Capítulo 1
Si estoy tan equivocado (Tan equivocado, tan equivocado)
¿Cómo puedes escucharme toda la noche? (Toda la noche, toda la noche)
El sol se asomaba tímidamente por la ventana del hospital, iluminando con su luz tenue la habitación donde Seiya yacía en una cama solitaria. Su piel, pálida como un lienzo inacabado, contrastaba con la intensa luz que anteriormente reflejaba su vibrante espíritu. Sus ojos, una vez llenos de lucha y determinación, ahora estaban nublados por la enfermedad que lo consumía poco a poco, como si la vida se deslizara ineluctablemente entre sus dedos.
Saori, sentada en una silla junto a su cama, se sentía atrapada entre la desesperación y la tristeza. Observó a su amigo, un torrente de emociones la abrumaba. Se acercó a la cama, entrelazando sus dedos con los de Seiya, buscando transmitirle fuerza a través de ese simple gesto.
—Seiya... —su voz temblaba, cargada de preocupación— no sé cuánto tiempo más podrás soportar esto.
Él la miró, una sonrisa tenue asomando en su rostro, como un rayo de luz en medio de la tormenta.
—No te preocupes, Saori. He enfrentado peores desafíos... ¿no es así? —trató de bromear, pero la risa se extinguió en una tos seca que resonó en el aire, sintiéndose distante.
—Pero no tienes que hacerlo solo. —ella apretó su mano con firmeza, deseando que él pudiera sentir su apoyo, su amor incondicional —Tienes que luchar.
La enfermedad había comenzado como una simple debilidad, un signo del desgaste de años de batallas, pero ahora se había transformado en una sombra oscura, un recordatorio constante de que el héroe dentro de él estaba sucumbiendo, como un guerrero olvidado en un campo de batalla.
—A veces... —Seiya cerró los ojos, su voz se volvió un susurro quebrado— siento que ni siquiera soy un caballero. Solo... un espectador.
La melancolía de sus palabras resonó en las blancas y frías paredes del hospital, Saori sintió un nudo en la garganta, como si una sombra se alzara en su interior.
—No digas eso. Eres un caballero, Seiya. Siempre lo serás. —sus ojos brillaban de determinación, pero también de angustia.
Él sonrió tristemente, con una tristeza profunda que se reflejaba en su mirada, sus ojos parecían buscar algo en un lugar lejano, recordando un amor y una lucha que había permanecido oculto en su corazón. En ese silencio compartido, era como si el tiempo se detuviera, dejando solo el eco de sus sentimientos, vibrando en el aire.
Continuara...








