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❖ 𝕾𝖊𝖈𝖔𝖓𝖉 𝕮𝖍𝖆𝖓𝖈𝖊.❖

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Summary

Qué pasa cuando el destino te quita todo, pero te regala una segunda oportunidad para empezar a vivir de verdad? ​En la alta sociedad coreana, la vida de Park Jimin parecía perfecta desde el exterior: un matrimonio impecable con el heredero de las empresas Jeon, Jeon. Sin embargo, tras las puertas cerradas de su mansión, Jimin vivía en una jaula de oro, sometido al desprecio, la indiferencia y los abusos constantes de un esposo que lo veía solo como un trofeo mientras él se revolca en secreto con su amante, el abogado Kim Taehyung. Pero la vida da giros inesperados. Cuando la salud de Jimin colapsa debido a una insuficiencia cardíaca crónica, y cruza su camino con el doctor Namjoon. Entre tazas de té, miradas sinceras y un amor que sana en lugar de destruir, Namjoon le enseña a Jimin el verdadero sentido de la vida, convirtiéndose en su refugio y otorgándole la oportunidad de ser amado sin condiciones, además de la bendición de un nuevo comienzo junto a un hijo que crece bajo su protección.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 (1 review)
Age Rating
18+

꧁ 𝖀𝖓𝖎𝖈𝖔 ꧂

Entre las cuatro paredes de una elegante oficina, se escondía una relación de dos hombres los cuales estan comprometidos.

Los gemidos del más bajo resonaban en la habitación haciendo que el pelinegro lo embistiera con más ímpetu. Sus manos aprisionaban las caderas de su amante, el cual se encontraba recostado en el escritorio, su pecho tocaba la fría superficie y sus manos se sostenían fuertes de los bordes del mueble para no caer por la magnitud de las embestidas.

Los sonidos de la humedad de ambos invadía el espacio.

— ¡Así! hmm más dame más. — decía Taehyung, levantando más su trasero y buscando más la fricción con el contrario.

— ¡Vas a matarme! si sigues moviéndote de esa manera.

— El pelinegro echó la cabeza hacia atrás al sentir sus testículos tensarse y la descarga de adrenalina comenzar a formarse a causa del orgasmo. Tomó entre sus manos la polla de su acompañante y comenzó a estimularlo para hacerlo llegar al clímax, sus movimientos eran rítmicos. — Eres un puto provocador.

— Le decía al oído mientras lo embestía, el más bajo arqueo su espalda dejándose llevar por las sensaciones. Tocaba el cielo y el infierno al mismo tiempo.

Así era la relación entre ellos, Prohibida. Ya que cada uno tenía pareja. Jungkook tenía casi diez años de casado con Jimin, un hermoso chico de cabellos rubios, ojos azules como el mismo cielo, amable, un ser maravilloso ante la vista de los demás. Pero para él, su relación se había vuelto monótona, aburrida. Aunque Jimin, no lo hostigaba. Siempre en su papel del esposo perfecto se ocupaba de la casa, su trabajo y sobre todo de las apariencias ante la saciedad.

En cambio Taehyung, iba a cumplir su segundo aniversario en una semana. Hace cuatro años conoció según él al hombre de sus sueños, alto, de piel bronceada, ojos miel, Namjoon es extremadamente guapo no lo puede negar. Pero últimamente la atracción por cierto pelinegro lo ha hecho cometer locuras, nunca se imaginó siéndole infiel a su esposo. Donde en estos cuatro años dos de novios y dos de matrimonio la convivencia ha sido excelente ha reinado el respeto y la comunicación.

Pero él le estaba faltando de esa manera.

Namjoon, tenía una carrera muy exigente, era médico cardiólogo y a pesar de la exigencias siempre ha estado ahí para él, lo ha cuidado con amor y devoción. Pero lo que siente por Jungkook sobrepasa todo, cuando lo tiene cerca no piensa, la lujuria lo invade y termina sediento a sus impulsos más primitivos.

— Sintió como en su interior se comenzaba a sentir el cosquilleo previo al orgasmo, una, dos embestidas más y explotó en mil fragmentos donde el placer lo envolvió. Se enderezó pegando su espalda al pecho contrario. Jungkook lo sostuvo fuertemente para que no cayera, ya que sus piernas no respondían, aún en su interior y con su mano manchada de ese líquido blanco perlado que significa el pacto secreto de un amor imposible.

Jungkook, salió con cuidado del interior apretado del chico. Una sonrisa orgullosa se formó en sus labios cuando pudo notar su polla manchada de semen y los fluidos de su amante. Se dejó caer en la silla y atrajo el cuerpo del contrario a su regazo, repartió besos por sus hombros y cuello. Sacó de uno de los cajones del escritorio un paquete de toallitas húmedas y comenzó a limpiar el frágil y agotado cuerpo de su amante.

— Estoy harto de esto, — dijo el más bajo acomodándose la camisa para terminar de vestirse.

— Tienes claro que no puedo ofrecerte más, mi reputación es muy importante y mi esposo es parte de eso, tu lo sabes. — dijo él pelinegro peinando sus cabellos con sus dedos.

— Recuerda Taehyung, que tememos la cena por el aniversario de la empresa en la cual estará mi esposo y él tuyo. No quiero escenas y mucho menos insinuaciones.

Él chico puso los ojos en blanco, más que fastidiado por la situación. Lo único que lo tenía aguantando al egocéntrico, malhumorado de su jefe y amante era que lo follaba como un Dios del olímpo.

— Eso lo tengo más que claro, que cuando estás con tu esposo no somos nada. También te recuerdo que Nam estará conmigo.

Sacudió su vestuario y salió de la oficina, sería una velada larga e incómoda.

No es que le cayera mal Jimin sino que su habitual perfección y su forma de ser lo irritaba.

Llegó a su apartamento, su esposo no llegaba todavía,fue directo a la habitación había decidido tomar un baño de tina para relajar los músculos después de su sesión de sexo duro. Tenía tres horas para llegar al evento, escuchó la puerta de la habitación cerrarse no tuvo ni que imaginarse era su esposo.

— ¿Amor estás en la tina?¿Quieres que te acompañe?

— fueron las palabras del médico. Taehyung salió envuelto en una bata de seda blanca, la cual apenas tapaba su cuerpo se recostó en el umbral de la puerta y lo miró con fastidio.

— No me apetece, querido — fue la respuesta cortante que dio. Cada día era más difícil entablar una conversación con su esposo pensó Namjoon, ignorando la molestia que causaron sus palabras. Sabes algo Tae, me siento muy cansado, tuve un día de locos en el hospital y lo único que quiero es dormir.

— Será cuando regresemos del evento de aniversario de la empresa donde trabajo, yo no voy a quedar en ridículo por tu culpa. Así que alístate que no quiero llegar tarde, dijo y se dio la vuelta al tocador. Nam suspiro y comenzó a desvestirse para entrar a la ducha.

⚜️🌸⚜️🌸⚜️

Mientras tanto en una mansión llena de lujos. Se encontraba Jimin esperando a su flamante esposo, reparó su figura en el espejo de cuerpo completo que tenia en su habitación, un hermoso traje de tres piezas color azul cielo lo vestía, el pantalón de pinza se ajustaba perfectamente a sus caderas y al largo de sus piernas, unos tacones de cinco centímetros color beige adornada sus pies, simplemente perfecto.

— Jimin, — lo llamo Jungkook.

El pelinegro quedó boquiabierto con la imagen ante sus ojos. El rubio era un ángel hermoso, bajo delicadamente las escaleras. Cuando estaba a dos escalones de llegar al final miró la mano de su esposo, el cual la tenía en su dirección listo para que él la tomara y así fue. Jimin entusiasmado entrelazo sus dedos con los del contrario.

—¡Ya estás aquí ! — dijo dándole un tierno beso en los labios, el cual no fue correspondido. Pero sin embargo el rubio hizo caso omiso a la punzada de decepción en su pecho, ya estaba más que acostumbrado a los desplantes de su marido. Él tenía más que claro que era un esposo trofeo, nada más algo que exhibir en sus reuniones. Ya no recuerda la última vez que hizo el amor con Jungkook ni cuando fue la última vez que tuvo una charla decente con él, si no fuera por su trabajo ya se hubiera vuelto loco. Su madre no le permite el divorcio, ya a platicado con ella muchas veces sobre el tema y siempre llegan a la misma conclusión “ Jiminie el matrimonio es para toda la vida “ qué dirán nuestras amistades. Fue educado para ser sumiso y guardar las apariencias.

— Me estas escuchando Jimin, — dijo Jungkook. Sacándolo de sus pensamientos.

— Disculpa me decías — contestó avergonzado por no haber prestado atención a lo que su esposo decía.

— Te pregunté si ya estás listo para el evento. Como anfitriones debemos de estar antes, mis papás ya deben de estar en camino. Salieron juntos, el chofer los esperaba iba hacer una larga noche de sonrisas falsas y gente hipócrita ya estaba cansado, se sentía asfixiado, su amado esposo no se percataba que cada día que pasaba las cosas se tornaban color de hormigas en el interior del rubio. Había momentos en que su mente le jugaba sucio y caía en fuertes depresiones y ataques de ansiedad.

Llegaron al lugar, un hermoso centro de reuniones donde las familias más importantes celebraban sus más exuberantes eventos. La familia Jeon estaba de fiesta porque era el aniversario número cuarenta de la compañía. Los Park y los Jeon eran la crema y nata de la sociedad coreana, por eso habían decidido por ellos. Uniendo a las familias en un matrimonio arreglado, Jungkook en ese entonces tenía veinte y Jimin diecinueve en la actualidad ellos tienen treinta y veintinueve año. Fue un matrimonio sin amor, al menos para el pelinegro por que parte de Jimin él siempre había estado enamorado de su esposo.

La prensa los recibió, los flash de las cámaras eran molesto. Jungkook sonreía con tanta arrogancia, el lugar estaba lleno. Ambas familias compartían mesa con uno que otro alto cargo en la empresa.

Había una pareja que llamó la atención del rubio, cuando saludó con una reverencia a sus suegros y Jungkook presentó a los invitados. El sintió algo extraño como su mano fue apresada por la gran mano del contrario.

— Jimin, te presento al matrimonio Kim, el es Kim Taehyung y Kim Namjoon. Él primero trabaja para nosotros en el área legal y es nuestro abogado.

— Mucho gusto — dijo, Taehyung extendiendo la mano — Jungkook habla mucho de ti.

En el rostro de Jimin se dibujó una sonrisa, por el momento pensó que podía ser importante para el pelinegro.

Taehyung, se dio la vuelta y presentó a su esposo. El es Namjoon médico cardiólogo, él nombrado estiró su mano sintiendo el nerviosismo de Jimin, no podía creer que ese ser que era tan dulce y amable, fuera el mismo que su esposo describía como arrogante, insensato y malcriado que hacía berrinches por obtener lo que deseara. Cuando en su bella cara tenía un semblante que él no podía descubrir, sus bellos ojos azules no brillaban y su sonrisa era definitivamente fingida.

El evento continúo su curso, entre charlas amenas y anécdotas de cómo llegaron a posicionarse en lo más alto del mercado mundial. Llegó la hora de los agradecimientos por parte del Ceo.

Jungkook tomó la palabra.

— Estos cuarenta años no han sido fáciles, hemos tenido luchas que nos han ayudado para ser mejor en lo que hacemos. Ha sido un esfuerzo de todos en conjunto, desde los más alto rango hasta los más bajos cada uno ha aportado su granito de arena para formar los cimientos de esta empresa. Por eso hoy queremos reconocer a tres empleados que han sobresalido.

Número uno, al abogado Kim por la ayuda realizada con el caso de decomiso en el cual él fue la pieza clave para que no fuéramos demandados. Número dos él vicepresidente Min Yoongi por representar con la frente en alto nuestro trabajo y esfuerzo. Y el número tres somos todos los que hacemos posible que las empresas Jeon funcionen y nos mantengamos a floté año con año.

Los aplausos no se hicieron esperar. Jungkook volvía a su asiento, pero antes se acercó a Jimin y le dijo al oído que iría al baño minutos después Taehyung hizo lo mismo. La mesa aunque se encontraba llena de personas el rubio la sentía vacía, su incomodidad era percibida por un guapo médico que no quitaba sus ojos del chico, le causaba curiosidad saber qué pasaba.

— Jimin, verdad. — dijo el moreno dirigiéndose al rubio.

Disculpa, pero he notado que estás incómodo. ¿Te sientes mal?

Pues notaba el movimiento incesante de sus piernas ¿Necesitas algo? Acercó la silla un poco más al lado del chico.

— ¡No!

— Dijo, avergonzado el rubio. Lo que sucede es que no me gustan los lugares donde hay mucha gente. Soy de sitios más tranquilos donde puedo leer un buen libro o admirar una buena obra de arte, me encantan los museos. Eso último lo dijo en un susurró cosí inaudible, mientras unos ojos extraños lo miraron con fascinación.

Los minutos pasaron y Taehyung no regresaba a la mesa, lo que preocupó al moreno. Se disculpó al levantarse de su asiento rumbo a los baños del lugar. El pequeño rubio lo siguió ya que deseaba escapar de la hipocresía que lo rodeaba.

Entraron al lugar, había algo ahí. Se acercó a los lavamanos y enjuagó su rostro con desespero, no deseaba un ataque de ansiedad en esos momentos, pero la situación era inevitable. Namjoon iba a entrar a un cubículo, cuando un sonido parecido a un gemido lo distrajo. No pudo evitar la punzada que se instaló en su pecho.

— ¡Dios ! Porqué se sentía así — los quejidos se hacían más fuertes el palpitar en su pecho era incesante, hasta que escuchó algo que lo congeló de pies a cabeza. Era la voz de su esposo, no podía confundirse. Miró hacia atrás y pudo ver al pequeño rubio con una toalla de papel en sus manos secándose el rostro para después salir del lugar.

— ¡Así kook! — ohhh, si hmmm, me encanta cuando tu gran polla me llena todo. Decía Taehyung, en medio del éxtasis del momento, sin percatarse que alguien más los estaba escuchando.

— Eres un puto travieso — dijo, el pelinegro martillando fuerte en su interior.

Jungkook, lo tenía recostado sobre el inodoro. Del cual Taehyung, se sostenía fuertemente. Soltó una de sus manos para apoyarse en las caderas del pelinegro, levantó su espalda hasta chocar con el pecho del contrario y este se hundiera hasta lo más profundo de él, su polla grande y gruesa rozaba los bordes de su próstata hasta el punto que ya no aguantaba más.

— Ya no puedo más Jungkook —, apretó sus nalgas de tal manera que el pelinegro no aguantó más y se corrió en su interior llenándolo de su esencia y Taehyung, terminara derramandose sobre el inodoro. Sus respiraciones eran rápidas por la agitación del momento.

Eso era lo que al mayor le encantaba, la adrenalina de que alguien los pudiera descubrir. Le ayudó a Taehyung a incorporarse, limpió delicadamente su cuerpo por que ante todo era un caballero. Arregló sus ropas y estaban listos para salir del cubículo,el primero en abandonar el lugar fue Taehyung, el cual se llevó el susto de su vida al ver parado en la puerta de entrada a su esposo el cual tenía una pose demasiada seria. No pudo evitar que viera a Jungkook salir detrás de él tomándolo de la cintura y dejando un beso en la parte de atrás de su cuello. Cuando el pelinegro notó la presencia del hombre se echó para atrás con una risa burlona en su rostro.

—¡Te lo puedo explicar! Dijo Taehyung nervioso, no es lo que tu piensas amor. — ¿Qué es lo que pienso según tú ? Inquirió Namjoon bajando los brazos que se encontraban entrelazados en su pecho. Dio dos pasos al frente y cerró la puerta a sus espaldas.

— ¿Por qué? Preguntó más para él que para las dos personas cínicas que la acompañaban.

— ¡Amor! últimamente me tienes descuidado solo eres trabajo, no tienes tiempo para mi. Decía entre sollozos Taehyung.

— Esa es tu excusa, mi trabajo, mi tiempo, el cual hasta hoy me ha ayudado a cumplir cada uno de tus caprichos. Vivía soló para ti. Mientras yo me mataba trabajando, tu te revolcabas con éste mal parido. Tal vez te dará mejores cosas que yo pero el amor que yo te ofrecía Jamás. Que no se te olvide que está casado y su esposo está ahí afuera esperándolo, decía un furioso Namjoon.

Taehyung agachó su cabeza, en el fondo sabía que su esposo tenía razón. Que podía esperar de Jeon, nada más que sexo desenfrenado. Nunca le ha prometido nada.

— El show está muy bueno pero tengo cosas más importantes que atender afuera dijo Jungkook he intentó salir. Pero Namjoon lo detuvo — , según tu que es lo que sucede de ahora en adelante. Esperas que haga que nada a pasado — Jeon se safó de su agarre con brusquedad, limpio su saco y se acomodó unos mechones de cabello.

— Eso no es problema mio mi estimado. Lo que tu vayas a ser con el puto de tu esposo, mientras no afectes mi reputación todo estará bien. Taehyung abrió la boca asombrado sabía que Jeon era un hijo de puta pero eso sobrepasaba sus límites.

Y sin más abandonó el lugar. Namjoon miró a su esposo no podía creer que era la misma persona con la que compartía su día a día, esa que una vez le juró que lo amaría en las buenas y en las malas. Lo miró con una decepción instalada en su pecho. Taehyung, quiso hablar pero las palabras que su esposo dijo a continuación lo dejaron helado.

— Sabes que la venganza es un plato que se come frío, mi querido Taehyung— y esto que me has hecho te dolerá más a ti que a mi eso te lo juro. Y salió dejándolo solo en el lugar.

Namjoon se fue, no soportaba estar en el mismo lugar que esas dos personas, verlos reír como si nada. Tenía muy claro lo que haría. A toda costa tenía que abrirle los ojos al pequeño rubio no era justo que jugarán con los sentimientos de él también. En el poco tiempo que estuvo con él, pudo notar que era muy noble y servicial no entendía como podía estar con un arrogante y egocéntrico como Jeon Jungkook.

Los días siguientes al evento no fueron distintos. Nada cambió en el frío corazón de Jeon Jungkook, los encuentros entre él y Taehyung se hicieron más frecuentes.

Jimin se encontraba en el balcón de su habitación admirando el jardín, sabía en sus adentros que un día tendría que decirle la verdad a su esposo. Pero para Jungkook él no existía, los síntomas de su enfermedad se hacían más frecuentes, la fatiga era excesiva y tendría que visitar a un cardiólogo para que lo ayude. Él estaba tan ido en sus pensamientos que no escuchó cuando la empleada lo llamó, — Joven Jimin, en la sala de estar lo espera el señorito Taemin. Dijo la chica y se retiró.

Al poco rato bajó para encontrarse con la visita de su mejor amigo. Para el cual no pasó desapercibida el aura decaída de su amigo.

— Mi bello mimi, que tienes dime si el ogro de Jeon, te sigue tratando mal. Expresó Taemin poniendo ambas manos en su cintura.

— Es más complicado mi revoltoso amigo. No puedo ocultarlo más, necesito ayuda antes de que sea tarde.

— Qué sucede mimi, me estas asustando dijo asombrado Taemin.

—Te lo diré y me tienes que ayudar. Hace un año me diagnosticaron con insuficiencia cardíaca crónica, la cual no me he tratado a como es debido. Y últimamente me he sentido muy mal decía el rubio.

— Que barbaridad mimi, por que no me lo habías dicho antes, o es que acaso no tienes idea de lo grave de la situación. ¡Puedo morir…

Se abrazaron, el pequeño rubio lloró y dejó salir su dolor y frustración. Taemin era la única persona que sabía la vida que llevaba, ante él no habían apariencias ni mentiras, podía ser él mismo. Ese Jimin frágil y débil, ante él podía dejar ser por un momento ese hombre recto e intachable, ese trofeo al cual solo exhiben cuando lo necesitan.

— Mañana mismo visitaremos al mejor cardiólogo de la ciudad. Y no me digas qué no dijo Taemin, señalandolo con el dedo. Y así fue, tomó el teléfono y comenzó a llamar a las clínicas y mover contactos hasta obtener una cita con el mejor cardiólogo de Corea el doctor Kim.

— La cita es mañana a las nueve fue casi imposible, pero lo logré, es una eminencia en cardiología el mejor de los mejores. Así que mañana paso por ti para ir a su consultorio, al rubio no le quedó de otra que asentir le daba miedo lo que él médico pueda decir.

A la mañana siguiente fue lo mismo despidió a su esposo, mientras tanto Subió a la habitación y se alistó, vestiría un hermoso traje color beige de espalda descubierta, en la cual se extienden cadenas doradas en toda su extensión, atrevido pero delicado. Un bello sacó de fino encaje sobre sus hombros para darle ese toque elegante y sofisticado, el pantalón semi ajustado en las piernas las hará lucir espectaculares y en sus pies unos magníficos stilettos color fucsias de cinco centímetros lo harían ver como el príncipe que es.

A Jimin le encanta vestir elegante por eso años atrás había fundado junto a Taemin la boutique “MUSE” donde los dos hacían realidad sus sueños en la moda. Eran diseñadores espectaculares, sus obras son de las mejores vendidas en el mercado mundial, posicionándose como los número uno en la industria.

Rápidamente se colocó perfume y en sus mano derecha se puso dos anillos de oro blanco se quitó los de matrimonio y los guardó en el joyero de su tocador, no es que no le gustará pero por esta vez había algo que le decía que no los llevara puesto. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no escuchó la puerta de la habitación ser tocada hasta que la empleada lo llamó informándole que Taemin lo esperaba en la sala.

Bajó con una opresión extraña en su pecho, como si algo malo fuera a pasar. Jungkook no estaba enterado de sus problemas de salud, a él no le importaba en lo más mínimo nada que tuviera que ver con él, una vez con lágrimas en los ojos cuando cumplieron cinco años de casados le pidió un hijo porque según su madre ya era hora que agrandaran la familia. Pero lo único que encontró fue rechazo y un rotundo ‘NO’ que lo sumió en noches llenas de llanto y soledad.

Taemin está ahí, con una enorme sonrisa le ofreció un fuerte abrazo y caminaron juntos hasta el auto de Jimin. No tardaron más de veinte minutos en llegar al lugar, era una clínica especializada en problemas del corazón, obtener una cita con el doctor Kim era casi imposible, tenías que agendar con mínimo dos meses de anticipación, pero para Lee Taemin eso no era impedimento. Se acercaron a donde se encontraba una joven de piel morenaque era la encargada de admisión.

— Hola buenos días, tenemos una cita con el doctor Kim a nombre de Park Jimin. Dijo Taemin que ocuparía su nombre de soltero por precaución ya que el esposo del rubio era reconocido en todo Corea.

— Sí, dijo la joven muy amablemente. Solo termina con un paciente y los recibe, pueden tomar asiento en un momento serán atendidos.

Se acercaron donde estaba un elegante juego de sillas, en el centro un hermoso ramo de crisantemos blancos con rosas rojas la combinación perfecta entre pureza y amor.

Los minutos pasaban lento, Jimin estaba nervioso hasta que escuchó que lo llamaban. Siguió la voz y se encontró con un hombre moreno, alto, ojos miel hermosos, tenía la impresión de que lo había visto en algún lugar pero no se acordaba.

— Jimin, hablo en doctor. Mucho gusto soy el doctor Kim Namjoon especialista en cardiología y estaré a cargo de tu caso.

Jimin, no podía descifrar en donde lo había visto. Así que decidió preguntarle.

— Disculpe doctor yo a usted lo conozco verdad, dijo extendiendo su mano la caul el doctor Kim resivio gustoso.

— Tuve el gusto de conocerte en el aniversario de las empresas Jeon, soy el ex esposo de Kim Taehyung dijo el moreno. Dedicándole un sonrisa y mostrando en ella un hermoso par de hoyuelos.

El rubio le devolvió la sonrisa umm.

— Tienes razón pero por qué dices que eres el ex del abogado Kim.

— Esa es una historia, que te contaré en otro momento. Ahora dime cómo te as sentido últimamente, acá dice que podeses de insuficiencia cardíaca crónica de la cual no as tenido ningún tratamiento hasta la fecha. ¿Verdad?

— Últimamente me cansó mucho, amanezco desanimado y lo peor es la dificultad para respirar. Decía el rubio.

El doctor Kim le explicaba que tendrían que realizarle una radiografía de tórax, un ecocardiograma y una tomografía computarizada junto con una resonancia magnética, para evaluar los daños. A lo cual Jimin se siente temeroso y Namjoon lo nota.

— Jimin, lo llama no tienes que preocuparte aunque tu piensas que la situación es complicada, y puede que lo sea. No es así, hoy en día la medicina a avanzado mucho y pacientes con tu misma condición pueden vivir años con un buen tratamiento.

Las palabras de Namjoon, de alguna manera lo reconfortaron. Nadie sabía de su enfermedad, ni su familia mucho menos su esposo, solo Taemin su amigo más íntimo del cual resivia todo el amor del mundo.

La consulta llegó a su fin, le dio las indicaciones correspondientes fechas para las exámenes y la próxima cita.

— por favor no olvides tomar las cosas con calma, los medicamentos a su tiempo y te espero dentro de una semana. Le decía el moreno a Jimin, el cual solo movió su cabeza en modo de afirmación.

El galeno lo vio alejarse había algo en el chico que lo atraía, no sabía exactamente qué era.

Un mes había pasado desde que Namjoon se dio cuenta de la infinidad de su esposo, ya él tenía claro lo que tenía que hacer y era divorciarse. Ya había hablado con su abogado y amigo Jin el le ayudaría con el proceso lo único que dejo claro es que quería quedar libre de ese matrimonio lo antes posible por que la situación lo estaba asfixiando. Taehyung seguía en lo mismo llegando tarde, nunca trató de mejorar la situación. Él en el fondo de su corazón sabe que ya no hay amor y espera que su actual esposo y pronto ex no se arrepienta de las decisiones que esta tomando.

En este mes a pasado suficiente tiempo junto al rubio aunque su tratamiento es lento. Él sabe que con esmero se puede lograr Jimin, asiste a sus citas a como debe sigue sin querer que nadie se de cuenta de la enfermedad por que sun él a nadie le importa y no está equivocado.

Jungkook en la oficina esta enfrentando problemas. Taehyung lo presiona y aunque para él es un polvo más, no tiene idea del porqué todavía no lo a mandado a la mierda, su amante alega que su matrimonio llegó a su fin por él ya que desde que Namjoon se enteró se fue de la casa e inició los trámites del divorcio el estaba dando todo por el todo pero no estaba recibiendo lo mismo.

Y es que Taehyung no entendía lo que estaba en juego, ya que la empresa se manejaba cincuenta por ciento Jeon y cincuenta por ciento Park les pertenecia a ambos y un divorcio traería en estabilidad y podría llevarlos a la ruina, esos eran los motivos principales por los que tenía que soportar a su esposo. Fue un matrimonio netamente económico ya que las empresas Jeon estaba atravesando la peor crisis desde su fundación y su única salida fue unir a su hijo al único heredero de los Park.

Al pelinegro no le gustaba la idea de unirse a una persona desconocida, de la cual no sentia nada y es que también no estaba dispuesto a dejar su estilo de vida liberal. En cambio al otro lado de la balanza las cosas eran muy diferentes al rubio no se le pidió permiso, ni se le comentó nada solo le informaron un día antes de la ceremonia que se iba a casar con el heredero de las empresas Jeon y así sin más comenzó el calvario de Park Jimin junto a Jeon Jungkook.

La noche era fría, un poco más que de costumbre. Jimin se hallaba sentado al pie del gran ventanal de su habitación esta admirando las estrellas en el firmamento, las lágrimas bañaban sus mejillas era una de esos momentos donde no quería existir, quería desaparecer y formar parte del inmenso firmamento. En sus años de relación con Jungkook nunca había sabido lo que era sentirse querido o amado, su matrimonio se vasaba en insultos y humillaciones constantes por él que se hacía llamar su marido. A su mente llegó el recuerdo de su primera vez, aprieta sus ojos con fuerza ya que no es algo grato. Ya que fue tomado a la fuerza y ultrajado de mil maneras posibles y esa misma situación a sucedido innumerables veces.

Fue sacado de su burbuja, cuando escucho la puerta ser abierta y un segundo desde cerrada. Pero eso no es lo que le aterro si no la mirada oscura que lo detalla de pies a cabeza Jungkook está ebrio, traía la corbata en la mano los primeros botones de la camisa abiertos y se tambaleaba. Con dificultad llegó a donde estaba el rubio el cual temblaba en su lugar.

— Pequeña puta — le dijo, y lo agarródenlos cabellos con fuerza. Levantandolo sin ninguna delicadeza, lo arrastró hasta la cama y comenzó a desvestirlo a la fuerza, lo tenía inmovilizado bajo su gran cuerpo con su mano derecha sostenía las pequeñas manos de Jimin sobre su cabeza, mientras con la izquierda se desacia de lo que le estorbaba. El rubio lloraba pero eso a la bestia que tenia encima no le importaba, siempre era lo mismo. Desconectó su mente diciéndose así mismo que alguien día sería feliz.

Cuando Jungkook se sintió satisfecho se levantó de la cama, tomó su ropa y sin voltear atrás se retiró de la habitación. Jimin por su parte solo se cubrió con las sábanas y lloró como todas las noches que pasaba eso, todo ledolía. En sus muñecas quedaron las marcas moradas por la fuerza que empleó su marido, se dio la vuelta y tomo de la cajonera sus pastillas para la ansiedad y calmar su corazón y minutos después se quedó dormido al día siguiente tenía su cita semanal con el doctor Kim.

El despertador marcó las ocho de la mañana. Jimin se miró al espejo, cubriendo con un poco de maquillaje las marcas oscuras que aún decoraban sus muñecas. La fatiga pesaba en cada uno de sus huesos, pero había algo que lo mantenía en pie: la cita con el doctor Kim. En el fondo de su corazón, cada visita a su consultorio se había convertido en el único rayo de luz en medio de su oscura y asfixiante realidad.

Llegó a la clínica y, tras una breve espera, la enfermera lo hizo pasar. Namjoon lo recibió con una cálida sonrisa, notando de inmediato la fragilidad en los ojos azules del rubio, aunque este intentara ocultarla con una elegancia impecable.

— Hola, Jimin. Te ves un poco agotado hoy —dijo el médico con genuina preocupación, acomodándose en su escritorio—. ¿Cómo te has sentido con el tratamiento?

— He intentado seguir tus consejos al pie de la letra, doctor. Pero hay días... días en los que el aire simplemente no es suficiente —respondió Jimin bajando la mirada.

Namjoon se levantó, se acercó a él y, con una delicadeza infinita, tomó su mano. El simple tacto hizo que un escalofrío cálido recorriera la espalda del rubio.

— Jimin, la medicina y los medicamentos son importantes, pero el corazón también necesita paz para sanar. Y creo que tú no la tienes en casa —dijo Namjoon con voz suave, mirándolo directo a los ojos—. Mereces vivir una vida donde puedas respirar con tranquilidad, donde te valoren y te amen de verdad. El verdadero sentido de la vida no es soportar tormentas en solitario; es encontrar a alguien que esté dispuesto a sostener el paraguas contigo.

La noche en la mansión Jeon era densa y silenciosa, rota solo por el tic-tac implacable del reloj. Jimin respiró hondo, mirando por última vez la habitación que durante años había sido su cárcel dorada. El peso de las últimas humillaciones, los golpes invisibles del desprecio y, sobre todo, el descubrimiento de la cruda realidad sobre las infidelidades de Jungkook, terminaron por romper lo poco que quedaba de su frágil corazón.

Ya no quedaban lágrimas, solo una fría y absoluta determinación.

Abrió el joyero de su tocador, sacó sus argollas de matrimonio y las dejó alineadas sobre la madera junto a los papeles de divorcio que su abogado ya había redactado. Se colocó un abrigo ligero sobre su elegante ropa y, con la ayuda de Taemin, quien lo esperaba discretamente en la entrada con las maletas listas, salió de esa casa sin mirar atrás. Por fin, se atrevía a volar lejos de la sombra de un hombre que jamás supo merecerlo.

Un atardecer, Jungkook llegó a su gran mansión esperando encontrar al rubio esperándolo en silencio, como siempre lo había hecho. En su lugar, la casa estaba vacía. Los armarios estaban sin ropa, los cuadros favoritos de Jimin ya no colgaban de las paredes, y sobre la mesa del recibidor descansaba un sobre cerrado con su nombre escrito en una caligrafía impecable.

Con manos temblorosas, Jungkook abrió la carta.

"Jungkook:

Durante años creí que el amor se trataba de aguantar, de sonreír para los demás y de ser la sombra perfecta que necesitabas para tu ego. Hoy entiendo lo que es vivir de verdad. Me voy, y esta vez es para siempre.

Atentamente,

Park Jimin."

El pelinegro estrujó el papel entre sus manos sintiendo cómo el aire le faltaba por primera vez. Miró a su al rededor y el silencio de la mansión le cayó encima como un peso insoportable.

La puerta de la habitación se abrió de golpe, revelando a Taehyung con una copa de vino en la mano.

— ¿Te vas a quedar todo el día viendo la nada, Jungkook? —escupió Taehyung con una sonrisa amarga y cínica—. Acéptalo de una vez. Tu precioso muñeco de porcelana te abandonó, y ahora solo me tienes a mí. ¡A mí!

Jungkook apretó la mandíbula con furia. La relación entre ellos ya no tenía nada de la apasionada adrenalina del secreto; ahora era una convivencia tóxica, una guerra constante de reproches, gritos y celos enfermizos. Taehyung exigía lujos, atención y validación que el pelinegro ya no estaba dispuesto a darle, convirtiendo su hogar en un campo de batalla donde ambos se herían una y otra vez, atrapados en su propia red de egoísmo.

Pero el verdadero golpe para Jungkook llegó una semana después.

Los rumores en la alta sociedad empezaron a correr como la pólvora cuando los papeles de divorcio de los Park y los Jeon comenzaron a tramitarse. Jimin, harto de los abusos y empujado por el valor que le había otorgado el amor y la comprensión de Namjoon, había decidido romper las cadenas de su matrimonio arreglado. Con el apoyo de su amigo Taemin y una demanda bien estructurada que exponía el abandono y la violencia psicológica, Jimin no solo consiguió su libertad, sino una división justa que dejó tambaleando las finanzas de la familia Jeon.

Las semanas posteriores fueron un proceso de profunda sanación para Jimin. Su refugio se convirtió en aquella acogedora casa frente al mar, donde el sonido de las olas acallaba los fantasmas de su pasado. Sin embargo, su salud seguía requiriendo un control estricto, y sus visitas al consultorio del doctor Kim Namjoon se habían transformado en el ancla que mantenía su vida en equilibrio.

Una tarde, tras terminar una revisión médica rutinaria, Namjoon notó que Jimin se quedaba pensativo, mirando distraído hacia el horizonte a través del ventanal del consultorio. El embarazo, aunque avanzaba con estabilidad gracias al reposo y los cuidados, a veces traía consigo nubes de melancolía que el rubio intentaba ocultar con una sonrisa tímida.

Namjoon se acercó despacio, llevando en las manos dos tazas humeantes de té. Le tendió una a Jimin y se sentó en el sofá contiguo, a una distancia respetuosa pero cercana.

— Sé que a veces el pasado pesa, Jimin —comenzó Namjoon con su voz profunda, cálida y calmada—. Sé que las heridas que cargas no sanan de la noche a la mañana.

Jimin bajó la mirada, apenado.

— A veces siento que rompí en mil pedazos, doctor... Temo no ser suficiente, temo que esto que llevo dentro sufra por culpa de mis miedos.

Namjoon dejó la taza sobre la mesita, estiró su mano grande y morena, y con una delicadeza infinita tomó la mano fría de Jimin, entrelazando sus dedos con los suyos. El contacto hizo que el rubio levantara los ojos azules, encontrándose con una mirada llena de una devoción tan sincera que le cortó la respiración.

— Escúchame bien, Jimin —dijo Namjoon, inclinándose un poco más hacia él, permitiendo que sus hoyuelos se marcaran en una sonrisa suave pero firme—. Desde el primer instante en que te vi en aquella fiesta, con la tristeza pintada en el rostro y fingiendo una sonrisa que te quebraba el alma, supe que eras alguien extraordinario. Y conforme te he ido conociendo, viendo tu nobleza, tu fuerza y la manera en que floreces a pesar de las tormentas, lo entendí todo.

Jimin sintió las mejillas encenderse y el corazón darle un vuelco cálido en el pecho.

— Namjoon... —susurró, con la voz temblorosa.

— No vine a ocupar un espacio, ni a ser un refugio temporal —continuó el médico, acariciando con su pulgar el dorso de la mano del rubio—. Estoy enamorado de ti, Jimin. De cada pedazo tuyo, de tus miedos, de tus risas y de la luz que irradias. Quiero ser yo quien sostenga tu mano cuando tengas dudas, quiero cuidar de ti y de ese pequeño milagro que llevas dentro, y quiero enseñarte lo que se siente vivir de verdad, ser amado sin condiciones y tener un hogar donde por fin puedas respirar en paz.

Las lágrimas brotaron de los ojos azules de Jimin, pero esta vez no había dolor en ellas, solo un torrente de alivio y un amor naciente que le llenaba el alma. Ya no era el trofeo de nadie; era amado, valorado y deseado por el hombre que le había devuelto el sentido a su vida.

— Yo también estoy enamorado de ti, Namjoon —confesó Jimin con una sonrisa radiante, dejándose abrazar por esos brazos fuertes que prometían protegerlo para siempre.

El viento golpeaba con fuerza los ventanales de la mansión Jeon. Jungkook se encontraba en su despacho, rodeado de documentos de la compañía, cuando la puerta se abrió de golpe sin previo aviso. Taehyung entró hecho una furia, arrojando sobre la caoba oscura una revista de modas de alta sociedad y un sobre abierto que había interceptado en el correo.

— ¡Mira esto! ¡Mira la clase de jueguitos que se trae tu precioso exesposo mientras tú estás aquí intentando salvar el negocio! —escupió Taehyung con desprecio, con los ojos inyectados en rabia y celos.

Jungkook frunció el ceño con fastidio, levantando la vista hacia el abogado.

— No estoy para tus estupideces, Taehyung. Lárgate de aquí —respondió con la voz fría y cortante que siempre usaba cuando se cansaba de sus berrinches.

— ¿Estupideces? ¡Lee tú mismo! —Taehyung señaló con el dedo tembloroso un informe médico impreso que venía dentro del sobre, un documento que Jimin había dejado inadvertidamente en una clínica privada donde compartía gestiones con su marca de moda "MUSE".

Jungkook, con mala gana, estiró la mano y tomó el papel. Sus ojos recorrieron las líneas con indiferencia al principio, pero a medida que decodificaba las palabras, el color se fue drenando de su rostro de golpe.

“Paciente: Park Jimin. Diagnóstico actual: Gestación de ocho semanas. Insuficiencia cardíaca crónica bajo estricto control médico, actualmente estable gracias al acompañamiento y apoyo emocional del especialista en cardiología, el doctor Kim Namjoon...”

Las letras parecieron volverse borrosas ante sus ojos.

— ¿Embarazado...? —susurró Jungkook, con la voz seca, sintiendo cómo el aire se le escapaba de los pulmones.

El papel crujió con fuerza bajo la presión de sus dedos. Una ola de incredulidad, rabia sorda y un terror primitivo le azotaron el pecho de inmediato. Durante los años que habían compartido bajo el mismo techo, Jimin le había suplicado con lágrimas en los ojos formar una familia, y él lo había rechazado una y otra vez, tildándolo de un capricho absurdo y negándole cualquier atisbo de afecto. Y ahora, el rubio estaba esperando un hijo.

Pero no era suyo. Era lo que el pensaba.

El nombre del médico resaltaba en el documento como una bofetada: Kim Namjoon. El mismo hombre al que Taehyung le había sido infiel, el médico brillante que ahora se encargaba de cuidar, proteger y amar al único ser puro que Jungkook había tenido en su vida y que había dejado escapar por su soberbia.

— ¿Qué pasa, Kook? ¿Te duele ver que el muñequito de porcelana al que tratabas como basura ahora sí va a tener una familia real, pero con otro? —se burló Taehyung con una sonrisa amarga y venenosa, intentando disimular su propia frustración—. Te cambiaron por el ex de tu propio amante. ¡Qué ironía!

Jungkook se puso de pie de un salto, con los ojos oscuros y la respiración agitada. La furia ciega amenazaba con desbordarlo, pero por debajo de ella, un vacío helado y doloroso se abrió en su interior. Miró a Taehyung con tanto desprecio que el abogado retrocedió un paso, y luego volvió a posar la vista en el informe médico.

El sol de la tarde se filtraba suavemente por los ventanales de la hermosa y cálida casa frente al mar, pintando de tonos dorados la sala de estar. Jimin respiraba con una tranquilidad que hacía años no conocía. Su salud, antes frágil y quebrantada, se había estabilizado por completo bajo el cuidado riguroso y tierno de Namjoon. Pero lo que verdaderamente había sanado su corazón era el amor puro y desinteresado que el médico le entregaba cada día.

Aquel pequeño milagro que crecía dentro de su vientre ya era una realidad palpable. Un hermoso bulto que completaba su felicidad y que ambos habían decidido esperar con el alma abierta. Sin embargo, en la intimidad de sus pensamientos y resguardado por el secreto de una noche lejana en aquella mansión de lujos, Jimin sabía una verdad que jamás saldría a la luz. Por las fechas, los cálculos médicos y la memoria de aquella última y dolorosa noche antes de huir, el hijo que esperaba no era de Namjoon, sino biológicamente de Jungkook.

Pero esa verdad era un fantasma del pasado al que ya nadie le daría cabida.

Namjoon jamás hizo una sola pregunta sobre el origen exacto de la gestación; para él, desde el primer instante en que abrazó la vida de Jimin, ese hijo era suyo por derecho de amor, de devoción y de presencia.

— ¿En qué tanto piensa mi pequeño gran refugio? —la voz profunda y cálida de Namjoon lo sacó de sus ensoñaciones.

Jimin parpadeó, sintiendo los brazos fuertes del médico rodear su cintura con absoluta delicadeza. Namjoon se agachó a su altura, recostando la mejilla sobre el vientre abultado del rubio, cerrando los ojos con una sonrisa donde se marcaban sus hermosos hoyuelos.

— Estamos pensando en lo mucho que te amamos, papi —respondió Jimin con una suave risa cristalina, acariciando los cabellos oscuros del moreno.

Namjoon levantó la mirada, encontrándose con esos ojos azules que ya no guardaban sombras de tristeza, sino un brillo de pura luz. Besó con ternura el vientre de Jimin y luego se incorporó para sellar sus labios en un beso profundo, tierno y eterno.

— Este es nuestro hogar, Jimin. Y nadie jamás volverá a lastimarte —susurró Namjoon contra sus labios.

Jimin cerró los ojos, sintiendo que por fin había encontrado el verdadero sentido de la vida. Criarían a ese niño con todo el amor del mundo, rodeados de paz, respeto y verdad.

Lejos de allí, en una mansión fría y sumida en el caos perpetuo de los gritos y los reproches de Taehyung, Jungkook jamás sabría la verdad. Viviría el resto de sus días con la sombra del remordimiento, ignorando por completo que el pedazo de cielo que tanto anheló y que dejó escapar por su soberbia llevaba su sangre, pero que el título de padre, de protector y de amor de su vida le pertenecía única y exclusivamente a Namjoon. Mientras tanto, frente al mar, la verdadera familia sonreía hacia un futuro infinito.

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