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Summary

Eros Miller es un estudiante becado de Comunicación Audiovisual. Para pagar el alquiler y la comida, transmite en una webcam para adultos bajo el alias de Venusboy Es tímido, ansioso, escribe guiones que nunca muestra a nadie y tiene cero experiencia real en el terreno que, irónicamente, le da de comer. Vive en un monoambiente diminuto frente a un edificio lujoso que siempre está vacío... hasta que deja de estarlo. Wayne Cohen es estudiante de CA, modelo de campañas juveniles y heredero de una de las familias más ricas del país. Carismático, descarado, consciente de su belleza y acostumbrado a conseguir lo que quiere. Se muda al departamento de al lado para tener independencia de sus padres. La primera noche, mirando por la ventana, descubre algo mucho mejor que la vista.

Status
17d ago
Chapters
4
Rating
5.0 (1 review)
Age Rating
18+

Capítulo 1: En linea.

Drink Me - Michele Morrone.

El resplandor azul del monitor era la única fuente de luz en el monoambiente de Eros. Bañaba su rostro pálido y delgado, destacando la ligera tensión de su mandíbula y el pestañeo ansioso que no lograba controlar. Sobre el escritorio, junto al teclado silencioso, descansaba una pila de guiones impresos, sus páginas llenas de diálogos brillantes y escenas cinematográficas que nadie más que él leería jamás. Eran sus tesoros y su condena, prueba de su ambición y de su parálisis. El dinero de la beca apenas alcanzaba para los libros y el material del curso; el alquiler y la comida eran otro monstruo, uno que había aprendido a alimentar con el único talento que le quedaba por explotar: su delgado y lampiño cuerpo moreno, visto a través de una cámara.

Se ajustó los auriculares, el sonido de la notificación de un nuevo espectador hizo un pling casi inaudible en su cabeza. "Venusboy" se activó. La máscara ya estaba cubriendo levemente parte de su rostro. Sus hombros, normalmente encorvados sobre los guiones, se relajaron de una forma que parecía forzada, una postura diseñada para ser observada. La cámara, un ojo negro e implacable sobre su trípode, lo devoraba con su lente fría. Eros no miraba a la lente, sino a la pequeña ventana de chat que parpadeaba en la esquina de la pantalla, donde los nombres anónimos y los deseos crudos se deslizaban en un torrente incesante.

"Mostra más, Venusboy".

"Ese culo necesita una buena pija".

"Tócate para nosotros".

Cada comando era una pequeña descarga eléctrica en su piel, una mezcla de vergüenza y una extraña, retorcida sensación de poder. Ellos querían una fantasía, y él era el arquitecto de esa ilusión, aunque el cimiento fuera su propia soledad.

Su ventana del apartamento daba al lado del departamento de dos pisos de lujo que llevaba meses vacío, un gigante de cristal y hormigón dormido en la noche. A veces, durante los descansos, Eros miraba hacia allá, imaginando la vida que podría haber dentro. Eran sus únicas ventanas a un mundo que no era el suyo, un mundo de éxito y facilidad. Pero esa noche, el edificio ya no dormía. Una de las ventanas del segundo piso, directamente frente a la suya, estaba iluminada. Una luz cálida, amigable, que se filtraba a través de los cristales. No le dio importancia. Era solo una luz.

Wayne soltó una caja de libros en el suelo con un aburrido golpe sordo. El nuevo apartamento olía a pintura fresca y a dinero, un aroma que le resultaba familiar y, al mismo tiempo, repulsivo. Se había mudado para "escapar", para demostrarle a su padre que podía valerse por sí mismo, aunque el alquiler de este piso de lujo lo pagara la tarjeta de crédito que su padre seguía reponiendo cada mes. Se frotó el cuello, estirando los músculos tensos de una jornada de posados para una campaña de ropa interior. Su reflejo en el enorme ventanal le devolvió la imagen de un chico perfecto: mandíbula afilada, labios carnosos, ojos verdes que sabía cómo usar para desarmar a cualquiera. Estaba aburrido. La independencia se sentía sospechosamente similar a la soledad.

Se acercó a la ventana, buscando algo que rompiera la monotonía del horizonte urbano. Y entonces la encontró. En la pequeña casa de al lado, mucho más modesta y antigua que el suyo, una ventana estaba iluminada no por una bombilla, sino por el parpadeo multicolor de una pantalla. Y en el centro de ese resplandor, había una figura. Wayne entornó los ojos, su curiosidad picada. La figura era un chico, delgado y moreno, y estaba… se movía de una manera extraña. Era rítmica, deliberada. Wayne se dio cuenta de que el chico estaba de espaldas, arrodillado en una cama, y que su torso estaba desnudo. La luz de la pantalla le dibujaba la curva de su columna vertebral, una línea delicada en la penumbra.

Eros cerró los ojos, dejando que los susurros digitales lo guiaran. Su mano, temblorosa al principio, encontró el cajón de la mesita de noche. Sus dedos se cerraron alrededor del objeto frío y liso. Era un consolador de silicona, de un negro profundo y sin detalles, una herramienta funcional para un propósito funcional. Lo había comprado en línea, con el corazón martilleándole en el pecho, evitando la mirada del cartero. Era su compañero en estas sesiones, el cómplice de su rendimiento. Lo colocó sobre la cama, a su lado, y se deslizó hacia adelante, ofreciendo a la cámara una vista más completa de su espalda y las curvas de sus nalgas, todavía cubiertas por el tejido fino de un calzoncillo.

Desde su ventana de su habitación, Wayne contuvo la respiración. El chico de enfrente se había agachado más, y ahora Wayne podía ver con una claridad inquietante cómo se deslizaba una mano por la espalda del otro, descendiendo hasta el borde de su ropa interior. La escena era íntima, privada, y él era un intruso. La idea le envió una oleada de calor por el estómago, una emoción mucho más interesante que el aburrimiento de hacía un minuto. Se apoyó en el frío cristal de la ventana, sin apartar la vista. El chico se deshizo de la última prenda, dejando al descubierto un culo redondo y firme. Wayne tragó saliva. Era una vista exquisita.

Eros se sentía el doble de expuesto. La cámara era una cosa, una abstracción. Pero la luz encendida en el edificio de enfrente… ¿Alguien lo estaría mirando? La idea le heló la sangre por un instante, pero el chat explotó con nuevas peticiones, más urgentes, más explícitas.

"Métetelo".

"Enséñanos cómo te abrís para nosotros".

La ansiedad se mezcló con una punzada de excitación. La posibilidad de ser visto por un par de ojos reales, no solo por una lente, era aterradora y, al mismo tiempo, electrificante. Cogió el consolador. Su mano se sentía torpe. Aplicó una cantidad generosa de lubricante, el sonido del líquido siendo exprimido del tubo pareció ensordecedor en el silencio de su habitación.

Wayne vio el movimiento. El chico de enfrente se estaba preparando. Su propio cuerpo reaccionó, una tensión creciente en la entrepierna de sus pantalones de chándal. Esto no era una película porno; esto era real, sucediendo justo allí, a menos de cincuenta metros de distancia. Podía ver la forma en que el chico respiraba, cómo sus hombros subían y bajaban con cada jadeo. Vio cómo se llevaba el juguete negro hacia atrás, cómo su cuerpo se tensaba en anticipación. Wayne se palmeó el bulto creciente en su pantalón, un gesto instintivo y torpe. Nunca había visto algo así en persona, una vulnerabilidad tan cruda y tan hermosa.

Eros apoyó la punta del consolador contra su propio orificio. El frío del lubricante y la presión inicial lo hicieron jadear. Fue un sonido real, no ensayado, que escapó de sus labios antes de que pudiera contenerlo. Empujó lentamente, la silicona lisa deslizándose hacia dentro, llenándolo. La sensación era familiar, pero esta vez se sentía diferente, más intensa. La luz de la ventana de enfrente parecía arder en su nuca. Se imaginó a alguien allí, observándolo, viendo cómo el juguete negro desaparecía centímetro a centímetro en su culo. La fantasía lo golpeó con la fuerza de una ola, y su rodilla se dobló, haciéndolo tambalearse sobre la cama.

Wayne vio cómo el cuerpo del chico se arqueaba, cómo la cabeza se echaba hacia atrás en un gesto de puro placer. El juguete estaba dentro de él. Wayne podía ver la base negra presionada contra la piel pálida, un contraste visual que le robó el aliento. Deslizó una mano dentro de sus pantalones, envolviendo su propia polla, ya dura y caliente. El roce de su palma contra la piel sensible fue un alivio inmediato. Se quedó así, mirando, completamente hipnotizado por el espectáculo silencioso y privado que se desarrollaba en la ventana de enfrente.

Eros saco el consolador de dentro suyo y rodo en la cama, acostadose boca arriba, y lentamente comenzo a introducirlo, lentamente, cuando sus ojos viajaron a la ventana y sus miradas se cruzaron.

El consolador entro de repente en Eros y gimió, cubriendose la boca. El chat se lleno de propinas por la expresión tan "genuina" que se había escapado. Su corazón acelerado.

Wayne entro en pánico y cerro la cortina, paralizado.

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Good Writing

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Compelling Plot

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