amistad con Seungmin le revolvía el estómago. Había vuelto a ser feliz. Minho formaba parte de su pasado, igual que todo lo que había sentido por él, y eso no debía cambiar.

Horas después de regresar al apartamento que compartía con Han, seguía dando vueltas bajo las sábanas mientras su novio dormía plácidamente a su lado. Por más que lo intentaba, el sueño no llegaba.

Su celular vibró sobre la mesita de noche. Estiró el brazo para tomarlo y frunció el ceño al descubrir que el mensaje provenía de un número desconocido.

029-187-7620

Lo más probable es que borres mi número después de leer esto, pero antes déjame decirte muchas cosas que, en medio de tu ataque de histeria, no me dejaste explicar.

Siempre fui sincero contigo respecto a lo que sentía, Hyun. Jamás te mentí sobre eso. Cada vez que te dije que te amaba, hablaba en serio. Tampoco fue mi intención lastimarte.

03:19 a. m.

Hyunjin se levantó con cuidado hasta quedar sentado sobre el colchón y recostó la espalda contra la pared, procurando no despertar a Han.

029-187-7620

Sabes mejor que nadie que verte llorar me partía el alma. Ser el responsable de tus lágrimas era todavía peor. Lo fui el día en que terminamos... y esta vez también. Lo siento.

Cuando rompimos y me fui, creí que, en el fondo, sabías que estaba mintiendo.

¿Cómo podría haberte sido infiel? ¿Cómo pudiste creerme?

Tal vez fui demasiado convincente o las palabras de otras personas terminaron haciéndote desconfiar de mí hasta ese punto. Pero ahora que ya no somos nada, quiero que sepas la verdad.

Me fui y te mentí porque sabía que habrías hecho hasta lo imposible por venir conmigo a Alemania, aunque eso significara renunciar a todo lo que tenías aquí. Quería que fueras feliz viviendo tu propia vida, no dedicándola a seguir la mía.

Hyunjin, nunca dejé de amarte. Incluso después de darme cuenta de que Seungmin me gustaba, tú seguías ocupando mis pensamientos. Las noches frías eran las peores porque extrañaba tu calor más de lo que estaba dispuesto a admitir. Creo que por eso acepté a Seung con tanta facilidad. Aunque él no lo merecía, al principio solo intentaba llenar el vacío que dejaste.

No quiero que malinterpretes mis palabras. En ese entonces solo me gustaba, pero ahora puedo decirte que lo amo y que nuestros sentimientos son iguales. Seungmin vale completamente la pena.

03:27 a. m.

Aunque las palabras del rubio no terminaran de convencerlo, podía percibir la sinceridad detrás de cada mensaje. Sin embargo, incluso después de obtener la explicación que había esperado durante años, el remordimiento seguía ahí. Era consciente de que, mientras Minho permaneciera cerca, le resultaría imposible olvidar lo ocurrido en el baño del restaurante.

Su celular volvió a vibrar entre sus manos y desbloqueó la pantalla para leer el nuevo mensaje.

029-187-7620

Una última cosa.

No tengas sexo con Han por unos días. Estoy seguro de que mis dedos quedaron marcados en tu precioso culo de lo apretado que estabas.

Pero, si llegas a tener ganas de follar con alguien...

Siempre estoy a tu disposición, bonito.

Con un beso húmedo, Lee Minho.

03:27 AM

Hyunjin

Tu disculpa casi logra convencerme.

Pero cagaste todo el sentimentalismo con el último mensaje.

Imbécil.

03:35 AM

Una media sonrisa se dibujó en los labios de Hyunjin. Volvió a leer el último mensaje del rubio y negó con la cabeza.

¿Y si...?

029-187-7620

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L. M.

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