Tonto amor-InoTan [Kimetsu no yaiba]
Día 1: Primer enamoramiento
No había nada que Inosuke Hashibira no pudiera hacer. Era muy bueno en cualquier deporte, y de eso le servía su competitividad. Bastante impulsivo como para meterse en peleas, al igual que hacer cualquier cosa que se propusiera. Ser orgulloso para no admitir ciertas cosas. Su apariencia era muy distinta a su forma de actuar, siendo grosero y muy tosco al hablar.
Aunque de nada le servía todo esto cuando vio a cierto chico.
Su corazón latió con rapidez, que le hizo creer que tenía problemas con aquel órgano tan vital. Sintió extraño su estómago, pensando que comió algo que le hizo daño. Sus mejillas enrojecieron, imaginando que se trataba por el calor.
No apartaba su mirada de aquel chico pelinegro con puntas color borgoña, de aquellos ojos rojos que parecían deslumbrar, aquella brillante sonrisa que mostraba.
Por estar totalmente sumido en verlo, no se percató que un balón de fútbol venía directamente hacia él, golpeándolo en la cabeza.
—¡Capitán! —llamaron sus compañeros de equipo, corriendo hacia él al darse cuenta de que cayó sobre el césped.
—Que alguien lleve a Hashibira a la enfermería— mencionó Uzui sin hacer el intento de moverse. Lo único que parecía importarle, es que no se haya lastimado de gravedad su mejor jugador, o tendría que perfeccionar su estrategia si quiere ganar el próximo partido.
El pelioscuro de puntas azules, despertó notando que estaba en la enfermería.
—¡¿Dónde está?!— cuestiona Inosuke observando a su alrededor.
Shinobu que se encontraba frente a su escritorio, lo vio. —¿Quién?
—¡Aquel chico!— respondió mientras veía debajo de las camas, como si fuera hallarlo ahí.
—¿El que te golpeó con el balón?— indagó totalmente tranquila.
—¡No! —Se puso de pie para ir hacia la puerta. —¡Iré a buscarlo yo mismo!
Ella no hizo nada por detenerlo, se veía perfectamente bien. Ya si el entrenador lo veía, y le preguntaba el porqué lo dejó marcharse, simplemente dirá la verdad.
El pelioscuro empezó su búsqueda por la escuela. Asomándose por las ventanas de las puertas o dentro cuando estaban abiertas en cada salón.
Gruñía cada vez que no veía al pelinegro, ni siquiera le importaba los regaños de los profesores, enfocándose en ir a la siguiente aula.
Al ver que estaba frente a su clase, dio un vistazo tras el cristal, hallando al chico justo dos pupitres frente al suyo que estaba vacío.
Volvió a presentar los mismos síntomas que hace algunos minutos, antes de que alguien lo tomara por la parte de atrás de su uniforme, llevándoselo.
—¡No! ¡Espere! —exclamó intentando escapar. Estaba por quitarse la camiseta cuando lo toma para cargarlo sobre su hombro, deteniendo cualquier tipo de huida.
—Ni pensarlo Hashibira. Envíe a alguien para verte, después me comunica que te habías escapado. Al parecer ya te encuentras en condiciones para seguir la práctica— estableció el peliblanco siguiendo su andar rumbo hacia la cancha.
Inosuke desistió de zafarse del agarre, sabe que no podría ir tan lejos antes de que su entrenador lo atrape. Además de ser alto, era mucho más rápido que él.
Para la hora del almuerzo, el pelioscuro volvió a buscar a aquel chico que captó su atención. En el salón había unos cuantos compañeros, pero ninguno era él. Debía de estar en la cafetería, o a los alrededores de la escuela.
Entre tantos alumnos, logró localizarlo. Antes de que volviera a actuar raro, negó con rapidez para después ir por su comida, no podría simplemente ir a sentarse a alguna mesa cercana sin nada, sería demasiado sospechoso.
Una vez que obtuvo la bandeja, se apresuró a dirigirse a la mesa que quedaba a espaldas del pelinegro. Sin embargo, alguien estaba por sentarse ahí, nada que un gruñido y una expresión asesina, eran suficientes para ahuyentarlo.
Eligió sentarse detrás de él, sería más fácil para que no fuera a identificarlo. Por ahora escucharía la conversación que tenía aquel chico con otro de cabello rubio con puntas anaranjadas.
—¿En serio quieres entrar al equipo de fútbol?— cuestionó Zenitsu, algo que fue de interés para Inosuke. Si habría una posibilidad de que eso pasara, seguramente podría verlo más seguido. Lo que no sabe si eso es bueno o malo. —No te lo recomiendo, su capitán se comporta como un animal. —Comentario que hizo resoplar al mencionado. Si eso piensa de él, no lo conoce tan bien.
—A mí no me lo parece. —La voz del pelinegro lo hizo volver a reaccionar, además de resonar muy dentro de él. —Por lo que vi, es muy bueno jugando.
—Si tú lo dices— comentó el rubio sin demasiado interés, no era muy fanático del deporte. No entendía lo entretenido de ver personas corriendo tras un balón. —Además, también su entrenador es estricto o desinteresado, dependiendo de su humor. Yo que tú, lo pensaba muy bien Tanjiro.
Ya había un nombre, eso era algo bueno.
—Lo tendré en cuenta. ¿Pero qué hay de ti?
—¿De mí?— replicó estando confundido.
—Podrías entrar al equipo de atletismo.
—No, no, no. De ninguna manera voy a entrar ahí, el entrenador Shinazugawa da mucho miedo— confesó temblando. Había visto su actitud, y prefería no tenerlo cerca.
—Que lástima, eres muy veloz cuando te lo propones. —Aquellas palabras enorgullecieron al rubio, quitándole el miedo al instante.
—Bueno, es cierto— contestó riendo un poco. —El abuelo me enseñó muy bien, aunque también era mandón.
Del pelinegro salió una risa que terminó por meterse muy dentro del corazón de quien escuchaba detrás de ellos. Lo demás que conversaron, ni siquiera lo oía, estaba más concentrado pensando lo que le estaba pasando.
El pelioscuro permaneció sentado por bastante tiempo hasta que sonó el timbre, significando que la hora del almuerzo culminó.
Volteó ligeramente para ver que ya no había nadie detrás de él. Regresó la mirada a su bandeja, gruñéndole el estómago. Se encogió de hombros antes de devorar todo en poco tiempo.
Decidió que iría a clases, al menos ahí podría volver a verlo. No obstante, se detuvo al percatarse de gritos provenientes de un salón. Creyendo que alguien estaba en problemas, fue hacia ahí. Al llegar se dio cuenta de que no ocurría nada, solo era la profesora de literatura, Kanroji.
La pelirrosa de puntas verdes, estaba muy feliz viendo su celular. Mostrando un sonrojo y una gran sonrisa, mirando con ternura lo que había en la pantalla.
—¡Es tan guapo!— gritó de nuevo con enamoramiento, antes de que se asustara cuando escuchó que alguien golpeó ligeramente la puerta. —¡No estaba viendo otra vez fotos de Obanai… digo, el profesor Iguro! ¡Lo juro!— declaró metiendo rápidamente el móvil entre algunos libros que tenía al lado. Desvío la mirada para ver que no se trataba de Kanae, sino de uno de los estudiantes.
Se permitió relajarse, sacando de nuevo su celular—. Yo que recuerde, no eres uno de mis estudiantes— mencionó saliendo de su galería para apagar la pantalla. —¿Qué te trae por aquí? ¿Necesitas que te ayude con algo?
La última interrogante se repitió una y otra vez en la mente de Inosuke. ¿Quizás ella si podría saber lo que le estaba pasando?
Explicó lo mejor que pudo lo que había experimentado, como estaba confundido ante ello. De pronto Kanroji soltó un grito de emoción, levantándose del asiento y acercándose al pelioscuro para golpearlo en la espalda, con bastante fuerza, por suerte él pudo resistir para no caer.
—Que bobito eres, no estás enfermo como crees que piensas. Lo que estás experimentando es amor.
¿Amor? Esa palabra era desconocida para el pelioscuro. ¿Acaso se lo había comido sin que lo supiera? ¿Se iba a curar de eso? ¿Era algo letal?
Al notar lo desconcertado que estaba el chico, la pelirrosa decidió ayudarlo, le explicaría absolutamente todo. Sus clases no iniciarían en dos horas, así que había bastante tiempo de sobra. Era momento de sacar a relucir sus conocimientos.
Tanjiro y Zenitsu entraron en el restaurante perteneciente a la familia del pelinegro. Escuchando al ingresar a su animado profesor Rengoku, agradeciendo y diciendo lo deliciosa que estaba la comida. Los chicos rieron por lo bajo con diversión antes de ir a sentarse a una de las mesas disponibles.
—Hola chicos.
—Hola Nezuko— habló el rubio con ojos enamorados y una tonta sonrisa, viendo directamente a la pelinegra al lado de la mesa, quien vestía aún su uniforme de la escuela.
Ella le sonrió antes de enfocarse en su hermano. —Por cierto, mamá dijo que si no estás muy ocupado con la tarea esta noche, ¿podrías venir a ayudarla en la cocina? Sabes que a esa hora es más trabajo.
—Claro, no hay mucha tarea hoy, puedo terminarla rápido y ayudarla— aceptó Tanjiro. Le gustaba apoyar a su familia, aunque estos mismos no se lo pidieran.
—Eso sería increíble. ¿Les traigo lo de siempre?
—Sí— respondió el pelinegro por ambos.
Al marcharse, el rubio no dejaba de verla. —Nezuko es tan linda.
—Sí, lo es— correspondió Tanjiro. —Deberías de verla usando kimono, reluce aún más su belleza— compartió. Aquel comentario llamó la atención de Zenitsu, fijándose completamente en él.
—¿Tienes alguna foto?
—Sí.
—¿Puedo verla?
—No.
De inmediato el rubio lo tomó de los hombros, sacudiéndolo. —Tanjiro, no seas así. Somos amigos, no puedes hacerme esto. —No es que el pelinegro no quisiera mostrarle la foto, pero su hermana se lo había pedido, le daba vergüenza incluso haber caminado vestida con el kimono cuando fueron a un festival hace un año.
En un instante, Zenitsu sintió que alguien lo estaba viendo. Paso su vista por todo el establecimiento, cruzando miradas con los ojos verdosos de Inosuke que lo miraba como si deseara matarlo. Asustado, apartó las manos de su amigo. No era la primera vez que lo notaba, desde hace semanas el pelioscuro lo veía de esa manera cada que tocaba al pelinegro.
Tanjiro notó la actitud del rubio. Curioso, giró un poco sobre la silla para mirar hacia atrás, llegando a ver a Inosuke, quien al percatarse de que fue descubierto, se enfocó en devorar su comida. El pelinegro sonrió al admirar su pequeño sonrojo.
Ha visto la actitud que le muestra cada que está cerca, incluso durante las prácticas de fútbol. Luego de haber logrado entrar al equipo, el pelioscuro se ofreció a ser su compañero en cada entrenamiento sin que Uzui lo hubiera dicho.
También le divertía cuando le decía Monjiro o Gonpachiro, sin llegar a decir correctamente su nombre, mostrándose completamente nervioso. Incluso llegaba a sentir su mirada cada que estaban en clase.
Era fácil saber lo que Inosuke sentía hacia él. Así que sería paciente a que algún día le confiese su amor.






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