Capítulo 1: La entrega.
Capítulo 1: La entrega.
Nacer en un bosque era una mierda.
Sanemi lo sabía desde que había aprendido a caminar. La ley de “El mas fuerte sobrevive” se sentía en cada esquina, y joder, crecer con eso hacia que enloquecieras poco a poco.
Porque honestamente, había que estar un poco loco para pensar en sacrificar a un ser humano con tal de recibir al menos un poco de benevolencia divina.
— ¡Nemi! — Gritó su madre, terminando de vaciar un montón de especias en un bowl gigante repleto de ingredientes — ¡Ayuda a tus hermanos a vestirse!
— ¡Que se vistan solos, joder! — Gritó desde su habitación, peleando con su propio traje ceremonial ¡Esa porquería era un laberinto de listones y capas de tela! Sanemi daría cualquier cosa por no tener que ponerse eso encima.
—¡Sin groserías en la casa! — Exclamó la mujer, revolviendo el bowl con ambos brazos — ¡Ayuda a tus hermanos! ¡Estoy ocupada! ¡Si no me ayudas con esto te dejaré sin postre!
Sanemi chasqueó la lengua, decidiendo que el delicioso postre ceremonial que preparaba su madre era un excelente pago por ayudar a arreglarse a 5 niños para el día del sacrificio.
Tan pronto como su saifuku estuvo totalmente afianzado a su cuerpo se encaminó a la habitación de Genya. Los pasillos de la casa rechinaban con el sonido de la madera vieja, así que intentar caminar sin hacer ruido era una pelea que tanto Sanemi como sus hermanos habían perdido hacía años cuando intentaban escurrirse a la cocina a robar algunos postres ceremoniales con la gracia de osos tratando de hacer un pas de bourrée.
— Joder… — Escuchó a Genya renegando, peleando con su saifuku antes de abrir la puerta de la habitación de su hermano con fuerza, tratando de asustarlo —¡Hermano, joder! ¡Toca antes de entrar!
— ¡Ese es un derecho que no te has ganado, maldito bastardo! — Grito entrando a la habitación como si marchara, tropezándose un poco con la ropa en el suelo, producto de la pésima costumbre que tenía Genya de tirar cualquier prenda que desocupara su juvenil cuerpo de adolescente — ¡¿Como es posible que tengas 16 años y aun no sepas vestirte solo?!
—¡No tenemos sacrificios todos los putos días! — Grito el niño, rojo hasta las orejas, alzando los brazos para que su hermano lo socorriera, el albino casi tuvo ganas de golpearlo cuando vio la porquería de nudo ciego que se había hecho en la ropa ¡Era más fácil cortar todo y mandar a hacer otro traje! Pero joder, no había tiempo para eso. — Desearía no tener que usar toda esta mierda.
Sanemi bufo por la nariz, de reojo vio como el sol de la tarde reflejaba en el poco cabello que quedaba en la cabeza de su hermano, en un acto de rebeldía se había rapado los costados, pensando que su padre diría “Bueno, este año te salvas de tener que participar en el ritual de sacrificio, puedes quedarte en casa y descansar”. Había sido un iluso, su padre prefería beber jabón para trastes antes de permitir que uno de sus hijos no participará en los rezos y en la selección anual.
— Entonces pídele a todo lo sagrado que el Dios del bosque te mate, de esa manera no tendrás que volver a usar toda esta mierda nunca más.
— Muy gracioso — Se burló Genya, viendo en el espejo como las manos expertas de su hermano convertían el lío que había hecho en el traje que siempre debió ser — Pero papá es tan estricto con estas cosas que es capaz de traerme de la muerte para seguir rezando.
Y el mayor no pudo contener una carcajada, cuando Genya estuvo listo ambos fueron a ayudar a los demás. Teiko tenia mas problemas con su peinado que con su traje de sacerdotisa, Hiroshi (Aparentemente) era el hermano con más coordinación motriz, pues cuando llegaron a su habitación ya estaba totalmente vestido y peinado, mientras que Sumi y Shuya, quienes aún compartían habitación pues Shuya seguía siendo demasiado pequeño para dormir solo, necesitaron ayuda hasta para terminar de bañarse.
— ¿Todos listos, pequeños mocosos? — preguntó Sanemi, viéndolos a todos, perfectamente vestidos, por las ventanas aún entraba la cálida luz del sol, aún tenían tiempo suficiente, sus hermanitos asintieron, sonriendo con todos los dientes, tratando de dar buena cara para lo que venía — Muy bien, comencemos.
Y de un paso Sanemi abrió la puerta del comedor, y un sinfín de aromas los golpearon directamente en la cara.
Las mujeres a su alrededor iban de un lado al otro, con cacerolas de comida, con platos, tazas y utensilios de cocina, en un ritmo digno del enorme reloj que descansaba en la sala de estar.
Shinazugawa Shizu sonrió nada más ver a sus hijos, comenzando a caminar hacia ellos, con esa enorme panza de embarazo que aun no llegaba a término, para abrazarlos.
— ¡Oh Nemi, mírate! — Dijo la mujer con lágrimas en los ojos — ¡Te ves hermoso! Por todos los dioses, no puedo creer que en una semana cumplas 21… ¡El próximo año serás tú el encargado del sacrificio! Tu padre y yo estamos muy contentos por eso.
Sanemi la abrazó de vuelta. Legalmente era mayor de edad, un adulto en toda regla, podía votar, podía trabajar, e incluso podía tomar decisiones sobre si mismo. Pero a los 21 oficialmente sería considerado un hombre, podria casarse, comprar una casa y comenzar a tener hijos.
Además, que el cumpliera 21 años era un alivio para la familia; Significaba que su madre podría dejar de embarazarse.
Por tradición el patriarca de la familia Shinazugawa, el sacerdote del pueblo, se encargaba de ofrecer el sacrificio al Dios del bosque, un niño o una niña, con el fin de que el Dios del bosque les trajera buenas cosechas, lluvias abundantes y por sobre todo, que les otorgara protección divina ante su propia ira.
Pues el (Maldito hijo de puta) Dios del bosque tenía peticiones muy específicas: Primero, necesitaba que su ritual anual fuera precedido del rezo de 5 niños pertenecientes a la familia Shinazugawa, mientras el patriarca recitaba los cantos ceremoniales y el sacrificio se entregaba al bosque de forma voluntaria.
Por lo que su madre había tenido que embarazarse muy seguido desde que se casó con el patriarca de la familia. Su padre había logrado mantener feliz al Dios del bosque cumpliendo lo del tener 5 niños de la familia como sacerdotes y sacerdotisas con sus propios sobrinos, mientras su esposa lograba concebir la cantidad de niños mínima.
— Lo se madre — Dijo, sonriendo — no tienes que decírmelo todos los días.
— ¡Claro que tengo que! Eres todo un ejemplo para el pueblo. Mereces todo el reconocimiento que pueda darte.
Sanemi bufo por la nariz. Su madre lo rodeó para ver y besar a sus demás hijos.
El mayor de los hermanos sabía perfectamente que era lo que seguía: Las mujeres del pueblo terminarían de hacer el banquete y lo servirían en las mesas alargadas que todo el pueblo ya conocía. Su padre comenzaría con los cánticos, mientras él y sus hermanos rezaban, rogándole al Dios del bosque aceptar el sacrificio.
Y entonces ocurriría.
Su padre tomaría la caja ceremonial, una antigua cajita que contenía todos los nombres de los niños del pueblo, sacaría uno y este niño debería pasar al frente, caminando con los ojos cubiertos hasta el bosque, donde nadie nunca lo volvería a ver.
Bien podría algún familiar (menor de edad) pedir un intercambio, llamado “Alma por alma” y tomar el lugar del niño en sacrificio, pero la realidad es que nadie había hecho eso en toda la historia del pueblo.
—¡Teiko, Sumi, lucen preciosas! — Chilló su madre al ver a las niñas vestidas como hermosas sacerdotisas tradicionales. —¡Estoy segura de que este será un gran año!
—¡Inolvidable! — La voz de su padre los hizo voltear hasta donde ese hombre, con un rostro estricto pero la sonrisa más dulce que la miel extendía los brazos para recibir el abrazo de sus hijos. Todos corrieron, menos Sanemi, de algún modo abrazar a tu padre teniendo 20 años le resultaba vergonzoso — Mis pequeñas sacerdotisas, y que tenemos por aquí, ¡Mis pequeños monjes!
—¡Ya soy más alto que tú! — Se quejó Genya, sonriendo como si se divirtiera mientras restregaba la cara en la agradable textura del traje ceremonial de su padre.
— Eso es verdad — Dijo Shinazugawa Kyogo, alzando a Sumi y Shuya sobre sus hombros — ¡Incluso eres más alto que el idiota de tu hermano que ya se siente demasiado grande para abrazar a su padre!
El albino rodó los ojos.
—¡El próximo año yo seré el patriarca de la familia! ¡No puedes seguir tratándome como si fuera un niño!
—¡Si, si, lo que digas mocoso! — Sanemi pudo escuchar, con las orejas calientes de la vergüenza como su madre reía junto a algunas mujeres que seguían preparando la comida con manos expertas, su padre dejó de lado a los niños, encargándole a Genya el cuidar de Shuya y Sumi, y se acercó al mayor de sus hijos con una sonrisa, poniendo una mano sobre su cabeza, despeinándolo — Mira bien este año, el que sigue te tocará a ti hacer toda esta mierda por el bien del pueblo.
Sanemi apartó a su padre con un manotazo, definitivamente nadie lo respetaría como el patriarca de la familia si su padre seguía tratándolo como a un mocoso de mierda.
Exactamente dos minutos después su madre les pidió que se retiraran, pues el banquete sería servido. Sanemi y sus hermanos caminaron en una fila india digna de dibujos animados, uno detrás del otro, del más alto al más pequeño, hasta llegar a la plaza central del pueblo tanto él como sus hermanos se inclinaron hasta el suelo, comenzando a rezar.
Si, la espalda dolía después de algunas horas por la posición, pero alguien tenía que hacerlo.
Sanemi no recordaba haberse aprendido los rezos, nadie lo hacía, se te inculcaban desde tan pequeño que llegaba un punto que se sentía intrínseco de tu persona.
Podían escuchar a las personas comiendo y pasando alrededor de ellos, con mucho cuidado de no pisar ni de chiste sus ropas, dejando alrededor de ellos tantas flores y bayas como les fuera posible o conseguir. Y cuando el aroma a la comida se hizo más intenso el mayor de los hermanos recordó porque deseaba con su alma convertirse en el patriarca de la familia; si eras parte de los 5 qué rezaba, debías tener un ayuno de 24 horas.
24 putas horas sin comer.
Sanemi se moría de ganas de un buen postre de crema, quizá algunas cerezas y dulces de arroz, definitivamente quería muchos dulces de arroz.
—¡El último trozo de comida ha sido entregado a los habitantes del pueblo! — Comenzó su padre —¡Monjes y sacerdotisas! ¡De pie!
Aquella era la clara indicación de que podían levantarse. Lo cual era maravilloso para 5 espaldas jóvenes que habían rogado por horas para volver a una posición cómoda para existir, pero terrible para el resto del pueblo, porque en cuanto el último de ellos estuviera en pie…
El sacrificio comenzaría.
Sanemi se levantó con cuidado, abriendo los ojos lentamente, pudo notar las mismas expresiones de pánico a las que se había acostumbrado desde niño. No importa cuanto le repitas a un pueblo que un sacrificio es justo y necesario, o que incluso trataras de venderlo como el honor más grande de una sociedad, no importa qué tanto quieras decorar la realidad.
La verdad era que esa noche una familia iba a perder a su hijo para siempre.
Genya se levantó también de forma lenta, tratando de disimular lo entumido qué estaba su cuerpo. Teiko se levantó casi de un salto, aunque era sabido que las mujeres son más flexibles qué lo hombres así que no fue tan impresionante. Hiroshi y Shuya fueron lentos, pero al ser tan pequeños no era como que le ganarán tanto tiempo a las personas que los miraban como si no quisieran que se levantarán jamás. Y cuando Sumi estuvo de pie, los 5 pudieron escuchar como su padre comenzaba a cantar en ese tono particular que tienen los cantos de mucha garganta y poca lengua.
Sanemi supo entonces que era su momento de brillar, se dirigió a paso lento hasta el altar ceremonial, donde descansaba una caja de madera Sashimono y la tomó haciendo una reverencia, como si de verdad el Dios del bosque estuviera parado ahí, entregándole su santa voluntad.
Camino hacia su padre a paso lento, escuchándolo cantarle al cielo, sus pasos, aunque ligeros, resonaban en la madera, como si pudiesen ser sentidos en todo el pueblo. La mirada de todos estaba sobre él, quizá, internamente rezando por que no fuera el nombre de su vástago el que saliera de aquella caja.
Y cuando el albino estuvo frente a su padre dejó la caja a sus pies y se retiró, regresando a la fila donde sus hermanos ya veían de reojo los postres que su madre les había guardado para cuando el sacrificio terminará.
Todos en el pueblo guardaron la respiración cuando Shinazugawa Kyogo dejó de cantar, sentándose en pose de loto frente a la cajita, tomando el pañuelo sobre esta, poniéndoselo sobre los ojos para indicar que el proceso sería justo sobre todas las cosas.
El hombre acercó una mano y la hundió en la caja, sacó el primer papel que pudo tomar y lo alzó por el aire.
—¡Haaa! — El jadeo de las personas a su alrededor fue impresionante, pero ninguno de los hermanos Shinazugawa entendió el porqué hasta que su padre volteo el papel hacia atrás, para que ellos también pudieran verlo:
Shinazugawa Shuya.
Sanemi sintió en automático como su alma caía hasta el estómago. El mundo entero se había quedado en silencio, lo supo cuando volteo a ver a Genya y miro su boca abierta en un grito devastador, junto con el de sus otros hermanos que enseguida corrían a abrazar a Shuya de forma protectora.
Ese nombre no debería estar ahí. El de ninguno de ellos en realidad.
Si, era una gandallada del tamaño de un puto continente, pero era la única ventaja de ser parte de la familia gobernante de este pueblo.
Y esa ventaja ya no existía, alguien había puesto el nombre de su hermanito dentro de aquella urna.
“Es un sabotaje”, Sanemi no tenía tiempo de indagar quién había hecho eso, ni porque, tenía que actuar rápido, sobre todo al ver en cámara lenta como su padre se quitaba el pañuelo de la cara para ver porque tanto alboroto y miraba el papel en sus manos.
La forma en la que el color se fue de las mejillas de su padre fue terrible para su corazón.
Y entonces supo lo que tenía que hacer.
Dio un paso al frente, alzando ambas manos, tratando de llamar la atención de todos los del pueblo que ya comenzaban a subir para tomar a su hermanito, y gritó:
—¡Alma por alma! ¡Yo seré el sacrificio!
Aquello era un hueco legal. Sanemi ya era mayor de edad, pero aún no era considerado un hombre en derecho para su gente.
Y pareció que todos lo entendieron.
El silencio que siguió fue comparable con el silencio nocturno de una noche tranquila, pero duró exactamente lo de un suspiro, pues el sonido de los gritos de sus hermanos lanzando un grito de terror y corriendo hacia él resonó en toda la plaza.
—¡No, hermano! — Chillo Genya, corriendo hacia él con lágrimas en los ojos.
—¡No, no, no! — Gritaban los demás, pero era inútil. El albino dejó que sus hermanos lo abrazaran, y procuro besar la frente de cada uno (Teniendo que pararse de puntillas para alcanzar a Genya, el pequeño bastardo se atrevía a ser más alto que él aún a su edad).
Sanemi miró a través de ellos a su pueblo, los ojos de todos los miraban con lástima, pero a la vez con la sensación de tranquilidad de quien ya no tiene que levantarse en antorchas y trinchetes para que un sacrificio sea ejecutado.
— Estaré bien — Les susurró a sus hermanos — Ustedes deben cuidar a mamá y a papá.
— Hermano… — Gimió de dolor Shuya, con la cara roja de tanto llorar — P-Perdón, yo…
— No te disculpes, pequeño bastardo — Dijo, acariciando su cabello — Solo cuida a mamá, promete que cuidarás de todos mientras no esté.
— P-Pero…
El mayor de los hermanos negó con la cabeza.
Entonces su mirada se dirigió a su madre, en medio de la multitud. La mujer había caído contra el suelo, de rodillas, con la cara totalmente desencajada de dolor y lágrimas gruesas cayendo de su rostro, había varias mujeres más a su alrededor, tratando de consolarla mientras ella sostenía su vientre dolorosamente, Sanemi no sabía si gritaba de dolor emocional o físico, solo sabía que su madre estaba sufriendo y que debía hacer que eso se acabará pronto.
Dio un paso al frente, zafándose del agarre de sus hermanos quienes comenzaron a llorar desconsoladamente.
Nadie sabía qué le pasaba a los sacrificios al dios del bosque, solo sabían que entraban al bosque, y nadie los volvía a ver.
Y ese sería justamente su destino.
Sus pasos se dirigieron rápidamente a la salida del pueblo. Las personas del pueblo le abrían paso conforme caminaba, y el albino pensó que sería algo divertido de ver desde afuera. Vivirlo era aterrador.
No bajó la cabeza.
No iba a bajar la cabeza ni a llorar de terror, no porque no lo sintiera, sino porque no quería que su familia lo recordará de esa manera.
Se suponía que su padre debía comenzar a cantar cuando llegara a la marca en el suelo que indicaba cuando el sacrificio debía comenzar a avanzar para salir del pueblo directo al oscuro bosque que rodeaba el perímetro, pero esto no ocurrió. Sanemi, muerto de curiosidad volteo a ver a su padre.
El hombre parecía haber envejecido 10 años en 1 minuto, su rostro estaba serio, como una pokerface perfecta, pero las lágrimas delataban cuán roto tenía el corazón, cayendo silenciosas sobre sus mejillas pálidas y sus labios secos.
Sanemi jamás había visto llorar a su padre, y definitivamente era una sensación horrible, su garganta se cerró y por un momento olvidó como respirar.
— ¡Dios del bosque! — Grito Genya, haciendo a todos voltear. Había tomado el lugar de su padre, pues éste parecía una estatua de si mismo — ¡Acepta este sacrificio que humildemente te ofrecemos! ¡Y bendice a este pueblo que te lo debe todo con buenas cosechas, fertilidad y lluvias constantes! ¡Líbranos de los depredadores y demonios que no podamos ahuyentar por cuenta propia! ¡Y llena nuestras almas de paz y prosperidad!
Sanemi sonrió, enderezando la espalda, aun escuchando a su madre gritar y llorar de fondo, pues el pueblo entero se había quedado totalmente en silencio.
Y cuando dio el primer paso el cántico de su padre volvió a inundarlo todo.
El mayor de los hermanos Shinazugawa lo volteo a ver, aun se veía igual de triste que hacía unos instantes, pero todos sabían que si de su garganta no salía ese cántico ceremonial el dios del bosque no aceptaría el sacrificio. Y Shinazugawa Kyogo dejaría morir a un hijo en vano.
“Adiós” Musito Sanemi con los labios hacia sus hermanos, quienes continuaban llorando a mares.
Y comenzó a caminar.
10 pasos.
10 malditos pasos que lo separaban de la muerte.
Uno. Su madre continuaba llorando.
Dos. El cántico de su padre tambaleo, pero no se detuvo.
Tres. Escucho como sus hermanos cayeron al suelo de dolor, sollozando ruidosamente.
Cuatro. Cinco. Seis. Su corazón empezó a latir con fuerza, como si estuviera corriendo un maratón, el bosque cada vez estaba más cerca de él, más cerca de lo que había estado nunca, más cerca de lo que era permitido.
Siete. Ocho. Dejó de respirar.
Nueve. Su madre emitió un sonido de dolor tan primitivo que le erizo la carne, pero no volteo a verla, porque sabía que sus instintos más bajos le harían querer detenerse en esa peregrinación y correr hacia ella. Y todo se iría a la mierda.
Diez.
Y cuando cruzó el umbral que separaba el pueblo del bosque algo pasó.
El bosque a su alrededor se llenó de neblina. Una neblina tan espesa que no era capaz de ver a través de ella.
— Oh, puta madre — Dijo. Esa neblina era más aterradora que la oscuridad. Alzó sus manos, ni siquiera era capaz de verlas de lo densa que era. Trato de volver, pero al girarse…
La entrada al pueblo había desaparecido.
“El bosque está prohibido” Habían dicho los ancianos.
“No entren al bosque, o no seremos capaces de encontrarlos” Les repetían cada que alguno quería ir más allá de los límites permitidos.
Sanemi había llegado a pensar que era una estupidez. Que había crecido dentro de una secta o algo. Aunque ahora que lo recordaba no era como que hubieran muchas actitudes coercitivas entre sus ancianos. Tampoco eran comunistas, joder, tenían su comercio y toda esa mierda. Pero si te repiten tantas veces que un Dios del bosque se niega a que alguien toque su maldito territorio llega un momento que crees “Oh, solo quieren que no salgamos de los confines que ellos controlan”.
Pero joder, al parecer todo era cierto.
De verdad no tendrían manera de encontrarlo, porque en principio no había manera de regresar. Estaba atrapado en aquel bosque que además de todo no podía ver.
Trató de respirar para tranquilizarse y comenzó a mover los brazos. No parecía haber nada alrededor.
Y comenzó a caminar, porque quedarse de pie en medio de aquella neblina sonaba tan mala idea como comenzar a caminar sin saber a dónde se dirigía, pero al menos tendría la sensación de estar haciendo algo si comenzaba a deambular de aquí a allá.
— Se… dispersa — Se dijo cuando al fin pudo ver sus propias manos. Si, parecía que caminar era en ese momento la opción correcta.
Poco a poco la neblina comenzó a hacerse menos densa, al punto en que empezó a ver a su alrededor. Los árboles eran tan grandes y tan frondosos que no se podía ver el cielo, el aroma a tierra mojada y a hojas secas era delicioso, pero no hacía que todo se sintiera menos aterrador.
Fue cuando al fin pudo ver sus propios pies que sintió como el miedo disminuía un poco en su corazón. Pero el gusto le duró poco.
— Oh ¿Esta vez me enviaron uno grande…? — Dijo una voz masculina, rasposa sobre él, y Sanemi no pudo evitar voltear a todos lados. No había nadie, pero esa voz se había escuchado por todo el lugar. — ¿Esas ropas…? ¿Por qué enviaron a uno de los sacerdotes?
“Oh, puta madre, puta madre, puta madre ¿El jodido Dios del bosque es real?” pensó con el corazón latiéndole en la garganta.
Por un momento Shinazugawa pensó en comenzar a correr, pero la idea de que el jodido Dios del bosque dijera algo como “Oh, me gusta cuando mi comida escapa” o alguna mierda así le hizo querer vomitar, así que decidió simplemente respirar por la nariz y hablar tratando de controlar su voz.
— ¿E-Eres el Dios del bosque…?
El silencio que siguió fue espeso como la miel. Sanemi pudo sentir como una presencia se cernía sobre él, bajó la mirada hacia el suelo y pudo distinguir perfectamente dos pisadas enormes, humanas, que casi le hacen desmayarse, pero se mantuvo firme.
De más está decir que era capaz de sentir su propio sudor frío cayendo sobre su frente.
— ¿No te mandaron aquí por eso? — Volvió a preguntar la voz. Las pisadas comenzaron a vagar a su alrededor, formando un círculo similar al camino de quien evalúa una res. — Esas cicatrices…
Sanemi respingo. Tenía cicatrices por todo el cuerpo y la cara. Si bien en la vida real no le representaban ningún tipo de problema, ahora estaba siendo analizado, quizá tazado, y probablemente esas cicatrices hicieran que el Dios del bosque no quisiera aceptarlo como sacrificio, ¿Que haría si su pueblo se quedaba sin cosechas? Morirían todos en el invierno, ¿Que haría si el pueblo comenzaba a culpar a su familia y les quitaban todos los beneficios de ser la familia gobernante? No podía permitirlo.
— Son de cuando era un jodido mocoso — Dijo, con la voz firme — una jauría de perros me atacó, pero no es como si me impidieran tener una vida normal.
Sanemi sentía el corazón latirle con fuerza, esperaba que minimizar las cicatrices que tenía funcionara para que el Dios del bosque lo aceptara como el sacrificio anual, a todo eso ¿Que es lo que haría el Dios del bosque con él? Siempre tuvo la teoría de que el Dios los devoraba, o que incluso se comía sus almas o una mierda así, pero joder, ahora, viviéndolo en carne propia deseaba que fuera una estupidez como dejarlos envejecer felizmente en una pradera. Aunque lo veía muy poco probable.
—Una jauría de perros, ¿eh? — Dijo la voz con un tono burlesco — Ya veo…
Shinazugawa se quedó en silencio, los pasos se detuvieron por un momento antes de continuar, de vez en cuando Sanemi sentía como alguien tocaba su ropa, como sintiendo la tela, y cuando sintió unos dedos tocar con las yemas su cabello dio un saltito de terror.
—¡Joder! ¡Es una mierda que me toques sin que pueda verte! — Chillo dando una vuelta, hasta donde las pisadas se habían detenido — ¡Materializate o algo, bastardo!
Sabía que no era la manera de hablar con un Dios, pero joder ¡Que puto repeluz!
—¡Oh! Se me olvidaba… Lo siento. — Dijo la voz.
Lo siguiente que pasó fue algo que Sanemi jamás pensó que vería.
Las hojas secas del suelo comenzaron a flotar en enormes ondas de hojas que comenzaron a girar y girar sobre las pisadas, formando dos piernas, un torso, dos brazos y una cabeza. Cientos de hojas flotaron, hasta el punto en que Sanemi tuvo que alzar la vista para poder ver como aquella figura se materializaba frente a él, teniendo que retroceder varios pasos evitando no caer contra el suelo de nalgas.
— ¿Qué carajo…? — Susurro, viendo esas hojas unirse y unirse y unirse, hasta que la figura de un hombre, enorme, y musculoso se materializó.
Y entonces ¡Puf! Las hojas terminaron de unirse, y en el lugar apareció un hombre enorme, de piel morena con un japa mala en el cuello y un kimono semi abierto con una faja de cuerda, con unos tambores ceremoniales girando a su alrededor, con el símbolo del Triskelion, suspendidos de varillas.
Pero definitivamente lo más destacable era su rostro, Ohhh, su rostro. Un rostro severo, con una nariz perfecta y mandíbula masculina y angulosa, con una enorme cicatriz en la frente, de sien a sien, y unos ojos blancos, lechosos, casi enfermos, pero delineados perfectamente por largas pestañas negras y afiladas que subían hasta el cielo y casi parecían llegar a sus cejas con cada parpadeo.
“Es… muy guapo” Pensó Sanemi sintiendo que la respiración se quedaba en su garganta.
Definitivamente los dibujos de los dioses que había estudiado toda su vida no le hacían justicia a ese Dios.
— A veces olvido que ustedes necesitan una forma física para verme — Dijo, sonriendo. — Lo siento ¿Te asuste?
El mortal respingo, dándose cuenta de que había dejado de respirar. Tosió un poco, aclarándose la garganta rápidamente.
— N-No… no… solo, me sorprendió un poco. — En realidad Sanemi no sabía cómo dirigirse a ese Dios, tampoco sabía el protocolo a seguir, así que estaba improvisando sobre la marcha. Ya había comenzado a pensar en cómo demonios le preguntaría a ese hombre que era lo que seguía o que debía hacer como sacrificio, pero su estómago decidió que necesitaba un poco de protagonismo, rugiendo de hambre en el momento mas incomodo que Sanemi había vivido en su puta vida — ¡Puta madre!
El Dios del bosque solo soltó una risita, y Shinazugawa quería que la tierra se lo tragara.
— ¿Tienes hambre? — Preguntó — Es verdad, eres un sacerdote, así que llevas en ayuno mucho tiempo, deberías comer.
—S-Si — “¡¿Se supone que puedo comer?! ¡¿Y si esa es la razón por la que hacemos el banquete antes de entregar el sacrificio?! ¡Puta madre! ¡No se como carajos hablar con este hombre! ¡Si vas a comerme cómeme ya, joder! ¡Esperar a ver cual es tu puta santa voluntad me está matando!” Sanemi de verdad esperaba que el Dios del bosque no pudiera leer sus pensamientos. — Pero está bien… puedo soportar un poco mas así…
— ¿Por qué lo harías? — Dijo el Dios del bosque, comenzando a caminar hacia Sanemi, lo rodeó de un paso y siguió caminando — Sigueme, ya es hora de la cena.
— ¿Vas a… alimentarme? — “¡¿Soy un puto cochinito de engorda para ti?! ¡La mejor parte de la carne es el músculo, cabrón! ¡Si vas a comerme este es el puto momento!” Sanemi era fan de hacer ejercicio, amaba tener un cuerpo tonificado y grande, así que estaba un poco ofendido con ser engordado para ser comido.
—Bueno, yo también tengo hambre — Dijo el Dios — Vamos, te mostraré el lugar.
“¿Mostrarme el lugar?” Pensó Sanemi sin entender. El hombre no dejó de caminar, así que el albino comenzó a seguirlo. “Es un puto bosque, no hay a donde…”
Pero cuando el humano dio el tercer paso todo a su alrededor cambió.
— Joder… — Gimió al sentir como incluso el aire era diferente.
Parecía como si incluso el aire mismo se abriera conforme aquel enorme dios caminaba, dejando ver un enorme panorama de nubes y corrientes de aire con brillos. En las nubes, que curiosamente había cientos de pequeños árboles, y plantas, reposaban pequeñas figuras, quienes coloreaban y creaban de las nubes aquellas pequeñas plantas.
—E-Esos son…
— Kodamas — Dijo el Dios del bosque después de un rato — son mis ayudantes, se encargan de crear las plantas y los árboles, una vez los tienen listos los llevan al mundo terrenal y los dejan por ahí.
Sanemi no tenía palabras para todo lo que estaba viendo. Trato de mirar hacia abajo, las nubes eran tan densas que el era capaz de ver nada debajo de sus propios pies, y honestamente qué alivio, no le gustaría sentir el vértigo de estar a kilómetros de altura. Volteo hacia atrás, ya no quedaba nada del bosque del que había venido.
De repente el Dios del bosque se detuvo.
— Esta nube nos llevará al palacio del bosque — Dijo el Dios con una sonrisa, por favor no te muevas.
—¿A qué te refieres con…? ¡Ahhh! — Grito el mortal cuando la nube comenzó a moverse en sus pies. Perdió el equilibrio, y casi cae hacia el frente, pero el Dios del bosque lo tomó con sus enormes manos del estomago, sosteniendolo — Joder…
En otro escenario Sanemi lo hubiera golpeado por atreverse a tocarlo, pero en ese instante, y viendo como la nube comenzaba a volar hacia arriba, mientras los Kodamas los saludaban con sus pequeñas manitas decidió aferrarse a sus brazos como si su vida dependiera de ello.
Aquel viaje no tardo más de 3 minutos, minutos que se sintieron eternos, hasta que se detuvo, Shinazugawa por un momento pensó que el Dios del bosque padecía algún tipo de trastorno mental, pues delante de él no habían más que nubes, pero entonces, cuando se soltó de su agarre y el hombre pudo continuar avanzando, el panorama cambió otra vez.
Delante de ellos apareció, entre brillos bastante dramáticos, un enorme castillo, tan parecido a un templo, con árboles por todas partes y cascadas que parecían ser únicamente una decoración obscena, con unas puertas enormes que parecían casi llegar al cielo y animales en cada esquina que parecían verlos como si entendieran lo que estaba pasando.
Sanemi en ese instante no tuvo dudas, había llegado al castillo del bosque.
— Es…. — Trato de decir.
— Perdón si tiene un poco de tierra — Dijo el Dios del bosque, comenzando a caminar hacia las escaleras del castillo — Los animales a veces la traen, no esperaba visitas el día de hoy, así que honestamente no creo que los Kodamas hayan limpiado.
“¿No era hoy el día del sacrificio?” Pensó Sanemi, sin entender cómo es que el Dios no podría haber esperado recibir visitas “¡¿Es que este bastardo devora a los niños en el bosque?! ¡¿Soy un caso especial de puerquito de engorda?!”
Aunque en realidad, la comida que comería un dios le causaba muchísima curiosidad.
La mansión era enorme por dentro, el albino intentó hacer un croquis mental de los lugares por donde caminaba, pero parecía que no había manera de entender aquel lugar. Los pasillos no tenían ningún sentido, se formaban conforme ellos pasaban, y a cada paso que daban aparecían y desaparecían puertas corredizas y puertas abiertas con animales y muebles dentro. Todo era un caos, pero tenía esa estructura en la que no se veía desordenado a simple vista.
—¿Cómo es la comida del mundo terrenal? — Preguntó el hombre volteando hacia él, ¿Esos ojos eran capaces de verlo? — Es decir, se cómo se ve, pero siempre que hablo con otros dioses dicen que no tiene nada que ver con los sabores que tenemos aquí, aunque mucha de nuestra comida se ve similar nuestros sabores son más suaves.
“Hay mas dioses, joder” Pensó Sanemi, un poco abrumado mientras veía las puertas aparecer y desaparecer conforme avanzaban, ahora que lo pensaba, realmente no habían caminado en otra dirección que no fuera “hacia adelante” ¿Toda esa mansión era en linea recta?
—Si, es… rica ¿Supongo? — Dijo, tratando de responder.
De repente apareció una enorme pared frente al Dios del bosque, una puerta se formó en cuestión de segundos y se abrió de par en par, dejando ver un enorme comedor, con una mesa enorme, amplia y llena de animales, que traía comida sobre sus lomos, con las pequeñas criaturas (que más bien parecían muñecos de arcilla) a las que el Dios del bosque llamaba “Kodamas” tomando los platos y depositando los en la mesa.
—Espero que la comida de aquí te guste, a veces no sé si es buena o simplemente yo no conozco otra cosa. — Dijo el Dios ¿divertido?
Se sentó en la mesa, y los Kodamas pusieron rápidamente un cojín al lado del enorme Dios, y le sonrieron como si esperaran que se sentara.
¡¿Era normal sentarse al lado de Dios?! ¡Eran del tipo de cosas que se hacían antes de morir!
Sintió como se le apretaba el corazón mientras se sentaba ¿Cuánto tiempo lo tendrían en engorda antes de comerlo?
Los Kodamas le pusieron un plato enfrente y un par de palillos de metal en las manos, invitándolo a comer. En los platos frente a él no había comida como tal, habían muchos ingredientes por separado como fruta, champiñones, semillas, verduras y tubérculos perfectamente hervidos, cortados y servidos en enormes platos.
No le sorprendía que el Dios del bosque se preocupara por el sabor de la comida humana, aquello ni siquiera debía entrar en la categoría de “gastronomía”. Pero su madre no había educado a un jodido sinvergüenza, así que comenzó a servirse y a comer.
— Esta tela… — Dijo el Dios del bosque tocando la tela de su traje — He visto cómo la hacen con el telar, es un método fascinante.
Sanemi respingo, a punto de darle un golpe al idiota ¡No podías tocar a la gente asi como asi! Pero joder, era un Dios ¿Que se supone que debía decirle al respecto?
— Tu ropa también está hecha de tela, ¿No? — Pregunto, tratando de sonar casual, y que no se notara cuando quería decir “Matame y cómeme ya joder, la espera me esta matando, jodido psicopata”, su madre siempre le decía a sus hermanitos que no jugaran con su comida, alguien debería decirle lo mismo a ese puto Dios.
—Oh, la tela de mi ropa no está hecha como la tuya, en principio no debería decir que está “Hecha” — Dijo el Dios, soltandolo por fin, y comenzando el mismo a servirse para comer — solo aparece, puedo materializar muchas cosas.
Sanemi vio la oportunidad de encontrar respuestas a sus preguntas.
— ¿Es lo que haces con este lugar? —Dijo — Las puertas aparecían y desaparecían conforme caminábamos.
El Dios del bosque sonrió — Supongo que se ve impresionante considerando que las casas del mundo terrestre son estáticas. El espacio funciona diferente aquí, solo debes pensar a qué habitación quieres ir y aparecerá frente a ti al cabo de unos pasos.
El albino solo asintió, supuso que ese era el momento en que el Dios del bosque le decía algo como “No puedes salir más allá de estos límites” o algo así, todo con tal de que su presa no se le fuera de las manos. Aunque honestamente ¿A donde iría? Que maldita frustración.
Sin embargo…
El Dios del bosque puso su enorme mano en su cabeza, y después Sanemi sintió como una honda de energía lo recorrían de pies a cabeza.
—¿Que…? — Pregunto, viendo como su cuerpo entero se coloreaba por algunos segundos de dorado, para regresar rápidamente a su color habitual — ¡¿Qué carajos fue eso?!
— Mi energía — respondió el Dios del bosque — Mientras tengas mi energía contigo podrías caminar libremente por todos mis dominios, los bosques y este palacio obedecerán tu voluntad.
¡¿Ehhhhhhh?! ¡¿Por que carajos harías eso?! Sanemi definitivamente no se esperaba eso. Aunque…
Si el Dios del bosque le había dado la libertad de transitar libremente por todos sus dominios… eso solo significaba que planeaba mantenerlo vivo una cantidad de tiempo considerable.
¿Cual era el objetivo de mantenerlo vivo tanto tiempo? El problema principal radicaba en que preguntarle podría ocasionar una situación de “Es verdad, no tiene caso, te comeré ahora mismo” donde definitivamente no quería estar, si podía alargar su vida lo más que pudiera ¡Que mejor!
— Ahora, volviendo a lo de la tela… ¿Qué pasa si alguien decide que…?
Y entonces Sanemi lo entendió todo: ¡La razón por la que ese Dios lo mantenía vivo era por curiosidad pura y morbosa! ¡Probablemente el Dios del bosque solo quería satisfacer la curiosidad sobre temas que los niños definitivamente no podían satisfacer debido a su corta edad y por eso no lo devoraba aun!
Si eso era así, significaba que su vida dependía directamente de cuan interesante era para ese hombre.
Si dejaba de ser interesante entonces…
Se estremeció solo de pensar en ser devorado como una jodida croquetita. No, no podía permitir eso, debía mantenerse con vida lo más posible.
El resto de la noche trato de responder a la mayor cantidad de preguntas del Dios del bosque, parecía de verdad un hombre agradable, hacía preguntas, comía, bebía. Y de vez en cuando acariciaba a uno que otro animal que pasara al lado de él.
—Estoy lleno —Dijo Sanemi después de un par de horas de comer y comer y comer de toda esa comida que parecía reponerse por arte de magia. —Lo siento, no puedo comer más.
—Entiendo, espero que la comida te haya gustado —Dijo el Dios del bosque antes de hacer un ademán con la mano y hacer que todo en aquella mesa desapareciera. —¿Deberíamos ir a dormir?
Ese fue el momento exacto en que Sanemi se dio cuenta que tenía sueño. Había pasado todo ese tiempo tratando de no sentir su propio cuerpo que en algún momento simplemente lo olvido.
Asintió lentamente, levantándose junto al Dios del bosque, quien comenzó a caminar hacia la puerta.
De nuevo aquel espectáculo de puertas y pasillos moviéndose recibió a Sanemi, aunque después de haber comido tanto esto no resultó tan agradable como la primera vez.
—Joder… —Gimió, sintiéndose un poco mareado —¿A dónde me llevas?
—A tu habitación, espero que sea cómoda.
“Espero” “espero” “espero”
Era más que obvio que ese Dios no tenía muchas visitas.
De algún modo había pensado que los Dioses serían más sociables.
Cuando una puerta enorme se presentó frente a ellos el dios del bosque dio un paso al lado.
—Esta es tu habitación, a partir de ahora cuando quieras llegar a ella solo piensa en ella de esa forma.
“Eso no tiene sentido” Pensó Sanemi, asintiendo.
Abrió la puerta sin saber bien qué esperar.
Y se quedó sin palabras.
Frente a él se desplegaba una enorme habitación, tan grande como una casa. No, quizá más considerando que habían árboles y pasto en todas partes, era como un pedacito de bosque con muebles.
Un espejo enorme rodeado de enredaderas.
Un enorme estanque con peces y nenúfares qué te invitaban a sumergirse y darte un baño relajante.
Y una enorme cama, hecha a partir de un enorme tronco cortado a la mitad.
Era una habitación de ensueño.
—¿Esto es…? ¿Es aquí donde dormiré?
—¿No te gusta?
—No… ¡No! ¡Es decir, si! —Chillo, sin poder creerse lo que veía, de algún modo había esperado algún tipo de prisión, no un pedacito de bosque encantado. —es hermoso, solo… es… demasiado…
El Dios del bosque sonrió, aparentemente satisfecho.
—Me alegra que te guste, Sanemi.
Y todos los bellos en el cuerpo de Sanemi se erizaron cual gato. Era normal que el Dios del bosque supiera su nombre, toda esa mierda de ser omnipotente debía tener sus beneficios.
Aun así, no se sentía correcto dirigirse a él eternamente como “Dios del bosque”. Así que se armó de valor y volteo hacia él, mirándolo a los ojos.
—¿Tienes un nombre? En mi pueblo te llamamos Kukunochi… —Preguntó, sintiendo las mejillas arder ¿por que carajos ese hombre debía ser tan guapo? ¡Ten una apariencia normal, Joder!
—¿Nombre…? —El Dios volteo la mirada hacia atrás, como si buscara algo entre ese montón de puertas en movimiento, después de un rato regresó la vista a Sanemi— Puedes decirme Himejima… Himejima Gyomei.
Sanemi saboreo por un momento las palabras en su boca.
—Himejima Gyomei… —Dijo, con una ligera sonrisa —Es un lindo nombre.
Y fue el turno de que las mejillas del Dios ardieran. No dijo nada, solo asintió energéticamente y dio media vuelta, comenzando a caminar roboticamente hacia el pasillo que comenzó a moverse enseguida.
Joder, esa porquería mareaba demasiado.
Shinazugawa entró a su habitación y cerró la puerta tras de sí. En automático la puerta se cerró.
—¡Joder! ¡Si es una prisión! —Chillo, sintiéndose de repente muy ingenuo.
—¡Ahg! ¡Pero claro que no es una prisión! ¡Humano idiota! —Graznó una voz sobre él. Sanemi alzó la mirada, viendo horrorizado cómo un cuervo volaba sobre su cabeza ¡¿Ese animal estaba hablando?! — ¡No puedo creer que mi Dios permitiera a otro jodido humano venir a este palacio! ¡Ese idiota nunca aprende!
—¡¿Por qué carajos estás hablando?! —Por un momento el mortal pensó que había comido “ese tipo” de hongos durante la cena. —¡¿Eres un demonio?!
—¡Soy un cuervo! ¡¿Qué no ves?! ¡Ahg! —El cuervo bajó al suelo en un movimiento rápido, casi como si quisiera picarle los pies a Sanemi, haciéndolo retroceder —Soy Sorai, y soy quien cuida esta parte del bosque.
El albino lo miró por un momento, Sorai en efecto parecía un jodido pájaro normal y corriente. ¿Por qué carajos hablaba?
— Es increíble… ¿Eres algún puto animal mutante o algo?
—¡Animal mutante tus huevos! ¡Mi Dios me dio la capacidad de hablar!
—¿Himejima puede darle la capacidad de hablar a animales?
Y el cuervo, pese a su falta de músculos faciales, labios, nariz y mejillas, hizo una cara tan expresiva que Sanemi quiso dibujala.
—¡¿Usó ese nombre otra vez?! ¡De verdad no aprende nada ese idiota!
—¿De qué hablas?
—¡¿Por qué tendría yo que responder ante ti?! —Y el cuervo volvió a echarse a volar —¡Jodete!
Y antes de darse cuenta, el cuervo se había ido a esconder a un árbol.
Joder. Aquel lugar no parecía querer dejar de sorprenderlo por un rato.
Se acercó a la cama, se quitó la ropa y entonces del interior de un tronco cercano aparecieron un montón de Kodamas alzando sobre sus cabezas varias prendas de ropa.
—¡Nuestra mejor seda! —canturreaban —¡nuestra mejor seda!
—¡No le den seda a ese cabrón! — Grito Sorai desde el árbol.
—¡Tu cállate, idiota! —Exclamó Sanemi.
Se dispuso a ponerse la ropa, y maldita sea, nunca algo tan suave había tocado su piel, esa seda era lo más delicioso que se había puesto, era tan suave que se sentía líquida y exquisita.
Se recostó sobre la cama, y enseguida los Kodamas lo envolvieron en algo que se sentía similar al algodón entre sus dedos, pero mucho más ligero y con un aroma fresco.
—¡Nuestras mejores nubes! ¡Nuestras mejores nubes! —Dijeron, cobijándolo.
La cama era tan cómoda y las nubes sobre él tan agradables, que no supo si estaba soñando cuando miró al cielo y en lugar de ver un techo vio un cielo estrellado, con una luna enorme brillante.
Sus ojos se cerraron debido al cansancio, y todo a su alrededor se volvió negro.
Jsjsjsjsjjss ¡mis amores! No tienen idea de cuánto ame escribir este fanfic y cuanto quería que lo leyeran! Y es que no tiene idea de lo que se viene!!
Y es que miren, esta historia comenzó con mi necedad de hacer cuentos Disney para mis Shipps jajajajjaa se que aun no se determina bien que cuento Disney es esto, pero les juro que eventualmente quedara súper claro! Y me van a amar porque les prometo que queda súper bien con esta pareja jssjs
Esto tendrá 5 capítulos, así que será cortito pero lleno de amor! Como debe ser.
Espero que les haya gustado y sobre todo las ilustraciones que prepare para ustedes les dieran esa emoción que a mi me dio dibujarlas jsjsjsjs ¡casa cap tendrá al menos una ilustración! Aunque solo la podrán ver en Wattpad! Jsjsjsj es un beneficio de leer en esa plataforma.
Próximo capítulo: 17 de agosto.
Besitos en el deste.
Dulce de Luna.








