Prólogo: El peso del viento
Eran días terribles del frío invierno, en los que no solo se les congelaba la piel; se colaba bajo sus huesos dando un aviso de muerte.
Jeon Jungkook corría tan rápido como podía, le ardían las fosas nasales y los pulmones al respirar el viento helado. Cada bocanada que daba, se sentía como si tragara miles de cristales rotos, pero aunque estaba cansado, no podía detenerse. A sus espaldas podían escucharse las sirenas y divisarse las parpadeantes luces de los reflectores que cruzaban la maleza del bosque. El suelo estaba cubierto por una fina capa de nieve debido a la tormenta, el lodo era un obstáculo que amenazaba con hacerlos resbalar o caer en cada paso, pero la mano cálida que lo sostenía lo impulsaba a seguir.
Kim Taehyung iba un paso adelante, abriéndole camino entre las ramas secas. Llevaban meses o quizás años en realidad, soñando con este momento. Desde que eran dos jóvenes huerfanos, compartiendo abrigo y el saco de arroz que la madre de Jungkook les había dejado, la idea de cruzar la frontera era lo que los mantenía respirando. Habían hecho una promesa, en la que buscarían salir de ahí juntos o no salir jamás.
De pronto, los gritos de advertencia se escucharon a la distancia, acompañados por el chasquido de los fusiles.
—¡Deténganse ahí! — uno de los soldados gritó, alzando su arma para apuntar — ¡Abran fuego!
Un reflector los encandiló de lleno.
Taehyung se frenó de golpe detrás del grueso tronco de un pino, jalando a Jungkook consigo. El pánico en los ojos de Jungkook era absoluto; podía ver el sudor frío bajando por las sienes de Taehyung y la forma en que su pecho se elevaba agitado. Estaban a escasos cincuenta metros del río que marcaba el límite. La libertad estaba ahí, al alcance de sus manos, tan cerca y tan lejos a la vez.
Sin embargo, los pasos de las botas militares sonaban cerca, demasiado cerca. Venían rodeándolos y eso solo aumentaba la ansiedad en sus cuerpos.
Taehyung miró a Jungkook. No había duda en sus ojos, solo un cariño devastador y una devoción absoluta, la misma mirada que le dedicaba en las noches frías cuando se refugiaban del mundo. Antes de que Jungkook pudiera entender lo que sucedía, Taehyung soltó su agarre.
—Tae... ¿qué haces? Tenemos que seguir —susurró Jungkook con la voz quebrada, intentando tomar su mano de nuevo.
Taehyung no lo permitió. Dio un paso hacia atrás, exponiéndose ligeramente hacia la penumbra del sendero por donde venían los guardias.
—Prométeme que no vas a mirar atrás, Jeongguk —dijo Taehyung en un susurro firme, cargado de una ternura desgarradora.
—No. No, dijiste que lo haríamos juntos. ¡Dame la mano, hyung! —suplicó Jungkook, sintiendo cómo el mundo se le venía abajo.
—Iré justo detrás de ti. Te lo prometo —mintió Taehyung con la sonrisa más dulce que pudo articular en medio del infierno que estaba avecinándose—. Ahora...
Taehyung se giró por completo hacia la ruta de los soldados, levantando los brazos para llamar la atención de la patrulla y cubrir la sombra de Jungkook entre los arbustos.
—¡CORRE, JEONGGUK! —gritó con todas las fuerzas de sus pulmones, haciendo eco en todo el valle.
El grito retumbó en la cabeza de Jungkook como un mandato divino. El instinto y el terror tomaron el control de sus piernas. Jungkook se arrojó hacia adelante, corriendo como nunca antes en su vida, a ciegas, con las lágrimas congelándosele en las mejillas y el pecho a punto de explotar.
Un paso, luego diez pasos más hasta que llegó al río.
Jungkook no se detuvo porque Taehyung se lo había hecho prometer, pero el alma se le desprendió del cuerpo en ese mismo instante. Cruzó las aguas congeladas entre tropezones y cayó del otro lado de la cerca, en suelo extranjero. Aturdido, ahogándose en su propio llanto y con las manos temblando violentamente por el frío y los nervios, se arrastró sobre la hierba seca, dio la vuelta y miró hacia la oscuridad de la que acababa de salir.
Espió entre los árboles, esperando ver la figura de Taehyung emerger corriendo tras él, pero no había nada. Solo el silencio sepulcral de la noche, la nieve manchada y el vacío absoluto.
—¡Hyung! — Jeon susurró con los labios temblándole.
Pero por más que susurró su nombre, nadie respondió.
Jeon Jungkook estaba completamente solo.









A la cuenta de 3 lloro
estoy en un periodo🩸 bastante emocional y llore mucho 😭😭😭
pero me encantó
😭😭😭😭😭😭💔💔💔💔💔💔 Noo