One-Shot: La Bella y La Bestia
Hacia algunos meses, el mundo había sido sacudido por una noticia: La muerte de Superman.
El hombre de acero, tan poderoso como controversial, había caído en batalla contra la bestia que había sido apodada como: Doomsday. Incluso contando con la ayuda de Batman y Wonder Woman, el trágico destino del kryptoniano fue sellado junto al de su mortal enemigo.

La muerte de Superman había sido una señal que fue escuchada más allá de las estrellas. Y la respuesta llegaría como una invasión. Bruce Wayne lo sabía, y por eso se decidió a reclutar a tantos héroes como pudiese para honrar el legado de Superman.
El destino, irónico y caprichoso como solo él sabe serlo, decidió que ese legado fuese honrado por todo lo alto. Batman descubrió información confidencial sobre una prisionera en una base siberiana. Una prisionera que los datos indicaban como posible kryptoniana. Con la Mujer Maravilla, el murciélago se infiltró en la instalación y juntos liberaron a la ahora ultima miembro con vida de la casa de El.

Adaptarse fue todo menos fácil para Kara Zor-El. Había pasado años a manos de humanos crueles que experimentaban con ella. Y ahora que era libre, recibió la noticia chocante del destino de su primo; Kal-El. La muerte de Superman, y lo que este significaba para el mundo. La llegada de un enemigo inminente más allá de las estrellas. Su reclutamiento para defender un mundo que solo le había causado dolor.
La Tierra le había mostrado su peor cara. No quería luchar por ella. No quería defender a una raza tan cruel y violenta. Pero no podía negar el hecho de que habían sido dos terrestres quienes la habían rescatado. Y al ver las imágenes de su primo salvando vidas, al punto de dar la suya por el mundo, sintió que algo se encendía en su pecho. Si Kal-El había hecho lo que hizo, entonces la humanidad podría merecer una segunda oportunidad. Bajo ese ideal, Supergirl nació.

Metrópolis sentía un extraño deja vu al presenciar a la chica de acero sobrevolando la ciudad. Aunque bajo vigilancia de Wonder Woman y Batman, Kara podía moverse con una libertad que creyó que jamás recuperaría.
A pesar de las dificultades para adaptarse, y el rencor que todavía guardaba en su interior, Kara sentía esperanza. Creía que podría encontrar un propósito en aquel mundo. Llegó tarde para proteger a su primo, pero todavía podía honrar su memoria, y a todo Krypton.
Hasta que un día, todo dio un vuelco.
Supergirl se detuvo de forma brusca en el aire. Concentró su oído, escuchando una serie de explosiones y rugidos. Extrañada por aquello, emprendió vuelo lo más rápido que pudo en dirección al caos. Fue en cuestión de minutos que llego a una cadena de montañas y bosques en la zona este de Norteamérica. La kryptoniana aterrizó, contemplando el caos en aquel lugar. Observó en todas direcciones, pero solo escuchó un latido de corazón. Cuerpos se encontraban desparramados por el lugar, y muchos de ellos de aspecto militar. El dueño del latido finalmente se dejó ver, de pie entre las llamas.
Kara sintió que su corazón se paralizaba. A pesar de los cambios, pudo reconocer a aquel monstruoso ser. La criatura emergió del fuego como un demonio, mientras una serie de huesos comenzaban a brotar de su cuerpo, principalmente en su cabeza.
—Doomsday.

La criatura había vuelto a la vida, y estaba evolucionando. El pico que le había crecido en su muñón había vuelto a ser un brazo entero. Nuevas protuberancias óseas se formaron en su pecho, abdomen y cabeza, sirviendo de protección tras las heridas que Superman y Wonder Woman le habían provocado. Doomsday observó a Supergirl, gruñendo en tono amenazante al percibir el símbolo en su pecho.

Los ojos de Kara se abrieron de par en par, sintiendo un escalofrío de puro terror recorrer su columna vertebral. Aquello no era un soldado común, no era un general; Doomsday era una fuerza de la naturaleza diseñada para la aniquilación.
El aire parecía vibrar con la intensidad de su rugido, y el estómago de Supergirl se contraía ante la magnitud de esa masa de músculos y hueso. Sintió incluso la presión atmosférica cambiar, en clara señal de la destrucción inminente.
—No. ¡No! ¡No puede ser! ¡Tú no deberías estar aquí!
El temor poco a poco dio paso a la furia. Aquella bestia había asesinado a su primo, a la única familia que le quedaba. Le había robado la oportunidad de poder tener algo de Krypton a lo que aferrarse. Sus ojos brillaron con un intenso calor rojo mientras sus puños se cerraban.
Supergirl disparó su visión de calor a la máxima potencia que pudo, chocando directamente contra el monstruo.

Pero Doomsday empezó a avanzar, paso a paso, a pesar del ataque. Kara gritaba por toda la rabia contendida de aquellos años. Veía en Doomsday la representación de todos los que alguna vez la habían herido. Pero ni siquiera así era capaz de hacer retroceder a la bestia.
Doomsday la tomó de la cabeza y la alzó del suelo, deteniendo la presión de su visión de calor. Kara sintió como la criatura la acercaba hacia él, y aprovechó para darle una doble patada en la cabeza. La bestía fue tomada por sorpresa y soltó a la chica de acero, quien retrocedió de forma instintiva. Afirmándose en sus piernas, Supergirl se impulsó hacia su enemigo. Rompiendo la barrera del sonido, golpeó a Doomsday con ambos puños por delante, llevándolo en vuelo contra el costado de la montaña. El impacto de la espalda de Doomsday hizo temblar la formación rocosa, y esta empezó a agrietarse cuando Supergirl comenzó a golpear a la criatura.
La roca comenzó a desmoronarse a su alrededor. Los puños de Supergirl golpeaban el abdomen y pecho de Doomsday, hundiéndolo más y más en la roca. Se alzó para golpear su mandíbula, pero esta apenas si se movió. Le conectó un golpe frontal en el rostro, pero la bestia solo se le quedó viendo mientras gruñía bajo.
Supergirl retrocedió por la impresión, y Doomsday contraataco.
La kryptoniana salió despedida varios metros, rodando por el suelo de tierra y piedras. Cuando alzó la vista para intentar reincorporarse, su enemigo ya estaba de pie frente a ella.
La sombra de Doomsday se cernía sobre Kara en cada paso que la bestia daba. El suelo temblaba bajo los pies de aquel que había logrado asesinar a Superman en su momento. El feroz monstruo se mantuvo gruñendo bajo y olfateando, sin despegar su mirada hambrienta de la mujer frente a él. La hija de Zor-El no se amedrento y voló al ataque, con Doomsday recibiendo el golpe de lleno. Fue empujado algunos metros, pero en todo momento se mantuvo en pie. Con una de sus enormes manos atrapó los brazos de Supergirl y la alzó a la altura de su rostro. Abrió la boca, llena de dientes filosos, y rugió frente a la cara de la joven, manchándola incluso con su saliva.
Kara gritó al sentir la presión sobre sus articulaciones junto a la saliva caliente y viscosa que le salpicaba la cara. Una humillación física que se mezclaba con el pánico que reptaba por su mente. Por más que se retorciera e intentara liberarse, su fuerza kryptoniana palidecía ante la fuerza de aquel que ya había transcendido a ser más que un kryptoniano.
—¡Suéltame, engendro asqueroso! ¡No te dejaré destruir nada más!
Doomsday no se mostró amenazado por el brillo en los ojos de Supergirl. Aproximó más su rostro al ajeno, y empezó a olfatear nuevamente. Parecía un perro, inhalando el aroma de la kryptoniana. De forma instintiva, siguió olfateando mientras su rostro iba descendiendo por el cuerpo de su presa. Su cara llena de huesos y protuberancias se apegó al abdomen de Kara mientras descendía hasta su pelvis.
La joven sintió una oleada de náuseas y una confusión absoluta que se sumaba al ya existente miedo para nublar su juicio. ¿Por qué nolaatacaba? ¿Por qué meolía como si fuera algo más que un enemigo?
Su aliento caliente golpeó su abdomen. Un escalofrío de repulsión y una aterradora vulnerabilidad le recorrió la espina dorsal. Su corazón martilleba contra las costillas, no solo por el miedo a su fuerza, sino por la naturaleza errática y perturbadora de su comportamiento. Aquello había pasado de una batalla a algo mucho más oscuro y primitivo.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?!
Supergirl lanzó una patada al pecho de Doomsday, como un desesperado intento de recuperar el control. Aquello desestabilizó a la criatura, quien se tambaleó por la sorpresa. Pero incluso así, no soltó a su presa. Gruñó furioso, y azotó a Supergirl contra el suelo tres veces. Tan rápido como la golpeó, la volvió a levantar a la altura de su rostro para gritar con ferocidad. Doomsday era incapaz de hablar, pero algo en su gruñido pareció sonar a una negativa, o incluso a una reprimenda. Eso dejó desconcertada a Supergirl, incluso más que los golpes. Era una lógica retorcida que no lograba procesar. Doomsday apretó los dientes unos segundos antes de volver a pegar su rostro contra el abdomen de Kara.
—¡Detente! —gritó sin aliento —No soy... ¡no soy un juguete para tu diversión!
El temor primitivo comenzaba a ganarle a cualquier intento de raciocinio o a cualquier arrebato de valor. La mente de Supergirl trabaja a toda velocidad, analizando ese comportamiento errático. ¿Era una forma de marcar territorio o simplemente una locura biológica? Solo sabía que debía encontrar una apertura.
El rostro de Doomsday continuó descendiendo, hasta quedar frente a la zona pélvica de la kryptoniana. La bestia se detuvo y empezó a inhalar con más fuerza. Por un momento alzó la mirada hacia el rostro de Supergirl, donde sus ojos se conectaron. Había algo más allí que el simple deseo de muerte que aquel monstruo solía mostrar. Otro instinto salvaje y visceral que se alzaba como una nueva necesidad. La mano con la que sostenía los brazos de Supergirl paso a sujetarla del torso, y con la mano libre tomó una de sus piernas para obligarla a que las separase. Doomsday metió su rostro entre las piernas de Kara, olfateando directamente su zona más íntima. Contra toda creencia o posibilidad que pusiese haber, Doomsday parecía estar en celo.
Kara abrió los ojos de golpe y el terror se apoderó sin límites de su ser, hasta dejarla paralizada. Un jadeo de pura confusión y horror escapó de sus labios; la comprensión de su naturaleza la golpeó como un mazo. No buscaba su muerte, buscaba satisfacer un instinto primario y violento. El calor de su aliento golpeaba su intimidad.
—¡No! No puedes... ¡Aléjate de mí, maldito monstruo!
Gritó con desesperación, intentando forcejear, pero la fuerza de las manos de Doomsday era absoluta. La mente de Kara entró en caos, luchando entre la repulsión visceral y el instinto de supervivencia mientras el rostro del monstruo se hundía en su zona más vulnerable.
Doomsday abrió la boca y le dio una lenta lamida a la entrepierna de Supergirl, todavía por encima de la ropa. Su lengua era, irónicamente, muy similar a una lengua humana. Contrastaba completamente con su exterior rocoso, aunque a la vista se notaba que era más áspera que una lengua normal. La bestia volvió a lamer, una y otra vez, mojando la tela y pegándola cada vez más a la figura femenina.
Supergirl sintió una sacudida eléctrica recorrer su columna. La sensación era una mezcla aberrante de humedad cálida y una textura rugosa que le hacía estremecer de pura repulsión. La tela de su traje, ahora empapada por la saliva, se pegaba de forma asfixiante a su piel, marcando cada sensación con una claridad insultante.
—¡Para! ¡Detente ya!
Su grito intentó ser intimidante, pero fracaso. Sonó más como un gemido ahogado que como una orden de mando. Podría haber intentado usar su visión calorífica, pero la proximidad de su cuerpo y la intensidad de sus lamidas la distraían. No podía concentrarse; solo sentir como su intimidad se humedecía.
Las manos de la bestia se aferraron con mayor fuerza al cuerpo de la kryptoniana. Su lengua se fue moviendo con mayor descaro y frenesí. Pero la criatura sabía que algo allí no era adecuado. Abrió la boca y atrapó la tela con sus dientes, arrancando un gran pedazo de esta. La vagina de Supergirl quedó expuesta, y Doomsday volvió a arremeter contra esta. Kara gritó cuando sintió el aire frio mezclarse con el aliento cálido de la bestia sobre su piel desnuda. Aquella lengua saboreó sus labios vaginales y su clítoris, el cual se iba hinchando con cada lamida del monstruo. La mano con la que le sostenía de la pierna paso a sujetarla del trasero, asegurándose de mantenerla cerca de él.
Supergirl se arqueó en una reacción involuntaria. Era una invasión sensorial devastadora; la combinación de la textura rugosa, la saliva caliente y la presión de la mano en su trasero le hacía sentir que iba a estallar.
—¡Ah! ¡No! Detente... ¡Por favor!
Su cabeza era un caos de horror y una traicionera respuesta física que no pudo controlar, y la cual le avergonzaba profundamente. Sus fluidos comenzaron a humedecer la lengua de la bestia. Kara se sentía atrapada entre el pánico de ser devorada y una oleada de placer oscuro y prohibido que nacía de la pura fuerza bruta de su enemigo.
La bestia no entendía de negativas. Solo podía sentir aquel néctar que emanaba de la vagina de Supergirl, y cuyo sabor parecía adictivo para su mentalidad instintiva. Su lengua comenzó a meterse más y más profundo, actuando casi como un miembro masculino por su tamaño y grosor. Se fue abriendo paso con movimientos lentos al principio, como si tanteara el terreno, pero pronto comenzó a moverse más rápido y con más fuerza, presionando contra las paredes vaginales de Kara. Doomsday se dejó caer de rodillas y recostó a Supergirl en el suelo, ayudándose así a profundizar su atención hacia aquella vagina al borde del orgasmo.
La presión resultaba abrumadora al ser penetrada por algo vivo y salvaje que no conocía la delicadeza. Su coño se contraía desesperadamente alrededor de ese músculo húmedo y rugoso, y el roce constante contra su clítoris enviaba descargas eléctricas que le hacían perder el sentido de la realidad. El sabor de su propio deseo se mezclaba con el aroma de la bestia, creando una atmósfera asfixiante de lujuria primitiva.
—¡Ahhh! ¡Dios! ¡Detente! ¡No puedo...!
Los dedos de Kara se enterraron en la tierra mientras suespalda se arqueó violentamente. La sensación de plenitud era tan extrema que sus ojos se pusieron blancos, luchando entre la vergüenza de su cuerpo respondiendo y el placer abrumador que la arrastraba hacia el abismo.
Doomsday parecía comprender de forma primitiva que aquello estaba provocando gran placer en Supergirl. Y la bestia misma empezó a mover sus caderas de adelante hacia atrás de forma instintiva. De entre sus piernas, un bulto de gran tamaño comenzó a tomar forma. La necesidad de reproducción provocaba que la criatura mutara y evolucionara. Un gran miembro masculino de aspecto intimidante se iba formando mientras su lengua embestía sin contemplación hasta lo más profundo de la vagina de su forzada pareja.
Cuando la lengua de Doomsday embistió con una fuerza casi insoportable, la mente de Supergirl se fragmento. El dolor y el placer se fusionaron en una corriente de energía que la deja sin aliento.
—¡Es demasiado! ¡Ahhh!
Su voz se perdió en un gemido que ya no puedo distinguir si es de terror o de una excitación desenfrenada y degradante. Cada fibra de su ser se rindió ante su biología, dejando salir un orgasmo que la dejó sin fuerza por unos instantes.
Habiendo saboreado los jugos orgásmicos de Kara, la bestia separó su cabeza de la intimidad de la mujer. Los jugos de esta todavía bañaban la mandíbula y barba de Doomsday, quien aprovechó el tener a Supergirl recostada en el suelo para apoyar su enorme miembro sobre ella. La bestia gruño bajo, mientras observaba un momento su erección con cierta curiosidad. Su miembro, fuerte y del mismo color gris que el resto de su piel, contrastaba curiosamente contra la piel morena de la kryptoniana. Doomsday apoyó una de sus manos sobre el pecho de Supergirl, presionándola contra el suelo para evitar que escapara. Frotó unos segundos su polla contra el cuerpo de la mujer y, contra todo pensamiento inicial, lo hizo con cierto cuidado. Aquel monstruo creado para matar parecía comprender, aunque fuese por mero instinto, que lo que estaba por hacer no podía hacerlo con pura fuerza bruta.
Los ojos de Kara casí se salieron de su orbita al contemplar la virilidad del antiguo Zod. Sintió el peso masivo de su mano inmovilizándola y el roce de esa extremidad grisácea y palpitante contra su vientre. La respiración de la chica de acero era un caos de jadeos entrecortados; la visión de su miembro es tan imponente que su mente luchaba por procesarlo. Sin embargo, ese toque repentinamente cuidadoso la desconcertaba más que su violencia. Era como si la bestia estuviera calibrando su fuerza para no destrozarla antes de tiempo.
—¿Qué? ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué eres tan...?
Sus palabras murieron en su garganta cuando sintió la punta de su polla presionando contra su vagina húmeda, marcando el camino hacia su interior. Su cuerpo, traicioneramente excitado por el juego previo, se abrió para recibirlo, esperando el impacto de esa invasión inevitable.
Doomsday usó su mano libre para sujetar de las caderas a Supergirl, empujándola hacia su eje. La verga colosal del monstruo comenzaba a penetrarla mientras este apretaba los dientes entre gruñidos guturales. Su movimiento era lento y torpe. Doomsday, que había sido creado para destruir, se estaba guiando por puro instinto animal. Y aunque por sus dimensiones podría dañar a su pareja elegida a la fuerza, ese mismo instinto le indicaba que su proceder debía ser lento en ese momento. Era como si de alguna manera intentara cuidar de Supergirl en aquella situación.
Kara sentía una plenitud aterradora, como si la estuvieran partiendo en dos, pero la lentitud de sus embestidas evitaba que su resistencia se rompiera de inmediato. Sus uñas se aferraban al suelo ys u espalda se arqueaba, buscando aire con desesperación mientras su coño luchaba por adaptarse.
—¡Ah! ¡Es demasiado grande! ¡Ahhh!
El dolor y el placer se mezclaban de forma exquisita en las lágrimas de Supergirl. Su mente no podía comprender cómo una criatura diseñada para la aniquilación era capaz de mostrar esa cautela casi protectora. Sentía aquella polla rozando sus nervios más sensibles, llevándola a un borde peligroso de locura.
Doomsday jadeó, emitiendo sonidos similares a gemidos guturales. La sensación era diferente a cualquier cosa que la bestia jamás hubiese sentido. El coño apretado de Supergirl se sentía tan caliente y suave que amenazaba con enloquecerlo de gozo. Su miembro no tardó en penetrar completamente a la mujer, provocando que la cabeza de este formase un bulto contra el abdomen de la kryptoniana. Las grandes y cargadas pelotas de Doomsday chocaron con el culo de Kara, mientras la criatura se quedaba quieta unos instantes para intentar procesar lo que sentía.
—¡Rao!—gritó Supergirl, observando su abdomen abultarse y palpitar por el eje de Doomsday—.¡Esta tan profundo...!
Supergirl fue incapaz de controlarse. Sus gemidos se mezclaban con los de su bestial amante. Una parte suya quería llorar de vergüenza al comprender que su interior palpita alrededor de aquella polla, apretándolo instintivamente. Sentía cada latido de aquel miembro dentro suyo, y la sensación de ser tan completamente poseída la hundió en un estado de rendición sensual.
Doomsday alzó la mirada al cielo por unos instantes, jadeando de puro placer. Sus ojos volvieron a fijarse en la kryptoniana que se encontraba a su merced, y su instinto de reproducción fue tomando absoluto control de él. Movió sus caderas hacia atrás, tomando impulso, y penetró a Supergirl hasta el fondo de su ser. Observó como el cuerpo de la mujer temblaba y se retorcía ante él. Observa su rostro rojo por el calor, y escuchó sus gemidos. La bestia movió sus caderas una y otra vez, penetrando a la bella en el creciente frenesí de su despertar sexual.
Cada embestida eraun choque sísmico que sacudía el lugar. La fricción era abrasiva, casi dolorosa, pero el placer que emana de ese contacto profundo resultaba tan punzante.
La mente y el espíritu de lucha de Kara se perdió completamente, dejando solo la sensación de ser llenada, poseída y reclamada por esa fuerza de la naturaleza que no conocía la piedad; solo la necesidad.
Las penetraciones del monstruo se volvían más fuertes y rápidas conforme aquel coño iba adaptándose a su tamaño. La piedad se desvanecía en cada embiste con ferocidad contra el Punto G de Supergirl y más allá. La verga de la bestia invadía el útero de la mujer una y otra vez, sumergiendo a ambos en un tempestuoso mar de pasión y lujuria animal.
—¡Ahhh! ¡Sí! ¡Ahí! ¡Más! Por favor...¡Más!
En ese momento, Kara ya no era la heroína de Krypton. Solo era una mujer siendo reclamada por una fuerza primordial. Sus músculos vaginales se contraían frenéticamente alrededor de él, succionando su grosor mientras soltaba un orgasmo que amenaza con destruirla.
Los rugidos y gemidos de la bestia llenaban el aire mientras sus embestidas iban acelerando. Sus grandes pelotas chocaban una y otra vez contra el culo de Supergirl, dejando marcas rojizas en su piel. Su miembro palpitaba con violencia mientras se preparaba para soltar su semilla. Su mirada feroz y asesina ahora se encontraba cargada de una lujuria primitiva que se hizo evidente cuando sus ojos se encontraron con los de su pareja. Sin piedad ni contemplación, un grito gutural escapó de su garganta mientras un fuerte orgasmo emergía de lo más profundo de su ser. Su semen caliente y espeso salió disparado, inundando el fértil útero de Supergirl.
Doomsday apoyó una de sus manos en el suelo, evitando caer encima de Supergirl. La joven temblaba por el orgasmo residual, con sus ojos luchando por enfocar a la bestia. Kara no podía procesar aquella locura instintiva, aquella lujuria primitiva y animal que había terminado tomando el control de ambos.
Doomsday se quedó quieto unos tensos segundos. Contempló a Supergirl en silencio, mientras su miembro empezó a palpitar nuevamente dentro de ella. La bestia todavía no estaba satisfecha.
Sin salir dentro de ella, la criatura se puso de pie. Elevó a Supergirl del suelo y se aferró a su espalda, haciendo que el pecho de la joven quedase contra el torso de la bestia. Había una extraña delicadeza y cuidado en sus movimientos, a pesar de su naturaleza brutal y caótica. Una mano se mantuvo en la espalda de la kryptoniana, y la otra se apoyó en su trasero. Doomsday aproximó su rostro al de Kara y gruño lentamente, como si de alguna manera intentara comunicarse.
Supergirl contemplaba aquella paradoja viviente: el ser que debería ser su fin la sostenia con una extraña reverencia. Su gruñido, ahora más bajo y rítmico, vibraba contra su piel, y por un instante, el terror se mezcló con una curiosidad abrumadora.
—¿Qué quieres de mí? ¿Por qué no me matas como hiciste con Kal-El?
Supergirl buscaba desesperadamente un patrón en su locura, tratando de entender si esto era el preludio de una nueva danza o el inicio de algo mucho más permanente entre ambos.
Doomsday abrió la boca, emitiendo un rugido suave mientras su aliento cálido golpeaba el rostro de Supergirl. La criatura le lamió el rostro, como un animal lamiendo a su amo. Sus manos se aferraron al cuerpo de la mujer, y comenzó a moverla lentamente sobre su polla. Doomsday usaba el cuerpo de Kara como si fuese una muñeca sin voluntad. La movía sobre su verga con un control absoluto y lascivo. Gemidos guturales emergieron de la bestia mientras volvía a lamer el rostro de su pareja forzada. La piel de Kara se erizaba ante aquel gesto de devoción o posesión absolutos. ¿Había alguna diferencia para ese punto? El asesino de Superman era brutalmente claro en su deseo primitivo y animal. Él deseaba a Supergirl como su pareja sexual. La había elegido para procrear, y no la iba a soltar hasta quedar satisfecho en sus instintos más básicos.
—¡Ah! ¡Al menos déjame descansar!
Sus gemidos eran una mezcla de protesta y rendición absoluta. Sentía el deseo de procrear de Doomsday filtrándose en cada embestida, convirtiendo su cuerpo en un nido para el instinto de la aberración. Estaba atrapada en un ciclo de lujuria salvaje, donde su voluntad se desvanecía ante la necesidad de ese monstruo de perpetuar su linaje.
La brutal criatura se encontraba en éxtasis. El cuerpo de la kryptoniana posiblemente sería el único en aquel mundo capaz de soportar su lujuria animal. Su miembro palpitaba con violencia en cada embestida contra el Punto G de Supergirl, arrastrándola a un abismo de placer y lujuria desmedida. Las gruesas bolas de Doomsday volvía a azotar el trasero de la mujer, cargándose en cada impacto de nueva semilla que liberaría dentro de ella. Su lengua, de forma instintiva, fue buscando la boca de Kara. Ella no se resistió. Recibió con gusto la lengua ajena en su boca, correspondiendo al beso con una pasión que no sabía que poseía. Sus manos se aferraron al rostro de Doomsday mientras sus ojos se perdían en los de él. Supergirl se rindió ante la verdad biológica. Estaba disfrutando de aquello. Y sobre todo, estaba deseando ser llenada de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo. Quería que Doomsday la fecundara.
La criatura movía a Supergirl cada vez más rápido y con mayor fuerza, embistiendo sin piedad hasta lo más profundo de la mujer. Cada penetración enviando descargas que conectaban ambos cuerpos en un éxtasis brutal y salvaje. La lengua de la bestia invadía la boca de Kara, frotándose contra su lengua y todo su interior. Cualquier noción del tiempo se perdía en aquellos momentos. Solo aquella conexión feroz e instintiva importaba. Doomsday rugió, mientras clavaba su polla en el útero de Supergirl. Una nueva descarga fue disparada. Una vez más, su semilla bestial inundaba la matriz de la kryptoniana.
Kara colapsó contra su torso rocoso, temblando en espasmos incontrolables. El silencio que siguió fue pesado, solo interrumpido sus jadeos erráticos. La chica de acero se sintió vacía y, a la vez, terriblemente llena.
Doomsday bajó lentamente el cuerpo de Supergirl, dejándola reposar unos momentos en el suelo. La criatura inclinó levemente la cabeza hacia un costado mientras se arrodillaba. Apoyó sus manos en el suelo y aproximó su rostro al de Kara, dándole pequeñas lamidas. Una de sus manos se movió hacia el vientre de la mujer, y lo acarició con sorpresivo cuidado. Gruño lentamente al hacerlo, como intentando decir algo. A pesar de la imposibilidad de comunicarse verbalmente, sus intenciones eran claras. Quería a aquella mujer como su pareja de apareamiento. Quería poseerla y preñarla.
Kara sentía extrañamente reconfortante aquellas lamidas, sin darse cuenta que incluso una pequeña sonrisa se formó en su rostro. Cuando sintió aquella mano sobre su vientre, acariciándolo con esa delicadeza casi sagrada, un escalofrío le recorrió la columna. No era solo miedo; era la comprensión de que su instinto había sellado un vínculo que iba más allá de la batalla.
—¿Me estás reclamando?—preguntó sin aliento, comprendiendo lentamente la magnitud de lo ocurrido—. ¿Para esto me has elegido?
Supergirl sentía el peso dela semilla de Doomsday en su interior mientras buscaba sus ojos. La idea de llevar su estirpe le aterraba y fascinaba a partes iguales.
Doomsday se recostó a su lado. Aquella imagen era tan surrealista pero allí estaba ocurriendo. Con una mano la aproximó hacia si, quedando ambos cuerpos pegados e intercambiando calor. Su mano poderosa, capaz de destruir a golpes cualquier cosa en su camino, acariciaba lentamente el vientre de la kryptoniana. Su nariz quedó pegada a la nuca de Supergirl, inhalando el aroma de su cabello. Doomsday la reclamaba como su hembra, su concubina, su pareja, y la madre de sus crías. Kara lo iba comprendiendo, incluso sin la necesidad de las palabras. Sabía que aquella bestia había asesinado a su primo, pero ahora se sentía extrañamente protegida por él.
—¿Una madre para tus monstruos?—preguntó Supergirl, apoyando su mano sobre la mano de la criatura—. Nuestras... crías.
Kara cerró los ojos con una mezcla de resignación y una curiosidad prohibida. No sabía si estaba aceptando su destino o si simplemente su mente había colapsado ante la intensidad de lo vivido. Bella se quedó allí, atrapada en el abrazo de Bestia, que la convirtió en su compañera.
Doomsday extrañamente parecía tranquilo, incluso llegando a un estado similar a la relajación. Su miembro aún palpitaba contra las piernas de Supergirl, pero incluso él parecía entender de forma primitiva que su pareja necesitaba recuperarse después de lo que habían disfrutado. Kara era suya. Le pertenecía, y por eso debía protegerla. Debía cuidarla, para asegurarse de que pudiese tener crías con ella.
—Pareces tan diferente ahora...
Kara se acomodó, usando uno de los brazos del monstruo como almohada. La respiración de ambos se fue sincronizando, hasta caer en un profundo sueño.








