𝘀𝘁𝘂𝗱𝗶𝗼 𝘀𝗲𝘀𝘀𝗶𝗼𝗻 ֶָ 𝗻𝗮𝗺𝗷𝗶𝗻

Summary

Namjoon está al borde del colapso tres semanas encerrado en el estudio, durmiendo poco, comiendo menos y alejándose cada vez más de Jin. El perfeccionismo lo está consumiendo y está consumiendo su relación, cansado de esperar, Seokjin decide poner fin al distanciamiento de la forma que mejor sabe. ✦ oneshot nsfw ✦ dom bottom

Genre
Erotica
Author
lotty
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sesión de Estudio

Las últimas tres semanas habían sido un infierno silencioso para los dos.

Namjoon y Seokjin llevaban años construyendo algo que, para el resto del mundo, era solo una amistad profunda, casi fraternal. Pero en la intimidad de sus noches, lejos de las cámaras y de las agendas imposibles, era mucho más. Era el peso de las manos de Namjoon en las caderas de Jin cuando lo empujaba contra la pared del baño del hotel, era la forma en que Jin se derretía contra el pecho ancho de su líder después de un concierto, murmurando “te necesito” con la voz todavía ronca de tanto cantar. Era el silencio cómplice de las tres de la mañana, cuando Namjoon le leía fragmentos de poesías que nunca publicaría y Jin le respondía con besos lentos que sabían a té y a promesa.

Había sido Jin quien, años atrás, había cruzado primero la línea invisible que separaba la amistad de algo mucho más peligroso. Fue en un hotel después de un concierto que los había dejado exhaustos y eufóricos al mismo tiempo. Namjoon estaba sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos, murmurando que no se sentía a la altura de ser líder. Jin se arrodilló frente a él, le apartó el flequillo con los dedos y, sin pensarlo demasiado, lo besó, no fue un beso suave ni tímido, fue hambre, fue necesidad, fue la confirmación de algo que ambos habían estado evitando durante demasiado tiempo.

Desde esa noche, su relación se convirtió en un secreto cuidadosamente guardado entre sábanas, camerinos y habitaciones de hotel. Namjoon, siempre tan metódico y controlado, se deshacía solo cuando Jin lo tocaba. Seokjin, tan seguro de sí mismo frente al mundo, se volvía vulnerable y demandante cuando Namjoon lo miraba con esa intensidad quieta que solo reservaba para él. Se amaban en los márgenes, en los minutos robados entre ensayos, en las madrugadas en que el resto del dormitorio dormía, en los viajes largos donde se sentaban demasiado cerca y fingían que era casualidad.

Habían construido un lenguaje propio, un roce de dedos bajo la mesa durante las comidas, una mirada sostenida un segundo de más.

Habían aprendido a amarse en los huecos que la vida de idols les dejaba, en los viajes largos, en los camerinos vacíos, en las noches en que el mundo dormía y ellos se permitían ser solo Joon-ah y hyung. Namjoon, el líder que cargaba con el peso de siete destinos, encontraba en Seok el único lugar donde podía soltar la armadura. Jin, el mayor que siempre sonreía para todos, encontraba en Namjoon el único hombre capaz de hacerlo callar con una sola mirada y luego hacerlo gemir su nombre como si fuera una oración.

Pero el perfeccionismo de Namjoon era un cuchillo de doble filo, cuando se sumergía en un álbum, el mundo entero, incluido Jin quedaba afuera. Los últimos días habían convertido esa devoción en una pared de cristal, Namjoon podía ver a Jin, podía sentir su ausencia como un hueco en el pecho, pero ya no sabía cómo atravesarla. Dieciocho horas diarias en el estudio, comidas frías olvidadas sobre la mesa de mezclas, respuestas monosilábicas que dolían más que cualquier pelea. El lado frío de la cama, el cuerpo grande y cálido que Jin extrañaba con una intensidad casi física, no solo por el sexo, aunque lo extrañaba con hambre, sino por la forma en que Namjoon lo hacía sentir visto, deseado, necesario.

Namjoon estaba consumido por el álbum, las fechas de entrega se acercaban implacables y, cuanto más presionaba, peor se volvía todo. Pasaba dieciocho horas diarias encerrado en el estudio, salía solo para ducharse a toda prisa y volvía antes de que el sol saliera, apenas comía, dormía aún menos, y cuando lo hacía era en el pequeño sofá del estudio, con los auriculares aún puestos.

Su humor se había vuelto corto y distante, las conversaciones con Jin se reducían a respuestas automáticas. Las noches que antes pasaban enredados entre las sábanas, riendo, besándose y follándose con hambre ahora eran solo un recuerdo, la última vez que se habían tocado de verdad había sido hacía casi diecisiete días. Un polvo rápido, casi mecánico, en el que Namjoon se había corrido demasiado pronto y luego se había disculpado con voz rota antes de volver al estudio.

Jin lo había intentado todo, pero Namjoon cada vez respondía más tarde y con menos emoción. Su Joon estaba desapareciendo dentro de sí mismo, ahogado en perfeccionismo y presión, para Jin, eso dolía más de lo que quería admitir.

Se sentía abandonado, no solo en la cama aunque extrañaba terriblemente el cuerpo grande de Namjoon sobre él, dentro de él, sus manos fuertes y su voz ronca susurrándole lo perfecto que era, sino también emocionalmente. Echaba de menos las conversaciones profundas a las tres de la mañana, las risas, los “te necesito” murmurados contra su cuello. Ahora solo había silencio y el frío lado de la cama cuando se despertaba solo.

Esa misma tarde, Jin había intentado hablar con él. —Joon-ah, necesitas descansar. Llevas semanas así y me estás… me estás dejando fuera.

Namjoon se había pasado las manos por la cara, exhausto, con ojeras profundas.

—Lo sé, hyung. Es solo… que todavía no está bien. Necesito que quede perfecto, dame unos días más.

Pero “unos días más” ya se habían convertido en semanas. Y Jin estaba cansado de esperar.

Por eso, esa noche, después de dar vueltas en la cama vacía durante horas, decidió que ya era suficiente. Se puso solo una de las camisas oversized de Namjoon, sin nada debajo, y caminó descalzo hasta el estudio con determinación.

No iba a pedirle permiso.

No iba a dejar que siguiera destruyéndose solo.

Iba a recordarle que, aunque fuera el gran RM para el mundo, para él seguía siendo Joon-ah… y que su hyung también lo necesitaba.

La pantalla del monitor parpadeaba con la misma línea de melodía que llevaba atorada más de cuatro horas. Namjoon se recostó en la silla, dejando escapar un suspiro largo y pesado. Los hombros le dolían. La cabeza le palpitaba. Y, como siempre que el estrés lo aplastaba, su mente traicionera escapaba hacia Jin.

Recordaba el cuerpo cálido del mayor, su risa, la forma en que se apretaba alrededor de él… y sentía culpa. Sabía que lo estaba alejando. Sabía que Jin merecía más que sus respuestas cortas y sus ausencias. Pero no encontraba la forma de salir del agujero negro en el que se había metido.

Se recostó en la silla ergonómica, dejando escapar un suspiro largo y pesado. La canción no fluía. Cada capa que intentaba añadir sonaba forzada, artificial. Cuanto más se exigía, peor salía.

Y en medio de ese caos mental, como siempre, apareció él.

Jin.

Namjoon cerró los ojos y dejó que su mente traicionera vagara. Recordó la última vez que habían estado juntos: Jin debajo de él, con las piernas abiertas y esa expresión entre arrogante y vulnerable que solo mostraba cuando Namjoon lo follaba profundo. Recordó cómo se apretaba alrededor de su polla, caliente, húmedo y tan jodidamente perfecto. Recordó los gemidos roncos del mayor cuando le susurraba alabanzas al oído: “Tan bueno, Joon-ah… me llenas tan bien… eres tan grande y tan mío…”

La polla de Namjoon dio una sacudida dentro del pantalón de chándal solo con el recuerdo.

—Mierda… —murmuró, apretando la mandíbula.

Podía imaginárselo ahora mismo. Jin entrando al estudio con esa sonrisa de medio lado, quitándole los auriculares y sentándose encima de él. Imaginó esas nalgas suaves y llenas presionando contra su regazo, la camisa oversized subiéndose por sus muslos anchos. Imaginó metiendo las manos debajo de la tela y encontrar piel caliente, sin ropa interior, ya húmedo y preparado para él.

Quería enterrar la cara entre sus piernas, lamerlo hasta que Jin temblara y le tirara del pelo pidiendo más. Quería oír esa voz romperse en gemidos mientras lo abría con los dedos. Quería que Jin lo montara, que lo usara, que le dijera lo bueno que era solo por quedarse quieto y dejar que lo tomara.

Namjoon bajó una mano y se apretó la erección por encima de la tela, gruñendo bajito. Estaba durísimo. Dolorosamente duro. Llevaba días así: excitado, frustrado, con la cabeza llena de Jin y sin poder hacer nada porque el trabajo lo consumía.

—Hyung… —susurró al vacío, casi como una súplica—. Te necesito tanto…

No escuchó la puerta abrirse. No escuchó los pasos descalzos sobre el suelo. Solo sintió de pronto un peso cálido y familiar instalándose sobre sus muslos.

Jin.

Llevaba únicamente una de sus camisas oversized, las mangas cayéndole sobre las manos y el borde apenas cubriéndole el culo. Nada más. El olor a piel limpia y a su shampoo invadió el estudio, desplazando el hedor a estrés.

Namjoon abrió los ojos de golpe.

—Hyung… estoy—

—Shh —Jin le tapó la boca con un dedos, presionando suavemente, mirándolo desde arriba con esa mezcla de ternura y arrogancia que lo volvía loco—. Llevas días aquí dentro, Joon-ah, días ignorándome.

Namjoon tragó saliva. Sus manos grandes subieron instintivamente a las caderas anchas de Jin, sintiendo la piel caliente y suave bajo las palmas. Pero Jin las apartó con firmeza y las presionó contra los reposabrazos de la silla.

—Hoy no mandas tú —susurró Jin contra su oreja, rozando los labios en el lóbulo mientras empezaba a moverse lento, frotando su culo desnudo y caliente contra la erección que ya tensaba la tela fina del pantalón de chándal no ocultaba nada, sintió perfectamente cómo la polla del más joven empezaba a engrosarse y endurecerse bajo él.

—. Hoy vas a sentarte, vas a endurecerte más y vas a dejar que tu hyung te use hasta que no puedas pensar en otra cosa que no sea lo apretado, caliente y perfecto que estoy por dentro para ti.

Jin se inclinó hacia adelante, mordisqueándole el cuello mientras seguía frotándose en círculos deliberados. La camisa se subió, dejando al descubierto sus nalgas redondas. Namjoon sentía el calor húmedo de su entrada rozando contra su polla cubierta.

—Joder, hyung… —gruñó Namjoon, la voz ya rota.

—Mírate —Jin sonrió con satisfacción, metiendo la mano entre ambos para apretar la gruesa erección—. Ya estás tan duro… tan grande y tan listo para mí. Eres tan fácil, Joonie, tan bueno y tan mío.

Jin metió la mano entre ambos y apretó la erección de Namjoon por encima de la tela, masturbándolo con movimientos firmes.

—Tan grande… —murmuró Jin con aprobación, casi ronroneando—. Siempre tan grueso y perfecto para mí. ¿Sabes lo mucho que me gusta sentir cómo me abres? ¿Cómo me llenas hasta que no puedo pensar en nada más?

Namjoon soltó un gemido bajo, la cabeza cayendo hacia atrás. Jin aprovechó para besarle la garganta expuesta, lamiendo la piel caliente.

—Eres tan guapo cuando te pones así —continuó Jin, la voz baja y dulce, mezclando degradación juguetona con alabanzas que sabía que volvían loco a Namjoon—. Mi líder inteligente, mi productor genio… reducido a esto solo porque quiere que lo monte. ¿Quieres eso, verdad? ¿Quieres que te use como mi juguete personal?

—Sí… —Namjoon respiró, casi suplicando—. Por favor, hyung.

Jin se rio bajito, con una risa que sonaba un poco burlona.

Namjoon apenas podía procesar lo que estaba pasando. En un segundo seguía en la silla del escritorio, con Jin frotándose encima de él como si quisiera volverlo loco; al siguiente, el mayor se levantó, lo agarró de la mano con fuerza y lo arrastró los pocos pasos que separaban el escritorio del amplio sillón de cuero negro del estudio.

Jin empujó a Namjoon con ambas manos contra el respaldo del sillón. El cuerpo grande y alto del líder cayó pesadamente, las piernas abiertas. Antes de que pudiera incorporarse, Jin se subió a horcajadas sobre sus muslos, arrodillándose encima de él. Con un movimiento rápido y decidido, le quitó la camiseta negra por la cabeza, dejando su torso ancho y definido al descubierto.

—Mucho mejor —murmuró Jin, pasando las manos por el pecho de Namjoon con posesividad—. Quiero verte entero mientras te monto.

Sujetó ambas muñecas de Namjoon con una sola mano y las presionó contra el cuero del sillón, por encima de su cabeza. Namjoon podría haberse soltado fácilmente, era más fuerte y más alto, pero la visión de Jin dominándolo así, con esa camisa oversized apenas cubriéndole el culo y la mirada oscura de deseo, lo dejó sin voluntad. Solo gimió bajito, rendido.

—Buen chico. Tan educado, tan desesperado. —Se levantó apenas lo suficiente para bajar el pantalón de Namjoon lo justo, liberando su polla gruesa y pesada. La cabeza ya brillaba por el precum. Jin pasó el pulgar por encima, extendiéndolo—. Mira cómo goteas por mí… Qué bueno eres, Joon-ah. Tan mojado y listo.

Se inclinó y escupió directamente sobre la polla, lubricándola con su saliva mientras lo masturbaba con movimientos lentos y firmes. Namjoon jadeaba, las venas del cuello marcadas, los nudillos blancos de apretar sus manos para contenerse.

Jin se incorporó de nuevo, posicionando la cabeza gruesa contra su entrada ya húmeda y ligeramente abierta. No se había preparado antes; quería que Namjoon sintiera cada milímetro de resistencia y luego de entrega.

—Respira —susurró Jin, mirándolo a los ojos con intensidad—. Y mírame. Quiero que veas cómo tu hyung se sienta en tu polla grande.

Bajó despacio. La cabeza gruesa empujó contra su anillo de músculos, abriéndolo centímetro a centímetro. Jin soltó un gemido largo y tembloroso, pero no dejó de bajar. La sensación de ser estirado, de estar siendo llenado tan profundamente, le nublaba la vista.

—Ahh… joder, Namjoon… —jadeó—. Tan grande… me estás abriendo tanto… Eres perfecto. Tan perfecto dentro de mí.

Namjoon gruñó, luchando contra el impulso de empujar hacia arriba. Sus manos temblaban sobre los reposabrazos.

—Hyung… estás tan apretado… tan caliente…

Jin sonrió con satisfacción al llegar al fondo, sintiendo cómo las bolas de Namjoon rozaban su piel. Se quedó quieto un segundo, adaptándose, apretando los músculos internos alrededor de la polla gruesa.

—Buen chico —susurró Jin, acariciándole la mejilla con el pulgar—. Ahora quédate quieto. Voy a montarte hasta que olvides esa maldita canción.

Namjoon respiraba agitado, la polla palpitando dolorosamente dentro de su hyung. Intentó mover las caderas, pero Jin apretó más las muñecas contra el sillón.

—Quieto —ordenó con voz dulce pero firme.

—Dios… —gruñó Namjoon cuando sintió el calor apretado engullirlo—. Hyung… estás tan apretado…

Jin soltó un gemido largo y tembloroso al llegar, sintiendo cómo esa polla grande lo abría completamente, presionando contra sus paredes internas. Se quedó quieto un momento, adaptándose, apretando los músculos a propósito solo para oír a Namjoon jadear.

Empezó a moverse, caderas en círculos lentos y profundos, moliéndose contra él, apretando rítmicamente alrededor de la polla gruesa. Cada giro hacía que Namjoon sintiera cómo lo masajeaba por dentro.

Cada vez que Namjoon intentaba subir la pelvis para follarlo desde abajo, Jin se levantaba completamente, dejando solo la cabeza dentro, y lo regañaba con voz ronca:

—Quedate quieto. ¿Quién te dijo que podías moverte, hm? Hoy soy yo quien te folla.

Namjoon soltó un gemido frustrado, sudando ya, los músculos del abdomen tensos.

Jin aceleró poco a poco. Sus muslos anchos y fuertes se marcaban con cada rebote, la carne suave temblando por el esfuerzo mientras subía y bajaba con fuerza. El sonido húmedo de piel contra piel llenaba el estudio junto con los gemidos de ambos.

Se inclinó hacia adelante, soltando las muñecas de Namjoon solo para rodearle el cuello con una mano. No apretaba fuerte, solo lo suficiente para que Namjoon sintiera la presión, para que supiera quién mandaba. Sus dedos se clavaron ligeramente en los lados de la garganta mientras seguía rebotando con más intensidad.

—Mírate… —susurró Jin contra su boca, ahogándolo con la mano mientras lo montaba sin piedad—. El gran Kim Namjoon, el líder imponente… temblando y sudando porque su hyung lo está usando como un puto juguete. Patético. Me encanta verte así.

Namjoon gimió alto, los ojos entrecerrados de placer, la cara enrojecida por la falta ligera de aire y la excitación. Su polla palpitaba dentro de Jin, más dura que nunca.

—Hyung… por favor… —suplicó por primera vez, la voz rota y desesperada—. Más rápido… te necesito…

Jin se rio, alto y burlón, resonó entre gemidos mientras seguía ahogándolo suavemente con la mano y rebotando con fuerza.

—¿Ya suplicas, Joon-ah? —preguntó con voz dulce y cruel al mismo tiempo—. Qué rápido caíste… Mi chico bueno, tan grande y tan desesperado por correrse dentro de su hyung. ¿Quieres llenarme? ¿Quieres follarme más profundo?

Apretó un poco más la mano alrededor del cuello de Namjoon, solo un segundo, mientras bajaba con fuerza y se quedaba clavado en el fondo, apretando los músculos internos con fuerza.

—Dímelo —exigió Jin, inclinándose para morderle el pecho, dejando marcas rojas—. Dime lo bueno que eres para mí. Dime cuánto te gusta que te use.

Jin aceleró el ritmo sin piedad, rebotando con fuerza sobre la polla gruesa de Namjoon. Sus muslos anchos y potentes se tensaban con cada subida y bajada, la carne golpeando contra las caderas del menor con sonidos húmedos y obscenos que llenaban el estudio. La mano de Jin seguía rodeando el cuello de Namjoon, apretando justo lo suficiente para que sintiera la dominación en cada respiración entrecortada.

—Tan profundo… —jadeaba Jin, la voz cada vez más rota—. Me estás tocando tan adentro, Joon-ah… justo ahí… joder, eres tan bueno, tan grande… me llenas perfectamente.

Namjoon gemía debajo de él, sudando profusamente, su polla palpitaba violentamente dentro del calor apretado de Jin, empapada de fluidos.

Jin cambió el ángulo ligeramente, haciendo que la cabeza gruesa rozara directo contra su próstata con cada rebote. Sus gemidos se volvieron más altos, más desesperados, y empezó a apretar los músculos internos con fuerza rítmica alrededor de la erección que lo partía.

—Hyung… vas a… ahh, mierda… —Namjoon intentó advertir, pero Jin solo sonrió con los ojos entrecerrados y siguió montándolo más rápido, más duro.

De repente, el cuerpo de Jin se tensó por completo. Echó la cabeza hacia atrás con un gemido largo y gutural, la garganta expuesta y la boca abierta en un grito silencioso de placer. No se tocó en ningún momento. Solo el roce constante y profundo de la polla de Namjoon contra su punto más sensible lo empujó al límite.

—Namjoon… ¡Joon-ah! —gritó su nombre mientras se corría con fuerza.

Su polla palpitó y soltó chorros calientes y espesos sobre el abdomen y el pecho de Namjoon sin que ninguna mano lo tocara. Al mismo tiempo, su interior se contrajo violentamente alrededor de la polla gruesa, apretando y ordeñando con espasmos tan intensos que Namjoon soltó un gruñido ahogado, los ojos en blanco. Sintió cómo el culo de Jin lo succionaba, cómo los músculos internos lo masajeaban con fuerza casi dolorosa, y por un segundo estuvo peligrosamente cerca de correrse también, los huevos tensos y la base de la polla palpitando.

Jin siguió subiendo y bajando débilmente a través de su orgasmo, prolongándolo, temblando entero mientras olas de placer lo recorrían. Su respiración era entrecortada, el pecho subiendo y bajando rápido, la camisa oversized empapada de sudor y resbalando por uno de sus hombros. Poco a poco, los espasmos de su interior fueron calmándose, aunque seguía apretando de forma intermitente alrededor de Namjoon, como si su cuerpo no quisiera soltarlo.

Jin bajó la cabeza lentamente, mirando a Namjoon con los ojos vidriosos y una sonrisa satisfecha pero exhausta. Su mano aún rodeaba el cuello del menor, ahora con menos presión, mientras recuperaba el aliento.

Justo cuando los últimos espasmos del orgasmo de Jin empezaban a calmarse y su interior aún palpitaba alrededor de la polla gruesa de Namjoon, este perdió completamente el control.

Con un gruñido bajo y animal, Namjoon giró los cuerpos con un movimiento rápido y poderoso. Jin apenas tuvo tiempo de soltar un jadeo sorprendido antes de encontrarse boca abajo sobre el sillón de cuero, la mejilla presionada contra el asiento frío.Namjoon lo levantó por las caderas con ambas manos grandes, poniéndolo de rodillas, el culo redondo y marcado de rojo expuesto obscenamente hacia él.

Sin darle ni un segundo para recuperarse, Namjoon alineó la cabeza hinchada y brillante de su polla contra la entrada aún palpitante y abierta de Jin, y entró de un solo empujón brutal hasta el fondo.

— ¡Ahh! ¡Joder, Namjoon! —gritó Jin, los ojos abriéndose de golpe por la repentina invasión.

Namjoon soltó un gemido ronco y grave, sujetando con fuerza las caderas anchas de Jin mientras empezaba a follarlo con golpes duros, profundos y castigadores. El sonido húmedo y obsceno de piel chocando contra piel resonaba fuerte en el estudio.

— ¿Ya terminaste de jugar, hyung? —gruñó Namjoon con esa voz grave y dominante que rara vez usaba, inclinándose sobre la espalda de Jin mientras le agarraba un puñado de pelo negro y tiraba de su cabeza hacia atrás— Ahora me toca a mí follarte como te mereces.

Embestía con fuerza brutal, sacando casi todo su grosor solo para volver a clavarse hasta las bolas con cada golpe. Jin gemía alto, aún sensible por su orgasmo reciente, el cuerpo temblando cada vez que la polla gruesa le rozaba la próstata hinchada. Una mano de Namjoon se quedó firme en la cintura de Jin, sujetándolo en su lugar. La otra bajó y rodeó su polla semi-dura, empezando a masturbarlo con movimientos largos y apretados al mismo ritmo salvaje de sus embestidas.

—Hyung… estás tan mojado por dentro —gruñó Namjoon contra su oreja, tirándole más fuerte del pelo— Tan caliente y abierto para mí… Mi hyung gimiendo como una puta mientras lo parto en dos. Jin, aún intentando mantener algo de su actitud a pesar de estar siendo destrozado, jadeó entre gemidos.

— ¿Eso es todo lo que… ahh… tienes? —logró decir, la voz entrecortada y rota. Namjoon soltó una risa oscura y le soltó el pelo solo para darle una nalgada fuerte y sonora en la nalga derecha. El sonido seco resonó, la piel de Jin se enrojeció inmediatamente.

— Cállate y toma todo —ordenó Namjoon, dándole otra nalgada aún más fuerte en la otra nalga mientras seguía follándolo sin piedad. Jin soltó un grito agudo de placer-dolor, el culo apretándose violentamente alrededor de la polla que lo perforaba. Namjoon aceleró, follándolo más profundo, más rápido, inclinándose para morderle el hombro mientras su mano seguía masturbándolo sin descanso.

— Mira cómo te corres otra vez sin tocarte casi —susurró Namjoon con voz ronca.

— Eres tan sensible después de correrte… tan apretado… Me estás ordeñando la polla, hyung. ¿Quieres que te llene? ¿Quieres que te deje chorreando mi semen hasta que te gotee por los muslos?.

Jin solo pudo gemir alto, el cuerpo temblando, la polla dura otra vez en la mano grande de Namjoon. Cada vez que sentía que estaba cerca de correrse de nuevo, Namjoon aflojaba un poco la mano o ralentizaba las embestidas, negandole el orgasmo cruelmente.


— Todavía no —gruñó Namjoon, dándole otra nalgada fuerte—. No te vas a correr hasta que yo lo decida. Siguió follándolo sin descanso durante varios minutos másgolpes largos y brutales que hacían que el cuerpo de Jin se sacudiera hacia adelante con cada embestida. El sillón crujía bajo ellos, el sudor corría por la espalda de ambos. Finalmente, Namjoon aceleró hasta un ritmo castigador, soltando el pelo de Jin y sujetándolo solo por las caderas con ambas manos mientras lo penetraba como un animal. — Hyung… me voy a correr dentro —avisó con voz ronca—. Voy a llenarte hasta el fondo… Toma todo como el buen chico que eres. Con un último gemido gutural, Namjoon se clavó profundamente y se corrió con fuerza. Chorros calientes y espesos inundaron el interior de Jin, llenándolo tanto que parte del semen blanco empezó a escaparse alrededor de la polla gruesa con cada pequeño movimiento. Namjoon siguió empujando lentamente a través de su orgasmo, asegurándose de vaciarse completamente dentro, marcándolo. Jin, sintiendo cómo lo llenaban, tembló entero y se corrió por segunda vez con un gemido roto, soltando más semen sobre el sillón mientras Namjoon seguía enterrado hasta el fondo. Después del intenso orgasmo, Namjoon no salió de dentro de Jin. En cambio, se quedó enterrado hasta el fondo, respirando agitado contra su nuca, mientras los últimos chorros de semen seguían llenándolo. Con cuidado pero sin dejar espacio entre sus cuerpos, giró a Jin de lado sobre el sillón amplio, colocándose detrás de él en posición cuchara. Su cuerpo más alto y ancho envolvió completamente al mayor, como si quisiera protegerlo y reclamarlo al mismo tiempo. Namjoon pasó un brazo fuerte por debajo del cuello de Jin y el otro alrededor de su cintura, pegando el pecho contra su espalda sudorosa. Su polla, aún dura y gruesa a pesar de haberse corrido, se acomodó más profundo en esa nueva posición. Jin soltó un gemido bajo y tembloroso al sentirlo. —Joon-ah… es demasiado—susurró Jin, la voz ronca y quebrada. —Shh… ahora despacio, hyung —murmuró Namjoon contra su oído, la voz grave pero llena de ternura. Besó suavemente la curva de su cuello, luego bajó por el hombro, dejando besos húmedos y lentos mientras empezaba a moverse. Empujó profundo pero suave, un balanceo lento y constante de caderas que hacía que su polla gruesa entrara y saliera casi por completo antes de volver a hundirse hasta el fondo. Jin sentía cada centímetro: la presión intensa, el grosor abriéndolo, llenándolo completamente. La cabeza ancha rozaba su próstata con cada embestida lenta y precisa, enviando ondas de placer que le recorrían todo el cuerpo. —Dios… Namjoon… —jadeó Jin, echando la cabeza hacia atrás contra el pecho del menor—. Eres tan grande… me llenas tanto… Namjoon sonrió contra su piel y deslizó la mano grande por el abdomen de Jin, presionando ligeramente justo debajo del ombligo. Ahí podía sentirlo, el leve bulto que su propia polla creaba cada vez que se hundía hasta el fondo, marcando la piel suave del mayor. —Mira cómo te lleno, hyung —susurró Namjoon con voz ronca y adoradora, besándole la nuca—. Siente cómo te abro… cómo ocupo todo el espacio dentro de ti. Eres tan perfecto alrededor de mí… tan caliente, tan apretado aunque ya te haya corrido dentro. Nadie más podría tomarte así, solo yo. Jin gimió bajito, empujando hacia atrás contra él, buscando más profundidad. Namjoon mantuvo el ritmo lento y profundo, follándolo con cariño pero con una posesividad abrumadora. Sus caderas chocaban suavemente contra el culo redondo de Jin, el semen anterior facilitando cada deslizamiento húmedo y resbaladizo. —Te necesito tanto… —continuó Namjoon entre besos, la voz temblando de emoción y placer—. Estos días sin ti casi me vuelven loco, solo podía pensar en esto… en estar dentro de ti, en abrazarte así, en oírte gemir mi nombre. Eres lo único que me calma, Jin. Lo más perfecto que tengo. Cada embestida lenta hacía que el vientre de Jin se marcara ligeramente, y Namjoon no dejaba de acariciarlo ahí, fascinado por la evidencia física de lo profundo que estaba. Jin temblaba entre sus brazos, sensible por los dos orgasmos anteriores, pero el placer era distinto ahora, más cálido, más intenso, más emocional. La mano de Namjoon bajó y rodeó su polla otra vez, masturbándolo con movimientos lentos y firmes, sincronizados con sus embestidas. —Eres tan hermoso cuando te deshaces así… —susurró Namjoon, mordisqueándole el hombro—. Mi hyung fuerte y arrogante… derritiéndose en mis brazos, te quiero tanto. Los gemidos de Jin se volvieron más altos y entrecortados. El placer se acumulaba lento pero imparable. Namjoon aceleró solo un poco el ritmo de sus caderas, follándolo más profundo, manteniendo la polla enterrada el mayor tiempo posible en cada embestida. —Joon… estoy cerca otra vez… —avisó Jin con voz rota. —Yo también… —gruñó Namjoon, apretándolo más fuerte contra su pecho—. Córrete conmigo, hyung, quiero sentirte. Ambos llegaron casi al mismo tiempo. Jin se corrió con un gemido largo y tembloroso, soltando lo poco que le quedaba sobre la mano de Namjoon y el sillón. Su interior se contrajo con fuerza alrededor de la polla gruesa, ordeñándola. Namjoon empujó profundo una última vez y se corrió también, inundando de nuevo las entrañas de Jin con semen caliente, llenándolo aún más. Se quedaron así, conectados, Namjoon no salió. Abrazó a Jin con más fuerza, rodeándolo completamente con sus brazos más largos, besándole la nuca, los hombros y la mejilla con devoción mientras ambos recuperaban el aliento. Su polla seguía latiendo suavemente dentro de él, manteniendo el semen en su lugar. —Te tengo —susurró Namjoon contra su piel—. No te suelto todavía. Jin solo pudo suspirar, exhausto, satisfecho y completamente rodeado por el cuerpo y el calor de Namjoon. Namjoon se quedó dentro de Jin varios minutos más, abrazándolo con fuerza desde atrás, su cuerpo más alto y ancho envolviendo completamente al mayor. Su polla aún latía suavemente dentro de él, manteniendo el calor y el semen espeso en su lugar. Besaba lentamente la nuca sudorosa de Jin, sus hombros y la curva del cuello, respiraciones profundas y calmadas. —Hyung… —susurró contra su piel—. Lo hiciste tan bien, tan perfecto para mí. Jin solo soltó un suspiro tembloroso, exhausto, con el cuerpo laxo y sensible. Sentía cada pulso de la polla de Namjoon dentro de él, el vientre ligeramente hinchado por el semen y el grosor que aún lo llenaba. Con mucho cuidado, Namjoon finalmente se retiró despacio. Jin gimió bajito al sentir el vacío y cómo un chorro grueso de semen blanco empezaba a escaparse de su entrada roja e hinchada. Namjoon lo observó un segundo, fascinado y posesivo, antes de girar suavemente a Jin para que quedara de espaldas sobre el sillón. —No te muevas —murmuró Namjoon con voz suave pero firme. Se levantó, completamente desnudo, y caminó hasta el pequeño baño del estudio. Volvió con una toalla pequeña empapada en agua tibia y otra seca. Se arrodilló entre las piernas abiertas de Jin y empezó a limpiarlo con delicadeza. Pasó la toalla tibia por su abdomen, limpiando los rastros de semen seco de sus dos orgasmos, luego bajó con cuidado por sus muslos temblorosos. Cuando llegó a su entrada, Namjoon fue especialmente suave, presionando la tela tibia contra la piel sensible y limpiando el semen que seguía saliendo. —Estás tan abierto… —susurró Namjoon con admiración, pasando los dedos con ligereza alrededor del borde hinchado—. Tan lleno de mí. Me encanta verte así, hyung. Marcado por dentro y por fuera. Jin soltó una risa débil y ronca. —Idiota… me vas a dejar caminando raro mañana. Namjoon sonrió con esos hoyuelos profundos y se inclinó para besar el interior de su muslo. —Ese es el plan. —Terminó de limpiarlo con ternura y luego secó su piel con la toalla seca. Después tomó un poco de crema hidratante que tenía en el estudio y empezó a masajear las zonas más afectadas. Sus manos grandes y fuertes trabajaron con cuidado pero firmeza: primero los muslos anchos y temblorosos de Jin, amasando los músculos fatigados por tanto rebotar. Luego subió a sus caderas y glúteos, masajeando con movimientos circulares lentos, aliviando la tensión y el ligero dolor de las nalgadas y las embestidas fuertes. —Aquí… ¿te duele? —preguntó Namjoon mientras presionaba suavemente sobre una nalga enrojecida. —Un poco… pero está bien —murmuró Jin, cerrando los ojos y relajándose bajo las manos expertas. Namjoon se tomó su tiempo. Masajeó su espalda, sus hombros, y finalmente lo giró de nuevo para abrazarlo de frente. Se recostó en el sillón y acomodó a Jin sobre su pecho, cubriéndolo con una manta ligera que tenía en el respaldo. Sus piernas largas se enredaron con las de Jin, y una mano grande acariciaba lentamente su espalda por debajo de la camisa arrugada. —Bebe —dijo Namjoon, alcanzando una botella de agua que había traído antes. La sostuvo mientras Jin bebía con sed, limpiándole después una gota que le cayó por la barbilla. Jin se acurrucó más contra el pecho amplio de Namjoon, escuchando los latidos fuertes y calmados de su corazón. —Eres increíble, ¿lo sabes? —susurró Namjoon contra su pelo, besándole la frente—. Tan fuerte, tan sexy, tan arrogante… y luego te deshaces completamente en mis brazos. Me vuelves loco, hyung. No hay nadie como tú. Nadie que me haga sentir así. Jin sonrió contra su piel, aún con algo de su actitud. —Claro que no hay nadie como yo. Namjoon rio bajito y lo apretó más fuerte contra sí, acariciándole el pelo con ternura. —Mi Jin, te necesito todos los días. No solo para esto… aunque esto sea jodidamente perfecto. Te necesito para respirar, gacias por venir a buscarme esta noche. Gracias por tomar el control… y por dejarme tomarlo después. Se quedaron en silencio un rato, solo respirando juntos. Namjoon seguía acariciando su espalda, bajando de vez en cuando a masajear suavemente sus caderas. De vez en cuando besaba su sien, su mejilla, sus labios hinchados con besos lentos y profundos. —¿Estás bien? —preguntó Namjoon después de un rato, mirándolo a los ojos con preocupación real— ¿Muy sensible? ¿Quieres que te prepare un baño en la habitación? Jin negó con la cabeza y se pegó más a él. —Quédate así un rato más… me gusta cuando me abrazas como si no quisieras soltarme nunca. Namjoon sonrió y lo envolvió completamente con sus brazos más largos, besándole la coronilla. —No pienso soltarte. Ni ahora… ni nunca. Jin cerró los ojos, exhausto pero profundamente satisfecho, sintiéndose seguro, amado y completamente lleno, tanto física como emocionalmente, entre los brazos de Namjoon.