Prologue: Scent of Cold Rain
En Oaken Ridge, todos conocían el lenguaje de las estaciones.
El invierno hablaba con nieve, la primavera respondía con flores, el verano llenaba los campos de vida y el otoño guardaba recuerdos entre hojas doradas.
Pero había otro lenguaje que todos aprendían desde el nacimiento.
El lenguaje de los aromas, de los instintos, de los Alfas, Betas y Omegas.
En aquel valle rodeado de montañas, la naturaleza y la tradición crecían juntas, a veces como raíces fuertes y a veces como ramas que impedían que otros vieran el cielo.
La familia Jeon había sido una de las más respetadas de Oaken Ridge durante generaciones. Su nombre estaba escrito en antiguos documentos, sus tierras se extendían por gran parte del valle, sus decisiones afectaban a muchas familias.
Y dentro de aquella casa había nacido alguien que todos esperaban que siguiera un camino determinado.
Jeon Jungkook.
Un Omega. Un heredero. Una contradicción para muchos.
Desde pequeño, Jungkook había escuchado las mismas palabras una y otra vez.
“Un Omega debe ser cuidadoso.”
“Un Omega debe saber cuándo ceder.”
“Un Omega de una familia importante debe pensar en el futuro.”
Nunca decían:
“Un Omega puede decidir.”
“Nadie puede elegir por ti.”
“Tu voz importa.”
Y quizás por eso Jungkook aprendió muy pronto a defenderse. No porque fuera incapaz de aceptar ayuda, sino porque estaba cansado de que otros confundieran protección con control.
A diferencia de muchos Omegas de su edad, Jungkook no soñaba con una vida tranquila donde otros tomaran decisiones por él.
Soñaba con viajar, con conocer lugares fuera de las montañas, aprender cosas que no estaban escritas en los libros de su familia, con tener un futuro que llevara su nombre.
No solamente su apellido.
Muy lejos de la mansión Jeon, al otro lado del valle, vivía Kim Taehyung.
Un Alfa.
Pero no el tipo de Alfa que las historias antiguas describían. No buscaba dominar, no necesitaba demostrar fuerza constantemente.
Taehyung era conocido por su conexión con la tierra, por cuidar árboles que otros consideraban demasiado viejos, por salvar plantas que todos creían perdidas, por escuchar antes de hablar.
Algunos decían que era extraño. Un Alfa que prefería cultivar flores antes que presumir poder, que no veía a los Omegas como alguien que debía proteger porque fueran débiles.
Los veía como personas.
Taehyung había aprendido algo de la naturaleza:
Un árbol no crecía más fuerte porque alguien lo obligara, crecía porque tenía espacio, porque tenía raíces, porque alguien cuidaba de él sin intentar cambiarlo.
El primer día que Jungkook llegó al bosque de Oaken Ridge, llovía. No era una tormenta fuerte, era una de esas lluvias frías que parecían quedarse suspendidas en el aire.
La lluvia que cubría los caminos, la que escondía aromas, la que hacía que todo pareciera diferente.
Jungkook había escapado de una reunión familiar, otra conversación sobre su futuro, otra lista de cosas que debía aceptar, otra persona hablando de él como si no estuviera presente.
Necesitaba respirar aunque fuera solo por unas horas.
No esperaba encontrar a nadie, mucho menos a un Alfa.
Pero allí estaba.
Bajo un viejo cerezo sin flores.
Un hombre con las manos cubiertas de tierra y una expresión tranquila mientras protegía una pequeña planta del frío.
Jungkook se detuvo. Taehyung levantó la mirada. Durante unos segundos, ninguno habló.
Y entonces ocurrió algo que ninguno de los dos esperaba.
Sus aromas se encontraron.
El aroma suave de la lluvia sobre la tierra y el aroma dulce y profundo de un Omega que había pasado demasiado tiempo intentando ocultarse.
El aire cambió. Pero ninguno retrocedió.
Taehyung fue el primero en apartar la mirada, no porque no hubiera sentido la conexión sino porque entendía algo importante.
Un vínculo no era una orden.
Un instinto no era una decisión.
Y Jungkook no era alguien que necesitara ser reclamado. Era alguien que merecía ser elegido.
“No deberías estar aquí solo” La voz de Taehyung era tranquila.
Jungkook lo observó con desconfianza. “¿Eso es una orden?”
Taehyung parpadeó. “No.” Una respuesta sencilla pero inesperada. “Es una preocupación.”
Jungkook esperaba muchas cosas de un Alfa. Autoridad. Presión. Seguridad excesiva.
No esperaba una explicación. No esperaba que alguien le dejara espacio.
“¿Siempre hablas así con los desconocidos?”
Taehyung sonrió ligeramente. “¿Así cómo?”
Jungkook dudó, porque no encontraba la palabra.
Amable. Tal vez.
Extraño. Definitivamente.
“Como si no estuvieras intentando decidir por ellos.”
La sonrisa de Taehyung desapareció suavemente… porque entendió. Jungkook no estaba hablando solamente de él.
Estaba hablando de años enteros.
La lluvia continuó cayendo. El cerezo permaneció vacío de flores y ninguno de los dos sabía todavía que aquel momento cambiaría sus vidas. No sabían que ese árbol algún día florecería, que recorrerían caminos más allá de las montañas, que construirían un hogar junto al mar.
Solo sabían una cosa:
Por primera vez en mucho tiempo...
Jungkook estaba frente a alguien que no quería decidir su destino.
Y Taehyung estaba frente a alguien que no quería que lo salvaran.
A veces, las historias más importantes no comienzan con una promesa.
Comienzan con una pregunta. una mirada… con dos personas que, en medio del frío, encuentran un lugar donde pueden respirar.
Y bajo la lluvia fría de Oaken Ridge...
Comenzó la historia de un Alfa que aprendió a cuidar sin poseer.
Y de un Omega que aprendió que ser amado nunca significó perderse a sí mismo.








