Única Parte









Jisung y Félix salían de la universidad, hablando sobre el proyecto que les habían dejado la clase anterior.
Al llegar a la entrada, un auto estacionado frente a la facultad llamó la atención de Jisung.
Era el auto de Minho.
La puerta del conductor se abrió y Minho salió con dos cafés en la mano.
Jisung se giró de inmediato hacia Félix.
—¿Y si sí cambia? —susurró, incapaz de ocultar la esperanza en su voz.
Félix soltó un suspiro y rodó los ojos.
Conocía demasiado bien a Jisung. También conocía demasiado bien a Minho, y sabía que esa historia nunca terminaba diferente.
Minho se acercó hasta ellos con una pequeña sonrisa y, sin decir nada, le extendió uno de los vasos a Jisung.
—Es para ti.
Jisung lo tomó con cuidado.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, sin poder ocultar la sorpresa.
Minho levantó ligeramente el otro café.
—Pensé que salías a esta hora… y ya que venía, compré dos cafés —hizo una pequeña pausa antes de volver a hablar.—. Lo pedí como siempre.
Jisung bajó la mirada hacia el vaso y sonrió sin darse cuenta.
—Gracias… de verdad.
—No fue nada —hubo un breve silencio.—. ¿Quieres que te lleve?
Jisung asintió casi al instante.
—Claro.
—Te espero en el auto.
Minho les dio la espalda y comenzó a caminar de regreso.
Félix esperó hasta que estuvo lo bastante lejos para hablar.
—Un café no cambia meses de lo mismo.
Jisung no respondió.
Bajó la mirada hacia el vaso que sostenía entre las manos.
Sonrió apenas.
Porque para él…
Sí cambiaba mucho.



Y así fue toda la semana.
Sin darse cuenta, Minho se había hecho presente en su rutina. Mensajes donde preguntaba cosas simples como “¿Ya comiste?” o “¿Llegaste bien?” cuando lo dejaba en la universidad.
Eran gestos pequeños.
Pero para Jisung lo significaban todo.
Porque por primera vez en mucho tiempo, Minho estaba ahí incluso cuando no eran las dos de la madrugada.
Incluso cuando estaba completamente sobrio.
Y, sin querer, Jisung empezó a hacerse ilusiones. Comenzó a pensar que quizá Félix había sido demasiado duro con él. Que después de todo, las personas sí podían cambiar.
Que tal vez Minho solo había necesitado tiempo.






















