I
El cielo estaba increíblemente luminoso y despejado, el sol brillaba y sentía que era solo para mí. Nada podía salir mal, era una de esas mañanas en que me despertaba con la vibra altísima, así que, según yo, todo iba a ser perfecto el día de hoy.
Camino a mi trabajo, pasé por el pequeño Café Fleurisme que quedaba cerca de mi departamento. Era una rutina diaria, mi café con leche por lo general y hoy, por estar tan inspirada, pediría un pastel, tenía tiempo de sobra antes del inicio de mi horario laboral. Entré con más felicidad que otras veces, ya saben, por mi vibra mañanera.
- ¡Denisse! ¿Cómo estás? Vengo por mi recarga diaria, y un extra de pastel de frutas porfa – dije al acercarme a la pequeña barra donde ella atendía –
El Café Fleurisme era un lugar con un aura primaveral e íntima. Un espacio no muy grande, lo suficiente para albergar algunas mesas hermosamente decoradas con flores, que además llenaban de alegría el lugar, y una exquisita mantelería en colores pastel, que combinaba perfectamente con las paredes enchapadas en madera y la barra que no tenía más de 4 asientos, pero que cada mañana se llenaba, por las maravillas culinarias que ofrecía, junto con los mejores cafés del sector. Eran el match perfecto, y por eso me gustaba llegar con mucha anticipación.
Normalmente me sentaba en la misma mesa, era mi favorita, junto a un ventanal que daba a un parque frondoso con un pequeño estanque, parecía estar inmersa en un bosque, un remanso de paz. Ese rincón me hacía desconectar de la ciudad ruidosa y congestionada que seguía ahí afuera, esperando que terminara mi café para atraparme otra vez.
Denisse levantó la mirada y me saludó también acercándose a mí.
- ¡Ali! ¿Cómo estás? Hoy parece que brillas. ¿Qué pasó?
- ¡Maravilloso! – dije mientras me sentaba en uno de los taburetes de la barra – Amanecí con una energía increíble, siento que todo va a ser fantástico hoy ¿te ha pasado?
- Sólo cuando la noche es igual de asombrosa – me miró coqueta - ¿Será por eso?
No pude evitar soltar una carcajada.
- ¿Qué? – me acerqué a ella y susurré – ojalá fuera por eso – nos reímos juntas –
Hace casi 1 año que estoy oficialmente soltera. Luca, que fue mi novio por 2 años, tuvo que volver a su natal Italia después de haber sido trasladado por trabajo aquí, nos conocimos porque éramos vecinos, justo en el piso debajo del mío. Hubiera querido irme con él, pero en ese momento mi madre estaba hospitalizada a causa de una maldita neumonía, enfermedad que la tuvo luchando 3 meses, hasta que partió a un lugar mejor para dejarme aquí, sola.
Lo intentamos, de verdad que intentamos mantener el contacto durante esos meses, llamadas, correos y mensajes que de diario fueron perdiéndose en el tiempo, se transformaron en semanas y meses, hasta volverse inexistentes. ¿Dolió? Muchísimo, me sentí completamente perdida, 2 de las 3 personas más importantes en ese momento en mi mundo habían partido sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Denisse en ese momento se convirtió en mi hombro para llorar, una amiga a la que le tenía tanto cariño como a la tercera persona que quedaba en mi vida.
Cuando la comunicación con Luca desapareció, entendí que seguirlo no era opción, por lo tanto, no me quedó más que obligarme a sanar... después de todo, ¿Qué es para siempre? Pues nada, cada cosa y situación es perecedera, frente a la tumba de mi madre caí en cuenta que la vida misma es transitoria y no existe fuerza que cambie eso.
Recibí mi café y mi pastel aún divertida por la ridícula broma de Denisse y por fin dirigirme a mi mesita de siempre, que afortunadamente estaba aún desocupada. Cuando me di la vuelta, sentí un golpe de frente con otra persona. Mi recarga matutina fue a dar al suelo, y mi postre directo a la chaqueta del chico con el que choqué, pero eso no fue lo peor. El ardor en mi brazo se hizo presente inmediatamente, di un salto hacia atrás de golpe.
- ¡¡Ay!! – grité por el dolor – pero que mier...
Levanté la vista aún adolorida por la quemadura del café del extraño. Wow, era guapo, muy guapo, tenía un rostro perfectamente de finido, ojos almendrados y profundos, casi misteriosos, sus labios carnosos y perfectos eran una invitación, los mechones de su pelo oscuro caían desordenados sobre su frente, en una mezcla extraña de caos elegante. Debo reconocer que me olvidé de todo en ese momento, me quedé perdida en su lindo rostro solo por unos segundos que parecieron una eternidad, pero pronto me di cuenta que esos ojos hermosos ni siquiera se posaron en mí, él solo estaba pendiente de su chaqueta embarrada de mi pastel con cara de asco, tratando de limpiarse con las servilletas que encontró en la barra.
- ¡Hey! ¡me quemaste! – Le grité molesta, ¿Cómo era posible que ni siquiera se disculpara? –
Su mirada se levantó por fin, sentí un escalofrío recorrer mi espalda cuando lo hizo, causando que casi me arrepintiera de reclamarle. Sus ojazos se clavaron en los míos, eran gélidos, oscuros, vacíos... así y todo, me atrapaban con la intensidad que emanaban, daban una sensación de estar pidiendo algo a gritos implícito en esa frialdad. Su voz ronca y exigente me sacó de mi trance.
- ¡Y tú embarraste tu pastel en mi chaqueta nueva! ¿eres ciega o qué? ¿No te fijas por donde caminas? ¡Dios, que tonta! – volvió a la mancha de frutas en su ropa –
Mi burbuja idealizadora explotó sin más, de repente. Muy guapo, pero tremendamente grosero y petulante, y yo no tengo paciencia con esa clase de gente. Sentí como la ira subió por mi rostro como agua hirviendo, ya ni me acordaba del brazo ardiendo, solo quería golpear esa linda cara. Agradecí a Luca a la distancia que me enseñó como hacerlo.
- ¿Disculpa? – no podía creer lo antipático que era – te acabo de decir que me quemaste, por lo menos deberías decir algo.
- Ok, te disculpo – me miró otra vez, ahora con clara ironía. ¿En serio se estaba burlando de mí? - ¿Me vas a pagar por lo menos la tintorería de esta chaqueta? No creo...
Me recorrió con la mirada desde abajo, subiendo como sintiéndose superior por algún motivo.
- Ay que idiota eres... – apreté mi puño para darle su merecido ¿Qué se había creído? Era un animal –
Abrió la boca seguramente para decir otra estupidez, yo esperaba otra razón para volarle un par de dientes cuando Denisse intervino para ayudarme (o para ayudarlo).
- ¡Amiga! ¡tu brazo! Vamos al baño, pongamos a eso agua fría – se bien que no se refería solo a mi quemadura, te habías salvado, bruto –
- Gracias Denisse, TU SI ERES AMABLE – eso último lo recalqué mientras lo miraba, antes de voltear.
- Tsss... seguro te haces, apuesto que no tienes nada, solo quieres justificar que eres torpe y tonta, además de escapar del pago de mi chaqueta – sus ojos se oscurecían cada vez más –
- ¡Tarado! – solo alcancé a gritarle mientras mi amiga me sostenía para que no me devolviera a arruinar su cara de niño bueno –
Lo dejamos ahí, parado esperando alguna respuesta del cielo seguramente, porque mía no iba a tener ninguna, con su maldita y fina chaqueta embarradísima de mi pastel de fruta que tanto deseaba comer, idiota.
- No se si alcanzo a volver a mi departamento por otra blusa, ¿Qué hora es, Denisse? – estaba preocupada, ella miró su reloj – 8:15 Alicia, creo que hasta vas tarde ya...
Si, iba a llegar atrasada. ¿En que momento se pasó la hora tan rápido? Afortunadamente, Mateo, mi jefe, es un amigo entrañable, la tercera personita importante en mi vida, y por eso mismo nunca había querido aprovecharme de eso. Tantos años trabajando como su asistente personal nos habían unido más allá del trabajo. Podría decir sin temor a equivocarme que me conocía mejor que yo misma, y viceversa. Junto con la dueña del Fleurisme, eran ahora la familia que elegí.
La quemadura finalmente no era tan grave, Denisse tenía un botiquín muy completo, visionaria mi amiga, siempre se anticipaba a todas las situaciones.
- ¿Hablaste con tu jefe? – me preguntó mientras terminaba de untar una crema para las quemaduras –
- Le envié un mensaje a Teo, porque no me contestó. Seguro se le pegaron las sábanas otra vez, no hay nada importante durante la mañana.
- Las ventajas de algunos gerentes. Lástima que no funciona en todos los negocios de la misma manera. Si a mi se me pegan las sábanas como a él, ¿Quién prepara tu recarga matutina?
- Pues nadie, y eso trastocaría las leyes que gobiernan el infinito – dije con tono y gesto dramático –
- Eres una exagerada.
- Haz la prueba y verás como causas una falla en el espacio / tiempo – traté de mantenerme seria, pero terminamos riendo de mi teatralidad mientras salíamos del baño –
Al volver a la barra, Gabriel, el chico que trabajaba para Denisse, ya había limpiado el desastre que dejamos el tarado y yo. Claro, él ya se había ido, escapando como la sucia rata que demostró ser.
- Alicia... – me dijo – el joven del incidente dejó un mensaje antes de irse –
Su voz era entrecortada, parecía temeroso de lo que me iba a decir, como si pensara que yo le iba a arrancar la cabeza o algo por el estilo.
- La verdad no me interesa lo que ese tarado dejó dicho.
- Es que...
- ¿Qué? – rodé los ojos, me daría el mensaje de todas formas.
- Bueno, dijo que tú tenías que pagar por su café, ya que por tu culpa no lo pudo disfrutar.
- ¿QUÉ?








