୨ৎ 𝑵𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒐
Al final, la verdad salió a la luz.
Sus padres podían ser las personas más amorosas del mundo, pero incluso ellos tenían un límite.
Durante meses habían procurado que Gil y Kenneth no pasaran demasiado tiempo a solas. No era falta de confianza; simplemente eran conscientes de lo intenso que podía llegar a ser el vínculo entre un alfa y un omega. Sin embargo, bastó un solo descuido para que ambos cedieran a la tentación y terminaran uniendo sus vidas.
No fue una marca de unión lo que apareció como consecuencia de aquel momento.
Fue un pequeño cachorro que ahora crecía bajo el corazón de Gil.
-Mi cachorro...
La voz de Brian se quebró al pronunciar aquellas palabras.
Gil apenas levantó la mirada antes de sentir cómo su padre lo envolvía entre sus brazos. Un segundo después, Armando también se unió al abrazo, rodeando a su hijo con el mismo cariño con el que lo había protegido desde que era un bebé.
Sí, estaban decepcionados.
No era el futuro que habían imaginado para el menor de la familia, ese cachorro al que todavía seguían viendo con dientes de leche, aunque estuviera a punto de cumplir diecisiete años.
Aun así, el amor pudo más que cualquier otra emoción.
Al notar a Kenneth inmóvil a unos pasos de distancia, con la nariz enrojecida y los ojos llenos de lágrimas, Armando extendió uno de sus brazos hacia él.
-Ven acá, cariño.
El joven alfa abrió los ojos con sorpresa. -¿Yo...?
El omega mayor sonrió con ternura. -Tú también formas parte de esto.
Kenneth no pudo contener el llanto. Se acercó despacio y terminó envuelto en el mismo abrazo.
No podían culparlos por completo.
Eran dos adolescentes profundamente enamorados y, tarde o temprano, sus vidas quedarían unidas para siempre.
-Lo siento... -murmuró Gil con la voz temblorosa.
Sus mejillas estaban completamente rojas. La vergüenza y las lágrimas no le permitían siquiera sostenerles la mirada.
Brian y Armando observaron a su pequeño cachorro. Frente a ellos estaba el hijo al que habían visto abrir los ojos por primera vez y que ahora esperaba a su propio cachorro. A su lado, Kenneth temblaba, pero no soltaba en ningún momento la mano de Gil.
-Saben que los amamos -dijo Armando mientras acariciaba con suavidad el cabello de su hijo-. A los dos. Y eso no va a cambiar nunca.
Los dos jóvenes rompieron a llorar con más fuerza.
Sin embargo, el momento de consuelo no podía durar para siempre.
Brian respiró hondo y recuperó poco a poco la seriedad.
-Ahora necesitamos hablar.
Los dos muchachos asintieron.
-Saben que esto no es un juego.
Gil y Kenneth volvieron a asentir entre sollozos.
Brian esperó unos segundos antes de continuar.
-Ya no se trata solamente de ustedes dos. Ahora hay un pequeño cachorro de por medio... y queremos saber qué piensan hacer.
Los jóvenes intercambiaron una breve mirada.
Kenneth fue el primero en reunir el valor para hablar.
-Cualquier decisión que tome Gil tendrá todo mi apoyo. No voy a hacer nada que él no quiera.
Aquellas palabras aliviaron un poco el corazón de ambos padres.
Mientras tanto, los padres de Kenneth ya iban de camino. La llamada había sido tan inesperada para ambos padres que apenas alcanzaron a escuchar unas cuantas palabras antes de salir apresuradamente de casa.
Todas las miradas volvieron a dirigirse hacia Gil.
El omega tragó saliva.
Sabía que nadie quería presionarlo, pero también entendía que era momento de afrontar aquella realidad.
Respiró profundamente antes de hablar.
-Yo... amo a Ken. - Apretó con fuerza la mano del alfa. -Y si este cachorro es una prueba de nuestro amor... no quiero dejarlo ir.
Levantó la vista a pesar de las lágrimas que seguían resbalando por sus mejillas. -Es mi cachorro... y no podría desear algo mejor que tenerlo con nosotros.
...
Los padres de Kenneth habían llegado.
Alejandro entró primero, con el rostro completamente pálido, mientras Gabriel lo seguía con evidente preocupación.
Los dos miraron de inmediato a su hijo.
Kenneth tenía los ojos rojos de tanto llorar.
-Mi niño... - Alejandro tomó su rostro entre ambas manos, revisándolo con cuidado, como si quisiera asegurarse de que estuviera bien.
Gabriel soltó un largo suspiro.
Sin duda, era una noticia para la que nadie estaba preparado.
Se acercó unos pasos y preguntó con calma -Cachorro... ¿qué les dijiste a los padres de Gil?
Su tono no era duro, pero necesitaba escuchar la respuesta directamente de su hijo.
Kenneth respiró hondo. -Papá... decidí apoyar a Gil en cualquier decisión que tome.
Gabriel lo observó durante unos segundos antes de asentir lentamente.
Aquella pequeña aprobación bastó para que Kenneth encontrara el valor que le faltaba.
Miró a Gil y sonrió con dulzura.
-Los dos... vamos a tener a nuestro bebé.
...
Con el paso de los meses, los síntomas más difíciles comenzaron a desaparecer.
Todavía no podían vivir juntos, así que Kenneth hacía el viaje hasta la casa de Gil al menos dos veces al día. Siempre encontraba cualquier excusa para verlo, consentirlo y pasar un rato con él... y, por supuesto, con el pequeño cachorro que crecía cada día un poco más.
Al principio no sabía cómo comportarse con Brian y Armando.
Después de todo, había traicionado la confianza que ambos habían depositado en él.
Cada vez que llegaba, saludaba con timidez y corría directamente a la habitación de Gil para evitar momentos incómodos.
Pero con el paso de los meses entendió que, si realmente quería formar parte de aquella familia, debía ganarse también el cariño de sus futuros suegros.
Una tarde reunió todo el valor que tenía.
Cuando Armando abrió la puerta, encontró frente a él a Kenneth con su mochila al hombro y una bolsa negra cuidadosamente sostenida entre las manos.
-Vaya... No esperaba verte tan temprano.
Kenneth sonrió con nerviosismo.
-La verdad... hoy vine a verlo a usted.
El omega arqueó ligeramente una ceja, divertido por aquella confesión. -¿A mí?
-Sí. - Aunque intentaba mostrarse seguro, sus manos temblaban ligeramente.
Armando lo invitó a pasar y ambos caminaron hasta la sala.
Kenneth dejó la mochila junto al sillón y permaneció unos segundos inmóvil, buscando las palabras correctas.
Finalmente extendió la bolsa hacia el mayor. -Esto es para usted.
Armando abrió la bolsa con curiosidad.
Dentro encontró unas galletas que siempre compraba cuando salían de paseo con Brian.
Pero aquello no fue lo que más llamó su atención.
Debajo descansaba una figura de colección completamente nueva.
Sus ojos se abrieron de inmediato. -Ken... ¿Cómo conseguiste esto? - Le dio varias vueltas a la caja, incapaz de creerlo. -Ni siquiera Brian pudo comprarla cuando salió en preventa.
Kenneth sonrió con cierta timidez.
En el fondo agradecía el consejo de su papá Gabi. Había sido él quien le sugirió llevar un pequeño detalle, aunque Alejandro insistiera en que no hacía falta conquistar a nadie con regalos.
Pero Kenneth estaba desesperado por demostrarles que amaba a Gil con todo su corazón.
Quería que confiaran en él.
Quería ser digno de formar parte de su familia.
-Me encanta, de verdad... pero...
- La sonrisa del joven desapareció poco a poco.
Tal vez papá tenía razón. Quizás el padre de su chico se sentiría incómodo al recibir algo tan costoso.
El omega cerró con cuidado la caja antes de acercarse a él. -Es demasiado caro, cariño.
Su voz sonó tan dulce que Kenneth sintió un nudo en la garganta -Sé que estás esforzándote mucho para la llegada de mi nieto, pero no quiero que gastes tu dinero en nosotros.
Aquellas palabras rompieron por completo la barrera que Kenneth había intentado mantener.
Sin pensarlo dos veces, acortó la distancia y abrazó con fuerza a Armando.
El mayor respondió al abrazo sin dudarlo. -Oh, mi cachorro... -
Acarició lentamente su espalda.
-¿Has estado tan asustado todo este tiempo?
Kenneth cerró los ojos.
Había pasado demasiadas noches despertando sobresaltado después de soñar que lo alejaban de Gil y de su cachorro.
Las ojeras bajo sus ojos hablaban por sí solas.
Armando llevó una mano hasta su mejilla y limpió con delicadeza las lágrimas que comenzaban a caer. -No tienes que comprar regalos caros para ganarte nuestro cariño.
Le sonrió con el mismo afecto con el que sonreía a Gil. -Desde el momento en que decidiste quedarte junto a mi cachorro... también empezaste a formar parte de esta familia.
Era como ver a su propio cachorro.
Armando no pudo evitar sentir un nudo en el pecho al observar a Kenneth llorar de aquella manera. El joven apenas tenía dieciséis años y, aun así, cargaba sobre los hombros el miedo de perder a la persona que más amaba.
Ahora también era parte de su familia.
Jamás podría despreciar al novio de Gil, mucho menos cuando lo veía esforzarse tanto por demostrar que estaba dispuesto a hacerse responsable.
Con delicadeza, volvió a limpiar las lágrimas del rostro del joven.
-No vuelvas a pensar que tienes que ganarte nuestro cariño con regalos, ¿sí? Ya eres parte de esta familia.
Kenneth asintió con fuerza, incapaz de responder. El nudo en su garganta le impedía pronunciar una sola palabra.
Sin embargo, mientras abrazaba al muchacho, Armando ya tenía a otro alfa de ojos azules en la mira.
Brian.
Conociéndolo, era muy probable que en algún momento hubiera dicho algo sin pensar. Tal vez no con mala intención, pero sí lo bastante brusco como para hacer creer a Kenneth que todavía no era bienvenido.
En cuanto regresara a casa tendría una conversación muy seria con su esposo.
No iba a permitir que su nuevo cachorro volviera a sentirse inseguro dentro de su propia familia.
...
Aquella noche, Armando permaneció unos minutos junto a Brian frente a la puerta entreabierta de la habitación de Gil.
Los dos muchachos dormían profundamente.
Kenneth abrazaba a Gil con cuidado, procurando no incomodar la pequeña barriga que ya comenzaba a notarse. Entre ellos descansaban varias bolsas con ropa para bebé, algunos pañales y un par de peluches que habían comprado esa misma tarde.
Poco a poco, aquella habitación comenzaba a transformarse para recibir al nuevo integrante de la familia.
Una luz iluminó el pasillo.
Armando giró la cabeza y descubrió a Brian sosteniendo su teléfono con una enorme sonrisa mientras fotografiaba a la joven pareja.
-¿Qué haces? -susurró entre divertido y preocupado-. Los vas a despertar, y Gil necesita descansar.
Brian bajó apenas el celular, aunque no dejó de sonreír. -Es que míralos... Se ven tan tiernos.
Armando observó nuevamente a los dos adolescentes.
Kenneth había escondido el rostro en el cuello de Gil, mientras el omega dormía con una mano sobre su vientre.
Parecían dos cachorros buscando refugio el uno en el otro.
No pudo evitar sonreír.
Sentía el corazón tan cálido que por un instante olvidó todas las preocupaciones que habían tenido desde que recibieron la noticia.
El sonido de una tercera fotografía lo hizo reaccionar.
-¡Brian!
Sin darle oportunidad de tomar una cuarta, lo empujó suavemente hacia el pasillo mientras el alfa protestaba en voz baja. -¡Solo una más!
-Ni una más. Déjalos dormir.
Brian soltó una pequeña risa, permitiéndose ser arrastrado fuera de la habitación.
Armando cerró la puerta con cuidado.
Los dos muchachos necesitaban descansar.
Porque cuando llegara el bebé...
Estaba completamente seguro de que pasarían muchos años antes de volver a dormir tan tranquilos como aquella noche.
Solo esperaba convertirse en el apoyo que Kenneth y Gil necesitarían.
Sabía que cometerían errores, igual que Brian y él los habían cometido cuando fueron padres por primera vez.
Pero también sabía que nunca les faltaría amor.
...
Con el paso de las semanas, las habitaciones de ambos dejaron de pertenecer únicamente a dos adolescentes.
Ahora había una cuna junto a la cama, un pequeño cambiador y varios muebles llenos de pañales, mantitas y ropa diminuta cuidadosamente doblada.
La llegada del cachorro estaba cada vez más cerca.
Si había alguien especialmente emocionado, ese era Alejandro.
Compraba absolutamente todo lo que encontraba en internet.
Mamelucos.
Gorritos.
Guantes.
Calcetines.
Cobijas.
Juguetes de tela.
Incluso conjuntos que el bebé tardaría años en poder usar.
Cada día llegaba un paquete nuevo.
El recibidor de la casa estaba invadido por cajas de todos los tamaños.
-¡Papá! ¡Llegó otro paquete! -
Kenneth entró como pudo, esquivando las cajas que el repartidor había dejado junto a la puerta.
Alejandro salió disparado de la cocina. -¡Es mío!
Antes siquiera de tomar la caja, rodeó el rostro de su hijo con ambas manos y comenzó a llenarlo de besos.
-¡Papá! -rió Kenneth mientras intentaba apartarse-. ¡Ya basta, me haces cosquillas!
Alejandro solo se detuvo cuando escuchó la risa de su cachorro.
El dulce aroma a miel y madera envolvió el ambiente, tranquilizando a ambos.
-A ver... ¿qué compramos ahora?
Con la práctica que había adquirido después de abrir casi tres paquetes diarios, tomó una pequeña navaja y retiró con cuidado la cinta adhesiva.
Kenneth se inclinó curioso sobre la caja.
-¡Mira!
Dentro descansaba un hermoso álbum de fotografías de tapa color café.
Semanas atrás, Alejandro había visto una publicación sobre él en internet. En cuanto imaginó aquellas páginas llenas de fotografías de su nieto, no dudó ni un segundo en comprarlo.
Lo sostuvo entre sus manos con una enorme sonrisa.
-Es precioso, ¿verdad? -Después se lo entregó a Kenneth.
-Es para ti.
El joven lo miró confundido.
-¿Para mí?
Alejandro asintió. -Quiero que lo llenen con recuerdos. Fotos de Gil, tuyas, del bebé... de todos los momentos importantes que vivan como familia.
Los ojos de Kenneth comenzaron a llenarse de lágrimas.
Desde que supieron que serían padres, parecía emocionarse con mucha más facilidad.
Abrazó con fuerza el álbum contra su pecho. -Gracias, papá...
Alejandro lo estrechó entre sus brazos. -No me agradezcas. Lo único que quiero es ver crecer feliz a mi nieto.
...
Cuando finalmente los médicos dieron luz verde para el parto, Kenneth no volvió a separarse de Gil.
La habitación del omega ya estaba completamente preparada para recibir al cachorro.
En los últimos días, el instinto de anidación había aparecido con fuerza.
Una tarde, Kenneth abrió la puerta y sonrió al descubrir el enorme nido que ocupaba casi toda la cama.
Había cobijas de todos los colores, almohadas suaves, ropa de Gil, algunas de sus propias sudaderas y hasta pequeñas mantitas del bebé cuidadosamente acomodadas.
En el centro descansaba Gil.
Dormía profundamente.
Su respiración era lenta y tranquila.
La playera se había subido un poco, dejando al descubierto la curva de su vientre.
Kenneth sintió que el corazón le daba un vuelco.
El delicado aroma a jazmín mezclado con tierra húmeda llenó sus pulmones de inmediato.
Con todo el cuidado del mundo, se quitó los zapatos y buscó un pequeño espacio dentro del nido.
Se acomodó detrás de Gil y rodeó con suavidad su cintura.
El omega apenas murmuró algo entre sueños antes de acomodarse aún más cerca de él.
Kenneth sonrió.
No necesitaba nada más.
Con su omega entre los brazos y su cachorro creciendo bajo aquel pequeño vientre, el mundo entero parecía estar en calma.
...
Días después, el aroma a jazmín fue sustituido por el característico olor del hospital.
El parto había comenzado.
Kenneth permaneció junto a Gil en todo momento, sosteniendo su mano y secando las lágrimas que escapaban por el esfuerzo.
No apartó la vista de él ni un solo segundo.
Hasta que un pequeño llanto llenó la habitación.
Su cachorro había llegado.
Las enfermeras colocaron al bebé en sus brazos por unos instantes.
Era tan pequeño...
Tan frágil...
Kenneth sintió que las lágrimas comenzaban a caer antes siquiera de darse cuenta.
El bebé seguía llorando, moviendo sus diminutas manos en busca del calor de sus padres.
-No llores... -dijo Gil entre risas y lágrimas al verlo completamente conmovido-. Porque me vas a hacer llorar a mí también.
Los dos terminaron riendo mientras las lágrimas seguían cayendo.
Kenneth se acercó despacio.
Depositó un beso sobre la frente de Gil y después un pequeño beso en sus labios.
¿Qué más podía pedir?
Tenía a sus padres.
A una familia que jamás los dejó solos.
Al amor de su vida.
Y, entre sus brazos, al pequeño cachorro que había llegado para completar su felicidad.
𝑵𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒐
Hola normalmente no hago one-shot pero no me resistir a la idea de hacer uno, les confieso que no soy tan fan del omegavers pero fluyó. Así que disfruten, besos y bye








